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lunes, 16 de marzo de 2009

¿Qué vamos a hacer con la nostalgia?

Reflexiones en torno al centenario del nacimiento del poeta y educador Miguel Ramón Utrera (San Sebastián de Los Reyes, Edo. Aragua 1908-1993)


Máximo Alberto Rangel*


La pregunta-título del presente ensayo se debe a que en muchos de los autores de mi pueblo percibo un laudable apego al entorno rural y provinciano, fruto en gran parte del universo lárico utreriano, que ha influido en todo escritor sansebastianero, como afirma, el lingüista Luis Álvarez León,1 uno de los exalumnos y colaboradores más apreciados de Miguel Ramón Utrera. Pero al mismo tiempo siento en los textos de mis coterráneosy me preocupa una especie de solapada y riesgosa nostalgia por tranquilos tiempos idos. Es una apreciación muy personal mía, que se me antoja como tema para un debate entre quienes quisiesen hurgar en las raíces de nuestra alma colectiva.

Debo aclarar que no le resto ni un ápice al luminoso lenguaje de nuestro máximo poeta, pero, por otro lado, me tropiezo con la apreciación de Martin Heidegger 2 quien da razón a mis temores cuando señala que toda añoranza deja ver una huella de melancolía, la cual imprime a la felicidad una marca de pesadumbre que no se puede evitar, y que se vincula a veces con la nostalgia del pasado.

En consecuencia vuelvo a preguntarme si la poesía de Don Miguel Ramón Utrera o sus enseñanzas como educador fueron para nosotros sólo el recuerdo de un bucólico pasado, o una fuerte voz de alerta ante los apremios del futuro. En cualquiera de los casos, estamos ante un legado que no podría nunca desligarse de ese drama de sentirnos, nosotros los humanos, infinitos en nuestras aspiraciones y limitados en nuestras capacidades. Ése es uno de los dos aspectos alrededor del cual giran las presentes reflexiones. El otro se refiere al Utrera educador, tema éste poco abordado, ya que la atención, fuera de las fronteras del pueblo y del ámbito de quienes fuimos sus discípulos, se ha centrado más en lo primero, especialmente a raíz del inusitado gesto del rechazo de Utrera al monto el monto en metálico del Premio Nacional de Literatura 1981.


Las llaves del saber

Miguel Ramón está consciente de que el saber es la primera fuerza que derriba la ignorancia y cualquier otra amenaza que intente esclavizarnos. Fiel a su vocación de siempre, desempeña su labor pedagógica no sólo en las aulas de la Escuela Federal Pedro Aldao, fundada y todo el tiempo dirigida por él, sino aún después de jubilado hasta sus últimos días…

Rememoremos la escena:

Hoy atiende a un grupo de muchachos de primaria o de bachillerato, de la misma población o de poblados vecinos. Mañana o esta misma tarde tocará a su puerta algún estudiante universitario… Alguien se le acercará esta noche a dialogar con él en su paseo nocturno por la plaza de Los Diputados. (Cabe recordar que así ha pasado a llamarse llamada la antigua plaza Ustáriz, en gran parte por su insistencia en que fueron tres, y no uno solo, los representantes que firmaron el Acta de la Independencia en nombre de este cantón de la provincia de Caracas.3 Es que el maestro no sólo está pendiente de las Letras, sino de cualquier otro tema al alcance de su vasta cultura, especialmente de aquellos relativos a la historia y la geografía locales, que deberían ser, en su criterio, materia obligada en los programas de estudio de la región. Pero tales cátedras no existen, y él se empeña en impartirlas por su cuenta, cada vez que tiene la oportunidad: en la tranquilidad de su casa llena de libros, revistas, documentos, fotografías y recortes de prensa, o también en sus recorridos por el pueblo, o en sus visitas a hogares a los cuales sigue acudiendo, a pesar de sus años y de su muy quebrantado andar, en su casi desesperado intento de rescatar los conocimientos que aún quedan del pasado en la memoria de los más ancianos del pueblo… La imagen que conservarán de él las nuevas generaciones será la del anciano ya doblado, caminante incansable sostenido sobre dos bastones, con esa artritis degenerativa deformante que nunca pudo doblegar su voluntad.


Educador, poeta… ¡y ciudadano!

Aunque alguna mención hago, no me he querido extender en estas líneas sobre el Utrera poeta, pues otros no muchos, ciertamente lo han hecho con propiedad. He deseado recordar especialmente al educador y, a la vez, al ciudadano íntegro, irreductible, el que no estaba dispuesto a doblar las rodillas ante nadie. Así me lo confesó él mismo al referirme aquella anécdota de cuando una comisión llegó hasta su casa, un domingo en la mañana, a buscarlo porque el Presidente Pérez estaba en el pueblo y quería tener el placer de saludarlo: “Si él quiere verme, que venga hasta acá, y con mucho gusto lo recibo les dijo, pero yo no soy el que tiene que ir con ustedes, porque el interesado es él”…

No se trataba de una aversión personal hacia el gobernante, sino interpreta uno de la manifestación propia de su recia personalidad, de su duro carácter (hasta “malcriado”, podremos decir, sin restarle, repito, ningún mérito) formado en la disciplina de los valores familiares, y, no me cabe duda, en el esfuerzo que hubo de significar para un joven provinciano trasladarse a la Capital en busca de mejor futuro, en un país atemorizado por la dictadura gomecista, en la que escritores y periodistas aprendieron a expresar entre líneas su rabia y su impotencia… De esa época, y en esas circunstancias, es su acercamiento a aquel grupo de escritores visionarios y emprendedores, cuyo aporte marcó un hito en la historia de las letras venezolanas. Me refiero al, para Utrera tan recordado Grupo Viernes, así llamado por el día en el que semanalmente se reunían, allá en la Caracas de los años 30, en un local ubicado entre las esquinas de La Gorda y La Bolsa. Vale. Aunque se distanció de las reuniones de esa peña literaria, “cuando centraron las copas y el licor y, por ende, los altercados”, mantuvo siempre su afiliación al grupo y su colaboración con la revista Viernes, tal como lo señala en entrevista concedida a Harry Almela. 4

Poco, sin embargo, se ha mencionado no sólo sobre la participación del poeta en ese movimiento renovador, sino acerca de su obra en general (excepto la cantidad de menciones posteriores al impacto noticioso de su rechazo al Premio Nacional de Literatura) Un silencio con raras excepciones, que nunca parece haberle molestado.5 Una omisión que, según Díaz Seijas, pudo deberse a “las capillas en las que crece el elogio amistoso en detrimento de la verdad estética”, a lo cual tendríamos que añadir el casi monacal retiro del poeta en su terruño, el ascetismo de su vida y su férrea enemistad con la ostentación, la lisonja y los oropeles de la sociedad. Una actitud, por cierto, muy distinta ahora y siempre al común de los mortales. Para muestra un botón: Ya era poco común su inteligencia, su correctísimo hablar, su mirada escrutadora, su espíritu observador, para ocurrírseme a mí añadir un detalle que atraía mi curiosidad desde la época de la escuela: El verlo tan ajeno a los caprichos de la moda. Nunca le conocí un ajuar diferente a sus pocos trajes de dril de un gris claro, en medio de la resolana del poblado, ni anteojos diferentes a los de la gruesa montura negra …En mangas de camisa, ¡nunca!, salvo en la intimidad de su casa, especialmente en las postrimerías de su andar por esta tierra. Lo señalo acá porque esa costumbre de vestir siempre de la misma forma, toda mi vida la he considerado un gesto de independencia personal (o de rebeldía) por parte de hombres y mujeres libres de cualquier atadura externa que los distraiga de su oficio y de su búsqueda de trascendencia.


¡Entre el amor y la muerte, la esperanza!

Por su temperamento reservado podría parecernos también Miguel Ramón, un personaje huraño y solitario. Nada más falso: el vivir solo no implica necesariamente soledad, mucho menos en este personaje lleno de sapiencia, tan de correcto hablar dispuesto a la tertulia docta y a las relaciones con personas que quisieran escucharlo o aportarle ideas y conocimientos útiles, aun en sus últimos días. Como muestra de su alta estima por este “capital relacional” (como se llama hoy en día) están los nombres de 157 personas que, además de algunas instituciones del exterior, aparecen en la “explicación necesaria”, de su “Obra Poética” editada por la contraloría General de la República en 1990.

En esa extensa enumeración se mencionan personas de todas partes y del más diverso quehacer. Entre ellas, la poetisa uruguaya Juana Ibarborou, , quien le escribe agradecida por haber recibido el poema “Aquella Aldea” por intermedio de la entonces (1963) embajadora de Venezuela en su país, nuestra insigne Lucila Palacios.

Gente de San Sebastián y de toda Venezuela son mayoría en esa lista. Entre ellos, para citar únicamente a dos que ilustran mi intención, Alberto Arvelo Torrealba, autor entre otras obras de “Florentino y el Diablo”, y de quien se dice que llegó a consultar algunos textos suyos con el poeta aragüeño. No me consta, pero podría ser verdad, pues el joven de San Sebastián convivió en Caracas en la misma pensión que el barinés, recién salido para ese entonces, de la cárcel por los sucesos de 1928. De quien sí tengo certeza fue del reconocido escritor y abogado José Ramón Medina, por la anécdota que me refirió personalmente Utrera: “Él me enviaba sus escritos, hasta que un día le escribí: Mire, José Ramón, no me mande más papeles, porque usted es un poeta consumado”. ¡Qué grandeza la de ambos personajes, resumida en esa breve confesión!


De “Aquella Aldea” para el mundo entero 6

Fruto de la insistencia de Utrera son hoy en día muchas de las iniciativas que han venido rescatando al pueblo de aquel aletargamiento en que lo habían dejado la propia inercia de sus hijos, la secuela de las guerras, la indiferencia de las dictaduras y las políticas populistas de gobiernos interesados más en votos que en el bienestar comunitario. Se nota, es verdad, un nuevo impulso y un dejar atrás los harapos de la indolencia para vestir ropas de progreso…Pero el progreso también está cobrando cuotas pagaderas en desorden, nuevos vicios, aterradora criminalidad, la eterna tentación del populismo, y otros males, cuyo rostro burlesco se nos convierte en permanente reto. De la inseguridad no hablemos: ¡Qué tristeza dan los viejos portones de mi pueblo, al que provoca cambiarle el nombre por “San Sebastián de las Rejas”…El pueblo está viviendo la suerte de toda Venezuela.

Pareciera, como escribe el mismo Utrera, que “la sombra impertinente” quiere infiltarse entre nosotros “con leves ademanes de fantasmas” ¿Será que los logros alcanzados todavía no bastan?

No quiero que lo dicho no nos quite el gozo del presente centenario, pues, repito, con todo lo que falta por hacer, es mucho lo que se ha logrado. Baste escuchar, por ejemplo, los acordes de nuestra Orquesta Sinfónica Juvenil para sentir que se hace real la esperanza del poeta cuando anunciaba: “del tibio surco nacerán luceros”…No sólo luceros, ¡galaxia de esperanza! son nuestros muchachos, pero cuando meditamos en versos de Utrera como aquél “Hay una paz tan honda en el camino, que hasta la misma tierra huele a tiempo”, arremete de nuevo la añoranza… Otros logros dignos de tomarse en cuenta son la Ecuela de Música, el Ateneo epónimo del poeta Utrera, La Fundación y el Museo Multidisciplianrio Andrés Rodríguez Ramírez; publicaciones como las del desaparecido Elí Galindo, o la más reciente “La poesía sansebastianera en las voces de los astros sin abrigo”, del profesor Tulio Durán, presentada en las celebraciones del centenario junto con las de Carmen Larrazábal, Parmenio Talavera y quien esto escribe.7

¿Qué actitud tomar, pues, para evitar que la nostalgia se nos convierta en una manera de aferrarnos a tiempos y a bucólicos paisajes que no vuelven, y a ignorar el llamado del presente que, por cierto, pasa velozmente?

¿Qué hacer, repito, ante este panorama?

—No dejar que las añoranzas se aposenten en nuestras almas como desvencijados hilos de recuerdos en la deshilachada tela de tejer tristezas. ¡No! Que las lecciones del pasado y los valores que nos identifican sean fuerza para invocar la luz y derrotar las sombras que pudieran estar oscureciendo los caminos…¡Ése será nuestro magno homenaje para el guía en ocasión de los cien años de su nacimiento!

A los sansebastianeros de nacimiento o llegados de otra parte nos corresponde estar alerta para romper cualquier tipo de eslabón que nos detenga,… para evadir las engañosas calmas, pues una y mil veces seguiré diciendo:

Las cadenas rotas no se han roto

si es que todavía aprisionan almas

Vuelvo a preguntarme sobre el legado de nuestro homenajeado y es evidente que debo concluir diciendo que lo suyo no fue una ristra de tristezas, sino un sufrido empeño por impulsar cambios e iluminar senderos. Por eso lo menos que podemos decirle hoy, todos a una voz a este insigne ciudadano es:

“¡Gracias, Miguel Ramón, por habernos señalado el camino!

¡ Gracias por habernos rescatado del olvido!

* * *


Notas:

1. La poesía utrerariana ha sido estudiada magistralmente desde el punto de vista semiológico por el académico sansebastianero Luis Álvarez León en su obra “Gramática del Discurso en la poesía de Miguel Ramón Utrera”, la cual constituyó su tesis para optar por el Magister Scientiarum en Lingüística. Álvarez ejerce actualmente la docencia en universidades europeas.

2.Comentando a Heidegger, el filósofo español Fernando Rodríguez Genovés señala que a veces sentimos nostalgia del pasado y añade: “Pensamos en la inocencia, en la infancia, en los seres queridos ya muertos, en nuestros antepasados, en nuestra historia (..) y es que cuando el pasado sobreviene, lo hace de golpe, sobresalta siempre, e intimida, asaltando a nuestro interior, violando la intimidad. Sobre semejante intimidad puede armarse una soberbia figuración, en forma de drama o comedia, o encontrar la fuente de la que manan argumentos literarios que viven en la memoria, o aportar materia en largas sesiones de un psicoanálisis” (htpp://www.catoblepas Nª 62, abril 2007, pág.7) Podemos estar o no de acuerdo con su manera de pensar, pero Rodríguez señala aquí elementos dignos de tomarse en cuenta.

3. Los diputados Francisco Javier de Ustáriz, Martín Tovar Ponte y Felipe Fermín Paúl. Castillo Lara (1992) nos ilustra sobre la vida y obra de cada uno de estos ciudadanos.

4. Detalles como los referentes a la estada del poeta en la capital pueden leerse en la entrevista que le hiciera Harry Almela en 1991, (“¿Quién no tiene un patio en su corazón metido?” ) publicada luego en la Revista BCV Cultural, mayo 2007. Ver: www.http://laliebrelibre.com/entrevista con Miguel Ramón Utrera.

5. Coincido aquí con Álvarez León, e insisto: Las menciones al poeta en la prensa escrita, posteriores a su Premio Nacional, llaman mayormente la atención a ese hecho altamente “noticioso” y a la vida ascética de nuestro personaje, más que al análisis de su obra en sí. Valdría la pena tomar ese asunto como tema para el análisis de contenido en alguna investigación o tesis de grado en escuelas de Letras o de Comunicación Social. Dice Álvarez (1986, p.22):”Hemos escogido al autor que hoy nos ocupa, por considerar que no se ha producido hasta la fecha un trabajo detallado sobre su obra. Es más, puede afirmarse que hasta 1981, año en que se le confiere el Premio Nacional de Literatura (…) era conocido por un reducido número de personas, ya por coetaneidad, coterraneidad o estudios especiales”. Luego de advertir sobre la necesidad de replantear la definición de nativismo (porque piensa que Utrera va mucho más allá) Álvarez señala que la obra del poeta sansebastianero debe ser conocida aún más, en lo cual también coincido, y a ello en parte ayuda la celebración del centenario de su nacimiento.

6..Aunque encierra un simbolismo universal, los sansebastianeros hemos visto una referencia a nuestro pueblo en el título “Aquella Aldea”, poemario de Utrera, publicado en 1962

7. Las obras mencionadas son: Durán Vegas, Tulio: La poesía sansebastianera en las voces de los astros sin abrigo. Edit. Miranda, Villa de cura, 2008. 217 p.. Larrazábal, Carmen: Reloj de Arena. Ex Libris, Caracas 2008, 40 p. Talavera Parmenio: Rimas Otoñales, D.J. Editores, Caracas,2008, 200 p. Rangel, Máximo Alberto:Verso y Canto. Edición por demanda, Comala.com, Caracas 2007, 79 p.


BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

Alvarez León, Luis G. Gramática del discurso poético de Miguel R. Utrera. Ediciones del Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias “Andrés Bello”, Departamento de Castellano Literatura y Latín del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas. Caracas,1986. 191 p.

Castillo Lara, Lucas Guilermo:

_ San Sebastián de Los Reyes. Secretaría de Cultura Gobernación del Estado Aragua. Maracay, 1984. Tomo I La ciudad trashumante, 436 p. Tomo II La ciudad raigal, 606 p.

_ San Sebastián de Los Reyes y sus ilustres próceres. Academia Nacional de la Historia. Caracas 1992. 214 p.

Díaz Seijas, Pedro. Aproximación a la obra poética de Miguel Ramón Utrera. Prólogo a “Obra poética” (ut infra).

Utrera, Miguel Ramón:

_ Obra poética, Colección Medio Siglo de la Contraloría General de la República, s/f.

261 p.

_ Poesía de Aragua, compilación, préambulo y notas de Miguel R. Utrera. Ejecutivo del estado Aragua, Maracay, 1966. 297 p.


ELOCUENCIAS


En memoria de Miguel Ramón Utrera (+)

¡Por el silencio interior que ampara a los poetas!


Me preguntas, hermano, por qué callo.

Trataré de responderte si es que puedo:


Este silencio cruel que nos acosa,

de palabras huecas disfrazado,

de elocuencia falsa revestido,

de temores ocultos traspasado…

este silencio letal que nos rebosa,

entre el ruido de las voces escondido,

entre viento y nubes dispersado,

entre tarde y noche compungido…

Este silencio fatal que nos engaña

con su oferta de solaz nunca cumplida,

con su oropel de trasnochos adornado,

con su carga de soledad arrepentida…

Este silencio de monje penitente,

o tal vez de bohemio empedernido,

es silencio, en fin, siempre presente…


Este silencio, hermano, es otra cosa.

* * *

Me preguntas, amigo, por qué guardo

mi sentir en coraza de dureza.

Trataré de exponerte mis razones

esperando hacerlo con certeza:

* * *

Este duro corazón, que yo aparento,

tan ajeno a caricias y abrazos,

tan proclive a fatídicos rechazos,

sabedor del falso amor de paso errante…

Este duro caminar sin la solvencia

que otorgan las altas sociedades.

Este cruel dejar a las edades

el surcar de arrugas mi apariencia…

Esta severa actitud que a mi conciencia

le permite evitar iniquidades,

aunque me cubra de espina y no de rosa

con armadura exterior de gran dureza

yelmo, peto y espaldar que ocultan

la ternura de un sentir con entereza

Este oculto corazón, siempre latiente…


Este duro corazón, hermano, es otra cosa.

* * *

Me preguntas, compañero, por qué río.

Nunca me has preguntado por qué lloro:


Esta risa casi siempre contenida.

Esta risa de niño alborozado

o bien de payaso entristecido…

Esta risa que también ha sido

del dolor no confesado espita

y nunca, nunca, estridente risa…

Esta risa que tal vez ha aliviado

a algún alma hermana adolorida.

Esta risa de disfrazar silencios

o de borrar dolorosas huellas

en calles de soledad y de amargura…

Esta risa que siempre ha querido

mantenerse comedida y primorosa

sin pedir permiso ni perdones…

Esta risa, en fin, siempre pendiente


Esta risa, hermano, es otra cosa.

Máximo Alberto Rangel, 02-08-08


*Comunicador Social, nativo de San Sebastián de Los Reyes, 1947). Exalumno de la Escuela Pedro Aldao,fundada y dirigida por el poeta y educador Miguel R.Utrera. El presente texto es un extracto del ensayo homónimo entregado al Comité Organizador de la celebración del centenario del poeta.