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miércoles, 21 de noviembre de 2007

EL FASCISMO A TRAVÉS DE LOS PASOS DE MUSOLINI



Edgardo Malaspina*

Primera Parte
Benito Mussolini nació el 29 de julio de 1883, hijo de un herrero y de una maestra, en un caserío, Verano dei Costa; por tal razón afirmaba cuando sus biógrafos oficiales lo presentaban como un hombre de alcurnia para adularle: “Soy un hombre del pueblo y por eso comprendo también a los hombres del pueblo: yo soy uno de ellos”. El nombre se lo dio su padre en honor a Benito Juárez.
Su familia era pobre que él mismo afirmaba que comía unas verduras al mediodía y unas legumbres en las noches. La carne, muy escasa, la veía en sopa los domingos. Ingresó en un colegio privado de los Salesianos de Faenza, pero fue expulsado a los dos años por su mal comportamiento: constantemente peleaba con sus compañeros y nunca perdonaba las ofensas. A los dieciocho años se graduó de maestro. Pronto se creyó revolucionario y ateo hasta el punto de apedrear a su madre ya su hermano para que no entraran a la iglesia. En una ocasión quiso demostrar la inexistencia de Dios: puso su reloj sobre una mesa y gritó al cielo : “Dios, si existes mátame en cinco minutos”. Luego de pasado el tiempo estipulado afianzó más su ateismo.
El trabajo de maestro lo desempeñó brevemente. Viajó a Suiza donde trabajó de albañil, carnicero y vendedor de vinos. Le fue mal y pidió limosna. Cuando las cosas empeoraron una vez le arrebató la comida de las manos a unas inglesas. En esa época tenía en su cuello una cadena con la efigie de Marx a pesar de no haberlo leído nunca.
Por ser antimilitarista se negó ir al ejército. Fue declarado prófugo y condenado a un año de cárcel. Luego en 1904 fue indultado y cumplió con el servicio militar. Empezó a escribir una novela por entregas para los diarios La amante del cardenal Novela histórica anticlerical. En 1912 está con el Partido Socialista Italiano y dirige su periódico Avanti de Milan. Cree en la lucha de clases, odia a los burgueses y rechaza las guerras. La guerra es la gran traición, decía. No le interesaba el dinero: nunca aceptó salario por sus servicios al Estado, ni como diputado ni como primer ministro ni como presidente de la República de Saló. Vivía de sus artículos periodísticos.
Cuando en 1914 nota que hay muchos partidarios italianos de la guerra, Mussolini en unos días deja el pacifismo, se declara neutral y en cuestión de horas se hace belicista. Desde entonces, sin ningún pudor, dirá una cosa y hará otra alegando que sólo los locos y los muertos no cambian de idea. Por ese giro brusco el partido lo expulsó y lo destituyo del Avanti. Lo llamaron judas y le lanzaron monedas en la cara. El decía “ustedes me odian porque me aman” y “soy fuerte precisamente porque estoy solo”.
Funda en 15 de noviembre de 1914 Il popolo d`Italia, diario socialista, con el apoyo secreto del gobierno italiano y de los socialistas franceses. Elogia la guerra y dice: “La propaganda antiguerrera la ejercen los bellacos: los curas, los jesuitas, los burgueses, los monárquicos”. La guerra era necesaria para solventar los problemas económicos de Italia y evitar la revolución. Mussolini ataca en sus escritos a sus opositores: “Los neutrales jamás dominaron los acontecimientos, sólo los sufrieron...Solo la sangre pone en movimiento la rueda sonora de la Historia” Inaugura un nuevo estilo de hacer política: el de la violencia. Los opositores serán atacados físicamente y sus periódicos destruidos.
En 1918 participa en la guerra contra Austria y es herido tras la explosión de una bomba. Se sentía orgulloso “de haber enrojecido el camino”(en realidad fue herido en segunda línea) y proclama que todo hombre que ha combatido y ha sufrido está por encima de los demás, como adelantándose a futuros cobros que hará a la patria por sus servicios. Explica como se imagina al gobernante ideal: “Un hombre feroz con la energía suficiente para destruir, la inflexibilidad para castigar, para golpear sin titubeos”.
La guerra convirtió al país en escenario de protestas sociales, huelgas y hambrunas. Los soldados cazaban ratas en las cloacas para paliar el hambre. Mussolini aprovecha su periódico para hacer propaganda a su favor atacando las injusticias. Su arma será la repetición de una misma consigna basada en injurias hacia sus opositores, quienes no son más que apestosos, sifilíticos, escleróticos, bastardos e idiotas.
El 11 de enero de 1919 saboteó un acto político de sus opositores a quienes humilló y no dejo hablar en el Teatro della Scala de Milán. Entendió “que un pequeño número de hombres podía cómodamente imponer su ley por la violencia”. El 23 de marzo de 1919 funda la primera célula del partido fascista en Milán. El 15 de abril ordena la destrucción del periódico donde se inicio, Avanti. Explicará que “todo lo que ha sucedido en el Avanti proviene de un movimiento espontáneo de la masa, movimiento de los combatientes y del pueblo que ya no soporta el chantaje leninista”. Esa fecha la incluirá luego en el calendario de celebraciones de su revolución. El 6 de junio publicó su manifiesto dejando una idea clara: conquistar el poder aunque costara la guerra civil. Estando en contra de la revolución, socialista o bolchevique, decidió utilizar de todos modos la palabra revolución para atraer a las masas y presentarse, falsamente, como “el paladín de las reivindicaciones de las clases obreras”.
Mussolini se copió del compañero de partido, Gabriela dÀnnunzio, el estilo de actuar que será el estilo fascista: desfile de legionarios con los puñales en alto, reuniones en masas, saludo romano, los eslogans, los aplausos y los discursos, además del fez negro, la camisa negra y el rencor. El 16 de noviembre de 1919 fracasa en las elecciones que ganan holgadamente los socialistas. Entonces escribe: “En este mundo las cosas menos definitivas son las victorias electorales...” Piensa seriamente en dejar la política. Cree ser muy competente en otros oficios. Se sabe buen albañil, buen piloto, buen violinista y buen escritor...
En 1920 la situación socioeconómica empeora. Los obreros toman fábricas e izan banderas rojas con la hoz y el martillo. El Gobierno es atacado por los socialistas y por eso ve al partido fascistas como su salvador. El Gobierno permite entonces que los fascistas ataquen a los socialistas, a quienes rasuran sus barbas. Mussolini declara que el Fascio es de combate, con armas pacíficas pero también con armas de guerra. Por eso practica la esgrima. Todos apoyan al movimiento fascista: las autoridades del país, el ejército y el rey. Los fascistas dicen cosas contradictorias. Unas veces están en contra de la violencia , y otras afirman que no creen en pactos sino en la guerra total.
Todos los que se oponían a los fascistas eran llamados enemigos o bolcheviques y merecían ser apaleados, rasurados y purgados con aceite de ricino.
*Profesor, médico, poeta e historiador venezolano.

UNA CITA CON EL READER'S DIGEST


Daniel R. Scott*



Este jueves quiso el día vestirse con su elegante traje gris de lluvia que habitualmente usa por estos días del año, pero en verdad perdió su tiempo: no logró conmoverme ni me llamó a la acostumbrada sesión de melancolía. Hoy he decidido sentirme lleno de paz y sosiego. Todo dentro de mi es quietud y tranquilidad. No quiero llenarme de otros sentimientos. Antes de venir a la Biblioteca (estamos trabajando horario especial de vacaciones de 9:00am a 2:00pm ) me traje de un kiosco el Reader's Digest correspondiente a este mes de agosto. Siempre he comprado el Readers Digest pero últimamente ya no lo leía con mucho interés. O sería más exacto decir que ya no lo leía: lo compraba y lo dejaba tirado por allí, para que otro lo leyera. Es más: este año hice lo que nunca había hecho en 17 años: dejé de comprar algunos ejemplares. Claro: ¡es tanto y tantas las cosas importantes las que nosotros los hombres del siglo XXI tenemos que hacer! Tanto y tantas que dejamos de hacer lo que realmente nos gusta. Preferimos andar disfrazados de hombres emprendedores muy a tono con las exigencias de nuestra cultura. Nos creemos un Og Mandino o un Camilo Cruz y no nos damos cuentas que tan sólo somos los mendigos de la Postmodernidad, los más dignos de lástima de toda la Historia.


Pero, en esta mañana lluviosa de agosto hice lo que hacía cada vez que compraba la revista: la abrí al azar y dejé que el primer artículo que apareciera a mi vista fuera el primero en ser leído. Son rituales tontos de gente tonta. Pero de no ser por los rituales, ¿qué sería de nuestra vida? En esta ocasión el ritual dió sus flores y sus frutos: el artículo "Esas pequeñas cosas" de Petricia Espino cautivó mi corazón y renovó ese amor que sentía por la revista, amor que comenzó un julio de 1976 cuando la adquirí por primera vez al ridículo precio de Bs. 4,50. "¡Ay Dios casi cinco bolívares!" pensé yo revisándome los bolsillos en busca de las monedas mientras la vendedora me aseguraba: "Esta revista es muy buena. ¡Trae de todo! Además es lo único que no pasa de cinco bolívares" Lo cierto es que Patricia Espino reavivó ese cariño que yo dejé de sentir por la revista desde hace unos cuatro años mas o menos. "Un día descubrí que no es tan difícil cambiar al mundo" dice la articulista comenzando su relato, y al final concluye: "Con sólo animar a los demás podemos ayudarlos a interesarse unos por otros y a realizar mejor sus actividades, y lograremos que este mundo sea un lugar más agradable para vivir: un mundo con más amor... ¿por que no comenzar con cosas pequeñas? Deja de fruncir el entrecejo, pon tu mejor sonrisa, sal al mundo frío y oscuro, y derrama un poco de luz, amor y calidez sobre quienes lo necesitan"


Con la convicción que dan los años y la sabiduría (la revista nació en 1922 en los Estados Unidos y en 1940 adquirió la nacionalidad de habla española) el Reader's Digest me dijo que sí podemos iluminar y cambiar el minúsculo sitio que la vida o Dios nos dió por habitación de nuestra existencia.


O, al menos, vale la pena intentarlo. Los buenos intentos ya son de por sí una buena recompensa (2 de Agosto de 2007)
*Bibliotecario y escritor venezolano.