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viernes, 21 de mayo de 2010

Salida de Los Bravos de Apure para el GLORIOSO Campo de Carabobo el 10 de mayo de 1821

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Celebración del CLXXXIX Aniversario de la Salida de Los Bravos de Apure para el Campo de Carabobo el 10 de mayo de 1821
Elisur Emilio Lares Bolívar
Cronista Oficial del Municipio Achaguas
Achaguas, 10 de Mayo 2010

Unos años antes
Desde 1810 y hasta 1813 José Antonio Páez sentó plaza en el escuadrón de caballería de don Manuel Pulido, quien fue nombrado Gobernador de la Provincia de Barinas por la primera Junta de 3Gobierno que se formó el 5 de mayo de 1810. En 1813, siendo Páez sargento primero, pide la baja del ejército patriota y posteriormente recibe del gobernador realista de Barinas, Antonio de Tíscar y Pedroza, la orden de recoger un ganado, específicamente doscientos caballos y mil reses, y conducirlo a su cuartel general. Esta comisión la cumplió Páez cabalmente; sin embargo, rechazó el cargo que Tíscar le ofreció como capitán. Con este rechazo, ya el Centauro de los Llanos había definido su destino.
Días después de estos acontecimientos Páez se reincorporó a las tropas republicanas que comandaba, su antiguo patrón en el hato La Calzada, el coronel Manuel Antonio Pulido en Santa Bárbara de Barinas, quien para conquistarlo a favor de la causa republicana --luego de aquel servicio para el aprovisionamiento del gobernador Tíscar-- le dio el mismo cargo que había rechazado en el ejército realista. Páez (1973) en su obra Autobiografía del general José Antonio Páez, comenta: “El gobierno de Barinas me confirió el grado de capitán en el ejército patriota, como recompensa por haberme negado a aceptar el mismo nombramiento en el ejército español”. Con el coronel Pulido siguió hasta la ciudad de Barinas que había sido evacuada por los realistas como consecuencia de la ofensiva del brigadier Simón Bolívar en su Campaña Admirable. De esta manera, José Antonio Páez comenzó tímidamente su ascenso y figuración en el ejército patriota.
Más tarde recibió órdenes en Barinas de atacar al comandante realista Miguel Marcelino, quien ocupaba a Canaguá con unos 400 soldados de caballería y el 27 de noviembre de 1813 salió a cumplir la orden, sorprendió y derrotó al comandante Miguel Marcelino y cayó prisionera la mayor parte de su ejército. Este fue el primer triunfo de Páez. Posteriormente viajó a Mérida y sirvió bajo las órdenes del comandante Antonio Rangel. De allí se dirigió a los llanos a fin de conquistar para el ejército patriota a los mismos hombres que habían luchado bajo las órdenes de Boves: Los Llaneros venezolanos y neogranadinos.
Al llegar José Antonio Páez a los llanos de Casanare, en Nueva Granada, reclutó a muchos de aquellos llaneros para el ejército republicano, lo cual se tradujo en un factor decisivo para las posteriores victorias de los patriotas. Los mismos lanceros que antes habían derrotado a los ejércitos patriotas, ahora luchaban a su favor bajo las órdenes de Páez. Fue así como con sus lanceros, el Comandante de un Escuadrón de Caballería José Antonio Páez venció en los combates de El Banco de Chire (el 13 de octubre de 1815 en Nueva Granada), Mantecal y Mata de la Miel (16/02/1816). En este último sorprendió al coronel realista Francisco López y tomó más de cuatrocientos prisioneros, además, quedaron en su poder una importante cantidad de caballos y todo el equipo de guerra. Y así, de combate en combate, el teniente coronel José Antonio Páez y sus llaneros fueron haciéndose conocer por amigos y enemigos.
Para septiembre de 1816 considerando la importancia del coronel Páez y sus lanceros para el desenvolvimiento de la guerra en los llanos fue ascendido a General de Brigada r inmediatamente se sucedieron importantes triunfos para estos llaneros liderados por Páez: El Yagual (11/10/16), y Mucuritas (28/01/1817) donde derrotó al brigadier Miguel de la Torre luego de prenderle fuego a la sabana y realizar repetidas cargas contra la infantería realista, la cual se salvó de una muerte segura gracias a la existencia de una cañada cercana que aún tenía agua y por la cual escapó.
Ese mismo año de 1817 continuaron las victorias de Páez y sus lanceros llaneros en San Antonio (13 de abril), Paso de Apurito (18 de junio), Paso de Utrera (20 de junio), Barinas (14 de agosto) y Apurito (8 de noviembre). Esa exitosa campaña militar fue el preámbulo del encuentro que sostuvieron el 30 de enero de 1818, en el hato Cañafístola entre San Juan de Payara y San Rafael de Atamaica, el general de brigada José Antonio Páez y el general en jefe Simón Bolívar, quien venía de Angostura con su ejército para iniciar por los llanos de Apure la Campaña del Centro. El encuentro de ambos jefes y sus ejércitos sería decisivo en las operaciones contra el ejército del general Pablo Morillo, a favor de la independencia de Venezuela.
Las operaciones comenzaron el 6 de febrero de 1818 con la Toma de las Flecheras, una maniobra ideada por Páez donde él y 50 de sus lanceros capturaron unas canoas realistas que permitieron al ejército libertador cruzar el río Apure por el Paso del Diamante. Luego, como comandante del ejército patriota José Antonio Páez dirigió la vanguardia en la batalla de Calabozo (12/02/1818) donde fue derrotado Pablo Morillo. Posteriormente combatió en la Uriosa (15 de febrero), El Sombrero (16 de febrero), y el 22 de ese mes recibió el nombramiento de Gobernador de Barinas y la misión de liberar a San Fernando de Apure que estaba en poder de los realistas, lo cual realizó el 6 de marzo de dicho año.
Días más tarde ocurrió el combate de El Trapiche de Gamarra en la orilla norte del río Apure Seco entre Guasimal y Achaguas el 27 de marzo de 1819. Luego de todos estos triunfos, hazañas y otros en enfrentamientos menores, José Antonio Páez al frente de 153 lanceros, derrotó el ejército realista del general Pablo Morillo comandado por el teniente coronel Narciso López en las sabanas de Las Queseras del Medio al sureste de Guasimal el 2 de abril de 1819 con su brillante estrategia de “Vuelvan Caras”.
Señala Páez en su “Autobiografía” que los muertos del ejército realista ascendieron a casi quinientos; mientras él sólo tuvo cuatro heridos y dos muertos. Bolívar, quien con los demás jefes del ejército presenció la batalla desde la banda sur del río Arauca, no dudó en calificar aquella batalla como ”la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones”. Al siguiente día de esta acción bélica, El Libertador premió la hazaña condecorando estos héroes con la Cruz de los Libertadores, leyendose la siguiente proclama:
A los Bravos del Ejército de Apure”:
Soldados! Acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones. Ciento cincuenta hombres, mejor diré ciento y cincuenta héroes, guiados por el impertérrito General Páez, de propósito deliberado han atacado de frente a todo el ejército español de Morillo. Artillería, infantería, caballería, nada ha bastado al enemigo para defenderse de los ciento y cincuenta compañeros del intrepidísimo Páez. Las columnas de caballería enemiga han sucumbido al golpe de vuestras lanzas; la infantería ha buscado un asilo en el bosque; los fuegos de sus cañones han cesado delante de los pechos de nuestros caballos. Sólo las tinieblas habrían preservado a ese ejército de viles tiranos de una completa y absoluta destrucción. ‘¡Soldados! Lo que habéis hecho no es más que el preludio de lo que podéis hacer. Preparaos al combate, y contad con la victoria que lleváis en las puntas de vuestras lanzas y de vuestras bayonetas’” (Simón Bolívar, Proclama Firmada en el Cuartel General de los Potreritos Marreñeros, a 3 de abril de 1819).
Traigo a colación esta interesante y hermosa proclama para dejar constancia que para esos momentos el propio Libertador Simón Bolívar reconoció el arrojo, brío, voluntad, energía, esfuerzo y sobre todo el sobrado valor que tenían y de mostraban estos bravos llaneros venezolanos y neogranadinos.
Luego de la célebre batalla en las sabanas de Las Queseras del Medio, el general Bolívar y los integrantes de su Alto Mando Militar comenzaron a pensar en serio traspasar las fronteras venezolanas, llegarse hasta Nueva Granada y liberarla definitivamente del yugo español. Por ello, el 23 de mayo de ese año de 1819 los miembros de dicho Alto Mando convocaron una Junta de Guerra, se reunieron en la aldea de El Setenta, cerca de Mantecal, y acordaron emprender la Liberación de Nueva Granada, campaña donde el “catire” Páez y sus bravos llaneros no participaron, quedándose en Apure custodiando el territorio conquistado con sangre y valor. Luego, con las batallas de Gámeza, Pantano de Vargas y Boyacá se liberó Colombia del despótico gobierno español.
El historiador Miguel Ángel Mudarra (1984) en su libro Manual de Historia de Venezuela, explica que para la llegada de 1820 el panorama militar venezolano era el siguiente:
El Oriente, Guayana y parte de Occidente era ocupado por los patriotas, su moral ascendía y los recursos y preparativos aumentaban. Mientras que el dominio realista comenzó a disminuir. Cada vez estaban más acorralados por los patriotas, se mantenían a la defensiva y su moral descendía. Mientras aquello ocurría, en España se sentía preocupación por los continuos y firmes triunfos de Simón Bolívar y sus lugartenientes por lo cual se creía en un fracaso total de El Pacificador Pablo Morillo, quien recibió --de parte del gobierno español-- instrucciones para tratar y lograr con los patriotas un acuerdo mediante la oferta de que los jefes quedarían en sus puestos y comandos con la condición de reconocer la Soberanía de España. Instrucciones que no encontraron eco en los patriotas, pues lo primero que ellos exigían era el reconocimiento de su Independencia por parte de la corona española.
Después del fracaso de varias reuniones de distintos comisionados de ambos ejércitos, por fin se llegó al acuerdo de firmar --el 25 de noviembre de 1820-- los Tratados de Armisticio y de Regulación de la Guerra: Con el primero cesó oficialmente la “guerra a muerte” y con el segundo se suspendieron las hostilidades durante seis meses, con lo cual se favoreció el rearme y organización del ejército patriota así como la creación de un clima de tranquilidad militar. Una vez firmados estos tratados se acordó una reunión entre El Libertador Simón Bolívar y el Brigadier don Pablo Morillo, máximo jefe del gobierno español en Venezuela, la cual se celebró, dos días después, el 28 de noviembre de 1820 en Santa Ana, ciudad del hoy estado Trujillo. Esta célebre entrevista podría considerarse como la despedida diplomática de Morillo, pues poco tiempo después regresó para siempre a España.
Estos acuerdos o Tratados de Armisticio y de Regulación de la Guerra no fueron otra cosa que el acuerdo mutuo de un cese al fuego, una tregua, y sirvieron para que ambos ejércitos, Patriota y Realista, tomaran un respiro, un descanso y se prepararan para una confrontación final que sería la Batalla de Carabobo a mediados del siguiente año.
Antecedentes inmediatos al 10 de mayo de 1821
Se inició el año de 1821 con una línea divisoria para ambos bandos que comenzaba en el Delta del Orinoco, seguía el curso de este río y continuaba por el Apure en el bajo llano, remontaba los Andes venezolanos, bajaba hasta Maracaibo y seguía hasta el río Magdalena en Nueva Granada. Dentro de ese gran arco se situaban los realistas, cuya posición y dominio se estrechaban más. Se encontraban aislados, pero con la ventaja de tener el mar Caribe al frente por donde le podía llegar un refuerzo desde España o simplemente escapar a última hora; estaban en plena desmoralización con motivo del regreso a España del antepenúltimo Capitán General español don Pablo Morillo y de la rivalidad entre Miguel La Torre (penúltimo) y Francisco Tomás Morales (último).
Todo este caos realista lo aprovechó el Libertador para planificar y organizar la definitiva campaña de Carabobo, cuyas principales operaciones se dieron de la siguiente manera: Desde Oriente se dirigieron hasta las sabanas de Tinaquillo, hoy estado Cojedes, las tropas de José Francisco Bermúdez. Desde Occidente (Lago de Maracaibo) avanzaron las de Rafael Urdaneta. Desde Trujillo se desplazaron las de Cruz Carrillo. Desde Achaguas hicieron lo propio las de José Antonio Páez. Y finalmente el Libertador con el grueso de las tropas se concentró en San Carlos de Cojedes. Fueron casi 7.000 soldados comandados por Páez, Cedeño, Plaza y el propio Simón Bolívar. Ello constituía el núcleo principal de las fuerzas patriotas.
Pero veamos lo que afirma Julián Fuente-Figueroa Rodríguez (1976) en su obra Historia de Venezuela en relación a la salida hacia las sabanas de Tinaquillo del general José Antonio Páez desde el histórico pueblo de Achaguas el célebre día 10 de mayo de 1821.
El diez de mayo salió Páez de Achaguas al frente de 1000 infantes (…). Ya para el 20 había cruzado el río Apure por el Paso Enriquero. El 31 de dicho mes llegó a Tucupido (hoy estado Portuguesa), desde donde siguió a San Carlos por la vía de Guanare. El 7 de junio llegó a San Carlos con la mayor parte de la caballería. Dos días después entro en dicha ciudad el resto de los jinetes, y el 11 hizo acto de presencia en ella la infantería.
Por su parte, el propio José Antonio Páez (1973) en su Autobiografía…, informa lo siguiente:
Prepararonse todos los jefes para la nuevas operaciones, y yo recibí orden de Bolívar de marchar con el ejército de mi mando a reubicarme en su Cuartel General en Guanare.
El 10 de mayo salí de Achaguas con mil infantes, mil quinientos jinetes, dos mil caballos de reserva y cuatro mil novillos.
No son de contar las molestias y trabajos que nos hizo pasar durante nuestra marcha la conducción de tan crecido número de animales. Todas las noches los caballos se escapaban en tropel (…) Por fortuna, corrían juntos y era fácil seguirlos por las huellas que dejaban en la tierra, muy blanda entonces, pues para mayor aprieto estábamos en la estación de lluvias. (…)
Al fin mis llaneros los cogían, y al otro día me alcanzaban con ellos en la marcha, que yo aceleraba todo lo posible para reunirme con Bolívar.
En el pueblo de Tucupido supe que este se había movido hacia Araure, cuya villa había abandonado La Torre para replegarse hacia San Carlos, punto que también abandonó cuando supo que había ocupado Araure, retirándose finalmente a Carabobo donde se proponía presentar batalla a las tropas republicanas.
Sabiendo yo que el Libertador llevaba muy poca caballería, dejé la infantería al mando del coronel Miguel Antonio Vásquez, y con la caballería me adelanté hasta San Carlos donde alcancé al general en Jefe.
Y así, a San Carlos de Cojedes fueron llegando los jefes de la fuerzas patriotas y se fue reuniendo --de esta manera-- todo el ejército emancipador, el cual se organizó en tres Divisiones: La Primera, al mando del general Páez, compuesta por los batallones Británico y Bravos de Apure. La Segunda, a las órdenes del general Manuel Cedeño, a quien Bolívar calificó como “El bravo de los bravos”. La Tercera dirigida por el intrépido coronel Ambrosio Plaza.
Todo el ejército patriota compuesto por jefes, oficiales y soldados comprendió cabalmente la importancia de una batalla decisiva batalla, la cual se realizó el 24 de junio de 1821 en la gloriosas sabanas de Carabobo.
En esta oportunidad, en esta disertación, no vamos a tratar el magistral desarrollo de esta extraordinaria campaña carabobeña donde el general José Antonio Páez y sus valientes lanceros que conformaban el batallón Bravos de Apure al lado de la no menos voluntariosa Legión Británica se esforzaron grandemente, demostrando mucha táctica, habilidad y destreza, y cuya actuación plena de arrojo, brío y energía, fue decisiva para alcanzar un indiscutible triunfo republicano.
A continuación se expone muy brevemente la significación histórica de dicha batalla considerando lo aportado por el ya citado historiador Miguel Ángel Mudarra (1984) y tomado de su libro Manual de Historia de Venezuela:
La Batalla de Carabobo fue la principal acción de guerra de nuestra independencia y la mayor de las realizadas en el territorio nacional hasta el presente. Con ella quedó afianzada la Independencia de Venezuela, si bien en lo posterior fue necesario eliminar algunos focos realistas como en los casos de Maracaibo y Puerto Cabello. En ella estuvieron representados todos los sectores sociales y regionales de Venezuela pues la unificación alcanzó su mayor apogeo; por lo cual fue el triunfo del Pueblo Venezolano unido. Por último, cabe destacar que fue la operación militar mejor concebida y perfectamente ejecutada de la estrategia bolivariana.
Sin comentarios.
Pero hasta Carabobo no llegaron las acciones de los llaneros de Páez, también intervinieron en el sitio y bloqueo de Puerto Cabello en 1823 y en muchos otros combates dentro y fuera del territorio patrio.
Otro aspecto importante dentro de la historia local narrada por los llaneros achagüenses es el hecho que tradicionalmente se ha creído y comentado que pocos momentos antes de salir de la población el general Páez con su tropa de valientes lanceros el 10 de mayo de 1821, entró a la pequeña Iglesia, oró fervientemente y prometió sí se ganaba el divisivo enfrentamiento bélico que entre patriotas y realistas se llevaría a cabo en el centro del país, él donaría para esa pequeña capilla una imagen de El Nazareno.
La batalla se ganó. Transcurrió el tiempo y en 1833 siendo José Antonio Páez Presidente de la República, encargó al tallista y ebanista caraqueño José de la Merced Rada una imagen de El Nazareno para regalársela al pueblo de Achaguas en pago de la promesa que hiciera antes de su marcha hacia el campo de Carabao en 1821. Dos años después la imagen fue traída hasta Achaguas y desde 1835 está entronizada en su iglesia la Imagen milagrosa de “El Nazareno de Achaguas”.
¿ Por qué el 10 de Mayo es el Día del Llanero Apureño ?
Entre las razones que nos llevan a reflexionar sobre la designación ---por parte del Concejo Municipal de Achaguas--- del 10 de mayo como el Día del Llanero Apureño se destacan las siguientes:
El 10 de mayo de 1821 salió de su cuartel general de Achaguas el general José Antonio Páez acompañado de los batallones “Bravos de Apure” y “Británico” rumbo al Glorioso Campo de Carabobo. Llevaba 1500 hombres de caballería y 1000 de infantería, más de 2000 caballos de reserva y 4000 novillos para alimentar el ejército patriota.
En esta importante fecha dentro del calendario de efemérides apureñas marca un hito en la historia militar y estratégica venezolana por cuanto fue un hecho planificado y ejecutado por el general José Antonio Páez, lo cual contribuyó grandemente con la logística aprovechada en la proeza ejecutada en el Célebre e Inmortal Campo de Carabobo.
La marcha que emprendió el Batallón Bravos de Apure desde Achaguas hasta Carabobo sirve de ejemplo y de refulgente espejo a las actuales y futuras generaciones de venezolanos y apureños, por cuanto representa el espíritu de sacrificio puesto al servicio de la noble causa patriota.
En los días posteriores a la heroica salida del general José Antonio Páez de su Cuartel General en Achaguas, El Libertador Simón Bolívar manifestó un justo y elocuente reconocimiento al desprendimiento, magnanimidad y grandeza de estos llaneros apureños en su desinteresada lucha por la independencia de la Patria.
Con la ardua marcha iniciada el 10 de mayo de 1821 desde Achaguas se demostró una vez más la lucha por el rescate y conservación de los valores que han caracterizado y caracterizan la idiosincrasia del llanero achagüense y que el Libertador expresó tan acertadamente en proclamas y documentos posteriores.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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