Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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martes, 15 de febrero de 2011

CARTA DEL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR AL GENERAL JUAN JOSÉ FLORES*

Barranquilla, noviembre 9 de 1830
A S. E. el General J. J. Flores

Mi querido General:

He recibido la apreciable carta de V. de Guayaquil, de 10 de septiembre, que ha puesto en mis manos el comisionado de V., Urbina.

No puede V. imaginarse la sorpresa que he tenido al ver que V. se sirve dirigir su atención y destinar expresamente un oficial para venir a responderme y a darme noticia de lo que pasa en el Sur y pasa con V. No esperé nunca que un simple particular fuese objeto de tanta solicitud y benevolencia. V., al dar este paso, ha llenado la medida de su excesiva bondad hacia mí. No puede V. hacer más por lo que hace a la amistad. Con respecto a la patria, V. se conduce como un hombre de estado, obrando siempre conforme a las ideas y a los deseos del pueblo que le ha confiado su suerte. En esta parte cumple V. con los deberes de magistrado y de ciudadano.
Simón Bolívar
No contestaré la carta en cuestión, pues la gran carta la ha traído el señor Urbina: este método es diplomático, prudente y lleva consigo el carácter de la revolución, pues nunca sabemos en qué tiempo vivimos ni con qué gentes; y una voz es muy flexible y se presta a todas las modificaciones que se le quieran dar: esto es política. Urbina me asegura que el deseo del Sur, de acuerdo con la instrucción que ha traído, es terminante con respecto a la independencia de ese país. Hágase la voluntad del Sur; y llene V. sus votos. Ese pueblo está en posesión de la Soberanía y hará de ella un saco, o un sayo, si mejor le parece. En esto no hay nada determinado aún, porque los pueblos son como los niños que luego tiran aquello por que han llorado. Ni V. ni yo, ni nadie sabe la voluntad pública. Mañana se matan unos a otros, se dividen y se dejan caer en manos de los más fuertes o más feroces. Esté V. cierto, mi querido General, que V. y esos Jefes del Norte van a ser echados de ese país, a menos que se vuelva V. un Francia, aunque esto no basta porque V. sabe que todos los revolucionarios de Francia murieron en medio de la matanza de sus enemigos y que muy pocos son los monstruos de esta especie que hayan escapado del puñal o del suplicio. Diré a Vd. de paso y a propósito. Me ha dicho este joven, porque se lo he preguntado, que los grandes destinos del Sur están en manos de los Jefes del Norte. Esto era odioso aun antes de la revolución última, con cuánta más razón no lo llamarán tiránico Desde aquí estoy oyendo a esos ciudadanos que todavía son colonos y pupilos de los forasteros: unos son venezolanos, otros granadinos, otros ingleses, otros peruanos, y quién sabe de qué otras tierras los habrá también. Y después ¡qué hombres! Unos orgullosos, otros déspotas y no falta quien sea también ladrón; todos ignorantes, sin capacidad alguna para administrar. Sí, señor, se lo digo a y. porque lo amo y no quiero que sea V. víctima de esa parcialidad. Advertiré a V. que Rocafuerte ha debido partir para ese país y que este hombre lleva las ideas más siniestras contra V. y contra todos mis amigos. Es capaz de todo y tiene los medios para ello. Es tan ideático que habiendo sido el mejor amigo mío en nuestra tierna juventud y habiéndome admirado hasta que entré en Guayaquil, se ha hecho furioso enemigo mío por los mismos delitos que V. ha cometido. Haberle hecho guerra a La Mar y no ser de Guayaquil, con las demás añadiduras de opiniones y otras cosas. Es el federalista más rabioso que se conoce en el mundo, antimilitar encarnizado y algo de mato. Si ese caballero pone los pies en Guayaquil tendrá V. mucho que sufrir y lo demás, Dios lo sabe. Vendrá La Mar, Olmedo lo idolatra y no ama más que a él. Espere V. pues las consecuencias de estos antecedentes. V. sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos. La América es ingobernable para nosotros. 2°. El que sirve una revolución ara en el mar. 39. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 49 Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas. 59. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 69. Sí fuera posible que una parte del mundo volviera al caos- primitivo, este sería el último período de la América.
General Juan José Flores
La primera revolución francesa hizo degollar las Antillas y la segunda causará el mismo efecto en este vasto Continente. La súbita reacción de la ideología exagerada va a llenarnos de cuantos males nos faltaban o más bien los va a completar. V. verá que todo el mundo va a entregarse al torrente de la demagogia y ¡desgraciados de los pueblos! ¡ y desgraciados de los gobiernos!

Mi consejo a V. como amigo es que en cuanto V. se vea próximo a declinar, se precipite V. mismo y deje el puesto con honor y espontáneamente: nadie se muere de hambre en tierra.

Hablaré a V. de Colombia menos extensamente. Este país ha sufrido una Gran Revolución, y marcha sobre un terreno volcánico: como una revolución trae mil y las primeras no se habían apaciguado, la historia de la Ladera está produciendo todavía sus efectos; por supuesto, el Sur del Cauca está en campaña con todas las furias infernales. Río Hacha se levantó, se tomó la ciudad por las tropas del Gobierno, pero los bandidos, acaudillados por Carujo, están infestando el país y hacen daño. El asesino de Carvajal, Moreno, no ha reconocido al Gobierno y distrae con esto a algunos documentos del Gobierno. En el Socorro hubo diferencias entre la ciudad de Vélez y su capital, con este motivo se han roto allí las cabezas. Todo el pueblo, la iglesia y el ejército, son afectos al nuevo orden de cosas, no faltan sin embargo asesinos, traidores, facciosos y descontentos; cuyo número puede subir a algunos centenares. Desgraciadamente, entre nosotros no pueden nada las masas, algunos ánimos fuertes lo hacen todo y la multitud sigue la audacia sin examinar la justicia o el crimen de los caudillos, mas los abandonan luego al punto que otros más aleves los sorprenden. Esta es la opinión pública y la fuerza nacional de nuestra América.

La Administración de Bogotá, presidida por Urdaneta, se conduce con bastante energía y no poca actividad: hay quien quiera más. de la primera, mas ahí está la Constitución, responde Urdaneta. Sin embargo, no dejan de darle sus golpes a menudo, pero con modo, como decía Arismendi. El nuevo General Jiménez ha marchado ya para el Sur con mil quinientos hombres a proteger el Cauca contra los asesinos de la más ilustre víctima: añadiré, como Catón, el anciano: este es mi parecer y el de que se destruya Cartago. Entienda V. por Cartago la guarida de los monstruos del Cauca. Venguemos a Sucre y vénguese V. de esos que [una gran mancha, al parecer de tinta, impide leer la continuación, por espacio de unas treinta o treinta y cinco letras] vénguese en fin a Colombia que poseía a Sucre, al mundo que lo admiraba, a la gloria del ejército y a la santa humanidad impíamente ultrajada en el más inocente de los hombres. Si V. es insensible a este clamor de todo lo que es visible y de todo lo que no es, ha debido V. cambiar mucho de naturaleza.

Los más célebres liberales de Europa han publicado y escrito aquí, que la muerte de Sucre es la mancha más negra y más indeleble de la historia del nuevo mundo y que en el antiguo ‘no había sucedido una cosa semejante en muchos siglos atrás. Toca a V., pues, lavar esta mancha execrable, porque en Pasto encontrará V. la absolución de Colombia y hasta allí no podrá penetrar Jiménez. Los amigos del Norte no exigen a los del Sur sino este sacrificio, o más bien los empeñan a que alcancen este timbre.
Hablaré a V., al fin, de mí: he sido nombrado Presidente por toda Nueva Granada, mas no por la guarida de asesinos de Casanare y Popayán; y mientras tanto Urdaneta está desempeñando el Poder Ejecutivo con los Ministros de su elección. Yo no he aceptado este cargo revolucionario porque la elección no es legítima; luego me he enfermado por lo que no he podido servir ni aun de súbdito. En tanto que todo esto pasa así, las elecciones se están verificando conforme a la ley, aunque fuera de tiempo, en algunas partes. Aseguran que tendré muchos votos y puede ser que sea el que saque más y entonces veremos el resultado. V. puede considerar si un hombre que ha sacado de la revolución las anteriores conclusiones por todo fruto tendrá ganas de ahogarse nuevamente después de haber salido del vientre de la ballena: esto es claro.

Mi carta ya es bastante larga en comparación de la de V.; por consiguiente es tiempo de acabar y lo haré rogando a V. que rompa esta carta luego que la haya leído, pues sólo por la salud de V. la hubiera escrito temiendo siempre que pueda dar en manos de nuestros enemigos y la publiquen con horribles comentarios.
Acepte V. mientras tanto la seguridad de mi amistad y aún más de mi gratitud por sus antiguas bondades y fidelidad hacia mí y reciba V. por último mi corazón.
SIMÓN BOLÍVAR

*Texto tomado de http://www.fundacionjoseguillermocarrillo.com/sitio/sbcarflores.html
Imágenes tomadas de: http://blog.pucp.edu.pe/item/37266/el-general-juan-jose-flores-y-el-peru-1
http://diarioelcatatumbo.blogspot.com/2009_06_01_archive.html

viernes, 7 de mayo de 2010

DISCURSO EN EL AULA MAGNA UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA


Germán Carrera Damas
Profesor Titular III, jubilado
Escuela de Historia
Facultad de Humanidades y Educación
Universidad Central de Venezuela





Es muy alto el honor que hoy me confiere esta Casa, de la que soy hijo intelectual y, en no menor parte, hijo espiritual. En ella sentí consolidarse la convicción de la que hablé a mis colegas, profesores y estudiantes de mi Escuela de Historia, en el acto conmemorativo de su cuadragésimo aniversario. Dije en aquella también honrosa ocasión, que estudiar historia es aprender libertad. Y de esa libertad históricamente aprendida me valgo hoy para decirles lo que esta conmemoración representa para mí: Tenemos doscientos años defendiéndonos de la amenaza del despotismo.
Enfrentar el despotismo es la forma más inhumana de luchar por la libertad, que es el más humano de los valores después de la vida; porque sin libertad la vida derrama su savia. Ese es el mensaje que esta Casa nos envía cada vez que escuchamos su himno; cada momento en que tenemos presente que su misión institucional es vencer las sombras. No hay sombras más aciagas que las echadas por el despotismo sobre la libertad. Esas sombras no sólo oscurecen los caminos hacia el futuro, sino que ocultan y desvirtúan el pasado,
Durante doscientos años los autócratas que han logrado hacerse del gobierno, han alimentado la conciencia histórica del pueblo con la perversa confusión entre Independencia y Libertad; que no son en absoluto sinónimos. Y se ha hecho de nuestra obra, iniciada el 19 de abril de 1810 y proseguida el 5 de julio de 1811, una víctima de esa perversidad, alevosamente manejada por los mandones de toda pinta para escudar su despotismo tras la conseja de que “Venezuela es un país libre”; y así poder mantener oprimido a su pueblo; sin que logre mediar la solidaridad internacional. Se valen esos déspotas, y sus cómplices en mala hora borlados, de una grande y alevosa mentira. Se escudan tras una coartada que ha brindado impunidad a las etapas de la privación de su libertad a este pueblo, que ha luchado por ella con su sangre y su sudor durante doscientos años. Para que el engaño quede al descubierto basta recordar que se puede lograr independencia hacia el exterior, sin que haya libertad en lo interior.
Nacimos, como República, definitiva y perdurablemente conformada, en el seno de nuestra más grandiosa creación sociopolítica: en el seno de una República de Colombia que reiteradamente se proclamó independiente por sus armas y libre por sus leyes. Pero durante doscientos años se ha pretendido que las armas sirvieran sobre todo para ahogar los períodos de libertad en los que los venezolanos hemos persistido patrióticamente, porque no concebimos una Patria sin libertad; porque así la institucionalizaron los constituyentes de Cúcuta en 1821, siguiendo con fidelidad mejoradora la “Ley fundamental de Colombia”, también promulgada en Angostura, el 17 de diciembre de 1819, por el mismo gran arquitecto de estados independientes.
La definitiva institucionalización de la República venezolana, en el seno de la institucionalización de la República de Colombia, moderna y liberal, marcó la proyección de lo iniciado, para la mayoría de los pueblos que conformaron esa República, en Caracas, el 19 de Abril de 1810. Fue una fecha civil, que debemos rescatarla hoy como una acción civil, de una enorme trascendencia civil, histórica. Nunca militar. A esa fecha se le ha querido desvirtuar, en su significación, con un desfile de pantomimos. Vale la pena recordar, a este respecto, lo que señalan los obispos en su Carta Pastoral sobre el Bicentenario, acerca del hecho de que el 19 de Abril y el 5 de Julio “ocurrieron dos acontecimientos en los que brilló la civilidad”.
Permítanme invocar un título que podría contribuir a legitimar mi presencia en esta tribuna. Hace medio siglo, en esta mi Casa, escribí y publiqué un incipiente ensayo sobre los que denominé “Los ingenuos patricios del 19 de Abril y el testimonio de Bolívar”, refiriéndome a los tan denigrados pioneros de nuestra procura de baluartes legales para propiciar la búsqueda de libertad, salvaguardándola del despotismo. Sobre esos patricios y los el 5 de julio de 1811 han caído, con ahistórica perpetuidad, el desdén, y hasta la burla, de los hombres fuertes; fuertes de la irracionalidad; porque ningún enemigo de la libertad puede ufanarse de racionalidad.
Pero sobre ellos ha caído, también, la extrapolación abusiva de la injusta recriminación bolivariana, estampada en el Manifiesto de Cartagena. Ignoran quienes repiten esos cargos, -con ánimo que benévolamente califico de extraviado-, que al repetir esos cargos exhiben un flaco sentido histórico. El mismo airado joven que intentó eclipsar con sus infundadas imputaciones sus propias fallas, luego en Angostura, aquietado por la tenaz realidad de la lealtad popular a nuestra Corona; y vapuleado por la adversidad militar y política, rindió un encendido tributo a los que había tildado de repúblicos aéreos; refiriéndose a la obra constitucional de una elite civil ilustrada que representó, en aquel difícil momento, la esencia institucional de la inminente República. Permítanme que, de paso, me apiade de quienes, pretendiendo hacerse pasar por historiadores, dicen que esos ilustrados patricios representaban una especie de burguesía colonial, ajena a los intereses del pueblo, contraviniendo lo dicho por el barbudo de Trevis y su compañero de pluma, en ese librito que recorre el mundo, sembrando fantasmas, desde 1848: “La burguesía ha jugado en la Historia un papel altamente revolucionario.”
Hoy, también en esta mi Casa, digo que para honra y salud de nuestra Patria, aquellos ingenuos patricios siguen vivos y luchando, en las aulas de esta Casa; en las calles y barrios de esta Patria; en las cárceles secuestrados; en el exilio; y acosado su legado por la agresión del engendro parajudicial, que arroja sombras de ingratitud sobre esta Casa comprometida a vencerlas.
Ilustre Rectora
Honorables Vicerrectores y Secretario
Distinguidos miembros del Consejo Universitario
Colegas profesores
Compañeros estudiantes, y decirles así no es por halago, tampoco por cumplido: soy estudiante de la Historia, escrita con H grande.
Universitarios de todos los sectores, áreas y niveles profesionales.
Me niego a dejar esta tribuna sin confiarles algo que me ha tomado más de medio siglo aprender. Es esto: Los hombres interrogamos la Historia, no tanto para comprender el pasado histórico, -vale decir el que sintetiza las etapas del tiempo cronológico- sino para contrarrestar el temor a la incertidumbre. Pero, a su vez, los pueblos comparecen ante la historia, ante su historia. No lo hacen porque ésta sea tribunal, sino porque es la manera cierta de rendirse cuentas a sí mismos. Y me pregunto: ¿Cómo debería sentirse un pueblo que tras doscientos años de padecer y vencer, alternativamente, el despotismo, se halla hoy asediado por el despotismo?
Sería fácil, engañosamente fácil, sintetizar la respuesta en una sentencia: ese pueblo debería sentirse abrumado. Pero nosotros, pueblo venezolano, no nos sentimos abrumados. Que no se me interprete a la ligera, porque digo tal cosa. No soy optimista, si por serlo se alude a quienes optan por evadirse de la realidad. Cultivo la certidumbre histórica; y ésta me dicta una lección, que es extensa,-muy al gusto de los historiadores-, pero que paso a resumir para ustedes: cuando yo nací, en 1930, sólo unas pocas decenas de jóvenes habían dado el paso al frente contra el despotismo que, con altibajos que apenas presentaba mella en su esencial continuismo, dominaba esta tierra, que falazmente proclamaban libre sus tiranos. Cuando era liceísta vi nacer, a partir de 1945, la Democracia. Venezuela se llenó de hombres, mujeres y jóvenes que nos empeñamos en descubrir la verdad de la Libertad y de la Igualdad. Hoy me siento inconteniblemente orgulloso de pertenecer a un pueblo heroico que no sólo ha resistido, y resiste, los embates del despotismo, sino que avanza resuelto a obligarlo a disiparse.
Y me siento particularmente orgulloso de haberme formado en esta Casa; de pertenecer a esta Casa, que dio un paso al frente en 1928, y que lo da ahora, probándose consecuente en el cultivo de la Libertad y en el rechazo de todo lo que pretenda empañar el resplandor de la Libertad.
Sí, es un alto honor el haber sido encargado de hablar ante ustedes. Pero debo confesarles que temo haber sorprendido a quienes pudieron esperar de mi que dictase una clase magistral. Y espero que esa sorpresa sea motivo de agradecimiento, pues éste no me parece el lugar, ni ésta la oportunidad, de una nueva radiografía de los hechos del 19 de Abril, que todos ustedes conocen. He podido hacerlo; y lo hubiera hecho de no ser porque creo que comienzo a comprender la Historia; y habiendo penetrado un palmo en su sentido, me siento más comprometido con una suerte de precepto que alguno de Ustedes quizá me haya escuchado decirlo: “Soy historiador, y por serlo me interesa el pasado; me interesa mucho el presente; me interesa sobre todo el futuro”. Y es la observancia de este precepto, lo que me induce a vivir en esa dimensión especial, ya mencionada, que denomino el tiempo histórico, es decir la dimensión que sintetiza, dinámicamente, las tres también mencionadas etapas del tiempo cronológico.
Como historiador, he sido honrado con la oportunidad de hablarles. Como historiador que ha predicado sobre la responsabilidad social del historiador, he hablado. Pero, también, como historiador no puedo sustraerme a uno de los lugares comunes del oficio, que consiste en hacer citas textuales con indicación precisa de las fuentes. Debo, por consiguiente, hacer cuando menos una de esas citas; y se me ocurre ésta: ….”Estamos de regreso de la larga etapa sombría. La historia trabaja en el mejor rumbo. Y a ayudarla se ha dicho. Porque no camina sola.” Eso escribió Rómulo Betancourt a Juan Bosch, el 30 de diciembre de 1955. (Rómulo Betancourt. Antología política, Vol. VI, p. 430).
Permítanme despedirme exclamando: ¡Por una Universidad Central autónoma, libre y democrática, en una Venezuela independiente, libre y democrática!
Caracas, 21 de Abril de 2010

lunes, 19 de abril de 2010

ACTA DEL 19 DE ABRIL DE 1810 (VENEZUELA)

En la ciudad de Caracas a 19 de abril de 1810, se juntaron en esta sala capitular los señores que abajo firmarán, y son los que componen este muy ilustre Ayuntamiento, con motivo de la función eclesiástica del día de hoy, Jueves Santo, y principalmente con el de atender a la salud pública de este pueblo que se halla en total orfandad, no sólo por el cautiverio del señor Don Fernando VII, sino también por haberse disuelto la junta que suplía su ausencia en todo lo tocante a la seguridad y defensa de sus dominios invadidos por el Emperador de los franceses, y demás urgencias de primera necesidad, a consecuencia de la ocupación casi total de los reinos y provincias de España, de donde ha resultado la dispersión de todos o casi todos los que componían la expresada junta y, por consiguiente, el cese de su funciones. Y aunque, según las últimas o penúltimas noticias derivadas de Cádiz, parece haberse sustituido otra forma de gobierno con el título de Regencia, sea lo que fuese de la certeza o incertidumbre de este hecho, y de la nulidad de su formación, no puede ejercer ningún mando ni jurisdicción sobre estos países, porque ni ha sido constituido por el voto de estos fieles habitantes, cuando han sido ya declarados, no colonos, sino partes integrantes de la Corona de España, y como tales han sido llamados al ejercicio de la soberanía interina, y a la reforma de la constitución nacional; y aunque pudiese prescindirse de esto, nunca podría hacerse de la impotencia en que ese mismo gobierno se halla de atender a la seguridad y prosperidad de estos territorios, y de administrarles cumplida justicia en los asuntos y causas propios de la suprema autoridad, en tales términos que por las circunstancias de la guerra, y de la conquista y usurpación de las armas francesas, no pueden valerse a sí mismos los miembros que compongan el indicado nuevo gobierno, en cuyo caso el derecho natural y todos los demás dictan la necesidad de procurar los medios de su conservación y defensa; y de erigir en el seno mismo de estos países un sistema de gobierno que supla las enunciadas faltas, ejerciendo los derechos de la soberanía, que por el mismo hecho ha recaído en el pueblo, conforme a los mismos principios de la sabia Constitución primitiva de España., y a las máximas que ha enseñando y publicado en innumerables papeles la junta suprema extinguida. Para tratar, pues, el muy ilustre Ayuntamiento de un punto de la mayor importancia tuvo a bien formar un cabildo extraordinario sin la menor dilación, porque ya pretendía la fermentación peligrosa en que se hallaba el pueblo con las novedades esparcidas, y con el temor de que por engaño o por fuerza fuese inducido a reconocer un gobierno legítimo, invitando a su concurrencia al señor Mariscal de Campo don Vicente de Emparan, como su presidente, el cual lo verificó inmediatamente, y después de varias conferencias, cuyas resultas eran poco o nada satisfactorias al bien político de este leal vecindario, una gran porción de él congregada en las inmediaciones de estas casas consistoriales, levantó el grito, aclamando con su acostumbrada fidelidad al señor Don Fernando VII y a la soberanía interina del mismo pueblo; por lo que habiéndose aumentado los gritos y aclamaciones, cuando ya disuelto el primer tratado marchaba el cuerpo capitular a la iglesia metropolitana, tuvo por conveniente y necesario retroceder a la sala del Ayuntamiento, para tratar de nuevo sobre la seguridad y tranquilidad pública. Y entonces, aumentándose la congregación popular y sus clamores por lo que más le importaba, nombró para que representasen sus derechos, en calidad de diputados, a los señores doctores don José Cortés de Madariaga, canónigo de merced de la mencionada iglesia; doctor Francisco José de Rivas, presbítero; don José Félix Sosa y don Juan Germán Roscio, quienes llamados y conducidos a esta sala con los prelados de las religiones fueron admitidos, y estando juntos con los señores de este muy ilustre cuerpo entraron en las conferencias conducentes, hallándose también presentes el señor don Vicente Basadre, intendente del ejército y real hacienda, y el señor brigadier don Agustín García, comandante subinspector de artillería; y abierto el tratado por el señor Presidente, habló en primer lugar después de su señoría el diputado primero en el orden con que quedan nombrados, alegando los fundamentos y razones del caso, en cuya inteligencia dijo entre otras cosas el señor Presidente, que no quería ningún mando, y saliendo ambos al balcón notificaron al pueblo su deliberación; y resultando conforme en que el mando supremo quedase depositado en este Ayuntamiento muy ilustre, se procedió a lo demás que se dirá, y se reduce a que cesando igualmente en su empleo el señor don Vicente Basadre, quedase subrogado en su lugar el señor don Francisco de Berrío, fiscal de Su Majestad en la real audiencia de esta capital, encargado del despacho de su real hacienda; que cesase igualmente en su respectivo mando el señor brigadier don Agustín García, y el señor don José Vicente de Anca, auditor de guerra, asesor general de gobierno y teniente gobernador, entendiéndose el cese para todos estos empleos; que continuando los demás tribunales en sus respectivas funciones, cesen del mismo modo en el ejercicio de su ministerio los señores que actualmente componen el de la real audiencia, y que el muy ilustre Ayuntamiento, usando de la suprema autoridad depositada en él, subrogue en lugar de ellos los letrados que merecieron su confianza; que se conserve a cada uno de los empleados comprendidos en esta suspensión el sueldo fijo de sus respectivas plazas y graduaciones militares; de tal suerte, que el de los militares ha de quedar reducido al que merezca su grado, conforme a ordenanza; que continuar las órdenes de policía por ahora, exceptuando las que se han dado sobre vagos, en cuanto no sean conformes a las leyes y prácticas que rigen en estos dominios legítimamente comunicadas, y las dictadas novísimamente sobre anónimos, y sobre exigirse pasaporte y filiación de las personas conocidas y notables, que no pueden equivocarse ni confundirse con otras intrusas, incógnitas y sospechosas; que el muy ilustre Ayuntamiento para el ejercicio de sus funciones colegiadas haya de asociarse con los diputados del pueblo, que han de tener en él voz y voto en todos los negocios; que los demás empleados no comprendidos en el cese continúen por ahora en sus respectivas funciones, quedando con la misma calidad sujeto el mando de las armas a las órdenes inmediatas del teniente coronel don Nicolás de Castro y capitán don Juan Pablo de Ayala, que obraran con arreglo a las que recibieren del muy ilustre Ayuntamiento como depositario de la suprema autoridad; que para ejercerla con mejor orden en lo sucesivo, haya de formar cuanto antes el plan de administración y gobierno que sea más conforme a la voluntad general del pueblo; que por virtud de las expresadas facultades pueda el ilustre Ayuntamiento tomar las providencias del momento que no admitan demora, y que se publique por bando esta acta, en la cual también se insertan los demás diputados que posteriormente fueron nombrados por el pueblo, y son el teniente de caballería don Gabriel de Ponte, don José Felix Ribas y el teniente retirado don Francisco Javier Ustáriz, bien entendido que los dos primeros obtuvieron sus nombramientos por el gremio de pardos, con la calidad de suplir el uno las ausencias del otro, sin necesidad de su simultánea concurrencia. En este estado notándose la equivocación padecida en cuanto a los diputados nombrados por el gremio de pardos se advierte ser sólo el expresado don José Felix Ribas. Y se acordó añadir que por ahora toda la tropa de actual servicio tenga press y sueldo doble, y firmaron y juraron la obediencia a este nuevo gobierno.

Vicente de Emparan; Vicente Basadre; Felipe Martínez y Aragón; Antonio Julián Alvarez; José Gutiérrez del Rivero; Francisco de Berrío; Francisco Espejo; Agustín García; José Vicente de Anca; José de las Llamosas; Martín Tovar Ponte; Feliciano Palacios; J. Hilario Mora; Isidoro Antonio López Méndez; licenciado Rafael González; Valentín de Rivas; José María Blanco; Dionisio Palacios; Juan Ascanio; Pablo Nicolás González, Silvestre Tovar Liendo; doctor Nicolás Anzola; Lino de Clemente; doctor José Cortes, como diputado del clero y del pueblo; doctor Francisco José Rivas, como diputado del clero y del pueblo; como diputado del pueblo, doctor Juan Germán Roscio; como diputado del pueblo, doctor Félix Sosa; José Félix Ribas; Francisco Javier Ustáriz; fray Felipe Mota, prior; fray Marcos Romero, guardián de San Francisco; fray Bernardo Lanfranco, comendador de la Merced; doctor Juan Antonio Rojas Queipo, rector del seminario; Nicolás de Castro; Juan Pablo Ayala; Fausto Viana, escribano real y del nuevo Gobierno; José Tomás Santana, secretario escribano.

Publicación del Acta del Ayuntamiento

En el mismo día, por disposición de lo que se manda en el acuerdo que antecede, se hizo publicación de éste en los parajes más públicos de esta ciudad, con general aplauso y aclamaciones del pueblo, diciendo: ¡Viva nuestro rey Fernando VII, nuevo Gobierno, muy ilustre Ayuntamiento y diputados del pueblo que lo representan! Lo que ponemos por diligencia, que firmamos los infrascritos escribanos de que demos fe.

Viana, Santana.

Imagen (Wikipedia): Destitución de Vicente Emparan en los Sucesos del 19 de abril de 1810. Cuadro de Juan Lovera (Caracas, 11 de julio de 1776 - 20 de enero de 1841)

Texto tomado de http://www.analitica.com/Bitblio/venezuela/19abril1810.asp

CARTA DE SAN MARTÍN A BOLIVAR


...Y LUEGO DE LA ENTREVISTA DE GUAYAQUÍL, DESPUÉS DE MEDITARLO PROFUNDAMENTE SAN MARTÍN RESPONDE A BOLIVAR EN LOS SIGUIENTES TÉRMINOS...

Lima, 29 de agosto de 1822
Excmo. Señor Libertador de Colombia, Simón Bolívar.
Querido General.

Dije a usted en mi última, de 23 del corriente, que habiendo reasumido el mando supremo de esta república con el fin de separar de él al débil e inepto Torre Tagle, las atenciones que me rodeaban en aquel momento no me permitían escribirle con la extensión que deseaba; ahora al verificarlo, no sólo lo haré con la franqueza de mi carácter, sino con la que exigen los grandes intereses de América.
Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, o que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, o que mi persona le es embarazosa. Las razones que usted me expuso, de que su delicadez no le permitiría jamás mandarme, y que, aún en el caso de que esta dificultad pudiese ser vencida, estaba seguro que el Congreso de Colombia no consentiría su separación de la República, permítame general, le diga no me han parecido plausibles. La primera se refuta por sí misma. En cuanto a la segunda, estoy muy persuadido, que la menor manifestación suya al Congreso sería acogida con unánime aprobación cuando se trata de finalizar la lucha en que estamos empeñados, con la cooperación de usted y la del ejército de su mando; y que el alto honor de ponerle término refluirá tanto sobre usted como sobre la república que preside.
No se haga ilusión, General. Las noticias que tiene de las fuerzas realistas son equivocadas; ellas montan en el Alto y Bajo Perú a más de 19 000 veteranos, que pueden reunirse en el espacio de dos meses. El ejército patriota, diezmando por las enfermedades, no podrá poner en línea de batalla sino 8500 hombres, y de éstos, una gran parte reclutas. La división del general Santa Cruz (cuyas bajas según me escribe este general, no han sido reemplazadas a pesar de sus reclamaciones) en su dilatada marcha por tierra, debe experimentar una pérdida considerable, y nada podrá emprender en la presente campaña. La división de 1400 colombianos que usted envía será necesaria para mantener la guarnición del Callao y del orden de Lima. Por consiguiente, sin el apoyo del ejército de su mando, la operación que se prepara por puertos intermedios no podrá conseguir las ventajas que debían esperarse si fuerzas poderosas no llamaran la atención del enemigo por otra parte, y así la lucha se prolongará por un tiempo indefinido. Digo indefinido porque estoy íntimamente convencido, que sea cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de América es irrevocable; pero también lo estoy, de que su prolongación causará la ruina de sus pueblos, y es un deber sagrado para los hombres a quienes están confiados sus destinos, evitar la continuación de tamaños males.
En fin, general; mi partido está irrevocablemente tomado. Para el 20 del mes entrante he convocado el primer congreso del Perú, y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide a usted venir al Perú con el ejército de su mando. Para mí hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien la América debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo, y es preciso conformarse.
No dudando que después de mi salida del Perú, el gobierno que se establezca reclamará la activa cooperación de Colombia, y que usted no podrá negarse a tan justa exigencia, remitiré a usted una nota de todos los jefes cuya conducta militar y privada puede ser a usted de alguna utilidad su conocimiento.
El general Arenales quedará encargado del mando de las fuerzas argentinas. Su honradez, coraje y conocimientos, estoy seguro lo harán acreedor a que usted le dispense toda consideración.
Nada diré a usted sobre la reunión de Guayaquil a la República de Colombia. Permítame, general, que le diga, que creí que no era a nosotros a quienes correspondía decidir este importante asunto. Concluida la guerra, los gobiernos respectivos lo hubieran transado, sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a los intereses de los nuevos estado de Sud América.
He hablado a usted, general, con franqueza, pero los sentimientos que exprime esta carta, quedarán sepultados en el más profundo silencio; si llegasen a traslucirse, los enemigos de nuestra libertad podrían prevalecerse para perjudicarla y los intrigantes y ambiciosos para soplar la discordia.
Con el comandante Delgado, dador de ésta, remito a usted una escopeta y un par de pistolas juntamente con un caballo de paso que le ofrecí en Guayaquil. Admita usted, general, esta memoria del primero de sus admiradores.
Con estos sentimientos y con la de desearle únicamente sea usted quien tenga la gloria de terminar la guerra de la independencia de América del Sud, se repite su afectísimo servidor.
José de San Martín

Lecuna, V. “Cartas del Libertador”; tomo II, p. 380.

Tomado de http://sucesoshistoricos.blogspot.com/2008/07/carta-de-san-martn-bolivar.html

lunes, 21 de septiembre de 2009

Grupo Manifiesto Historia a Debate

Manifiesto de Historia a Debate

Después de ocho años de contactos, reflexiones y debates, a través de congresos, encuestas y últimamente Internet, hemos sentido la urgencia de explicitar y actualizar nuestra posición en diálogo crítico con otras corrientes historiográficas, asimismo desarrolladas en la última década del siglo XX: (1) el continuismo de los años 60-70, (2) el posmodernismo, y (3) el retorno a la vieja historia, la última "novedad" historiográfica.

Estamos viviendo una transición histórica e historiográfica de resultados todavía inciertos. Historia a Debate como tendencia historiográfica quiere contribuir a la configuración de un paradigma común y plural de los historiadores del siglo XXI que asegure para la historia y su escritura una nueva primavera. A tal fin hemos elaborado 18 propuestas metodológicas, historiográficas y epistemológicas, que presentamos a los historiadores y a las historiadoras del mundo para su debate y, en su caso, adhesión crítica y posterior desarrollo.

METODOLOGÍA

I
Ciencia con sujeto

Ni la historia objetivista de Ranke, ni la historia subjetivista de la posmodernidad: una ciencia con sujeto humano que descubre el pasado conforme lo construye.

Tomar en consideración las dos subjetividades que influyen en nuestro proceso de conocimiento, agentes históricos e historiadores, es la mejor garantía de la objetividad de sus resultados, necesariamente relativos y plurales, por lo tanto rigurosos.

Ha llegado la hora de que la historia ponga al día su concepto de ciencia, abandonando el objetivismo ingenuo heredado del positivismo del siglo XIX, sin caer en el radical subjetivismo resucitado por la corriente posmoderna a finales del siglo XX.

La creciente confluencia entre las "dos culturas", científica y humanística, facilitará en el siglo que comienza la doble redefinición de la historia, como ciencia social y como parte de las humanidades, que necesitamos.

II
Nueva erudición

Somos partidarios de una nueva erudición que amplíe el concepto de fuente histórica a la documentación no estatal, a los restos no escritos de tipo material, oral o iconográfico, a las no-fuentes: silencios, errores y lagunas que el historiador y la historiadora ha de valorar procurando también la objetividad en la pluralidad de las fuentes.

Una nueva erudición que se apoye con decisión en el conocimiento no basado en fuentes que aporta el investigador. La historia se hace con ideas, hipótesis, explicaciones e interpretaciones, que nos ayudan además a construir/descubrir las fuentes.

Una nueva erudición que vaya más allá de la historiografia renovadora de los años 60 y 70 incorporando la nueva relación con las fuentes aportada por la historia de las mujeres, la historia oral, la historia ecológica, la historia mundial/global y otras novedades productivas surgidas o desarrolladas en los años 80 y 90, así como la "nueva historiografía" que está naciendo en Internet y de la cual formamos parte.

Una nueva erudición que, reconociendo que el necesario trabajo empírico no decide la verdad histórica más que a través de las comunidades de historiadores, desenvuelva el debate y el consenso en ámbitos colectivos.

Una nueva erudición, en suma, que nos permita vencer el "giro positivista" y conservador a que nos ha conducido, recientemente, la crisis de las grandes escuelas historiográficas del pasado siglo, y que amenaza con devolver a nuestra disciplina al siglo XIX.

III
Recuperar la innovación

Urge un nuevo paradigma que recobre el prestigio académico y social de la innovación en los métodos y de los temas, en las preguntas y en las respuestas, en resumen, en la originalidad de las investigaciones históricas. Una nueva historiografía que mire hacia adelante y que devuelva al oficio de historiador el entusiasmo por la renovación y por los compromisos historiográficos.

Brotarán nuevas líneas de investigación si pensamos con nuestra propia cabeza: considerando que nada histórico nos es ajeno; avanzando mediante el mestizaje y la convergencia de los métodos y de los géneros; llenando los odres viejos con vino nuevo, desde la biografía hasta microhistoria; prestando atención a las necesidades científicas y culturales, sociales y políticas, de una sociedad sujeta a una profunda transformación.

La historiografía del siglo XXI precisa de la ilusión y de la realidad de enfoques auténticamente innovadores si no quiere quedar convertida, como la mujer de Lot, en una estatua de sal.

IV
Interdisciplina

La nueva historiografía que proponemos ha de acrecentar la interdisciplinariedad de la historia, pero de manera equilibrada: hacia adentro de la amplia y diversa comunidad de historiadores, reforzando la unidad disciplinar y científica de la historia profesional; y hacia afuera, extendiendo el campo de las alianzas más acá y más allá de las ciencias sociales clásicas.

Es menester tender puentes que comuniquen el vasto archipiélago en que se ha convertido nuestra disciplina en las últimas décadas. Al mismo tiempo, la historia ha de intercambiar métodos, técnicas y enfoques, además de con las ciencias sociales, con la literatura y con la filosofía (de la historia y de la ciencia, sobre todo), por el lado de las humanidades, y con las ciencias de la naturaleza, por el lado de las ciencias. Sin olvidar las disciplinas emergentes que tratan de las nuevas tecnologías y de su impacto transformador en la sociedad, la cultura, la política y la comunicación.

Aprendiendo de experiencias pasadas, tres son los caminos que hay que eludir, en nuestra opinión, para que la interdisciplinariedad enriquezca a la historia: 1) perseguir una imposible "ciencia social unificada" alrededor de cualquiera otra disciplina, sin menoscabo del máximo desarrollo interdisciplinar tanto individual como colectivo; 2) hacer del diálogo historia-ciencias sociales la receta mágica de la "crisis de la historia", que nosotros entendemos como cambio de paradigmas; 3) diluir la historia en tal o cual disciplina exitosa, como nos proponen hoy en día los narrativistas extremos en relación con la literatura.

V
Contra la fragmentación

El fracaso de la "historia total" de los años 60 y 70 abrió la vía a una fulgurante fragmentación de temas, métodos y escuelas, acompañada de crecimiento y caos epistemológico, que pareció detenerse en los años 90 y resulta cada vez más anacrónica en el mundo que viene, basado en la interrelación y la comunicación global.

Nuestra alternativa es avanzar, en la práctica historiográfica, nuevas formas de globalidad que hagan converger la investigación histórica atravesando espacios, géneros y niveles de análisis.

Para hacer posible una historia a secas, integral, hay que experimentar, pues, iniciativas de investigación que adopten lo global como punto de partida, y no como "horizonte utópico": líneas mixtas de estudio en cuanto a fuentes y temas, métodos y especialidades; incorporación a la historia general de los paradigmas especializados más innovadores; combinar enfoques cualitativos y cuantitativos; articular temporalidades (que engloben presente y futuro) y escalas diversas; escrutar la globalidad a través de conceptos y métodos, aún potencialmente abarcantes, como mentalidad y civilización, sociedad, red y cambio social, narración y comparación, y crear otros nuevos; indagar la historia mundial como un nuevo frente de la historia global; servirse de las nuevas tecnologías para trabajar a la vez con escritos, voces e imágenes, juntando investigación y divulgación; impulsar la reflexión y el debate, la metodología y la historiografía, como terreno común a todas las especialidades históricas y punto de contacto con otras disciplinas.

HISTORIOGRAFÍA

VI
Tarea historiográfica

Sabiendo como sabemos que el sujeto influye en los resultados de la investigación, se plantea la necesidad de indagar al propio historiador en aras de la objetividad histórica. ¿Cómo? Procurando integrar los individuos en grupos, escuelas y tendencias historiográficas, implícitas y explícitas, que condicionan, se quiera o no, la evolución interna de la historia escrita. Estudiando a los historiadores y a las historiadores por lo que hacen, no sólo por lo que dicen; por su producción, no sólo por su discurso. Aplicando, con matices, tres conceptos clave de la historia de la ciencia pospositivista: el ‘paradigma’ como conjunto de valores compartidos; la "revolución científica" como ruptura y continuidad disciplinar; la ‘comunidad de especialistas’ por su poder decisorio, a su vez condicionada por el entorno social, mental y político. Practicando, en conclusión, una historiografía inmediata que procure ir por delante de los acontecimientos históricos que inciden en los cambios historiográficos que estamos viviendo.

VII
Historiografía global

El agotamiento de los focos nacionales de renovación del siglo XX ha dado paso a una descentralización historiográfica inédita, impulsada por la globalización de la información y del saber académico y superadora del viejo eurocentrismo. La iniciativa historiográfica está hoy más al alcance de todos. El auge, por ejemplo, de una historiografía latina crítica y de una historiografía poscolonial, lo demuestran. Las comunidades transnacionales de historiadores, organizadas en Internet, juegan ya un papel importante en la formación de nuevos consensos en detrimento del anterior sistema de dependencia de unas historiografías nacionales de otras y de intercambios académicos elitistas, jerárquicos y lentos.

No entendemos la globalización historiográfica como un proceso uniformador, pensamos y ejercemos la historia, y la historia de la historia, como docentes e investigadores, en diferentes ámbitos superpuestos e interrelacionados: local, regional, nacional, continental e internacional/global.

VIII
Autonomía del historiador

Conforme los proyectos colectivos del siglo XX fueron entrando en decadencia, sin ser todavía reemplazados por un nuevo paradigma común, ha crecido de manera exagerada la influencia del mercado editorial, de los grandes medios de comunicación y de las instituciones políticas, en la escritura de la historia, en la elección de temas y métodos, en la formulación de hipótesis y conclusiones, con un sentido cada vez más evidente de promoción de la vieja historia de los "grandes hombres".

Recuperar la autonomía crítica de los historiadores y de las historiadoras respecto de los poderes establecidos para decidir el cómo, el qué y el por qué de la investigación histórica nos exige: reconstruir tendencias, asociaciones y comunidades que giren sobre proyectos historiográficos, más allá de las convencionales áreas académicas; utilizar Internet como medio democrático y alternativo de comunicación, publicación y difusión de propuestas e investigaciones; observar la evolución de la historia inmediata, sin caer en el presentismo, para captar las necesidades historiográficas, presentes y futuras, de la sociedad civil local y global.

IX
Reconocer tendencias

La vía más nociva para imponer la propia tendencia historiográfica, normalmente conservadora, es negar que existan o que deban existir tendencias historiográficas. El imaginario individualista, los compartimentos académicos y las fronteras nacionales, ocultan lo que tenemos de común, muchas veces sin saberlo o sin decirlo: por formación, lecturas, filiaciones y actitudes. Somos partidarios y partidarias, en consecuencia, de sacar a la luz las tendencias actuantes, más o menos latentes, más o menos organizadas, para clarificar posiciones, delimitar debates y facilitar consensos. Una disciplina académica sin tendencias, discusión y autoreflexión, está sujeta a presiones extra-académicas, con frecuencia negativas para su desarrollo. El compromiso historiográfico consciente nos hace, por lo tanto, libres frente a terceros, rompe el aislamiento personal, corporativo y local, favorece el reconocimiento público y la utilidad científica y social de nuestro trabajo profesional.

X
Herencia recibida

Nos oponemos a hacer tabla rasa de la historia y de la historiografía del siglo XX. El reciente retorno de la historia del siglo XIX hace útil y conveniente rememorar la crítica de que fue objeto por parte de Annales, el marxismo y el neopositivismo, aunque justo es reconocer también que dicho "gran retorno" pone en evidencia el fracaso parcial de la revolución historiográfica del siglo XX que dichas tendencias protagonizaron. El imprescindible balance, crítico y autocrítico, de las vanguardias historiográficas no anula, por consiguiente, su actualidad como tradiciones necesarias para la construcción del nuevo paradigma. Porque simbolizan el "espíritu de escuela" y la militancia historiográfica, así como el ejemplo de una historia profesional abierta a lo nuevo y al compromiso social, rasgos primordiales que habremos de recuperar ahora en otro contexto académico, social y político, con unos medios de comunicación muy superiores a los existentes en los años 60 y 70 del ya pasado siglo.

XI
Historiografía digital

Las nuevas tecnologías están revolucionando el acceso a la bibliografía y a las fuentes de la historia; desbordando las limitaciones del papel para la investigación y la publicación; posibilitando nuevas comunidades globales de historiadores. Internet es una poderosa herramienta contra la fragmentación del saber histórico si se utiliza de acuerdo con su identidad y posibilidades, esto es, como un forma interactiva de transmitir información instantánea de manera horizontal a una gran parte del mundo.

Según nuestro criterio, la historiografía digital ha de seguir siendo complementada con libros y demás formas convencionales de investigación, difusión e intercambio académicos, y viceversa. Este nuevo paradigma de la comunicación social no va a reemplazar, en consecuencia, las actividades presenciales y sus instituciones seculares, pero formará parte de una manera creciente de la vida académica y social real.

La generalización de Internet en el mundo universitario, y en el conjunto de la sociedad, así como la educación informática de los más jóvenes irán imponiendo esta nueva historiografía como factor relevante de la inacabada transición paradigmática entre el siglo XX y el siglo XXI.

XII
Relevo generacional

En la segunda década de este siglo tendrá lugar un considerable relevo generacional en el cuadro de profesores e investigadores a causa de la jubilación de los nacidos después de la II Guerra Mundial. ¿Supondrá esta transición demográfica la consolidación de un cambio avanzado de paradigmas? No lo podemos asegurar.

La generación del 68 fue más bien una excepción. Entre los estudiantes universitarios actuales contemplamos parecida heterogeneidad historiográfica e ideológica que el resto de la academia y de la sociedad. Podemos encontrarnos con historiadores e historiadoras mayores que siguen siendo renovadores, y jóvenes con conceptos decimonónicos del oficio de historiador y de su relación con la sociedad. Nuestra responsabilidad como formadores de estudiantes que serán mañana profesores e investigadores es, a este respecto, capital. Nunca fue tan crucial continuar explicando la historia con enfoques avanzados -también por su autocrítica- desde la enseñanza primaria y secundaria hasta los cursos de posgrado. La historia futura estará condicionada por la educación que reciben aquí y ahora los historiadores futuros: nuestros alumnos.

TEORÍA

XIII
Historia pensada

Es esencial para el historiador pensar el tema, las fuentes y los métodos, las preguntas y las respuestas, el interés social y las implicaciones teóricas, las conclusiones y las consecuencias, de una investigación.

Somos contrarios a una "división del trabajo" según la cual la historia provee de datos y otras disciplinas reflexionan sobre ellos (o escriben relatos de amplia difusión). Las comunidades de historiadores profesionales tienen que asumir su responsabilidad intelectual tratando de completar el ciclo de los estudios históricos, desde el trabajo de archivo hasta la valoración y reivindicación de su impacto en las ciencias sociales y humanas, en la sociedad y en la política.

El aprendizaje de los estudiantes universitarios de historia en cuestiones de metodología, historiografía, filosofía de la historia y otras disciplinas con base teórica, es el camino para elevar la creatividad futura de las investigaciones históricas, subrayar el lugar de la historia en el sistema científico y cultural y fomentar nuevas y buenas vocaciones historiográficas.

Nuestra meta es que el historiador que reflexione intelectualmente haga trabajo empírico, y que el historiador que investiga con datos concretos piense con alguna profundidad sobre lo que hace, obviando así la fatal disyuntiva de una práctica (positivista) sin teoría o de una teoría (especulativa) sin práctica. Una mayor unidad de la teoría y la práctica hará factible, por lo demás, una mayor coherencia de los historiadores y de las historiadoras, individual y colectivamente, entre lo se dice, historiográficamente, y lo que se hace, empíricamente.

XIV
Fines de la historia

La aceleración histórica de la última década ha reemplazado el debate sobre el "fin de la historia" por el debate sobre los "fines de la historia".

Asumiendo que la historia no tiene metas pre-establecidas y que, en 1989, dio comienzo un profundo viraje histórico, cabe preguntarse, también desde la historia académica, adónde nos lleva éste, quién lo conduce, en favor de qué intereses y cuáles son las alternativas.

El futuro está abierto. Es responsabilidad de los historiadores y de las historiadoras ayudar a que los sujetos de la historia construyan mundos futuros que garanticen una vida libre y pacífica, plena y creativa, a los hombres y mujeres de todas las razas y naciones.

Las comunidades de historiadores han de contribuir pues a construir una "nueva Ilustración" que, aprendiendo de los errores de la historia y de la filosofía, piense teóricamente sobre el sentido del progreso que hoy demanda la sociedad, asegurando a las grandes mayorías del Norte y del Sur, del Este y Oeste, el disfrute humano y ecológico de los avances revolucionarios de la medicina, la biología, la tecnología y las comunicaciones.

SOCIEDAD

XV
Reivindicar la historia

El primer compromiso político de los historiadores debería ser reivindicar, ante la sociedad y el poder, la función ética de la historia, de las humanidades y de las ciencias sociales, en la educación de los ciudadanos y en la formación de las conciencias comunitarias.

La historia profesional ha de combatir aquellas concepciones provincianas y neoliberales que todavía pretenden confrontar técnica con cultura, economía con sociedad, presente con pasado, pasado con futuro.

Los efectos más notorios de las políticas públicas de desvaloración social de la historia son la falta de salidas profesionales, el descenso de las vocaciones y los obstáculos a la continuidad generacional. Las comunidades de historiadores debemos aceptar como propios los problemas laborales de los jóvenes que estudian y quieren ser historiadores, cooperando en la búsqueda de unas soluciones que pasan por la revalorización del oficio de historiador y de sus condiciones de trabajo y de vida, en el marco de la defensa y desarrollo de la función pública de la educación, la universidad y la investigación.

XVI
Compromiso

En tiempos de paradójicos "retornos", queremos constatar y alentar la "vuelta al compromiso" de numerosos académicos, también historiadores, en diversos lugares del mundo con las causas sociales y políticas vinculadas a la defensa de valores universales de educación y salud, justicia e igualdad, paz y democracia. Actitudes solidarias indispensables para contrarrestar otros compromisos académicos con los grandes poderes económicos y políticos, mediáticos y editoriales. Contrapeso vital, por lo tanto, para conjurar una virtual escisión de la escritura académica de la historia respecto de las mayorías sociales que financian con sus impuestos nuestra actividad docente e investigadora.

El nuevo compromiso que preconizamos es diverso, crítico y con anhelos de futuro. El historiador y la historiadora han de combatir, desde la verdad que conocemos, aquellos mitos que manipulan la historia y fomentan el racismo, la intolerancia y la explotación de clase, género, etnia. Resistiendo, desde el conocimiento del pasado, los futuros indeseables. Cooperando, y rivalizando, con otros científicos sociales y humanistas, en la construcción de mundos históricamente mejores, como profesionales de la historia, pero también como ciudadanos.

La relación del historiador con la realidad que nos rodea pasa por su análisis en un contexto temporal continuo. Si se acepta que la objetividad de la ciencia de la historia es inseparable de la subjetividad (plural) del historiador, debemos concluir que no existen grandes diferencias cualitativas entre una historia inmediata y una historia mediata, entre una historia más contemporánea y una historia más antigua. Todo es historia, si bien cuando más nos distanciamos de lo actual mayor es la carga que recae sobre nosotros, historiadores, por ausencia de las disciplinas más presentistas.

XVII
Presente y futuro

Nuestro objeto de estudio (hombres, mujeres y medio natural humanizado) está evidentemente en el pasado, pero nosotros estamos en el presente, y estos presentes están preñados de futuros. El historiador no puede escribir con rigor la historia al margen del tiempo vivido, y de su fluir permanente.

Contemplamos varios niveles en la relación del historiador con la inmediatez histórica: compromiso social y político, tema de investigación, historiografía de intervención o criterio metodológico general para la investigación. Hace medio siglo que los fundadores de la escuela de Annales lo formularon: "comprender el pasado por el presente, comprender el presente por el pasado". Hoy es preciso, además, poner el mismo énfasis en la interrelación pasado/futuro.

La caída de la filosofías finalistas de la historia, sean socialistas sean capitalistas, ha puesto de relieve un futuro más abierto que nunca. El historiador ha de asumir un papel en su definición con sus experiencias y argumentos históricos, con hipótesis y apuestas desde la historia. Edificar el futuro sin contar con la historia nos condenaría a repetir sus errores, a resignarnos con el mal menor o a edificar castillos en el aire.

XVIII
Nuevo paradigma

La historiografía depende de los historiadores y de la historia inmediata. El cambio de paradigmas historiográficos que venimos proponiendo, desde 1993, cabalga sobre los cambios históricos acelerados iniciados en 1989. Entre diciembre de 1999 (Seattle) y julio de 2001 (Génova) hemos observado los comienzos de un movimiento global sin precedentes, contra los estragos de la globalización, que busca ya alternativas de sociedad: el pensamiento único es ahora menos único. Son muchos los que califican de cambio de civilización la globalización y sus críticos, la sociedad de la información, la nueva revolución científico-tecnológica y el movimiento social global: no es fácil entrever lo que nos depara el mañana pero hay razones para la esperanza. Todos debemos colaborar.

Historia a Debate es parte activa de este proceso transformador: queremos cambiar la historia que se escribe y coadyuvar a cambiar la historia humana. Según evolucione el debate historiográfico, y la historia más inmediata, nuestras propuestas recibirán más o menos consenso académico, las variaremos o no según interese, si bien hay planteamientos que, aun siendo por el momento minoritarios, nos parecen ineludibles para condicionar críticamente el nuevo paradigma en formación: el conjunto plural de valores y creencias que va a regular nuestra profesión de historiador en el nuevo siglo. Por todo ello, la historia nos absolverá, esperemos.

En la Red a 11 de setiembre de 2001

(11 de febrero de 2002)

Composición del Grupo Manifiesto de Historia a Debate

  • Carlos Barros, Universidad de Santiago de Compostela, España (Coordinador)
  • Israel Sanmartín, Instituto Padre Sarmiento, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Santiago, España (Secretario).
  • Jérôme Baschet, École des Hautes Études en Sciences Sociales, París, Francia, y Universidad Autónoma de Chiapas, San Cristóbal de las Casas, México.
  • Boris Berenzon, Universidad Nacional Autónoma de México, México D. F.
  • Micheline Cariño, Universidad Autónoma de Baja California Sur La Paz, México.
  • Francisca Colomer, Centro de Profesores y Recursos, Murcia, España.
  • Amelia Galetti, Instituto de Enseñanza Superior, Paraná, Argentina.
  • Sergio Guerra, Universidad de La Habana, Cuba.
  • Elpidio Laguna, University of Rutgers, Newark, New Jersey, USA
  • Germán Navarro, Universidad de Zaragoza, España.
  • Gonzalo Pasamar, Universidad de Zaragoza, España.
  • Juan Paz y Miño, Pontificia Universidad Católica, Quito, Ecuador.
  • Eugenio Piñero, University of Wisconsin, Eau Claire, USA.
  • Norma de los Ríos, Universidad Nacional Autónoma de México, Mexico D. F.
  • Reinaldo Rojas, Universidad Pedagógica Experimental Libertador Barquisimento, Venezuela.
  • José Javier Ruiz Ibáñez, Universidad de Murcia, España.
  • Juan Manuel Santana, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, España.
  • Cristina Segura, Universidad Complutense, Madrid, España.
  • Miguel Somoza, Universidad Nacional de Educación a Distancia Madrid, España.
  • Guillermo Turner, Dirección de Estudios Históricos, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México D. F.
  • Luz Varela, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.
  • Francisco Vázquez, Universidad de Cádiz, España.
  • Jose Giraldo Vinci de Moraes, Universidade Estadual Paulista Sâo Paulo, Brasil.

© José Luis Gómez-Martínez Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

Texto tomado de http://www.ensayistas.org/critica/manifiestos/H-debate.htm

miércoles, 15 de julio de 2009

DISCURSO SOBRE EL 5 DE JULIO DE 1811

PRONUNCIADO POR EL PROFESOR ARGENIS MENDEZ ECHENIQUE, PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD BOLIVARIANA DE APURE Y DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICO – SOCIALES DEL LLANO VENEZOLANO (CEHISLLAVE), EL DÍA 5 DE JULIO DE 2009, EN LA PLAZA BOLÍVAR DE SAN FERNANDO DE APURE.


Señores, muy buenos días…

Comenzaré mi intervención felicitando a los entes organizadores de este magnífico acto para glorificar esta importante, quizás la más destacada, efeméride de nuestra historia republicana: el 5 de Julio de 1811, día de la declaración de la Independencia de Venezuela, fecha tomada también para conmemorar el Día Nacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. En segundo lugar, darle las gracias a quienes seleccionaron mi humilde persona para dirigirles la palabra en este día tan resaltante en los anales de la patria grande y de la patria chica. Pues, el 5 de Julio es una fecha memorable para Venezuela, para América y el mundo, porque constituyó un ejemplo a seguir por los pueblos sometidos al yugo imperial español.

Trataré, en lo posible, de cumplir con este comprometedor cometido acudiendo a mis modestos conocimientos e interpretaciones de la historia de nuestro pueblo. El primer paso es leerles una sentencia que ya les puede sugerir la orientación de mis palabras:

Si deseas que el futuro sea diferente,

estudia el pasado” ( Baruch Spinoza).

Ahora, me pregunto: ¿qué es la Historia?. Para muchas personas de nuestro entorno ciudadano y educativo, en una somera apreciación, dicen que la Historia es puro cuento y no sirve `para nada práctico. Debido a que entre nosotros tradicionalmente la historia se ha enseñado siguiendo aburridos patrones didácticos, para cumplir con programas educativos ajenos a la realidad nacional y su quehacer, sin crear nuevas expectativas de aprendizaje y aplicabilidad a los estudiantes.

Desconocen lo que el maestro Federico Brito Figueroa llamaba “estudiar la historia sobre el terreno”. Desconocen las corrientes constructivistas y la Investigación – Acción aplicadas al conocimiento histórico, que aparte de aportar información para nuevos estudios teóricos, contribuyen también a detectar y solucionar problemas de servicios públicos en las comunidades.

Un conocido y reconocido historiador venezolano, que no está identificado con el proceso político dirigido por el Presidente Chávez llegó a expresar a la prensa nacional en 1999, su decepción con respecto a los estudios de la historia que se realizaban en nuestro país, y que ratifica nuestra opinión: “Este país se las ingenia para confundirlo a uno cada día más. A veces me da tristeza haber llegado a viejo. Yo tenía la esperanza de que cuando llegara a viejo Venezuela sería un país civilizado”(Entrevista a Guillermo Morón, por Rubén Wisotzki. Diario El Nacional, 31/10/1999; C-89. Eso lo decía ese ilustrado señor, de lo más granado de la intelectualidad de nuestro país, ¿qué queda para el venezolano común y corriente?.

Pero, en los actuales medios académicos, los historiadores profesionales, auténticos científicos sociales, están haciendo un gran esfuerzo por cambiar esta lamentable situación de aprendizaje. Intentan que nuestros coterráneos lean y conozcan los historiógrafos nacionales y regionales; y también los principales representantes de la investigación histórica internacional, así como se ha hecho con la literatura universal. La editorial “El Perro y la Rana”, perteneciente al Ministerio del Poder Popular para la Cultura está publicando diariamente innumerables textos; se han distribuido millones de ejemplares de Don Quijote de la Mancha, la obra cumbre de las letras castellanas, y de la novela Los Miserables, del escritor francés Víctor Hugo. De allí que el Centro Nacional de Historia, dirigido por el ilustre amigo Arístides Medina Rubio, utilice diversos medios para promover nuevas ideas y proyectos que ayuden a visualizar la historia de nuestras comunidades siguiendo otras concepciones metodológicas diferentes a las positivistas tradicionales.

Y así, ya se acepta que el vocablo “historia” es una voz polisémica, que tiene varios significados; pero que involucra siempre un estudio profundo del proceso humano, su registro y, también, su teoría y su estudio crítico. Hoy, la historia es considerada como una de las más importantes ramas del saber social y, además, es una formidable arma política, quizás la ,ás potente, pues sirve, entre otras cosas, para desmontar las patrañas y mentiras que nos enseñaron en los bancos de la escuela tradicional. Al respecto podemos preguntarle su opinión al Presidente Chávez, cuyos programas radiotelevisivos son verdaderas cátedras de historia crítica.

Halkin, uno de los teóricos más reputados de los últimos tiempos de la Escuela Francesa, dice que “La historia es la disciplina que estudia el pasado de los hombres y presenta un cuadro de sus acciones de alcance social. Representa para la humanidad lo que la memoria para la persona, responde a la universal necesidad de conocer los propios orígenes, de comprender su evolución, de asegurar la identidad profunda de los seres por encima de su diversidad y a través de su evolución, ella es el nexo de toda personalidad”.

En esta nueva concepción de la historia el protagonista no es nada más el líder, el caudillo, el jefe, sino también el pueblo, que se hace dueño de la construcción de su propio destino. Es la democratización del conocimiento, conformando una conciencia colectiva, que da pie para la elaboración de la historia de las comunidades regionales y locales, de los vecindarios rurales, los barrios urbanos y las posibles comunas que se conformen, donde han vivido y viven los explotados y marginados de ayer, de hoy y de siempre.

De aquí que también es necesario buscar las bases primigenias de nuestra sociedad actual. Esta no surgió de la noche a la mañana, por arte de magia. Para ello es necesario escudriñar en los más recónditos rincones de la memoria, tanto escrita como oral, para conocer sobre la idiosincrasia de los pueblos originarios americanos (arawacos, caribes, otomacos, yaruros, entre otros) que, al mezclarse a través de los siglos con otras etnias extra - continentales, blancos y negros, han conformado nuestra venezolanidad y americanidad de los nuevos tiempos.

Algunos estudiosos hablan de un proceso de nivelación social en Venezuela que se inició antes de la época de la Guerra de Independencia. Pero habría que pasearse por el panorama de la historia de una sociedad esclavista, discriminante, elitesca y expoliadora como ninguna otra, dominada por un exclusivo grupo social: los blancos; y entre estos, los blancos criollos y los blancos peninsulares. Los primeros, descendientes de los conquistadores, dueños de haciendas, ganados y esclavos; y los segundos, venidos de España a detentar los cargos de gobierno, en nombre del Rey (a hacer fortuna, realmente). Es de imaginarse los conflictos de competencia que se presentaban a cada momento entre ambos grupos dirigentes. El Poder Económico de los mantuanos criollos contra el Poder Político de los gobernantes peninsulares. A la larga este tirar y aflojar tenía que desembocar en la declaratoria de emancipación contra España. A finales del siglo XVIII la Capitanía General de Venezuela estaba constituida por una sociedad agro-exportadora, pre - capitalista, que se enriquecía día a día más con el cacao, cultivado por mano esclava, y le permitía comprar títulos de nobleza, por lo que no era extraño oír hablar de los “grandes cacaos”, aristócratas de nuevo cuño, pero sometidos a una decadente metrópoli, intermediaria del incipiente imperialismo industrial anglosajón. España no poseía industrias relevantes y compraba mercancías manufacturadas a Gran Bretaña, Francia, Holanda y los Países Bajos. Los tesoros saqueados en América por los españoles iban a parar a otras arcas. El oro expoliado por España en América sentó las bases del sistema capitalista internacional contemporáneo.

La supuesta nivelación dentro de la sociedad colonial venezolana, estratificada en cerrados estamentos (donde se manejaba el rígido criterio de que “vientre esclavo engendra esclavo”), alude a la Real Cédula de Gracias al Sacar, suscrita el 10 de Febrero de 1795. Este documento consistía en un arancel o tarifa donde, mediante el pago de una suma de dinero estipulada en cada caso, se concedían licencias, dispensas y prerrogativas a las personas que lo hubieren solicitado, incluyendo a los pardos, que de esa manera podían solicitar el título de “don” (cuyo significado era: “de origen noble”), que los equiparaba a los blancos (Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas, Fundación Polar, 1988. Tomo I, p. 638). Pero se sabe así mismo de la fuerte reticencia de los mantuanos a aceptar esa medida real que creó serios resquemores y conflictos dentro de la sociedad caraqueña. Los aristócratas criollos no podían aceptar codearse libremente con descendientes de sus antiguos esclavos. Eso era escandaloso. ¿Cuándo se había visto algo semejante?.

Debemos saber, así mismo, que los movimientos pre-independentistas en Venezuela, llevados adelante por gente de diversa procedencia étnica, se produjeron desde los primeros tiempos de la presencia europea en nuestro continente: como es el caso del gran cacique caribe Guaicaipuro (1560), antes de la fundación de la ciudad de Caracas, del negro Miguel de Buría (1553), antes de la fundación de la ciudad de Barquisimeto, del zambo yaracuyano Andresote (1731), que hizo sentir su presencia en las márgenes guariqueñas del Orinoco, y el canario Juan Francisco de León (19 de Abril de 1749), levantado contra los abusos de la Compañía Guipuzcoana; el alzamiento del zambo coriano José Leonardo Chirino (1795), queriendo implantar entre nosotros “la ley de los franceses”; la conspiración de los blancos criollos Manuel Gual y José María España (1797), con su proyecto reivindicativo de los grupos étnicos marginados y donde estuvo implicado nuestro admirado Robinson (Don Simón Rodríguez), y las tentativas de invasión promovidas por Francisco de Miranda, en 1806. Sin olvidar innumerables intentos dados en otras latitudes de América, como el caso del famoso inca Tupac Amaru, en el Perú, en el último cuarto del siglo XVIII, cuyo nombre se ha convertido en símbolo de lucha contra la opresión.

Podríamos decir que los momentos estelares de nuestra historia por la libertad y la igualdad son numerosos, pero sobresalen dos. El 19 de Abril de 1810, cuando se inicia el movimiento de emancipación contra la España borbónica sometida por Napoleón Bonaparte (“El día en que la religión celebra los más augustos misterios de la redención del género humano, era el que tenía señalado la Providencia para dar principio a la redención política de la América. El Jueves Santo, 19 de Abril, se desplomó en Venezuela el coloso del despotismo, se proclamó el imperio de las leyes y se expulsaron los tiranos” (razonamiento en el acta de la sesión del Congreso Constituyente del día 4 de Julio de 1811); y el otro momento estelar es el del 5 de Julio de 1811, cuando se declara formalmente la independencia absoluta de Venezuela, tal como lo recoge el documento que le daría categoría de Estado libre y soberano a nuestra nación.

Por cierto, estamos próximos a la conmemoración del bicentenario de estas dos magnas fechas. ¿Cómo vamos a conmemorar tales fastos?. Pienso que deben nombrarse comisiones regionales que trabajen con tal cometido. Cuando se cumplieron los cien años de tales acontecimientos históricos (en 1910 y 1911), se realizaron en Apure, sin contar con los recursos económicos de ahora, actos muy significativos para la región y se aprovechó para realizar eventos para promover la actividad agropecuaria, se sacó a concurso el Himno del Estado Apure, saliendo seleccionado ganador el canto “Vuelvan Caras”, cuya letra fue escrita por el trujillano Amadeo Garbi y musicalizado por el colombiano César Ramírez Gómez.Su oficialización se dio en 1913. También se publicaron los respectivos libros – memorias de las actividades realizadas en cada una de las conmemoraciones (recopiladas por el sabio Dr. Diego Eugenio Chacón, que fungía de Secretario General de Gobierno).

Otro hito referencial a señalar en este camino de lucha por la libertad es el 15 de Febrero de 1819, momento en que el numen de Bolívar se eleva inmarcesible hasta las cumbres de la gloria para pronunciar su famoso Discurso de Angostura, preludio de la creación de la gran república de sus sueños: Colombia, nombre que tomó del viejo proyecto mirandino. Con esto estoy señalando que el término “Colombia” fue creación de venezolanos (Miranda y Bolívar). No podemos dejar de señalar el 24 de Junio de 1821, cuando Bolívar, El Libertador, se muestra como un consumado maestro en la planificación estratégica y da pruebas de su magnífico dominio del arte de la guerra; y de singular importancia es el 9 de Diciembre de 1824, glorioso para la América entera, porque en esa jornada el Ejército Libertador, al mando del cumanés Antonio José de Sucre (lo que le valió el título de Mariscal de Ayacucho), dio el golpe definitivo al poder español en este continente. Como se observa, siempre nuestro pueblo y su ejército unidos en empresas libertarias más allá de sus fronteras, no de opresión.

Igualmente reseñamos el 20 de Febrero de 1859, porque se inicia la Guerra Federal, con el pronunciamiento del Comandante Tirso Salaverría, en Coro, persiguiendo los viejos sueños de redención social decretados por Bolívar (Haberes Militares para los soldados de la Independencia y la libertad de los esclavos, entre otros), escamoteados por la Oligarquía Conservadora, que estableció en la Venezuela de 1830 una constitución censitaria y esclavista, donde apenas un 10% de la población tenía el privilegio de ejercer sus derechos ciudadanos. Había que saber leer y escribir, ser libre y poseer una renta mensual de 50 pesos. De aproximadamente 700.000 habitantes que tendría el desbastado país para ese momento, recién salido de la Guerra de Independencia, apenas 70.000 personas tenían derecho a elegir o ser elegidas para un cargo público. ¿Quiénes tenían esos privilegios?. Los godos realistas, blancos, letrados y antiguos propietarios, que habían emigrado durante la contienda bélica y habían regresado al país una vez finalizado el conflicto, rodeando al General José Antonio Páez, adalid de la secesión en 1826 y en 1830, los magistrados civiles y jefes militares próceres de la Independencia. La crema y nata de la nueva oligarquía, conservadora de los antiguos privilegios coloniales.

La libertad de los esclavos fue decretada en 1854 por el General José Gregorio Monagas, pero esta medida no obedeció a ningún sentimiento humanitario sino a que ya este sistema de explotación no era rentable. Los antiguos esclavos quedaron en peor situación vivencial, pues sus antiguos amos ahora los contrataban por sueldos miserables y no tenían que correr con sus gastos de manutención como antes. La gente vagaba por los campos, muerta de hambre, descalza y en harapos. Ese fue uno de los tantos caldos de cultivo en que germinó la revolución capitaneada por el “General del Pueblo Soberano”, Ezequiel Zamora, frustrada tempranamente por la bala asesina de San Carlos, en enero de 1860, a un mes escaso del brillante triunfo en Santa Inés.

Como se observa, el camino de nivelación social de nuestro pueblo ha sido largo y escabroso, y todavía no ha concluido. Pensemos un momento en las luchas sostenidas por la mujer, la otra mitad de la humanidad, para conquistar un puesto en la sociedad que le ha correspondido desde siempre. Aquí en Venezuela podríamos señalar algunas de esas reivindicaciones: en 1941, en tiempos del Presidente Medina Angarita, se conquistó el voto femenino en los concejos comunales; y en 1947, el derecho a participar en la elección del Presidente de la República; esta facultad fue reafirmada en la Constitución de 1961; pero la participación efectiva y en igualdad de condiciones que el hombre, en la conducción de los asuntos del Estado, solo lo ha logrado la mujer venezolana desde 1999, con la Constitución Bolivariana. Antes, desde los tiempos bíblicos, era considerado un ser inferior, sometido a la tutela del marido.

También recordemos a esos compatriotas invisibles que nos han acompañado desde siempre y que son sangre y esencia de nuestra existencia mestiza: los indígenas. Esclavizados hasta hace poco por inhumanos e inescrupulosos terratenientes, muchos de ellos emparentados consanguíneamente con ellos. Las guajibiadas no están muy lejanas en el tiempo (recuérdese no más La Rubiera y otras mas recientes masacres, donde jueces y escabinos han sido comprados por un plato de lentejas). Hoy la revolución bolivariana les está brindando por primera vez a estos desamparados compatriotas la oportunidad de ejercer sus derechos ciudadanos a plenitud, como protagonistas del quehacer político de nuestro país, su país, en los concejos municipales, en los consejos comunales, en los consejos legislativos, en la Asamblea Nacional, en el tren ministerial del Ejecutivo Nacional, en todas partes.

Centrando ahora nuestra atención en el tema de hoy, diré lo siguiente: el 5 de Julio de 1811, aún cuando había dudas en algunos de sus promotores, fue un movimiento que había evolucionado de acuerdo a las mismas circunstancias políticas del momento, tanto en España (con la abdicación de los monarcas españoles a favor de Napoleón, en 1808), como en Venezuela y América, con la solapada conspiración mantuana. De allí que no debe caber ninguna duda en cuanto a que su orientación fue netamente oligarca, desde sus comienzos. Sus dirigentes pertenecían a la más rancia aristocracia mantuana caraqueña: Mijares, Toro, Tovar, Bolívar, Rivas, dominaban los cabildos. Recuérdese que el 19 de Abril de 1810 tuvo su epicentro en el cabildo caraqueño (igual sucedió en otras ciudades de las colonias hispanoamericas, Quito, Lima Buenos Aires). Allí no estuvo presente como protagonista el pueblo llano. Los representantes populares, autonombrados, como el caso de José Félix Rivas, pertenecían a la aristocracia criolla, culta y poderosa.

Con las diferentes y desastrosas peripecias por las que pasó el proceso independentista venezolano después de la caída de la Primera República, y bajo la conducción del Libertador Bolívar, es que adquiere un tinte netamente popular. Fue necesario que media Venezuela pereciera bajo la cuchilla de Boves, Morales, Morillo y sus secuaces, para que nuestros dirigentes libertarios despertasen al clamor de las demandas de los depauperados hijos de la tierra de nadie.

Bolívar se hace el más grande conductor de masas populares y de ejércitos invencibles cuando logra captarse a los llaneros, pueblo igualitario y conformado por gente de diversa procedencia étnica. Era y es un crisol de razas, como profetizó en algún momento el socialista mexicano José Vasconcelos al hablar de la Raza Cósmica, futuro de la humanidad. Cuando estos desarrapados y olvidados de la fortuna comprenden el significado de la “diablocracia”, como les proclamara Pedro Camejo, “El Negro Primero”, en las arengas a sus compañeros de heroicidades, comenzó realmente la revolución social en Venezuela. Al respecto puede consultarse las obras de eminentes investigadores del tema social venezolano durante la guerra de independencia, como Laureano Vallenilla Lanz, Rufino Blanco Fombona, Juan Uslar Pietri, Juan Bosch, el intelectual, político socialista y bolivariano dominicano de primera línea.

La declaración oficial de la independencia de Venezuela se dio solemnemente en la tarde del día viernes 5 de Julio de 1811, a las 2:30 p.m., cuando así lo anunció el Honorable Presidente del Congreso Constituyente, Juan Antonio Rodríguez Domínguez, nativo de Ciudad de Nutrias, cantón de la Provincia de Barinas. Los representantes de Apure, que en ese momento formaba parte de la Provincia de Barinas, eran el Dr. Juan Nepomuceno de Quintana, por Achaguas, Cristóbal Hurtado de Mendoza (o simplemente Cristóbal Mendoza, quien al pasar formar parte del Ejecutivo Nacional, junto a Juan de Escalona y Baltazar Padrón, fue sustituido por el Coronel José de M. Sata y Busy), diputado por San Fernando de Apure, y el Presbítero Ramón Ignacio Méndez, representante del cantón Guasdualito, quien en años posteriores anduvo con Páez lanza en mano y después llegó a ser Arzobispo de Caracas.

El Poder Ejecutivo, conformado por un triunvirato, presidido en ese momento por el ya mencionado Dr. Cristóbal Mendoza, flamante Primer Presidente de la República de Venezuela, lanza ese mismo día 5 de Julio “Una proclama a los habitantes de Caracas”, informándoles sobre la decisión tomada por el Congreso: “el Supremo Congreso de Venezuela ha acordado en este día la Independencia Absoluta”.

Inmediatamente, en una segunda sesión de esa misma tarde del día 5, se comisionó al diputado Juan Germán Roscio y a Francisco Isnardi, Secretario del Congreso, para que redactasen el proyecto de Acta declaratoria de la Independencia, que aparece fechada ese mismo día 5; una vez finalizada su redacción hecha en la noche del día 5 ó en la mañana del día 6, como señalan algunos estudiosos, comenzó la recolección de las firmas de los 41 diputados representantes de las diferentes provincias que forman la Confederación Americana de Venezuela (Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo. No asistieron ni firmaron Coro, Maracaibo y Guayana), que culminó el día 7, con su aprobación definitiva por parte del Congreso.

El Acta fue recibida el día lunes 8 por el Poder Ejecutivo. El día jueves 11 de Julio fue publicado su texto completo en el periódico El Publicista de Venezuela (Nº 2), órgano oficial del Congreso, con el título de “Declaratoria de Independencia”. El día domingo 14 de Julio, el Congreso Constituyente hizo público su anuncio, por bando oficial, juramento de la tropa y con repiques de campanas. También ese día se izó por primera vez el pabellón tricolor, diseñado por una comisión encabezada por Francisco de Miranda, como enseña oficial del nuevo Estado Soberano. La Gaceta de Caracas también publicó el texto completo del Acta, fechado el 5 de Julio de 1811, en su número 41, del día martes 16 de Julio de 1811.

Recalco esta fecha del 5 de Julio de 1811, que conmemoramos solemnemente hoy, por cuanto han surgido dudas sobre si fue realmente ese día cuando se declaró la independencia de Venezuela. Podemos afirmar, basados en nuestras investigaciones, que sí lo fue. Sí se realizó la declaratoria el día 5 de Julio. Pero el acta si fue redactada y firmada posteriormente, como lo señalamos anteriormente; tomando la previsión de estampar en ella la fecha del 5 de Julio de 1811, que se adoptó oficialmente como la de la declaratoria.

El documento original es conservado con los debidos honores en el Arca del Salón Elíptico de la Asamblea Nacional, pues la misma es la partida de nacimiento de la República de Venezuela desde el punto de vista jurídico y constitucional. Este documento es la primera constitución nacional del mundo hispanoamericano. No es invención del autor de la letra de nuestro Himno Nacional: Caracas dio el ejemplo al resto de las colonias españolas en América. Por lo que no debe extrañarnos hoy el ejemplo que estamos dando a América y el mundo con la revolución bolivariana. Venezuela siempre en la vanguardia.

El tipo de gobierno que se implantó en 1811 fue el republicano, con un sistema federal, obra más que todo de filósofos soñadores e inexpertos y ambiciosos políticos, cuestión que los llevó inexorablemente al fracaso. La Primera República apenas tuvo un año de existencia; pues, la independencia comenzó con la declaración de Independencia el 5 de Julio de 1811 y llegó hasta la Capitulación de Miranda en San Mateo, víctima de las maniobras mantuanas, el 24 de Julio de 1812. Uno de los primeros y más drásticos críticos de este instrumento jurídico primigenio fue Simón Bolívar, el futuro Libertador, en su conocido Manifiesto de Cartagena, publicado en Diciembre de 1812.

Es posible que todavía no tengamos “el nivel ideológico adecuado para llevar adelante la Revolución Bolivariana”, como ha señalado con pesimismo uno de nuestros más apreciados líderes, pero nuestra voluntad debe estar férreamente encaminada, mediante el estudio y la acción mancomunada, a transitar por esos difíciles senderos de la redención de nuestro oprimido pueblo, sempiternamente plagado de miserias.

Debemos entender que esa lucha no es sencilla, ninguna lo es; pues, “la sociedad capitalista, no sólo es violenta y absurda, sino que además es suicida. La velocidad con la que se están destruyendo los recursos naturales resulta demoledora. Por eso me parece fundamental ver hacia el pasado, rescatar lo perfectible de esas sociedades, lo justo, lo igualitario” , como señala acertadamente nuestro amigo “llanerólogo” catalán Miguel Izard (Entrevista: “Cimarrones llaneros crearon sociedades armónicas”. Todos Adentro. Semanario Cultural del Poder Popular para la Cultura. Caracas, jueves 28 de Mayo de 2009).

Esta visión retrospectiva nos permitirá revisar, analizar y transformar el sistema productivo capitalista, que está al servicio de unos pocos, para ponerlo a disposición de todos, haciendo viables los programas políticos, económicos, sociales y educativos de la revolución bolivariana. Así, propiciaremos el nacimiento de una cultura productiva propia, endógena y sustentable, dejando de ser esclavos de las empresas trasnacionales, beneficiarias de nuestras riquezas naturales y de nuestros esfuerzos energéticos.

La moderna filosofía política nos dice que la Soberanía reside en el pueblo; de aquí que es necesario transferir el poder al pueblo, si queremos realmente hacer una revolución social. Etimológicamente, este vocablo griego significa “el gobierno del pueblo”. Pero la verdadera democracia significa participación, deliberación y protagonismo del pueblo, la consolidación del Poder Comunal: poner en vigencia los conceptos comuna, comunidad, ciudad comunal; en pocas palabras, la nueva geometría del poder.

Esto significa una visión diferente de lo que tradicionalmente se ha tenido por Democracia, desde los tiempos de la antigua Grecia, las ciudades – estados italianas y la constitución norteamericana, que siguieron patrones esclavistas.

Es lastimoso decir, pero es cierto, que nuestra histórica herencia de lucha por la libertad e igualdad de los tiempos del Gran Bolívar, conquistada a sangre y fuego, la hemos visto después arrebatada por los poderosos intereses oligarcas, ricos no solo en bienes materiales sino también en la manipulación ideológica.

Pero el rescate se está dando con la revolución bolivariana y socialista del siglo XXI que es un movimiento democrático nacido en Venezuela, como en su momento nació el movimiento hispanoamericano de independencia en 1810; por ello debemos concebirlo como un proceso continental contra la opresión y expolio a que han estado sometidos nuestros pueblos durante siglos, por el capitalismo internacional, representado hoy día por el Imperialismo Yanqui. De allí que brindarle nuestra solidaridad al pueblo hondureño en este momento de su devenir político es un deber con nuestra libertaria y democrática trayectoria histórica, fundamentada en el pensamiento del Padre de la Patria. Viva Venezuela, Viva Honduras, Viva América Libre. Compatriotas, la consigna siempre deber ser: Patria, Socialismo o Muerte.

Pero “la muerte es también libertad”, dijo un anónimo poeta del infortunio americano, pensando en el suicido de miles de Indígenas pescadores de perlas, indígenas esclavizados en las minas y haciendas por los conquistadores, indígenas confinados en repartimientos y encomiendas; pensando en los miles de inmigrantes forzados, traídos en las sentinas de los barcos desde el continente negro, gente africana, cazada como fieras y vendida como esclavos en América. Ese pensar en la muerte nos debe impulsar hacia el actuar, el reaccionar, hacia la lucha redentora y revolucionaria.

Existe, así mismo, un poema dedicado a la muerte que es atribuido al poeta chileno Pablo Neruda, socialista y bolivariano inigualable. Esa pieza literaria se titulaMuere lentamente”, y es un llamado a despertar del obnubilante marasmo en que vivimos sumergidos:

Muere lentamente quien no viaja,

Quien no lee,

Quien no oye música,

Quien no encuentra gracia en si mismo.

Muere lentamente

Quien destruye su amor propio,

Quien no se deja ayudar”.

La moraleja, si es que se puede elaborar alguna, podría ser: No debemos dejarnos ganar por el desgano. Debemos continuar adelante. El enemigo es fuerte y hábil. Sus armas de hoy son diferentes a las de los tiempos heroicos. La sutileza y el engaño son los instrumentos alienantes que utilizan a través de los canales mediáticos y nos hacen creer en proyectos que nunca están al servicio de los intereses del pueblo y sí a los de los poderosos y del capitalismo imperialista.

Muchas veces esos entes malignos, asesinos de nuestra idiosincrasia y de nuestras mentes, están a nuestro lado y no los detectamos a tiempo, porque con sus artes histriónicas nos hacen pasar lo falso por lo verdadero. Ejemplos hay muchos y todos los conocemos de sobra. Son los enemigos que trabajan en la sombra. Y en la sombra solo trabaja el crimen.

Para finalizar, diré que debemos reafirmar nuestra identidad llanera, venezolana y latinoamericana: para ello debemos escudriñar entre nuestra gente humilde, para conocer el alma genuina del pueblo; pues el pueblo es sabio. Es la voz de Dios, dijo alguien que no recuerdo; creo que es un viejo adagio popular español. Leamos a nuestros intelectuales, a los poetas populares, a los que le cantan a su terruño, al paisaje, la flora y la fauna, a las costumbres y las tradiciones, sin pretender aprovecharnos de prevenda oficial alguna. Leamos a todos, sin discriminación ni prejuicios: a Francisco Lazo Martí, Alberto Arvelo Torrealba, Germán Fleitas Beroes. Así mismo, a José Natalio Estrada Torres, a Julio César Sánchez Olivo, que fueron adecos, pero honestos, sin mácula, como lo fueron Andrés Eloy Blanco y Rómulo Gallegos; como también en algún momento de su vida lo fueron Luis Beltrán Prieto Figueroa, José Vicente Abreu, Pedro Elías Hernández Figueredo, Felipe Martínez Veloz y Freddy Melo, hombres de pensamiento y actuación limpia, cuyos nombres no manchan a quien los pronuncia, sino que lo enaltecen porque es un genuino reconocimiento a los valores humanos propios y a la esperanza de un futuro de redención social, nacidos quizás en la oscura noche de los tiempos de la llaneridad.

Compatriotas: Viva la revolución bolivariana y socialista del siglo XXI. Y gracias por su atención.

San Fernando de Apure, Julio 05 de 2009.