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lunes, 14 de marzo de 2011

La lectura a la luz de los fundamentos y su pertinencia social

Profesora Milagros Márquez*





Tratar de definir lo que ha sido la lectura conduce a los inicios de la concepción del universo en general. Existen tantas lecturas como formas de pensamientos.
El hombre en su afán de darle respuestas a sus preguntas, ha comenzado a justificar razonablemente ciertos fenómenos de índole cognoscitivo, psicológico, filosófico y social. Para comprender el proceso lector en el individuo, los filólogos han realizado estudios de los diferentes textos y de su transmisión, hecho que genera diferentes posturas y tópicos, en su fundamentacion.
Van Diik en su libro Comprensión del discurso comenta: Para comprender un texto y recordar su información reconstruimos u ordenamos el contenido del escrito en una estructura abstracta y jerárquica, muy parecida a las macro estructuras del texto.
Así mismo vale destacar el análisis realizado por Dona Kabalen, y Margarita de Sánchez, en su enfoque cognoscitivista aplicado al análisis de la información en su libro La lectura analítico –critica donde demarcan tres niveles de comprensión lectora: El nivel literal, el nivel inferencial y el nivel analógico, los cuales a su vez comprenden distintos procesos de pensamiento que reflejan los estadios del cerebro dentro de sus funciones para la comprensión lectora. Dichos estadios o procesos son en apariencia los mismos usados por el método científico para la construcción del nuevo conocimiento, que van desde la observación, hasta el análisis-síntesis en el nivel literal, desde la decodificación al discernimiento en el nivel inferencial y desde el análisis de la información hasta la aplicación del pensamiento analógico con extensión a otros contextos en el nivel ultimo o analógico.
Todas estas ideas se circunscriben al concepto de pensamiento y su evolución por medio de las conductas simbólicas o símbolos abstractos, que constituyen el primer criterio del pensamiento. El segundo aspecto fundamental del proceso pensante es la capacidad de asimilar experiencias anteriores para solucionar problemas nuevos, sin ensayo ni error aparente. En el aspecto psicológico el individuo va experimentando ciertas etapas que le permiten madurar el pensamiento, en este aspecto Piaget nos dejó un legado de experimentos y teorías que explican el proceso evolutivo del cerebro infantil, podemos afianzarlas en su texto Pensamiento y lenguaje.
Muchos son los sicólogos implicados en este asunto del pensamiento, el más curioso fue Broadus Watson quien sostenía que los músculos del cuerpo se movían dependiendo de lo entrañable con el pensamiento, luego esta teoría fue corroborada por sus epígonos, quienes desentrañaron su libro sobre El conductismo.
Describir la adquisición del pensamiento en el individuo, implica revisar la construcción de sus saberes, de todo aquello que haya incorporado a su mundo interior o exterior, familia instituciones, academias, amigos, experiencias previas, su entorno y lo que decodifique de su formación de conciencia. Por ello es quizás que tenga mayor preponderancia la epistemología y la meta cognición, pues el individuo se hace así mismo un objeto de estudio y de investigación a través de sus contactos con su universo de cosas, es él, quien determina su aprendizaje.
Por otra parte las explicaciones de orden metafísico, plantean que el hecho de leer, es algo mágico, que nuestro pensamiento es transformado, así como todo nuestro ser. En oportunidades la meta cognición refleja estados de concentración tan elevados que pareciera que el lector se ha perdido del espacio donde se encuentra. Así también suele suceder en las ocasiones donde el lector se adueña del texto, se apropia de la esencia del mismo, convirtiéndolo en una transacción, provocando algunas veces llantos o risas, como generadoras de la interacción entre el libro y el lector.
La experiencia de la lectura en todos los casos implica la construcción de una parte miniatura del mundo del lector, así como del escritor. Es algo así como le llama , Jorge Larrosa el reconocido literato español, Una metamorfosis …………que abre ese segundo” SER” en el que las cosas dejan de estar determinadas instrumentalmente como objetos de nuestra avidez y dejan también de estar definidas conceptualmente como parte de nuestros sistemas convencionales de clasificación y de ordenación de la realidad .
Y esa parte del mundo del lector se va condicionando por todas aquellas experiencias previas, sus vivencias, sus emociones, su trayectoria de vida vinculada además con sus procesos lectores.
Así mismo la lectura y sus prácticas evolutivas forman parte de la formación del lector como ser letrado, capaz de afrontar el mundo de otra manera, formado en el ámbito del razonamiento filosófico y sociológico. En la entrevista realizada por Alfredo Da Veiga a Larrosa en julio de dos mil diez, encontramos algunas disertaciones sobre el tema, Larrosa plantea que la experiencia de la lectura tiene dos caras inexistentes; la lectura y la formación. La lectura como formación implica pensarla como una actividad que tiene que ver con la subjetividad del lector: no solo con lo que el lector sabe, sino con lo que es.
Cabe destacar que esta propuesta es proporcional a la acción pedagógica, proceso donde recae la intención de formar lectores.
La triada didáctica, (acción pedagógica, sujeto, y objeto de conocimiento) viene marcando la clave de la adquisición de la lectura. Es la escuela la micro escala de un inmenso mundo conformado por macro estructuras tales como instituciones gubernamentales, educativas y organizacionales del aparato político de un país, responsables de ofrecerle a esta unidad escolar una serie de oportunidades y alcances relacionados con la practica de la lectura.
Para que esta intención no se quede en el mero papel, y tenga transcendencia histórica y aplicabilidad, se debe incentivar la lectura y procurarles a los educadores, padres y familias de los niños en edad escolar, prácticas lectoras constantes y eficaces, que desarrollen a través de su ejercitación evolutiva los procesos de pensamientos involucrados en dicho acto.
Desde los jeroglíficos hasta los textos de consumo y las lecturas en bibliotecas, podría decir que la lectura y su modo de interpretarla han hecho de nuestras naciones pueblos altamente letrados o simplemente culturas alfabetizadas con las simples prácticas escolares.
¿Cual sería apreciado lector el hecho creador? ¿Las voluntades, las motivaciones, las estrategias? Que nos permita formar lectores expertos, dignos creadores de sus esfuerzos y de sus conocimientos.
Será la escuela, el hogar, los medios de comunicación, la inteligencia .Creo como venezolana, educadora y aprendiz continuo que: Los procesos lectores se asumen desde la motivación al logro, a las necesidades, al elevado quehacer funcional del oficio o profesión, al amor por las letras y/o alguno que otro líder lector motivacional
Los científicos fueron capaces de formar analogía entre el método y los procesos de pensamiento ¿Por qué los educadores uniendo ideas no podemos fusionar el complejo mundo del pensamiento con la micro escala educativa que es la escuela y desarrollamos un método didáctico centrado en los niveles de comprensión lectora igualados a la micro escala del texto, partiendo de la observación como primer proceso didáctico en el niño o individuo?
Una cosa si tenemos que tener clara, el docente, los padres y los familiares necesitamos leer, hacer práctica del acto supremo, capacitarnos plenamente en estos diseños constructivistas y analógicos de la adquisición de la lectura, como practica humana y social para así desempeñar un buen papel frente a su discípulos.
Finalmente la incorporación de la comunidad en su totalidad, como parte de desarrollo de la contextualizacion de la lectura y su objeto de conocimiento, mas la integración de todos sus espacios, conducirá al aprendiz al éxito y a la comprensión a través del aprendizaje significativo, con aplicabilidad funcional a todas las dimensiones de su vida.
De esta manera, se engloba un intento de persuadir a la comunidad pedagógica a un ensayo sobre las estrategias lectoras, determinantes en la escuela, como la norma en la casa, para asegurar en el niño lector, el adulto crítico y consciente, de que la mejor calidad de vida está en las letras y en el desarrollo de su pensamiento.

*PROFESORA EN LENGUA MENCIÓN LINGÜÍSTICA Y LITERATURA
ESPECIALISTA EN GERENCIA MENCIÓN SISTEMAS EDUCATIVOS

lunes, 11 de octubre de 2010

La brutalidad letrada*

Carlos María Domínguez
PUEDE PREGUNTARSE qué es, en rigor, un lector. En su hipótesis ingenua: el hombre que lee; en la pretenciosa: el que lee entre líneas, un interpretador. Con las dos definiciones cumple Adolf Hitler, quien a lo largo de su vida llegó a reunir alrededor de veinte mil volúmenes en tres grandes bibliotecas privadas, sin contar los miles del archivo del partido nazi y de la cancillería del Reich. En las trincheras de la Primera Guerra Mundial, durante los años de febril actividad política, en la cumbre del poder y refugiado bajo los bombardeos en su búnker de Berlín, Hitler leyó uno o dos libros por noche hasta altas horas de la madrugada. Gozaba e interpretaba lo que leía, subrayaba y hacía anotaciones en los márgenes, como suelen hacer los bibliófilos impenitentes.
Un concepto extendido adjudica a los libros el poder de enriquecer el espíritu con los bienes de la cultura humana. Suele suponerse que si no hacen bien, son inocuos, y que la brutalidad es patrimonio de los iletrados, pero es posible que se trate de una ligereza. No fue iletrado el monstruo nazi del siglo XX.
trabajo minucioso. El historiador norteamericano Timothy W. Ryback, especialista en temas del Holocausto, revisó los mil doscientos libros que pertenecieron a una parte de la biblioteca de Hitler y hoy se encuentran en la Biblioteca del Congreso, en Washington, además de otros ejemplares ubicados en universidades norteamericanas y del extranjero. Identificó en qué momento adquirió algunos libros, cuáles fueron leídos y cuáles no, describió sus anotaciones en los márgenes y cruzó su información con otras fuentes testimoniales. La mayoría de sus bibliotecas privadas de Berlín, Múnich y su residencia de Obersalzberg fueron saqueadas por las tropas aliadas, pero no falta información sobre los libros que formaron a Hitler y aquellos que lo acompañaron por décadas en sus anaqueles.
Buena parte de sus libros estaban forrados en cuero o piel, con encuadernaciones lujosas y sus iniciales en el lomo, debajo del águila dorada. El informe más completo lo ofreció el periodista Frederick Oechsner en un libro de propaganda, de 1942: siete mil volúmenes estaban dedicados a las campañas de Napoleón (con abundantes anotaciones), los reyes prusianos, vidas de generales alemanes y campañas militares famosas. Los libros militares se presentaban agrupados por países, algunos traducidos a pedido de Hitler, entre ellos uno sobre el conflicto del Gran Chaco (la guerra de 1932-1935 entre Paraguay y Bolivia), escrito por el general alemán Hans Kundt, quien como Ernst Röhm fue instructor de tropas en Bolivia. Uniformes, armas y pertrechos completaban los temas de esta sección.
Una segunda colección de mil quinientos libros abarcaba temas de arquitectura, teatro, pintura y escultura, incluidos libros sobre el surrealismo y el dadaísmo. Uno de ellos lucía esta anotación de su puño y letra "¿Revolucionará el mundo, el arte moderno? ¡Putrefacción!". Otra sección comprendía libros sobre astrología y espiritismo, a los que era muy afecto, junto a temas de alimentación y dieta (unos mil), y crianza de animales, con fotografías de sementales y yeguas célebres que Hitler tachó con un lápiz rojo.
Poseía también unos cuatrocientos libros sobre la Iglesia, varios con imágenes pornográficas sobre el libertinaje del clero, y otros en los que se veían a papas y cardenales pasando revista a las tropas, en distintos momentos de la historia. Uno lucía la anotación: "Nunca más".
Alrededor de mil novelas populares, muchas policiales, todas las de Edgar Wallace, libros de aventuras de G. A. Henry, docenas de novelas románticas, y entre las favoritas de Hitler, las novelas de indios del Lejano Oeste escritas por el alemán Karl May, que nunca estuvo en América pero cultivó el género hasta convertirse en un best seller de la literatura juvenil, completaban su colección. Oechsner contabiliza también doscientas fotografías de constelaciones estelares de los días importantes de su vida, anotadas por Hitler y guardadas, cada una, en un sobre separado, además de una colección de piedras preciosas, compradas con el dinero que obtuvo por la venta de su libro Mein Kampf, que le reportó ganancias por una suma estimada de veinte millones de dólares actuales.
CLÁSICOS. Hitler tenía las obras completas de Shakespeare encuadernadas en cuero marroquí artesanal, y consideraba al autor de Hamlet, superior a Goethe y a Schiller. Admiraba a Don Quijote, a Robinson Crusoe, La cabaña del tío Tom y Los viajes de Gulliver, pero eran escasas las obras de la literatura clásica en sus bibliotecas. La cineasta Leni Riefenstahl le regaló una primera edición de las obras completas del filósofo alemán Johann Gottlieb Fichte en un intento por recuperar su simpatía luego de negarse a rodar una tercera película, pero aunque Hitler contaba con las obras de Nietzsche, Schopenhauer y Kant, todo indica que los leía sólo para extraer citas que prestigiaran sus discursos. Aunque reconocía el genio de Nietzsche y exaltaba la "inteligencia cristalina" de Schopenhauer, de quien más se sirvió fue del impetuoso Fichte.
De la extensa información que acerca Timothy Ryback, destaca que dos de sus libros más amados y trabajados pertenezcan a autores norteamericanos. Incluyó El judío internacional: El principal problema del mundo, de Henry Ford, en la lista de lecturas recomendadas para los afiliados del partido nazi y tenía un gran retrato de Ford colgado en su despacho. Lo consideraba el empresario "más grande", un hombre racialmente puro, "un tipo nórdico absoluto". Pero su biblia, el libro que expandió su concepción racista fuera de las fronteras de Alemania fue La muerte de la gran raza o la base racial de la historia europea, de Madison Grant, un licenciado en la Universidad de Yale al que el gobierno de los Estados Unidos encomendó la regulación de las cuotas de inmigración extranjera. El libro fue publicado en New York en 1916 y el ejemplar de Hitler pertenece a la traducción alemana de 1925. Allí encontró el fundamento para la eugenesia. "El acatamiento a lo que erróneamente se considera leyes divinas y la creencia sentimental en la santidad de la vida humana -sostenía Grant- impiden tanto la eliminación de los niños deficientes como la esterilización de los adultos que no tienen ninguna utilidad para la comunidad". También el aliento para su campaña por la purificación de la raza y la eliminación de los judíos. Grant argumentaba que "el vestir buenas ropas y el ir a la escuela y a la iglesia no transforman a un negro en un blanco", y advertía que se tendría la misma experiencia "con el judío polaco, cuya baja estatura, mentalidad peculiar y fijación inquebrantable en el propio interés se están asimilando al carácter de la nación".
Ryback enlaza la historia lectora de Hitler con las expresiones de Walter Benjamin sobre su pasión bibliófila, pero el intento no se anuda sin violencia. Precisamente, en la dificultad de ensamblar ambas experiencias resiste no sólo el misterio de Hitler, sino también el del poder, lábil, poco inocuo y siempre imprevisible, de la lectura.
LOS LIBROS DEL GRAN DICTADOR, de Timothy W. Ryback, Destino, 2010. Buenos Aires, 380 págs. Distribuye Planeta.