VIDEOS DE INTERES

jueves, 12 de marzo de 2009

SOBRE LA ESTÉTICA DE LA SOLEDAD

Alberto Hernández*

I

En el prefacio de La estética del pesimismo de Schopenhauer, José Francisco Ivars dice que cualquier referencia al pesimismo, “núcleo de la especulación” del artista filósofo, como dieron en llamar a quien nos atiende en la puerta, “debe matizarse mediante la puesta en historia de las contradicciones que genera la absolutización del individuo”.

Esta consideración que va más allá de la existencia humana, confirma la premisa de Schopenhauer según la cual el hombre debe despegarse de su prójimo en el sentido de renunciar a toda transformación social. “El hombre debe renunciar a toda actuación social”, escribe Ivars.

Si nos miramos en esta “moral del aislamiento”, descubrimos algo que podría someter a castigo a quienes tienen en la sociedad un motor de transformaciones. Visto de esta manera, la “exaltación de la autarquía del individuo” puede ser comparada con la autarquía prometida por la ideología materialista, en tanto que la sociedad está constituida por sujetos que manifiestan una individualidad propia: el ser se domina a sí mismo y proyecta ese dominio sobre el otro.

II

Añadido al destino que lo impulsa, ese hombre, Ecce homo, se desdibuja como colectivo y empuja la soledad como propósito. Idealismo subjetivo, concierne a un determinismo mítico, como lo afirma Adorno. Así, desde esta perspectiva, la “evasión” de Schopenhauer lo ubica en este estadio idealista que a su vez lo coloca en “otra realidad dependiente de la conciencia”. Para estos momentos en los que el mundo está lleno de objetos, de tecnologías, de la intención del pensamiento único (del lado que confiere el poder) es preciso desentrañar el intento de ser uno y múltiple. El hombre es quien por ser otro: la alteridad y la otredad despejan la tesis del individualismo en la medida en que sepamos ser individuales, individuos.

El hombre es la síntesis de su pensamiento o una carrera hacia la demencia colectiva. Valerse de este empeño nos conduce a sabernos parte de la evasión global. Morimos solos, pero alguien que nos ve sabe que también será parte de la muerte. En este espacio se confunden las ideas: somos uno, pero también somos todos. A la hora del té, de asumir posiciones, cada quien es responsable de sus actos. En esta categoría no vale pujo ni lágrima.

Estructura de sensaciones, nos paseamos por el cosmos. Somos hormigas, representaciones, simulacros, sentencias, oscuridad, cotidianos, naturales o imágenes de lo que proyectamos.

Pero no estamos solos cuando decidimos no estarlo. Somos forma, morfología, trasunto, detritus, nada, voces, silencios.

La belleza se aísla, decanta la soledad. No hay belleza en lo colectivo, en todo caso, una argamasa de estéticas que promueven el ruido, la voluntad de representaciones huidizas. Entonces aparece el miedo, la única estética posible en una realidad de voces que inundan el espacio para desaparecer.

El hombre absoluto, en medio de un colectivo de hombres absolutos, existe en la voz de quien programa el discurso único, absoluto.

*Poeta y periodista venezolano (Maracay, estado Aragua)

Imagen: Man Ray: Erotique voilée, 1933.

EL PASAJERO DE TRUMAN

Edgardo Malaspina*


Hay que conocer el pasado para saber hacia donde vamos. Esa ha sido una máxima de los historiadores y cronistas. Pero hay momentos históricos que son difíciles de entender por carecer de algunos eslabones que hacen que el todo se cubra de nubes. La literatura viene en nuestro auxilio con la historia novelada. El pasajero de Truman, de Francisco Suniaga es una de esas novelas que arroja luces sobre un hecho estelar, pero incomprensible y absurdo, en la vida política de Venezuela, como lo fue la candidatura presidencial del Dr. Diógenes Escalante en 1945 y el desarrollo de una enfermedad que terminó en locura. El mal acabó no sólo con las aspiraciones del candidato, sino que también sirvió de detonante para una serie de acontecimientos que desembocaron en el derrocamiento del presidente Isaías Medina Angarita. Es más, muchos expertos están convencidos que la locura de Escalante dejó su impronta deletérea en el quehacer político nacional, por cuanto no se detuvo en el derrocamiento de Medina el 18 de octubre del 45, sino que influyó en la materialización del de Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948, en la implantación de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y aún sigue con su influencia negativa, afirman quienes gustan hilar largo.

En más de 300 páginas, Suniaga nos relata lo que verdaderamente sucedió. La obra es una novela; pero una novela de no-ficción, según lo entendía Truman Capote: las cosas se cuentan tal como fueron, a través de testigos de excepción que acompañaron en todo momento a Escalante. Uno de ellos es Hugo Orozco (Humberto Ordóñez en la novela), secretario de Escalante cuando se desempeñaba como embajador de Venezuela en EEUU; el otro es Ramón J. Velásquez ( Román Velandia),también secretario, pero cuando Escalante era candidato presidencial.

Todos los factores políticos coinciden en designar a Escalante presidente de la república para evitar la vuelta del gomecismo y seguir con el proceso de reformas e implantar una democracia con la participación de todos los venezolanos a través del voto popular. Todo se viene abajo la mañana cuando Escalante afirma que le robaron las camisas. Le demuestran que las camisas están en su ropero, pero entonces él dice que se las cambiaron. Unos médicos diagnosticaron arterioesclerosis; otros, esquizofrenia (lo más probable es que tenía ambas). En todo caso el detonante fue el estrés, por el exceso de trabajo, porque ambas enfermedades ya existen, desde hace tiempo antes de manifestarse claramente. Sólo esperan el movimiento del gatillo. Escalante temía por su salud mental. Y leía literatura sobre el tema. Nada raro, los hombres y mujeres tenemos tres grandes miedo: a la muerte, a las guerras, y a la locura. El presidente y amigo personal de Escalante, Truman, envió un avión a Caracas para llevárselo a un hospital norteamericano. Nuestro candidato que nunca llegó a presidente se convirtió entonces en El pasajero de Truman.


*Médico, docente universitario, poeta y cronista venezolano (Las Mercedes del Llano, estado Guárico)