Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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lunes, 13 de septiembre de 2021

La dádiva del pájaro

  

I

Canta y canta la paraulata
Kyrie eleison, Kyrie eleison
el aroma de la lluvia llega primero
no trae mentiras ni verdades
sólo la hondura del amanecer
como una página en blanco
hay dispendio en la mirada de Dios
conozco el sí mismo de ese llamado
allí harinean la ternura y el frescor
canta y canta la paraulata
aún nos empapa la misericordia
Kyrie eleison, Kyrie eleison.

 

II

Un halcón neblí ha entrado
a la espesura del mango
la brisa de la mañana
refresca la mejilla de cada hoja
la palma del cielo algodonosa y cómplice
soy hombre
me asombra el derroche de belleza
alrededor de la matanza
ese ojo feroz órbita amarilla
pupila hambrienta que sabe
dónde buscar la inocencia
cada segundo de vida es el día del juicio
la compasión es una pregunta
que sólo Dios responde.

 

III

El ave en oración es también Su voluntad
Él cierra su puño en el derroche de luz
un dulce canto sobre la copa del mango
puede llamarse estío
lo que se ve es lo que se ve
siempre culpables de leerlo ante tanta candidez
esta humareda como lo indiscutible
la última carta
un diez de trébol que no paga la espera.

 

IV

Después de Dios lo más cercano es un pájaro
sin embargo también está muy alto
no necesita de mis palabras para saber de sí mismo
canta hasta que el sol se vuelve el párpado de la noche
(quien duerme entra a las vísceras de la luz
tiene la maestría de extender las sábanas)
el ave calla para atravesar el éxtasis
y mostrarnos el abecedario del silencio
(qué difícil es aprender
en la negra blancura de la nada)
la paraulata tiene un canto para citar la lluvia
y otro donde entrega desesperación
el halcón picotea sin misericordia
la tibieza de los tenues plumones
siempre entona para la muerte
en la parte común del silencio
todo pájaro es anafórico
le da igual desentonar o perder la rama más alta
repetir y repetir es lo que gusta
ante la pregunta del horizonte
la tierra es el nido que hay que llenar de trinos
ese cuenco que llaman vacío
(cada placer duele la calcadura de tenernos
es arrugar con gusto las sábanas
para entregar la dádiva del pájaro
y aletear en otros corazones)


Publicado en: LETRALIA https://letralia.com/letras/poesialetralia/2021/09/13/la-dadiva-del-pajaro/


jueves, 28 de marzo de 2019

VALENTE, EL LUGAR DEL CANTO


Salvador Tenreiro Díaz‎

 LO REAL
"Cruzo un desierto y su secreta/desolación sin nombre". Con estos dos versos ("A modo de esperanza", 1953) se inicia la obra poética de José Ángel Valente. Para algunos de sus lectores de entonces, esas palabras reflejaban ya una toma de posición poética y política, que privilegiaba la "realidad" y la "denuncia". Eran en buena medida algunas de las claves que identificaron a la llamada "generación del 50".
Lo que la poesía de Valente fue construyendo a través de esos años iniciales fue el "lugar": "que no tiene representación porque su realidad y su representación no se diferencian. El lugar es el punto o el centro sobre el que se circunscribe el universo. La patria tiene límites o limita; el lugar, no". "Las palabras de la tribu".
Con "Poemas a Lázaro" la poesía se propone como medio de conocimiento de la realidad. "Revelación de un aspecto de la realidad para lo cual no hay más vía de acceso que el conocimiento poético", según escribe en "Conocimiento y comunicación" (1963). Seguirá luego los libros "La memoria de los signos" (1965) y "Siete representaciones" (1966). Es, sin embargo, en 1969, con el poemario "Presentación y memorial para un monumento", cuando la exploración de lo real se produce a través de intercambios lingüísticos entre la comunidad y el poema. Suerte de poema "affiche", de antipoema, de poema "collage", elaborados con esos "prosaísmos" de los estereotipos que los totalitarismos ponen en circulación y que en el poema se confrontan, mezclándose en un discurso paródico y satírico sin precedentes.

LO POÉTICO
La indagación de Valente sobre la palabra poética abarca territorios tan vastos de la cultura que van desde la mística sufí hasta el Formalismo Ruso. (Recuerdo, al efecto, una tarde de tertulia en abril de 1999 -compartida, también, con Antonio Colinas- en el Café Moderno de la Gran Vía de Salamanca, en la que nos hizo un recuento de los autores y libros que dirigieron su destino literario. Me impresionó la familiaridad con la que hablaba por igual de Ibn Arabi o de Jakobson, de Pascal o de Chomsky, de Fray Luis de Granada o de Marx).
Hacia 1971, la palabra poética de Valente indaga, también, en la escritura fragmentaria (que él llama "estética de la retracción). Imágenes de desnudez -dirá- de transparencia o de errancia. Descomposición del sentido. Palabras solitarias entre blancos. Aspiración a la errante transparencia.
Siguen "Treinta y siete fragmentos" (1971), "El fin de la edad de plata" (1973), "Interior con figuras" (1976 y "Material memoria" (1978). Hay en todos esos libros significativas exploraciones en el arte del decir, e, incluso, como se ha advertido algunas veces, en todo aquello que la palabra, como suspendida en el aire, intenta evocar: "Luz,/ donde aún no forma/ su innumerable rostro lo visible".
Y sale a la luz "Tres lecciones de tinieblas". Es 1980. La indagación poética se va desplazando hacia la mística. .

LO MÍSTICO
Son textos "nacidos" de la música: en las lecciones de Couperin, y de Vitoria. "...del lento depósito de esas composiciones fue desprendiéndose o formándose un solo principio iniciador o movimiento primario, ese movimiento que subyace en toda progresión armónica." Se trata de "variaciones", "meditaciones sobre las catorce primeras letras (que, por supuesto, son letras y números) del alfabeto hebreo".
Sonoras resonancias como respiraciones de la palabra vislumbrada en el instante. Canto a la letra, a la carnalidad sonora de los signos. "Lecciones de tinieblas" es también un canto fragmentado del profeta Jeremías. Movimiento primario, incesante, siempre recomenzado. El Santo -escribe Valente- reside en las letras; es decir, en "las formas arquetípicas del espesor y de la transparencia de la materia y de su perpetua resurrección".
La materialidad de las palabras dependerá, en "Mandorla" (1982) de la "naturaleza material del cuerpo". Al decir de Arthur Terry, Mandorla es la "almendra mística, inscrita en sí misma, contenida en su propia secreta sombra. Unión, comunión, entre el cuerpo y lo otro, entre lo otro y la palabra.
En "Zayin", el poema de la séptima letra del alfabeto:
"....tu propia creación es tu palabra: la que aún no dijiste: la que no sabrías decir, pues ella ha de decirte: la que aguarda nupcial como la sierpe en la humedad secreta de la piedra: no hay memoria ni tiempo: y la fidelidad es como un pájaro que vela hacia otro cielo..."

LO AUSENTE
"No amanece el cantor (1992) y "Cántigas de alén" (de 1996 es la recopilación última, creo) son dos libros de excepción. El primero está integrado en su totalidad por poemas en prosa. Una tragedia familiar subyace entre tanta desolación, entre tanta tristeza. El lenguaje es aquí de una exactitud exasperante, descarnada, absoluta. Amor doloroso entre las páginas, fragmentos de confesiones que recuerdan los poemas a Lou de "Nosotros dos aún" de Michaux: aquel "aire del fuego, no supiste jugar", que todavía retumba en los oídos de sus lectores.
Las "Cántigas de alén" son la culminación de una poética oculta, que asomaba algunas veces en algún paisaje, verso o poema de sus libros iniciales. Es el regreso al lugar del canto, al atrio de la memoria celebrante, a los aromas de los sueños de infancia. Es también el regreso a la lengua de Rosalía, lengua de delicia, de esa sensación dulcísima de estar, de secretas resonancias que van probando -como en el "Gaspard de la nuit"- todos los instrumentos hasta encontrar aquel que da la nota justa: "...o gume agudo dunha verba/ pendurada no ar, teu desdibuxo/ e a tua cór de esquenzo./ Latexa a frol do ar".
Quien dedique una lectura atenta a la obra de Valente se encontrará con enunciados que van dejando rastros del camino recorrido por su palabra y sus poéticas. Andrés Sánchez Robaina, que ha tenido a su cuidado la extraordinaria publicación que ha realizado Galaxia Gutenberg de la poesía y de los ensayos de Valente, deja expresa constancia en muchas de sus notas y prólogos -como éste del "Diario anónimo (1959-2000)"- que Valente recoge allí muchas de las primeras versiones de sus últimos libros y los "primeros esbozos" de muchos de los poemas en prosa que luego integrarían "Nueve enunciaciones" o "Mandorla": "Existen, además, observaciones y comentarios muy diversos relacionados con poemas específicos (...) Es evidente que estos textos que podemos llamar "paralelos" arrojan luz sobre los poemas relacionados y nos ayudan a interpretarlos con nuevos y significativos datos".
A todo ello podría agregar, a manera de recomendación final si me lo permiten, un libro extraordinario (por su naturaleza, su rigor y su lucidez). Me refiero a "La fascinación del enigma: la poética de J.A: Valente en sus ensayos" del poeta venezolano José Ramos (y profesor en la Universidad de Tamkang, Taiwan) editado por la Fundación Universitaria Española (hoy agotado). No existe, que yo sepa, un libro tan bien documentado y excelentemente escrito, sobre los ensayos del poeta. Fue su Tesis de Doctorado en la Universidad Complutense. Ojalá alguno de los editores que me leen se interesen por reeditar ese libro magnífico.

domingo, 1 de enero de 2017

URBANOS ANDARES DE VÍCTOR PARRA

Argenis Díaz / 2016.

La poesía, como la sabiduría, clama en las calles, sigue dando su voz en las plazas públicas, “clama en el extremo superior de las calles ruidosas” (Proverbios 1: 20, 21). Los “urbanos andares” de Víctor Parra nos hablan de eso, de poesía, la cual nos acerca un tanto a la sabiduría. Conocer la calle, las plazas, los mercados, los espacios concretos de la ciudad, no basta para escribir poesía, hay que sentir y visualizar las cosas, auscultar las palabras, para sacar aquellas que expresen lo que quieres hacer sentir, pensar, imaginar. Camilo Sitte (1843-1903) se refería en sus ensayos a la heterogeneidad del medio urbano y de las formas directrices de este espacio, determinadas por los elementos vitales que mencionamos.

Lo urbano en la poesía de la modernidad es recurrente, la ciudad está presente en la voz poética representativa de la lengua española. Hurgamos un poco en la publicación Poesía Urbana (Antología 1980 – 2010) de Luis García Montero; hallamos expresiones como “la ciudad se convierte en un dispositivo que dispara el fluir poético”. Y esta nos remite a nombres importantes en la poesía y frases que revelan la ciudad como objeto o sujeto del poema. En José Martí… “cuando va a la ciudad mi poesía / me vuelve herida toda…” Federico García Lorca dirá: “No es el infierno, es la calle / No es la muerte, es la tienda de frutas”. El poeta va del antagonismo a la complicidad con la ciudad. El poeta es un cómplice de ese existir urbano hecho decir.  Por su parte, Octavio Paz afirma que la ciudad se ha convertido en nuestra piel. Con esto en mente volvamos al ámbito urbano local.
Víctor Parra recorre las calles de su Villa de San Luis de Cura (nombre de raigambre histórica de un pueblo devenido en ciudad) para connotar en su poesía un espacio subjetivo que parte de lo real concreto para trascender en la palabra poética: Repaso/ con la mirada/ las calles…
No obstante, existe  una transfiguración de los personajes y el escenario donde actúan realidades diversas, literarias y metaliterarias, marcadas por referentes específicos. Los epígrafes con que abre el libro muestran esta diversidad: Víctor Valera Mora con su “camino por las calles como me da la gana”; Héctor Lavoe, recordándonos que la calle es una selva de fieras salvajes, y vuelta al terruño con Aly Pérez, con su poesía de la provincia “siempre amable con sus hijos”, objetos literarios que denotan cierta paradoja o complejidad del hecho urbano como tal.
Esta lectura nos prepara para abordar estos Poemas de urbanos andares (2013) que nos muestran al poeta en una dimensión cotidiana distinta al derrame erótico de Al borde del estallido (2009), su libro anterior. En este libro el poeta intenta dar una lectura a la ciudad que en algunos casos ha sido vista como un palimpsesto en el que se ocultan escrituras anteriores grabadas en la memoria colectiva, sin faltar las intertextualidades. Ejemplo lo tenemos en fragmentos como: “las meretrices de costumbre/ comercian coitos/ apostadas en las barras/ pescan clientes/ me hacen recordar/ al poeta norteamericano Carl Sandburd/…” Son otras calles transfiguradas (las calles de Chicago) y una referencia literaria producto de lecturas que son evocadas por el autor.
Sobresalen en estos textos tales referencias poéticas o literarias: “la poesía del chino Valera Mora/ convida a develar arcanos”. La “mesonera” escribe bolígrafo en mano, mientras “tu mano apresa/ La Mala Hora/ del Gabo García Márquez”. Hasta Heráclito perturba el lugar y el instante del reencuentro en la mesa de un bar o restaurante. Los espacios, como espejos, reflejan al viejo Borges. Como cartas sobre la mesa corren los poemas de Aly Pérez o de Cintio Vitier en sus orígenes, “con sonetos/ de la Habana sus malecones y soles” que son vistos desde otra perspectiva, más local e íntima.
El sentimiento está ligado a las sensaciones, en versos como el que da nombre al libro: “esta tristeza marina de urbanos andares/ recorro a diario mi ciudad/ acaricio su entrepierna su impudicia/ con el paso de los días/ esta Villa de San Luis de Cura/ va incrustada en mi costado de poca orilla/…” La ciudad grita “sus blasfemias” en la canícula, precisamente “a las 3 de la tarde”. Del antagonismo a la complicidad o viceversa.
Los nombres en la ciudad obligan a lecturas exóticas: “La panadería/ ostenta el nombre/ del Danubio/ río de Hungría”, pero es un “danubio de panes dulces o salados”. Hay otro referente al Danubio en un vals “interpretado en la dulce voz de Julio Jaramillo”. La panadería al frente de la Plaza Bolívar de Villa de Cura, que en un instante se convierte en un lugar precario donde la conversación “sigue su ruta/ de pasados o tristezas”, donde aletean “las desilusiones”. Además de la calle Bolívar, el río Curita “transparente”, una agencia de loterías rememora las de Babilonia, en esta una muchacha atrae a los clientes que se juegan a la suerte con su mirada, su piel canela y su cabellera negra.
La poesía se desenvuelve en espacios cotidianos: el automercado, el centro comercial, las calles, los bares, las plazas, imágenes trastocadas, transfiguradas en un lenguaje que busca construir universos paralelos, referentes, memorias y olvidos. La voz poética se convierte en intrusa en un mundo prosaico, caótico y  neurotizante, pero que contiene recuerdos, encuentros o desencuentros con el pasado. También hay lugar para la muchacha de larga cabellera, los gallos que cantan “deseos de patios”. Formas y contenidos que alucinan, partiendo de lo concreto de lo cotidiano, de lo urbano y de lo profano. No solo es Villa de Cura, sino que Caracas irrumpe con sus Colinas de Urdaneta y Magallanes de Catia, contraste o paralelo entre ciudades disímiles que se encuentras en el corpus poemático.
Comparten este espacio textual poético un grupo de textos bajo el título de Poemas de la convalecencia donde la estructura señala un ritmo quebrado y distinto marcado por algunos versos más largos y horizontales. No obstante, un tema difícil de tratar en poesía como es este de rememorar una operación quirúrgica, donde el frío muerde la piel. Esta sección no es el mejor logro del autor y el yo poético queda solamente reducido a un metalenguaje (en versos quebrados) que habla de la personal experiencia de ser sometido a un espacio físico donde “médicos/ enfermeras/ entran/ salen/ regresan…” Bueno, mejor es un poeta vivo que un escritor muerto.
Sigue privando en la poesía de Víctor Parra el verso quebrado, la verticalidad de la estructura textual con ráfagas de horizontalidad cuando el pensamiento fluye. La pausa y el espacio en blanco son propuestas de lectura que mantienen un ritmo propio. Los poemas son edificios de palabras en equilibrio precario a veces. La temática urbana no es fácil de tratar, pero estos textos constituyen un empeño por darle una lectura posible a la ciudad, al conglomerado de imágenes que llevamos dentro y que el autor quiere compartir para no olvidar que en todo habita la poesía y clama a gritos por nuestra atención, por ser tomada en cuenta en el sentido de la vida.   


Poemas de urbanos andares.
Víctor Parra Rivero.
Editorial Proyecto Expresiones.
Maracaibo. 2013.

Referencia bibliográfica

García Montero Luis. Poesía Urbana (Antología 1980-2010). Editorial Renacimiento, 2010. Consultado en: https://books.google.co.ve/books/about/Poes%C3%ADa_urbana.html?


Presentado el libro Una tarde en el Café Cordano de Víctor Parra



El pasado viernes 9 de diciembre a las 3  de la tarde se realizó la presentación y bautizo del libro Una tarde en el Café Cordano del docente, poeta, narrador y cantautor Víctor Ramón Parra Rivero. El acto se llevó a cabo en la Casa de La Valenciana, ubicada en la calle Dr. Rangel entre Páez y Comercio de Villa de Cura, estado Aragua, en presencia de un grupo de amigos, amigas, familiares y el concejal Larry Coronado quien patrocinó la publicación de la obra a través de la Editorial Proyecto Expresiones. 

Una tarde en el Café Cordano es un texto narrativo, específicamente un cuento, que refiere a un  bar y restaurante antiguo y tradicional del centro histórico de Lima (Perú) que fue fundado a principios de 1905 por los hermanos Luis y Antonio Cordano y declarado Patrimonio Cultural de la Nación el 26 de abril de 1989. El texto presenta una historia con una ruptura temporal y espacial que la coloca en el contexto de la narrativa moderna. La obra contiene, además, una serie de breves narraciones donde -según el mismo autor- se pueden apreciar aspectos metafísicos, cierta ironía y descripciones de cuadros de famosos pintores donde corre la pasión, los aguijones de la carne y los saltos de líneas temporales, con aportes del realismo mágico y lo real maravilloso en cuanto a su forma y contenido.

Víctor Ramón Parra Rivero

Víctor Parra Rivero. Docente, poeta, narrador, cantautor y locutor. Es egresado de la UPEL El Mácaro en la especialidad de Educación Rural. Nació en Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela, el 27 de noviembre de 1967. Estudió la Primaria en el Colegio Simón Bolívar y la secundaria en el Liceo Alberto Smith, ambos de Villa de Cura. Ha participado en talleres de poesía y narrativa. Taller de Poesía La Cigarra (del fallecido Aly Pérez), Taller Literario de Maracay con Igor Barreto; taller de narrativa con Kristel Guirado. 
Sus trabajos han sido publicados en las revistas y periódicos locales, como la revista Expresión y el quincenario El Vigía, de Villa de Cura; revistas Entre Amigos y Vida Activa; en los periódicos La Antena (Guárico), HOY en Aragua, El Portavoz de Aragua y El Periodiquito (suplemento Cultural “Contenido”). Revistas literarias: Hipocampo (1993), Garabato (1994). 
También aparece en Narrativa de Aragua (1970-1996). Ediciones Secretaría de Cultura del Estado Aragua. 1997. Muestra de minificción aragüeña (1979-2000). Fondo Editorial de la Secretaría de Cultura del Estado Aragua. 2001. 
Publicaciones
Al borde del estallido, poesía, publicado por Editorial El perro y la rana. Ediciones de Aragua 2009. Colección Historias de Barrio Adentro. Serie Poesía.
Poemas de urbanos andares. Editorial Proyecto Expresiones. 2013.
Una tarde en el Café Cordano, narrativa. Editorial Proyecto Expresiones. 2016.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

CANTOS ANCESTRALES

Arturo Álvarez D´ Armas
Caracas. VIENTO DEL SUR EDITORES. 
2016
(11 poemas)



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Ay Negra
El único miedo a que llegue la muerte
es que salgas de mi memoria
no recuerdes las formas en que hacíamos el amor
ni toque tus senos
piernas
labios.
No estaremos frente a frente
con nuestros sueños y anhelos
confundidos cuerpo y labios.
La muerte es un largo silencio.
---------
El ensueño de la noche
me llevo al Mont Petit.
Subí al segundo piso
a ver a mi hembra pura de ébano.
Se levanta como astro por el firmamento
vinieron besos
movimientos de cintura.
Tu vestido fucsia le viene a la carnosidad de tus labios.
Un fuego violento salía de tus poros.
Llegaron los orígenes secretos
ríes con efusión y picardía.
Ando ebrio de caricias.
Carne con carne recorro esa topografía de montañas y ríos.
Suena el timbre fin del tiempo.
Busqué en ella la Luz, la Paz, mi esperanza.
Cerraste las piernas
para abrir al nuevo morador de la habitación.
Dijo adiós la negrita de La Guaira.
---------
Tu faz
ojos de centellas.
Irradias sándalo y cayena.
Igual que la boa
Dan-Gbi
usaré
la punta de mi lengua.
---------
TRAVESÍA
Atrás quedaron los baobab
dolor de cadenas.
El viento lleva al galeón
arenas de plasma.
Panojas de guinea
lanzan a la costa.
Tocan cuerpos oscuros
dientes blancos
senos duros.
Tasadas al mejor precio.
A Nora Carrasquel
---------
Bajo el sol de África
al otro lado del Atlántico
besé tu cuello de bubulcus ibis
y tu cabeza de Oni
absorbí el licor de tus senos
trepé tu cuerpo
como la araña Anancy.
Lucy brotó en el río Awash.
---------
El gallo de Gorée
El guerrero de la cresta roja
y largas espuelas
ronda la sombra del patio
llama del alba.
El cortejo
semeja un baile andaluz
vuelta sobre vuelta
el ala estirada
salta al ansiado trofeo
el pico córneo
sujeta las plumas de la sesera
ni sangre ni rudeza
bailadores de San Juan.
El gallo de Gorée no es para los orichas.
---------
Recuerdo
Voy por La Habana
con mi mulata rumbera.
Diablitos yorubas danzan el día de Reyes.
Hay rumbas, guarachas, sones y boleros.
Las comparsas, congas
y chambelonas van arroyando.
El Alacrán,
Príncipes del Rajá,
Los Marqueses de Atarés,
Los Dandys de Belén.
Pasamos por La Víbora, Neptuno,
Marte, El Prado, Obra Pía,
Jesús María y
La Calzada del Monte.
Viejos caminos del mito y de la fe.
En La Habana de Yemaya,
las olas se mueven como la mulata.
No existe la CMQ,
Ni la Mil Diez.
---------
DAMBALLAH
Soy la sepiente sagrada
oriunda de Uidah,
de la dinastía de Abomey.
En la bodega de barcos negreros
me hice a la mar
llegué a tierra de samanes y mastranto
ríos que recuerdan el Pendjari y el Alibori.
Por la ribera del río madre
brotó tu piel
bañada por una luz de oro y plata.
Recorrí tu cuerpo de banjo
abrevé en la hojarasca de tus pezones.
Renacen los ancestros.
---------
Bajamos la montaña rumbo a la costa negra
angostas curvas
árboles vetustos como la tierra.
Cantos de aves
siembra de cacao
fragancia de chocolate.
Mujeres de caderas con ritmos de tambor.
Beso la arena
se escurre con el agua marina.
El movimiento de las olas se oye como la música de Angola.
---------
Un caballo alazán
corre libre en la sabana
montado por Yemayá
en la lejanía del mañana.
---------
Las piernas de mi mujer
son el pilar del orbe.
En el río Oggún
Entre Ifé e Ibadán
mora el humor eterno.

domingo, 16 de octubre de 2016

EL TIEMPO AL DESCUBIERTO...

Rebeca Vargas


Descubrí que el sonido más completo es aquel suspiro al despertar, sintiendo latidos de múltiples esperanzas, aquellos que resumen el poder verte dormir.
Descubrí lo que por años deseamos sentir con alguien puede estar en una sonrisa, aquella que sale en momentos llenos de silencios.
Descubrí que hay tiempos en que la amistad y el amor se encuentran y alguien le toca sufrir.
Descubrí la belleza de cada mirar, en cada olor que me lleve a los buenos recuerdos, son reflejos de esos segundos en lo que somos plenos.
Descubrí que puedo ver constelaciones en los ojos de alguien que no ve estrellas en los míos... y aun así, seguir viviendo.
Descubrí que ya no quiero seguir siendo temporal para nadie más... y aun así, sigo aguardando...somos un puñado de tiempo, que no sabemos abrazar.
Acepté que las horas pasan sin poderlas controlar, buen sentido tienen si en medio estás.
Acepto que puedo escribir con pasión los sueños que en mi boca aguardan con temor, pero que no son comunes en ello.
Sé que no soy la única que se arrepiente de algunas cosas, pero que no importa estar vulnerable, cada vez que pueda diré: gracias y otras tantas más un te quiero inmerso en los "cuídate mucho"... y aún así, seguir siendo!!!


*Imagen: Persistencia de la memoria. Óleo sobre tela de 24.1 x 33 cm. Salvador Dalí, 1931.

martes, 20 de septiembre de 2016

SOLO EN SOLEDAD. CESARE PAVESE.

Inés Vargas


La soledad es tal vez la compañía más cercana al hombre. Podemos estar rodeados de personas y sentirnos infinitamente  solos, es una experiencia interior que se traduce en aislamiento físico o afectivo.
Muchos escritores, poetas a lo largo de su corta o larga vida han experimentado esa soledad, hay un vacío, de ahí la necesidad de conocerse a sí mismo; en estos casos esa soledad no es mala, al contrario, ésta conduce a la inteligencia creativa, a entenderse  hacia adentro, sin tener que aislarse de su entorno y las relaciones diarias.
Es absurdo pensar que la soledad condena en todos los casos al destierro y la infelicidad, porque es la forma de llegar a los sentimientos y a las necesidades  propias del ser humano.
Ayuda a encontrarnos y a anhelar lo que no tenemos y que otros tienen. Porque se puede vivir en soledad, pero de llegar a la ingrimitud, estaríamos negando nuestra propia existencia.
En ocasiones se proyectan en las creaciones literarias los fantasmas interiores tales como inquietud, desasosiego, desamor, desamparo y refleja, vivencias que hubiesen querido vivir, las pasiones que no  pudieron sentir, y elijen  la soledad porque nunca lograron  experimentar el sentido de la vida.


“PATERNIDAD
Cesare Pavese



Hombre solo frente al inútil mar,
aguardando la noche, aguardando la mañana.
Los niños allí juegan, mas este hombre querría
él tener un niño y mirarlo jugar.
Grandes nubes hacen un palacio sobre el agua
que cada día se derrumba y resurge, y colorea
a los niños en el rostro. Allí estará siempre el mar.

La mañana hiere. Sobre esta húmeda playa
se arrastra el sol, agarrado a las redes y a las piedras.
Sale el hombre en el turbio sol y camina
a lo largo del mar. No mira las mojadas espumas
que pasan por la ribera y no tienen más paz.
A esta hora los niños dormitan todavía
en la tibieza del lecho. A esta hora dormita
dentro del lecho una mujer, que haría el amor
si no estuviese sola. Lento, el hombre se desviste
desnudo como la mujer lejana, y desciende al mar.

Después de la noche, que el mar se desvanece, se escucha
el gran vacío que está bajo las estrellas. Los niños
en las casas enrojecidas van cayendo en el sueño
y alguno llorando. El hombre, cansado de espera,
levanta los ojos a las estrellas, que no escuchan nada.
Allí están mujeres a esta hora que desnudan un niño
y lo hacen dormir. Allí está alguna en el lecho
abrazada a un hombre. Por la negra ventana
entra un jadeo ronco, y ninguno lo escucha
excepto el hombre que sabe todo el tedio del mar.”

(Gente desarraigada y otros poemas, por Cesare Pavese)

miércoles, 14 de septiembre de 2016

EL VERBO SER DE ANDRÉ BRETÓN

Nelson Yegûez

Como bien indica el título, el poema engloba lo que es el ser, es decir, todo. Por un momento me sentí como si presenciara una película surrealista llevada a poema, una de las principales razones es por el hecho de encontrar “la desesperación” en distintas circunstancias, las imágenes de ese texto circulaban a través de cortes directos, en un momento estábamos en un barco acribillado de nieve, al otro admirando la agonía de las aves; muy parecido a lo que hizo Luis Buñuel en su película “Un perro Andaluz”, en un momento vemos como la luna es cortada por una nube y al otro un ojo cortado por una navaja.
El mensaje quiere decir que al final la desesperación es pasajera, lo que ayer nos atormentaba hoy será parte de la cuenta de nuestra vida, y a su vez esta se repetirá constantemente como si fuera un círculo. Existe un contraste interesante con una oración que en el mismo poema se repite constantemente “Conozco la desesperación a grandes rasgos” orientada hacia un lado mucho más pasivo donde habla de la libertad y como muere la misma a causa de la melancolía; pero luego la oración anterior experimenta una modificación: “A grandes rasgos conozco la desesperación” donde se habla de la altanería y la ira.
Un día podemos sentir el “Conozco la desesperación a grandes rasgos”, al otro podemos transformarnos en “A grandes rasgos conozco la desesperación”.

EL VERBO SER
André Bretón



“Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene alas, no se sienta necesariamente a una mesa quitada en una terraza, de noche, a la orilla del mar. La desesperación es y no es el retorno de una serie de pequeños hechos como semillas que al caer la noche dejan un surco por otro. No es el musgo sobre una piedra o el vaso de beber. Es un barco plagado de nieve, si queréis, como los pájaros que mueren y su sangre no tiene el más mínimo espesor. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Una forma muy pequeña, delimitada por joyas de pelo. Es la desesperación. Un collar de perlas para el que no se sabría encontrar broche y cuya existencia no pende siquiera de un hilo, eso es la desesperación. Del resto no hablemos. Acabaríamos por desesperarnos si comenzáramos. Yo desespero del tragaluz hacia las cuatro, desespero del abanico hacia las doce, desespero del cigarrillo de los condenados. Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene corazón, la mano permanece siempre ante la desesperación jadeando, ante la desesperación que los espejos jamás nos dicen si ha muerto. Vivo de esa desesperación que me encanta. Me gusta esa mosca azul que vuela por el cielo a la hora en que las estrellas canturrean. Conozco a grandes rasgos la desesperación de los largos y frágiles asombros, la desesperación de la soberbia, la desesperación de la ira. Me levanto todos los días como todo el mundo y extiendo los brazos sobre un papel de flores, no me acuerdo de nada, y siempre descubro con desesperación los bellos árboles desarraigados de la noche. El aire de la habitación es bello como unas baquetas de tambor. Forma un tiempo de tiempo. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Es como el viento que me ayuda. ¡Se tendrá idea de semejante desesperación! ¡Fuego! Ah, vendrán otra vez... ¡Socorro! Helos ahí cayendo por la escalera... Y los anuncios de periódico, los letreros luminosos a lo largo del canal. A grandes rasgos la desesperación carece de importancia. Es un incordio de estrellas que de nuevo va a formar un día de menos, es un incordio de días de menos que de nuevo va a formar mi vida.”

JANO: DE ESPALDAS A UNO MISMO A propósito del poema homónimo de Arnaldo Acosta Bello

Diego Ranuárez

La primera referencia que sin duda se nota, es aquella de la casi omnipresente cultura griega: partiendo del título, “Jano”, para algunos hará recordar a la consorte del Rey Olímpico en su denominación romana, pero aquellos algo más adentrados en la mitología sabrán que el punto de partida de este poema es la difusa y poco conocida figura de aquella divinidad dual de los caminos, del hola y del adiós.
Si bien importante, “Jano”, la divinidad, no es centro del poema, sino que sirve de conducto o excusa para un fenómeno que no tarda en aparecer: la contemplación, vista en este caso como el campo inerte de las experiencias desapegadas, o mejor dicho, que no “se quedan” en el observador.
Al principio, la calma y armónica maravilla de los ojos como enlace entre quien contempla, la arena como el tiempo en que nos desenvolvemos, las estrellas como el ideal de lo misterioso brillante, y el mar como espejo profundo cuyos reflejos contienen la inmensidad de lo que somos y de lo que no sabemos.
A continuación, un lamento por no haber “probado”, pero que a pesar de ello se valorice, mida y contabilice todo. Las muestras/imágenes de tristeza que se suceden después, responde a una protesta ante la ausencia de aprovechamiento y disfrute verdadero de las cosas, a un darles por hecho.
Dicho esto, queda preguntarse: ¿la voz que se lamenta habla desde dentro o desde fuera del problema? La última línea del poema quizás nos arroje algo del luz al respecto: admite haber “probado”, pero nada ha aprovechado o disfrutado en realidad al no quedarse en el nada de lo “probado”.
Acá, “Jano” no es más que la dualidad de quien no se escapa de lo banal que critica, aun a pesar de haberse dado cuenta de sus faltas. Y es de ahí de donde nace la voz.

JANO
Arnaldo Acosta Bello


"Doble cabeza, doble espalda,
ojos que el viento almacena
donde arena y estrellas se juntan
por encima del mar, mar con lomos
plateados y látigos que caen
sobre mi pecho. Padezco sin embargo
porque alguien no ha probado ni fruta
ni leche, miga o pan entero, y sus ojos
con la virtud de darle a todo
su forma y su tamaño, el valor
y la proporción que le pertenecen,
matan en mí la dicha, el sueño,
dejan una flor seca en la botella,
traen el desabrigo, me entregan
al frío de la noche, al ladrido
del perro, a la urna sin nombre
que se cierra con hierro diestro
y pesado. Anciana, pálida ceniza
cae sobre la mesa donde un reloj
debilita al tiempo y borra con arco
oscuro la blanca superficie.
Cada segundo hace temblar la mano
cerca del espíritu ardiente de un verso
cerca de la salida donde el destierro
corre a mi encuentro.
Nada he visto, nada sé y todo lo he probado."

UN PENSAMIENTO SOBRE EL POEMA “Y la muerte no tendrá señorío” de Dylan Thomas

Nathalia Uzcátegui

Quizá es odioso y superficial recurrir a la aparente obviedad de algunas cosas, pecar de ser muy simplón o inocente, pero me atreveré a serlo. Ciertas creaciones humanas gritan con inocencia hacía el que las mira: atrás quedaron los ambiguos abismos, los grises; ahora solo existe la claridad, misma que la muerte no puede arrebatar al arte que dejaron quienes sufrieron, vivieron, amaron antes que nosotros.
“Y la muerte no tendrá señorío” ¿Acaso hay algún clamor más valiente? porque la valentía está reservada para los idealistas y soñadores y para los enfermos de libertad. Porque es el clamor que expulsa el miedo a la muerte del espíritu y lo subyuga solo a ser parte de la vida y no un abismo.
Y nosotros recordaremos a esos locos como cuerdos y sobre ellos la muerte no tendrá dominio ni reino.

Y la muerte no tendrá señorío
Dylan Thomas




" Y la muerte no tendrá señorío. 
Desnudos los muertos se habrán confundido 
con el hombre del viento y la luna poniente; 
cuando sus huesos estén roídos y sean polvo los limpios, 
tendrán estrellas a sus codos y a sus pies; 
aunque se vuelvan locos serán cuerdos, 
aunque se hundan en el mar saldrán de nuevo, 
aunque los amantes se pierdan quedará el amor; 
y la muerte no tendrá señorío. 

Y la muerte no tendrá señorío. 
Bajo las ondulaciones del mar 
los que yacen tendidos no moriran aterrados; 
retorciéndose en el potro cuando los nervios ceden, 
amarrados a una rueda, aún no se romperán; 
la fe en sus manos se partirá en dos, 
y los penetrarán los daños unicornes; 
rotos todos los cabos ya no crujirán más; 
y la muerte no tendrá señorío. 

Y la muerte no tendrá señorío. 
Aunque las gaviotas no griten más en su oído 
ni las olas estallen ruidosas en las costas; 
aunque no broten flores donde antes brotaron ni levanten 
ya más la cabeza al golpe de la lluvia; 
aunque estén locos y muertos como clavos, 
las cabezas de los cadaveres martillearan margaritas; 
estallarán al sol hasta que el sol estalle, 
y la muerte no tendrá señorío. "

martes, 13 de septiembre de 2016

POSTALES NEGRAS DE JACQUELINE GOLDBERG

Jeroh Juan Montilla




Voy a escribir en toda la oportunidad que me dé el espacio en blanco de una postal. Por tanto, mucho por decir quedará fuera de esta blancura.
Una postal puede ser un testamento, quien la remite entrega una herencia. En ella se ajustan los polos del espacio y el tiempo para darle holgura a la memoria. Toda postal nos insta a contemplar una lejanía. Este poemario (esta postal) de Jacqueline Goldberg tiene la rareza hipnótica de las gemas. Hermoso y abisal en lo textual y con el acabado de una indiscutible joya editorial. Tiene el mar como centro batiente, “agua entrampada” en el marco sereno de postales marinas, pausado piélago para el vaivén del meditar poético. Pero, más allá de los logros particulares de la autora y el editor (Igor Barreto, Ediciones Sociedad de Amigos del Santo Sepulcro, San Fernando de Apure, 2011), lo que me embelesa de sus páginas es la madeja de interrogantes que me abordan después de cada poema, que me atrapan con una red de algas en el goce pleno de la pregunta que extasía y revela la sencilla solemnidad de bastarse a sí misma.
¿Será que nos mintieron? El engaño, gracias a Dios, tiene sus aciertos poéticos y ontológicos. ¿Será que el tiempo no es el Rio del que tanto escriben? ¿No es la gruesa hebra del Ser? La reiterada imagen que fluye inclemente y sucesiva por todas las capilaridades del mundo. ¿No es el discurrir de una corriente? ¿Es acaso la auténtica imagen del tiempo ese mar oscuro que nos aguarda y tememos? Una enorme blandura que se balancea. Un océano insoportablemente extenso con muchas orillas que no se vislumbran mutuamente. ¿Tenía razón el viejo filósofo de la Selva Negra cuando nos recita sus galimatías del horizonte del Ser, el tiempo como como una planicie ontológica, un no ente?
¿Esta orilla que me apresa onticamente es el pasado? ¿Ese denso monstruo que mordisquea sin consuelo mis pies es el presente? Falsa e higiénicamente azul al mediodía. ¿Y el futuro? ¿Es la otra orilla imposible o nunca vista? Todo eso apelmazado en la temporeidad originaria del poema.
“Habrá un libro. El anhelado./ El de las postales y los artilugios de la claridad./ El que mienta sobre las razones que lo limitan./ Libro último, tan mío y tan de otros. Negro.”

miércoles, 20 de abril de 2016

REQUIEM PARA MI PERRO

José Natalio Estrada Torres*


Dile al gallo en vigilia
que prenda un clarín de silencio en la ribera
más enlutada de la noche:
se me murió mi perro.
Se acurrucó a mi lado
cuando sintió a la muerte
espiándolo en silencio.
Los animales también sienten
el temor del misterio.

Hubiera preferido no mirar su agonía,
o quizá fue mejor que yo la viera
para así comprender cuánto lo quise.
Fue una noche vacía, sin respuestas,
como un dolor cansado que se queda sin lágrimas.
La estancia se llenó del olor de su muerte
y al mismo tiempo murió algo
de lo mejor de mi mismo.

Por tantos años
vagó nuestro querer por la sabana,
dos soledades en un trotar sin tregua
por los mismos caminos del ensueño.
Nos encontramos al azar;
una mano malvada lo privó de su sexo
y así se pudo dar entero
a la amistad del hombre.

Esquivo hacia el halago
y poco zalamero con su amigo
fue fiel hasta el más duro sacrificio.
El sol de marzo le mordía los lomos
le arrancaba la piel y lo hacía llorar
pero él no me dejaba.

Al transcurrir un tanto melancólico
de las entradas de aguas,
en el espanto del verano
o en las frustraciones del invierno,
dimos a la sabana lo mejor que tuvimos
en la plenitud de cada hora.

Era el sentirse alegre y olvidado
en la soledad del soliloquio;
y era el decirle cosas a mi perro
que siempre respondía
con la sonrisa de su cola.
Y era el reír y el cantar sin normas,
y el hablar a las cosas y a los seres
en la infinitud de la sabana
cual sólo un hombre solo suele hacer.
Estar alegre,
y dar un puntapié a la seriedad
como una máscara molesta;
y atesorar la soledad
como una rara joya.
Y al cruzar los rebaños
era la acometida temeraria de las reses
celosas de sus crías
con su odio ancestral hacia los perros;
y era el esguince y la carrera loca
para librar el cuerpo magro
de la cornada;
y era el correr tras los alcaravanes,
y el mojar los ijares en las charcas
y el lambetear un poco el agua
para ahuyentar la insolación.

Luego en invierno era el largo nado
cruzando los esteros y lagunas
detrás de mi caballo.
Era todo esto y era mucho más;
en las noches sin luna
el mudo interrogante de los astros,
y en noches luminosas
el tardío anhelar del corazón.

En mis ausencias
era buscarme y no encontrarme y no parar.
En la inquietud de la separación
se ponía a repasar los caminos
que ambos trillamos juntos
en un afán de hallarme.
Luego a mi vuelta
la ansiedad de marchar y de llegar
nos aventaba lejos.

Esta es la historia de mi perro
y un poco de mi historia
en el largo regreso hacia mi mismo.

Noviembre 1962.

*Poeta Venezolano,
San Fernando de Apure,


31 de marzo de 1901- 30 de noviembre de 1992.