Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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martes, 26 de julio de 2011

La salida del capitalismo ya ha empezado*

André Gorz
Poco antes de darse muerte, Adré Gorz envió a la revista ecorev este artículo. Escrito en julio del 2007, en él Gorz constata que el sistema está en permanente crisis, y analiza de forma muy original lo que él entiende que es su principal causa, vaticinando la salida del capitalismo e interrogándose sobre si esta salida será bárbara o civilizada
La cuestión de la salida del capitalismo nunca ha sido tan de actualidad : se plantea hoy de una manera novedosa y con la necesidad urgente de una radicalidad nueva. Debido a su propio desarrollo, el capitalismo ha alcanzado un límite interno y externo que es incapaz de superar y que le convierte en un sistema que sobrevive gracias a subterfugios a la crisis de sus categorías fundamentales : el trabajo, el valor, el capital.
La crisis del sistema se manifiesta tanto a nivel macro-económico como a nivel micro-económico. La principal causa es el cambio radical tecno-científico que introduce una ruptura en el desarrollo del capitalismo y arruina, con sus repercusiones, la base de su poder y su capacidad para reproducirse. Intentaré analizar esta crisis primero bajo la perspectiva macro-económica [1], y segundo a través de sus efectos en el funcionamiento y la gestión de las empresas [2].
La informatización y la robotización han permitido producir cada vez más mercancías con cada vez menos trabajo. El coste del trabajo por unidad de producto no ha dejado de disminuir y el precio de los productos tiende a bajar. Sin embargo, cuanto más disminuye la cantidad de trabajo para una producción particular, más tiene que aumentar el valor producido por trabajador -su productividad- para que la masa de beneficio no disminuya. Obtenemos por tanto esta paradoja aparente : cuanto más aumenta la productividad, más tiene que aumentar ésta para evitar que el volumen de beneficio disminuya. La carrera hacia la productividad tiende a acelerarse, los recursos humanos a reducirse, la presión sobre el personal a endurecerse, el nivel y la masa salarial a disminuir. El sistema evoluciona hacia un límite interno donde la producción y la inversión en la producción dejan de ser lo suficiente rentables.
Las cifras prueban que se ha alcanzado este límite. La acumulación productiva de capital productivo no ha dejado de experimentar una regresión. En los Estados-Unidos, las 500 empresas del índice Standard & Poor'fs disponen de 631 millones de millones de reservas líquidas ; la mitad de los beneficios de las empresas americanas proviene de operaciones en los mercados financieros. En Francia, la inversión productiva de las empresas del CAC 40 ni siquiera aumenta cuando sus beneficios se multiplican.
Puesto que la producción ya no es capaz de valorizar todos los capitales acumulados, una parte creciente de ellos se queda bajo la forma de capital financiero. Se constituye una industria financiera que no deja de refinar el arte de hacer dinero comprando y vendiendo solamente diversas formas de dinero. El dinero mismo es la única mercancía que produce la industria financiera a través de operaciones cada vez más arriesgadas y cada vez menos controlables en los mercados financieros. La masa de capital que la industria financiera drena y gestiona supera desde luego la masa de capital que valoriza la economía real (el total de los activos financieros representa 160.000 millones de millones de dólares, es decir de tres a cuatro veces el PIB mundial). El “valor” de este capital es puramente ficticio ; descansa en gran parte sobre el endeudamiento y el “good will”, es decir sobre anticipaciones : la Bolsa capitaliza el crecimiento futuro, los beneficios futuros de las empresas, el futuro alza de los precios inmobiliarios, las ganancias que podrán aportar las reestructuraciones, fusiones, concentraciones, etc.. Las cotizaciones de la Bolsa se hinchan de capitales y de sus plus-valías futuras : los bancos incitan a las familias a comprar (entre otras cosas) acciones y certificados de inversión inmobiliaria, a acelerar así el alza de las cotizaciones, a pedir prestado a sus bancos importes crecientes en la medida que aumenta su capital ficticio bursátil.
La capitalización de las anticipaciones de beneficios y crecimiento mantiene un endeudamiento creciente, alimenta la economía en liquidez, debidos al reciclaje bancario de plus-valías ficticias, y permite a los Estados-Unidos un “crecimiento económico” que, basado en el endeudamiento interno y externo, es claramente el motor principal del crecimiento mundial (incluso del crecimiento chino). La economía real se convierte en un apéndice de las burbujas especulativas sustentadas por la industria financiera. Hasta el inevitable momento en que las burbujas estallan, arrastran a los bancos hacia bancarrotas en cadena que amenazan de colapsar el sistema mundial de crédito, y que amenazan a la economía real de una depresión severa y prolongada (la depresión japonesa dura ya quince años).
Siempre podremos culpar a la especulación, a los paraísos fiscales, a la opacidad y a la falta de control de la industria financiera (en particular los “hedge funds”), pero la amenaza de depresión, incluso de colapso que pesa sobre la economía mundial, no se debe a la falta de control : se debe a la incapacidad del capitalismo de reproducirse. Sólo se perpetua y funciona sobre bases ficticias cada vez más precarias. Pretender la redistribución, a través del impuesto, de las plus-valías ficticias de las burbujas precipitaría exactamente lo que intenta evitar la industria financiera: la desvalorización de masas gigantescas de activos financieros y la quiebra del sistema bancario. La “reestructuración ecológica” sólo puede agravar la crisis del sistema. Es imposible evitar una catástrofe climática sin romper de manera radical con los métodos y la lógica económica que impera desde hace 150 años. Si prolongamos la tendencia actual, se multiplicará el PIB mundial por un factor 3 o 4 hasta el 2050. Sin embargo, según el informe del Consejo sobre el Clima de la ONU, las emisiones de CO2 tendrán que disminuir de un 85% hasta esta fecha para limitar el calentamiento climático a 2ºC máximo. Más allá de 2ºC, las consecuencias serán irreversibles y no controlables.
Por tanto el decrecimiento es un imperativo de superviviencia. Pero supone otra economía, otro estilo de vida, otra civilización, otras relaciones sociales. Sin estas premisas, sólo se podrá evitar el colapso a través de restricciones, racionamientos, repartos autoritarios de recursos característicos de una economía de guerra. Por tanto la salida del capitalismo tendrá lugar sí o sí, de forma civilizada o bárbara. Sólo se plantea la cuestión del tipo de salida y su ritmo con el cual va a tener lugar.
Ya conocemos la forma bárbara. Prevalece en varias regiones de África, dominadas por jefes de guerra, por el saqueo de las ruinas de la modernidad, las masacres y tráfico de seres humanos, en un panorama de hambrunas. Los tres Mad Max eran novelas de anticipación. En cambio, no se suele plantear una forma civilizada de salida del capitalismo. La evocación de la catástrofe climática que nos amenaza conduce generalmente a considerar un necesario “cambio de mentalidad”, pero la naturaleza de este cambio, las condiciones que lo hacen posible, los obstáculos que hay que saltar parecen desafiar la imaginación. Proyectar otra economía, otras relaciones sociales, otros métodos y medios de producción y otros modos de vida se tacha de “irrealista”, como si la sociedad de la mercancía, del asalariado y del dinero fuera infranqueable. En realidad una multidud de indicios convergentes sugieren que ya se ha iniciado esta superación y que las probabilidades de una salida civilizada del capitalismo dependen ante todo de nuestra capacidad de distinguir las tendencias y las prácticas que anuncian su factibilidad.
El capitalismo debe su expansión y su dominación al poder que ha adquirido en un siglo, tanto en la producción como en el consumo. Al privar primero a los obreros de sus medios de trabajo y de sus productos, se ha garantizado progresivamente el monopolio de los medios de producción y ha conseguido subsumir el trabajo. Con la especialización, la división y la mecanización del trabajo en grandes instalaciones, los trabajadores se convirtieron en los apéndices de las megamáquinas del capital. Se tornó así imposible para los productores apropiarse de los medios de producción. Gracias a la eliminación del poder de aquéllos sobre la naturaleza y el destino de los productos, se ha asegurado al capital el cuasi-monopolio de la oferta, es decir el poder de anteponer en todos los ámbitos las producciones y los consumos más rentables, así como el poder de crear los gustos y deseos de los consumidores y la manera con la que iban a satisfacer sus necesidades. Este poder es el que la revolución informacional empieza a agrietar.
En un primer momento, el objetivo de la informatización fue la reducción de los costes de producción. Para evitar que esta reducción de costes conllevara la correspondiente baja de los precios de las mercancías, había que, en la medida de lo posible, sustraerlas a las leyes del mercado. Esta sustracción consistía en conferir a las mercancías cualidades incomparables gracias a las que parecen no tener equivalente y dejan de ser por tanto simples mercancías.
El valor comercial (el precio) de los productos tenía, por lo tanto, que depender más de sus cualidades inmateriales no medibles que de su utilidad (valor de uso) sustancial. Estas cualidades inmateriales -el estilo, la novedad, el prestigio de la marca, la rareza o “exclusividad”- tenía que conferir a los productos un estatuto comparable al de las obras de arte. Éstas últimas tienen un valor intrínseco : no existe ningún patrón que permita establecer entre ellas una relación de equivalencia o “precio justo”. No son por tanto verdaderas mercancías. Su precio depende de la rareza, de la reputación del creador, del deseo del comprador eventual. Las cualidades inmateriales incomparables proporcionan a la empresa productiva el equivalente de un monopolio y la posibilidad de asegurarse una renta de novedad, rareza, exclusividad. Esta renta esconde, compensa y a menudo sobrecompensa la disminución del valor en su aceptación económica que la reducción de los costes de producción genera para los productos en tanto que mercancías por esencia intercambiables entre sí según la relación de equivalencia. De un punto de vista económico, la innovación no crea valor : es el medio para crear una rareza fuente de renta y conseguir un sobreprecio en detrimento de los productos competidores. La parte de la renta en el precio de una mercancía puede ser diez, veinte o cincuenta veces más grande que su coste de producción, y no sólo se aplica a los artículos de lujo; también se aplica a los artículos del día a día como zapatillas de deporte, camisetas, móviles, discos, pantalones vaqueros, etc..
Sin embargo, la renta no tiene la misma naturaleza que el beneficio : no corresponde a la creación de un aumento de valor, de una plus-valía. Redistribuye la masa total del valor a favor de las empresas rentistas y en detrimento de los otros ; no aumenta esta masa El valor trabajo es una idea de Adam Smith, que veía en el trabajo la sustancia común de todas las mercancías y pensaba que éstas se intercambiaban según la cantidad de trabajo que contenían.
El valor trabajo no tiene nada que ver con lo que entenderíamos hoy en día y que (en el caso de Dominique Méda y otros) se tendría que designar como trabajo valor (valor moral, social, ideológico, etc.).
Marx afinó y siguió trabajando en la teoría de A. Smith. Simplificando al máximo, se puede resumir la noción económica de la manera siguiente : una empresa crea valor al producir una mercancía vendible con trabajo para cuya remuneración pone en circulación (crea, distribuye) poder adquisitivo.
Si su actividad no aumenta la cantidad de dinero en circulación, no crea valor. Si su actividad destruye empleo, destruye valor. La renta de monopolio consume el valor creado en otras partes y se lo apropia.
Traducción y revisión de Florent Marcellesi y Lara Pérez Dueñas

1. El valor trabajo es una idea de Adam Smith, que veía en el trabajo la sustancia común de todas las mercancías y pensaba que éstas se intercambiaban según la cantidad de trabajo que contenían.
El valor trabajo no tiene nada que ver con lo que entenderíamos hoy en día y que (en el caso de Dominique Méda y otros) se tendría que designar como trabajo valor (valor moral, social, ideológico, etc.).
2. Marx afinó y siguió trabajando en la teoría de A. Smith. Simplificando al máxmo, se puede resumir la noción económica de la manera siguiente: una empresa crea valor al producir una mercancía vendible con trabajo para cuya remuneración pone en circulación (crea, distribuye) poder adquisitivo.
3. Si su actividad no aumenta la cantidad de dinero en circulación, no crea valor. Si su actividad destruye empleo, destruye valor. La renta de monopolio consume el valor creado en otras partes y se lo apropia.
*Tomado de http://www.ddooss.org/articulos/otros/Andre_Gorz.htm

domingo, 27 de marzo de 2011

Obama, los halcones y el crepúsculo imperial*

Alejandro Nadal – Consejo Científico de ATTAC
La Casa Blanca ha enviado al Congreso su proyecto de presupuesto para el próximo año fiscal. El objetivo central es la eliminación del déficit con reducciones anuales del gasto por 400 mil millones de dólares (mmdd) para el próximo quinquenio. Se planea reducir el déficit en más de un billón (castellano) de dólares a lo largo de los siguientes 10 años.
El debate alrededor del presupuesto es una muestra de lo mal que están las cosas en Estados Unidos. Por un lado están los halcones de las finanzas públicas sanas. Para ellos el principal enemigo de la economía es el gasto público descontrolado. Como si la crisis hubiera sido provocada por el dispendio fiscal. En lugar de enfrentar esa narrativa torcida, Obama ha preferido doblarse y tratar de conciliar. Éste será uno de sus errores más graves y es producto de su negativa a entender las raíces del problema y a hacer efectiva su promesa de cambio.
La economía de Estados Unidos continúa sometida a grandes presiones. El crecimiento esperado para los próximos años será mediocre e incapaz de absorber el desempleo que trajo la crisis. Si bien ese desempleo (9.7 por ciento) es elevado, si se toman en cuenta las medidas más realistas del propio Bureau of Labor Statistics (BLS), resulta que más de 12 por ciento de la PEA está desocupada.
Datos oficiales revelan que de las 10 recesiones que sufrió la economía estadounidense entre 1950-2010, el desempleo en la crisis actual ha sido el más alto y el más tenaz. En la recesión de 2001 (cuando explotó la burbuja de las ilusiones dot.com) Estados Unidos perdió 2 por ciento de sus empleos y tardó cuatro años en recuperarlos. En la crisis actual se perdió 5 por ciento y todavía se está muy lejos de restablecerlos.
El desplome en la demanda efectiva sigue siendo la principal amenaza para la economía estadounidense. En los años anteriores a la crisis de 2007 el endeudamiento de las familias mantuvo artificialmente el consumo y el nivel de vida de la población. Hoy ese recurso no está disponible por muchas razones: una de ellas es el colapso en el valor de los activos residenciales que se utilizó para apalancar el endeudamiento. El precio de esos activos ha caído más de 30 por ciento y se espera se reduzca 15 por ciento adicional. De cumplirse ese pronóstico, el derrumbe de precios de casas será el más espectacular en la historia de Estados Unidos.
El desempleo y, para cerrar el círculo, los bajos salarios que recibe una gran parte de la fuerza de trabajo, también explican la insuficiencia de la demanda agregada. Los salarios reales siguen en el estancamiento que marcó las últimas tres décadas. La clase política y la elite se niegan a entender que Estados Unidos requiere un viraje decisivo en su política de ingresos y que sólo una estrategia redistributiva permitirá iniciar los cambios estructurales necesarios para sanear la economía. Con los precios de las casas en declinación y con los salarios estancados, la demanda efectiva permanecerá por debajo de la línea de flotación. Y aún con las bajas tasas de interés que aplica la Reserva Federal, ni los bancos quieren prestar ni las familias endeudarse. Los límites de la política monetaria quedaron evidenciados desde hace ya dos años. Queda entonces la política fiscal.
El crecimiento en el déficit fiscal en Estados Unidos se debe a tres factores. Primero, el colapso económico ha reducido de manera notable los ingresos tributarios, lo que era de esperarse. Segundo, los programas de salvamento que beneficiaron a Wall Street y otras empresas en bancarrota, así como el estímulo fiscal, dispararon el déficit. El tercer factor es el pago de intereses que todo esto implica.
Es decir, el déficit está íntimamente ligado a la coyuntura de la crisis, pero no la generó. Es más, de no haber sido por el estímulo fiscal de 2009, el crecimiento sería todavía menor y la recaudación habría disminuido más. Ese estímulo ya se agotó y fue descontinuado. Y ahora se insiste en reducir el gasto porque hay que eliminar el déficit a toda costa.
No hay que olvidarlo: en diciembre la Casa Blanca y el Congreso (ya dominado por los republicanos) acordaron extender los recortes a los impuestos de los ricos por un monto de 900 mmdd. Hoy descubren que hay un déficit de 1.6 billones que hay que recortar a toda costa. La economía política del presupuesto es clarísima. Los privilegios de los ricos no serán tocados mientras se castigan los apoyos a los más pobres en rubros como salud y educación. Literalmente, a mucha gente le va a doler este presupuesto (mañana le llegará la hora a la seguridad social).
Y ¿el gasto militar? Los recortes no vendrán de los rubros medulares de la seguridad nacional, aunque algo contribuirá la retirada (disfrazada) de Irak y Afganistán. En cambio, el gasto federal en educación, energía, infraestructura, ciencia y medio ambiente caerá 2 por ciento del PIB: la muestra más clara del crepúsculo imperial. ¿Será también el signo del ocaso de la administración Obama?
*Tomado de http://www.attac.es/obama-los-halcones-y-el-crepusculo-imperial/

miércoles, 25 de agosto de 2010

COMENTARIOS AL LIBRO “THE WORLD IS FLAT”.

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Manuel Soto Arbeláez
Este libro pretende dar una visión globalizada del mundo en el primer cuarto del siglo XXI. El autor pone especial énfasis y atención en el crecimiento exponencial de las economías de China y de la India, con su consecuente voracidad para obtener fuentes de energía y materias primas. La primera, China, con su puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU tiene poder de veto sobre cualquier proyecto de esta corporación mundial. De esta manera entorpece y entorpecerá toda decisión que se tome contra cualquier suplidor seguro para ellos como Irán, Sudán o Venezuela. Sin embargo, China se cuida mucho de no tomar acciones a corto y mediano plazo contra Taiwan (antigua Formosa), aunque a largo plazo la toma y rendición a su dominio de esta isla nación forma parte medular de la política exterior y militar de Beijín según su creencia de “destino manifiesto” en el concurso de las naciones del mundo.
En cuanto a La India el autor –Thomas L. Friedman- le da más importancia al carácter innovador de una nueva “Elite” nacional orientada hacia el mundo de la tecnología de punta, como el uso del computador personal y la fibra óptica. En general, al mundo de la computación y las comunicaciones, no siendo un país gran consumidor de energía per cápita como sucede en el mundo industrializado y como es la tendencia en China. Su principal problema es Pakistán y la posesión de Cachemira con una población de mayoría musulmana. India no es agresiva desde el punto de vista comercial, mas lo es desde el punto de vista religioso, lo cual es una limitante para su desarrollo integral.
El libro está dedicado a la globalización con exageraciones sobre el futuro papel de la China y La India, más algunos otros países que basan su economía en las exportaciones y en el consumo de materias primas como Japón y Corea del Sur; pero a su vez el autor –que aparentemente es Judío- comete un gravísimo error al desestimar al Islam y su efecto desestabilizador a nivel global. Se sabe que los países más atrasados de la tierra son dominados por esa religión a través de una clara tendencia teocrática siendo, además, crueles y fanatizados. Son poblaciones creyentes del “Yihad” o guerra santa. En esos países, asegura el autor, los jóvenes menos capaces desde el punto de vista intelectual son escogidos por la clerecía musulmana para ser los que conduzcan la oración y por ende, al ser un sistema teocrático, son los más fanatizados. El único país que se sale de ese sistema operativo es Jordania, pero es muy pequeño para hacerle contrapeso al resto del mundo árabe en particular y musulmán en general.
La llamada Civilización Occidental, está adormecida ante la arremetida islámica siendo Europa la de política inmigratoria más laxa. Muchos países europeos están como amodorrados ante la invasión pacífica de sus fronteras, dando inconscientemente facilidades para que el peligro avance sin cortapisas. La mayoría de los líderes creen que cualquier acción para protegerse puede ofender a los árabes, iraníes y a otros países exportadores de energía que ellos, los europeos, fluidamente consumen. Al mismo tiempo los credos y confesiones cristianas se pelean entre sí teniendo una política indiferente hacia Israel. Es más, en varias ocasiones han respaldado resoluciones de la ONU contra ese país y su política de protección ante los musulmanes y sus brazos armados. Sólo los Estados Unidos han respaldado abiertamente a los hebreos. Los republicanos con más decisión y los demócratas han sido más comedidos.
La política de globalización económica es correcta, pero China, que es uno de los países más favorecidos por ella, debe abrirse más y permitir la libre fluctuación del Yuan. Si eso no sucede, el resto del mundo estará subsidiando a 1.400 millones de chinos, sin importar los avances en tecnologías como el uso del computador personal (PC), el avance en el uso de la fibra óptica, la modernización de los equipos de producción industrial y el mejoramiento de la educación. No se puede competir con productos subsidiados so pena que el resto de las economías del mundo sucumba.
Creo que la India con sus 1.100 millones de habitantes constituye un freno eficaz del islamismo. La(s) religión(es) hinduistas son tan fanáticas como el islamismo, pero no son proselitistas.
El mundo será totalmente “Plano” –como sugiere el libro- solamente cuando la empresa privada, con su facilidad para la invención y la comercialización, con ciertas regulaciones de los países y de la ONU, claro está, logren la integración global fomentando la democracia que combata al fanatismo y clericalismo. Repito, creo que Thomas L. Friedman se quedó corto en su análisis de una economía globalizada. Miramar, Florida, Mayo de 2010. MSA E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.com Los libros El Guárico Oriental 1, 2 y 3 en librería La Llanera, calle Guásco frente a la plaza Bolívar, Valle de la Pascua.
imagen tomada de http://www.ewashtenaw.org/government/1washtenaw/news/world_flat.html