Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

Mostrando entradas con la etiqueta Erotismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Erotismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de julio de 2012

Misoginia y racismo según dos afro-descendientes


Rafael Lara-Martínez
Tecnológico de Nuevo México
Desde Comala siempre…

A
Si “olvidar (lethe) es perder la ciencia que se tenía antes” (Fedón, Platón), la historia salvadoreña ya perdió toda índole científica al eludir su carácter de verdad (a-lethe).

0. De la exclusión de la mujer y de los afro-descendientes
I. De la mujer
II. De lo africano
III. De la mujer africana
IV. Hacia la diversidad

0. De la exclusión de la mujer y de los afro-descendientes

Cuando la historia la define un tipo de escritura, su lugar es el de la ficción. La historia es una literatura, una retórica letrada. En nombre de una nueva ortodoxia, construye un simulacro del pasado sin documentación primaria.

Al respecto léase: http://es.wikipedia.org/wiki/Levantamiento_campesino_en_El_Salvador_de_1932. Ignoro su autor, pero ni las “secuelas del levantamiento campesino” ni “el levantamiento campesino en la ficción” se justifica con fuentes primarias de la época. No se cita ni una sola revista cultural de los años treinta.

Basta disfrazarse de izquierda para tildar toda posible crítica de reaccionaria. La memoria y la historiografía serían retrógradas, ya que no proponen la quema inquisitorial de toda fuente primaria.

En la fogata que honra al nuevo estalinismo se excluyen la diferencia racial y la de género. Su discurso sería un racismo y una misoginia encubiertos por una retórica política que se reclama correcta y liberadora.

I. De la mujer

Hacia 1932, no habría cabida ni para la mujer ni para los afro-descendientes. Veamos cómo esta relación —mujer afro-descendiente— la establece la verdadera ficción, ahora vuelta historia, ya que la historia se vuelve ficción “en el jardín de los senderos” que se entrecruzan.

Ninguna de las dos novelas tempranas sobre los eventos de enero de 1932 aparece en el artículo: El oso ruso (1944) del sandinista Gustavo Alemán Bolaños y Ola roja (1948) de Francisco Machón Vilanova. Pese a su carácter reaccionario, ambas novelas presentan a una mujer indígena violada por un hacendado blanco como una de las líderes políticas, comunistas, de la revuelta. Se llaman Rosa María, violada por un hacendado, y María Gertrudis, al acecho sexual de los hacendados cafetaleros.

En ambos casos, la primera comunista de América es La Chingada. Al negársele todo derecho sexual, se inclina por una acción armada que la ficción denomina “la honra” en los Cuentos de barro (1933) de Salarrué. Si la revuelta fue comunista, en El Salvador existiría el comunismo de La Chingada. A falta de derechos de género, el comunismo es su paliativo.

Distante por una generación, en el artículo, la voz de Julia Ama no satisface el requisito de género, ya que ella restituye la memoria de un líder masculino de su propia familia. La voz de la mujer indígena —de la mujer como agente social— queda a la espera. ¿Acaso no serían quienes se le entregan chulonas a la mirada viril de José Mejía Vides, a la de todo citadino que la espía con morbo?

Se le pediría demasiado a cierta izquierda salvadoreña del siglo XXI que admita la existencia de la mujer. “La participación formidable de la mujer; la mujeraquí[dice Zapata] se pone al frente” (Alemán Bolaños). Esa misoginia la testimonia el borrar su liderazgo histórico en 1932 y escribir una historia que sólo menciona a los hombres.

Si hacer historia es cuestión de hombres, le corresponde a la ficción hablar de la mujer. Por correlaciones extrañas el hombre es a la mujer, como la historia radical del siglo XXI es a la novela reaccionaria de los treinta, el lugar que otorga una voz. 

 

 RETRATO DE MUJER NEGRA de MARIE-GUILLEMINE BENOIST (1800)

II. De lo africano

Pero la omisión de esas dos novelas no sólo atestigua la masculinidad de la propuesta. En el artículo de wikipedia, la historia es cuestión de hombres. La supresión de la mujer redunda en el tachón de la presencia africana en el país y de su participación directa en los eventos.

Tal como lo declara el novelista nicaragüense, uno de los primeros poetas comprometidos con la izquierda marxista era afro-descendiente.“Chinto representaba el tipo negroide, de labios gruesos y pelo ensortijado”. El exalta al pueblo de Juayúa a la rebelión en un acto teatral de “poesía francamente bolchevique” (Gustavo Alemán Bolaños, El oso ruso, 1944). Su presencia también hay que borrarla.

El recuadro siguiente transcribe un largo fragmento tachado de la historia de la negritud en El Salvador. Lo africano se caracteriza por su ambigüedad y oportunismo que—en su esquizofrenia o escisión del yo— oscila del “bolchevismo” al “fascismo” (observación que debo a Arturo Alvárez D’Armas). En flagrante paradoja, Chinto acaba siendo miembro de un régimen tildado de racista. Parecería que sólo el liderazgo blanco —Farabundo Martí “era blanco y bien parecido”— le asegura una lealtad al marxismo salvadoreño.

XXXIII
La agitación llegó a Juayúa en forma de un recitador de la lengua llamado Chinto, cuyo éxito consistía en declamar teatralmente poesías de otros, desde un escenario cualquiera. Le acompañaba un propagandista y al propio tiempo cobrador de entradas en la taquilla. El teatrito de la localidad se vio cubierto de afiches en que Chinto, en actitud dramática, aparecía como un predicador de reformas sociales. Algo de ello daba a entender el programa que anduvo regando en el pueblo el propagandista de Chinto, un individuo llamado Quino. En éste, por su nombre reconoció Rosa María [la indígena violada, La Chingada, sujeto político femenino denegado por la historia actual] al preceptor de conscriptos en el Cuartel de Artillería, de San Salvador, a que se refería su conocido, el soldado. Luna y Zapata confirmaron que efectivamente Quino era profesor de reclutas en aquel cuartel, haciendo que se trataba de un individuo dual, por consiguiente peligroso.

Dos noches después tenía lugar el acto, con concurrencia numerosa. Chinto comenzó recitando versos románticos, con buena entonación. Siguió con poesías pesimistas, como el Nocturno de José Asunción Silva, y, como remate del programa, había versos de rebelión. El público se dio a aplaudir a Chinto a cada final. Se inspiraba a su vez, Chinto. Reservaba para lo último el toque maestro de su recital. Era una poesía francamente bolchevique, que pintaba al campesino proletario rebelándose al patrón, hasta el extremo de darle muerte cruenta, y de mostrar en una mano el machete vengador, y en la otra, “la cabeza del patrón”…

Allí fue el clímax del entusiasmo, en parte de los obreros y campesinos que había en la sala, como si él mismo fuera el ejecutor de una venganza colectiva, que muchos en Juayúa deseaban [el término de “degollar” lo emplea Salarrué para caracterizar a “el comunista”].

XXXIV
[…] Chinto representaba el tipo negroide, de labios gruesos y de pelo ensortijado. Su secretario y propagandista era aborigen, de pelo lacio caído hacia atrás. Se las daba de poeta, pero había solicitado una plaza de cabo preceptor del Cuartel de Artillería. Luna y Zapata previnieron a Apolinar [el padre de Rosa María] y sus hijos, acerca de esas mala fichas [nótese la división racial interna entre los presuntos líderes de la revuelta, los citadinos y “blancos”, Luna y Zapata, contra el “logrero […] negroide”, Chinto de carácter “dual” a revelar].

Un día domingo, 24 de enero, supieron unos pocos en San Salvador que el siguiente día iban a ser ejecutados Martí y los estudiantes Luna y Zapata […] Chinto a la sazón Secretario Privado del Presidente Hernández Martínez, asistiese a su ejecución. Había sido una vez su camarada y luego pasó a servir a los intereses de un poder adversario al comunismo. Ahora quería reprocharle su doblez, en esa tremenda forma.

A las seis de la mañana, el carro fatal —una ambulancia cerrada— llevaba de la Penitenciaría al Cementerio General a los tres [Martí, Luna y Zapata], conducidos por un pelotón. Allí iba Chinto, forzado a asistir …] estaba demudado.

[Queda sin anotar que “Iván, el oso ruso tomó el tren que conduce de San Salvador al puerto de La Unión”. Se escapa del “riñón salvadoreño [que] sangraba” sin asumir ninguna responsabilidad por los sucesos (XLV)].

Gustavo Alemán Bolaños, El oso ruso (1944)

Pero, la cuestión no se detiene en este nuevo tachón que, en nombre de un discurso disfrazado de izquierda, elimina a la población negra de El Salvador. No se detiene en ese borrón tan evidente, porque otra afro-descendiente reclama su presencia desde 1932.

Se llama Gnarda y, a lo mejor, se trata de una pariente de Chinto quien desea que “la honra” le haga justicia a su causa. A su causa sexual denegada por el poder sexual de los blancos bajo el derecho de pernada. Previsible por el tabú racial centroamericanista, el divertimiento astral con una “negra” pasa desapercibido mientras se le erige un altar a la relación de Salarrué con una amante blanca: Blwny (J. Gold, Sagatara mío, 2005).

Su figura “desnuda como toda mujer”, apetecible para la mirada masculina, aparece en la única novela que publica Salarrué en 1932: Remotando el Uluán. De nuevo, el artículo menciona una novela tardía del autor, Catleya luna (1974), cuyo título hasta mediados de los sesenta es La Selva Roja (Javier Peñalosa. “5 noticias literarias importantes del mes en México. I. Salarrué”. Guión Literario, No 107, Noviembre de 1964: 4).

Se trata de otro borrón para crear un simulacro de historia sin fuentes primarias. Se trata de un 32 sin 1932. Hacia 1935, el escrito central que, tardíamente, denuncia la matanza —“Balsamera”— ni se preocupa por tales sutilezas sociales de un etnocidio. En cambio, le interesa la muerte del líder pacifista, Hoisil, que precipita a los Izalco a una “locura llamada política comunista” encaminada a “degollar” (Salarrué, “Mi respuesta a los patriotas”, 1932).

En las propias palabras del autor, su intencionalidad original es el siguiente. “Estoy preparando “La Selva Roja”, una novela sobre una mujer, sobre una familia, sobre la humanidad”. “Entonces es una selva genealógica”. “Exacto; es una selva genealógica en donde la unidad es el “árbol de sangre” (Rafael Heliodoro Valle (Entrevista), “Diálogo con Salarrué”. Ars. Revista de la Dirección General de Bellas Artes, enero-marzo de 1952: 17-20).

El hecho crucial no lo declara que se suprima el nombre y la intención originales del autor, para que el historiador omnisciente del siglo XXI afirme su superioridad racial y sexual, su arrogancia intelectual. Lo concluyente de la historia como tachón es que elimina el único documento novelístico de Salarrué publicado en la fecha clave de 1932.

III. De la mujer africana

Precisamente en ese documento, Salarrué declara su placer sexual con una afro-descendiente. Que la lectura habitual sea la de un viaje astral cuyo sentido profundo se le revela “sólo a los iniciados” —“regiones de contenido mágico”; “alegoría esotérica”— no significa que no existan otras lecturas posibles.

Si estas interpretaciones no existen es porque vivimos bajo un sistema de terror y de falta de democracia que anula toda libertad de lectura. No hay conflicto de interpretaciones bajo la dictadura de un nuevo estalinismo. Al menos el artículo no le da cabida a otras visiones posibles de lo real.

Por fortuna, el exilio y la cercanía de la Muerte me limpian de todo miedo a declarar que existe una mujer “negra” en 1932 que cierta izquierda salvadoreña del siglo XXI tacha en su doble acto de misoginia y racismo. Leamos la experiencia “esotérica” de Salarrué en 1932.

El “fumbultaje musical” místico “con Gnarda [perfectamente negra y perfectamente bella [que] iba desnuda como toda mujer] abr[e las] aguas vírgenes” de la verdadera experiencia poética de Salarrué, “tras [las] caricias y mimos” teosóficos de “una abertura circular [¿femenina?] que tenía el aspecto de laguna” (¿la vulva?). En la “glorieta del deseo” —pleno de “emociones sensuales”— “se unieron nuestros labios y nos besamos”. “Mostraba […] sus bellos senos de mármol”. Entre “las nebrunas sensuales y las alectaras sensitivas”, el autor se hunde en un “enorme lirio de embriagador perfume” y de “deleite indescriptible”. Al concluir el contacto libidinoso, “nuestros cuerpos se sentían exhaustos, flácidos como si su energía emotiva hubiese sido agotada (¿luego del orgasmo y de la eyaculación?)” (Remotandoel Uluán, 1932).
 

Sin título (S./fecha), Salarrué (Salarrué, el último señor de los mares (2006))

Gnarda suspiró, por fin profundamente y murmuró un nombre: mi nombre. Dí algunos pasos hacia ella y tendiéndole los brazos la llamé: “¡Gnarda!...”. Nos estrechamos fuertemente. Cuando su sorpresa hubo menguado, se unieron nuestros labios y nos besamos. El chasquido de aquel beso hizo estremecerse los árboles…

No hay que callar que una neta diferencia de color distingue al autor —hombre blanco— de su amante “negra”, además de la indumentaria, rasgo cultural, que caracteriza a la figura masculina. “Hombre-blanco-vestido” versus “Mujer-negra-desnuda” señala una neta dicotomía de jerarquía social, cultural y étnica.

¿Por qué un hombre blanco se deleita con una “mujer negra” y la reversión de la raza y del género resulta imposible? Chinto con una mujer blanca desnuda, con Zelie Lardé de Salarrué, por ejemplo; o bien Gnarda con un hombre desnudo… ¿O la igualdad de derechos sexuales es inimaginable?

Prosiguiendo la ficción, “iniciado” por la Muerte, me preguntaría si Chinto no tendría razón de reclamar “la honra” de Gnarda. La respuesta resulta obvia. Ni cierta izquierdadel siglo XXI le otorgaría ese derecho. En El Salvador, para la imaginación histórica radical del 32, no hay ni mujeres ni afro-descendientes.

IV. Hacia la diversidad

Por tal razón, me complace vivir muerto en Comala y en el exilio. Desde este “lugar de los vientos” —del silencio y del abandono— doy constancia que me acompañan Chinto, la esquizofrenia de lo salvadoreño, yGnarda. Se trata de dos amigos entrañables —más muertos que yo—sin derecho a la palabra.

Ellos me piden que transcriba su testimonio tachado adrede por los nuevos racismos y misoginias encubiertos de ideas liberadoras. Por una imaginación histórica que, disfrazada de ciencia y de libertad virtual, le niega la palabra a los afro-descendientes y a la mujer. Le niega la palabra a la mujer afro-descendiente. Gnarde existe.

Afirmo la existencia de la mujer —de Rosa María y de María Gertrudis, líderes del 32— y de los afro-descendientes. En su nombre reclamo legalmente el reconocimiento de su actuación histórica. A los autores del artículo de enmendarlo si acaso en el siglo XXI existe aún honestidad intelectual y existe el derecho de respuesta, es decir, una diversidad de enfoques sobre lo real.

Con Chinto y Gnarda siempre… Con Rosa María y María Gertrudis siempre…

Por “lonra e la Juana” y de Gnarda, “por lonra” de Rosa María y de María Gertrudis, pongo en la mano del tata”, del historiador autoritario, “un fino puñal” hendido de palabras “con mango de concha”, en sus fuentes primarias. Tachadas adrede por una historia sin memoria…

V. Cuadro conclusivo
 

domingo, 31 de julio de 2011

Muere el escritor Eliseo Alberto, “Lichi”, a los 59 años

Cultura • 31 Julio 2011 - 10:03am — Milenio.com


En 1998, ganó el Premio Internacional Alfaguara de Novela por su obra Caracol Beach. Desde 1990, el escritor vivía en la Ciudad de México y adoptó la ciudadanía en 2000.

Foto: Claudia Guadarrama

Eliseo Alberto murió hoy a los 59 años de edad, en el Hospital General, donde permanecía internado luego de que recibió un trasplante de riñón.
Ciudad de México • El escritor de origen cubano y colaborador de MILENIO, Eliseo Alberto de Diego murió hoy a los 59 años de edad, en el Hospital General, donde permanecía internado luego de que el 18 de julio recibió un trasplante de riñón.
En su cuenta de Twitter, Consuelo Sáizar, presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) confirmó hoy la noticia.
“Con profundo dolor me entero del fallecimiento del escritor de enorme talento y entereza, Eliseo Alberto, "Lichi". Un abrazo a su familia”, escribió la presidenta de Conaculta en su cuenta @CSaizar.
Según uno de los amigos cercanos, Jorge F. Hernández, el escritor falleció hoy a las 9:29 horas, de problemas respiratorios.
De acuerdo con sus palabras, el riñón lo había aceptado muy bien su organismo, pero era un fumador empedernido, por lo que los problemas que tenía se debían a eso. Incluso, hace unos días hubo una convocatoria en redes sociales para donar sangre, pedían ir al Hospital General, donde se encontraba.
Sobre su funeral, él mismo asegura que hay posibilidades de que se lo lleven a La Habana, "aunque esto creo que deberíamos manejarlo hasta su confirmación".
Eliseo Alberto de Diego García Marruz, a quien sus amigos llamaban cariñosamente “Lichi”, nació el 10 de septiembre de 1951, en Arroyo Naranjo, Cuba, donde se desempeñó como periodista.
Desde 1990, el escritor vivía en la Ciudad de México y adoptó la ciudadanía en 2000.
En 1998, Eliseo Alberto ganó el Premio Internacional Alfaguara de Novela por su obra Caracol Beach.
Otra de sus obras importantes es Informe contra mí mismo, escrita en 1978 y publicada más tarde en el extranjero.
En los últimos años, todos los jueves Eliseo Alberto publicaba su colaboración en Milenio Diario.
Antes de ingresar al hospital, Eliseo Alberto escribió en su colaboración en MILENIO el 14 de julio, bajo el título “Eso que llaman amor para vivir”, su travesía para lograr que el trasplante de riñón
En su escrito, Eliseo Alberto cuenta cómo, después de tres años de espera, se enteró por medio de una llamada telefónica de que la espera había terminado.
“El sábado pasado, a la noche, recibí una llamada telefónica de alarma y el domingo, en ayunas, un segundo y tercer timbrazo me advirtió que la hora había llegado, después de tres años de espera. Debía presentarme de urgencia en el Hospital General de México con todos los documentos en regla —más la totalidad de mis fantasías a la mano, pues soy de los tercos que aún creen que sólo la poesía explica los milagros. Una familia bondadosa había aceptado donar los órganos de un pariente en situación terminal, y yo era uno de los siete u ocho candidatos a recibir alguno de sus dos riñones”, escribió.
Para finalizar su escrito, Eliseo Alberto eligió el siguiente poema de Neruda:
Queda prohibido llorar sin aprender, /levantarte un día sin saber qué hacer, /tener miedo a tus recuerdos. /Queda prohibido no sonreír a los problemas, /no luchar por lo que quieres, /abandonarlo todo por miedo, /no convertir en realidad tus sueños. /Queda prohibido no demostrar tu amor. /Queda prohibido dejar a tus amigos. /Queda prohibido olvidar a toda la gente que te quiere.
El cuerpo del escritor será llevado esta tarde a una funeraria ubicada en Coyoacán para ser velado.
Tomado de http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/8e8cb7bc4e8cf619c658bc3f7b07f338
Eliseo Alberto

Eliseo Alberto, de nombre completo Eliseo Alberto de Diego García Marruz, Lichi para sus amigos (10 de septiembre de 1951, Arroyo Naranjo, Cuba - 31 de julio de 2011, México, D. F.1 ), fue un periodista, novelista, poeta y guionista cubano que vivió en México desde 1990 y cuya ciudadanía adoptó en 2000.2 3

Biografía

Hijo del poeta cubano Eliseo Diego, se licenció en periodismo en la Universidad de La Habana, fue jefe de redacción de la gaceta literaria El Caimán Barbudo y subdirector de la revista Cine Cubano.2 Como docente, ha impartido clases y talleres de cine en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba, el Centro de Capacitación Cinematográfica de México y el Sundace Institute de Estados Unidos y en Chile.
Su hermana gemela, Josefina de Diego (María Josefina de Diego García Marruz, Fefé para sus amigos), que ha permanecido en Cuba, también es escritora: ha publicado un exitoso libro para niños, se dedica a la traducción del inglés al español y es compiladora de la obra de su padre.
Eliseo Alberto adquirió fama internacional después de ganar el Premio Internacional Alfaguara de Novela de 1998 con su novela Caracol Beach.4
Sostenía que «el ajedrez sigue siendo la pasión más grande» de su vida. Era un gran cocinero, como él mismo afirmaba: «Me gusta la cocina, he aprendido que soy un cocinero extraordinario. Eso lo aprendí cuando me quedé solo con mi hija que era muy pequeñita. A mí la cocina me entretiene muchísimo. Cocino mucho, en mi casa todos los días van a comer diez o doce amigos, casi todos cubanos errantes también, exiliados. Muertos de hambre que van a la casa a buscar su olla popular, digamos. La cocina me entretiene mucho, me encanta cocinar, me gustaría escribir un libro de cocina».5
Sus esposas han sido: la bailarina cubana Rosario Suárez, Charín (Eliseo Alberto ha dicho que dejó de escribir poesía el día que se divorciaron)6 ; María del Carmen Álvaro Díaz, quien el 1 de junio de 1984 dio a luz a su hija María José; y Patricia Lara, por cuyo amor dice haberse instalado en la parte alta del Desierto de los Leones.7 En sus últimos años vivió con su hija María José en un departamento en la Colonia Del Valle, zona céntrica de Ciudad de México.
Falleció en la Ciudad de México el 31 de julio de 2011, a los 59 años de edad, tras estar varios días en terapia intensiva luego de ser intervenido quirúgicamente por un transplante de riñón.8

Obras

Poemarios

  • Importará el trueno (1975, La Habana, UNEAC)
  • Las cosas que yo amo (1977, La Habana, Ediciones Unión)
  • Un instante en cada cosa (1979, La Habana, Ediciones Unión)

Novelas

  • La fogata roja. La Habana, Gente Nueva, 1985.
  • La eternidad por fin comienza un lunes. México, Ediciones del Equilibrista, 1992.
  • Caracol Beach. Madrid, Alfaguara, 1998.
  • La fábula de José. México, Alfaguara, 2000.
  • Esther en alguna parte (2005), Espasa. Finalista Premio Primavera de Novela. ISBN 88467017595, 198 p.
  • El retablo del conde Eros (2008), ed Planeta Mexicana, El Aleph.

Otros

  • Informe contra mí mismo, escrito en 1978 y publicado más tarde en el extranjero; narra cómo la seguridad del Estado cubano le pidió que hiciera un informe contra su propia familia; Editorial Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, 1997 ISBN 968-19-0339-0, 9789681903398, 293 p.
  • Dos cubalibres: nadie quiere más a Cuba (2004, Península). Artículos y entrevistas
  • Una noche dentro de una noche (2006, Cal y Arena), recopilación de 75 entregas de su columna periodística Rueca dentada en el diario mexicano La Crónica de Hoy
  • Breve historia del mundo (Santillana México, Literatura Infantil)
  • Del otro lado de los sueños (Santillana México, Literatura Infantil)
  • En el jardín del mundo (Santillana México, Literatura Infantil)

También ha escrito guiones de cine y televisión, entre otros el de la película Guantanamera (película) (1997), dirigida por Tomás Gutiérrez Alea. Él mismo es muy crítico con su talento de guionista: "He escrito varias de las peores películas que se hayan filmado nunca en el planeta", ha dicho al respecto.6

Premios y distinciones

  • Premio Nacional de la Crítica 1983 por La fogata roja,
  • Premio Internacional Alfaguara de Novela 1998 por Caracol Beach
  • Premio Gabino Palma por Informe contra mí mismo

Referencias

Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Eliseo_Alberto

Eliseo Alberto trae al Conde Eros a la FIL

El erotismo dejó de ser arte con Playboy

Eliseo Alberto de Diego, novelista, periodista y poeta, presenta El retablo del Conde Eros en la Feria Internacional del Libro de Monterrey, donde retoma un panorama de la vieja Habana nocturna.

  • 2008-11-25•Cultura

El teatro erótico que realizaba el dramaturgo Conde Eros, en la antigua Habana tenía sus tintes de magia, de misticismo y estaba dirigido a toda clase de públicos, pues bien se podía exhibir una obra para varones que para homosexuales.
Eliseo Alberto de Diego, novelista, periodista y poeta, presenta El retablo del Conde Eros en la Feria Internacional del Libro de Monterrey, donde retoma un panorama de la vieja Habana nocturna, donde el pecado estaba en todas partes sin que esto fuera tomada como algo histérico o clandestino.
“De esa Habana ya no queda nada”, expresa Eliseo Alberto tajante. También asegura que, aunque la palabra “nostalgia” es hermosa, no la prefiere utilizar pues desea que su novela sea algo como un homenaje a la obra del Conde Eros.
De aquellos tiempos no queda nada, pues con la Revolución cubana la transformación social llegó y la forma de acceder a los placeres cambiaron. “Con el teatro del Conde Eros existía sexo en vivo, eso era lo que buscaban tanto hombres como mujeres. Incluso, la obra Las mujeriegas trata la relación homosexual de mujeres”, explicó.
Incluso, de aquella sensualidad erótica tampoco queda nada, expresa el también colaborador de MILENIO. “Todo se vulgarizó con la televisión, con la llegada de Playboy”, objetó.
También, la modernidad ha traído una debacle en la forma en que se aborda el erotismo y la sensualidad por la literatura. “Se ha tratado mal este tema”, asegura. Alberto de Diego trajo a la mesa una novela de publicación “reciente” de Oscar Wilde. “Ahí se trata el tema de la homosexualidad de una forma que jamás lo he leído”, declaró.
Al final de la charla y sin ataduras, Eliseo Alberto se declaró admirador de Juan Gabriel, “quizás el último gran ídolo del pueblo mexicano”. En plena gira de más de 20 conciertos en la Ciudad de México, el llamado Divo de Juárez ha logrado en todos sus conciertos un lleno absoluto. Para Eliseo Alberto, la composición, la música, y el carisma del cantante son elementos que lo elevan a categoría de “ídolo popular”.
“Juan Gabriel es un gran hombre”, aseveró.
Tomado de http://impreso.milenio.com/node/8119282

Habana gay

Eliseo Alberto


  • 2011-06-30•Acentos
La débil pero significativa apertura del tema gay (lésbico, travestis, transgénicos) en la sensual isla de Cuba, después de tantas décadas de asechanza, cobró inesperada presencia en los medios de comunicación cuando, en agosto del año pasado, la periodista Carmen Lira le recordó al comandante Fidel Castro que hace cincuenta años se marginó a los homosexuales cubanos y a muchos se les envió a campos de concentración (UMAP, Unidad Militar de Ayuda a la Producción), acusados de contrarrevolucionarios. La directora del diario La Jornada le dijo entonces al veterano guerrillero: “Todo el encanto de la Revolución, el reconocimiento, la solidaridad de una buena parte de la intelectualidad universal, los grandes logros del pueblo frente al bloqueo perdieron reconocimiento por causa de la persecución a los homosexuales”.
Fidel respondió con astucia al reconocer y a la vez justificar su responsabilidad en dichos atropellos: “Fueron momentos de una gran injusticia... ¡Una gran injusticia!, la haya hecho quien sea. Si la hicimos nosotros, nosotros... Estoy tratando de delimitar mi responsabilidad en todo eso porque, desde luego, personalmente, yo no tengo ese tipo de prejuicios. Teníamos tantos problemas de vida o muerte que no le prestamos atención... Piensa cómo eran nuestros días en aquellos primeros meses de la Revolución: la guerra con los yanquis, el asunto de las armas, los planes de atentados contra mi persona... Si alguien es responsable, soy yo... En esos momentos no me podía ocupar de ese asunto... (...) Fui homofóbico porque los cubanos lo eran”...
Una confesión de ese tamaño era lo que necesitaba su sobrina Mariela Castro, “ministra de ultramar”, directora del oficialista Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), hija del hoy presidente Raúl Castro, para tomar por asalto una calle de La Habana y en intemperante manifestación enarbolar por igual banderolas con los colores del arcoíris, fotos de los cinco famosos espías cubanos prisioneros en cárceles de Estados Unidos, retratos de su tío barbudo, consignas contra el bloqueo y globitos de preservativos, pocas semanas después de que sus parientes le autorizaran desfilar sin pelucas ni coloretes excesivos, mezclados “locas y travestis” entre la disciplinada clase obrera de la isla —un sector tan dócil que esa mañana del 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, sus líderes sindicales celebraban como “una victoria” la anunciada cesantía de un millón y medio de agremiados.
En la entrevista con Carmen Lira, el comandante asumía con perspicacia su cuota de responsabilidad en aquella cacería de pájaros, pero, una vez más, terminaba culpando al imperialismo yanqui de todos los errores ideológicos y todas las catástrofes económicas y todas las persecuciones morales que (una a una) fueron ordenadas en La Habana, nunca en Washington.
El periodista cubano Armando López, cronista excepcional de la “farándula habanera”, conocedor en carne viva la profundidad de aquellas viejas cicatrices, respondió a tío y sobrina desde su exilio en Nueva York con un esclarecedor artículo: “Cuando les cuentan a los congueros de Mariela que hace 46 años existieron en Cuba campos de trabajos forzados para homosexuales; que los expulsaban del magisterio, de la televisión, de los grupos teatrales, de las universidades, para que no contagiaran con sus depravaciones al hombre nuevo; que en 1980 las turbas revolucionarias apedrearon sus casas, vociferando ¡Qué se vayan, los maricones!, les sucede lo que a mí cuando me hablaban de los crímenes de Machado. ¡No les interesa! (...) Estos travestis, transgéneros, lesbianas, homosexuales, que arrollaron en la conga con la hija del general, sólo practican la doble moral imperante en Cuba. No tienen la culpa. Crecieron en una economía de guerra, aprendieron a mentir para sobrevivir. Son víctimas de una absurda revolución. Como tú y como yo, amigo lector”.
El 13 de marzo de 1963, en escalofriante discurso que recuerdan Armando López y el poeta Félix Luis Viera (de joven confinado a una barraca de la UMAP), Fidel Castro apela a la ironía para abordar un tema que en verdad le produce extraña rabia: “Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos (Risas del público). Algunos de ellos con una guitarrita en actitudes elvispreslianas, y que han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre. (...) Hay unas cuantas teorías, yo no soy científico, no soy un técnico en esa materia (Risas), pero sí observé siempre una cosa: que el campo no daba ese subproducto”. Y al campo los envió.
El martes pasado, un grupo de no más de veinte “subproductos” independientes desfilaron por un paseo peatonal de La Habana para celebrar el Día del Orgullo Gay, y marcar su distancia con Mariela Castro. El evento atrajo una fuerte presencia policial pero transcurrió en paz. Caminaron 800 metros. Se abrazaron en el malecón. Regresaron a casa con ese alivio, pasajero pero espiritual, que daba (es sólo un mal ejemplo) tragar en seco la Primera Comunión.
Tomado de http://impreso.milenio.com/node/8984166

lunes, 21 de marzo de 2011

Al borde del estallido de Víctor Parra: Eros poético


Argenis Díaz

Mucho se ha escrito sobre el amor, en especial por el que los griegos denominaron eros; de hecho tenían otras tres palabras (filía, storgué y agape) para designar lo que en nuestra lengua española llamamos por lo común amor. Es difícil de definir desde el punto de vista del sujeto amante. Sin embargo, nos atrevemos a decir que el amor (eros) es en esencia un proceso complejo lleno de contradicciones, de flujos y reflujos, genéticamente se manifiesta como expansión del ser, pero también como atracción hacia su núcleo vital. Se alimenta de muchos factores, desde el nihilismo hasta la agresividad o posesión, pero sin negar su fuerza creadora que hace fecundo al ser humano. Además, podemos afirmar con Emilio Mira y López (1965) que sobre el amor hay mucha más literatura que ciencia.
Este mismo autor nos asegura que el amor erótico no es algo que “nos llega” sino que “es un especial modo de existir que sobreviene en nuestra intimidad”. Con todo, el amor es una facultad y no un objeto, como diría Erich Fromm. Y que hay que tomar en cuenta el valor exuberante del sujeto amante. Se puede afirmar también, siguiendo al autor de El arte de amar que “el amor erótico es el anhelo de fusión completa, de unión con una única otra persona”. Es desde ese enfoque que nos ubicamos en la lectura particular del poemario de Víctor Parra: Al borde del estallido (2009), publicado por el Sistema Nacional de Imprentas Aragua bajo el signo de la editorial El Perro y la Rana.
El acto del amor, del sexo, se convierte en un ritual, en un acto simbólico reflejado en la palabra; el yo poético es un yo erótico. Se da la polaridad, la alteridad, el reflejo en el otro de la propia capacidad de amar. La persona amada sufre una transfiguración, también el lenguaje, a través de la metáfora, la palabra sublimada, dotada de alas para volar en su propio universo poético.
En este lugar
soy hoja
perdida en el otoño
deshauciado
leño
Que la pena suscribe (33)
Predomina la verticalidad del texto, dándole a la estructura una forma fálica. El lector se ve obligado a realizar una lectura espasmódica del poema, lo cual transmite desasosiego. Es evidente la llamada raíz genital del amor, el deseo de fusión que da inicio a la fase de simbiosis, de compenetración de los dos amantes que se convierten en uno superando el aislamiento:
Nada impide
este encuentro
de dos juntos

bajo luna menguante

dos pliegues

ondulantes
somos (37)
En estos textos sexuados y en cortados versos abundan las menciones a zonas erógenas del cuerpo: “… mi labio/ busca/su boca/ dormida/ al beso” (18); “Tu/ lengua/ que/ aborda/ Despliega/ Transita/ Detiene/ su voracidad/ contenida” (30”; “Tu/ gruta/ convida/ al grito/ del amor/ Consumado” (31); y este poema que da nombre al poemario:
Mi boca
frágil
movimiento
traza
indetenible
prende
una
señal
Te pone
absorta

Al borde

Del estallido (53)
El poemario está impregnado del deseo persistente del alter ego femenino, el amor es hoguera que consume, leña encendida, unión que “coronas con un grito” (12). La metáfora es valle, bosque: “te doy/ mi cálido/ jardín” (49). Lo demás es explícito, nostalgia, espera, noches sin dormir: “Cuando/ no me/ veas/ Olisquea/ mi celo/ en la distancia”.
Víctor Parra asume con este poemario un reto y un riesgo a la vez. No en vano manifiesta que este trabajo es producto de más de dos años de ejercicio poético, de intentos, de flujos y reflujos, de buscar la palabra que ilumine el sendero, que identifique al lector con la vivencia, pero sin perder la calidad del texto. Lo cual es harto difícil en un tema tan manoseado como este del erotismo desde la poesía, sin caer en lo vulgar, en la palabra rastrera, en la manida grosería en que caen algunos autores con la excusa de parecer auténticos y de reflejar el color local.
(Villa de Cura, 15/02/2010)