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miércoles, 30 de mayo de 2007

EL PLAN DE BARRANQUILLA O EL OPORTUNISMO VESTIDO DE SOCIALDEMOCRACIA


Ubaldo Ruiz*





El joven Rómulo Betancourt.


TEMARIO:

Introducción

El Plan de Barranquilla en la lupa de los analistas

¿Socialdemocracia u Oportunismo?

Socialdemocracia oportunista

A modo de Conclusiones

Bibliografía consultada


INTRODUCCION

Los analistas, historiadores y estudiosos en general están de acuerdo en que el Partido Acción Democrática fue la organización que más influyó en la vida política venezolana del siglo XX. Salvo la década de régimen militarista de 1948 a 1958, el período secular que recién finalizó, fue dominado durante sus primeros cuarenta y cinco años por los andinos; y en un ciclo de duración similar, pero más reciente, en Venezuela se vivió en una Democracia inspirada fundamentalmente en los postulados del Partido fundado por Rómulo Betancourt. Independientemente de la circunstancia de que en ese período democrático iniciado en 1958, hayan ejercido el Poder Ejecutivo Nacional otros partidos distintos a Acción Democracia, tal fue el caso conocido de COPEI y de Convergencia, se puede afirmar que estas organizaciones políticas, y otras menos exitosas electoralmente, no sólo terminaron imitando a aquella en su estilo de hacer las cosas, sino que, y esto es lo más import ante, participaron en un juego democrático diseñado inicialmente por los fundadores de A.D.; de modo que no sería tan errado asegurar que la Democracia venezolana del siglo XX, no es que fue influenciada principalmente por Acción Democrática, sino que se desarrolló a imagen y semejanza de su Proyecto Político.

Porque la Democracia venezolana, con sus errores y aciertos, fue una hechura de Acción Democrática, es por lo que resulta fundamental, para entender a cabalidad el proceso político venezolano de la segunda mitad del siglo XX, conocer algu

nos elementos que contribuyeron a conformar ideológica y doctrinariamente a ese Partido Político. Aunque este trabajo no pretende presentar una conclusión definitiva en esos aspectos, sí aspira a realizar una propuesta para la discusión, la cual está relacionada con el origen ideológico de los principales líderes fundadores del “Partido Blanco”; es decir del primigenio grupo de cinco jóvenes desterrados, que junto a otros siete, redactaron y firmaron el Plan de Barranquilla, en 1931.

Precisamente mediante un estudio a aquel documento antigomecista, que sirvió de punto de partida de la organización ARDI, antecesora de Acción Democrática, parte el presente análisis, puesto que el Plan de Barranquilla contiene elementos que se repetirán en Acción Democrática de forma tan medular que sería lícito concluir que aquel documento es el substrato doctrinario de esta organización política.

Como el presente trabajo no es de ningún modo el fruto de una investigación documental exhaustiva, sino que es sólo una propuesta para la discusión, está realizado en base a una consulta bibliográfica sobre el tema, principalmente sobre la personalidad de Rómulo Betancourt, quien fue, con mucho, la persona que más influyó ideológicamente en la redacción del Plan de Barranquilla y en la formación del partido Acción Democrática.

EL PLAN DE BARRANQUILLA EN LA LUPA DE LOS ANALISTAS

Como se sabe, el Plan de Barranquilla fue un documento redactado y publicado el 22 de marzo de 1931 en la ciudad colombiana de Barranquilla por un grupo de doce exiliados venezolanos, entre los que destacaban Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Valmore Rodríguez, Ricardo Montilla y César Camejo, por nombrar a los que iban a ser fundadores, años más tarde, del Partido Acción Democrática; para ese momento eran muchos los compatriotas que se encontraban en el extranjero, exiliados de la dictadura de Juan Vicente Gómez. Ramón J. Velásquez (1976), asegura que “Para 1929, además del PRV existían en el exterior la ‘Unión Obrera Venezolana’, la más antigua organización de exiliados, constituida por trabajadores residentes en New York y que dio pruebas constantes de presencia en la lucha contra la dictadura gomecista y la ‘Unión Cívica Venezolana’ que proclamaba su empeño en combatir tanto la dictadura de Gómez, como el individualismo caudillista de los grupos en el exilio ...”. Domingo Alberto Rangel (1975) afirma que después del fracaso de la expedición del Falke, en 1929, la emigración venezolana de las nuevas generaciones se divide en dos bandos: “Betancourt, Leoni y otros forman entre quienes tienen vínculos con Pocaterra y los caudillos ... Machado, Carlos León y otros militan en el Partido Revolucionario Venezolano...” y destaca que entre ambos grupos se entabla una polémica: “Los del P.R.V. llaman a Betancourt agente del imperialismo. Betancourt les responde llamándolos argonautas de un sueño imposible.”.

La Generación del 28, Rómulo Betancourt sentado.

A partir de 1929, ya se nota que Betancourt, a pesar de tener para la época sólo veinte años de edad, lidera un importante grupo de esos exiliados jóvenes; en la cita de D. A. Rangel, ya se puede notar que el novato líder del 28 fulgura con luz propia; Guillermo Morón (2003) expresa al respecto: “Aquí (en Barranquilla, Betancourt), junto con Raúl Leoni, establece una frutería para tener de qué comer y funda la Agrupación Revolucionaria De Izquierda (ARDI), germen de AD. El 22 de marzo de 1931 se publica el Plan de Barranquilla, bajo la responsabilidad de ARDI; firma en primer lugar Rómulo Betancourt”. Y Manuel Caballero (2004) señala que “El año 31 señala así un hecho de primera importancia en la vida política venezolana de este siglo: la constitución, alrededor de Betancourt, de un equipo dirigente de cuya conservación y desarrollo se encargará con el mayor celo.

Será la plana mayor de Acción Democrática y sus hombres de gobierno.”. En esta obra, que es una Biografía de Betancourt, Caballero insiste en el liderazgo del caudillo de Guatire en esos años de exilio gomecista.

No cabe duda que el Plan de Barranquilla, aunque fue un documento de redacción colectiva, es obra fundamental de Rómulo Betancourt. El novel líder, surgido de la protesta estudiantil contra el régimen de Juan Vicente Gómez en 1928, según puede colegirse de la consulta de los autores reseñados, durante su exilio, se destacó como un incansable activista político, que entre lecturas del marxismo de moda entonces, militancia más o menos fugaz en partidos de filiación comunista, como el P.R.V. venezolano y el Partido Comunista de Costa Rica, del cual condujo su periódico, también se dedicó a escribir

profusamente todo tipo de documentos, principalmente correspondencia, entre las que se cuentan figuras destacadas de la vida política e intelectual del mundo de entonces, tales como Miguel de Unamuno y Henri Barbusse, además de escribirle a venezolanos tan ilustres como Mariano Picón Salas, lo cual no deja de ser una audacia intelectual en un joven que apenas había cumplido veinte años de edad. Debido a la abundancia de material escrito por el Betancourt de la época, es posible, según Caballero (2004) identificar el estilo de “fórmulas alambicadas y percutantes” que presenta el Plan...; según este autor “Es un documento, no solamente firmado, sino también redactado a varias manos. Pero a pesar de serlo, está marcada en el papel la huella muy acusada de la más fuerte personalidad del grupo: Rómulo Betancourt.”. De modo que al hablar del Plan de Barranquilla no puede dejar de tenerse en cuenta que el mismo es una obra prácticamente personal de un muy joven pero agudo líder, cuya obra de entonces iba a trazar las líneas maestras por las que iba a transitar Venezuela a partir de 1945.

Si en un tema están de acuerdo los historiadores venezolanos es en considerar que el Plan de Barranquilla, es, al mismo tiempo, un análisis marxista de la realidad venezolana, con un programa socialdemócrata; Samuel Pérez (1996), por ejemplo, asegura que la publicación del documento en cuestión “generó fuerte polémica entre el grupo de exiliados venezolanos. Miguel Otero Silva lo criticó fuertemente destacando la incongruencia entre la radicalidad del análisis marxista de la realidad venezolana y el contenido del “programa”, que para él no pasaba de ser una posición socialdemócrata moderada.”. Por su parte, el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar (1997), casi copia textualmente a Pérez, aunque los autores consultados,
que figuran al pie del tema, son Marco Tulio Bruni Celli, Arturo Sosa y Eloi Legrand; dice el Diccionario... “La publicación del ‘Plan’ suscitó vivas polémicas entre los exiliados venezolanos. Algunos, como Miguel Otero Silva, destacaron el contraste entre el carácter radical del análisis marxista de la realidad venezolana y el contenido del programa propiamente dicho, el cual no pasaba de una posición socialdemócrata moderada.”

Por su parte Manuel Caballero (2004), al referirse a la estructura del documento, también detecta la diferencia anotada por los autores antes citados, aunque agrega un elemento que servirá para apoyar un argumento de este trabajo, pero más adelante; dice Caballero “En la primera parte se emplea un lenguaje donde se huele a leguas el marxismo ...El análisis general tiene ese tono, pero cuando se llega a la parte concreta, al programa de gobierno, hay un vuelco: se trata de un programa bastante moderado, donde pareciera querer englobarse a gente que no compartiría lo contenido en las primeras páginas.”.

El Plan de Barranquilla, documento fundamental para comprender, en gran parte, el proceso político venezolano de la segunda mitad del siglo XX presenta una híbrida condición de radical en el análisis de la realidad venezolana y de moderado en el programa. Eso es una verdad de Perogrullo, que han repetido casi todos los autores; pero lo verdaderamente importante, porque se pisa el terreno de las conjeturas, es aventurarse a desentrañar el por qué de esa aparentemente contradictoria redacción del documento de 1931. Y aunque algunos historiadores, como el mismo Manuel Caballero, en su citada Biografía de Betancourt, propone un respuesta, de ella pueden derivarse otras consideraciones que se intentarán explorar aquí.

La generación del 28 en la décadas de los años 30.


¿SOCIALDEMOCRACIA U OPORTUNISMO?

Desde un primer momento, el Plan de Barranquilla fue acusado de socialdemócrata por los comunistas de la época, y aun hoy se sigue caracterizando de esa manera. Y socialdemócrata fue la orientación ideológica que asumió Acción Democrática, la hija legítima de aquel. Para 1931 los exiliados venezolanos, regados por todos los rincones de América y Europa entran en contacto con las ideas políticas de moda para el momento. Para esa época la Revolución Bolchevique en Rusia está en plena exportación de sus soportes ideológicos, especialmente los orientados por la radicalización de la Tercera Internacional Comunista, sobre todo desde que Stalin asumió el Poder plenamente en la Unión Soviética y en el antiguo Partido Bolchevique, “Que ha entrado, desde su Sexto Congreso de 1928, en la etapa más sectaria de su historia: la lucha de los partidos comunistas se concibe en términos guerreros como un choque frontal de ‘clase contra clase’.” Caballero (2004). Ante esa situación los exiliados más jóvenes son influidos, en alguna medida por las corrientes ideológicas que provienen fundamentalmente de la Rusia Soviética; según Caballero, “no dejarán de moverse dentro de la órbita del pensamiento soviético, sea gubernativo u oposicional, sea trotskista o estalinista.”; porque para ese momento la “Revolución”, inspirada en el marxismo se había escindido desde la Segunda Internacional, entre comunistas y revisionistas, también conocidos como socialdemócratas, con el adjetivo peyorativo de oportunistas.

Desde que en Europa se desarrolló la Clase Obrera en el transcurso del siglo XIX, surgieron movimientos políticos que pretendieron interpretar esa nueva realidad del Capitalismo. Desde la fundación de los primeros Sindicatos en Inglaterra; por ejemplo “El movimiento cartista (que) ejerció una gran influencia en el subsiguiente desarrollo de la historia de Inglaterra...” Mijailov (1982), hasta los movimientos anarquistas liderados por Bakunin; hasta que, según Lenin, en el Prólogo de las Obras Escogidas de Marx y Engels (s/f), K. Marx funda “El 28 de septiembre de 1864 ... en Londres la famosa I Internacional , la Asociación Internacional de los Trabajadores”, con el fin de “unificar el movimiento obrero de los diferentes países y traer a los cauces de una actuación común las diversas formas del socialismo no proletario, premarxista (Mazzini, Proudhon, Bakunin, el tradeunionismo liberal inglés, las oscilaciones derechistas de Lassalle en Alemania, etc.); pero pronto esa actuación no fue tan común, pues desde la década de 1890, con motivo de la II Internacional, se populariza una forma “moderada” de interpretar las ideas de Marx, con las obras de Karl Kautsky, quien era para la época, según afirma José Arico en el Prólogo a la obra Crítica de la Revolución Rusa (1972), de Rosa Luxemburg, Director “del semanario teórico de la socialdemocracia alemana Die Neue Seit...”; sin embargo, el térmno “socialdemócrata”, ya se acuñaba desde antes a los seguidores de otras “formas del socialismo premarxista”; el propio Lenin ( 1973) afirma que “el 3 de enero de 1894, (...) año y medio antes de morir Engels, éste hacía constar que en todos los artículos se empleaba la palabra “comunista” y no “socialdemócrata”, pues por aquel entonces socialdemócratas se llamaban los proudhonianos en Francia y los lasalleanos en Alemania.”; sin embargo, el término sirvió para definir, desde los escritos de Kautsky en adelante, a los “traidores” al Marxismo, por lo cual puede considerarse a la Socialdemocracia como una “tergiversación” de la doctrina elaborada por Marx y Engels; al respecto escribe Rosa Luxemburg (1972):

“El principio que hace de la socialdemocracia la representante de la clase proletaria pero al mismo tiempo la representante del conjunto de los intereses progresistas de la sociedad y de todas las víctimas oprimidas del orden social burgués no significa simplemente que en el programa de la socialdemocracia todos los intereses están reunidos en cuanto a ideas. Ese principio se vuelve verdadero bajo la forma de evolución histórica en virtud de la cual, la socialdemocracia, al hacerse partido político, se convierte realmente en el partido del pueblo contra una ínfima minoría de la burguesía reinante.”

Esta autora fue revolucionaria, al lado de Lenin, pero también militó en el Partido Socialdemócrata Alemán, por lo cual su testimonio es muy válido a la hora de hacer una consideración del carácter marxista de la socialdemocracia, sobre todo, como se apuntó, a partir de Kautsky.

La socialdemocracia también era considerada por los comunistas, sobre todo de los partidarios de Lenin y sus Bolcheviques, como de grupo “moderado”. El propio Kautsky lo reconoció alguna vez, con motivo del estallido de I conflagración mundial: “La situación actual encierra el peligro de que a nosotros (es decir, a la socialdemocracia alemana) se nos pueda tomar fácilmente por más moderados de lo que somos en realidad” citado por Lenin (1973). Pero ¿en qué consistía la posición “moderada” de los socialdemócratas?, el propio Kautsky lo revela en las siguientes palabras: “Nuestro programa no pide la supresión de los funcionarios del Estado, sino la elección de los funcionarios por el pueblo”... “Lo repito para evitar equívocos: aquí no se trata de la forma que dará al “Estado por venir” la socialdemocracia triunfante, sino de cómo nuestra oposición modifica el Estado actual.” citado por Lenin (1973); el fundador del Estado Soviético contesta a Kautsky con sus propias opiniones comunistas sobre el tema: “La revolución consiste en que el proletariado destruye el “aparato administrativo” y todo el aparato del Estado, sustituyéndolo por otro nuevo, constituido por los obreros armados.”. La cuestión está clara: mientras los comunistas aspiran la destrucción total del aparato del Estado burgués para sustituirlo por otro construido por los “obreros armados”, la socialdemocracia proponía “la elección de los funcionarios por el pueblo”, con apenas una modificación del Estado actual, con razón Lenin los acusaba de “tergiversar el marxismo”.

Otro epíteto que también le endilga Lenin a la socialdemocracia, es el de “oportunistas”. Es Lenin (1973), otra vez quien toma la iniciativa de comparar la actitud “moderada” de los socialdemócratas con el “oportunismo”; refiriéndose a un folleto de Kautsky de 1909, el revolucionario soviético aseguró que “¡En realidad el Partido Socialdemócrata Alemán resultó ser incomparablemente más moderado y más oportunista de lo que parecía!”; en otro lugar escribe que Kautsky “vuelto de espaldas a los principios, vacilaba entre el marxismo y el oportunismo. En lo que respecta a los objetivos políticos esbozados por Kautsky, referidos a los que considera propios de una Democracia burguesa, Lenin (1973) apela de nuevo a la comparación para descalificar al socialdemócrata alemán, para adjetivarlo como oportunista frente al Marxismo: “Kautsky se pasa del marxismo al oportunismo, pues en él desaparece en absoluto precisamente esta destrucción de la máquina del Estado, de todo punto inaceptable para los oportunistas, y se les deja a éstos un portillo abierto en el sentido de interpretar la “conquista” como una simple adquisición de la mayoría.”. De modo que el calificativo, o mejor, el epíteto de “oportunista”, en el lenguaje de los comunistas soviéticos, desde Lenin, y aun con Stalin, significaba socialdemócrata o moderado, lo que a su vez, equivalía a ser traidores o tergiversadores del Marxismo, puesto que no se planteaban entre sus objetivos la destrucción del Estado burgués, sino que proponían una Democracia en la que los funcionarios fuesen elegidos por la mayoría, por el pueblo.

Vistas así las cosas, si en su oportunidad los sectores ligados al PRV, y después al PCV, acusaron a Betancourt de socialdemócrata y moderado, es lógico suponer que lo consideraban, “lógicamente”, un oportunista. La pretensión de este trabajo no es, desde luego, arribar a una conclusión tan evidente, por no decir cómoda, sino que se propone demostrar que Betancourt, en sus actitudes políticas de aquellos años de exilio entre las décadas del 20’ y del 30’, verdaderamente manifestó, en sus escritos, verbi gratia el Plan de Barranquilla, y en su conducta, tendencias oportunistas en el sentido que le da el Diccionario de la Real Academia Española (2001), referido a la “Actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias para obtener el mayor beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones.”

SOCIALDEMOCRACIA OPORTUNISTA

Ya se ha visto que Rómulo Betancourt, durante un período de exilio gomecista que se inicia en 1928, se comienza a destacar por como un líder fundamental de los venezolanos, que en el exterior luchaban por el derrocamiento de la Dictadura de Juan Vicente Gómez. Se destaca como un prolífico escritor de panfletos y epístolas personales, y como organizador de un grupo, inicialmente en Barranquilla, que sería parte del núcleo inicial del Partido Acción Democrática; pero también es un hecho que durante aquellos años el cachorro de político guatireño también establece nexos con el comunismo internacional. No sólo se declara comunista, sino que participa como militante primero del Partido Revolucionario Venezolano, fundado en México en 1926. Manuel Caballero en su obra Rómulo Betancourt. Político de Nación (2004), afirma que el personaje en cuestión “No tiene tres meses en Curazao cuando decide inscribirse en la seccional local del Partido Revolucionario Venezolano (formado por emigrados políticos y trabajadores venezolanos de las refinerías) y pide que se le publiquen varios artículos en el órgano del partido en México, cosa satisfecha de inmediato.” En el PRV, embrión del Partido Comunista de Venezuela, no iba a durar Betancourt mucho tiempo.

En esos años intenta participar en la fallida expedición armada de Chalbaud en 1929; viaja por varios países de Sur y Centroamérica, dictando conferencias, viajes que “eran costeados en su mayor parte por los centros de estudiantes que integraban su audiencia.”, al decir de Caballero (2004). Cuando hace el análisis de las dos posiciones que conforman la estructura del documento, Caballero resalta la opinión que del mismo tienen los propios redactores, quienes lo catalogan de “reformista”, lo que le da pie para formular la siguiente afirmación: “Es decir, que lo que distingue al reformista del revolucionario no es siempre la diferencia en el análisis oficial, sino la audacia o timidez de las soluciones propuestas.”; pero si se toma en consideración la primera parte del documento, que es según la opinión de Caballero “el primer ensayo venezolano de historiografía marxista.”, es necesario preguntarse por las preferencias político-ideológicas del Betancourt de la época. Indudablemente, y de eso dan fe los historiadores, ha realizado lecturas marxistas, las cuales están de moda para la época, por la marcada influencia de la Revolución Rusa. Los Partidos Comunistas que se forman entonces tienen la impronta del radicalismo de la Tercera Internacional, según Caballero (2004) “Las ‘nuevas teorías sociales’ como con pudor e hipocresía se les llamará más tarde, les llegan a través de la propaganda de la Internacional Comunista y del ejemplo sin cesar exaltado de la Revolución Rusa.”

De acuerdo con la mayoría de los historiadores, Betancourt, y la mayoría de sus compañeros de Barranquilla, no sólo tienen una formación marxista, sino que se manifiestan partidarios del comunismo; Ramón J. Velásquez escribe: “Arcaya señala al PRV como un partido de clara filiación marxista e indudablemente al mencionar a un agente en Venezuela se refiere a Pío Tamayo. Y se menciona por primera vez en un documento oficial, el nombre de tres estudiantes, Betancourt, Villalba y Leoni.”; se refiere aquí el historiador al Ministro de relaciones Interiores de 1929, Pedro Manuel Arcaya, en la oportunidad de presentar su Memoria ante el Congreso Nacional en aquel año. Ya se ha indicado que Betancourt militó en el Partido Comunista de Costa Rica, y Valmore Rodríguez le escribe a Ricardo Montilla en 1932 “que sólo hay un partido posible y ese es el Partido Comunista.” Caballero (2004); en iguales términos se expresa Raúl Leoni. Todos esos muchachos, es indudable, manifestaban su adhesión al marxismo internacional.

Sin embargo, pronto surgirá la polémica con los comunistas del P. C. venezolano; según Caballero (2004), “A comienzos de los años treinta, pues, Betancourt está proponiendo una organización abierta cuando los comunistas, en pleno proceso de “bolchevización”, proponen una organización cerrada.”. La pregunta que surge a estas alturas es la de dónde sacaron esos muchachos argumentos para sustentar esa polémica. El mismo Caballero esboza una respuesta: “Conviene insistir en que las críticas del grupo ARDI al PC, y en especial las que le hace Rómulo Betancourt, son las mismas que, en otras partes, hacían al comunismo los nacionalistas ‘burgueses’.”. Entre los complementos a esa posible respuesta, se podría mencionar que desde mediados de los años veinte, Haya de la Torre, proveniente de la Unión Soviética, había fundado un partido socialdemócrata, que seguramente sirvió de inspiración a los futuros acciondemocratistas venezolanos; por lo menos eso es lo que opina el historiador Guillermo Morón (1975): “El Partido Aprista peruano se fundó en México en 1924 por su líder único, Víctor Raúl Haya de la Torre. Fue el primer gran partido con una doctrina, con una filosofía sujeta a líneas propias. Aunque su fundador –y todavía máximo dirigente- se inspiró en el marxismo, dio un contorno Iberoamericano a su pensamiento político... El Apra no sólo se convirtió en el partido más importante del Perú, ... sino que influyó poderosamente en la formación de partidos similares: Acción Democrática en Venezuela...” Caballero llega a afirmar que Betancourt realiza su crítica al comunismo “desde un reformismo apristoide –pero del primer APRA, cuando Haya de la Torre regresaba encandilado de Moscú...”. Así que no tiene nada de extraordinario que Betancourt y su grupo hayan tomado la senda de la Socialdemocracia, y convertirse en blanco de las críticas, que parecidas a las escritas por Lenin a Kautsky quince años antes, les hacían los miembros del PCV. Con el ejemplo aprista tenían un modelo que se adaptaba más a su condición de “nacionalista burgués”.

Pero una cosa muy distinta es declararse socialdemócrata, y con ello ganarse el agregado de reformista, moderado u oportunista, y otra tomar posiciones, que Caballero (2004) denomina “maquiavelismo de los débiles”, tomándole la frase a Mounin, pues existe en el Betancourt de la época “la idea de la existencia de dos políticas, de dos líneas de pensamiento y de acción: una para la élite ilustrada, otra para la masa.”, y más adelante agrega que “Allí estaría el origen de la dicotomía del Plan.”; es decir que para Betancourt debían enviarse dos mensajes a través del Plan de Barranquilla, uno para los intelectuales enterados de la existencia de una “ciencia social” marxista, y otro para “la inmensa mayoría de los venezolanos (quienes) no han oído nombrar nunca por su prensa (ni siquiera para cubrirlos de injurias), a Lenin, a Trotsky o a Stalin.”. El oportunismo de Betancourt no radica en su condición de socialdemócrata, una especie de Kautsky venezolano, atacado por los bolcheviques del PCV, sino en su condición de personaje que sin importarle doctrinas ni principios, da prioridad a sus objetivos mucho más pragmáticos, de constituir una organización que tuviera arraigo popular en un país en el cual la clase obrera se encontraba en embrión. Oportunista porque desde esa época, mediante la aprehensión de la realidad concreta de Venezuela, se percató de que un partido comunista radical, por sus características de partido de la clase obrera, no garantizaba la constitución de una plataforma para la toma del Poder Político.

Pasados los años Betancourt y el grupo de cinco co-redactores del Plan de Barranquilla, una vez constituida Acción Democrática, no vacilarán en participar, junto a una logia militar, en un Golpe de Estado contra las autoridades legítimamente establecidas, aun cuando habían escrito en el “programa mínimo” del Plan, entre otras cosas: “Hombres civiles al manejo de la cosa pública con exclusión de todo elemento militar del mecanismo administrativo durante el período preconstitucional y la lucha contra el caudillismo militarista.”. ¿Qué pensarían Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, cuando se sentaban al lado de Carlos Delgado Chalbaud y Mario Vargas, después del golpe contra Medina? Simplemente aprovecharon la oportunidad del descontento militar y de la existencia de una logia conspirativa entre las Fuerzas Armadas, para acceder al Poder Político. Si bien procuraron la instauración de reformas políticas y económicas que permitieron afianzar la Democracia en Venezuela, es innegable que los líderes encabezados por Rómulo Betancourt, que gobernaron entre 1945 y 1948, principalmente los autores del Plan de Barranquilla pusieron en práctica lo que ya esbozaron en aquel documento un oportunismo, o un “maquiavelismo de los débiles”.


A
MODO DE CONCLUSIONES

El Plan de Barranquilla se considera uno de los documentos más importantes del siglo XX venezolano, puesto que en su programa se esbozan una serie de acciones que se tomarían, una vez que los autores del mismo lograran organizar desde el Poder, la Democracia que iba a influenciar la vida nacional por casi cuarenta y cinco años.

Entre los autores del Plan de Barranquilla sobresale Rómulo Betancourt, quien se considera el redactor principal del documento, en una época en la que, en condición de exiliado muy joven de la dictadura gomecista, logra organizar y liderar un grupo, que bajo la denominación de ARDI, se convertirá en el antecedente más remoto de Acción Democrática.

El Plan de Barranquilla se ha considerado como la expresión de unos autores moderados o socialdemócratas, debido a que el “programa mínimo” que propone contrasta con el análisis marxista radical que le precede.

La Socialdemocracia, desde sus inicios en la Europa de finales del siglo XIX, fue considerada por los comunistas como moderados, revisionista y oportunistas.

En los líderes, que encabezados por Rómulo Betancourt, dieron vida al Plan de Barranquilla, se les ha considerado como socialdemócratas, desde los tiempos en que el documento fue redactado; sin embargo se puede considerar como reflejo de una actitud oportunista por parte de sus autores, y de Betancourt en particular, porque en el mismo se puede notar que hay dos mensajes, uno dirigido a las élites intelectuales, y otro al pueblo ignorante; además, porque el grupo en cuestión supo aprovechar las oportunidades que se les presentaron para acceder al Poder Político.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Caballero, M. (2004) Rómulo Betancourt. Político de Nación. México: Fondo de Cultura Económica.

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Luxemburg, R. (1972) Crítica de la Revolución Rusa. Montevideo: Biblioteca de la Marcha.

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Velásquez, R. J. (1976) Venezuela Moderna. Medio Siglo de Historia 1926-1976. Caracas: Fundación Eugenio Mendoza.



*Profesor e historiador venezolano


1 comentario:

edgardo dijo...

Muy buen trabajo.Bien documentado.Nutritivo. Me gustó.