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domingo, 21 de marzo de 2010

JUAN JOSÉ RONDÓN Y EL FERVOR DE LOS COLOMBIANOS POR SU PERSONA

Manuel Soto Arbeláez



La gran batalla de Rondón en Pantano de Vargas. Tomado de Gillette Saurat, Presidenta de la Sociedad Bolivariana de Francia, en su obra Simón Bolívar Le Liberator: “La táctica salvadora improvisada a última hora por Simón Bolívar (en el llamado Pantano de Vargas), consistió en primer lugar colocar en reserva casi toda su caballería, legión británica y llaneros. Se quedarían encerrados en el patio de una hacienda situada al pie de la cota que había convertido (Bolívar) en su puesto de observación. Consistía también en enviar al resto de sus tropas por olas sucesivas, con orden de disputar el terreno milímetro por milímetro, a sabiendas claramente que no estaban en capacidad de resistir frente a la presión de los españoles. El resultado era que con cada repliego de los patriotas se incitaba a Barreiro (jefe español) a comprometer parte de sus reservas para lanzarlas contra ellos. La acción se había iniciado a las once de la mañana. A las cinco de la tarde, los republicanos intentaron un nuevo ataque. El jefe realista, para repelerlos y acabar de una vez por todas, utilizó el resto de sus tropas. Los patriotas retrocedieron en desorden y se creyeron perdidos, con un enemigo encarnizado que les pisaba los talones y cuyo ardor se decuplaba (ie, se multiplicaba por diez) ante la perspectiva de un triunfo inminente. Fue el momento que escogió Bolívar para lanzar la masa de sus tropas frescas.


La legión británica en primer lugar. Con james Rooke a la cabeza, cargó y se echó en el combate. Desconcertados, con su avance detenido, los españoles, sin embargo, seguían luchando bravía y encarnizadamente, y era incierta la suerte de la batalla. Bolívar seguía cuidadosamente, con su catalejo, las fases del combate. Detrás de él, percibía la agitación de algunos llaneros, llegados ante las noticias y que temblaban de impaciencia. Pero todavía no había llegado el momento. Eran las seis de la tarde cuando por fin el Libertador se volteó hacia el jefe llanero Juan José Rondón.


Coronel, gritó, ¡a usted le toca salvar a la patria! Rondón, un negro, hijo de esclavo (aquí la historiadora francesa se equivocó ya que Rondón no era hijo de esclavos. Llevaba como segundo apellido Delgadillo. Ver trabajo de don Miguel Méndez Ramírez sobre la vida del héroe para conocer sus orígenes en Espino); electrizado, se desprendió como un resorte largamente comprimido y descendió, a galope tendido y con lanza en punta, por la colina, en dirección de la batalla. Detrás de él, catorce llaneros arrastrados por el ejemplo y la voz del líder: “¡Que los valientes me sigan!” clavaban las espuelas sobre sus monturas. Catorce fieras que surgieron en el medio de las filas enemigas, para perforar con sus lanzas a los infantes espantados que rápidamente fueron sumergidos por el resto de la caballería llanera, que siguió de cerca la heroica carga de Rondón. (Fin de la cita).


Pero ¿quiénes fueron los 14 valientes que acompañaron a Rondón, 15 con él?: 1. Coronel Juan José Rondón. 2. Capitán Juan Mellao (¿Julián Mellado?). 3. Capitán Valentín García. 4. Capitán Miguel Lara. 5. Capitán Domingo Mirabal. 6. Capitán Celedonio Sánchez. 7. Teniente José de la Cruz Paredes. 8. Teniente Pablo Matute (¿Domingo López Matute?). 9. Teniente Pedro Lancheros. 10. Teniente Rozo Sánchez. 11. Teniente Bonifacio Gutiérrez Zambrano. 12. Subteniente Saturnino Gutiérrez Daza. 13. Subteniente Miguel Segovia. 14. Subteniente Pablo Segovia. 15. Sargento Inocencio Chincá. En Colombia se le han hecho homenajes a Rondón. Existe un municipio que lleva su nombre en Arauca. Hay un colegio militar del cual es epónimo, barios en diferentes ciudades llevan su nombre y, es más, también tiene un himno en su honor tomado de google, que reproduzco:


Suena un clarín de batalla

y de Rondón se oye el grito;

y con un brío infinito

se encabrita su caballo.

Su lanza despide rayos.

Torva la faz del llanero,

sus ojos son un brasero

que alimenta su valor;

sus brazos hacen honor

a su estirpe de salvaje,

lleno el pecho de coraje

y odio hacia el español.

Con agonizante sol

y ensangrentada su lanza,

sin sentir temor avanza,

como raudo ventisquero,

este intrépido llanero,

centauro de la sabana,

tormenta que se besó

grana en los páramos sombríos

do su corazón herido

de amor por la libertad,

pudo en Pisba derrotar

al odiado chapetón

dando de valor lección

en Bonza, Paya y Corrales.

Volcán de furia a raudales

nadie pudo domeñar.

Siempre lo vieron pelear

de primero en las batallas.

Ni el cañón, ni la metralla

lo lograron contener.

Su valor hacía temer

las huestes de los hispanos.

Juan José, hijo del llano,

pendón de valor y fe.


En Pantano, gloria y prez

de las tropas patriotas

fue causa de la derrota,

del odiado chapetón.

En Vargas con sus lanceros,

con sangre escribió la historia

y nació para la gloria,

y honor del pueblo llanero.


Pintura (tomada de Google) del coronel Juan José Rondón del colombiano Constancio Franco. Nótese que el pintor modificó la fisonomía “afro” de Rondón al perfilarlo, alisarle los cabellos y ponerle labios finos. Esta es una mala costumbre de los pintores que quieren cambiarle la fisonomía de los héroes cuando estos no tienen rasgos caucásicos. Rondón siempre fue orgulloso de su raza. Este cuadro se le atribuye también al prócer pintor colombiano José María Espinoza.


viernes, 19 de marzo de 2010

ARÉVALO CEDEÑO Y SU PASO POR ARICHUNA EN 1921

PONENCIA PRESENTADA EN EL

III ENCUENTRO DE CRONISTAS E HISTORIADORES

CALABOZO 29 Y 30 DE MARZO DE 2008



ELISUR EMILIO LARES BOLÍVAR

CRONISTA OFICIAL DEL MUNICIPIO ACHAGUAS, APURE

ACHAGUAS, 27 DE MARZO DE 2008




PRESENTACION


En el mes de Agosto pasado, se cumplieron 86 años del paso del general Rafael Emilio Arévalo Cedeño por la población apureña de Arichuna cuando en 1921 efectuaba su cuarta campaña de cinco meses por los llanos venezolanos contra el gobierno dictatorial de Juan Vicente Gómez.

Este acontecimiento revolucionario importante para la historia de Apure, me ha obligado a recabar información al respecto, realizando entrevistas a arichuneros, que vieron y vivieron esos momentos de emoción y agitación mezclados con miedo y terror; y consultado, indudablemente libros escritos sobre dicho suceso.

Es importante destacar que las diferentes invasiones del general Rafael Arévalo Cedeño, como las de otros venezolanos con verdaderos sentimientos patrióticos y democráticos, fueron importantes porque --aunque no consiguieron acabar con la larga tiranía de Juan Vicente Gómez-- mantuvieron viva la llama de la libertad política y vivos los ideales democráticos de muchos venezolanos de esa época por sus constantes, aunque fallidas tentativas de derrocar al dictador.

Es bueno aclarar que en sus 7 invasiones a Venezuela --contra Gómez-- jamás fue capturado, cosa que honra a cualquier luchador.

La importancia del paso del general Arévalo Cedeño por Arichuna cuando daba comienzo a su cuarta invasión a Venezuela, la expresa él mismo al explicar en su obra “El Libro de mis Luchas”, que es allí donde obtiene su primera victoria militar en territorio venezolano. Además, con esa invasión (al apresar el pequeño destacamento del gobierno o guarnición que ahí se encontraba), se eleva la moral y la fe de su gente para seguir adelante y se despierta el optimismo, interés y entusiasmo por alcanzar nuevas victorias en dicha campaña.


¿QUIÉN FUE EL GENERAL RAFAEL EMILIO ARÉVALO CEDEÑO?


Nació en Valle de la Pascua, estado Guárico, el 02 de diciembre de 1882. Hijo del general Pedro Arévalo Oropeza, de descendencia española, y de Dionisia Cedeño de Arévalo de descendencia indígena. Desde niño le gustó el estudio. A la edad de 8 años asistió al Colegio “Juan Germán Roscio” de Altagracia de Orituco, donde se había trasladado su familia: Sus maestros en ese instituto fueron el Br. Grafe Calatrava y luego el Dr. Camejo Fargós. Este último, hijo del Br. José Ramón Camejo Sabino, notable docente de grata recordación en el oriente del Guárico.

Estudió Filosofía y se preparaba para bachillerato cuando el colegio fue eliminado. Además, estudio por su cuenta Francés e Inglés. Fundó un periódico en Altagracia, de corta duración denominado ‘’Titán’’. En esa actividad periodística fue como aprendió Radiotelegrafía. En 1909 fue Segundo Operario en la estación telegráfica de Ciudad Bolívar y en 1910 fue Jefe de la estación de Calcará de Maturín.

En esta última población conoció a la que va a ser su primera esposa: la señorita Antonia Ledesma Guzmán. A los 9 meses de casado enviudó, por lo cual abandonó el telégrafo y se dedicó a las actividades ganaderas recorriendo gran parte del llano venezolano. Posteriormente contrajo nupcias con la señorita Josefa “Pepita” Zamora Zamora.

En 1914 tuvo problemas comerciales con Juan Vicente Gómez por la compra-venta de unos caballos, lo cual trajo como consecuencia que se levantara en armas por primera vez contra el dictador en Cazorla ese mismo año. A partir de 1914 invadió 7 veces el territorio nacional durante los años 1914, 1915, 1920, 1921, 1929, 1930, 1930 y 1931. Luchó durante 21 años contra la dictadura y jamás fue capturado: un caso único y verdaderamente excepcional.

Muerto Juan Vicente Gómez retornó al país y el general Eleazar López Contreras le ofreció, y él aceptó, la Gobernación (Presidencia para la época) del estado Guárico. En 1935 dejó una obra escrita: ‘’El libro de mis luchas’’ el cual, según el historiador José Antonio de Armas Chitty es ‘’un recuento de angustias, reto y suma de miserias y grandezas’’.

Estuvo rodeado de miseria en los años finales de su vida. Enfermo mentalmente, falleció en Caracas en 1962 con 8 décadas encima.


ANTES DE PASAR POR ARICHUNA


En año de 1921 fue de mucha agitación para el general Rafael Emilio Arévalo Cedeño, pues en él desarrolló su cuarta invasión al territorio venezolano.

El treinta de enero, luego de un largo acecho logró sitiar, apresar y fusilar al sanguinario gobernador del territorio Amazonas: Tomas Funes, hombre que tenía a cuestas la responsabilidad de haber asesinado a más de 400 personas durante 8 años de su despiadado despotismo. Con este triunfo, el general Arévalo se revistió de prestigio y empezó a ser “hombre de cuidado” para el dictador Juan Vicente Gómez.

Este hecho ocurrido en San Carlos de Río Negro, Amazonas, es pues, el primer acontecimiento importante del año 1921 para “La Revolución Constitucionalista”.

En mayo del mismo año se enfrentó en una escaramuza con el propio presidente del estado Apure Dr. Hernán Febres Cordero, en los corrales del fundo “La Ceniza”. Dicho enfrentamiento no lo dirigió el general Arévalo sino el Dr. Roberto Vargas, y fue un fracaso para los revolucionarios, porque --aún cuando estaban ganando la batalla-- el Dr. Vargas permitió la retirada y no hizo preso a Febres Cordero.

Los días 22 y 23 de junio Arévalo Cedeño intervino en la célebre batalla de Guasdualito contra el jefe del cuartel de dicho pueblo general Binicio Jiménez. Al principio de la contienda, los revolucionarios la estuvieron ganando, pero por otro desacierto del Dr. Vargas, (quien ordenó una retirada indebida), volvieron a fracasar.

Luego de los dos errores estratégicos ya citados del Dr. Vargas, el general Arévalo decidió “abrirse camino él solo” y desde finales de junio, después de la Batalla de Guasdualito, el ejército revolucionario se dirigió rumbo al este, pasó el río Arauca por Elorza y acampó a 20 kilómetros al sur en el hato Santa Elena, cerca de Capanaparo. Hasta allí les llegó a los revolucionarios comunicación del presidente del estado Apure Hernán Febres Cordero ofreciéndoles garantías a todos los jefes y oficiales sí se entregaban pacíficamente (los generales Alfredo Franco y Pedro Pérez Delgado “Maisanta” y el coronel Roque Puerta se acogieron a dichas garantías).

Posteriormente dicho ejército revolucionario se enrumbó hacia el Meta llevando consigo 400 hombres entre soldados, oficiales y jefes, además de muchos enfermos.

Se debe acotar que al llegar a la frontera del Meta, se quedaron en Colombia el Dr. Carmelo París y el general Francisco Parra Pacheco (quienes más adelante traerían 300 hombres desde la frontera colombiana hasta San Fernando de Apure para enfrentarse el 20 de mayo de 1922 al lado del general Waldino Arriaga Perdomo al gobernador Hernán Febres Cordero), además de muchos oficiales y gran parte de la tropa agotada y enferma.

Fue pues, a partir de ese momento cuando el general Arévalo Cedeño emprendió su campaña fugaz, (la cuarta) internándose en el territorio nacional.

El general Arévalo se hizo acompañar por gran cantidad de oficiales y soldados, quienes inspirados por amor a la libertad y a la patria, compartieron con él muchas vicisitudes. Estos valientes combatientes fueron el general Fernando Ramírez; los coroneles José Antonio Cadevilla, Amenodoro Sandoval, Ricardo Gil, Augusto Riobueno, Elías Aponte Hernández, Antonio José Delgado Gómez, Ulpiano García, Francisco Melían Rojas, el capitán Smitter Russian y otros oficiales de menor grado.

El 7 de agosto de 1921 encontrándose en ‘’El Porvenir’’ a orillas del río Meta, y ese mismo día se enrumbó hacia el Orinoco y llegó a la confluencia Meta-Orinoco el 10 de agosto, empezando allí --como ya dije-- su cuarta campaña contra Gómez.


ARÉVALO EN ARICHUNA


El general Arévalo Cedeño con 94 hombres (y mujeres), bajó por el Meta en esquifes (canoas) y curiaras. Al llegar a su desembocadura en el Orinoco siguió por éste y entró por Arauquita a las sabana inundadas del bajo Apure, las atravesó y llegó al río Arichuna, llamado también Payara, lo remontó, alcanzó el río Arichunita y llegó al vecindario denominado “Las Brisas”.

Acá decidió separa su gente de la siguiente manera: le entregó la jefatura del grupo de esquifes al coronel Amenodoro Sandoval alias “El Tuerto” y le impartió instrucciones precisas para que siguiera remontando el Arichunita, reclutando voluntarios por la costa del mismo, y él, del sitio ya nombrado, se dirigió directamente hacia Arichuna, por la sabana.

Esta travesía la realizó con gente embarcada (navegando por las sabanas inundadas) y a caballo por las partes más secas. (Arévalo montaba un bello caballo, regalado por Don Timoteo González, cuando aquél se detuvo en la hacienda “Santa Inés” a orilla del río Arichunita). En dicha travesía sirvió de jefe de los “moscas“, (grupo de soldados que van delante del pelotón), el valiente soldado Ramón Sebastián Heredia.

Mientras tanto, el esquife que remontó el Arichunita tuvo un encontronazo con una ”Comisión del gobierno”, que iba hacia la costa del mismo río con la tarea de reclutar hombres para reforzar las filas “gobierneras”. En este breve choque el saldo negativo fue un muerto, pero el positivo fue para “”El Tuerto” Amenodoro Sandoval, pues logró apresar al Jefe de la Comisión, un señor de apellido Tamayo Yépez, quien era el Jefe de policías, lugarteniente y “mano derecha” del jefe civil Sr. Celso Arnesen, un verdadero esbirro de la dictadura gomecista.

El 15 de agosto arribó finalmente a la pintoresca población ubicada más al este del estado Apure: Arichuna.

Según lo escrito por el investigador arichunero González Gamarra (1970, 37) en su libro “Arichuna Bicentenaria, poliantea de esta hermosa región apureña” el general Arévalo Cedeño entró a Arichuna de la siguiente manera: “Las tropas penetran en la población por tres vías: por el sur, camino de “Las Palmitas”; por el sureste, vía “La Manga”, y por el (oeste) río Apure, procedente de Arichunita, utilizando una gran cantidad de esquifes. Entonces el pueblo se llenó de gente armada ante el asombro de todos sus vecinos”.

Pero dejemos al propio general Arévalo (1977) que cuente en su trabajo bibliográfico titulado “Viva Arévalo Cedeño, El libro de mis luchas” cómo ocurrió su llegada a este pueblo:

Por boca Arauquita entramos a esas sabanas inundadas del bajo Apure…. lo atravesamos para caer al río Apure y asaltar la población de Arichuna, donde pusimos en fuga la guarnición que allí se encontraba, dando comienzo felizmente a las operaciones militares de nuestra cuarta invasión armada al territorio de la patria. Ya los valientes compañeros que me secundaban con tanta bravura, despertaban al entusiasmo por nuevas victorias, y llenos de fe pasábamos al estado Guárico, navegando por sus sabanas…. ” (p. 151).

Analizando un poco la cita, se observa que el general Arévalo le concede “un granito de importancia” a su llegada a dicha población, pues como el mismo acota “los valientes compañeros que me secundaban… despertaban al entusiasmo por nuevas victorias”, y se llenan de optimismo para seguir la lucha por Venezuela”.

Es importante mencionar los nombres de algunos de los arichuneros que resultaron reclutados por Arévalo Cedeño y su pequeño ejército de revolucionarios en el momento en que marcharon hacia Arichuna, entre otros se tienen a Isidoro Camacho, (Comisario de “El Caral”), y don Antolín Arana, Nicolás Hidalgo, quien siguió con Arévalo en su campaña, fue de los pocos en hacer esto; José Evaristo Torreyes, Juan Manuel Reyes, Juan Gregorio Pérez, Isabelito Reyes, un Sr. de apellido Naranjo, Martín Diamond, Eduviges Hidalgo y Mónico Pérez.

Así mismo, es importante hacer notar que estas personas al llegar a Arichuna se les dejó en la libertad de escoger entre seguir en las filas de la revolución o quedarse en su pueblo. La mayoría optó por lo último. Y así como a estos caballeros sucedió igual con algunas damas que acompañaban a Arévalo desde Río Negro y San Fernando de Atabapo. En Arichuna, así como en otros pueblos por donde pasó, se quedaron algunas, entre quienes se pueden mencionar a María Blanco y Marcelina Rumbo, quienes posteriormente fueron excelentes madres de familia dedicadas al trabajo; y que nunca dejaron de recordar a “Mi general Arévalo”.

Pero volviendo a la llegada de Arévalo al pueblo. Al arribar los revolucionarios a Arichuna, todo fue confusión, miedo, carreras, agitación. Unos se escondieron. Otros salieron de sus casas a la calle dando vivas al vencedor de Río Negro, al ejecutor de Funes. Otros como los jóvenes Adolfo Fuentes, Juan Maximiano Echenique, Juan Clemente Garrido, y Martín Delfín González (quienes daban una serenata en la pulpería que poseía el primero de los nombrados) corrieron a esconderse en sus casas, la iglesia u otros sitios que les ofreciera seguridad. Se oían gritos de madres llamando a sus hijos pequeños y niños llorando llamando a sus madres. Como ya se dijo: Todo era confusión.

Arévalo Cedeño llegó directamente a la Jefatura Civil (como se le conocía para entonces) y al no encontrar al jefe civil Sr. Celso Arnesen en ella, emprendió su búsqueda hasta que finalmente fue hallado debajo del fogón de la casa de familia de don José María Saldeño, sacado del mismo y llevado ante Arévalo, por un acompañante de este, el coronel cazorleño José Antonio Cadevilla.

En vista que el susodicho jefe civil era un hombre de acciones ásperas y desapacibles, borrachón, holgazán y amigo de cometer fechorías con su lugar teniente y “mano derecha” Tamayo Yépez, el general Arévalo estuvo dispuesto a pasarlo por las armas en la propia Plaza Bolívar y a la vista de todos los presentes.

Y lo hubiera hecho si no hubiese sido por la noble actuación de su prima la poetisa doña Cruz Lina Cedeño de Matiz, quien no dejó que lo ejecutara alegando que ese era un hombre caballeroso con todos, buen amigo y otras tantas mentiras más, hasta que finalmente el general Arévalo desistió de la idea de fusilarlo.

Este momento también lo aprovecho doña Cruz Lina para presentar a su primo, ante el pueblo, como un hombre bueno, de nobles y justos ideales que buscaban solamente la paz y el bienestar del país y por ende el de todos los venezolanos.

Las pocas horas que estuvo el general Rafael Emilio Arévalo Cedeño en Arichuna las utilizó para: dejar que su tropa descansara y comiera unas “terneras” regaladas por personas pudientes de la localidad y pedir colaboración económica entre los más prósperos ganaderos y comerciantes, “en lo que ellos pudieran y tuvieran a su alcance”. En ningún momento presionó para que les dieran gruesas sumas de dinero.

Visitó algunas casas y recibió mucho apoyo moral y material de sus dueños. Como ejemplos se tienen los del maestro don Pedro Manuel Armas y don Timoteo González Leal. En la casa de este último, (quien era casado con doña Dionisia Meza Contreras, padres de Concepción, Heriberto, Toribia, María Cleofe y Dionisita) se les pegaron los “cuellos” a unas cobijas de pelo nuevas, regaladas por un comerciante caritativo. Esta labor fue realizada por doña Dionisia y sus hijas, quienes eran excelentes costureras.

Se comenta entre algunas personas que quedan de la Arichuna de aquella época, que el general Arévalo Cedeño le regaló a la patrona de ese pueblo --Santa Bárbara-- una hermosa corona de oro con perlas incrustadas, (a manera de promesa cumplida. Recuérdense que Santa Bárbara es la patrona de los guerreros). Esta corona posteriormente desapareció y más nunca se supo se ella.

Arévalo Cedeño y su tropa salieron de Arichuna cerca de la media noche hacia Mangas Coberas.

Hay que hacer notar que se fueron como llegaron: súbitamente. Se estima que atravesaron el río Apure a la altura de la boca del caño Raicero en terrenos clementeros, un poco más abajo (o al este) del pueblo, pues el verano siguiente fue localizada en el lecho de dicha boca una trompeta de guerra (un poco dañada por la boquilla) por Julián López, quien trabajaba de becerrero en el fundo pecuario de don Clemente Garrido.

Luego que Arévalo Cedeño pasó por Arichuna, sus habitantes quedaron recelosos y temerosos de que volviera “reclutando gente” para alistarlos en sus filas. Muchos fueron los casos de personas que “veían” a cada momento “gente de la revolución”, sin ser cierto.


HACIA GUÁRICO Y OTROS ESTADOS


Según el capitán Garbi Sánchez (1977) en su libro “Alzamientos, cárceles y experiencias, (Historia Contemporánea)” este valiente ejército de revolucionarios, de Arichuna --atravesando el río Apure-- pasó a Mangas Coberas, cerca de Cazorla, estado Guárico. Luego recorrió la parte oriental del mismo, enfrentándose a las tropas “gobierneras” y llevando a todas las poblaciones y caseríos su palabra de fe, optimismo y esperanza.

De Guárico se trasladó hacia Anzoátegui, Miranda, Aragua, Guárico nuevamente, Cojedes, Portuguesa, Zamora (hoy Barinas), Apure de nuevo y finalmente Colombia, donde llegó el 16 de diciembre de 1921, dándose por terminada --para esa fecha-- su cuarta invasión a Venezuela.

Todo este recorrido de 8 estados se hizo en 5 meses, desde agosto hasta diciembre; embarcado (por ríos y caños), a caballo y a pie; efectuando batallas y escaramuzas; persiguiendo al enemigo algunas veces y siendo perseguido por éste en otras.

El general Arévalo fue un hombre incansable, inagotable. Con una gran voluntad para la lucha. Su lema de siempre fue: “VIVIR PARA LUCHAR POR LA LIBERTAD Y POR LA CAUSA DE LA REPÚBLICA”.


CAUSAS DEL FRACASO DE LA CUARTA INVASIÓN


Entre las causas principales del fracasó de esta cuarta invasión del general Arévalo Cedeño al territorio Venezolano, se podrían mencionar las siguientes:

1° En momentos decisivos, contaron con escasas municiones para atacar.

2° Tuvieron un enemigo numeroso y constante por todas partes. Aún cuando nunca se decidió atacar, siempre hubo una expectativa que “presionó” mucho a Arévalo y a su gente.

3° En el transcurso de la campaña el general Arévalo se enfermó gravemente, al extremo que los médicos del trayecto decían que estaba completamente tuberculoso. Esto le llegó a bajar grandemente la moral a él y a su tropa.

4° También enfermaron con gripe más de 200 soldados.

5° Se encontraron con un invierno inclemente, copioso, (hasta finales de octubre), y por ende con sabanas inundadas e intransitables.

6° Las fuerzas militares hostigantes de los estados Aragua, Guárico, Anzoátegui, Cojedes y portuguesa, lo hicieron retroceder hasta que finalmente desistió de continuar la campaña.

En realidad, Arévalo cuando ya se dirigía hacia la frontera colombiana iba gravemente enfermo. Al llegar a Arismendi (en el hoy estado Barinas) a finales de noviembre tenía una virosis gripal complicada con problemas respiratorios, al punto que el médico de ese pueblo le recomendó absoluto reposo.


BIBLIOGRAFIA Y OTRAS FUENTES DE INFORMACION


ARÉVALO CEDEÑO, EMILIO (1977) Viva Arévalo Cedeño: El libro de mis luchas. Caracas, Autobiografía de Emilio Arévalo Cedeño. Prólogo de José Antonio Armas Chitty. Publicaciones: Seleven. C.A. 404 páginas.

BOTELLO, Oldman (2005) El general Waldino Arriaga Perdomo y su familia. La toma de San Fernando de Apure en 1922. Maracay. Editorial Miranda – Villa de cura.

Fundación Polar (1997) Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas. Segunda Edición. Editorial Libris.

GARBI SÁNCHEZ, José (1977) Alzamientos, cárceles y experiencias (Historia Contemporánea). Caracas. Prólogo de José Antonio Armas Chitty. Editora Venegráfica. C. A. 175 páginas.

GONZÁLEZ GAMARRA, Leopoldo (1970) Arichuna Bicentenaria. Poliantea de esta hermosa región apureña. Bogotá. Editorial Andes. Primera Edición. 315 páginas.

SÁNCHEZ OLIVO, Julio César (1981) Sangrienta batalla en San Fernando de Apure el 20 de mayo de 1922. San Fernando. 2da. Edición. Publicaciones del Cronista del estado Apure.

Entrevistas personales realizadas en 1981 a los siguientes arichuneros que presenciaron la llegada del general Arévalo Cedeño a Arichuna:

a. Florencio Aponte. 85 años

b. Nery Hidalgo de Aponte. 77 años

c. Rosa Amelia Armas (viuda) de Delgado. 76 años.

d. Hermógenes Bolívar Romero. 85 años

e. María B. Gómez. 86 años

f. Evangelista Jiménez. 70 años


Imagen tomada de http://algunasfamilias.blogspot.com/2008/08/la-gesta-emancipadora-de-emilio-arvalo.html

martes, 16 de marzo de 2010

DIARIO DE VERANO Moscú, 5 DE SEPTIEMBRE de 2006

Edgardo Malaspina










Estamos en el decanato de medicina de mi universidad. Frolov me obsequia su libro más reciente de fisiopatología. Damos un paseo por la Facultad de Medicina. El Museo de Anatomía me trae muchos recuerdos con sus vidrieras llenas de órganos y huesos, su pulcritud y su silencio. En mis tiempos de estudiante asistía al museo con la misma predisposición espiritual con que uno visita un templo. Entro al laboratorio donde trabaja Tolia Pasechnik, un profesor que habla español y con quien hice una buena amistad: está allí sentado, pensando, igual que hace quince años atrás. Solía rodearse de retratos de filósofos. Sostenía la tesis de que muchos experimentos médicos podían ahorrarse con sólo recurrir a la filosofía. Si se está seguro de algunos resultados lógicos, entonces no vale la pena hacer experimentos y perder tiempo y dinero. Además, argumentaba que la eliminación de ciertas enfermedades infecciosas trajo como consecuencia el surgimiento de otras denominadas de la civilización o del siglo XX como las cardiovasculares. Afirmaba que la lucha contra las enfermedades no debía romper el equilibrio de la naturaleza. Él mismo se autodefine como un pesimista en los temas médicos y en la vida, en general. Acepto un cigarrillo que me ofrece Tolia, quien como antes empieza hablar de Hegel. Fumamos y tomamos café. Le hago la pregunta de rigor sobre el cambio de sistema y contesta: “Todo parece mejor ahora. Pero son apariencias que esconden muchas mentiras. En realidad las cosas no marchan con los sueldos miserables que recibimos los intelectuales. Estamos mal y estaremos peor. Ahora la iglesia es aliada del gobierno. Pero esa es una alianza comercial: los monasterios venden vodka y vino, y que benditos…”


La universidad ha crecido y tiene su propia policlínica, cuyo director es Alexander Xodarovich. Alexander o Sasha terminó la carrera junto conmigo. Lo saludo y hablamos. De entrada me dice: “No puedo decir que es mejor. Destruimos el socialismo y no construimos el capitalismo. Ambos sistemas tienen cosas buenas y malas. Sin embargo, en materia de asistencia médica nos hemos atrasado. Ahora nuestra medicina es inhumana. Me niego aceptar que un niño no pueda operarse en una emergencia, por ejemplo, porque sus padres no tengan dinero. Eso no fue lo nos enseñaron cuando estudiamos medicina durante el socialismo. Teníamos una medicina para todos que ahora es para unos pocos…”


Damos un paseo en barco por el río Moskva. Hay poco gente en la embarcación. Natalia, María, Natalí y yo nos sentamos en una mesa con vista a los paisajes moscovitas. Desde el segundo piso la brisa sopla y arrastra agua del río que refresca nuestros rostros. Bebemos cervezas. Un desfile de edificaciones pasan por nuestros ojos: el Kremlin, el monumento a Pedro El Grande, el templo de Cristo Salvador, Las Montañas de Boroviski, antiguamente llamadas de Lénin.

lunes, 8 de marzo de 2010

Rastreando nuestras raíces históricas: ¡APARECIÓ EL MASPARRO!

Argenis Méndez Echenique

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La actual sequía no sólo ha traído preocupación por la disponibilidad de agua y energía eléctrica, sino que inesperadamente ha tomado vigencia “El Masparro”. Esta nave naufragó la madrugada del día 16 de Julio de 1914, en el sector de La Lagunota, en el río Apure, donde pernoctaba, a consecuencia de un fuerte vendaval que zarandeó la embarcación como si fuese un barco de papel. En su momento fue noticia de primera página en diarios regionales y nacionales, como Letras, de San Fernando, El Universal, de Caracas, y El Impulso, de Barquisimeto. Entre los primeros en enterarse del naufragio, a través del telégrafo, estuvo Juan Vicente Gómez, que estaba dando sus primeros pasos para afianzarse en el poder y quería controlar el país. Luego vinieron leyendas, mitos, refranes, cuentos y novelas, cuyo tema ha sido el “Masparro”.
Todavía en la octava década del pasado siglo era motivo de atención para los estudiosos e intelectuales regionales, entre los que se contaron a Don Felipe Martínez Veloz, la Dra. Ruth Snackenberg de Rodríguez, que escribió una novela, Oldman Botello, Cronista de la Ciudad de Maracay, y el autor del presente escrito, que lo reseña en su libro Trazos para una Cronología Histórica de Apure (1983). El “Masparro” nunca estuvo perdido. Siempre se supo del lugar donde se encontraba encallado. Si no lo creen, pregunten en Apurito y Santa Lucía.
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El Vapor “Masparro” (1910)
Pero la expectativa de hoy es tal que ha generado una corriente de gente curiosa e interesada en conocer nuestra pequeña historia, tanto de Apure como de Barinas, hacia el lugar donde ha sido localizado el barco, lo que ha generado allí la instalación de tarantines para vender bebidas y comidas. Esto determinó que las Secretarías de Cultura y de Prensa del Ejecutivo Regional, Apure TV, las televisoras nacionales VTV y Venevisión organizasen una visita al lugar este pasado domingo 28 de Febrero, para informar a toda la comunidad apureña sobre lo acontecido. Ya han salido informaciones al respecto por la prensa regional.
Por Cultura asistieron Argenis Méndez Echenique, historiador, y Pedro H. Sánchez Archila, carpintero de ribera. Por los medios de comunicación estuvieron presentes las periodistas Luzmila Bolívar y Daniela Moreno, fotógrafos y camarógrafos. Allí se conversó con gente de las comunidades cercanas, como don Santiago Vicente Landaeta, de edad nonagenaria y nativo de Achaguas, don Juan Pérez, nativo de Apurito e investigador de la historia del pueblo, y con la familia Utrera (Luis y Nancy), de la comunidad de Santa Lucía, entre otros.
Los restos del “Masparro” se localizan semienterrados en la arena de un barranco del río Apure, a 7º59’56,52” de latitud norte y 63º0’39,25” de longitud oeste, a poca distancia del fundo de un señor Brígido, al este de Santa Lucía, en el llamado “Cañón de La Lagunota”, donde se forma un remolino, a unos 90 kilómetros de San Fernando.
Historia del Masparro. El “Masparro” era un barco con un motor a vapor y de chapaletas, con casco de hierro, una capacidad de 33 toneladas y pertenecía a la Flota del Orinoco de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación (CAVN). Había comenzado a navegar por el Orinoco y sus afluentes en la última década del siglo XIX, bajo la responsabilidad de la Compañía de Vapor del Orinoco, de la Compañía Estrella Roja y de la Compañía Anónima Fluvial y Costanera de Venezuela. La CAVN se constituyó en 1911, teniendo como principal accionista al general Gómez.
En los primeros días del mes de Junio de 1914, el “Masparro” había sido capturado por un grupo de oficiales y soldados enviados en comisión a El Yagual (ante una eventual invasión desde Colombia por parte del general Alfredo Franco), que se insubordinó contra Gómez, capitaneado por el entonces coronel Pedro Pérez Delgado, “Maisanta”, e intentaron tomar a San Fernando; luego se dirigieron Nutrias, a la que controlaron algunos días y ante la imposibilidad de sostenerse allí abandonaron el buque, después de quitarle las chapaletas, que luego fue remolcado el día 14 de Junio por el vapor “Apure”, llegado con tropas del general José Ignacio Briceño, y llevado a San Fernando para su reparación.
La primera salida que hace este buque, después de su remozamiento, se da el día 15 de Julio. Pero, en la madrugada del 16, Día de la Virgen del Carmen, a consecuencias de un fuerte vendaval, naufraga en el río Apure, en las cercanías de la población de Apurito, conduciendo un pelotón del Ejército del Gobierno Nacional, que iba al Alto Apure a combatir un alzamiento armado en Guasdualito (La Periquera), y algunos pasajeros, para un total de 72 personas a bordo. El capitán del barco era Nicolás Subero, llevando como práctico (guía) a Juan Antonio Arrieta. El barco quedó volcado totalmente.
El comandante de la tropa militar era el General Ramón Garrido, aragüeño, ex - comandante del Batallón “Guaicaipuro”, del Ejército Nacional, acantonado en San Fernando, y con sobrada experiencia en la lucha de pacificación decretada por el General Gómez para Apure, acompañado de algunos oficiales, entre los que se contaba al General Ignacio Quintana (ex - Presidente del Estado Apure), Coronel Benjamín Olivieri (recién posicionado el día 14 como Comandante del Batallón “Guaicaipuro”, en San Fernando), Coronel Juvenal Colmenares (Segundo Comandante del “Guaicaipuro) y Coronel Enrique Pocaterra, más 30 soldados de tropa; los pasajeros civiles eran Tomás Márquez, Luis Trejo Esté (hijo de la ilustre educadora apureña Clarisa Esté de Trejo y nativo de San Fernando), Arturo Sanz y Francisco Lara. Perecieron ahogados 26 personas, entre las cuales se contaron siete tripulantes de la nave y al General Garrido.
Al conocerse la noticia del desastre, desde San Fernando fue enviado en su auxilio el vapor “Apure” y desde Nutrias salió el “Alianza”. Pese a todos los esfuerzos realizados, no se logró rescatar todos los cadáveres, entre ellos el del general Garrido. Las autoridades gubernamentales de Apure enviaron al vapor “Boyacá”, que zarpó de San Fernando hacia Lagunota, “para recuperar los diversos valores que iban en el barco, logrando en parte su propósito”.
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Los restos del “Masparro” hoy día (28/02/2010)
Más tarde se hicieron varios intentos para rescatar la maquinaria del vapor, “que estaba reputada como buena y potente”, sin lograr ningún éxito. Luis Roncayolo, ligado a la empresa naviera propietaria, cuenta que el 2 de Enero de 1917 él, acompañado del Director de la Compañía, se trasladó en el “Arauca” al lugar del accidente para hacer el último intento, pero hubo que desistir del rescate de los motores “por considerarlo inútil y costoso”.

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Considerando que el “Masparro” es una reliquia histórica y patrimonio cultural de Apure, se espera la intervención oficial para crear un Museo Fluvial con los restos de la embarcación y que sea tomado como símbolo del Proyecto Fluvial Eje Apure – Orinoco. En su momento, este barco fue vehículo de progreso para el Llano, facilitando el transporte de pasajeros y mercancías desde diferentes partes de la república. Además, el mismo está ligado a la historia de luchas y peripecias del legendario “Maisanta”, Pedro Pérez Delgado, contra la tiranía gomecista. Se requiere que la Policía o las Fuerzas Armadas custodien el lugar para evitar el total desmantelamiento de los restos del barco; pues, algunas personas desprenden pedazos de metal de la vieja estructura para guardarlo de recuerdo.