Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

jueves, 19 de marzo de 2009

DIARIO DE INVIERNO MOSCÚ, 2008

EDGARDO MALASPINA*










DOMINGO, 21 DE DICIEMBRE.


Caminamos hasta el museo de Marina Tsvetayeva, la poeta rebelde. En el segundo piso, a través de una escalera en forma de caracol como la del sueño de Isac-así la consideraba la familia de la poetisa- está el apartamento donde vivió desde 1914 hasta 1922 con su esposo. Aquí se reunía con sus amigos escritores, pintores y filósofos. De quince libros que publicó, 11 fueron escritos en este lugar, donde según uno de sus poemas “huele a patria, a rocío/ a humo eterno y a versos.” Desde aquí partió al exilio; y cuando regresó, en 1939, el comunismo había cambiado las reglas del juego, y no pudo tener ni hogar estable ni trabajo, porque era “una traidora a la patria”. La traición era haber vivido en países capitalistas como Francia, y no entender completamente la revolución. El apartamento le encantó a Tsvetayeva porque tiene forma de barco con claraboyas en el techo para la entrada de luz y aire. La guía dice : “Durante la guerra civil, después de 1917, vendieron un piano para comprar harina. Así era la hambruna que padecía el país. . Algunos muebles de madera fina fueron a parar a la chimenea para generar calor en invierno”. Vamos viendo sus libros, sus manuscritos, un busto. La guía, prosigue con voz que denota cariño y admiración por Tsvetayeva: “ A Marina Ivanovna no le dieron tregua los del gobierno, la persiguieron, le mataron al esposo, de sus tres hijos , al varón lo enviaron a un campo de concentración. Una de las hijas también fue encarcelada, y la menor murió en un orfanato de hambre. No tenían que comer. Ella sólo recurría a sus versos. Cuando no tenía papel escribía sobre las paredes. En la miseria y ante tanto acoso se ahorcó en 1941…”.

Uno hace duros esfuerzos para no soltar una lágrima y una palabrota para maldecir las ideologías…Salimos. La tarde ya está oscura y siento mucho frío.










LUNES, 22 DE DICIEMBRE


8 grados bajo cero.

Anoche celebramos el cumpleaños de Alexei. Su padre, Víctor, tocó y canto con la guitarra. Entre tragos y pasapalos, Víctor habla de literatura y se queja de que ahora los jóvenes no leen como los del socialismo. Luego cita a Guerasimov, un crítico de arte, quien afirmaba que el cine te coloca frente a los hechos, mientras que el libro te permite pensar más. Me echo un trago por formalismo y me voy a la cama.

Hoy fuimos al Ashan, una tienda donde hay de todo, pero nada ruso. Antes el nacionalismo negaba cualquier cosa de origen extranjero. Ahora todo es al revés. Antes de salir observo por la ventana como el viento sopla y arrastra la nieve hasta levantarla en remolinos. Eso veo para recurrir al rito largo de clocarse el atuendo invernal: medias de seda gruesas, calzoncillos largos, pantalón, franela, suéter, camisa, bufanda, shapka, guantes y ánimo para salir.



















*Historiador, cronista , médico y poeta (Las Mercedes del Llano, estado Guárico)

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