Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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martes, 11 de septiembre de 2012

EL AZAR COMO ASUNTO CINEMATOGRÁFICO EN KIESLOWSKI


Jeroh Juan Montilla


Todo en la realidad es un sin sentido, mejor dicho, ningún paso que intentemos  nos favorece. Esto es lo que podríamos concluir después de ver la película Azar (Pazypadeh) del polaco Krzysztof Kieslowski. Excelente film donde se combinan con maestría, bajo una gran trama estética, el asunto político con el existencial. Una película donde todo lo bueno está tan concentrado que uno se abruma hasta sentir un agradable desconcierto, resulta un tanto increíble ver tanta calidad al mismo tiempo. 

¿En resumidas cuentas que diablos es la política? Un amasijo de solemnes vacuidades y calculadas traiciones. Este padecimiento social, bajo la firme y hábil mano de Kieslowski, resulta el escenario temático perfecto para desarrollar la tesis filosófica del inapelable propósito de los destinos. Por más que se ejercite la variedad dentro de un mismo gesto no podemos escapar del mal gusto de la redundancia existencial. No basta tomar o no tomar el tren, lo que vale es el acento al decidir entre estas alternativas, se puede abrir una puerta de muchas maneras, pero no todas las aperturas dan al mismo pasillo. Sin embargo, el lugar común se impone. Todos los caminos, todos los ríos se precipitan al mismo boquete, por eso la inapelable lógica del final inesperado en esta película de Kieslowski, un desenlace tan obvio, pero tan tramposamente fortuito. Es trazar firmemente la dura metáfora de un sistema, la certeza del símbolo definitivo, ¿acaso no hay dados en la desesperanza colectiva? En verdad preguntar es  intentar el optimismo, caer atrapado en la remota posibilidad de trocar el juego de la muchedumbre a nuestro favor.
 
El guión fue escrito por el mismo Kieslowski. Este polaco nació en 1941 y muere en 1996, todo en una misma ciudad, Varsovia. Vivió poco pero realizó una obra intensa. La crítica recomienda su famoso Decálogo, diez irónicas películas, cada una sobre un mandamiento cristiano. Esta película, Azar, se terminó de realizar en 1982, sin embargo solo pudo estrenarse en 1987, durante cinco años fue prisionera de la censura del régimen socialista polaco. La anécdota individual del personaje  Witek tiene como borroso telón de fondo los alzamientos obreros de comienzos de la década de los ochenta, estos son referidos apenas, el hincapié está en tramar existencialmente la articulación de la rueda del azar sobre subtemas como la creencia en Dios, la relación paternal, el compromiso burocrático, la omnisciencia del Partido, la delación política, el vaivén amoroso, en fin la corrosión subterránea del sistema. La historia de Witek es una sola hasta que en su desesperada carrera por alcanzar el tren se bifurca en tres ramales, son tres crónicas paralelas y a pesar de todo es la misma alma. El espíritu del personaje parece mantenerse incólume a los azares metafísicos, a los juegos dimensionales del destino.

Finalmente es de entender la fuerza creativa de un artista como Kieslowski, el cual jocosamente confesaba que no creía en Dios pero mantenía buenas relaciones con él. La amistad divina debe ser un terrible agobio para un descreido, pero puede, de vez en cuando, ser una buena influencia ante los burocráticos caprichos del sobrehumano azar.  

jueves, 31 de marzo de 2011

EL CISNE NEGRO (Y EL BLANCO)

Pilar Alberdi


Hoy, aproveche un rato libre de la mañana para leer opiniones sobre esta película. Encontré un popurrí curioso, desde quien considera al personaje de la bailarina «un ser perturbado», «frigida» que es un término que se ha utilizado en la promoción, hasta quien dice que es una «película oscura», «la cumbre del terror», y muchas más definiciones. En realidad nadie está equivocado. La mayoría opina que es un thriller. Y me parece que esta palabra, thriller,convertida en signo, es decir en símbolo, últimamente acapara cualquier definición de película o libro que se quiera poner a la venta. Ella, por sí sola, parece garantía de éxito y ventas. Pero ¿es un thriller? Lo que sí hay aquí, sin ninguna duda, es un drama familiar, aunque quede desdibujado o mezclado con la dura rutina de una bailarina que desea conseguir un objetivo que asume como suyo: llegar a ser la primera figura de un ballet. La película permite también comprender la dureza, la dedicación que exige este arte, a tal punto que, por momentos, casi roza el masoquismo o la tortura. Se muestra, además, la competencia entre las aspirantes; las expectativas que el director vuelca sobre ellas con su dosis de provocación, sexo, desprecio, y olvido. Pero el verdadero drama de esta historia, no es ese; es la relación madre-hija, que impone a la segunda, de manera inconsciente, cumplir con los sueños frustrados de la primera. Por una parte, tenemos: dominación-agresión, (papel que también es asumido por el director del ballet), por otro y como respuesta, sometimiento-autoagresión, y por fin, comprensión y liberación.
La protagonista sólo tiene una manera de vencer para escapar de la tiranía de la madre,la culpabilización, e incluso la frigidez que le ha sido impuesta. A ese fin sirven una de las compañeras del ballet, el director, su propia comprensión, y la figura del cisne negro. La bailarina fue una hija dócil, buena y obediente, cumplió con todo lo que le exigió su madre; pero sólo cuando logra aceptar el lado oscuro, precisamente aquel que le ha sido impuesto de manera tan contumaz para ella desde su nacimiento, me atrevería a decir mejor, desde el conocimiento de su gestación, es cuando encontrará el sentido de su lucha y luego de su paz, aunque en la película esta paz sea dramática. Nina, la hija, la joven, la bailarina, accede, por fin, a su polo opuesto, lo reconoce, deja de temerlo y lo asume como propio aunque sea en medio de alucinaciones.
En la vida real, encontrar en nosotros mismos el polo opuesto de lo que somos, aquel que nos disgusta y despreciamos porque lo hemos sufrido o vivido en las personas que nos rodeaban en nuestra niñez y adolescencia, es decir, en la época en que éramos más vulnerables, resulta siempre revelador. Es aceptar que ya no tenemos obligación de ser como otros han decidido que seamos. Es, de alguna manera, rebelarse y madurar.
Quienes hayan tenido personas autoritarias a su alrededor, pero no han asumido como propia esa manera de ser, es muy probable que busquen amistades, compañeros de actividades, o parejas de este tipo, de una manera tan inconsciente, que cuando alcancen a verlo, ya será tarde. Y si después de una primera unión y ruptura, aún siguen sin comprender el mecanismo que las lleva a buscarlas (el amor primigenio a la figura materna o paterna al margen de sus capacidades de dar amor) volverán a repetir el mismo proceso, y a equivocarse nuevamente.
No sé si alguien ha dicho de esta película que es la historia de un triunfo. Pero metafóricamente, lo es, pese a su infeliz desenlace. Es el triunfo del reconocimiento. El cisne blanco y el negro tienen que ir unidos, tienen que saber convivir juntos, para que una parte no se vea en la necesidad de vencer o destruir a la otra . De este reconocimiento, sin duda, nace el difícil equilibrio del que dependen muchos de los actos de nuestra vida.
Ficha técnica: el director es Darren Aronofsky, y en los papeles protagonistas las actrices Natalie Portman, Mila Kunis, Bárbara Hershey, y el actor Vincent Cossel.

domingo, 15 de agosto de 2010

Aquellas horas de la vieja radio

PEDRO INFANTE EN MARACAY, LA PASCUA Y VILLA DE CURA



Alberto Hernández

** El actor y cantor azteca estuvo en Maracay, Valle de la Pascua y Villa de Cura, donde dejó pequeñas historias casi borradas por la desmemoria. Los cronistas de estas poblaciones están en la obligación de buscar más datos para establecer las actividades y eventos que el conocido artista cumplió en esas comunidades en la década de los años 40.

Digamos que la memoria se encuneta. Se hace peregrinación, olvido, en medio de tantos desbarajustes del tiempo. Así lo descifra quien escribe la crónica y pasa a ser sólo un trozo muy pequeño de esta ciudad que navega entre tantos naufragios. Digamos, sí, que por esta ciudad, desde que tiene geometría urbana, ha sido protagonista de eventos que nadie recuerda. O que no son motivo de preocupación, más allá de que quien diga o rasguñe sea corto de vista o predestinado a meterse en lo que lo conviene, como muchas veces le han dicha a éste entrometido, quien sin ser de Maracay sueña con ella y la reconstruye desde las pesadillas que la han habitado siempre.
Alguien, remotamente, recuerda el año 48 y habla de la inauguración del Teatro Principal, donde se llegaron a presentar importantes agrupaciones musicales provenientes de varis partes del país. Por ejemplo, como decía en una nota dedicada al maestro de la guitarra Augusto Larrazábal, se trataba de un “Lujoso escenario deregia decoración y magnífica proyección, sonido perfecto, selección escrupulosa de películas, cómodos asientos”, como anunciaba a diario la publicidad de “Melodías” que circulaba por Valencia, Puerto Cabello y Maracay. Publicidad que hacía un recuento de los artistas locales y nacionales.
Pero así como el teatro Principal, conocido por los de la época como Cine Principal, muy cerca del Teatro de la Ópera, también la radio cumplió su cometido cultural y social en aquella Maracay rural, gomera aún, llena de anécdotas y silencios procurados por las dictaduras. Las radios tenían un teatro de variedades, como el de Radio Maracay, donde se estrenó el Dúo Vargas- Larrazábal, por ejemplo, por aquel año de 1946.



Pedro Infante en Radio Maracay

La foto dice mucho. En la imagen aparece el cantante y actor mexicano, rodeado de la gente de Maracay de aquella década de los años 40. Allí también aparece un hombre con una guitarra, al lado del artista azteca. Frente a uno de esos micrófonos cuadrados, está el Pedro Infante de las películas de acción, de amor y canciones. Uno imagina la emoción de aquellos maracayeros. Oírlo cantar una ranchera o un bolero a pocos centímetros. El de la guitarra es nada más y nada menos que Augusto Larrazábal, quien acompañó a muchos cantantes en esa mimas emisora, entre ellos Paco Vidal, Tony Aguilar, Leo Marini, Sofía Álvarez, Alfredo Sadel, Héctor Murga, Héctor Monteverde, Héctor Cabrera, Edith Salcedo, Lorenzo Herrera, Pedro Noguera, Julio Jaramillo, Félix Carrión.

El mexicano en Valle de la Pascua y Villa de Cura

No tenemos anécdotas del cantante en Maracay, pero sí tengo de primera mano unos datos –probablemente forman parte de la ficción, pero nos llevan a imaginar su certeza- que revelan la presencia de Pedro Infante en Valle de la Pascua, probablemente el mismo tiempo que estuvo en Maracay. Al parecer, Infante se hospedó en la posada de Corita, un personaje muy conocido en la ciudad guariqueña, quien cocinaba que daba gusto. Las muchachas del pueblo, fascinadas con la llegada del cantor, se llegaron hasta la puerta del pequeño hotel y allí vieron al Pedro Infante en pantalones cortos, lo que produjo un revuelo en las féminas. Salieron asustadas porque acabañan de ver a Pedro Infante desnudo, en interiores, cuando se trataba de un short. Claro, no existía esa costumbre en nuestros predios. Otros comentan que estaba hospedado, no sé, en el Hotel Comercio. Espero que los cronistas de La Pascua me corrijan. Es posible que haya cantado en Radio La Pascua o en algún club. Eso está por saberse.
Existen también pequeñas historias del mexicano en Villa de Cura. En una oportunidad, Mario Suárez me comentó su participación con el cantante azteca en un cine-teatro de esa población aragüeña, pero he perdido la ruta y tendría que revisar viejos papeles.
Queda el compromiso en el aire. Buscar, indagar, hasta dar con la historia. Alguien la contará con todos sus detalles algún día.

jueves, 6 de mayo de 2010

EL TEATRO ATENEO Y EL TRISTE FANTASMA DEL GENERAL GÓMEZ

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Alberto Hernández

** El fastidio, la pesadez del clima y los sueños del Gómez hicieron posible la construcción del Teatro Maracay, como realmente fue llamado al inaugurarlo. Hoy, entre marquesinas y boletería dominadas por la calina, el pequeño teatro del bolsillo se pasea por la nostalgia, por las ganas de de sentir sobre sus tablas obras de envergadura.
Probablemente, el cielo de Maracay no era el mismo de hoy, lleno de humo, sucio aéreo, vapor de agua, calina que llaman los entendidos y que han dejado flotar como si se tratara de la famosa niebla londinense. Era un cielo, más allá de que las fotos que hemos heredado nos lo muestran a veces iluminado y otras veces encapotado, era más sano, menos díscolo que éste que nos cubre. Era, entonces, aquella comarca más visible que ésta de hoy, menos bulliciosa, pero a la par con tal característica, sí más aburrida. Entonces, el mandamás, el general, al que también apodan benemérito, Juan Vicente Gómez, se dio a la tarea de mirar un poco más allá de las películas mudas que le pasaban en Caracas o que algún funcionario –de esos que aún existen que se pegan como niguas- proyectaba una película muda sobre una sábana blanca.
Juan Vicente Gómez.
Pese a la cercanía de algunos “potreros”, como denominaban los teatros ambulantes que solían pasar por la ciudad, Gómez pensó en hacer uno a su gusto. La vieja plaza Girardot (la verdadera, no ésta que ya no es patrimonio porque lo perdió cuando la intervinieron vulgarmente) acogía a los “teatreros” del momento. Se trataba de un espacio de madera que se dice fue abierto en 1912, el 21 enero, para celebrar las ferias de este año, y era conocido como el Teatro-Circo, porque combinada el drama con las peripecias de saltimbanquis, payasos y maromeros. Estaba ubicado, según datos del cronista Oldman Botello, en el cruce de las calles Santos Michelena y Soublette.
El sueño de Gómez
La pesadez del clima, la falta de espacios para el disfrute cultural obligan al viejo “Bagre” a pensar en un teatro para la comarca. Así, llama a su despacho a Epifanio Balza Dávila, un ingeniero que forma parte de la escuela de Jesús Muñoz Tébar y Agustín Aveledo.
Hedy Lamarr
Balza eleva un edificio, con aires de la Catedral de Pisa y agregados personales que lo configuran como un edificio cuyo estilo se aproxima al eclecticismo. Gómez aplaude el proyecto, pero no se habían estudiado las dimensiones, razón por la cual el Teatro Ateneo de Maracay le quedó pequeño, por lo que Gómez no quedó muy contento cuando lo visitó. La obra se detiene durante dos años. Pero el general finalmente acepta l que Balza siga con la obra, hasta terminarla.
El éxito de la compañía española de teatro de María Fernanda Ladrón de Guevara promueve la idea de que algunas de las obras que esta actriz presentaba en Caracas, igualmente pudieran ser disfrutadas en Maracay. El 24 de junio de 1926 –día de la batalla de Carabobo- el pequeño teatro es inaugurado con la obra “Cancionera”, una comedia muy andaluza que gustó mucho a los “principales” y a los pocos agregados que pudieron estrenar las butacas del Teatro Maracay, como en verdad fue bautizado.
Mary Pickford
Podríamos imaginarnos el espíritu bullicioso de una ciudad casi campesina. No existía aún el Hotel Jardín, razón por la cual los integrantes del teatro se hospedaron en el Hotel Maracay, el cual estaba ubicado en la calle López Aveledo.
Al estreno en Maracay de la pieza asistieron, entre otros, según comenta el cronista, Gómez y su familia, entre quienes estaban Florencio, Juan Vicente, Cristina y Belén. La comitiva regional la encabezaba el presidente del estado, Ignacio Andrade y señora Servilia Gómez Núñez de Andrade.
Los felicitadores no faltaron, los aplausos y luego el brindis donde también imaginamos la tertulia de los principales y la befa en la calle de borrachitos y jodedores de ocasión.
Botello destaca la nota que publicó la revista Élite a propósito de la presentación de la obra en la capital de la República: “El teatro de Serafín y Querubín Alvarado Quintero, optimista locuaz, popular vivido, cuenta en Caracas con la predilección unánime del público. Evangelina Adamas y Bernardo Jambrina, poeta e histrión de alto coturno, trajeron al teatro Caracas las deliciosas primicias de la gloria de los sempiternos andaluces…”
El teatro: los entremeses, la comedia, eran para Gómez un pasatiempo que lo hacía feliz. En esos días también estaba en el tapete uno de los más sonados hombres de las tablas del país, Antonio Saavedra, quien años más tarde, más allá de los regalos que el general le procuraba, se burló de él en una obra titulada “la sagrada familia”, pero ya el poder de Gómez formaba parte del recuerdo. También disfrutó con Rafael Guinand en el Teatro Maracay, y así muchísimos que se lucieron ante los maracayeros de poder sentados al lado del viejo caudillo.
El cine: desde el mudo hasta el “hablado”…
Después de esta compañía, muchas otras pisaron el escenario del pequeño Teatro Maracay. Pero fue el cine, la pantalla viva y veloz de los personajes, el que atraía a Gómez. “Visitaron” su telón Charles Chapiln, por supuesto, animados musicalmente por la banda de la Presidencia de la República, a cargo de Sebastián Díaz Peña, en sus inicios, y luego por Gerardo Cámera y José Antonio Lagonell, quienes escogían previamente las piezas musicales para ambientar las proyecciones.
El primer espectador era el general Gómez, quien no se perdía, todas las noches a las 7 u 8, una función. Veía documentales internacionales de Warner Brothers, Universal, Metro o Fox. Noticiarios provenientes de muchos países donde la guerra y la paz distaban mucho de la Venezuela de aquella época, dominada por la bota y el acento silbado del general.
Dicen los cronistas y curiosos que se venía generalmente a pie. Cruzaba acompañado de sus cinco guarda espaldas o edecanes que lo escoltaban y se instalaba en la oscuridad de la sala a disfrutar la película del día. A las diez de la noche se marchaba, ahíto de películas, a su residencia ubicada cerca de la plaza Girardot. Maracay era un remanso, la “paz” se sentía en el susurro de los árboles.
Clark Gable
El sonido, el teatro mudo…
Un rato más tarde, a comienzos de los años 30, se incorpora el sonido al teatro. Así, los moradores, ya sin Gómez como compañero de butaca, pudieron ver las películas de Hedy Lamarr, Mary Pickford, Clark Gables, entre otros ídolos de aquellos días. Luego quedaría lo que el viento se llevó con los años, hasta hoy, cuando –luego de tantos tropiezos, el ya antiguo Teatro Ateneo es la reserva para el teatro escolar y demás devaneos que han dado al traste con muestras serias donde los talentos del patio esperan una oportunidad. Se trata de mirar más allá de programaciones. Se trata de diseñar políticas, desde los entes del Estado, para que el Teatro (con mayúsculas) se sienta en la comunidad.
Un anciano se pasea de madrugada por los alrededores del Teatro Maracay. Su tristeza de fantasma silencioso lo arrima a las ganas de sentarse y disfrutar de una buena obra de teatro. O de una película de factura que lo deje aturdido, como en aquellos días cuando Charlot “venía” a visitar la ciudad que luego fue llamada Jardín.