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martes, 3 de marzo de 2009

DUDAS Y CERTEZAS

Daniel R. Scott*



A mi sobrina Maria E. Scott, licenciada en Filosofía egresada de la UCV

y eterna testigo de mis perplejidades.


"Quizás el clímax de la compasión de los intelectuales cristianos sería orar por el físico atómico que puede escindir el átomo pero ignora la música de los Salmos o la vigorosa prosa de los pasajes de la Pasión (Calvin Miller, en "Sed de Significado" )

La humanidad (entendida como aquello que somos tu y yo ) vive la vida entre un "Gloria a Dios en las alturas" y un "Gloria al Hombre en los abismos" Vida que vivo yo entre la colisión cósmica de dos concepciones opuestas entre sí. ¿Cuál camino escoger cuando el humo de los destrozos y de los escombros se haya disipado por completo y vuelva a brillar en los cielos el sol, la luna y las estrellas? Vida dividida entre dos mundos, entre los reinos de la luz y la oscuridad. Un pensar en Dios cuando estoy en ti, un pensar en ti cuando estoy en Dios. El aroma de tu piel indígena y el aroma de los cirios de Dios siguiéndome a todos lados, sin darme tregua ni dejarme vivir en paz. Dolorosa escisión del alma y de los afectos más íntimos. Tortura de todo aquel que se sepa pensante y le dé por pregonar ideas e ideales: extender la mano inquieta al fruto prohibido. No es el fruto lo peligroso para el hombre y para la historia, sino el acto físico y mental de extender los dedos sedientos de conocimiento y placer. Y día a día, quizá sin saberlo, somos expulsados una y otra vez del huerto del Edén. Lo dijiste tú, viejo filósofo de seminarios y universidades, hijo legítimo de los instintos del siglo: el conocimiento pleno y verdadero se resume en un simple e inofensivo "Saber con sabor", pero ¡cuánto nos ha costado esa simple formula! Es una formula pequeña en extensión como las de Einstein, pero que genera explosiones de hongos nucleares cuando se lleva a la práctica. ¡Cuanto nos ha costado! ¿Es la sabiduría sorber hasta la médula todo lo que el mundo oculta y ofrece? Si acaso fuésemos sóphos de cuerpo y alma, estaría muy bien, pero siempre acarreamos ruina, dolores y desgracias con las locuras de esa libertad que no conoce barreras ni frenos. Prefiero la intuición y la prudencia que el "saber con sabor"

II

La verdad trascendente y suprahistórica, para serlo y poder pasar como tal en los hormigueros humanos de los siglos, no tiene que estar necesariamente comprimida entre los chatos hechos verídicos del llamado acontecer histórico verificable que los libros registran en sus páginas. ¡Que triste manera de concebir las crónicas del hombre! Es allí donde fallaron los marxistas de la Europa oriental. A Marc Chagall lo marginaron en Rusia por pintar vacas que vuelan y el "realismo socialista" ni era realismo ni era socialista. Ignoraron los poderes liberadores y creadores del espíritu y de la imaginación a la hora de relatar toda acción humana. Existe mucho de falaz en el núcleo de una historia real y mucho de auténtico en el espíritu de una invención humana. Por eso, yo le doy más crédito a la Biblia del pueblo hebreo que a "Algo de mi vida" de un Erich Honecker.

III

Fría noche de cielo invernal. Ya dejó de llover. La luna y una estrella se asoman y evaden por un boquete que dejan las nubes preñadas de agua y relámpagos. En las soledades de la medianoche, alguien camina en busca de una farmacia de turno. Salta sobre los riachuelos de barro y basura dejados por la lluvia de hace unos minutos. Ese alguien -nadie lo sabe- dialoga con Dios. Un Dios en el que, en raros momentos de escepticismo, no desea creer. Pero no puede evadirlo, no puede huir de Él. ¿Es Dios mito, mentira, hipótesis imperfecta? ¿El opio de los pueblos de Marx? ¿El licor idiotizante de Lenín? Igual da: no puede huir de Él. Es como huir de esa brisa de lluvia que moja el rostro. Nadie oyó a ese alguien musitar con esos labios que se mueven silenciosos: "Con boca cristiana y corazón pagano te invoco desde los atrios de tu creación. Las litúrgicas gotas de agua aderezan mi oración. Dime: ¿donde estás? ¿Llenas la creación con la plenitud de tu presencia o solo moras en los corazones de unos pocos hombres buenos? Responde: ¿Te ocultas travieso detrás de las constelaciones o cabalgas invisible sobre los lomos de aquella estrella que parpadea silenciosa su lejanía de años-luz? ¿Es la luz de la luna la sonrisa de tu semblante velado? Pero responde: ¿He de buscarte ávido en las páginas de algún texto sagrado? A veces nada parece ya tan claro como lo fue ayer, cuando la santa credulidad era la armadura que guardaba mi pecho y la aureola de mi cabeza. Y, no obstante, sigo pensando en tu esencia como algo tan vasto e inconmensurable que todo lo llena y desborda, como los mares indomables llenan el lecho marino. ¿Sabes? No deseo las cosas que desgastan los años del tiempo, ni los cargos que encumbren hasta el ridículo mi vanidad, ni las riquezas que llaman a la falsa adulación humana, ni las hazañas gloriosas que grabadas queden en los milenarios bronces de la memoria colectiva. Dame mas bien el rango y la jerarquía de ser llamado hijo tuyo, la dicha infinita de sentir en la piel de mi alma un solo pero eterno roce de tu amor. Si existes ( cosa que a veces dudo ) calma la quieta tormenta de mi soledad existencial, sácame del frío y vacío foso del universo, dándome la inagotable abundancia de tu eterna compañía

IV

Somos esclavos ciegos de una barata erudición patentada en los laboratorios del escepticismo humano. El siglo XX nos dio la ciencia y la técnica, pero nos arrebató el espíritu, la posibilidad de creer más allá de lo que hay o vemos en el universo Algo me dice y asegura que no lograremos con ese trueque sobrevivir ni alcanzar la ilusión de la dicha. ¡No es otra cosa que oropel disfrazado del oro más fino! Toda encrucijada vital e ineludible en esto se resume: creer sin ver o razonar con evidencias. Yo prefiero creer iluminado por las teas que brotan del alma, sin prestar atención a ninguna evidencia externa a mí ser. Te digo "¡Cree!" La pura y simple palabra "creer" es el mensaje redentor. ¿Y que cosa es creer dirás? Pues creer que Dios es "luz de mi corazón y pan de mi alma, fuerza que fecunda mi ser y los senos de mi pensamiento" (San Agustín) Dejar de luchar, bajar la guardia, desarmarnos de toda especulación estéril. Saborear el dulce néctar de aquella fe ancestral que nada investigaba y que recibía a Dios en la serenidad del espíritu. ¡Un descansar en la palabra "creer"! Y yo creo.

V

Peregrinar y entrar por los atrios de la fe sencilla y sin ostentación del hombre descalzo y sin letras que supo el secreto de hacer de su Dios una catedral, ejercitar pacientemente el espíritu en las ciencias ocultas de la devoción que nada pregunta y que de rodillas besa al infinito. Hacer de un "¡Aleluya!" las paredes de oro y mármol que alberguen mi existencia y me de las alas infatigables que me remonten a las cumbres inaccesibles de esa existencia que la sabiduría humana no pueda ver o conocer. Mi anhelo, la meta única y suprema de todos mis sentidos juntos es decir: "Te ruego me muestres tu gloria" (La Biblia)

Nota: ¿Década de los noventa? Documento sin fechar


*Bibliotecario y escritor venezolano (San Juan de los Morros, estado Guárico)

Imagen tomada de http://xantors.blogia.com/2006/081401-esta-vida-loca....php