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martes, 20 de septiembre de 2016

SOLO EN SOLEDAD. CESARE PAVESE.

Inés Vargas


La soledad es tal vez la compañía más cercana al hombre. Podemos estar rodeados de personas y sentirnos infinitamente  solos, es una experiencia interior que se traduce en aislamiento físico o afectivo.
Muchos escritores, poetas a lo largo de su corta o larga vida han experimentado esa soledad, hay un vacío, de ahí la necesidad de conocerse a sí mismo; en estos casos esa soledad no es mala, al contrario, ésta conduce a la inteligencia creativa, a entenderse  hacia adentro, sin tener que aislarse de su entorno y las relaciones diarias.
Es absurdo pensar que la soledad condena en todos los casos al destierro y la infelicidad, porque es la forma de llegar a los sentimientos y a las necesidades  propias del ser humano.
Ayuda a encontrarnos y a anhelar lo que no tenemos y que otros tienen. Porque se puede vivir en soledad, pero de llegar a la ingrimitud, estaríamos negando nuestra propia existencia.
En ocasiones se proyectan en las creaciones literarias los fantasmas interiores tales como inquietud, desasosiego, desamor, desamparo y refleja, vivencias que hubiesen querido vivir, las pasiones que no  pudieron sentir, y elijen  la soledad porque nunca lograron  experimentar el sentido de la vida.


“PATERNIDAD
Cesare Pavese



Hombre solo frente al inútil mar,
aguardando la noche, aguardando la mañana.
Los niños allí juegan, mas este hombre querría
él tener un niño y mirarlo jugar.
Grandes nubes hacen un palacio sobre el agua
que cada día se derrumba y resurge, y colorea
a los niños en el rostro. Allí estará siempre el mar.

La mañana hiere. Sobre esta húmeda playa
se arrastra el sol, agarrado a las redes y a las piedras.
Sale el hombre en el turbio sol y camina
a lo largo del mar. No mira las mojadas espumas
que pasan por la ribera y no tienen más paz.
A esta hora los niños dormitan todavía
en la tibieza del lecho. A esta hora dormita
dentro del lecho una mujer, que haría el amor
si no estuviese sola. Lento, el hombre se desviste
desnudo como la mujer lejana, y desciende al mar.

Después de la noche, que el mar se desvanece, se escucha
el gran vacío que está bajo las estrellas. Los niños
en las casas enrojecidas van cayendo en el sueño
y alguno llorando. El hombre, cansado de espera,
levanta los ojos a las estrellas, que no escuchan nada.
Allí están mujeres a esta hora que desnudan un niño
y lo hacen dormir. Allí está alguna en el lecho
abrazada a un hombre. Por la negra ventana
entra un jadeo ronco, y ninguno lo escucha
excepto el hombre que sabe todo el tedio del mar.”

(Gente desarraigada y otros poemas, por Cesare Pavese)