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martes, 29 de abril de 2008

POEMAS


Argelia MALAVER*








Se toca el fango, se toma el trago amargo,
se limita y se delimita el Ser
al caminar por el túnel
percibiendo los faros de las luciérnagas,
tocándome el frío de los tuétanos,
abrazando el hielo
para encontrar el calor escondido en la piedra

sabiendo que siempre la mano de Dios
te acompaña,
te recibe al llegar.
No se llega al cielo
Sin antes pasar por el infierno.


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El olor del amor
es el que expide
la rosa
cuando secan
sus pétalos.


Olor que como bálsamo
alivia el alma,
la mece,
la calma.

Olor que lleva al éxtasis

cuando se ha entregado.


Recorrido

El pasaje por lo existente en la carne
es tiniebla, hedor, repugnancia,
pureza, asco, lección aprendida
como salamandra que se arrastra hasta su metamorfosis
para tomar el vuelo del águila
y obtener libertad en el espíritu.
Para llegar al cielo se ha pasado por el infierno.

No se obtiene la gloria sin vencer la carne.

Jesús

Déjame seguir tu senda.
Mi dolor es tuyo y tuyo es mi dolor.
Hoy, deseosa de encontrarte, conocerte
y saber lo que me diste, lo que hiciste por mí.
Hoy sé que tu espalda está protegiendo mi senda.
Sé que tu rostro es mi maravilla, mi seducción, mi encanto.
Hoy me veo bañada, limpia por tu dolor, por tu sangre.
Mi dolor es tuyo. Mío tu perdón.
Hoy te he conocido como mi salvador y redentor.
Caminamos juntos al Padre donde sé me llevarás
con mis manos llenas de la promesa del que una vez dijo.
Escrito está.
Aquel que mi nombre ponga en alto
Yo lo glorificaré y lo saciaré de larga vida.

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Aún conservo mi pureza

Creo que soy como un experimento de la vida
donde se realizaron todas las pruebas.
Aún conservo mi pureza.

Nunca perdí mi fe ni mi esperanza,
siempre estuve por encima de todas las tormentas
del transitar de la vida.
Aún conservo mi pureza.

Quiero deshojar mis pétalos para descubrirme.
Llegar al fondo de mi ser y contemplarme.
Lo que más quiero es encontrarme.
¿Por dónde comienzo?
Aún conservo la frescura de mi niña.
Eso siento a pesar del camino empedrado,
de la lluvia tenue y silenciosa,
de los atardeceres sin crepúsculos,
del té amargo en mi mesa.
Aún conservo mi pureza.


*Poeta venezolana