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jueves, 7 de febrero de 2008

¿APRENDEMOS DE LA HISTORIA?


Daniel R Scott*


"Pero parece que la política tiene el poder de contaminar aún a los mejores" (Ignace Lepp)
Se me escapa el autor de aquel pensamiento que reza:"De la Historia aprendemos que el hombre no aprende nada de la Historia". Y la cita, con lo antigua que es, no ha podido ser abolida por el curso de eso que llamamos civilización. Es norma vigente desde la Grecia antigua hasta nuestra actual era del internet. Es pan recién salido del horno. A la luz de esa cita, resulta increíble ver lo poco que ha evolucionado el hombre, cuestionándose las raices mismas de nuestro progreso.
Se dijo, una vez finalizada la "Gran Guerra" de 1914, que esa sería la guerra que "acabaría con todas las guerras". Después de cuatro años de enfrentamientos que dejaron un saldo de diez millones de muertos era de suponer que el sentido común se impusiera y se cumpliera tal deseo. Así de cruenta fue que se creyó que ya no se repetiría otra conflagración tan devastadora como esa. Sin embargo, unos veinte años más tarde, las mismas naciones y en los mismos continentes libraron la tristemente célebre "Segunda Guerra Mundial" que dejó otro saldo de cincuenta millones de muertos y fue mucho más cruel que la de 1914, porque en esa oportunidad se intentó industrializar el exterminio de una raza, cosa nunca antes vista. ¿Moraleja? No se aprendió de las lecciones de la Historia. El hombre cometió los mismos errores del pasado y, lo que es mucho peor, los repotenció con crueldad indefinible.
En el caso de Venezuela, ha pasado y pudiera seguir pasando lo mismo: no aprender de nuestra Historia, repetir los errores del ayer una y otra vez. Ya sucedió con la Guerra Federal, la gran guerra civil venezolana. Trató de poner punto final a una serie de conflictos de carácter político y social. Muy buenas las intenciones y los ideales, pero todo terminó en el estercolero. El Federalista José Lorenzo Arismendi dijo: "Luchamos cinco años para sustituir Ladrones por Ladrones, Tiranos por Tiranos". Triste declaración para un hombre que defendió sus ideales empuñando un fusil, superada quizá por el "he arado en el mar" de Bolivar.
Otro caso es el de la Revolución del 18 de Octubre de 1945. Con lo prometedora que fue y con los cambios políticos y sociales que posibilitó, en apenas tres años de existencia se degenero a un punto tal que fue aniquilada por el golpe de 1948. Lo cual tiene que ser observado muy de cerca por los que todos en este país tenga la intención de detentar el poder político. Ese período histórico no es una rareza embalsamada en los libros de texto para satisfacer la curiosidad de los visitantes de un museo, es letra viva que los partidarios de todas las Republicas por venir deberían estar muy atento para no caer en la misma actitud partidista-sectaria que finalmente llevó al derrocamiento al gobierno de Rómulo Gallegos. "Abandono el país bajo la presión de las Fuerzas Armadas" denunció Gallegos en un Manifiesto. "No he renunciado a la presidencia de la Republica a que me llevó la voluntad del pueblo". De nada le sirvió ni su denuncia ni su manifiesto: el 5 de diciembre de 1948 fue expulsado del país con toda su familia.
Hoy en día se entroniza la voluntad popular expresada por el voto. Que así sea. Ese es uno de los pilares fundamentales de toda democracia. Pero si la conducta política del que ha sido electo no es democrática se está invalidando y traicionando esa voluntad popular expresada en las urnas. Hay quienes incluso se valen de los mecanismos que les brinda la democracia para imponer Totalitarismos. Ya ha sucedido. Sucedió en la Alemania de Hitler. El país más alfabetizado del mundo en 1933, según lo reseña Ernesto Sábato. La Alemania que fue definida como el "pueblo de los poetas y de los pensadores". Puedes ser elegido por el voto del Pueblo, sí, pero deslegitimarte en el ejercicio del poder.
Explicando las desventuras de los adecos en aquel trienio populista que culminó en 1948, Antonio Scott Power escribió:
"Y no podía ser de otra manera, porque el partido Acción Democrática, con la apostasía de los principios políticos que sustentaba desde la oposición y con la absorción exclusivista de todas las actividades del estado en su propio beneficio, se ha encargado de sepultar definitivamente los infantiles restos de revolución, y junto con ellos, la fe democrática del pueblo venezolano" (Mayo de 1948)
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
*Bibliotecario y escritor venezolano.

EL ARREBATÓN


Eduardo López Sandoval*
eduardolopezsandoval@yahoo.es

Es esta la historia del primer arrebatón realizado en Guardatinajas.
Guardatinajas es un pequeño pueblo del Guárico donde todos se conocen. Todo guardatinajeño da la misma dirección: “Al llegar, pregúntale al primero que veas por fulanito”. Nunca falta una inmediata respuesta: “Cruce en la segunda cuadra a la derecha, la tercera casa”.
Guardatinajas está muy alejado de los centros de poder, más por el abandono que por la distancia. No hay agua, la escuela no tiene comedor, la carretera casi nunca sirve… mas no hay malandros. Sí, increíblemente ésta es una especie exótica. En la producción de delincuentes sólo se limita a ladrones de gallina, politiqueros, ladrones de ganado y sindicaleros. Por lo general es un poblado tranquilo.
Sin embargo, un mal día, dos adolescentes incursionaron en el desconocido rubro de los arrebatotes.
Todo comenzó por un acto político en la capital del Estado con motivo de la aprobación de la Memoria y Cuenta del Gobernador de turno. Les entregaron una pancarta, se aprendieron una consigna y les pagaron con ron y con dinero sustraído fraudulentamente de la Cuenta que ese día se aprobó.
Terminado el acto, los choros nuevos se dirigieron a la licorería más cercana; un choro viejo, de los más curtidos, contaba desprevenidamente a un pequeño auditorio las artes del arrebatón en moto. Nuestros amigos oyeron, entendieron y se vieron a los ojos, y con un cruce de miradas sellaron el compromiso de ser precursores del arrebatón en Guardatinajas.
Ya en el autobús de regreso…
-Y cómo hacemos sin moto?, preguntó uno.
- ¡Que moto na! ¡En la bicicleta!
Nuestros aprendices de cacos sólo tenían en sus curricula la ejecución de un robo de hallacas en la casa de Parrita. Todo les salio perfecto, solamente que con el nerviosismo metieron en el saco bollos en vez de hallacas y que uno de ellos perdió una alpargata.
En esta ocasión todo estaría planificado. La víctima el boticario del pueblo.
Era conocido que diariamente después de cerrar la botica, a la misma hora, con una bolsa en la mano, el boticario se dirigía a su casa en las afueras del pueblo.
(Los malandrines suponían que en la bolsa llevaba el producto de la venta del día. No sabía que el dinero lo llevaba en el bolsillo derecho del pantalón, tampoco sabían que en la botica no había baño).
Pues, sí, en esta bolsa llevaba el boticario, muy higiénicamente, sus deposiciones diarias.
El arrebatón fue perfecto, lo realizaron en la oscurana de la escuela, después del policía acostao.
Corrieron, corrieron y corrieron. El autor de estas líneas, que en ese momento pasaba casualmente por el lugar, observó en la cara del boticario, en pocos segundos, disímiles matices; primero asombro, luego susto, y por último una sonrisa se impuso en su boca.
Más adelante, en la vía que va hacia Monteoscuro, el pichón de azote que pedaleaba ya no podía y se paro en la pata de un guásimo. El otro que iba en la caja de la bicicleta de reparto, iba abriendo la bolsa…
-¡Pija, primo, me llené! Se oyó la exclamación en el llano.
El otro, que pensó que el pana lo quería bajar de la mula, olvidó el cansancio y se le abalanzó.
-¡¿Cómo que te llenaste?! ¡Esta vaina es pa` los dos!
Y le arrebató la bolsa. Y también se llenó.

*Abogado, poeta, escritor e historiador venezolano.