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miércoles, 5 de diciembre de 2012

San Sebastián de los Reyes y sus Personajes. Un hombre práctico: Alberto José Zapata Delgado.


  Tulio Rafael Durán Vegas*


Este personaje es un hombre silencioso que, casi siempre,  me dice ante cualquier adversidad: “los últimos serán los primeros”. Sentencia muy sutil recogida de las Sagradas Escrituras que, sin lugar a equívoco, expresa a simple vista como fisgoneo, la queja que aflora -con gran altruismo- ante los que, por su conducta egoísta, presentan esta sintomatología en la cual ponen primero su celo profesional por encima de los demás sin antes reconocer algún mérito y, regularmente, lo tiran a la borda como producto del capricho de la ignominia y su conducta ególatra. Pero, en la regla –muy a menudo-  hay grandes excepciones;  entre ellas, la de este amigo mencionado que, en su más profunda y dilatada bondad, sin escatimar esfuerzos, me hizo entrar de primero al mundo de su taller siendo el último para ofrecerme -sin pensar mucho- todo el valor que posee como artesano y pintor al llevarme de la mano, a conocer su creación anónima. Por otra parte, con un claro ejemplo de desprendimiento,  me ofreció sin costo alguno, hacerme el montaje de unas litografías de famosos, con un marco atípico, que me regalara el artista  folklorista del Caribe y Latinoamericano Tico Jiménez, nacido en Costa Rica y nacionalizado venezolano,  más otras del  Dr. Jorge Antonio Osorio. En ese pequeño mundo, Alberto  el artesano pintor y escultor, me  invitó a presenciar su creación anónima señalándome  un lienzo recién pintado y un bejuco silvestre, que le entregara Manuel Barrios, convertido en una obra de arte que, a cualquiera, si alguna vez lo ha mordido alguna serpiente, no dejan de parársele  los pelos; lo había transformado en una gigantesca cobra, además de esto ese día pude  mirar  una maqueta de la Capilla de La Virgen de La Caridad también elaborada por él y colocada sobre la tumba de su madre en el Campo Santo.  Todo esto me indujo a establecer cierta relación, aunque no viene el caso la comparación,  entre los escritores y el artesano Alberto José Zapata Delgado en la presente  columna de opinión para decir que no siendo diestro en este género de la escritura, ni nada por el estilo  en el paralelismo existencial, me llevaron a establecer este símil entre el trabajo teórico de los primeros y el práctico del segundo. Si,  en  aquellos, los escritores hay grandeza de ingenio porque su teoría se trasmuta en práctica cotidiana para trascender sin la más mínima suspicacia. En la más remisa soledad está este amigo que remonta esta cuesta de la teoría en la anonimia al  llevarnos  a  elucubraciones  que, en la práctica, nos permiten observar- en su laboriosa soledad- esta especie de liturgia que, a diario, forja en  los museos  y escuelas de música en el Sur de Estado Aragua bajo la dirección del Profesor Andrés Rodríguez Gómez, otro hombre práctico que,  en su quehacer, al igual que este artista sin nombradía constituyen un binomio que ponen bien en alto; que el Sur Sansebastianero  es nuestro Norte por la praxis que realizan muy dignas de encomio.  En fin, el amigo Alberto es, sin equívoco, al igual que Pedro Palma son unos grandes artistas autodidactas, con la diferencia que el segundo si pasó por ellas, no así el segundo que nunca ha pisado una escuela pero, paradójicamente, contribuyen con ellas al extremo del paroxismo en el sostenimiento. Poco le importa la turbulencia y el umbral donde se desempeñan para cristalizar, en el más hondo grito del silencio, las obras esperadas y requeridas en  estas Instituciones. Al pintar y esculpir en la piedra bruta la materia inerte y, aparentemente,  inerme o sin alma, logran darle vida con el insuflo de sus manos a lo que será su obra de arte consumada y al trabajo común con sus casitas de maderas pata luthería. Por otro lado arreglan hacen pupitres, bibliotecas y sitios ya nombrados de luthería para la fabricación de instrumentos de cuerda para bien de los educandos de la patria, evitando así que  no permanezcan ociosos y ocupen su tiempo  en este otro arte que les brinda una fuente de trabajo segura, la de músico,  y les evite caer en la delincuencia.  Son en sí, el amigo Alberto Zapata y  Pedro Palma unos hombres laborioso cuyas obras me atrevería a decir sin subestimar la labor que efectúan los grandes escritores por su incomparable esfuerzo teórico ejecutado,  en las diferentes dimensiones del saber, tan digna de admiración como la de este descolegiado, ya nombrado por su invalorable genialidad práctica.  
Es difícil encontrar personas  dadas a  esta empresa sin hacer alarde de lo que realizan. Pero, aunque nos parezca contradictorio,  por  acá en nuestra ciudad  y en las ciudades circunvecinas y en el país en general, los hay. Nadie le dedica una página, tal vez esperan que mueran para hacerlos notorios hasta la saciedad por su labor titánica; entre ellos está el poeta y músico José Antonio Abreu, para citar un ejemplo; y los desconocidos,  que, de manera desinteresada,  tratan de  mantener  la vigencia de algunos medios de comunicación social  dirigidos a  recoger el rol protagónico de los pueblos. Me atrevería a decir que aquí en Guárico y Aragua  y en cualquier otro lugar del país está ese personaje con la ayuda ofrecida por algún equipo reporteril como el dirigido por la Directora de “El Reportero”, la Señora Maritza Turupial  y sus colaboradores.
 Ese  sujeto  al que, hasta el momento, he mantenido en suspenso como dato elidido, quizás con el firme propósito de enganchar al lector sin mencionarlo nunca, pero si aconsejando el deber que tenemos de mantenerlos en nuestra memoria siempre, por la labor que cumplen en pro del país. Esto lo digo porque tuve un familiar a quien quise mucho,  hijo de mi tío el Maestro  Sansebastianero José María Durán, llamado  José Manuel Durán quien fuera un excelente pintor sin nombradía  y que, de paso, nos dejara unos cuadros en lienzo que nada tienen que envidiarle a las imágenes que plasman las cámaras fotográficas y los grandes pintores pero, desafortunadamente,  pasó fugaz como la  luz y la sombra que fue hasta el día que dejó de existir. Solo recuerdo lo que una vez me dijera: “si a uno lo quieren, deben manifestárselo en  vida”. Tal vez para reclamarme de manera muy inteligente, ahora que he caído en cuenta,  que teniendo –yo-, una columna de opinión antes de que él  falleciera, en un diario Regional de Aragua,  nunca llegué a nombrarlo.
        Esto mismo digo de  estos personajes que todos debemos imaginárnoslo  sentado en las mañanas en un cafetín cualquiera del país, o en alguna casa del vecino conversando con sus amigos; ofreciéndonos sus recomendaciones para que algunos órganos de comunicación social sean convertido en un instrumento al servicio y el rescate de las pequeñas y grandes cosas que han realizado y realizan los hombres y mujeres de cada pueblo como protagonistas de su propia historia. Pero que si no los nombramos en vida, si algún día desaparecen, posiblemente queden en el olvido.
Este personaje inadvertido, por simple coincidencia, puede aparecernos en cualquier recinto de la realidad Latinoamericana y venezolana. Los  tenemos y sabemos  que el esfuerzo periodístico que realizan es titánico, viven viajando hacia todos los rincones del país y fuera de él con el  fin de  mantener y sostener contra vientos y mareas  la publicación a tiempo de algún periódico,  ocupándose de la gente que nunca ha tenido espacio  en las páginas de la historia menuda,  para recogerlo  como parte de su labor periodística.
Gracias a los directores  de este tipo de periódico y al  equipo de colaboradores, tanto aquí como en otras partes del mundo, de los que han tenido esta magnífica idea, amigo lector, tú podrás en cualquier momento aparecer en las páginas de algún órgano informativo y comunicacional  para dejarte en esta especie de baúl del recuerdo.  La mayoría de los que escribimos para no ser la excepción, y en este saco me incluyo,  lo hacemos con el objeto de resaltar lo político,  pero muy pocos lo que agrada al lector y mencionarlo, para sacarle una sonrisa  que, en muchos casos, nos llevan a la anécdotas y al cuento como este episodio que le  aconteciera a un pariente mío, muy cercano, que, por ser excesivamente fumador, un día que lo asaltaron y le quitaron un vehículo; esta circunstancia maléfica, se transformó en buena y le salvó la vida cumpliéndose así aquel precepto que la sabia popular que afirma: “no hay mal que por bien no venga”
Uno de los implicados de  los que andaban en el grupo ordenó: maten a ese viejo, pero el jefe al escucharlo  toser y sonarle los pulmones como un acordeón desafinado, por causa del cigarrillo, tal vez por compasión, o por el deseo de no terminar de desarmonizar el armonio de los pulmones aquel hombre, antes de que se produjera el asesinato, detuvo al homicida diciéndole; para qué  vas a matar ese viejo, chico, si de todas formas se está muriendo, y viéndolo acogotado y entregado,  levantó la voz para aconsejar a la víctima:- ¡Mira viejo!, deja de fumar, cuídate!  Para ver si duras unos años más.



Nota: Los sustitutos de nombres, tales como los pronombres: ese, este, esto, aquel, esta y sus plurales, por disposición de la Real Academia Española, no deben acentuarse. Salvo algún  pronombre como el de la tercera persona: él y de la segunda, tú.

*Cronista de la ciudad San Sebastián de los Reyes, Venezuela

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