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viernes, 9 de abril de 2010

DIARIO DE VERANO

EDGARDO MALASPINA



MIERCOLES, 6 DE SEPTIEMBRE


Muy temprano partimos hacia la Universidad Rusa de la Amistad. Tengo una entrevista con el rector, Vladimir Filipov. El rectorado está en el edificio de la Facultad de Humanidades, también están ubicados allí los comedores y cafetines; por eso en mis tiempos estudiantiles nos reuníamos para tomar café y conversar. Pero ahora con lo del terrorismo la entrada está restringida. Natalia y yo debemos esperar mientras revisan los documentos y se solicita el permiso respectivo. Con Svetlana Grigorevna esperamos al rector. Al poco tiempo hace su entrada. Es un hombre joven que terminó sus estudios en la universidad nuestra. Entramos a su despacho y le hago entrega de las cartas del Dr. Luis Gallardo, rector de la Universidad Rómulo Gallegos. También le obsequio algunos souvenires de Venezuela y mis libros. En su escritorio, en lugar relevante, una fotografía suya al lado del presidente Pútin. Nos habla de los cambios políticos en Rusia, del progreso de la institución y de su disposición para recibir estudiantes de Venezuela. Pregunta por la academia venezolana y por la capacidad de las universidades venezolanas para satisfacer la demanda de cupos. Al final tomamos el té y me entrega unos folletos , películas y una carta para Gallardo.

Con Natalia visito el Museo de Esènin . Al salir de la estación del Metro Serpujovskaia debimos caminar bastante hasta el callejón Strochenosvski, donde en una casa que data de 1891, construida en gran parte de madera,se ubica el museo. Allí vivió el poeta suicida de 1911 hasta 1918. Es un lugar diminuto para la reflexión poética con los objetos personales del bardo. Tania, la guía nos muestra las salas, los libros, los manuscritos y pequeñas cosas que pertenecieron a Esénin. Vemos una película-documental, el único en vida del poeta y escuchamos su voz recitando sus propios versos. Tania nos recuerda que a pesar de que Esénin no compartió del todo los ideales de la revolución, admiraba a Lénin, a quien caracterizaba como un hombre chiquito y calvo. Además, al presentarse en el extranjero exigía cantar La Internacional antes de intervenir. Hice alguna anotación en el libro de recuerdos. El museo es un espacio para meditar, cuyos trazos, en las paredes y en los techos evocan esa poesía bucólica, campesina y sencilla de Esénin. Es impresionante como un diseño bien logrado en la distribución de las estructuras de una vivienda puede reflejar una tendencia poética. Primera vez que me percato de ese detalle agradable que hace percibir mejor el mensaje de un poeta.

La guía, al final, cantó. Con voz suave pronunció los versos de Esénin plasmados en un bello arreglo musical. Luego dijo: “Vivo para mantener este lugar sagrado. Esénin me inspira. Es el poeta del amor, del optimismo y el cariño hacia la patria”.

Salimos con hambre y comemos en la calle jachepuri y sashlik. El primero es pan del Cáucaso con queso derretido, mientras que el segundo es una parrilla rusa en pincho aderezada con tomate y cebolla.

En la noche bebemos brandy y cerveza. Comentamos nuestra visita al museo y Lida habla de literatura rusa.