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domingo, 21 de marzo de 2010

JUAN JOSÉ RONDÓN Y EL FERVOR DE LOS COLOMBIANOS POR SU PERSONA

Manuel Soto Arbeláez



La gran batalla de Rondón en Pantano de Vargas. Tomado de Gillette Saurat, Presidenta de la Sociedad Bolivariana de Francia, en su obra Simón Bolívar Le Liberator: “La táctica salvadora improvisada a última hora por Simón Bolívar (en el llamado Pantano de Vargas), consistió en primer lugar colocar en reserva casi toda su caballería, legión británica y llaneros. Se quedarían encerrados en el patio de una hacienda situada al pie de la cota que había convertido (Bolívar) en su puesto de observación. Consistía también en enviar al resto de sus tropas por olas sucesivas, con orden de disputar el terreno milímetro por milímetro, a sabiendas claramente que no estaban en capacidad de resistir frente a la presión de los españoles. El resultado era que con cada repliego de los patriotas se incitaba a Barreiro (jefe español) a comprometer parte de sus reservas para lanzarlas contra ellos. La acción se había iniciado a las once de la mañana. A las cinco de la tarde, los republicanos intentaron un nuevo ataque. El jefe realista, para repelerlos y acabar de una vez por todas, utilizó el resto de sus tropas. Los patriotas retrocedieron en desorden y se creyeron perdidos, con un enemigo encarnizado que les pisaba los talones y cuyo ardor se decuplaba (ie, se multiplicaba por diez) ante la perspectiva de un triunfo inminente. Fue el momento que escogió Bolívar para lanzar la masa de sus tropas frescas.


La legión británica en primer lugar. Con james Rooke a la cabeza, cargó y se echó en el combate. Desconcertados, con su avance detenido, los españoles, sin embargo, seguían luchando bravía y encarnizadamente, y era incierta la suerte de la batalla. Bolívar seguía cuidadosamente, con su catalejo, las fases del combate. Detrás de él, percibía la agitación de algunos llaneros, llegados ante las noticias y que temblaban de impaciencia. Pero todavía no había llegado el momento. Eran las seis de la tarde cuando por fin el Libertador se volteó hacia el jefe llanero Juan José Rondón.


Coronel, gritó, ¡a usted le toca salvar a la patria! Rondón, un negro, hijo de esclavo (aquí la historiadora francesa se equivocó ya que Rondón no era hijo de esclavos. Llevaba como segundo apellido Delgadillo. Ver trabajo de don Miguel Méndez Ramírez sobre la vida del héroe para conocer sus orígenes en Espino); electrizado, se desprendió como un resorte largamente comprimido y descendió, a galope tendido y con lanza en punta, por la colina, en dirección de la batalla. Detrás de él, catorce llaneros arrastrados por el ejemplo y la voz del líder: “¡Que los valientes me sigan!” clavaban las espuelas sobre sus monturas. Catorce fieras que surgieron en el medio de las filas enemigas, para perforar con sus lanzas a los infantes espantados que rápidamente fueron sumergidos por el resto de la caballería llanera, que siguió de cerca la heroica carga de Rondón. (Fin de la cita).


Pero ¿quiénes fueron los 14 valientes que acompañaron a Rondón, 15 con él?: 1. Coronel Juan José Rondón. 2. Capitán Juan Mellao (¿Julián Mellado?). 3. Capitán Valentín García. 4. Capitán Miguel Lara. 5. Capitán Domingo Mirabal. 6. Capitán Celedonio Sánchez. 7. Teniente José de la Cruz Paredes. 8. Teniente Pablo Matute (¿Domingo López Matute?). 9. Teniente Pedro Lancheros. 10. Teniente Rozo Sánchez. 11. Teniente Bonifacio Gutiérrez Zambrano. 12. Subteniente Saturnino Gutiérrez Daza. 13. Subteniente Miguel Segovia. 14. Subteniente Pablo Segovia. 15. Sargento Inocencio Chincá. En Colombia se le han hecho homenajes a Rondón. Existe un municipio que lleva su nombre en Arauca. Hay un colegio militar del cual es epónimo, barios en diferentes ciudades llevan su nombre y, es más, también tiene un himno en su honor tomado de google, que reproduzco:


Suena un clarín de batalla

y de Rondón se oye el grito;

y con un brío infinito

se encabrita su caballo.

Su lanza despide rayos.

Torva la faz del llanero,

sus ojos son un brasero

que alimenta su valor;

sus brazos hacen honor

a su estirpe de salvaje,

lleno el pecho de coraje

y odio hacia el español.

Con agonizante sol

y ensangrentada su lanza,

sin sentir temor avanza,

como raudo ventisquero,

este intrépido llanero,

centauro de la sabana,

tormenta que se besó

grana en los páramos sombríos

do su corazón herido

de amor por la libertad,

pudo en Pisba derrotar

al odiado chapetón

dando de valor lección

en Bonza, Paya y Corrales.

Volcán de furia a raudales

nadie pudo domeñar.

Siempre lo vieron pelear

de primero en las batallas.

Ni el cañón, ni la metralla

lo lograron contener.

Su valor hacía temer

las huestes de los hispanos.

Juan José, hijo del llano,

pendón de valor y fe.


En Pantano, gloria y prez

de las tropas patriotas

fue causa de la derrota,

del odiado chapetón.

En Vargas con sus lanceros,

con sangre escribió la historia

y nació para la gloria,

y honor del pueblo llanero.


Pintura (tomada de Google) del coronel Juan José Rondón del colombiano Constancio Franco. Nótese que el pintor modificó la fisonomía “afro” de Rondón al perfilarlo, alisarle los cabellos y ponerle labios finos. Esta es una mala costumbre de los pintores que quieren cambiarle la fisonomía de los héroes cuando estos no tienen rasgos caucásicos. Rondón siempre fue orgulloso de su raza. Este cuadro se le atribuye también al prócer pintor colombiano José María Espinoza.