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martes, 23 de diciembre de 2008

EN LOS 80 AÑOS DE LAS ACCIONES Y PRISIÓN DE LOS ESTUDIANTES DE LA GENERACIÓN DEL 28

(Conversatorio en el sitio de Palenque: Una Jornada Memorable)

Sitio de Palenque - Parroquia El Calvario, estado Guárico; 13 de diciembre de 2008



FELIPE HERNÁNDEZ G*.


“La juventud es la época de la épica, del

sacrificio y del arrojo. Esos jóvenes que apenas

si alcanzaban los 20 años de edad, respondieron

positivamente a las exigencias de su tiempo. Fueron

jóvenes de su tiempo, por eso debe recordarse

su gesta”.

José Antonio Silva Agudelo.

Palenque, 13/12/2008.


En las postrimerías del año 2008, coincidiendo con el llamado tiempo de adviento de los cristianos, quizás por ser el tiempo que antecede a la navidad, tiempo reservado en nuestras vidas para reflexionar, meditar y recordar, fuimos convocados para este sábado 13 de diciembre de 2008, por los amigos cronistas e investigadores, profesor Oldman Botello y doctora Carmen Emperatriz Sierra Viloria, a participar en un Conversatorio en el sitio de Palenque, para recordar el Octogésimo Aniversario de los sucesos adelantados por 252 estudiantes universitarios contra el régimen despótico y cruel del general Juan Vicente Gómez, que desde 1908 de manera tiránica gobernaba a nuestro país. Acción que le dio nombre y marcó a la llamada Generación del 28, como se les identifica en la Historia de Venezuela.

A la convocatoria asistimos, el doctor Rubén Páez Díaz (Presidente del Ateneo de Calabozo y organizador de las Jornadas de Historia en el municipio Miranda), profesora Erlinda León, doctor José Antonio Silva Agudelo (Cronista de Calabozo), profesor Ubaldo Ruiz (UNERG), doctor Eduardo López Sandoval, don Italo Jiménez Laya (Cronista de Camaguán), profesor Félix Celis Lugo (Cronista de El Sombrero), Ysnardo Canigliaro, profesor Néstor León, Simón Fernández, Joaquín Páez Díaz y las señoras Eva de Silva y Orfelina Brito (de Calabozo), además de don Alejandro Jiménez y don Salvador Aquino Blanquez (habitantes de Palenque), los prenombrados don Oldman Botello (Cronista de Maracay y de los pueblos y gentes del Guárico) y la doctora Carmen Emperatriz Sierra Viloria. Quien escribe la crónica, asistió desde la ciudad de Valle de la Pascua.

El Conversatorio se realizó en la casa de habitación de don Alejandro Jiménez, ubicada en la calle principal del caserío, a un lado de la carretera nacional Las Mercedes del Llano – El Calvario – Calabozo. Ahí fuimos recibidos y atendidos gentilmente por la anfitriona, Carmen E. Sierra quien dijo las palabras de bienvenida y agradeció la asistencia.

Antes de iniciar el Conversatorio el profesor Oldman Botello solicitó leer la ponencia que llevó, titulada: Conversatorio sobre Palenque en los 80 años de la Generación de 1928: Los perseguidos de 1928, perseguidores en los 60. El presidio de Palenque”. En la ponencia el autor hace una breve semblanza introductoria de las características y condiciones geográficas, físicas y demográficas de Palenque, La China y El Coco, como área histórica en estudio, calificada por el periodista y telegrafista Luis Evaristo Ramírez en su obra, como “lugares donde se viene a morir”, dada su experiencia cuando estuvo detenido ahí.

Luego hace una descripción del llamado presidio al aire libre de Palenque y El Coco, descritas como “barracas techadas con láminas de zinc, sobre columnas de troncos de palma llanera, sin paredes, cuyo espacio lo ocupaban varias cintas de alambre de púas no muy espaciadas entre sí…dentro de la alambrada, el pollino o excusado”. Los uniformes de los presos son descritos de la manera siguiente: “pantalones de liencillo blanco y franjas azules horizontales, dos botones en la bragueta y sus bolsillos, más una blusa de la misma tela provista de un bolsillo”. El “uniforme” lo completaban los grilletes colocados en los tobillos, lo cual no le permitía a los presos (políticos o comunes) desplazarse con rapidez. Vigilados permanentemente por sargentones y cabos de preso que sofocaban cualquier desliz con azotes dados con una “verga” de toro. La comida la constituía fundamentalmente “granos no siempre en buen estado, plátanos sancochados y café aguarapado”.

Los presidios de Palenque, La China y El Coco fueron establecidos en el año 1926, cuando se inició la construcción en los llanos de la carretera El Calvario – Las Mercedes del Llano, a partir de la troncal Calabozo – El Sombrero. Estas carreteras formaban parte del proyecto de vialidad del general Juan Vicente Gómez. Obras que estuvieron a cargo del ingeniero villacurano Luis Eduardo Power. En acotación del doctor José Antonio Silva Agudelo, dicha carretera se iniciaba en Cagua y llegaba hasta la población de Soledad al sureste del estado Anzoátegui, en la margen derecha del río Orinoco donde limita con el estado Bolívar.

Se destacó que durante la dictadura de Juan Vicente Gómez, en Venezuela hubo muchos presidios, entre otros, en el estado Guárico se nombraron dos que estaban localizados en el municipio Infante: el Banco Telesfero y La Pereña, también hubo presidios en San Juan de los Morros; sin embargo, la prisión de Palenque adquirió notoriedad a consecuencia de los sucesos de la Semana del Estudiante en febrero de 1928, por los estudiantes que allí fueron confinados como presos políticos junto con presos comunes; y por el levantamiento militar del 07 de abril también de ese año.

A Palenque fueron llevados en calidad de prisioneros, 16 de los 252 estudiantes detenidos por protestar contra el régimen. Procedían trasladados desde la Colonia Bolívar, en la población de Araira, en el estado Miranda. En información expuesta por Oldman Botello, fueron ellos:

1.- Antonio Anzola Carrillo. Natural del estado Lara. Llegó a ser Ministro de Educación.

2.- Eduardo Celis Sauné. Natural del estado Carabobo.

3.- Rafael Chirinos Lares. Presidente de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV). Llegó a ser viceministro.

4.- Enrique García Maldonado. Natural de Los Teques, estado Miranda.

5.- Nelson Himiob Alvarenga. Escritor y diplomático.

6.- Pedro Juliac. Médico.

7.- Guillermo López Gallegos. Abogado.

8.- José Antonio Marturet. Natural de Caracas. Diplomático.

9.- Inocente Palacios. Caraqueño, emparentado con el Libertador, por descender de don Bonifacio Palacios y Blanco, quien fue hermano de doña Concepción Palacios y Blanco, madre de Simón Bolívar.

10.- Ricardo Razetti, hijo. Comerciante y fotógrafo artístico. Sobrino del sabio Luis Razetti.

11.- Antonio Sánchez Pacheco. Natural del estado Táchira.

12.- Germán Stelling.

13.- Luis Felipe Vegas.

14.- Luis Villalba Villalba. Abogado y profesor universitario.

15.- Juan Gualberto Yánez. Caraqueño (1904 – 1977). Médico traumatólogo y maestro de destacadas figuras de la especialidad en el Hospital Vargas.

16.- Clemente Parpacén.

Casi todos ellos nombrados en la novela Fiebre de Miguel Otero Silva, obra que fue recordada porque ahí su autor, (que también formó parte de la Generación del 28), recrea lo acaecido en Palenque; así como las obras La Carretera de Nelson Himiob Alvarenga, Aquí se viene a morir, de Luis Evaristo Ramírez, Viva Arévalo Cedeño. El libro de mis luchas de Emilio Arévalo Cedeño, y Una Inocente Historia de Inocente Palacios.

Todos los estudiantes antes nombrados fueron “uniformados” con los pantalones de liencillo blanco y franjas azules horizontales, con dos botones en la bragueta y bolsillos, una blusa de la misma tela provista de un bolsillo, y grilletes sesentones en los tobillos, “porque esa era la orden que tenían los carceleros”.

Durante el tiempo que funcionaron los presidios de Palenque, La China y El Coco y se adelantaban los trabajos en la carretera, fueron numerosas las muertes que ocurrieron, como consecuencia de enfermedades endémicas como el paludismo y la disentería, también por hambre, maltratos y por intentos de fuga hacia la sabana abierta. Lo que le dio validez a la consigna que identificaba al régimen gomecista, para que el pueblo ironizara: Unión, Paz y Trabajo.

Unión en las cárceles.

Paz en los cementerios, y

Trabajo en las carreteras.

Los coroneles que actuaron como jefes de la prisión de Palenque, fueron: Amadeo Campero, Roberto Torres Velasco, ¿? Varela, Rodolfo C. Piña, y Jacinto Clinovis Maldonado.

Se hizo mención a dos intentos de asaltar Palenque que hubo. Uno por el general Emilio Arévalo Cedeño y otro urdido por don Ricardo Montilla y el coronel Luis Felipe Hernández para liberar a los estudiantes. Este segundo intento fue debelado, y los estudiantes fueron trasladados a El Sombrero.

Mención especial merecen la participación en el Conversatorio, por las intervenciones de don Alejandro Jiménez y don Salvador Aquino Blanquez, quienes son nativos de la comunidad de Palenque, donde además siempre han vivido. Especialmente Salvador Aquino Blanquez, llanero de 81 años, quien en un ejercicio de historia oral, recurriendo a la memoria y a la experiencia nos permitió acercarnos a la vida cotidiana y a información no registrada en las fuentes tradicionales. Con mucha seguridad dio testimonio de información que le transmitió su madre, recuerdos de los lugares donde estaban los presidios, donde según afirma todavía quedan vestigios y describió como era su construcción.

Sabemos que la experiencia y la información que aportó son datos subjetivos, es decir no muestran verdades precisas o reconstrucciones veraces, más sin embargo, en alguna medida contribuye a la toma de conciencia, alimentando el surgimiento de nuevos puntos de vista, nuevos debates y en consecuencia, fomenta la posibilidad de un enriquecimiento mucho mayor del conocimiento histórico y del fenómeno histórico en estudio.

Afirmó que en Palenque los comisarios y generales eran quienes verdaderamente ejercían la autoridad. Cada preso cargaba un grillo “pegado” en los tobillos de entre 30 y 40 kilos de peso aproximadamente y un escolta que les seguía a todas partes, con un látigo hecho con una “verga” de toro, para azotar a quien no hiciese el trabajo forzado con prontitud, intentase fugarse o se alzara.

La jornada de trabajo forzado comenzaba antes de las seis de la mañana y terminaba a las seis de la tarde. A cada hombre después de darle un posillo de café aguarapado, se le asignaba la tarea que debía realizar ese día, y se le entregaba un pico, una pala o una chícora.

Solamente se hacían dos comidas al día: un desayuno a eso de las diez de la mañana, casi siempre harina de maíz (especie de fororo o atole) con agua y en la tarde entre las 3 y 4 de la tarde el almuerzo, generalmente de granos y topochos.

Una de las tareas era la apertura de hoyos. Cada hombre tenía que abrir diario 51 hoyos con una medida equivalente a dos cuartas de profundidad y medio metro de ancho aproximadamente por cada costado, donde se le pudiese dar vuelta a cada estante antes de clavarlo de manera definitiva.

La llamada Ley de Tareas del régimen contemplaba los trabajos forzados, esta fue aplicada con rigor a los presos que engrillados construyeron la carretera en el sector del presidio. Lugar donde los estudiantes fueron humillados y ofendidos en sus derechos civiles y ciudadanos.

Palenque y La China fueron hatos que pertenecieron a Félix Galavís, general tachirense muy afecto al régimen.

Según Salvador Aquino Blanquez en el hato Palenque había 35.000 cabezas de ganado. El hato El Punzón tenía una extensión equivalente a 42.000 hectáreas.

Se recordó que según testimonio del escritor Eduardo Casanova, dada la talla de las personalidades que integraron la Generación del 28, fue llamada por muchos intelectuales, el “sindicato de la inteligencia”.

Vale dejar constancia, que el profesor Oldman Botello entregó a los asistentes, además de la ponencia leída, la fotocopia de una acuarela que fue pintada por el estudiante preso Enrique García Maldonado, titulada “Campamento de Palenque en 1928”. En ella se observa claramente como era la prisión, la forma como estaban dispuestos los caneyes cercados con alambre de púas y el celador. También entregó un muestrario fotostático de fotografías, en una de ellas destaca un promontorio de grilletes sesentones arrumados en el patio de una casa, en la población de El Sombrero.

Finalmente se puede afirmar, que el Conversatorio resultó provechoso, porque le permitió a los asistentes ubicarnos en la realidad que le tocó vivir a los presos comunes y a los estudiantes que fueron confinados en las prisiones de Palenque, La China y El Coco. Denotándose la ausencia absoluta de derechos humanos. Los recuerdos nos enseñan como las personas piensan, vieron y construyeron su mundo y cómo expresaron su entendimiento de la realidad.

De ahí que podamos decir, que los relatos orales producto de las experiencias, vivencias y lecturas nos introducen al conocimiento de la experiencia individual y colectiva. Esta experiencia es un dato subjetivo, es decir no muestra verdades precisas o reconstrucciones veraces, pero si permite realizar una reconsideración de los hechos históricos hasta alcanzar su reconstrucción lo más cercana posible a la verdad histórica.

El acuerdo más importante del Conversatorio fue la tarea encomendada al cronista del Calabozo, doctor José Antonio Silva Agudelo para que diligencie ante las autoridades del municipio la construcción en Palenque de una plaza en homenaje a los Estudiantes de la Generación del 28 que ahí estuvieron confinados pagando prisión por delitos políticos en condiciones tan adversas.

Valle de la Pascua, a los catorce días del mes de diciembre del año dos mil ocho.


* Profesor Universitario. UNESR. Historiador. Valle de la Pascua, Guárico (Venezuela). felipehernandez56@yahoo.es