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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Una crónica de Maracay

ARNOLDO GABALDÓN,

FUNDADOR DE LA ESCUELA DE MALARIOLOGÍA


Alberto Hernández


Ese día, se me ocurre en horas de la mañana, el presidente del estado Aragua, Aníbal Paradisi, entró a la casa de Malausena y se reunió con el ministro de sanidad, Félix Lairet. Muy cerca de ellos, Arnoldo Gabaldón, fundador de la Escuela de Malariología. El sol de la comarca visible tocaba delicadamente el friso nuevo de aquel 18 de diciembre de 1943.

En viaje regresivo, nos topamos con este trujillano el 1 de marzo de 1909, día de su nacimiento. Comienzo de una aventura que culminaría el 1 de septiembre de 1990. la coincidencia con los inicios de mes lo predestinan. Habría de convertirse en el centro de atención de un país agobiado por las endemias tropicales. Venezuela era un pequeño territorio que a la vuelta de la esquina se encontraba con la muerte.

A los 15 años de edad, el joven Gabaldón ingresó en la Universidad Central de Venezuela, donde estudia Medicina y se gradúa en 1930. tenía 21 años.

Más tarde lo encontramos en Hamburgo, Alemania, donde estudia en el Instituto de Enfermedades Tropicales. Roma lo recibe en la Estación Experimental para la Lucha contra la Malaria.

La mirada del horizonte llanero en San Fernando de Apure devela un país debilitado por las insanias propias de la geografía, del clima y de las “locuras” del trópico.

Pero no se queda allí el inquieto trujillano. En 1933 viaja becado a Estados Unidos, gracias a la Fundación Rockfeller. La Universidad John Hopkins lo hace doctor en Ciencias de la Higiene.

Es en Nueva York donde se encierra en un laboratorio y escudriña en los parásitos maláricos de los monos superiores. Se convierte en investigador. El talento de aquel venezolano llamaba la atención de los grandes médicos del Norte.

El gobierno venezolano lo solicita. Con su maestro Enrique Tejera le dan cuerpo al Ministerio de Sanidad y Asistencia Social.

El camino ya estaba andado. El futuro le tenía reservado un lugar privilegiado.

Nombrado en 1936 director (fundador) de la Dirección Especial de Malariología y de la Escuela para la Formación de Expertos Malariólogos, el doctor Gabaldón le da rienda suelta a su imaginación como científico.

Su currículum agrega haber sido fundador de la Cátedra Simón Bolívar en la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Pero es en Venezuela donde está su preocupación. Luego de organizar un equipo de trabajo, en 1942 comenzó a perfilarse el edificio donde el talento albergaría estudios e investigaciones. Comisionaron al arquitecto venezolano Luis Raimundo Malausena, y en 1944 quedó abierto el primer curso internacional de malaria en la sede donde funcionaría la Escuela de Malariología, ubicada en la avenida Bermúdez de Maracay.

Arnoldo Gabaldón fue un viajero impenitente por todo el mapa nacional. El mundo entero supo de su presencia donde se hablara de malaria. La experiencia y el tiempo recorrido lo encuentran creando laboratorios en Caracas, Maracay y Achaguas. La parasitología de la malaria aviar representaba su más honda preocupación.

Erradicar la malaria fue toda la vida de este hombre. Un signo, una topología más allá de la ficción: Ortiz, eternizada por el talento de Miguel Otero Silva, seguramente tocó los adentros de este investigador criollo.

El olor a DDT comenzó a sentirse en pueblo y campos de Venezuela el 2 de diciembre de 1945. Todo comenzó en Morón, estado Carabobo.

Pasados esfuerzos y años, la organización Mundial de la Salud certificó la desaparición de la malaria en casi todo el país. Los éxitos llevaron a Gabaldón al más alto cargo, Ministro de Sanidad en 1959.

El Instituto de Altos Estudios, radicado en la hermosa casa que construyera Malausena, lleva su nombre. No sabemos si con tantos sobresaltos lo han pasado a otra dimensión. Pero algunas veces vemos al doctor Gabaldón recorrer los balcones de la mansión y entrar sigilosamente en los laboratorios.