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jueves, 29 de abril de 2010

DIARIO DE VERANO. MOSCÚ, 2006.

EDGARDO MALASPINA

JUEVES, 7 DE SEPTIEMBRE

El viento sopla fuertemente y hace frío. Paseo media hora con el perro. Llegó hasta la estación del Metro Kitai Gorod. Luego de preguntar mucho y sortear todo tipo de entradas y caminos encuentro el museo de Maikovski. Fue creado en 1937 en el apartamento donde vivía el poeta. Allí están sus cosas personales: muebles, cuadernos de notas y libros. En museo está diseñado en esa atmósfera futurista, corriente artística seguida por Maiakovski, quien pretendía romper con el pasado para construir el porvenir irrespetando las reglas y normas del arte y la literatura: hay un desorden premeditado en las exposiciones y colocación de los objetos. A una silla le falta una pata, una mesa tiene sus cuatro patas desiguales, una Venus de Milo yace en el piso destrozada para negar el arte convencional, dibujos de jirafas significan algo grande. Unas bolas metálicas unidas por un mecate nos muestran la pesadez de la rima que el poeta debe arrastrar. Las pinturas tienen líneas irregulares. Un cuadro de Nicolás II, el último zar, está colocado al revés para indicar su derrocamiento. Los afiches propagandísticos de Maiakovski a favor de la revolución están sobre el piso. Una máquina de escribir está pegada a una pared. Camino y llego hasta la habitación donde el poeta se quitó la vida de un plomazo. Allí está el diván donde dormía, su biblioteca, su escritorio, la chimenea. La guía se acerca y me dice: “La camisa que llevaba el día de su muerte la tenemos en el depósito. Aún tiene rastros de sangre y la sacamos en ocasiones especiales”. Me muestra los últimos zapatos del poeta. Son de color marrón y grandes, calzaba más de 45.

El museo está pintado con colores oscuros, tiene varios pisos y lo recorro de arriba hacia abajo por una escalera en forma de espiral. En un lado está un retrato de Diego de Rivera con una nota sobre el movimiento literario ruso “inspirado cada día más en los dolores de la vida del pueblo y en la cruda exposición de su miserias y en sus nobles ansias de mejoramiento social merecedor de toda atención y estudio”.

En una columna está una Mona lisa sin dos dedos en una mano. En unas jaulas de hierros hay algunos papeles.

Al final del recorrido varios de los visitantes empezamos una tertulia. Una señora dice que en el 2002 el museo fue visitado por la hija de Maikovski, quien es ciudadana norteamericana. Alguien estornuda y la guía dice: “ ¡Fijense que es verdad ¡”. En efecto, los rusos creen que si alguien estornuda cuando se habla, entonces lo dicho es veraz.

La guía, una anciana pasada de kilos, dice: “Si, si. Yo la recibí y le pedí que me mostrara el boleto de entrada. Me dijo que no lo tenía. Luego se identifico y yo sentí vergüenza. Me puse roja como un tomate”.

Un señor , ingeniero constructor según sus propias palabras, dice: “ El museo es pesado. El color marrón es negativo. A Maiakovski lo mató la KGB. Tenía sífilis. Las mujeres por eso lo rechazaban”.

Interviene la guía:

-A las personas se les califica de la cintura para arriba. No es honorable hablar de las partes bajas.

Llego hasta el Museo del Ajedrez, ubicado en un edificio que sirvió también de club para los ajedrecistas de Moscú en el bulevar de Gogol . Cerca está una casa que perteneció a los decembristas, el grupo de militares que trató de derrocar alzar en el siglo XIX.

El Club de Ajedrez fue fundado en 1956 a petición de Botvinik, Smislov y Petrosián, entre otros grandes maestros del juego. Aquí se juegan las eliminatorias para seleccionar el equipo ruso que participará en los torneos mundiales. Además de los mencionados han jugado en el club Tal, Spaski, Karpov, Kasparov y Fisher, quien una vez visitó Moscú para jugar con Petrosian.

En el se editan la famosa revista rusa sobre ajedrez “64” , y los periódico “Analisis ajedrecístico”y “Semana del ajedrez”. Este último fue dirigido por Spaski.

El Museo del Ajedrez se abrió en los espacios del club en 1980. La directora Tatiana Kolesnikovich me muestra las exposiciones con sus respectivas explicaciones. Hay juegos de casi todas partes del mundo. Uno de origen chino se lo regaló Mao Setung al doctor Vasilenko por haberle curado una gastritis. Otros, también de China tiene por piezas unos jeroglifos y fue inventado para los más pobres Hay varios fabricados por los presos del Gulag : uno de madera, otros de palitos de fósforo, y otros más de alambre púas .Un juegos fue hecho tomando en cuenta las condiciones de la gravedad especialmente para los cosmonautas . Un ajedrez con figuras de cartón fue elaborado en Leningrado durante su blocada en la segunda guerra mundial. Un ejemplar de Mongolia tiene de reyes a unos pastores de ovejas. En rey Federico de Alemania se enfrenta a Napoleón en otro juego con sus soldados en uniformes de la época. Hay uno con imanes para las carreteras; mientras que para los barcos hay otro diseñado en forma de porfiados.

El de figuras en miniatura se lo obsequiaron a Brezhnev. La mesa en la cual jugaron Karpov y Kasparov el campeonato mundial en 1984-1985 está con su tablero y figuras. La directora me permite sentarme frente a ese mueble, escenario del campeonato más largo de todos los tiempos con 48 partidas. Casi doce mil libros sobre el juego están en la biblioteca, incluyendo unos muy antiguos escritor por Philidor . En la galería hay bustos de algunos personajes que amaban el juego: Iván El Terrible, Napoleón, Voltaire, Pushkin, Lermantov, Turguenev, Lenin y Gorki .

Los trabajos de buhoneros, limpieza de las calles y de aseo urbano, es decir los más bajos y sucios son realizados por gente de las antiguas repúblicas de la URSS.

Los rusos hablan de nueva “mentalitet”, para referirse a la manera distinta de ver las cosas ahora en comparación con el socialismo. La palabra seguramente proviene del francés.