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martes, 15 de abril de 2008

DIARIO DE MOSCU 2006


Edgardo Malaspina*


17 DE AGOSTO

Partimos de San Juan de los Morros a las 6 de la mañana con la duda del pasaporte de Natalia que no tuvo tiempo de obtener el documento venezolano. Viajamos Natalia, María, Natalí y yo. Alexander nos hace el viaje hasta Maiquetía. En el aeropuerto resolvemos el problema: se puede salir con un pasaporte ruso si vas para Rusia. A las 5 y 30 de la tarde el avión de Lufthansa alza el vuelo. Hace 15 años, cuando salimos de la Unión Soviética, la Perestroika avanzaba y no se sabía hasta donde llegaría. La URSS se desintegró, por lo tanto salimos de un país socialista y regresábamos a uno capitalista. ¿Cómo será todo ahora?, me preguntaba constantemente, y una mezcla de sentimientos encontrados me acosaba. ¿Será mejor?, ¿Y los valores socialista? ¿Y la unión eterna de los países hermanos? ¿Y la solidaridad internacional?. En los casi 13 años de permanencia en Moscú me acostumbré, de alguna manera, al orden soviético, que todos denominábamos socialista, con sus aspectos buenos y malos.

Son casi 10 horas de vuelo entre Caracas y Alemania. En el avión tenemos 24 programas de música, una película tras otra y muchas revistas para leer. Todo para matar el tiempo, aunque, como decía Cioran, el verdadero matador es el tiempo. Nos reciben con un desayuno y bebidas alcohólicas: vino, cerveza y whisky. Me duermo y sueño que el avión cae violentamente. En realidad es una turbulencia y todo se estremece. Llegamos a Francfort del Main a las 8 de la mañana, hora de Alemania. En Caracas son las 2 y 3º de la madrugada. Esperamos un rato en una sala y luego nos subimos en otro avión que en 2 horas y media nos llevará hasta Moscú.

VIERNES, 18 DE AGOSTO.

Son las 4 de la tarde cuando llegamos a Moscú. Nos reciben Serguei, hermano de Natalia, su hija Valia y el esposo de ésta, Alexei. En un rato estamos en Tiopli Stán, la urbanización donde vive Serguei. El nombre de ésta región es una paradoja: puede traducirse como “cálido campo”, pero en invierno es una de las más frías.

Nos sentamos a una mesa bien servida con mucha vodka y cervezas. Estuvimos comiendo, bebiendo y conversando hasta la 5 de la mañana.

SÁBADO, 19 DE AGOSTO.

Son caso las 11 de la mañana, exactamente las 10 y 45. Soñé que estábamos en la casa de Natalia en Ploshad Noguiná, cerca de la Plaza Roja..Todos están durmiendo. Durante la noche llovió un poco. La mañana es fresca. Por las ventanas se observan muchos árboles y sobre ellos las palomas revolotean. Por la conversación de ayer concluyo que los rusos (al menos los de la familia de mi esposa) están muy contentos con el cambio de sistema. Pueden decir los que le da la gana y nadie los acusa de antisovietismo y traición a la patria. La economía libre hizo aparecer todos los productos alimenticios, y en general cualquier cosa que antes era “déficit”,es decir no había o estaba en las catacumbas del mercado negro. Las tiendas de comestibles, antiguamente del Estado y por lo tanto socialistas y casi vacías, están ahora bien surtidas y muy limpias. Las tres marcas de cervezas y vodkas ahora son de muchas clases, tipos y calidades; y son tantas, con botellas distintas en tamaños y formas y presentaciones llamativas que su sola observación en los estantes abruma los sentidos. El kvas, la bebida refrescante nacional rusa, servida antes en vasos de vidrios que eran lavados para nuevamente ser usados, ahora se vende en latas y botellas desechables. Algunas tiendas trabajan toda la noche.

Por televisión (ahora hay 16 canales y antes eran 2 solamente) transmiten un programa especial con motivo del golpe de Estado de agosto de1991. Entrevistan a los actores de los hechos y una cosa está clara: nadie defiende a la URSS. Todos estaban cansados del socialismo. Los locutores y animadores de TV llaman ese período “el imperio soviético”.

Bebo cerveza con Serguei y así hablamos mejor. Él dice que en cierto modo hay nostalgia por la URSS y todos quisieran regresar al socialismo, pero con las comodidades del presente: la libertad de expresión y la variedad de productos en las tiendas. Yo le respondo con un refrán muy ruso: la empanada la tienes en la mano o en el estómago.

Le pregunto por el altar, con íconos y Biblia, en la sala y me contesta que en cada casa hay uno. Antes a nadie que estuviera en sus cabales se le habría ocurrido adornar su hogar con semejantes símbolos religiosos. Los padres de Alexei siendo miembros del partido comunista se bautizaron a escondidas, y así lo hicieron muchos rusos: ocultaban sus creencias religiosas y se hacían comunistas por conveniencia.

Ya son las 8 de la noche pero hay mucha claridad. Así son las noches blancas moscovitas. El programa Vremia (El Tiempo) le hace una entrevista a Gorbachov con motivo de los 15 años del golpe de Estado. Afirma que la caída de la URSS es culpa del partido que no estaba preparado para los cambios que exigía la sociedad. Quiso introducir esos cambios paulatinamente con la perestroika pero los golpistas aceleraron las cosas y son los verdaderos culpables del estrepitoso final del Poder Soviético. Por eso nunca los perdonará.

Informan que los rusos se sienten muy orgullosos de tener libertad de expresión. Las dos terceras partes de los habitantes de Rusia se olvidó de que hubo un golpe de Estado. En Krasnodar (antes Iekaterinodar) derribaron un busto de Lénin y colocaron uno de Catalina II.

*Médico, poeta e historiador venezolano.

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