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sábado, 16 de mayo de 2009

CALENDARIO LLANERO

Adolfo Rodríguez

(Historiador y poeta venezolano)









MAYO

El primero se adorna la cruz con papel engrifado

De Armas Chity (1940) dice que “mayo huele a lluvia y a retoño”.

Próximo el tiempo invernal, emigran las aves viajeras, los ríos cogen agua, los esteros se llenan, guabinas metiéndose por lo mojado, algunas por entre los caminos del ganado; los gallitos azules van llegando en la noche y el saucé canta en el bosque.



Se inicia la creciente del Orinoco.

Para Jorge Plaz vienen las primeras lluvias, maduran mangos y merecures, retozan los venados, revive el mastrantal, las muchachas se adornan con flores los cabellos y con trajes antiguos como en carnaval.

Retorna la animación de los llaneros “a emprender de nuevo vaquerías, / lucen cobijas nuevas y caballos/, que ostentan con grandes gallardías”

Refiere Tamayo que “a medida que se acentúa la proximidad de las lluvias el tiempo se hace más calmoso y cuando éstas llegan el viento amaina por completo y un techo de espesas nubes cubre total o parcialmente el cielo; entonces los días son grises y la atmósfera se siente pesada”.
Especies de Acacias como la Cañafístola y la Lluvia de Oro, están en flor. Apetitosas a las aves, las cerecitas rojas del Semeruco, se abren maduras.
Florecen en masa el Lirio Sabanero y, por Camaguán, los josefinos, apamates y araguaneyes, en tanto se multiplican los loros reales.

La Garza blanca real se concentra en grupos de hasta quince individuos. Con llamadas guturales y alargando el cuello, en dirección vertical, se dispone al acto reproductivo. El llanero anticipa hacia donde irá en su vuelo.
Se aparea el Paují de Copete. Las bandadas de verano se separan en pequeños grupos familiares de un macho con varias hembras. Su canto es tempranero y al atardecer.
El Pato Real corteja a su pareja. Uno y otro moviendo rítmicamente la cabeza hacia adelante y hacia atrás, al tiempo que erizan sus crestas, extendiendo el cuello, elevando las alas y haciendo vibrar sus colas.
Las Guacharacas se aparean. Mientras el Nictibio Gigante tiene ya uno o dos pichones en nidales que apenas son leves concavidades en la curva de las ramas.
Los Osos Hormigueros o Meleros paren sus crías, que se guarecen aguardando a la madre, para salir sobre la espalda de ésta, por alimento.
Las tortugas nacen con el primer trueno de mayo dice Justo León.
Paren los Zorros Comunes, los Lavamanos y el Morrocoy.
Se incrementan crías de Monos.
Es la iniciación del lapso reproductivo del Corocoro Negro, un ibis de hábitos solitarios que hace nidos en los bosques de galería.
Mientras el Corocoro Colorado migra de los Llanos a la costa, donde críará sus pichones. Viaja en bandadas dibujando una “v” en su vuelo.
Se dispersan las de Patos Silbadores congregadas en verano, construyen nido sobre el suelo y anidan al amainar la estación. El tautaco deposita también sus huevos en el suelo.
Hacia el sur la anunciadora Cruz de Mayo: el Crucero como le dicen. Y se ocultan las cabrillas porque le deben un mes a mayo, dice don Félix León.
El coporo migra en grandes cardúmenes río arriba para las actividades reproductivas de mayo y junio


Ramo y Ayarzaguena (1983) registran cómo “los esteros se colman poco a poco” en mayo y junio, transformando la apariencia “cementada y estéril” de los bajíos, por las noches el coro de los anfibios “buscando a las hembras para realizar la puesta”, los insectos “interrumpen su estivación o reposo de verano” y se activan junto a crustáceos y pequeños peces que hacen del bajío una importante fuente de alimentos”, aprovechado también por zancudas como ibises y becacinas; y los tapones de barro que ocultaban las nidadas de galápagos se reblandecen y salen las crías. Tiempo de nacer iguanas y hallar presas fáciles los jóvenes gavilanes. Mientras pequeños pájaros aprovechan la proliferación de insectos. Los gallitos azules regresan en bandadas y se reproducen en los juncales, mientras en las masas vegetales se instalan los gallitos rojos flotando en el agua.

Franco, M. (2001) dice que mayo “es el mes de los fantasmas en el llano”: el del maute embrujao, “como un celaje, cerca de la laguna”, “mes de los pasos invisibles, la Cruz de Mayo relumbra en el cielo… El Silbón deja oir en Portuguesa su llamado, confundido con el canto de la “pavita”. Y cerca del Arauca, el Fin-Fin lanza en la brisa sus golpes invisibles”. En Cojedes el Jinete Sin cabeza, Ezequiel Zamora; en Guárico un becerro espectral persigue a los trasnochadores, y en oriente el oscuro caballo de Piar, la luna de mayo alborota gente, animales y fantasmas” (p. 77-78).

En la simbología de Florentino y El Diablo parece indicarse que hay menos soledad en el invierno, pero no menores riesgos: el de la inundación, el de las sombras densas de la noche cerrada y con lluvia. El colectivo llanero se siente tan expuesto bajo tales condiciones como cuando se cruza solitario la sabana seca e interminable. Pero también aquí el exorcismo es el canto:

“Noche de fiero chubasco / por la enlutada llanura / y de encendidas chipolas / que el rancho del peón alumbran”.

El luto, alusivo a lo fatal, lo riesgoso o demoníaco, representa en la primera parte, el quemado veraniego y, ahora, las noche cerradas del tiempo de invernal.

Dentro de la casa el contraste es entre el aguacero y los arpegios del arpa y las maracas:
“Adentro suena el capacho, / afuera bate la lluvia / vena en corazón de cedro / el bordón sangra ternura”.

Cerca el presagioso río:
“No lejos asoma el río, / pecho de sabana sucia, / inmóviles carameras/ pávidos brazos desnudan, / Escombros de minas lóbregas / el trueno arrastra y derrumba / Más allá coros errantes, / ventarrón de negra furia”.

Paz interior que afuera se exponer contrapunteo entre el agua y el árbol, aquella oscura, éste casi humano; o entre el árbol y las furias celestiales diamantes de la oscuridad:
“Y mientras se duerme el són / en las cuerdas vagabundas / el rayo a la palma sola / le tira señeras puntas.

El canto unge lo humano y luminoso:
“Canta una voz sabanera/ por el pensamiento pura,/ por la ilusión cristalina,/ por el aguardiente turbia”:

Un cantador que como buen llanero, ha afrentado los máximos desafíos del trabajo de llano y alcanzado lo imposible:
“Pique con la media noche/ cimarroneras en fuga:/ le eché soga a un orejano/ y enlacé la media luna”.

Es Florentino que recuerda la ilusión del agua en el desierto, propìciada, a mi entender, no por el Diablo convencional, si no por un daimon telúrico.
“Después cruzando sediento/ sobre la arena desnuda/ vide la tierra estrellada/ con lirios de primer lluvia”.

Situación engañosa que asemeja con un desaire de amor, sirviéndose, una vez más, de imágenes del trabajo de llano.
“y con si todo fuera/ por capricho de fortuna,/ le abrí mi lazo al amor sólo enlacé la amargura”.

Por lo que desde entonces “en mi libro/ hay no más que dos pinturas”, ambas contrastantes, indicativas del ciclo estacional de la región¨ :
“El chaparro en la candela/ y el pimpollo en la garúa”.

Pasado mayo “ya no brilla inclinada hacia el oriente / la hermosa Cruz del Sur. Barre las hojas / la ráfaga bravía, / y signando la negra lejanía / serpean ligeras llamaradas rojas” (Lazo Martí, Silva Criolla, estancia IX).


FUENTES CONSULTADAS
ARVELO TORREALBA, A (1995). Florentino y El Diablo (contiene las tres versiona principales del poema). Barinas: 90 años del Poeta Alberto Arvelo Torrealba.
De Armas Chitty, J. A. “Guárico”, en Conferencias Venezolanistas del Ateneo de Caracas (Aspecto histórico, cultural, geográfico y económico). Caracas: Editorial impresores Unidos, 1940. Pp. 39-56.:
FRANCO, Mercedes. Diccionario de Fantasmas, Misterios y Leyendas de Venezuela. Caracas: Los Libros de El Nacional, 2001.
Guía Ecoturística de Miro Popic Net, revisado en
http://www.miropopic.com/ecoturistica/
LAZO MARTI, Francisco. Poesías Caracas; Academia Venezolana de la Lengua, MCMLXXXVIII.
PLAZ, Jorge, Almanaque Llanero, en Torrealba, A. J., 1987, IV, 219.
Ramo, Cristina y Ayarzaguena, José. Fauna Llanera: Apuntes sobre su morfología y ecología. Caracas: Cuaderno Lagoven, 1983.
SÁNCHEZ OLIVO, Julio César. Bongos y canoas. San Juan de los Morros: Editorial Los Llanos, 1984.
SÁNCHEZ OLIVO, Julio César. Vaqueros y vaquerías en los Llanos de Apure. San Juan de los Morros: Editorial Los Llanos, 1984.
TAMAYO, Francisco. Los Llanos de Venezuela. Caracas: Instituto Pedagógico, 1961.
TORREALBA, Antonio José. El Diario de un Llanero, Caracas: UCV 1987.
INFORMANTES: Teodoro Sánchez Olivo, Félix León y Justo León.







Las 3 últimas fueron tomadas por Arturo Alvarez D'Armas.

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