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lunes, 19 de julio de 2010

DIARIO DE VERANO. MOSCU. 2006

Edgardo Malaspina

VIERNES, 8 DE SEPTIEMBRE
Camino media hora por el bosque. En el periódico Izviestia hace un razonamiento y concluye que ahora los pobres perdieron su voz. Sorprenden los numerosos puestos de casas de cambio y bancos. Hay dólares en cada esquina. Antes perseguían a los que tenían moneda extranjera y los acusaban de fomentar el mercado negro.

Caminamos por la avenida Lénin. Pasamos por el monumento de Gagarin, orientado hacia el espacio. Llegamos hasta una plazoleta con el nombre de Lermantov ; su museo, una casita de madera está hoy cerrado.

Los trabajos de buhoneros, limpieza de las calles y de aseo urbano, es decir los más bajos y sucios son realizados por gente de las antiguas repúblicas de la URSS.

Los rusos hablan de nueva “mentalitet”, para referirse a la manera distinta de ver las cosas ahora en comparación con el socialismo. La palabra seguramente proviene del francés.

SÁBADO, 9 DE SEPTIEMBRE

Me despierto a las 9. Camino con Elf más de media hora. Leo los periódicos de ayer. Izvestia informa ampliamente sobre la explosión ocurrida en el cafetín del mercado de Cherkizovski , donde murieron varias personas . El grupo de terroristas se denomina “patriotas” en búsqueda de renacimiento de Rusia. Consideran que los culpables de los problemas del país son los “no rusos”. En primer lugar son atacados los ciudadanos provenientes de las antiguas repúblicas que conformaban la URSS.
Sin embargo las investigaciones sociológicas demuestran que los rusos colocan al terrorismo en el tercer lugar, a la hora de medir la percepción de los peligros de la nación, por detrás de los narcóticos y el alcoholismo. No obstante, todos los diarios tienen en sus páginas, y en formato resaltante, muchas propagandas sobre bebidas alcohólicas como la vodka que ahora se vende de muy variadas marcas.

Salimos a pasear por las calles de Moscú. En una tienda venden un retrato del último zar de Rusia, lujosamente decorado con hilos de oro, y con una leyenda inscrita en su parte inferior: “Nikolai II, El Libertador”. Su imagen está en todas las iglesias en calidad de santo, junto a otros mártires del cristianismo, entre velas y botellas de vino sagrado.

Hacemos una cola para entrar al Kremlin. Los extranjeros pagan una tarifa mayor. Me acerco a la caja y pido los boletos, la vendedora pregunta:

-¿Usted es ruso?

-Claro, ¿acaso no se me nota?- le contesto rápidamente y me deja pasar. Unos españoles que están detrás de nosotros intentan hacer el mismo truco pero no conocen el idioma y son detectados.
La guía explica mientras caminamos por el territorio del Kremlin. Allá la residencia de Putin, , acá la Catedral de la Asunción, el más importante templo de la Rusia de los zares con sus iconos y un cubículo de madera con muchos dibujos y leyendas: es el sitio para rezar de Iván El Terrible. Luego visitamos las catedrales de San Miguel Arcángel y la Anunciación. Por supuesto que no pudimos ser indiferentes al gigantesco cañón del zar y la campana zarina, el primero con sus cuarenta toneladas y la segunda de doscientas.

Entramos al Museo de Historia en la Plaza Roja. Fue fundado en 1872 y tiene 21 salas con una variedad de objetos y exposiciones que abarcan todas las etapas del desarrollo de Rusia desde la prehistoria hasta el acontecer reciente. Su fondo cuenta con casi 5 millones de elementos museísticos y más de 14 millones de documentos. En un rápido recorrido vemos los “rostros verdaderos” del hombre de las cavernas reconstruidos con sus cráneos originales usando la técnica de Gerasimov, un famosos antropólogo ruso; cachos de mamuts de Siberia y objetos tallados con su marfil; una canoa del neolítica encontrada en la orilla del Don; tinajas del Mar Negro con 6 mil años de antigüedad y con dibujos de espirales que significaban la eternidad del tiempo. Siguen armas de piedra como cuchillos y hachas, pero también de bronce y hierro; monedas, sarcófagos, máscaras mortuorias, vasijas en forma de osos, monedas, figuras antiguas de ajedrez, chalecos metálicos para el combate. Interesante resultan unos documentos hechos en cortezas de abedul: en uno se muestran las letras y dibujos de un niño de 7 años que está aprendiendo a escribir en el siglo XIII; en otro un hombre le propone matrimonio a una mujer. En una vitrina esta el original del Cantar de las Huestes de Igor, considerado el primer libro de la literatura rusa escrito en el 1180. Impresionante el cilicio negro junto a un ejemplar de la Biblia pertenecientes a Iván El Terrible.

En el Museo de Historia hay una exposición especial de China. Se trata de los guerreros de terracota de Qin Shi Huang, el primer emperador chino, el mismo que construyo la gran muralla. Esta colección de soldados, caballos y carretas está considerada la octava maravilla del Mundo Antiguo. Al morir el emperador debían ser sacrificados cuatro mil jóvenes para acompañarlo en el más allá. Los consejeros convencieron al rey para que aceptara un ejército de arcilla, el cual estuvo escondido por casi dos mil años hasta que fue descubierto en 1974. En la exposición que ahora vemos hay 81 piezas originales. Los soldados son altos (no parecen chinos por su estatura) y con rostros diferentes todos. Los animales y los carros de guerra están fina y hermosamente tallados.

Por Aragua pasaba un tren

MARACAY SUPO DEL PITO DEL GRAN FERROCARRIL DE VENEZUELA

Alberto Hernández

** El sitio donde está hoy la avenida Constitución fue testigo de la inauguración del Gran ferrocarril de Venezuela el 1 de febrero de 1894.
** El servicio nocturno comenzó con las primeras ferias de Maracay en enero de 1905. Se trató de una verdadera experiencia turística en la que participaron los pueblos de Aragua, los de Miranda y Caracas. Por supuesto, venía gente de Valencia, Mariara, San Joaquín y Guacara.

Para los desmemoriados o para quienes llegaron después de los cambios, Maracay fue sitio por donde pasaba el Gran ferrocarril de Venezuela, también llamado Ferrocarril Alemán. Hasta hace unas dos décadas aún se conservaban los rieles que estaban en la zona conocida como La Línea, espacio que es hoy parte de la Avenida Constitución. Quien cruzaba hacia barrio Lourdes o Santa Ana tenía obligatoriamente que mirar hacia abajo para no tropezar los vestigios de un tiempo cuando en Maracay se escuchaba el pito del tren que venía de la Estación de La Julia.
Un poco más adelante, metros después de la calle Mariño, por la misma avenido Constitución, estaba una estación, que hoy, por mandato de una alcaldía convirtió en comisaría policial. La ciudad, entonces, ha ido perdiendo su identidad gracias a los pésimos desempeños municipales, como es el caso de la plaza Girardot, totalmente remodelada, lo cual hizo que perdiera su valor patrimonial.
Una larga serpiente de hierro y madera
La idea de un ferrocarril para Venezuela fue del ingeniero inglés Robert Stephenson, cuyo padre, George Stephenson, fue el inventor del ferrocarril. Este hombre logró que Guzmán Blanco hiciera realidad el llamado período del ferrocarril inglés en nuestro país, suscrito por Robert Francis Fairlies, también ingeniero británico, quien realizó la construcción del tramo Caracas-La Guaira.
Para lograr tal cometido trabajaron unos dos mil hombres y se usaron más de 50 mil barras de dinamita, para volar cerros y abrir las brechas que permitirían el paso de los rieles desde Caracas hasta la costa central del país.
Finalmente, el 25 de julio de 1883 se inauguró el ferrocarril. En ese primer viaje desde Caracas abordaron artistas, políticos e intelectuales de la época, quienes aplaudieron y alabaron las maravillas de ese transporte. Décadas más tarde, en la primera mitad del siglo XX, Carlos Gardel atravesó la montaña desde la costa hasta Caracas en la misma máquina. El ferrocarril alemán descansa en paz.

El 1 de febrero de 1894, en lo que es hoy la avenida Constitución en Maracay, en el gobierno de Joaquín Crespo, aunque el proyecto era de Guzmán Blanco, quedó inaugurado el Gran Ferrocarril de Venezuela. O Ferrocarril Alemán. Se trató del más largo del país: una larga serpiente de hierro y madera cruzaba el mapa y daba la impresión de continuar su desarrollo, de no ser por la llegada de los camiones y los carritos por puesto, que lo desaparecieron poco a poco, hasta dejar una imagen de abandono en todas la estaciones.

De los Llanos hasta Maracay y Valencia
Los que se trasladaban -de los llanos de Guárico y Apure, así como del sur y de Guayana- hacia Caracas, Valencia o Maracay tenían que pasar obligatoriamente por la Estación de Cagua. Así lo señala la crónica. El servicio era limitado, sobre todo de noche. En el mes de enero de 1905, se amplían las posibilidades del servicio nocturno en ocasión de las primeras ferias organizadas en Maracay. Entonces la gente podía ir y venir en los trenes sin temor a quedarse en la calle. Una anécdota –que forma parte de la historia menuda- da cuenta de un vendedor de periódicos que gritaba:
-“¡ Mañana, soberbia inauguración de las Ferias de Maracay. Asistirá el gran caudillo y jefe del país, General Cipriano Castro ¡”.
La compañía adquirió 32 carros para pasajeros, 131 de carga, 30 para transporte de ganado, 6 velocípedos de vía, 6 bicicletas de vía, 30 trolies y 3 grúas. Contaba con 86 túneles y 182 viaductos. El precio de los boletos, hasta Valencia, costaba 44.75 bolívares en primera clase, y 36 en segunda.
Un libro para recordar el trenEn el hermoso libro del escritor maracayero Luis Codero Velásquez, La Venezuela del viejo ferrocarril, publicado por la Presidencia de la República en 1990, cuenta, en el capítulo “En La Julia era el cambio”, que “Víctor Cróquer, cronista y costumbrista nacido en Turmero, escribió una vez acerca del recorrido del pitante y fumador tren que se desliza –en aquel entonces- por el costillar de los pueblos aragüeños; enriquece su crónica la descripción de los alegres paseantes que van a bordo de un vagón para las festividades de La Candelaria, célebres en Turmero, y que tienen lugar los primeros días de febrero cada año. Van, en el convoy, diestros galleros de Las Tejerías, rivales arpistas de El Consejo y San Mateo; coleccionistas de lazos y coleadores de La Victoria y de Cagua, todos deseosos de disputarle supremacía a los del pueblo turmereño”.
Más adelante, Cordero dibuja el paisaje: “El bulevar de la estación de La Julia es como una “ceja boscosa, apretada de ramas, cuajada de frutos, donde el naranjo ofrece sus racimos en un abandono de leontinas sobre verdes casacas. Un cuentario de carros de mula hace una larga espera. El auriga trajeado de liquiliqui blanco y botonadura de realitos; pañuelo amarillo –reminiscencia de los tiempos de Linares Alcántara-, luce ventolero”.
No deja de contar el cronista maracayero acerca de los otros pueblos por donde pasaba el ferrocarril. Así, en su libro destaca los pueblos de Carabobo, regados en los dos valles, el de Carabobo y el de Aragua, “pues lo envuelve el mismo mundo vegetal, sólo que los separa la cuenca del lago de Valencia, cuyo tercio –o un poco más- le corresponde a Maracay…Así, a partir de Mariara, se iba a San Joaquín y al rosario de recodos de Guacara y Los Guayos, antes de entrar a la ruta final de San Blas…”.
Tanto en Maracay como en La Victoria había dos talleres de conservación y reparación de locomotoras y vagones, dirigidos por los propios alemanes. Había otro en Valencia, por los lados de San Blas.

Los últimos días del ferrocarril
Por Maracay pasaba un tren fantasma que competía con los camiones y carritos por puesto. Ya querían viajar en su lenta barriga. Los comerciantes y pasajeros preferían hacerlo en vehículos más ligeros y rápidos. Hasta que sólo quedaron los vagones y las estaciones, abandonadas en solares y avenidas. Los últimos recuerdos de la otrora muchachada de Maracay, sobre todo de la que vivía en Ciudad Tablitas y los barrio de enfrente, Lourdes y santa Ana, era lanzarle piedras a las ventanas de los vagones. O colocar piedras y obstáculos en los rieles. De esta manera, el respeto por la presencia de la larga sierpe de hierro dejó de ser en Venezuela. Una especie de soledad comenzó –décadas después- a añorar el ferrocarril. Venezuela quedó en el mundo como uno de los pocos países sin líneas férreas. Hoy, intenta de nuevo traer el ferrocarril.

sábado, 10 de julio de 2010

La literatura infantil, y el sentido ético del mágico imaginario de la infancia

Tibisay Vargas Rojas


La infancia es el rico instante en que para el ser humano todo es posible, porque todo cabe en la imaginación, y la literatura dirigida a los niños, es el mágico derrotero de las acciones, y el referente escrito de las decisiones.

El niño aborda el texto literario revalorizando, cuestionando, e imitando. Todo lector infantil o juvenil posee un cúmulo de intereses según su edad, y los especialistas de una u otra forma han tratado de clasificar etáreamente a los niños o jóvenes de acuerdo a sus intereses, tal el caso de Katherine Dunlap, investigadora de literatura infantil, quien señala una Edad Rítmica, una Imaginativa, una Heroica, y una Romántica.

Entre los tres y seis años el niño comienza su relación con la literatura, como oyente o como lector. Es la Edad Rítmica. Vive un universo sencillo donde la inmediatez, y la realidad que le rodea, acrecientan su imaginario a través de lo que la literatura le presente. Es la edad de la fascinación y el descubrimiento, la edad de repetir y sonar pues muy cercanas están las canciones de cuna. Los sonidos onomatopéyicos de los personajes, bien humanos, animales, y cosas, fascinan sus oídos y la imitación es casi instantánea, pues su sentido del ritmo es altamente agudo, y su atención al desarrollo de las acciones, bordea la emoción pura por la identificación con esos seres cotidianos que le brindan sus experiencias y le estimulan sentimientos, el niño no cuestiona, imita por placer.

La Edad Imaginativa arriba entonces entre los seis y ocho años, y su distancia con la realidad se manifiesta en su gusto por imaginar. Sueña, y a la par, la complejidad del mundo comienza a revelársele. Cuestiona, es el momento de las preguntas insólitas, el temor a lo desconocido. Se inicia en el entrenamiento de la razón llevando asida de la mano a la fantasía como el apreciado comodín de sus pensamientos y acciones. Los cuentos de hadas se enarbolan en su imaginario, como una posibilidad vivencial, anhelada y enriquecida.

Estas narraciones se originan en lo folklórico, en los relatos primitivos cuando el ser humano, al igual que un niño, temía e imaginaba que los fenómenos naturales tenían un origen mágico, y, como dice el francés reportero y crítico de arte René-Lucien Rousseau, “cuado las hadas ya no tuvieron lugar alguno en las creencias de la burguesía en ascenso, quedaron confinadas al dominio de los relatos para niños”. Este niño, al igual que aquel hombre primitivo, difumina en su mente la delgada línea que separa la realidad de la fantasía. Todos hemos nutrido esta etapa de nuestra vida con los cuentos de los Hermanos Grimm o de Charles Perrault, hemos hecho de alguna manera reconsideraciones de las situaciones de vida de “La Cenicienta”, de “Blanca Nieves”, o de “La Caperucita Roja”, hemos odiado y amado personajes, nos hemos identificado, y hasta deseado participar de sus experiencias, todo llevando el control de un imaginario que portentosamente nos hace salir airosos de un mal trance, gracias a una poción o a una varita mágica.

Cuestionar las acciones de los personajes de los cuentos de hadas, son nuestros primeros juicios críticos en una incipiente ética que aun no distingue lo real de lo imaginario, pero que se solidariza con el débil y el maltratado, que al final de relato se ve premiado, mientras que la crueldad del opresor, termina castigada y goza del más genuino rechazo.

A la pregunta de si todo esto que sucede en los cuentos de hadas es cierto, o no, debemos ser honestos sin desacreditarlos. La susceptibilidad de un niño en esta etapa, le marca de por vida. Se debe estimular su interés por la historia antigua, por los mitos y leyendas, por la búsqueda interior y la reflexión. La selección de dichos relatos debe ser minuciosa y delicada, rechazar la crudeza y crueldad extremas, entregar a sus voraces lecturas textos seleccionados, versiones que no lesionen y vulneren sino que sirvan al placer estético y al agudizamiento de la sensibilidad.

Entre los ocho y los doce años un cambio determina su gusto lector: arriba a la Edad Heroica. La imaginación sufre un detenimiento, y una etapa realista se enseñorea de su espacio mental y anímico. Los héroes tanto míticos como históricos, inspiran su imaginario. El niño se identifica y se proyecta a través del héroe, es una etapa interesantísima para darles a conocer epopeyas nacionales, personajes heroicos de la historia y mitologías universales. El niño critica y revaloriza las acciones de sus héroes, se parcializa y especula en los aconteceres, siente que esta ética del héroe le da sentido a la vida, fundamenta sus valores propios.

Al llegar a los doce años o trece años, edad en que al afinar su sentido crítico se inicia una reafirmación de su personalidad, ha arribado a la Edad Romántica. Las rebeldías propias de la adolescencia, son la clara señal de su inconformidad ante las imposiciones o ante todo aquello que no se ajusta a su sentido. Sus juicios de valor obedecen a una bien alimentada personalidad cuyos rasgos perfilan al futuro adulto que desea escudriñar al mundo a profundidad, invertido en un carácter romántico y caballeresco. La épica, y los libros de aventuras nutren su ya ambicioso gusto lector. Las vidas ejemplares los colocan ante una reflexión humanística y sensible, amén de un disfrute más exquisito en la contemplación de la vida.

Todo este periplo en la infancia y juventud lectoras, se cumple con sus variantes en función de las condiciones humanas tanto genéticas, como sociales y demás, es asunto del lector adulto, cercano a este lector en formación, ser el solícito y atento asistente del proceso a fin de garantizar el felíz desarrollo de un individuo.

En las manos y las páginas de padres, maestros, y autores, yace sensiblemente la responsabilidad del fundamento ético que detrás de todo imaginario labra conciencias, y define personalidades. Leamos para nuestros niños, entreguemos lecturas a nuestros niños, y más, leamos para el niño que nos definió, y aun vive.

viernes, 9 de julio de 2010

UNA CANCION CELTA PARA MARCO NATERA MUMAW

Adolfo Rodríguez


Los celtas, como cultura de los comienzos, presumimos que participan de ese celo religioso en bien de este cristal que habitamos. Que fue el caso de Marco Natera, emparentado, por los Mumaw, con aquellos primigenios pobladores de Irlanda. Lo guiaba una sensibilidad, a flor de piel, en bien de esos minúsculos manantiales sin los cuales no es posible el flujo universal. Mística búsqueda en que ocupa buena parte de su corta y preciosa vida con el recurso casi estricto de su corazón. Con amoroso tino izaba especies en extinción o desconocidas y las retornaba a sus hábitats o preservaba en apuntes para el inventario de cuanto conviene amar. Entrega sin reservas, para bien de unos latidos, en los que puso el certero temple con que entonó su guitarra y atipló su voz.

Sumido ya en la bruma que se apodera de la milenaria cultura de la que procede, destina para mí dos CD con música celta. Y deambulando por tierras que sus ancestros también colonizan, sabemos, su amiga Clara, Clara Rosa y yo, de que se ha ido a una esfera que su apacible genio no desestimó. A nuestro alrededor el ceremonioso concierto de paisajes tallados a la medida de una utopía en la que creyó y vivió. Un imperativo ecológico que sobrevive en ámbitos donde dioses, hombres y sus sombras se dan la mano. La isla mítica donde flamea la bandera de los Beatles, a quienes admiró tanto como a los montes donde relampaguea el eco de Loyola o el Carrao de Palmarito. Cada milímetro sacrosantamente dispuesto en ese orden que quiso. Tal que en un solo condado enumeramos más de cincuenta áreas forestales, conservadas, protegidas, resguardadas y mantenidas. Que el solar donde bullen células tan cercanas a las suyas, la naturaleza recobra su rango: piedras, plantas, animales, hombres y sus prístinos testimonios, honrando el gesto amable que hubo en este santo guardián de Gaia. Una energía, amigo Marco, que gracias a tu fe y la de cuantos te acompañan, aflorará también en el suelo donde naciste la última vez.

martes, 6 de julio de 2010

Tres recuerdos, tres inspiraciones, tres libros.

(Semblanza del Ing. César Humberto Ramos, notable escritor apureño)


EN homenaje A diferentes escritores apureños,

dentro del marco de la celebración del

DÍA INTERNACIONAL DEL IDIOMA CASTELLANO.

SAN FERNANDO DE APURE, 23 ABRIL DEL 2010


Elisur Emilio Lares Bolívar

Antes de empezar mi disertación debo hacer dos aclaratorias:

Primero, la bibliografía utilizada en este trabajo está basada fundamentalmente en tres libros, cuyo autor es precisamente César Humberto Ramos: Remontando el Apure Viejo (Desde 1931 hasta 1952), (crónicas), Romance en el Caramacate (Mi Borita) (novela) y Mi llanto por llanura (ensayo).

Segundo, sus amigos de infancia y juventud, especialmente el Prof. Manuel Bermúdez, --recientemente fallecido y otro de los homenajeados en este día--, lo llamaban en otros tiempos y lo siguen llamando cariñosamente “Cesarito”, de ahí que en varias oportunidades dentro de este perfil o semblanza, también nos referiremos a él como “Cesarito”. Esperando que esto no se vea como una falta de respeto de este autor hacia su persona.

Una vez aclarado esto, iniciamos la semblanza.

César Humberto Ramos es poeta, humorista, cronista, narrador, apureño notable, Ingeniero Agrónomo y Magister en Extensión Agrícola, entre otras capacidades y cualidades.

Sanfernandino de nacimiento. Vino al mundo en la esquina de El Relámpago el 17 de enero de 1931. Hijo de don Marcos Lira y doña Auristela Ramos, de cuya unión sentimental fueron procreados siete retoños: Belén, Emma, Simona, Guillermina, Rosa, Lilia y César. Por lo cual se observa que fue el único varón y último de 7 hermanos.

Sus primeras letras las aprendió en la Escuela de las hermanas Velásquez, donde la “niña” Candelaria enseñaba con afán y entusiasmo. Más tarde estudió en la Escuela de doña Andrea Hurtado de Santamaría, ubicada en la esquina de El Chimborazo, cruce con las calles Muñoz y Boyacá. Allí vivía doña Andrea con sus hijas Blanca Hurtado de García y Rosa Lerma Hurtado; su yerno José García y su nieta Edith.

Sin embargo, a pesar de estudiar en estas dos escuelitas privadas, toda su educación primaria la realizó en la Escuela Federal “Agustín Codazzi” de San Fernando de Apure dirigida magistralmente por el recordado y talentoso maestro Pablo Domingo Botello.

Recuerda el propio César Ramos que esta Escuela Federal “Codazzi” dejó para él una estela de recuerdos imborrables, tanto por la entrega y el sacrificio invalorable de sus muy capacitados maestros, como por el fruto educativo que fue dejando a su paso, año tras año, en él y en cientos ex-alumnos que jamás defraudaron la férrea voluntad de su afamado y rígido director.

Señala además nuestro homenajeado en uno de sus libros “Mi tiempo infantil transcurría en entre ir a la escuela, hacer la plana, jugar la candelita, metras, gurrufío, volar papagayos y hacer los mandados de la casa”.

Así, su vida infantil y de adolescente transcurrida en el barrio Perro Seco, al sur de la ciudad, estuvo colmada de alegres vivencias y anécdotas al lado de su familia, de sus amigos Manuel Bermúdez y Tomás Zoppi, y sus demás compañeros de clase y aventuras dentro de los sanos juegos de la muchachada sanfernandina de su época.

Múltiples son los recuerdos de chanzas, anécdotas, juegos, jocosidades… que evocaba el profesor Manuel Bermúdez en sus amenas crónicas publicadas en revistas y periódicos caraqueños, donde Cesarito Ramos estaba directamente relacionado con ellas, o simplemente era directamente el protagonista.

Su educación secundaria la inició en la misma capital apureña en el Colegio Federal “Miranda”. Para esos momentos, recuerda el propio César Ramos “Ya en sus aulas empezaban a destacarse como brillantes estudiantes los jóvenes José Vicente Abreu, Williams y Elizabeth Salas, Tomás y Elena Zoppi, Abilio Porras, Humberto Guzmán Wihdevoxebel, Rafael Elías Pérez, entre muchos otros jóvenes sanfernandinos”.

De los salones del Colegio Federal “Miranda” egresaron numerosos estudiantes quienes posteriormente se destacaron en las diferentes ramas del saber universal.

En 1946 el Colegio Federal “Miranda” dejó de llamarse así, cerró su capítulo educativo para siempre y pasó a denominarse Liceo “Francisco Lazo Martí”, bajo la dirección del Prof. Walter Michellangeli, contando en su planta profesoral con un selecto grupo de destacadísimos profesionales de primera línea, entre quienes el propio César Ramos recuerda a Elisa Díaz, Manuel Grüber, María Mayol Rodríguez, Alfredo Monthoux, Pedro Elías Hernández, Edgar Domínguez, Humberto Barrios y María Josefa Salerno, entre otros.

De esa época de oro del Liceo “Lazo Martí”, nuestro homenajeado mantiene agradables recuerdos de sus condiscípulos Carlitos Boggio, Mario Laprea, Arturito Álvarez, Olga Abreu, Josefina Naranjo, Carmen Aliria Chacón, Arnoldo Arana, entre otros; Sin embargo, la educación secundaria la culminó en el prestigioso Liceo ”Pedro Gual” de la ciudad de Valencia, donde egresó como Bachiller de la República.

Es importante destacar que al egresar del sexto grado de la Escuela Federal “Codazzi”, un nuevo sin fin de inquietudes bullía en su mente y su corazón. Para ese momento ya leía periódicos y, al trabajar en la Imprenta del Estado como componedor, necesariamente tenía que leer artículos de opinión de mucha o mediana profundidad sobre aspectos políticos, económicos, sociales y culturales tanto a nivel regional como nacional; con lo cual, fue conociendo mejor su región, su país, sus recursos, potencialidades, necesidades y sus limitaciones.

Todo ello obligó a su familia y a él mismo --cuando estudiaba en el Liceo “Lazo Martí”-- a pensar seriamente en la posibilidad de continuar sus estudios de bachillerato en otra región del país donde en realidad hubiese oportunidad para ello. Es por eso que a principios de la década de los años cincuenta --del siglo pasado-- tuvo que dejar su familia, sus amigos y su querido San Fernando para ir a estudiar en el Liceo ”Pedro Gual” de la capital carabobeña y posteriormente iniciar la carrera de Agronomía en el núcleo de la UCV de la capital aragüeña. Así, al igual que muchos otros coterráneos de la misma o de distintas generaciones, tuvo salir de su ciudad natal para incursionar en los diferentes campos del saber.

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Pasado el tiempo, y enseriando su vida sentimental contrajo matrimonio con la joven Teresita Córdova, de cuyo feliz hogar nacieron: María Teresa, María Auristela, María Eugenia y María Carolina.

Estas cinco últimas damas vinieron a completar el número doce, pues ya había siete que lo precedieron: su madre y seis hermanas. Al respecto, es curioso como este notable escritor sanfernandino presenta la dedicatoria familiar de uno de sus libros: “A mi madre, A mi esposa, A mis hijas, A mis hermanas”. Toda una vida familiar rodeado de mujeres.

A continuación se inserta un ejemplo sencillo, pero muy significativo que lo que simboliza y representa para César Ramos el amor fraterno de él para con sus hermanas y viceversa. Este ejemplo no es otro que la dedicatoria escrita de su puño y letra que le obsequió a su hermana Emma al momento de reglarle su obra “Remontando el Apure Viejo”. Acá la dedicatoria:

”Para mi querida hermana Emma:
Las ideas contenidas en cada uno de los capítulos aquí narrados, estuvieron estimulados por el cariño de todas ustedes.
Acá revivo un pasado con la ayuda de ustedes, aunque gran parte fue basado en mis experiencias juveniles, pues ustedes participaron en mis recuerdos con el sentimiento más profundo alojado en mi corazón de hermano: El Amor.
Con todo mi cariño,
César Humberto Ramos. 26 – 2 – 1988”.

Hermoso, sentimental. Sin más comentarios.


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En cuanto a su profesión, y ya como Ingeniero Agrónomo, durante más de 20 años desempeñó diferentes cargos dentro del Ministerio de Agricultura y Cría, pues fue desde Agente de Extensión hasta Director de Región del M.A.C.

Así mismo, laboró como Director General del INCE-Agrario, Asesor del Conicit y Gerente de la Fundación para la Capacitación e Investigación Aplicada a la Reforma Agraria (CIARA).

Dentro de su campo laboral ha publicado diferentes trabajos en distintas revistas y periódicos del país relacionados con su profesión.

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Pero el asunto que nos compete ahora, es su desenvolvimiento como escritor, como cronista, como notable apureño destacado en el mundo de las letras.

En este sentido, su génesis lo localizamos cuando --siendo estudiante del Colegio Federal “Miranda”, luego de la Revolución de Octubre de 1945-- fundó al lado de Mario Laprea y Benicio Rodríguez, un periodiquito denominado “Relámpago”, que vendían a medio, es decir 0,25 de bolívar.

¿Y por qué se llamaría así? ¿Recuerdan el nombre de la esquina donde nació nuestro personaje? ¿No sería que ese nombre lo llevaba él en lo más profundo de su alma y de su corazón y lo impuso por encima de los posibles nombres presentados por sus dos compañeros periodistas? Es posible.

Muchos años después, publicó para su familia y amigos más íntimos un manojo de versos en un poemario humorístico titulado “El Turpial del Buen Humor”, el cual tuvo mucho éxito y buenos comentarios entre sus conocidos y amigos.

Posteriormente, en 1988, con motivo de celebrarse el Bicentenario de su ciudad natal, apareció a la luz pública su primer libro “Remontando el Apure Viejo (Desde 1931 hasta 1952)”, un conjunto de crónicas, añoranzas y remembranzas sobre hechos históricos y situaciones ocurridas en San Fernando entre los años 1931 y 1952.

En la presentación de dicho trabajo el autor comenta ente otras cosas lo siguiente:

Remontando el Apure Viejo, ha sido producto de una vieja aspiración, retenida en mí mente por muchos años, de narrar y describir muchos episodios interesantes del acontecer apureño, entre los años de 1931 y 1952, años extremos de mi nacimiento, hasta el año cuando prácticamente los estudios universitarios me fueron alejando paulatina y físicamente de San Fernando. (…) Hoy, un tanto alejado de mi ciudad natal, remonto el Apure viejo, pero no en lancha, ni en bongo, ni siquiera en canoa; sino cabalgando el potro del recuerdo con las riendas de mi pluma, para saborear en la meta de mi rumbo, el triunfo del pensamiento sobre la distancia y el tiempo. (Hermoso, digo yo).

Posteriormente, pero en la misma presentación, el autor acota lo siguiente:

Considerando la variabilidad de temas que se abordan en cada uno de sus capítulos, esta obra ’Remontando el Apure Viejo‘ se desenvuelve entre una prosa de sencillez literaria, complementada con una prosa humorística indispensable, de manera que cada uno de los personajes y la circunstancias donde se vieron involucrados, estén representados en su fiel escenario.

Respecto a la variabilidad de los temas evocados en “Remontando el Apure Viejo (Desde 1931 hasta 1952)”, se pueden traer a colación los siguientes:

Remembranzas infantiles y familiares, estudios, juegos, la Plaza Libertad, la Laguna de Perro Seco, sitios turísticos y pintorescos de San Fernando, la Plaza Bolívar, retretas, la antigua Iglesia Parroquial, la Semana Santa, la quema de Judas, las misas de aguinaldo, las mujeres más bellas de San Fernando desde 1931 hasta 1952, el deporte en la capital apureña, el stadium “Jobalito”, humor y personajes sanfernandinos, algunos sobrenombres, y finaliza esta obra con un Glosario de palabras utilizadas en San Fernando entre los años 1931 y 1952.

En cuanto al San Fernando que César Ramos le correspondió vivir en su época infantil, el Prof. Manuel Bermúdez acotó lo siguiente:

César Humberto Ramos pertenece a la última generación de apureños que, siendo niño, se nutrió de la cultura que llegaba por el río. Apure era entonces un camino fluvial que, a través del comercio, abastecía a todos los pueblos ribereños. Y al mismo tiempo era el brazo que sacaba los productos de la tierra para otros lugares del mundo.
Hasta el malecón del palacio comercial de los hermanos Barbarito llegaban barcos de chapaleta y motonaves para descargar mercancías. Y San Fernando, la capital del estado, parecía una postal de un país lejano, vista desde Puerto Miranda, en la otra ribera.
Cuando venía la época de lluvias, el caudal de las aguas se salía de sus cauces y la llanura baja de Apure se convertía en un mar tranquilo, poblado de garzas, garzones y corocoras.
El agua de la inundación llegaba hasta las calles del sur de la ciudad, donde atracaban bongos y canoas cargadas de leche, jojotos, yuca, topochos y otros productos de los fundos vecinos, donde la vida trascurría plácida y tranquila, porque sus moradores, ya estaban acostumbrados a las largas sequías del verano y las grandes inundaciones de la época de lluvias”.

Palabras más palabras menos, ese fue el San Fernando que vivió para aquel entonces niño Cesarito Ramos.

Su segunda obra literaria la publicó en 1992, su título: “Romance en Caramacate (Mi Borita)”. Se trata de una novela “fresca, ingenua y sentimental”, cuya trama se desarrolla por el año de 1946, en un fundo situado a la margen izquierda del caño Caramacate, a siete kilómetros aproximadamente al sureste de San Fernando de Apure. Es una narrativa de aspecto costumbrista, relacionada con el llano apureño.

Al respecto, su compañero de infancia y amigo, ya varias veces citado Prof. Manuel Bermúdez señaló lo siguiente:

Cesarito Ramos salía de vacaciones de la Escuela Federal “Codazzi”, que dirigía el maestro Pablo Domingo Botello y se iba para un fundo cercano a pasar la temporada de los meses de agosto y septiembre. Los viajes constantes, el contacto con la tierra y con la geste de aquellas comarcas se fueron sedimentando en esa región del alma y del cuerpo donde los recuerdos afloran de pronto en un sueño, y uno no sabe si dejarlos pasar como una película, donde uno hace el papel de protagonista, o si encarcelarlos en las rejas tipográficas de un libro.
César tuvo sus reservas, porque de ingeniero agrónomo, que cultiva la tierra a ingeniero que cultiva las letras, hay cierta diferencia. Sin embargo, el poder del recuerdo y el empuje del río produjeron el desborde de las palabras en un texto que viene en forma de novela, que él llama novela fresca, ingenua y sentimental, porque Romance en el Caramacate, tiene todos esos ingredientes psicológicos que alguna vez sirvieron para dar comienzo a una poesía romántica.

Manuel Bermúdez continúa en su prólogo con la siguiente afirmación:

Romance en el Caramacate tiene el curso narrativo de un río del llano. Su historia corre sin dificultad por el curso de lo cotidiano. Cuando lo ingenuo y lo sentimental se sale de su cauce, el relato no se inunda para ahogar los personajes, no, sino más bien para buscarles un drenaje al sentimiento o a la emoción; porque el territorio donde ellos se mueven, el fundo “La Igualdad”, es, más que un lugar geográfico, un espacio literario, en el cual la realidad se mezcla con la ficción.
El tejido verbal que cubre la historia es de una sencillez que raya en lo coloquial. Se pudiera decir que la historia es una larga conversación. El diálogo, en forma expresiva, impone su dominio sobre las descripciones y narraciones. Por otra parte, Romance en el Caramacate tiene su forma especial de contar los hechos, que podría compararse con el relato telenovelesco de corte rural.

En cuanto a la tercera fuente considerada para apoyar bibliográficamente esta semblanza es el interesante trabajo titulado “Mi llanto por la llanura. Ensayo histórico, literario y técnico, sobre la llanura apureña durante las primeras cuatro décadas del siglo XX (1900-1940)” el cual desde ahora en adelante lo llamaremos “Mi llanto por la llanura“.
En esta obra, nuestro homenajeado, plasma todo su amor y pasión por el terruño que lo vio nacer. Como afirma el presentador del libro:

César Humberto Ramos lleva al lector a un viaje por el imaginario llanero. Esta investigación es una aproximación bastante certera a ese mundo llanero, mezcla de bucolismo salvaje y de naturaleza fastuosa. Seguramente este libro es una bitácora para todos aquellos que quieran acercarse al llano: definitivamente un espacio donde el hombre y la naturaleza conviven en armonía. Un lugar donde el ser humano se hace lluvia vibrante y vuelo esplendoroso del ave que surca el espacio de la inmensidad, un lugar donde se develan los misterios de la naturaleza.

Pero dejemos que sea el mismo César Humberto Ramos, con sus palabras repletas de nostalgia plasmadas de la introducción de este libro, que nos refiera a grandes rasgos la esencia de su contenido, nos explique el por qué del título de dicha obra y por qué lo escribió:

Es el peregrinar de los recuerdos que se derraman en mis sentimientos por todo cuanto viví en mi llanura, no muy recientemente, cuando vacunaban cachilapos y orejanos en el hato El Cedral, allá por el año 1951. También es la evocación de todo cuanto me fue dado a conocer por los peones cedraleños, sobre las penurias y alegrías que se vivían en ese espacio del llano apureño (…) que ahora se ensambla en mis remembranzas como un LLANTO de la llanura infinita que se perdió en el horizonte, confundido en el ocaso con los últimos rayos de un sol vespertino (…)
TRISTEZA de la tonada viajera que, con el quejido de sus lánguidos versos, ha sido fiel y consecuente compañera de su partida. Y es que parte de esa estampa llanera se ha MARCHADO dejando una estela de incertidumbre en el corazón de los copleros (…)
NOSTALGIA por la desaparición de costumbres, creencias y valores que estuvieron arraigados en la inocente mentalidad de ancianos, mujeres, peones y campesinos que supieron vivir con estoicismo todas las vicisitudes de su condición social (…)
AUSENCIA de Cantaclaros y Florentinos que tomaron el sabor del verso directamente del inmenso jardín de su paisaje llanero, que lo vivieron espontáneamente para poderse compenetrar con él (…)
Gran parte de tu espontaneidad y de tu naturalidad se ha PERDIDO, mi querida llanura, porque el avance de la civilización ha TRASTOCADO tu lozana presencia para maquillar tu cuerpo con un nuevo perfil de arena y granzón (…)
(…) mi querida y vieja llanura, hoy quiero reivindicar tu nombre y la magnitud de tu presencia ante las nuevas generaciones (…) le voy a explicar a todos (…) mediante remembranzas sencillas, cómo estaba tu corazón repleto de paisajes; de tus bellas lagunas de aguas cristalinas rodeadas por la blancura de tus garzas y tus lirios sabaneros; (…) De tus hatos y modestos conucos enclavados en lo más profundo de tu ser (…) De tus sencillos y humildes llaneros que extremaron sus angustias en lomos de briosos caballos enlazando el ganado cerril (…) De las bellas Mariselas y Marialayas dispersas en cada rincón de tu horizonte, esperando el canto para escaparse con él.
Todo esto has sido tú, mi querida y vieja llanura, y por eso hoy suelto con angustia el LLANTO de mí recuerdo.

En la introducción de su último libro, este apureño ejemplar nos demuestra una vez más su entrañable amor y pasión por su tierra natal, su gente, su cultura, costumbres, geografía y su historia.

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Ya para finalizar este perfil, esta semblanza, AFIRMAMOS que por todo lo comentado hasta ahora y fundamentado básicamente en estos tres libros que han llegado hasta nosotros (dos de crónicas y uno novelado), César Ramos, uno de nuestros homenajeados en el día de hoy, a pesar de ser un estudioso de las ciencias del agro, forma parte de ese pequeño grupo de grandes escritores y narradores apureños… Que pertenece a esa escasa elite de intelectuales y auténticos valores notables que han dado lo mejor de sí aportando su cuota de cultura y de letras a éste su terruño natal.

A todos ustedes, muchísimas Gracias.

Elisur Emilio Lares Bolívar.

San Fernando de Apure, 10 de abril del año 2010.-


FUNTES CONSULTADAS


RAMOS, César Humberto (1988) Remontando el Apure Viejo (Desde 1931 hasta 1952). Maracay. En el bicentenario de la Fundación de San Fernando. Editorial El Aragüeño.

RAMOS, César Humberto (1991) Romance en el Caramacate (Mi Borita). Maracay. Talleres de Industria Gráfica Integral C.A.

RAMOS, César Humberto (2009) Mi llanto por la llanura. Ensayo histórico, literario y técnico, sobre la llanura apureña durante las primeras cuatro décadas del siglo XX (1900-1940). Caracas. Colección historias. Editorial El Perro y la Rana.