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martes, 5 de mayo de 2009

La antropología filosófica del venezolano: el estar-siendo en la comunidad

JOSÉ OBSWALDO PÉREZ*

“Lo que hasta hoy se ha alcanzado aquí
(en América), es sólo la repetición del Antiguo
Mundo y la expresión de una vida extranjera".
Hegel, G. Wilhem Friedich



1.- Introducción
En el pensamiento venezolano la cosmovisión es un elemento fundamental que nos permite y nos ayuda a esclarecer la estructura del mundo. La cosmovisión, pese a no ser una explicación racional o lógica de la realidad, tiene tanto valor como cualquier otra teoría filosófica ya que nos proporciona un conjunto de “principios comunes” para construir paradigmas o modelos en todos los niveles del pensamiento.
La cosmovisión se define como el conjunto de opiniones y creencias que conforman la imagen o el concepto general del mundo que tiene una persona, en distinta época o cultura, a partir del cual interpreta su propia naturaleza y la de todo lo existente. En otras palabras es un conjunto de nociones comunes que se aplican a todos los campos de la vida, desde la política, la economía o la ciencia hasta la religión, la moral o la filosofía.
La complejidad creciente del mundo actual, y la magnitud de sus conflictos, es para el hombre de hoy un permanente desafío de comprensión y que, a partir de esos elementos paradigmáticos, tiene el reto de darle posibles soluciones. En el mundo latinoamericano, y en concreto en el escenario venezolano, llama la atención una profunda crisis institucional, articulada por una creciente miseria, no sólo material sino también moral y ética. En Venezuela, por ejemplo, subyacen desde hace siglos grandes desconocimientos culturales, políticos y económicos que conforman, junto con otros factores históricos, una nuestra de que nuestro país se debate en la falta de articulación de sus componentes sociales, con los cuales no ha podido avanzar hacia cambios más duraderos de bienestar social.
¿Cómo es nuestra percepción del mundo y nuestra endógena realidad? ¿Acaso nuestro pensamiento es una comprensión abstracta, de referencia modélica universal? He allí nuestra intensión de acercarnos a él, para poder así comprender mejor nuestro país. Creemos que un esfuerzo en este sentido es fundamental para abordar el complejo sistema educativo venezolano y, mediante un corto análisis, mostrar una faceta de la actual crisis del mundo venezolano, generada por una falta de paradigmas filosóficos estables.

2.- Un acercamiento al conocimiento venezolano.
Indagar sobre la concepción antropológica (filosofía humanística) del venezolano no es más que hacer una reflexión o una representación de su ser en todo su contexto filosófico, es decir una visualización de su lógo ( es decir, del mundo y su devenir) desde una visión cosmológica o metafisica ubicada en tres categorías: el sujeto, el espacio y el tiempo. De manera que todas las ideas del conocimiento venezolano constituyen un “tejido fisiológico”
[1], es decir una estructura institucional producida por comunidades que forman la exterioridad histórica del “pensamiento” eurocéntrico en su expresión y producción material.
Una revisión de toda nuestra “arqueología del saber” nos permite superar el dualismo ontológico de sujeto-objeto establecido en una tricotomía entre el espacio, el tiempo y los modos de producción simbólicos. Debemos entender que la visión antropológica del “ser” venezolano debe comenzar por una perspectiva hermenéuticamente histórica; es decir, por un reconocimiento de lo humano a partir de diferentes circunstancias y etapas históricas que conforman ese ente biofísico pensante y social que conformamos como una unidad o una entidad nacional. Especialmente, todos aquellos aportes de su inteligencia creadora.
Sin embargo, todo nuestro proceso de producción de pensamiento está marcado por una dependencia de ideas eurocéntricas (Nuño, 1990: 125). Desde la Colonia hasta nuestros días, Venezuela ha estado dependiendo de la expresión conceptual importada. Primero fueron los tomistas y suarecistas, de la Escuela del Tocuyo; después, Andrés Bello, con el empirismo inglés y con Simón Rodríguez, le tocó el turno a Rousseau y los enciclopedistas. Esta constante se mantuvo durante el siglo XIX y siguió hasta el siglo XX, sin que se fundara un pensamiento propio de “emancipación mental”, como lo propulsara en México Leopoldo Zea
[2].
Una advertencia de ese pensamiento abstracto la hace nuestro maestro y pensador venezolano Andrés Bello (1781-1865), quien decía al respecto: “Arrancóse el cetro al monarca, pero no al espíritu español: nuestros congresos obedecen sin sentirlo a inspiraciones góticas [...] hasta nuestros guerreros, adheridos a un fuero especial que está en pugna con el principio de la igualdad ante la ley —piedra angular de los gobiernos libres—, revelan el dominio de las ideas de esa misma España cuyas banderas hollaron” (Bello, 1945: 200).
Desde luego. Hay diferentes maneras para comprender la realidad. Pero aquí valoraremos la del “ser”, aquella que se acerca más a un pensar racional, mientras que la del “estar” la circunscribimos a un pensar mítico o irracional (desde el punto de vista del pensamiento occidental).
El ser es la categoría que caracteriza al desarrollo del pensamiento occidental, su manera de entender el mundo (es decir, su cosmovisión) y su interpretación de la realidad. En su historia se distinguen tres grandes momentos: a) la identificación del ser con el logos, b) la identificación del ser con la gracia y c) el resultado de esta -logización y gratificación que culmina con la concepción de la persona como una síntesis dual entre lo natural y lo tradicional. Todo este esquema configuró nuestro conocimiento a partir del papel que jugo el catolicismo y la teología en los aspectos filosóficos originales del pensamiento venezolano.
El estar se define como una categoría previa al ser, por lo tanto la comprensión de la realidad es diferente. La experiencia de la sabiduría de los pueblos es el “nosotros estamos” y la primera forma de esta sabiduría es el saber arraigado: las tradiciones, la cultura, las creencias populares. El ser y el estar son dos formas diferentes de comprensión del horizonte cultural, por lo tanto dan origen a dos estilos de vida distintos. La mediación de ambos modos de ver el mundo existe y Günther Rodolfo Kusch (1922-1979) la denomina el estar-siendo o el estar para ser.
“Es así como lo humano en América sólo se puede connotar como práctica, como un operar incesante, de allí el estar-siendo como fórmula dinámica que traduce el juego vital entre lo indeterminado y determinado, pero que hace a lo humano con un alcance universal, responde a su indeterminación, en referencia al fondo metafísico de lo existente en general, y también al silencio original, pero por eso mismo a la posibilidad de recuperarlo en una dimensión indo-americana. Se trata de descubrir lo humano a partir de su propio acontecer, lo realmente universal que se da en lo particular y empírico”
[3].
¿Esto quiere decir que deja de lado lo intelectual para quedarse en un mero estar?. La historia es un proceso continuun del ser que considera que todo lo que se le parece es y todo lo que no se le asemeje no es; como si existiera un pensamiento único. Un ejemplo ilustrativo podría ser el siguiente: el ser se identificaría con los conquistadores y los esclavistas, mientras que el estar con los explotados y los esclavizados. Se puede decir que, al final, a lo largo de la historia el ser se desentraña al estar.

3.- Principales características de la cosmovisión venezolana.
A lo largo de la historia venezolana se da una minivaloración de la cosmovisión y una supervaloración del logos. Para comprender el conocimiento venezolano hay que hacerlo desde sus propias categorías, es decir, desde la naturaleza del estar (de otra forma resultaría absurdo). Y para entender mejor esta categoría del estar, hay que relacionarla con los conceptos de amparo y germinación
[4]. Ambos sustratos de toda forma irreflexiva del pensamiento intelectual europeo, es lo que en americanismo moderno podríamos llamar la sapiencia popular o la sabiduría del pueblo. Nuestra cultura llanera, por ejemplo, es un laboratorio de saberes, donde el conocimiento se da como un proceso espontáneo a través de las experiencias y vivencias del ser humano.
En la década de lo setenta del siglo XX hasta nuestros días se ha hecho un intento de “nacionalizar” nuestro pensamiento abstracto, mediante la adopción de temas tales como “el ser del venezolano” y afines, tomados por lo general de la filosofía mexicana de la época (como se ve, siempre la tendencia a copiar). En esa búsqueda de ese re-pensar propio, producto de un conocimiento endógeno, hemos caído, en medio de un abismo accidental: en una visión heterogénea y confusa de ver la realidad. Si acaso lo que ha sucedido en los últimos veinte años es el desplazamiento de la zona de referencia de nuestro pensamiento, de Alemania y el centro de Europa, a los países de habla inglesa y a centros de conocimiento de los Estados Unidos, hasta la seducción del influjo tropical de la Revolución Cuba.
En la Venezuela contemporánea de hoy se disfruta de un pluralismo de doctrinas filosóficas que tienen su asidero en nuestras universidades públicas y privadas y con su consiguiente relativismo valorativo, pero no hace sino confirmar una vez más la dependencia cultural de las doctrinas generadas en Europa y en los Estados Unidos. Más allá del “ideal bolivariano” como pensamiento simbólico e ideológico que intenta fundar un pensamiento venezolanista y latinoamericano autóctono basado en la ideologización de la conciencia y extraído de la mitología del estar, se puede decir que Venezuela vive un proceso de crisis cuyo tránsito debe concluir con un nuevo paradigma (modelo) de pensamiento y sociedad.
Los fundamentos de nuestro pensamiento lo constituyen necesariamente una producción de comunidades localizadas en el tiempo y en el espacio integrando ciencia, filosofía, historiografía, lógica, epistemología y lingüística. Una revisión de nuestra historia de las ideas es una tarea arqueológica referida al análisis y a la crítica de textos venezolanos producidos por una diversidad de corrientes y pensadores, quienes conforman una genealogía propia de nuestro pensamiento. Aquí el concepto de “comunidad” tiene como referencia a nuestra condición filosófica producida concretamente en determinadas circunstancias históricas y culturales y quizás, en el tiempo en que han sido imaginadas (Anderson 1993:24); pero la conceptualización de este epístema no se define solamente en relación con una determinada temática –u objeto– específica porque los sujetos que producen e intervienen en la elaboración de una filosofía integran una comunidad histórica con una tradición de cultura y una “tonalidad espiritual” diferente a la europea y norteamericana. (Ardao 1987:87-88).
El concepto de comunidad permite relacionar la noción de temporalidad, que caracteriza a una comunidad histórica, con el concepto de espacialidad, una idea que incluye la exterioridad del cuerpo así como las prácticas concretas que se realizan en la realidad social, económica y cultural. Es decir, se relaciona con la interdisciplinaridad en el sentido de que la metafísica y el pensamiento de una época no son de exclusiva competencia de los filósofos. Parte desde el análisis deductivo, de lo general o lo particular e Inductivo, que se caracteriza por tres pasos, a saber:
· Una realidad que se muestra y el conocimiento de esta realidad (¿cómo es?)
· Asimilación y entendimiento de ésta (¿cómo debe ser?)
· Acción sobre la realidad para transformarla
El pensamiento venezolano no termina con una acción hacia el exterior, sino que su conocimiento interioriza la realidad y es el individuo quien la transforma, en una especie de ritual mágico. Pero esa cosmovisión subyace en un carácter fasto o nefasto que posee. En el pensar del venezolano no importa tanto el resultado como la manera en que se lo logra, lo que no quiere decir que carece de las categorías causa y efecto. Sino que es simplemente un conocimiento más modal que causal. El todo y la parte se confunden, no tienen distinción real. La parte es un todo y funciona como tal.
El objetivo, en el conocimiento occidental, consiste en hacer una apreciación imparcial de una situación objetiva, a fin de lograr una solución. En el conocimiento venezolano se utilizan soluciones de carácter positivista ante las manifestaciones de su vida emocional que se dan desde adentro, desde su corazón, y que implican aperturas a aspectos irracionales de personalidad que se aceptan en un nivel equiparable a lo racional. Es decir que no se trata de un conocimiento objeto, sino que trasciende al objeto desde la interioridad del sujeto, desde su corazón, el cual actúa como un regulador del juicio.
El fin del conocer - en el mundo venezolano-, sería aprehender eso que equilibra la oposición de los contrarios. Sólo así se lograra una cosmovisión y una lógica distinta. La verdad, en el conocimiento occidental, consiste en la coincidencia entre la realidad y el pensamiento; o la adecuación entre una proposición y el estado de las cosas que expresa. Para el conocimiento venezolano, la verdad tiene un carácter seminal: viene desde el fondo del sujeto y es puesta delante de la situación objetiva. No es una verdad ajena sino comprometedora al hombre mismo, cuya razón profunda ha animado siempre su pensar.

4. Conclusiones.
La primera conclusión, la más directa y tal vez la mas importante es que las categorías occidentales se han mantenido en el tiempo como paradigmas que sirven para comprender la realidad, ya que la cosmovisión venezolana en nada es diferente a lógica eurocentrista.
Segundo, el conocimiento venezolano es entonces muy semejante al occidental, que no se puede decir que sea universalmente plural mejor o peor, y tampoco se puede considerar alguna forma teórica como la única válida, pero creemos muy importante y muy enriquecedor el saber que no existe una sola forma de conocer el mundo. Y tercero se cree también que primero se debe estar más concientes de esa conformidad abstracta, muchas veces creativa, en la manera de pensar; en ese intento de inteligencia creadora capaz de construir sus concreciones históricas, como una capacidad humana que se desarrolla en un espacio social, histórico y cosmológico.

NOTAS BIBLIOGRAFICAS
ANDERSON, BENEDICT (1993). Comunidades imaginadas. México: FCE.
ARDAO, ARTURO (1987). La inteligencia latinoamericana. Montevideo: Universidad de la República.
BIAGINI, HUGO (2004). El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital.
DILTHEY, WILHELM (1914). Einleitung in die Geisteswissenschaften. Versuch einer Grundlegung für das Studium der Gesellschaft und der Geschichte. Leinen: Vandenhoeck & Ruprech. Ver concepto de cosmovisión en Vikipedia. La enciclopedia libre.
http://es.wikipedia.org/wiki/Cosmovisi%C3%B3n
NIÑO, JUAN (1990). La escuela de la sospecha. Nuevos ensayos polémicos. Caracas: Monte Ávila.
PÉREZ ESTÉVEZ, ANTONIO (DIC, 2004). La universidad venezolana: de la colonia a la crisis actual. Maracaibo: UPL v.9 n.27.
RODOLFO KUSCH (1978). Esbozo de una antropología filosofía americana. Argentina: Ediciones Castañeda.

[1] ARDAO, ARTURO (1987). La inteligencia latinoamericana. Montevideo: Universidad de la República.
[2] ZEA, LEOPOLDO (1976). El pensamiento latinoamericano. Barcelona: Ediciones Ariel
[3] RODOLFO KUSCH (1978). Esbozo de una antropología filosófica americana, p.433-434.
[4] KUSCH, R (1970): El pensamiento indígena y popular en América, Instituto de Cultura Americana, 1ª. ed., México; y Geocultura del hombre americano (1976), Buenos Aires: Ed. García Cambeiro.

*Periodista e historiador venezolano (Ortiz, estado Guárico)

1 comentario:

Ben Zion dijo...

Hola, permitame aplicar su excelente articulo a la practica de la vida diaria, tomando en consideración "Para el conocimiento venezolano, la verdad ... viene desde el fondo del sujeto ... No es una verdad ajena sino comprometedora al hombre mismo, cuya razón profunda ha animado siempre su pensar."

Podríamos decir que esa idea que el sujeto gestiona en su ser, es un hijo que el desea que nadie lo maltrate, tendiendo implicaciones negativas a la hora de afrontar nuevos retos, el temería que los demás ataquen sus pensamientos. Lo cual podría aminorar la capacidad de comunicación, un buen trabajo y la innovación (permitirse tener errores).