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jueves, 16 de abril de 2009

En San Sebastián de los Reyes la palabra va de puntillas

MIGUEL RAMÓN UTRERA RECOBRA LA SOMBRA



Alberto Hernández*



** Sin dejar atrás su “otra claridad”, el poeta Miguel Ramón Utrera alza la voz que su pueblo calcara en las sombras.

** Hay un regreso que tiene en el “sur de los veranos” la otra muerte, el canto permanente.


Cuando la muerte reposaba en la puerta, Miguel Ramón Utrera no se negó a presentirla. Con los años la hizo su sombra, sueños y fantasmas en los lomos empedrados de San Sebastián de los Reyes, donde el sur es memoria y distancia.

Bajar de una casa a la otra, ir de una puerta a otra puerta, pisando de puntillas la curva de la calle en procura del desayuno, al paso de las neblinas que los ojos inventaban para darle otra luz, fue el bastimento diario de este hombre que finalmente dejó los sonidos bajo aleros y viejas casas de la comarca.


Alberto Hernández, Miguel Ramón Utrera y José Antonio Sucre


El poeta Utrera desdobló el limonero del patio, mientras su brazo indefenso aligeraba la sombra pedregosa de una pared. “La vemos caminar a nuestro lado”, dice de la sombra que no se despega, como un hermano gemelo que se queda “para velar el sueño de otra ausencia”. Como una ventosa que viene de los árboles más silenciosos.

Sin embargo, Miguel Ramón Utrera, fiel a su polvo, a sus campanas y casa de costras secas, nombra las nubes y revienta en otro atardecer de aquella poesía de sonoridades viejas, frescas y ausentes.

Lo vimos arrugar el ceño cuando descubrió que el árbol había abandonado la silueta, o cuando enterado por los soles a punto de apagarse tomó el bastón y se alejó con un perro aquejado por la bruma del tiempo. Animal ciego que lame los aires sin apartar los ojos huecos de las honduras del pueblo. La sombra, enhiesta, vuelta celaje porque sabía que en cualquier momento alguien tocaría a su puerta.

En san Sebastián de los Reyes nadie duda de la sombra de Miguel ramón. Nadie calumnia los pasos que se siguen escuchando frente a la iglesia, en el corazón del cedro o en la hojarasca retraída de la Semana Santa.

Otra cosa es el silencio. Porque “hay ahora un silencio hondo que destila soledad sobre las voces aún dormidas”.

Su voz, el silencio que no lo agota, suena a pared de casona. Es una poesía llena de regresos. Y el jardín donde aún encuentra la soledad es el mismo silencio de otros patios. Una cronología de palabras que encajaron en la fuente de los cerros, en la mirada sobre la “huella impaciente” del tiempo.

Se extravía en sus propias huellas, las que preguntan. Tomará “encauce de estas voces/ que nos llegan de lejos”.

Alguien acaba de ver al poeta Utrera metido en unos libros, cubierto de polvo nocturno, recogiendo los pasos, recobrando su sombra.

Todavía nos vemos con él, con la iglesia de fondo, quien esto escribe y el periodista José Antonio Sucre, un poco después de ser anunciado el Premio Nacional de Literatura que luego rechazó.


*Poeta y periodista venezolano (Maracay, estado Aragua)

DIARIO DE INVIERNO. MOSCÚ 2008

Edgardo Malaspina*
















MIERCOLES, 24 DE DICIEMBRE


6 grados bajo cero.

Leo un comentario sobre el libro del historiador Leonid Mlechin Yuri Andropov, la última esperanza del régimen. Se refiere a la vida del hombre que gobernó a la URSS entre 1982 y 1984. Era un político de línea dura formado en la KGB .Era tan duro que no asistió al entierro de su primer hijo, con quien tenía diferencias. Pero, como afirman algunos especialistas, la personalidad tiene múltiples aristas: escribía versos de en vez en cuando. Sin embargo lo que me llamó poderosamente la atención era su convicción de que un gobierno socialista no podía mantenerse si existía libertad de expresión. Mlechin afirma que esa tesis de Andropov quedó comprobada con la prestroika: en cuanto Gorbachov permitió que la gente hablara libremente se derrumbó la Unión Soviética.

Ayer los periódicos reseñaron los 150 años del nacimiento de Vladimir Ivanovich Nemirovich-Danchenko, uno de los fundadores del teatro ruso. La sección cultural del diario Izvestia escribe: “El gran director de teatro encontró rápido la forma de dialogar, a diferencia de otros, con el casi siempre criminal gobierno soviético”

Vamos al mercado para comprar lo necesario y celebrar la navidad a la venezolana. Pedazos de carnes, conejos, ovejos y aves sacrificados cuelgan al aire libre, cubiertos de nieve.

En la noche nos reunimos alrededor de una mesa con hallacas, pan de jamón y ponche crema.


JUEVES, 25 DE DICIEMBRE


6 grados bajo cero.

Camino por el bosque y llego hasta una pequeña iglesia. Una viejita me dice que es un templo nuevo llamado de Santa Anastasia. Pregunto si es en honor a Anastasia ,la hija menor del último zar. No, responde, se trata de Anastasia la mártir cristiana romana, la médico que murió en el 304 en manos de Diocleciano. Hay otra Santa Anastasia, sigue la anciana, la que acompañó a San Pablo y fue martirizada antes; pero esta casa de Dios es por la primera que le digo. Buena aclaratoria Hay servicio. A diferencia de nuestros templos católicos, en los ortodoxos las misas se celebran siempre de pie. No hay asientos, pues. Veo a muchos ancianos, pero también hay muchachos y muchachas. La misa, siempre en forma de cantos, no pasó de 25 minutos .El pop es un hombre joven con barba. Viste una sotana blanca, sobre la cual lleva una capa dorada. Lee la Biblia, o mejor dicho la canta, de espaldas al público, y se voltea sólo para bendecir con el incienso, el cual repone de en vez en cuando otro joven con sotana, pero sin barbas. Los presentes se persignan inclinando el dorso con un ángulo que sobrepasa los 90 grados. El pop finalmente nos da la cara y se despide con una bendición. Salgo y noto que de la espesura del bosque camina un viejito de barba muy larga y blanquísima. Le acompañan dos perros que se revuelven en la nieve, como los nuestros lo hacen en la arena. En la tarde, Natalia, Natalí y yo vamos a una excursión por la ciudad en bus. El guía nos muestra lo que considera históricamente relevante: la iglesia donde rezó el general Kotuzov antes de enfrentarse a Napoleón en 1812 y el monumento de Borodinó en honor a esa victoria de los rusos sobre los franceses; la casa donde se organizó el vals para celebrar la huida de Bonaparte; el Museo de la Gran Guerra Patria (Segunda Guerra Mundial); la estatua de Lomonosov en la universidad que lleva su nombre; los 14 kilómetros de la avenida Lénin ; Gagarín lanzándose al espacio; y las casas lujosas de los ricos. Ahora lo reconocen sin tapujas: hay ricos. ¡Tanto nadar para ahogarse en la orilla!: la revolución comunista quiso eliminar las clases, pero no pudo en 70 años. Siempre existió una clase rica solapada (oficialmente todos eran iguales), la llamada nomenklatura o comunistas puros. Puros corruptos revolucionarios. El guía pide ver con atención las construcciones y explica que ahora hay diferencias notables en las viviendas de acuerdo a los gustos y posibilidades económicas. Ya no hay argumento para otra Ironía del Destino, remata. Se refiere a la famosa película con ese nombre del director Eldar Riazanov, el mismo de Moscú no cree en lágrimas. El film en cuestión, un clásico navideño infaltable en la televisión rusa, cuenta la historia de unos amigos que se reunieron el 31 de diciembre en un baño de vapor moscovita. Uno de ellos debe viajar a su casa en Leningrado. En la borrachera sientan en el avión a uno que se duerme, pero no a quien debe volar. Al llegar a Leningrado el hombre despierta y le pide a un taxista que lo lleve a la dirección tal. Busca su edificio, encuentra su apartamento y lo abre. Pero allí vive una mujer a la que el moscovita considera una invasora. Vienen muchas escenas de fino humor que terminan en la aclaratoria y en el romance, por supuesto. Riazanov quiso criticar esa manera soviética de planificación urbana de igualitarismo extremo: no sólo coincidían en distintas ciudades los nombres de las calles y el aspecto de los complejos arquitectónicos, sino también hasta los números las de las casas y sus respectivas llaves.

Terminamos el recorrido en la Plaza Roja, donde hay fiesta con música y muchas figuras de cartón de príncipes, bagatires rusos y otros personajes famosos para fotografiarse y desternillarse de la risa.


*Cronista, poeta y médico venezolano (Las Mercedes, estado Guárico)