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jueves, 16 de abril de 2009

DIARIO DE INVIERNO. MOSCÚ 2008

Edgardo Malaspina*
















MIERCOLES, 24 DE DICIEMBRE


6 grados bajo cero.

Leo un comentario sobre el libro del historiador Leonid Mlechin Yuri Andropov, la última esperanza del régimen. Se refiere a la vida del hombre que gobernó a la URSS entre 1982 y 1984. Era un político de línea dura formado en la KGB .Era tan duro que no asistió al entierro de su primer hijo, con quien tenía diferencias. Pero, como afirman algunos especialistas, la personalidad tiene múltiples aristas: escribía versos de en vez en cuando. Sin embargo lo que me llamó poderosamente la atención era su convicción de que un gobierno socialista no podía mantenerse si existía libertad de expresión. Mlechin afirma que esa tesis de Andropov quedó comprobada con la prestroika: en cuanto Gorbachov permitió que la gente hablara libremente se derrumbó la Unión Soviética.

Ayer los periódicos reseñaron los 150 años del nacimiento de Vladimir Ivanovich Nemirovich-Danchenko, uno de los fundadores del teatro ruso. La sección cultural del diario Izvestia escribe: “El gran director de teatro encontró rápido la forma de dialogar, a diferencia de otros, con el casi siempre criminal gobierno soviético”

Vamos al mercado para comprar lo necesario y celebrar la navidad a la venezolana. Pedazos de carnes, conejos, ovejos y aves sacrificados cuelgan al aire libre, cubiertos de nieve.

En la noche nos reunimos alrededor de una mesa con hallacas, pan de jamón y ponche crema.


JUEVES, 25 DE DICIEMBRE


6 grados bajo cero.

Camino por el bosque y llego hasta una pequeña iglesia. Una viejita me dice que es un templo nuevo llamado de Santa Anastasia. Pregunto si es en honor a Anastasia ,la hija menor del último zar. No, responde, se trata de Anastasia la mártir cristiana romana, la médico que murió en el 304 en manos de Diocleciano. Hay otra Santa Anastasia, sigue la anciana, la que acompañó a San Pablo y fue martirizada antes; pero esta casa de Dios es por la primera que le digo. Buena aclaratoria Hay servicio. A diferencia de nuestros templos católicos, en los ortodoxos las misas se celebran siempre de pie. No hay asientos, pues. Veo a muchos ancianos, pero también hay muchachos y muchachas. La misa, siempre en forma de cantos, no pasó de 25 minutos .El pop es un hombre joven con barba. Viste una sotana blanca, sobre la cual lleva una capa dorada. Lee la Biblia, o mejor dicho la canta, de espaldas al público, y se voltea sólo para bendecir con el incienso, el cual repone de en vez en cuando otro joven con sotana, pero sin barbas. Los presentes se persignan inclinando el dorso con un ángulo que sobrepasa los 90 grados. El pop finalmente nos da la cara y se despide con una bendición. Salgo y noto que de la espesura del bosque camina un viejito de barba muy larga y blanquísima. Le acompañan dos perros que se revuelven en la nieve, como los nuestros lo hacen en la arena. En la tarde, Natalia, Natalí y yo vamos a una excursión por la ciudad en bus. El guía nos muestra lo que considera históricamente relevante: la iglesia donde rezó el general Kotuzov antes de enfrentarse a Napoleón en 1812 y el monumento de Borodinó en honor a esa victoria de los rusos sobre los franceses; la casa donde se organizó el vals para celebrar la huida de Bonaparte; el Museo de la Gran Guerra Patria (Segunda Guerra Mundial); la estatua de Lomonosov en la universidad que lleva su nombre; los 14 kilómetros de la avenida Lénin ; Gagarín lanzándose al espacio; y las casas lujosas de los ricos. Ahora lo reconocen sin tapujas: hay ricos. ¡Tanto nadar para ahogarse en la orilla!: la revolución comunista quiso eliminar las clases, pero no pudo en 70 años. Siempre existió una clase rica solapada (oficialmente todos eran iguales), la llamada nomenklatura o comunistas puros. Puros corruptos revolucionarios. El guía pide ver con atención las construcciones y explica que ahora hay diferencias notables en las viviendas de acuerdo a los gustos y posibilidades económicas. Ya no hay argumento para otra Ironía del Destino, remata. Se refiere a la famosa película con ese nombre del director Eldar Riazanov, el mismo de Moscú no cree en lágrimas. El film en cuestión, un clásico navideño infaltable en la televisión rusa, cuenta la historia de unos amigos que se reunieron el 31 de diciembre en un baño de vapor moscovita. Uno de ellos debe viajar a su casa en Leningrado. En la borrachera sientan en el avión a uno que se duerme, pero no a quien debe volar. Al llegar a Leningrado el hombre despierta y le pide a un taxista que lo lleve a la dirección tal. Busca su edificio, encuentra su apartamento y lo abre. Pero allí vive una mujer a la que el moscovita considera una invasora. Vienen muchas escenas de fino humor que terminan en la aclaratoria y en el romance, por supuesto. Riazanov quiso criticar esa manera soviética de planificación urbana de igualitarismo extremo: no sólo coincidían en distintas ciudades los nombres de las calles y el aspecto de los complejos arquitectónicos, sino también hasta los números las de las casas y sus respectivas llaves.

Terminamos el recorrido en la Plaza Roja, donde hay fiesta con música y muchas figuras de cartón de príncipes, bagatires rusos y otros personajes famosos para fotografiarse y desternillarse de la risa.


*Cronista, poeta y médico venezolano (Las Mercedes, estado Guárico)