Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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miércoles, 30 de mayo de 2018

EL ENCUENTRO ESTUDIANTIL DE CRONISTAS E HISTORIADORES... XV años de fructífera labor

FELIPE HERNÁNDEZ G.*

Asistimos al XV Encuentro Estudiantil de Cronistas e Historiadores del municipio Infante que se realizó el jueves 24 de mayo de 2018 en las instalaciones de la sede de la Cámara de Comercio y Producción del Municipio Leonardo Infante. Quince años ininterrumpidos (2004-2018), durante los cuales los alumnos de las escuelas urbanas y rurales de las parroquias Valle de la Pascua y Espino, asesorados por sus maestros, se dieron cita con la historia local de sus comunidades. 
La actividad, como siempre, estuvo coordinada magistralmente por la presidenta-fundadora de la Fundación de Historiadores y Cronistas Estudiantiles –FUNDHCROE, 2009--- Prof. Ligia López Puerta y un muy diligente equipo. Al arribar a los tres lustros, la fecha fue propicia para hacer memoria, recuperar lo mejor de lo transitado, explicar y diagnosticar el presente y con esos referentes lanzarse con más fuerza hacia el futuro. 
Desde el punto de vista histórico, este aniversario constituye un momento fundamental para comprender y reconocer el valor más profundo de la Fundación de…, que más allá de los desafíos y obstáculos que ha debido enfrentar, jamás se ha resignado a cambiar la esencia de su misión educativa e histórica, abogando por la inclusión y el respeto vocacional de los educandos, en el entendido que son individuos en formación en el estudio de la historia local, de las memorias de cada comunidad, sus singularidades y así dar respuesta a las inquietudes inherentes a la institución educativa donde se forman en tan útil labor, de la mano de un docente asesor y de todo el personal que labora en cada escuela, despertando vocaciones que en el devenir pueden encausar su vida y su hacer en la labor de escudriñador de su historia, generando espacios para optar, decidir y gozar de iguales derechos y posibilidades.
Ante los referentes expuestos, creo necesario volver sobre un artículo de mi autoría escrito en 2014 que titulé: Encuentro de Cronistas Escolares en Valle de la Pascua, donde se lee: En el libro Apología de la Historia o el Oficio del Historiador, el autor francés Marc Bloch inicia la Introducción con la ingenua pregunta: “Papá, explícame para qué sirve la historia”, [le] pedía hace algunos años a su padre, que era historiador, un muchachito allegado mío…”. Y continúa Bloch: “Quisiera poder decir que este libro es mi respuesta. Porque no alcanzo a imaginar mayor halago… que saber hablar por igual a los doctos que a los escolares… reconozco que la sencillez sólo es privilegio de unos cuantos elegidos… conservaré con mucho gusto, como epígrafe, esta pregunta de un niño cuya sed de saber acaso no haya logrado apagar de momento…”. Más que una ilustración didáctica, es una justificación de la disciplina de la Historia ante el necesario examen de conciencia del historiador ante su papel de cuestionador e intérprete de procesos cronológicos y espaciales como factores de referencia.
Con ese norte, el XV Encuentro de… ciñéndose a la programación preparada por sus organizadores, se inició con la interpretación por la coral estudiantil de la EB “12 de Octubre” dirigida por la Prof. Brizeida Aular, de los himnos Gloria al Bravo Pueblo, del Guárico y de Valle de la Pascua; palabras de bienvenida de la presidenta y fundadora del Encuentro, Prof. Ligia E. López Puerta; luego la moderadora Prof. Marlin Villalobos invitó a la Sra. Petra Parra de la Sociedad Socorro Mutuo para que dirigiera unas palabras y recitara una poesía alusiva al evento. 
Seguidamente se inició el ciclo de exposiciones… 14 ponencias, entre ellas, la presentada por la niña Andreina Santaella (5to grado), EBN-Rural “Jácome Arriba”, titulada: “Iván E. Rojas… buscador de puntos de agua”, asesorada por las maestras Argelia Escobar y María Castillo. ---Alumno Jesús Alejandro Marín (6to grado) EB “Celestino Párraga Marrero” NER 146, caserío La Pereña: “El conuco y el abastecimiento alimenticio”, asesora: Prof. Miriam J. Torrealba. --- Alumna María Valentina Vargas (6to grado), Colegio Nuestra Señora del Valle: “Honor a la Sra. Lisbeth J. Medina”, asesora: Yajaira de Zamora. ---Alumna Imberly Parra (4to grado) NER 054: “Velorio de Cruz de Mayo en el caserío Apamate”, asesores: maestros Nuarwuin Higuera y Anthony Álvarez. ---Alumna Victoria Celeste González (5to grado), EB “Clara Matos Arzola”: “La Sociedad Socorro Mutuo, una institución…”, asesora: maestra Rosmivelli Infante. ---Alumno Luis Felipe Záa (6to grado), Colegio “Juan Pablo II”: “Vida y Obra de Juan González Padrón”, asesor: Absalón Zambrano; entre otras participaciones de los planteles: EB “Andrés R. Fuentes” del NER 146; UE-DC 33 “Los Caobos”; EB Rural “San Pedro”; UE “Jesús López Escobar” Zanjonote de la montaña; UE “Lourdes Camero Ramírez”; UE “Apamate”; GEN “Juana Josefa Vargas” y UE Rural “Mamonal”, etc. 
Vale considerar que la enseñanza de historia en la escuela primaria tiene como objetivo despertar en los alumnos una curiosidad sobre los acontecimientos históricos. En ese orden, en cada ponencia se planteó que los alumnos adquiriesen conocimientos básicos del pasado de sus comunidades, del Guárico y del país, para que con estos saberes desarrollen habilidades y destrezas que le permitirán comprender mejor el mundo y buscar explicaciones conforme a las dudas que se les vayan presentando, lo que conllevará a descubrir su identidad como individuo y los cambios que ha tenido la sociedad y su entorno geoespacial.
En esta XV edición, muchos docentes, personalidades y un nutrido público se dieron cita en el acto, entre otros, el eterno maestro de generaciones, Prof. Elpidio Barrades Martínez, la Prof. Teresa Navarro de Aguilar, Prof. Maritza de Michelangelli, Prof. Héctor Ortega, la directora del Colegio “Juan Pablo II, Prof. Carmen de Ortiz, los profesores Yendy Gámez, Rosa Vidal Marruz, Filiberto Alpón, Rosaura Valdez, Dr. Fernando Aular y señora, doña Cándida de Álvarez y doña Petra Parra de la Sociedad Socorro Mutuo, medios de comunicación... Finalmente, un merecido reconocimiento a la Prof. Ligia López y al equipo integrado entre otros por los docentes Lisbeth de Candiago, Rosa Pastora Ortega, Ana Carmen Zuniaga, Elizabeth Arévalo, Zoraida Rebolledo de Pérez, Lola Rodríguez, Arturo López, Ada Loreto, Marlin Villalobos, Ramón Correa… y un largo etcétera... adelante siempre. 
Valle de la Pascua, viernes 25 de mayo de 2018.
*UNESR-Cronista del Municipio Leonardo Infante // fhernandezg457@yahoo.com
Fotografía de Luis Felipe Záa, alumno de 6to grado en el Colegio "Juan Pablo II" quien hizo una excelente ponencia sobre "La vida y obra del canario Juan González Padrón". Foto: Damelis Loreto...

sábado, 20 de junio de 2015

A 184 AÑOS DEL TRATADO DE PAZ FIRMADO POR JOSÉ ANTONIO PÁEZ Y JOSÉ TADEO MONAGAS EN VALLE DE LA PASCUA (24 DE JUNIO DE 1831-2015)

FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR / Cronista del Municipio Infante. Estado Guárico. Venezuela.


         

Cuarenta y un años recién cumplidos tenía José Antonio Páez (nació el 13 de junio de 1790) cuando visitó Valle de la Pascua, el 24 de junio de 1831 para entrevistarse con el Gral. José Tadeo Monagas. Fue un encuentro de titanes.
            La historia es como sigue, al separarse Venezuela de Colombia en 1830, el general Páez se encargó provisionalmente del gobierno y posteriormente el Congreso Nacional lo nombró presidente constitucional para el período 1831-1835; pero al iniciar su gobierno afrontó varios alzamientos, siendo el más importante el encabezado por el general José Tadeo Monagas, quien con sus seguidores, pretendía restablecer la república de Colombia, y formar con las provincias orientales un estado federal independiente. La situación originada por Monagas obligó a los dos héroes a reunirse en Valle de la Pascua para buscar soluciones. Así se produjo una entrevista en esta población. Héctor Zamora (1999), lo describe de la manera siguiente:
Un acontecimiento feliz ocurrió en Valle de la Pascua para el año 1831, recién separada Venezuela de la Gran Colombia. El General José Tadeo Monagas se alzó en armas en el Oriente del país y para poner fin a la insurrección fue necesaria la realización de una entrevista entre el General oriental y el General José Antonio Páez para ese entonces Presidente de la República; la cual tuvo como escenario el pequeño pueblo de Valle de la Pascua… El objetivo de la entrevista, según cuenta el propio General Páez era “poner término a una de tantas insurrecciones que tanto daño han hecho a Venezuela”. A tales efectos, Páez emitió un decreto el día 24 de junio de 1831 que ponía fin a las pretensiones del general Monagas.
A Valle de la Pascua llegó el general Páez con siete oficiales, el día 23 de junio como a las dos de la tarde, dejando el grueso de su ejército en Chaguaramas. El 24 después de la entrevista se marchó a Caracas. José Tadeo Monagas había llegado a la Pascua desde el día 16 de junio y se marchó el 28. Su larga estadía en la población se explica por las muchas simpatías y adhesiones que recibió y los seguidores que tenía en esta zona. La entrevista se realizó en el “Alto de la Laguna del Pueblo... a la sombra de unos jabillos rivereños”, y fue muy positiva para el restablecimiento de la paz, por eso en honor a ella, se acordó cambiarle el nombre a la población por el de “Villa de la Paz”, así se publicó en la Gaceta Oficial de Venezuela, pero eso no prosperó porque los vallepascuenses no asimilaron el cambio de nombre.
Las pugnas entre José Antonio Páez y José Tadeo Monagas eran consecuencia del cúmulo de contradicciones que habían permanecido latentes por años, y que poco a poco se exteriorizaban, haciendo tambalear el frágil entendimiento acordado en 1830, sobre todo cuando comienzan a tambalearse los intereses de los sectores involucrados y empiezan a aparecer signos de crisis económica. A ello se suma el resquebrajamiento de la alianza con algunos militares desplazados del aparato institucional, mientras que las políticas económicas aplicadas son cada vez más favorables a los comerciantes, en detrimento de los hacendados y hateros.
            El diálogo efectuado en Valle de la Pascua, es consecuencia de la hábil e inteligente conducción política del general Páez, orientada a conciliar los intereses en pugna, “al caudillo le toca promover el nuevo esquema socio-político; atraer a los enemigos irreconciliables [...] y los centra en torno suyo; a la larga no se sabe quién engendra a quién, tan íntima y solidaria es la entente o mejor la simbiosis”.
Para el historiador J.A. De Armas Chitty (1978), la entrevista se efectuó en Valle de la Pascua “por la influencia que ante los Arzola (De Armas Chitty los cita como Anzola) de Valle de la Pascua y pueblos del oriente tenía Monagas”, lo cual queda plasmado en una carta enviada por Juan de Jesús Arzola a su hermano Carlos Arzola en Caracas, en donde refiere la entrevista, en la misma a Páez, siendo presidente de la República, se le llama  Páez (a secas);  en cambio,  a Monagas se le llama general. En un párrafo de la carta se lee: “... Yo lo único que le dije fue la amistad que nos une al general no era de ayer, y que en esta casa se habían hospedado los padres del general cuando nosotros éramos mozos; él entonces echó un brindis por la amistad de los Arzola, los Monagas y los Páez porque él quería que lo tuviéramos por la casa también… y cuando terminó la comida echó otro brindis sobre los trabajos que habían pasado cuando andaban fundando la patria”.
 El alzamiento popular de los orientales culminó en Valle de la Pascua, teniendo como epílogo la firma de un decreto dictado por Páez el 24 de junio de 1831, donde le concede garantías y perdón a Monagas y sus tropas.
Las rebeliones de 1830-1831, iniciadas en el oriente del país, con ramificaciones en los pueblos llaneros del oriente del Guárico apuntaban a debilitar o a destruir la base de poder de Páez y restaurar los privilegios de los militares-hateros, además de ser una manifestación del regionalismo político que venía desde la Colonia y se había fortalecido durante los primeros años de la guerra emancipadora. De esta manera, los rebeldes abogaban por un gobierno federalista como la estructura política más viable para mantener el control sobre su dominio regional. De la misma manera, la llamada Revolución de las Reformas de 1835-1836 fue un renovado intento para limitar, bajo el manto del federalismo, el poder del grupo dirigente que en el Guárico se expresó en el otorgamiento a los terratenientes y dueños del suelo llanero mayores prerrogativas, tanto políticas como económicas.
Como antecedente de la reunión de Páez y Monagas en Valle de la Pascua, se puede considerar el Tratado de Paz firmado el 4 de julio de 1830, en el pueblo de Onoto, de la provincia de Barcelona, en la ribera Oriental del río Unare, cerca de Zaraza, entre el general José Tadeo Monagas, quien actuando a favor del gobierno del general Páez, firma un tratado de paz con el general Julián Infante, que venía comandando una tropa rebelde contra el gobierno nacional en la zona comprendida entre Barlovento y Guanape.
Finalmente, este 24 de junio de 2015, se cumplen 184 años de la firma en suelo vallepascuense del histórico Tratado de Paz.
Valle de la Pascua, miércoles 17 de junio de 2015…

lunes, 7 de julio de 2014

DANIEL “CHINO” CANÓNICO


                                                                                  Manuel Soto Arbeláez


En toda su vida periodística, a partir de 1941, Abelardo Raidi se ocupó de echarnos el cuento de la victoria que ocurrió el 22 de octubre de 1941 en el Estadio La Tropical, en La Habana, y el evento se convirtió en un hecho histórico en los anales del béisbol de Venezuela. Conrado Marrero frente a Daniel Canónico en el partido decisivo de la IV Serie Mundial de Béisbol Amateur, fueron los grandes protagonistas. Los cubanos, hasta ese momento peloteros invencibles en el amateurismo, marchaban invictos faltando un partido frente a los venezolanos, que habían perdido sólo un juego ante República Dominicana. Julio "Jiquí'' Moreno, un veloz serpentinero fue el designado el 17 de octubre para buscar la victoria final. Pero los antillanos fueron silenciados por Canónico, un pitcher no muy veloz, pero de buen control que se llevó el triunfo 4-1 para empatar el torneo y obligar a un juego extra, pues la “Serie” se había empatado.
El desafío decisivo estaba señalado para el día siguiente, pero la delegación venezolana, hábilmente encabezada por Raidi, solicitó cuatro días de descanso en busca de que pudiera lanzar nuevamente su pitcher estelar. El Comité Organizador del evento aceptó la solicitud al vislumbrar un aumento en el número de fanáticos que iban a asistir pagando al estadio para presenciar el duelo entre Canónico y Marrero. Las tribunas se llenaron varias horas antes que los árbitros salieran al diamante. Había público en lo alto de las tribunas abiertas, en los bleachers, en las tribunas techadas y también sobre el terreno que estaba controlado por sogas que corrían paralelas a las rayas de foul. Dice Raidi que “De manera oficial, se reportó una asistencia de 32,185 aficionados, la más alta cifra registrada hasta ese momento en un partido de béisbol en Cuba, aunque para algunos historiadores la concurrencia fue superior a los 40,000 fanáticos. Marrero, cuya arma principal era su excelente control, no encontró la zona de strike en la primera entrada, situación que aprovechó Venezuela para anotar tres carreras. El serpentinero cubano se recuperó de su mal comienzo y metió en un puño a sus rivales en el resto del desafío, pero ya el mal estaba hecho, pues nuestro Daniel Canónico volvió a marear a la artillería cubana tolerando una solitaria carrera en el noveno acto”(..)
Continúa Abelardo Raidi diciendo que “Lo cierto es que al sacar el out 27, la pizarra marcaba 3 por 1 a favor de Venezuela. Parte de la afición cubana, con sentimientos mixtos por la derrota y por el respeto a la actuación del contrario, decidió invadir el terreno para cargar en hombros a Canónico junto a los jugadores venezolanos. La repercusión de la victoria fue tan grande aquí (en Venezuela), que se le comenzó a llamar a los integrantes de ese equipo, los “héroes de 1941”, y dicha novena tiene una mención especial en el Salón de la Fama del Béisbol Profesional de Venezuela”(..)
En 1942, en la propia capital cubana, se produjo la venganza de los antillanos al vencer 8-0 al propio Canónico con Marrero en la lomita. Cuarenta años después, en 1981, se reunieron en Caracas varias glorias de aquel memorable juego, actividad a la que asistió como invitado especial, Conrado Marrero. El mánager de Venezuela fue Manuel "El Pollo'' Malpica, mientras que por Cuba dirigió Joaquín Viego, que tuvo como asistente al inmortal pitcher amateur de la década del treinta, Narciso Picasso.
Grandes hazañas han ocurrido en la historia de las Series Mundiales de Béisbol Amateur desde que éstas se iniciaron en 1938, una de ellas fue el triunfo de Daniel "Chino'' Canónico en duelo frente al "Premier'' Conrado Marrero y la artillería cubana en el Estadio La Tropical de La Habana, en 1941. Pero algo sucedió que no compensó “la inmortalidad” de Daniel “Chino” Canónico, a quien, a pesar de muchas alabanzas del gobierno de entonces, no se le ayudó económicamente de acuerdo a lo prometido. A pesar que “El Chino” probó suerte en el béisbol semi profesional (Los Sapos 1943-1945) y profesional a partir de 1946 con varios equipos de Caracas, Barquisimeto y Maracaibo: (Ayarí, América, Japón, Gavilanes, Pastora, etc.), terminó sus días en Barquisimeto vendiendo periódicos y revistas en un quiosco de esa ciudad. Abelardo Raidi todos los años recordaba la hazaña del 22 de octubre de 1941. Muerto Abelardo nadie se ha ocupado del asunto.
MSA fax (0212) 285 8957, E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.com Los libros El Guárico Oriental 1, 2 y 3 en librería Llanera, calle Guásco frente a la plaza Bolívar, Valle de la Pascua.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Crónicas del Olvido

RUINAS VIVAS


                                                                                     
Alberto Hernández

1.-
De ruinas estamos hechos, de abandonos. Mientras camino por las páginas de El país de las últimas cosas, mi diálogo con Paul Auster me acerca mucho más a Ruinas vivas(Editorial Eclepsidra/ Colección Vitrales de Alejandría, Caracas 2013), el poemario de José Luis Ochoa que emerge de “la corrupta muerte cotidiana”, de las piedras y sus “lugares enfermos”  y me somete a la obligación de salir de ellas ileso aunque golpeado interiormente. Y es así, cada verso de Ochoa (Valle de la Pascua, 1965) nos empuja (ya en plural) a pisar los restos de un mundo que se convierte en palabras, en voces sueltas, en gritos ocultos, en gestos que metaforizan el estado de ánimo de quien los lee. Este poemario, herencia de tantas experiencias, viene de lejos, de muchas andaduras, de silencios, de imágenes dolorosas, aguantadas en el pecho, expulsadas en estas hojas que hoy deletreamos con calma, con la calma que estas horas de abulia y bruma promueven nuestro ánimo. Nada es fácil en estos tiempos, mucho menos abordar un libro en el que somos parte de esas ruinas que se mueven, que se articulan y vuelven a su estado original, como dice Camus en uno de los epígrafes, “las ruinas se han tornado piedras…han regresado a la naturaleza”.
2.-
Nada es gratuito. El repaso a este libro, vértebra a vértebra, me advierte la cercanía del viejo Quevedo, el que dice: “Miré los muros de la patria mía,/ si un tiempo fuertes, ya desmoronados,/ de la carrera de la edad cansadas,/ por quien caduca ya su valentía”, y así al libro de Ochoa, vertiente de seis instancias por donde circula la sangre de unos versos expatriados por la dura inflexión de su lectura: Palabra entre ruinas, Variaciones sobre un mismo cielo, Bajo la ceniza nocturna, Música antigua, Poemas Hiperamorosos y Días de viajes y renaceres. Instancias y estancias por las que andan estos poemas que, como dice Lázaro Álvarez en la presentación, se trata de una “experiencia hondamente vivida de la gran Ley de la entropía que todo lo domina o lo somete: esa tendencia de todo a desgastarse, a envejecer y erosionarse sin retorno…”.

 El poeta José Luis Ochoa

Muchos son los temas que maneja Ochoa en su libro, pero me aferro al primero de ellos: al de la ruina, toda vez que, como afirma Antonio Colinas, “las ruinas están en nuestra memoria, en el origen de nuestra memoria”, lo que nos conduce a pronunciar con el autor: “Con el aleteo en las almas/ de aquel tiempo/ todo era un andar sin pausa ni sosiego/ tras las rocas renegridas del paisaje/ tantas veces recordado/ en los relatos  míticos/ de nuestra novela familiar”. Es decir, de la memoria de quien tantas veces habla de las piedras, toca las piedras, las siente polvo, retorno al origen. El mismo Colinas desliza que las ruinas son “espacios de vida”, “un espacio de ruinas arqueológicas es un espacio vivo”. Creo entonces que José Luis Ochoa anduvo por esos lugares con las palabras y el silencio, por los límites entre lo olvidado y lo que aún es lugar para crear, para no borrar la poética del tiempo tan dada a decir por el poeta José María Heredia en su tradición por la pirámide de Cholula y que bien destaca Antonella Cancellier en Estética Romántica de la Arqueología: La poética de las ruinas de José María Heredia: “El Teocalli ha mantenido la esencia de algo que ya no existe pero que la memoria puede reavivar. Hacia sus ruinas, Heredia dirige una meditación especulativa y evocativa al pueblo que lo elevó y crea un Spatium memoriae en que la ausencia puede convertirse en visible”.
3.-
Y así como una ruina vive y respira en nuestro imaginario, porque no es más que eso: el pasado nos designa, nos habita y nos resucita a diario, igual van las palabras aparejadas a este designio. ¿Cuánta ruina verbal, cuánto silencio luego de alguna voz que en el desierto gritara su agonía?
Palabras perdidas/ en la desmemoria de nuestras voces/ tan pesadas por su carga/ de años olvidados/ de cháchara inútil.// Vocablos huecos/ cortados en su tronco virgen/ ofrezcan una oración amorosa/ sencilla entre esta confusión/ de escombros…
Palabras que luego se convierten en la densidad del afecto, en lo amoroso estricto desde quien pronuncia y deja caer el sabor de unos sonidos “en el seno de los labios más dulces”.
Los tantos sentidos que mueven este libro develan la altura en un cielo con nombre propio, el de Barquisimeto, despejado. Cielo que se desdice y alisa sus significados con las horas. Y bajar a tierra significa saber del desamparo en medio de la casa, de una memoria que perdura, que también es parte de aquella ruina hecha vida presente.
4.-
La voz que habita en estos poemas es una voz desterrada, moradora de un exilio que ubica una ciudad y la confronta. “Esta ciudad de seres exiliados”, pero sobre ella, pueden ser Barquisimeto, San Felipe, Valle de la Pascua, Tenerife, hay un cielo, un valle, un volcán que, precipitado por las ruinas aún ofrece la posibilidad de asirse de las manos y orar, volver a la infancia perdida, trasladarse al firmamento a veces vacío, a veces tormentoso.
La voz que habla en estos poemas emerge de una casa donde el “miedo está tras las puertas” y se pasea por “los cuartos del pasado”. Y así el desamparo. Imaginamos al niño en aquella tierra casi baldía del Llano, empujado por las sombras, por el silencio y la terquedad del clima. Los miedos infantiles, esa ruina perversa que formó parte de nuestras angustias cotidianas.
Ese mismo ser que luego se refleja en el cielo, en el cielo de la infancia extraviada, ida, es el que le canta al amor, al amor férreo, al amor atado a través de dos perros callejeros, metáfora que derrumba la sensatez de la unidad y la convierte en revelación.
Y como Ave Fénix, la ceniza que ha pasado por estas páginas, abruma con su presencia la voz que cierra “cuando reiniciamos el viaje hacia/ el sitio de los orígenes/ hacia el hogar fiel”.
Si bien José Luis Ochoa viaja y se detiene sobre las ruinas, las vivas y las que presiente que lo están, queda, como afirma –una vez más- Lázaro Álvarez “…la posibilidad de la posibilidad: la constante y permanente esperanza humana”.

Imágenes tomadas de  http://yaracultura.blogspot.com/2013/11/jose-luis-ochoa-leera-sus-ruinas-vivas.html y http://yaracultura.blogspot.com/2013/12/jose-luis-ochoa-en-ruinas-vivas-ando.html

domingo, 15 de agosto de 2010

Aquellas horas de la vieja radio

PEDRO INFANTE EN MARACAY, LA PASCUA Y VILLA DE CURA



Alberto Hernández

** El actor y cantor azteca estuvo en Maracay, Valle de la Pascua y Villa de Cura, donde dejó pequeñas historias casi borradas por la desmemoria. Los cronistas de estas poblaciones están en la obligación de buscar más datos para establecer las actividades y eventos que el conocido artista cumplió en esas comunidades en la década de los años 40.

Digamos que la memoria se encuneta. Se hace peregrinación, olvido, en medio de tantos desbarajustes del tiempo. Así lo descifra quien escribe la crónica y pasa a ser sólo un trozo muy pequeño de esta ciudad que navega entre tantos naufragios. Digamos, sí, que por esta ciudad, desde que tiene geometría urbana, ha sido protagonista de eventos que nadie recuerda. O que no son motivo de preocupación, más allá de que quien diga o rasguñe sea corto de vista o predestinado a meterse en lo que lo conviene, como muchas veces le han dicha a éste entrometido, quien sin ser de Maracay sueña con ella y la reconstruye desde las pesadillas que la han habitado siempre.
Alguien, remotamente, recuerda el año 48 y habla de la inauguración del Teatro Principal, donde se llegaron a presentar importantes agrupaciones musicales provenientes de varis partes del país. Por ejemplo, como decía en una nota dedicada al maestro de la guitarra Augusto Larrazábal, se trataba de un “Lujoso escenario deregia decoración y magnífica proyección, sonido perfecto, selección escrupulosa de películas, cómodos asientos”, como anunciaba a diario la publicidad de “Melodías” que circulaba por Valencia, Puerto Cabello y Maracay. Publicidad que hacía un recuento de los artistas locales y nacionales.
Pero así como el teatro Principal, conocido por los de la época como Cine Principal, muy cerca del Teatro de la Ópera, también la radio cumplió su cometido cultural y social en aquella Maracay rural, gomera aún, llena de anécdotas y silencios procurados por las dictaduras. Las radios tenían un teatro de variedades, como el de Radio Maracay, donde se estrenó el Dúo Vargas- Larrazábal, por ejemplo, por aquel año de 1946.



Pedro Infante en Radio Maracay

La foto dice mucho. En la imagen aparece el cantante y actor mexicano, rodeado de la gente de Maracay de aquella década de los años 40. Allí también aparece un hombre con una guitarra, al lado del artista azteca. Frente a uno de esos micrófonos cuadrados, está el Pedro Infante de las películas de acción, de amor y canciones. Uno imagina la emoción de aquellos maracayeros. Oírlo cantar una ranchera o un bolero a pocos centímetros. El de la guitarra es nada más y nada menos que Augusto Larrazábal, quien acompañó a muchos cantantes en esa mimas emisora, entre ellos Paco Vidal, Tony Aguilar, Leo Marini, Sofía Álvarez, Alfredo Sadel, Héctor Murga, Héctor Monteverde, Héctor Cabrera, Edith Salcedo, Lorenzo Herrera, Pedro Noguera, Julio Jaramillo, Félix Carrión.

El mexicano en Valle de la Pascua y Villa de Cura

No tenemos anécdotas del cantante en Maracay, pero sí tengo de primera mano unos datos –probablemente forman parte de la ficción, pero nos llevan a imaginar su certeza- que revelan la presencia de Pedro Infante en Valle de la Pascua, probablemente el mismo tiempo que estuvo en Maracay. Al parecer, Infante se hospedó en la posada de Corita, un personaje muy conocido en la ciudad guariqueña, quien cocinaba que daba gusto. Las muchachas del pueblo, fascinadas con la llegada del cantor, se llegaron hasta la puerta del pequeño hotel y allí vieron al Pedro Infante en pantalones cortos, lo que produjo un revuelo en las féminas. Salieron asustadas porque acabañan de ver a Pedro Infante desnudo, en interiores, cuando se trataba de un short. Claro, no existía esa costumbre en nuestros predios. Otros comentan que estaba hospedado, no sé, en el Hotel Comercio. Espero que los cronistas de La Pascua me corrijan. Es posible que haya cantado en Radio La Pascua o en algún club. Eso está por saberse.
Existen también pequeñas historias del mexicano en Villa de Cura. En una oportunidad, Mario Suárez me comentó su participación con el cantante azteca en un cine-teatro de esa población aragüeña, pero he perdido la ruta y tendría que revisar viejos papeles.
Queda el compromiso en el aire. Buscar, indagar, hasta dar con la historia. Alguien la contará con todos sus detalles algún día.

martes, 10 de agosto de 2010

PEDRO DÍAZ SEIJAS: GUÁRIQUEÑO DE SIEMPRE

FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR


Hace apenas un mes, el pasado 30 de junio del corriente año falleció en Caracas, el profesor Pedro Díaz Seijas. Ilustre hijo de Valle de la Pascua, nacido el 24 de diciembre de 1921 en el caserío Santo Domingo Requenero, del municipio Leonardo Infante. Escritor, académico, ensayista, crítico literario, educador y miembro de importantes instituciones culturales nacionales y extranjeras. Profesor del Pedagógico de Caracas y director-fundador del Instituto Pedagógico de Barquisimeto y por ende, promotor e iniciador de nuevas ideas pedagógicas, reconocido nacional e internacionalmente. Fue director de la Academia Venezolana de la Lengua, y Director de Cultura de la Universidad Nacional Experimental "Simón Rodríguez" y Miembro del CONAC (Consejo Nacional de la Cultura). Cursó estudios en el Instituto Pedagógico de Caracas y en la Universidad Central de Venezuela, graduándose de profesor en castellano y Literatura y Magíster en Literatura Venezolana e Hispanoamericana. Ejerció la docencia en liceos y universidades y colaboró como columnista en los más prestigiosos periódicos capitalinos y del interior de la República. Su obra literaria está plasmada en más de 20 libros, entre ellos: Al margen de la Literatura Venezolana (1946), Introducción al estudio del ensayo en Venezuela (1947), Orientaciones y tendencias de la novela venezolana (1949), Rómulo Gallegos: realidad y símbolo (1965), La Novela y el Cuento en Venezuela (1972), La Gran Narrativa Latinoamericana (1976), Lectura en tres Dimensiones de Julián Padrón (1983), Biografía de Rómulo Gallegos (1984) y Bajo el Signo Creador de la Lengua (1985).
Del profesor Pedro Díaz Seijas escribió el académico Pascual Venegas Filardo, “es uno de los ensayistas y educadores más notables del país. Con largos años en la docencia nacional, es raro el venezolano joven que no ha estudiado en sus libros y no hay escritor que no conozca y admire su obra”. Y el doctor Ildefonzo Leal, testimonió que “…sus estudios sobre literatura venezolana son consultados con amplio interés. (...)"
El amor por la tierra natal siempre estuvo vivo y lo expresó en sus libros, escritos, conferencias, artículos. Aquí en Guárico se le admiró, reconoció y respetó, así lo testimoniaron a la posteridad, don Parminio González Arzola y el exgobernador guariqueño don Facundo Camero Velásquez. Muchas veces asistimos como espectadores en distintos pueblos del Guárico, a donde asistió a dar conferencias y charlas en universidades, concejos municipales, plazas y otros escenarios. Como orador de orden vino a Valle de la Pascua en ocasión del Bicentenario de nuestra ciudad. De ese amor filial legó como testimonio de su guariqueñidad, las obras: La Viva Presencia del Guárico; Crónicas del Guárico; Reflexiones en voz alta. Y La Poesía en Décimas a propósito del Llano, obra de la que el historiador Adolfo Rodríguez, quien gozó de su amistad y aprecio, escribió:
El último libro de Pedro Díaz Seijas, “La Poesía en Décimas a propósito del Llano”, demuestra que el ensayista, el crítico, el estudioso de la literatura que ha sido este escritor venezolano, se manifiesta también en la creación literaria. Subtitula, dicha obra, “Homenaje a Alberto Arvelo Torrealba y Ernesto Luís Rodríguez”, de quienes se reconoce deudor de una afición que se remonta a sus primeras andanzas, tierra adentro, cuando descubre un poemario del joven Ernesto Luís: el “supremo secreto de la poesía”, transitado por otros autores que Díaz Seijas nombra en el “ofrecimiento”: Pedro Sotillo, Luis Barrios Cruz, Arístides Parra, J. A. De Armas Chitty. La poesía de Díaz Seijas abreva también, como revela, en un “paisaje casi totalmente inédito, pero de una sublime belleza, situado al sur del distrito Infante del estado Guárico, cuyas vías desprendidas desde Valle de la Pascua, conducen a Espino, a Parmana, a La Peña”, Y su fascinante alrededor: “impresionantes morichales, cuya naturaleza es necesario conocer, admirar e incorporar a las maravillas decorativas de nuestras llanuras. Las grandes extensiones de sabanas” con “formaciones montañosas…como son el Cerro de El Macho y el Tucusipano, así como grandes bancos, como el Telesfero”. Territorio exquisitamente descrito en la obra “El reflejo de los remansos azules”, rescatada, estudiada y editada, siendo presidente de la Academia Venezolana de la Lengua, por Díaz Seijas, quien, cabe advertir, nace y se forja como hombre de llano por esos predios.

De su paso como Director Nacional de Cultura de la Universidad Simón Rodríguez, en la década de los años 80 del siglo pasado, durante la gestión como rectora de la doctora Elizabeth Yabour de Caldera, el profesor Díaz Seijas escribió el Himno de la institución. Sublime pieza musical donde el autor recrea líricamente como en un lienzo, las regiones de la geografía patria y la presencia Emérita de la siempre noble Casa que vence en las sombras, como ejemplo paradigmático de lo que fuese el imaginario del bien llamado Maestro de América, ilustre epónimo, como diciéndonos que una Patria grande y unida siempre es posible y necesaria.

HIMNO DE LA UNIVERSIDAD SIMÓN RODRÍGUEZ

Letra: Pedro Díaz Seijas.
Música: Inocente Carreño

Desde el Ávila Dios taciturno
a los Andes, el Llano y el Mar,
en tropel nuestras voces al turno
vuelan todas en canto triunfal.
En tropel nuestras voces al turno
vuelan todas en canto triunfal.
Don Simón Padre Nuestro seguimos
tras tu huella bravía y emérita,
a tu ejemplo auroras pedimos
inmortal ciudadano de América.
Tus palabras son surcos fecundos,
tu mensaje se yergue hacia el sol,
alboradas antiguas de mundos
iluminan tu ejemplo ductor.

Desde el Ávila Dios taciturno
a los Andes, el Llano y el mar,
en tropel nuestras voces al turno
vuelan todas en canto triunfal.
En tropel nuestras voces al turno
vuelan todas en canto triunfal.

En la ciudad de Valle de la Pascua, el domingo primero de agosto del año 2010.



lunes, 23 de abril de 2007

LOS PRIMEROS MÉDICOS DEL ALTO LLANO DE CARACAS

Manuel Soto Arbeláez*

Los siguientes sub capítulos forman parte del libro que tengo en preparación titulado El Guárico Oriental 4. Como dice la ponencia presentada el XI Encuentro de Cronistas e Historiadores del Estado Guárico celebrado en La Pascua los días 29,30 y 3| de marzo de 2007, son datos preliminares de médicos que aquí ejercieron a finales del siglo XIX y principios del XX, para establecer un estudio más riguroso del tema.

19. Los primeros médicos que ejercieron en Valle de la Pascua y en la región geográfica de Infante.
Documentalmente se puede afirmar que el primer médico graduado que ejerció en La Pascua fue el Dr. Manuel Ledezma -él se firmaba Ledesma-, con residencia tanto aquí, como en Chaguaramas. Éste, a partir de 1832, fue comisionado por el gobierno central para examinar a los soldados y oficiales que pretendían -basándose en la ley de 1827-, obtener los beneficios de una pensión por haber sido lisiados en combate durante la Guerra de Independencia. El caso más emblemático de los informes del Dr. Ledezma fue el correspondiente al teniente de caballerías Aniceto Torrealba, natural de Santa María de Ipire, cuando afirma que “el oficial perdió el miembro viril a consecuencia de un lanzazo recibido en la batalla de Cantaura, que le destrozó el caño de la orina”(..). El informe es de 1842, pero se conocen otros hasta 1848.
Después de 1848 no se conocen más informes de Ledezma, ni de ningún otro médico en ejercicio en Valle de la Pascua o el Oriente del Guárico. Sin embargo, sí debió haber presencia de galenos pues en una campaña emprendida en 1888 por Víctor Manuel Ovalles contra los “eternos brujos”, “curanderos y “yerbateros”; uno de ellos, llamado Cantalicio Barrios, lo reta públicamente a debatir “sobre las ventajas de las medicinas naturales sobre las químicas y drogas recetadas por ustedes los médicos, que provocan el envenenamiento del cuerpo”(..). Es, evidentemente, la primera pelea pascuense entre la homeopatía y alopatía. Una cosa es cierta, aun cuando no se haya metido en la querella, en 1888 ejercía aquí el Dr. Cristóbal Molina.
En 1892 llega al pueblo el Dr. Luigui Pasquarelli, italiano, quien además de ejercer la medicina fundó junto al ciudadano enfermero licenciado de origen cubano Antonio G. Marrúz el “Club de Amigos de la Causa Cubana”, que propagaba el derecho de la isla a liberarse de España. El club recogía ayuda que era enviada a los patriotas cubanos en su lucha contra la Colonia, contando con la colaboración de don Gerónimo Escobar Ramírez. Pasquarelli ofrecía por la prensa local “la vacunación con el fluido vacuno del Instituto Pasteur”(..). Pero a inicios de 1899 muere este médico italiano y de seguidas es sustituido por su hermano Michelle Pasquarelli, quien estuvo en La Pascua hasta 1902, mudándose para Altagracia de Orituco. En 1925 todavía practicaba su profesión en esa localidad, como lo prueban los avisos de prensa en los cuales ofrecía sus servicios. Pero ese mismo año al ir de visita a su tierra natal, muere en Italia el 26.03.1925, según nota obituaria en homenaje a su padre que escribe su hija, residente en el Orituco, Diana M. Pasquarelli en el periódico gracitano El Trabajo, # 8, del mes de mayo, dirigido por los señores Próspero Infante y J. A. Hurtado Ascanio. En el # 25 de fecha 05.02.1899 Michelle (que había castellanizado su nombre italiano a Miguel) el periódico vallepascuense Menudencias anuncia que “desde el 5/2/1899 llegó el Dr. Miguel Pasquarelli a sustituir a su finado hermano. Este galeno es aficionado al folklore y a la antropología y ha estado en el país desde hace dos años”(..). En el # 27 del mismo periódico el Sr. E. Rubín Hernández publica un remitido loando al médico por la curación de su hija Piedad: “Encontramos en él a un verdadero Sacerdote del dolor”.

Los primeros médicos en el Oriente del Guárico
En el # 25 de fecha 05.02.1899 el Dr. Michelle Pasquarelli (que había castellanizado su nombre italiano a Miguel), el periódico vallepascuense Menudencias anuncia que “Desde el 5/2/1899 llegó el Dr. Miguel Pasquarelli a sustituir a su finado hermano. Este galeno es aficionado al folklore y a la antropología y ha estado en el país desde hace dos años”(..). En el # 27 del mismo periódico el Sr. E. Rubín Hernández publica un remitido loando al médico por la curación de su hija Piedad, “Encontramos en él a un verdadero Sacerdote del dolor”, dice Rubín Hernández.
En 1901 se graduó en Valencia Jesús María Istúriz (VDLP 1877-Caracas 1946) viniéndose a ejercer a su pueblo, y en 1902 se graduó en la UCV Miguel Lorenzo Ron Pedrique (VDLP 1882-Caracas 1951), ambos conformaron con Rafael Zamora Arévalo y Cristóbal Molina el cuarteto de galenos que servían a la población infantina y poblaciones circunvecinas, a donde iban a visitar enfermos. Zamora Arévalo nació en Valle de la Pascua en 1872 (Lorenzo Rubín Zamora dixit) y murió en Caracas en 1940. En su pueblo natal ejerció de 1897 a 1918, cundo se trasladó a la capital de la República a trabajar como Sanitarista en la lucha contra la gripe española. Era hijo de Tomás Zamora y Eugenia Arévalo.
Del grupo de bachilleres -egresados del Colegio Zamora de Valle de la Pascua en 1894- de Ron Pedrique e Istúriz López fue también Eladio Díaz Vargas, quien ejercía en Tucupido y en La Pascua. Istúriz se graduó de Doctor en Ciencias Médicas en Valencia debido a que el gobierno de Cipriano Castro cerró la UCV. Hasta 1910 ejerció en ciudad natal, trasladándose a Caracas. Según el Diccionario de Historia de Venezuela, en su versión CD-ROM, de la Fundación Polar: “Istúriz fue el inventor de un instrumento vacunador antivariólico que patentó en Estados Unidos, Cuba y Venezuela y que fue también utilizado en los servicios médicos de Agricultura y Cría y Asistencia Sanitaria. Fue columnistas de trabajos de su profesión en el diario La Esfera y comisionado en 1936 por el Ministerio de Sanidad para hacer estudios sobre higiene pública en los Estados Unidos”(..).
La partida de bautismo del niño Istúriz fue firmada por el presbítero Juan Santiago Guásco el día 26.12.1878, en la cual anota que nació en Valle de la Pascua el 16.09.1878, siendo hijo legítimo de Jesús María Istúriz y de Genara López, fueron sus padrinos Manuel María Istúriz y Eliodora González (futura esposa del Dr. Víctor Manuel Ovalles, nota del autor de este artículo).
Por su parte Miguel Lorenzo Ron Pedrique estudió, al igual que Istúriz y Díaz Vargas en el “Colegio Zamora” graduándose de bachiller en Aragua de Barcelona, siendo pupilos del Br. José Ramón Camejo Sabino. En 1902 obtuvo el diploma de Doctor en Ciencias Médicas. Según el Dr. Aurelio Álvarez Juan, en su libro Don Pedro Carlos de Ron y Tovar y su Descendencia en Venezuela, Ron Pedrique “Ocupó cargo de médico en Cagua, Palo Negro, Ocumare de la Costa (Aragua), en Ospino (Portuguesa), en Samuel Lara (estado Lara) y en San Félix (Bolívar). Sanitarista en La Guaira. Médico de la Comisión de Límites Colombo-Venezolana y también en la comisión de Límites con Brasil y la Guayana Británica. Secretario de Gobierno en Anzoátegui (1928), en Guárico y Apure. Diputado al Congreso Nacional por el Guárico y a la Legislatura del mismo Estado. Senador por Apure y Portuguesa. Fundó los periódicos Alto Llano, y El Candil usando el seudónimo Armando Ruido”(..).
El Pbro. Juan Santiago Guásco inscribe su partida de bautizo el 13.12.1882, habiendo nacido el 12.04.1882, hijo legítimo de Miguel Lorenzo Ron Ron y Castro y de Carolina Pedrique, fueron sus padrinos Antonio José Pedrique (por José Antonio Ron) y Reyes Rodríguez. En la revista El Oriente del Guárico, # 2 del 15/03/1902 aparece una nota en la cual señala haber recibido una copia de la Tesis de Grado de Ron Pedrique. Éste casó, ya mayor, en Calabozo, pero en Valle de la Pascua tuvo hijos con una dama de apellido González, entre ellos don Eleazar González y un hermano suyo que se fue a Puerto Cabello fue padre del intelectual e historiador Asdrúbal González.

Los médicos del Oriente del Guárico Siglo XIX e inicios del XX
En el número correspondiente a julio de 1903 en la revista gracitana señalada en artículo anterior, escribe el médico Miguel G. Pasquarelli el artículo “América y Europa, Alianza en Ambos Mundos”, en el cual dice ser un diletante de la literatura y la política afirmando: “O América invade a Europa o viceversa, pero será un hecho irrefutable”(..), fue, evidentemente, una pobre afirmación futurista. En otro artículo señala que “las América al sur del Río Grande deberían ser recolonizadas por Europa para que desde allí se trajera la ciencia y la educación de avanzada”(..), con lo cual demostraba que no era un hombre de mentalidad progresista, sino un reaccionario. Que yo sepa nadie contestó estas barbaridades propias de aquel tiempo.
Según el periódico Tartarín, de Tucupido, en 1916 ejercía tanto allí como en Valle de la Pascua el Dr. Guillermo López Borges y de acuerdo a reseña del farmaceuta Víctor Manuel Ovalles en 1890 ejercía en La Pascua el Dr. José Gregorio Domínguez, zaraceño gran bailarín y coreógrafo. López Borges, según información del abogado Franklin Santaella Isaac, ejercía en estos pueblos llaneros desde finales de la década de los 1890s. Era hijo del también galeno Nicanor López Camacho, hombre de gran prestigio en Caracas, uno de los fundadores de la Academia de Medicina. De Domínguez no se tienen más detalles que los aportados por Ovalles; sin embargo vale la pena seguir investigando a estos dos personajes.
En esos mismos años, 1901 a 1903, ejercía en La Pascua de forma dual la medicina y la política local el Dr. Juan Ramón Soto Gómez, quien en varias ocasiones y por corto tiempo fue prefecto del distrito Infante. Casó en la ciudad con la señora Ana Sutil. En segundas nupcias casó con una señora de apellido Becerra. Fue padre de don Mario Soto, hacendado en el municipio Las Mercedes del Llano, dueño del gran hato ganadero llamado “La Sutilera”. Al Dr. Soto Gómez se le tuvo como hombre de gran cultura.
En 1907 el periódico local La Pampa informa que en plena celebración de la Semana Santa los doctores Rafael Zamora Arévalo, Miguel Lorenzo Ron Pedrique y Cristóbal Molina ayudados por el Lic. Antonio G. Marrúz “Extirparon a un paciente local un absceso hepático, utilizando como anestesia inyecciones de cocaína aplicadas localmente, dada la cantidad de pus que alcanzó cinco litros(?)”(..). Al señor Marrúz en algunos casos se le señala como licenciado y en otras como enfermero. Lorenzo Rubín Zamora señala que era puertorriqueño. En realidad era cubano y casó en Valle de la Pascua con la señorita Josefa del Corral, a quien cariñosamente llamaban “Chepa”, tuvieron los siguientes hijos: Antonio, Cristóbal, Baltasar y Rafael Marrúz del Corral. Se ausentó con su familia de Valle de la Pascua a mediados del segundo decenio del siglo XX.
El primero de septiembre de 1895 el periódico Chilindrinas informa que “El Dr. Cristóbal Molina se trasladó en bestia hasta Tucupido a atender al Pbro. Antonio Ferrer Torres, cura y vicario de Zaraza, quien se encuentra en esa en busca de mejores aires para su salud”(..). En 1907 Molina se despidió de la sociedad pascuense mudándose para Caracas.
De San Casimiro venía frecuentemente el doctor Vicente De Milita a Valle de la Pascua, a Tucupido y a Zaraza a practicar operaciones de cataratas. Así lo informa el periódico El Unare en su edición del 10 de agosto de 1905. A finales de septiembre de ese año regresó a estos mismos pueblos a tratar enfermedades de los ojos en general, según la misma fuente. El doctor De Milita era un italiano que se radicó en San Casimiro de Güiripa, estado Aragua, a finales del siglo XIX. En Italia se graduó con excelentes notas revalidando su diploma en Caracas.
Dejó hijos en Güiripa y en varias regiones del país especialmente en Apure adonde se había trasladado por invitación que le hizo el gobernante de ese estado, esbirro de Juan Vicente Gómez Chacón, general Vincencio Pérez Soto. De Milita murió de fiebres palúdicas en el Alto Apure en 1933. En un libro de Méndez Echenique aparece una foto de este italiano aclimatado a la canícula llanera, en pose que lo pinta gordo y con una barba que le llega al maruto en un ágape con gente del gobierno. El italiano era todo un camaleón. Tenía una frase siempre presente: “En el cielo Dios y en la tierra el gobierno”.
En artículo de prensa publicado por el Dr. Luís Fernando Melo Jiménez, Cronista de la Ciudad, da referencias sobre la atención profesional que se le dio al cadáver del general Domingo Monagas Marrero; hijo del general José Gregorio Monagas Burgos y de su segunda esposa Clara Marrero; quien murió de un mal intestinal cerca de La Pascua en camino a La Victoria, donde se iba a dar la batalla decisiva de la guerra conocida en la historiografía como “La Libertadora”. El trabajo de embalsamamiento lo ejecutaron los doctores Jesús María Istúriz López, Cristóbal Molina y Luís M. Godoy. Este último, nativo de Barcelona, era el médico que traía Monagas al servicio de su hueste. Su ejercicio en La Pascua fue accidental. En una extensa carta que me envió el Dr. José Antonio Ron Troconis, definiendo científicamente a la cagueta que mató al general Domingo Monagas Marrero, me explica los detalles de la enfermedad que no es del caso transcribir aquí. En todo caso debe dejarse de decir que Domingo Monagas Marrero era hermano de los generales José Tadeo y de José Gregorio Monagas. Era hijo de este último.
Dice también el Dr. Melo Jiménez que la primera intervención quirúrgica que se ejecutó en la Pascua fue en 1902 por el Dr. Istúriz, en la persona de un obrero de la construcción llamado José Antonio Hernández. Fue la intervención de una hernia inguinal estrangulada y en vez de bisturí Istúriz utilizó una navaja de afeitar. El enfermo fue anestesiado mediante la aplicación, por parte del Lic. Marrúz, de goteo intermitente de cloroformo por vía nasal. El Sr. Hernández se salvó e Istúriz siguió ejerciendo en Valle de la Pascua hasta 1910, siempre como cirujano.
En 1909 se anunciaba como médico cirujano en el periódico El Unare, el Dr. José A. Reyes quien “ofrece al público de esta población (Zaraza) sus servicios profesionales a y a los pueblos y campos circunvecinos puede ir a visitar enfermos”(..).
En 1916 ejercía en Tucupido el Dr. L. García Maldonado, residenciado allí según anuncia el periódico local Tartarín # 3, año 2, febrero de 1916. En esa ciudad compartía inquietudes literarias (tertulias) con Francisco Álvarez Romero, Lorenzo Antonio Zaraza, el Dr. Eladio Díaz Vargas y otros. Debemos aclarar que en su estancia en Tucupido Leopoldo García Maldonado todavía no había obtenido su Doctorado. Él se licenció en Medicina y Cirugía en 1a UCV en 1917. Tal vez ejercía en Tucupido como pasante.
El Dr. Francisco “Pancho” Troconis Hernández fue un devoto de su profesión en Zaraza, donde ejerció por muchos años. Gran cirujano y partero que fue motivo de elogios nada menos que por el médico capitalino el Dr. Domingo Luciani, al verlo manejar con destreza las cucharas del forceps en un parto muy difícil que en 1932 le tocaba atender al ser llamado de emergencia a la ciudad del Unare. Cuando llegó ya el Dr. Troconis tenía resuelto el problema a lo exclamó el galeno traído de Caracas a atender la emergencia: “Nunca había visto a alguien que manejara las cucharas con tal destreza”.
En 1917 ejercía en Zaraza el Dr. José francisco Torrealba de quien varios autores han escrito sobre su valor como médico, como políglota, como genealogista y como sabio reconocido.
Los libros El Guárico Oriental 1,2 y 3 los puedes adquirir por los teléfonos (0235) 341 7360 y (0414) 322 9713 manuelsotoarbelaez@yahoo.com


*Cronista de Valle de la Pascua (Venezuela), miembro del Instituto Venezolano de Genealogía

jueves, 22 de marzo de 2007

LOS BAILES EN VALLE DE LA PASCUA Y TUCUPIDO A FINALES DEL SIGLO XIX

Manuel Soto Arbeláez*


Víctor Manuel Ovalles Carlomán tenía una faceta romántica. En una carta suya dirigida a una amiga de la juventud -que me ha cedido el señor Atahualpa Alvarado Díaz Moronta-, recuerda sus viejos tiempos de bailarín a principios de los 1890s; y aún antes, cuando vivió en Tucupido población donde se ha perpetuado su recuerdo, al ponerle al Liceo local el nombre de este ilustre ciudadano.
Lo lamentable es que la carta, escrita a maquina, no tiene fecha, pero en ella el poeta y ensayista le recuerda a su amiga la honorable señora doña Filomena Veitía, viuda de don Manuel Álvarez que “la gente del Alto Llano es aficionada al baile; que en los hombres se desborda el chiste ingenioso; pero no malévolo, y la frase, en estilo gráfico, que hace sonreír. Y en las mujeres se derrama el salero de la tierra de María Santísima y bailan con un garbo y agilidad que encantan. Recuerdo un baile que tuvimos en Tucupido, cuando residí allí, en la casa de Don Juan Miguel Guzmán. Y para finalizar mandó Constantino Zamora Rengifo a tocar , para bailar con Herminia Azero, hija de Manuel Azero, guitarrista. Constantino inventó nuevas formas coreográficas, y Herminia le adivinaba el pensamiento y lo seguía, plegándose a los caprichos del baile. Un trueno de aplauso entre la sala y las barras, que eran el ¡evohé! del triunfo”(..).
En otra ocasión un grupo de jóvenes llevó una serenata al presbítero Dr. Pedro José Miserol, párroco de Valle de la Pascua, cura bastante ilustrado, muy culto y de un sentido humano admirable, gustaba mucho de las reuniones sociales a las cuales siempre era invitado de honor. La serenata fue completamente criolla con los instrumentos marimba, furruco, arpa, cuatro y maracas. Como cierre del acto el Dr. José Gregorio Domínguez y Angélica Peraza bailaron una en honor al prelado. Domínguez, médico y gran bailador, fue acompañado por Angélica, hermana del general Celestino Peraza Berroeta. Cuando el pavo se “armaba” y se iba hacia la pava, ésta esquivaba la acometida y se situaba en la posición de defensa”(..). Allí se traslucía la malicia llanera, según Ovalles; quien agrega que “nosotros en Hispano-América en materia de bailes no tenemos que envidiar nada al extranjero. La Rumba Cubana, el Bambuco Colombiano, el Yaraví Peruano, el Tango Argentino, la Machica Brasilera y el Joropo Venezolano responden al sentimiento de una raza”(..)
En la carta el escritor farmaceuta rinde culto a la familia Veitía, sobre todo a don Vicente, jefe de ella, hombre franco y condescendiente con sus amigos. Misia Genara, su esposa, era una mujer avanzada para aquellos tiempos en las prácticas del feminismo, por lo cual resultaba incomprendida entonces. El matrimonio tenía 5 hijas, todas ellas buenas parejas de baile, encantadoras por su donaire: María, la mayor y Julia, Filomena, Lola, y Genarita, todas ellas se desenvolvían en un medio social sano en una población vallepascuense sin excesos y turbulencias. Dice Ovalles que las muchachas amigas de su juventud, entre las mejores bailadoras fueron: “María matos de oído fino para la danza; María Ponce, de formas esculturales; Elvira Ramírez, trigueña de ojos negros y chispeantes; Panchita Zamora Arévalo, con cara de Madona del Sanzio; Concha Álvarez Romero, conjunto de simpatía, alma buena; Eloisa Pedrique, menudita y graciosa; Sofía Ramírez, dinámica y de ojos vivos; María Teresa Gil, de sencillez, atrayente y pobladas cejas; Tanita Álvarez, de buen gusto en el bailar”(..). Y otras jóvenes que nombra son: Ninfa Rodríguez Célis, Isabel Oropeza, Panchita Cobeña, Enriqueta Méndez Matos, Angelina Belisario Pérez y las Gonzáles Oropeza.
Entre los músicos vallepascuenses se destacaban Ramón Moreán, secundado por Antonio y Zurita, don Miguel Méndez flautista, el maestro Emilio López en el bajo y Hermenegildo Jaramillo insigne guitarrista.
El señor Atahualpa Alvarado Díaz-Moronta me ha hecho llegar una carta mecanografiada, sin fecha, en la que el Dr. Víctor Manuel Ovalles le recuerda a una amiga de la juventud, como eran los bailes de la sociedad vallepascuense a finales del siglo XIX.
La amiga era doña Filomena Veitía, viuda de Manuel Álvarez e hija de don Vicente Veitía, quien por muchos años fue el Registrador Subalterno del distrito Infante. Hombre de gran corazón y progresista que acompañó a la juventud de Infante en los 1890s en las manifestaciones de protesta por la invasión que Inglaterra había hecho de la Guayana Venezolana. Se desprende de la precitada carta que estos buenos amigos eran pareja en los bailes de la capital infantina, como anota Ovalles “en aquellos momentos inefables en que nos lanzábamos en los salones de Valle de la Pascua en el torbellino del baile”(..).
Pero, ¿cómo eran esos “salones”? sigamos la descripción que el farmaceuta-bailarín hace de ellos: “Esos salones se arreglaban con un piso ad hoc; y se adornaban con espejos, lámparas, cortinas, flores y todo lo que la cultura y el buen gusto había hecho allí (en Valle de la Pascua) de uso corriente”(..). Víctor Manuel le pregunta a su amiga Filomena “¿Tú recuerdas cómo se ataviaban las parejas en nuestros lujosos bailes? El mismo responde: “Las damas con faldas de raso, zapatos de gamuza, altas peinetas, mantillas españolas, guantes de preville, etc. También la juventud masculina se trajeaba a la moda, y en nuestros bailes de lujo eran indispensables los guantes. En esa época los jóvenes se distinguían por la cultura del estilo con que trataban a las damas; a las mujeres se les rendía entonces un culto digno de ellas. Extrañará a algunos tales adelantos en un pueblo del llano (la Valle de la Pascua de los 1890s )”(..).
¿Cómo era la música bailable en esos años? V. M. Ovalles tiene la respuesta: “La música era más espiritual y emotiva. En Venezuela se habían nacionalizado la Polca y la Mazurca polacas. La danza, la contra-danza y los lanceros, con sus complicadas figuras, se ensayaban y bailaban con esmero y en cuanto al valse vernáculo vibra en el alma ardiente de nuestro pueblo”.
El romanticismo aflora del alma de Ovalles cuando dice a su amiga Filo: “Tu y yo estábamos en la flor de la juventud, sólo pensábamos en gozar, en divertirnos y nos tratábamos de un modo cordial. Nunca fui exclusivista en nuestros bailes vallepascuenses. Me gustaba bailar con varias muchachas, porque así complacía al mayor número de ellas, pero siempre te preferí te preferí a ti y te daba preferencia por tu alta cultura, tu modo gallardo en el bailar. Fuiste una muchacha de mucho juicio (que) nunca halagabas pasiones de los que te hacían la corte ”(..).
No vale la pena seguir narrando el ardor de la carta que parece ser “un amor en los tiempos del cólera” como la novela de García Márquez. Lo que sí vale la pena recordar es que además a la orquesta o banda local, de Aragua de Barcelona venía la orquesta de Amador Briceño a amenizar algunos bailes especiales. Que Ovalles, henchido de emoción dice: “Yo siempre recuerdo con sincero afecto a Valle de la Pascua, porque allí discurrió mi juventud, fue el teatro de mis luchas, de mis afanes y donde se formó el surco de mi vida psíquica ”(..).
Estimo que la carta fue escrita cuando los dos amigos eran ancianos porque él habla de “nuestra lejana juventud” y recuerda que ellos dos eran los únicos sobrevivientes de su generación. manuelsotoarbelaez@yahoo.com

sábado, 3 de marzo de 2007

SE CONSOLIDA "EL BAGRE" Y MONAGAS MUERE DE UNA CAGUETA EN LA PASCUA



Manuel Soto Arbeláez*

En los últimos 40 años del siglo XIX la política venezolana estuvo dominada por la pólvora. José Martí así lo había dicho: “El país de Bolívar huele a pólvora”. Las ideas brillaban por su ausencia, en su lugar se expresaban los chopos, siendo el caballo el medio de movilización dominante. Cada cuadillo levantaba un ejército con la peonada de sus hatos. La osadía, una proclama, unos pocos hombres armados con máuseres y machetes era todo lo requerido para intentar una asonada. Algunos personajes llegaron a tener tal prestigio que les aseguró un área de influencia en la que, a manera de amo feudal, señoreaba almas y propiedades. A Pesar de la severa derrota que los Restauradores infligieron a los generales Matos, Pulido, Guerra, (Domingo Monagas no pudo concurrir porque murió de una cagueta en Valle de la Pascua), y a otros caudillos en la Victoria en 1902, muchos de ellos se convirtieron en un problema para el nuevo Gobierno de Juan Vicente Gómez instaurado el 19.12.1908.
A todos esos prestigios de oropel el "Bagre" los engañó de una manera casi infantil: Creó para ellos un Consejo de Gobierno: "Al que teóricamente consultaría el Presidente en materia de alta política, en cuestiones de gran significación. Todos estaban convencidos que sus opiniones serían decisorias; sin embargo, el objetivo era tenerlos juntos y controlados en Caracas, con una buena remuneración, con un falso "Status", asistiendo a reuniones que aparentemente eran muy importantes, pero que en la práctica no valían nada porque todas las decisiones las tomaba Gómez a espaldas del Consejo. Cuando se dieron cuenta que sólo eran juguetes en manos del Presidente, ya no había solución posible para volver a las armas y ser los caudillos levantiscos que siempre fueron. Al manifestar el menor descontento iban directo a la cárcel de la Rotunda o al exilio” (Rodríguez Gallad dixit).
La larga dictadura de Juan Vicente Gómez Chacón se apoyó siempre en el ejército. "En efecto durante 27 años, con todas sus limitaciones el gomecismo logra construir un aparato militar de alcance nacional, que va a diferenciarse totalmente de las anteriores estructuras político-militares de carácter regional-caudillesca existentes en las últimas décadas del siglo XIX. Este aparato será a su vez el basamento sobre el cual se introducirán las modificaciones que, a partir de la muerte del Dictador y más tarde con el golpe militar de octubre en 1945 permitirán organizar las modernas Fuerzas Armadas Nacionales"(..), dice Elías Pino Iturrieta.
Gómez tuvo la visión de que en el país no podían seguir existiendo militares de chopo y ruana. Él, por intuición, era un firme creyente de las jerarquías y de los galones. Creó la escuela militar trayendo instructores de Chile y Alemania; sin embargo, pese a las ventajas ofrecidas, no hubo vocaciones suficientes para estudiar la carrera militar. La disciplina era muy rígida hasta el extremo de la violación sistemática de lo que hoy llamamos derechos humanos. Esta es la razón por la cual no se produjo un relevo generacional gradual en los mandos. Estos siguieron bajo el dominio de los oficiales de la "Invasión de los Sesenta", a tal punto que todavía en el gobierno del general Isaías Medina Angarita figuraban en los altos mandos castrenses algunos carcamales de doble plancha dental, cuyos fundillos les caían en las corvas, y con unas mentalidades seniles.
El gobierno que se instaura el 19 de diciembre de 1908, y fenece con la desaparición física del dictador el 17 de diciembre de 1935, trajo algunos adelantos desde el punto de vista económico, mas no así desde la perspectiva política. La represión fue indiscriminada, la arbitrariedad era la norma, la violación de los derechos humanos permanente, la concusión siempre presente enriqueció a los privilegiados funcionarios. Al morir, Gómez tenía un capital de más de 60 millones de dólares, los cuales, gracias a Dios, estaban todos en el país pudiéndose confiscar buena parte en bienes. Todavía no existía la práctica de cuentas en el extranjero, estas comenzaron a aparecer en el gobierno de Pérez Jiménez, llegando a su clímax a medida que la renta petrolera es mayor. El nuevo pensamiento es no capitalizar, sino atesorar. Si los dineros mal habidos se depositan en el extranjero, mejor. manuelsotoarbelaez@yahoo.com Continuará....

*Historiador, cronista y articulista.