Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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sábado, 30 de octubre de 2010

ARGELIERS LEÓN


Arturo Alvarez D´ Armas

Argeliers León Pérez fue una valiosa figura de la musicología cubana. Compositor, folklorista, pedagogo y africanista. Nació en La Habana el 7 de mayo de 1918 y falleció en esa misma ciudad el 23 de febrero de 1991.
Estudió música en el Conservatorio Municipal de La Habana, Pedagogía en la Universidad de La Habana y estudios de especialización tanto en Cuba, como en la Universidad de Concepción en Chile. Igualmente toma cursos con el maestro José Ardévol y en París con la profesora Nadia Boulanger.
En 1943 obtiene el título de Doctor en Pedagogía de la Universidad de La Habana y en 1949 se gradúa en el Conservatorio Municipal con los títulos de profesor de Armonía y el de Composición.
Con don Fernando Ortiz, toma un curso de verano, sobre esta importante y fructífera etapa nos señala el investigador Olavo Alén (1988) lo siguiente: A su formación como pedagogo y como músico se le añadiría, a partir del encuentro con Ortiz, la inclinación hacia la investigación social y hacia todo el caudal de conocimientos obtenidos de la ciencia etnológica, que estaba muy adelantada en esa época en comparación con otras ciencias sociales. En Cuba, esta disciplina encontraba su máximo exponente en Fernando Ortiz, quien, sin exageración alguna, fuera llamado posteriormente “tercer descubridor de Cuba”.
El curso de verano estimuló a Argeliers para que recibiera después otros dos cursos regulares y completos con Fernando Ortiz, denominados Factores étnicos del pueblo cubano lo que logró mediante una beca obtenida por oposición”.
En los años cincuenta se dedica a seguir estudiando, dictando conferencias y trabajando en el aula. A partir de 1960 se comienza a organizar en Cuba la investigación musicológica y León asume junto a Odilio Urfé y María Teresa Linares entre otros, la creación de los primeros centros de investigación en el área musical, bajo el prisma de la “nueva sociedad”. Director fundador de el Departamento de Folklore del Teatro Nacional de Cuba; director del Departamento de Música de la Biblioteca Nacional “José Martí”; director del Instituto de Etnología y Folklore de la Academia de Ciencias de Cuba y desde 1973 director del Departamento de Música de la Casa de las Américas. Creó el departamento de Musicología del Instituto Superior de Arte donde alcanzó las categorías de Profesor Titular, Investigador Titular y Profesor de Mérito. Compositor de un amplio catálogo de obras con las cuales obtuvo cuatro premios a obras sinfónicas y de cámara. Entre sus obras musicales sobresalen: Sinfonía Nº 1; Suite cubana; Sonata de la Virgen del Cobre; Quinteto para guitarra y maderas; Concertino; Cánticos de homenaje; Elegía para Jesús Menéndez, cantata para solistas, coro, narrador y orquesta. Texto de Nicolás Guillén; Creador del hombre nuevo, cantata para solistas, narrador, coro y doble conjunto de viento y percusión. Texto de G. González; Concierto para piano y orquesta.
Fue especialista de la UNESCO durante varios años. En esas instituciones impartió las siguientes asignaturas: Historia de África, Metodología de la investigación, Etnología africana, Musicología, Arte africano y Culturas negras de Cuba.
Por intermedio del Departamento de Folklore del Teatro Nacional de Cuba organizó un seminario sobre folklore, el cual tuvo una gran repercusión internacional; en el Instituto de Etnología y Folklore preparó en 1968 el Seminario de Estudios Afro-americanos. Además fundó algunas publicaciones periódicas de mucho prestigio como: “Actas de Folklore”, “Etnología y Folklore”, el Boletín de Música de Casa de las Américas y el Boletín de Música de la Biblioteca Nacional “José Martí”.
Viajó por distintos países de América, África y Europa, destacándose su periplo a Ghana, Malí y Nigeria en 1961, para complementar sus estudios sobre el continente africano y su influencia en el nuevo continente americano; visitó Caracas (Venezuela) en noviembre de 1971, con la finalidad de asistir a la reunión “La música tradicional de los países de América Latina”, auspiciada por la UNESCO.
La obra de Argeliers León no solo quedó plasmada en libros y artículos de revistas y periódicos, sino en la formación de un grupo de musicólogos y etnólogos como Rogelio Martínez Furé, Olavo Alén, Jesús Gómez Cairo, Danilo Orozco, Adalberto Suco, Pedro Martínez, Jesús Guanche, Alberto Alén, Rolando Pérez, Victoria Eli, Zoila Gómez, Radamés Giro y Grizel Hernández entre otros.
Alén, Olavo. “Sus propias llaves”, En: Clave. La Habana, Nº 8, 1988. pp. 2-8.
Bibliografía y hemerografía de Argeliers León
1.- “abakuá”. En: Lunes de Revolución. La Habana: Nº 73, 22 de agosto de 1960. pp. 12-17. (Revolución).
2.- “Clausura del Seminario de Estudios Afrocubanos”. En: Etnología y Folklore. La Habana: Nº 7, enero-junio 1969. pp. 95-106.
3.- Concierto de música abakuá. Notas al programa. La Habana: Biblioteca Nacional “José Martí”, 1964.
4.- “Consideraciones en torno a la presencia de rasgos africanos en la cultura popular americana”. En: Santiago. Santiago de Cuba: Nº 13-14, diciembre de 1973-marzo de 1974. pp. 49-77.
5.- “Continuidad cultural africana en América”. En: Anales del Caribe. La Habana: Casa de las Américas, 1986.
6.- “Contribución africana a la identificación del hombre americano”. En: Catauro. La Habana: Año 2, Nº 3, enero-junio de 2001.
7.- Coros y claves. Notas a un programa. La Habana: Biblioteca Nacional “José Martí”, 1960.
8.- Cultura cubana. Colonia. Parte II. Sonia Almazán del Olmo y Mariana Serra García, compiladoras. La Habana: Editorial Félix Varela, 2006. 264 p. Véase: El círculo de dominación, pp. 79-91.
10.- Danzón. /Presentación/ Ángel Vázquez Millares. La Habana: Ediciones del C.N.C. / Coord. Prov. Habana, s.a. 12 p. Serie: Música-Folklore. Contiene ilus.. Incluye: “Síntesis histórica del danzón”, por Idilio Urfé.
11.- Del canto y el tiempo. La Habana: Instituto Cubano del Libro, 1974. 297 p.
11.- “Del eje y la bisagra”. En: Música”. La Habana: Departamento de Música de Casa de las Américas, 1971.
12.- “Dos panoramas folklóricos”. En: La Música. La Habana: Nº 2, abril-junio 1948.
13.- “El ciclo del danzón”. En: Nuestro Tiempo. La Habana: Nº 4, 1955.
14.- “El círculo de dominación”. En: Universidad de La Habana. La Habana: Nº 196-197, 2 de mayo de 1972. pp. 130-147.
15.- “El Monte, de Lydia Cabrera”. En: Catauro. Ciudad de La Habana: Nº 1, enero-junio 2000. pp. 8-9.
16.- El patrimonio folklórico cubano. La Habana: 1952.
17.- Ensayo sobre la influencia africana en la música cubana. La Habana: 1959. 19 p. Separata de la Revista Pro-Arte Musical.
18.- Introducción al estudio del arte africano. Prólogo Jesús Guanche. Ciudad de La Habana: Editorial Arte y Literatura, 1980. 179 p. Contiene 82 ilustraciones.
19.- “La música como mercancía”. En: América Latina en su música. Relatora: Isabel Aretz. México: siglo veintiuno editores, s.a. / París: UNESCO, 1977. 344 p.
20.- “Las reglas y advertencias generales compuestas por Pablo Minguet, para tañir los instrumentos mejores”. En: Revista de la Biblioteca Nacional “José Martí”. Nº 1-4, 1962.
21.- Lecciones del curso de música folklórica de Cuba. La Habana: 1948. Mimeografiado.
22.- Música abakuá. La Habana: Departamento de Música, Biblioteca Nacional “José Martí”, s.f. 5 p.
23.- Música folklórica cubana. La Habana: Ediciones del Departamento de Música de la Biblioteca Nacional “José Martí”, 1964. 148 p.
24.- Música guajira. La Habana: Ediciones del C.N.C. / Coord. Prov. Habana, s.a. 12 p. Serie: Música-Folklore. Incluye: “Ensayo sobre la influencia española en la música cubana”, por María Teresa Linares de León.
25.- “Notas para un panorama de la música popular”. En: Boletín de Música. La Habana: Casa de las Américas, Nº 24, 1972.
26.- “Notas para un panorama de la música popular”. En: Panorama de la Música Popular Cubana. Selección y prólogo de Radamés Giro. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1998. pp. 27-42.
27.- “Notas para un panorama de la música popular cubana”. En: Revista Nacional de Cultura. Caracas: Nº 204, marzo, 1972. pp. 47-58.
28.- Parentesco entre la música cubana y la venezolana. /Caracas/: Instituto Venezolano-Cubano de Amistad, s.a. /11/ p.
29.- “Presencia del africano en la cultura cubana”. En: Islas. Santa Clara:
Nº 41, enero-abril 1972. pp. 155-169.
30.- “Présence africaine dans la culture cubaine”. En: Actualité. Argel: Nº 208, 1969.
31.- “Prólogo”. En: Tomás Fernández Robaina. Bibliografía de estudios afroamericanos. La Habana: Biblioteca Nacional José Martí, 1968. 96 p.
32.- Rumba. /Presentación/ Ángel Vázquez Millares. La Habana: Ediciones del C.N.C. / Coord. Prov. Habana, s.a. 14 p. Serie: Música-Folklore. Contiene ilustraciones. Incluye: “La rumba”, por Odilio Urfé.
33.- Tras las huellas de las civilizaciones negras en América. Ciudad de La Habana: Fundación Fernando Ortiz, 2001. 276 p. (La fuente viva, 19).
34.- “Tres cantos negros”. En: La música. La Habana: Nº 4, octubre-diciembre, 1948.
35.- “Un caso de tradición oral escrita”. En: Islas. Santa Clara: Nº 39-40, mayo-diciembre 1971. pp. 139-152.
36.- “Un caso de tradición oral escrita”. En: Oralidad. La Habana: Nº 1, 1988. pp. 33-41.
37.- Yimbula. Fiesta de Paleros. Notas al programa. La Habana: Teatro Nacional, s.f. Programa de mano.

jueves, 1 de octubre de 2009

EN LA CATEGORÍA ENSAYO EDGARDO MALASPINA OBTUVO PREMIO LITERARIO DE LA FEDERACIÓN MÉDICA

El Dr. Edgardo Malaspina obtuvo el Premio Andrés Eloy Blanco que otorga cada dos años la Federación Médica de Venezuela. El galardón, mención ensayo se le otorgará a Malaspina por la biografía del poeta Ernesto Luis Rodriguez denominada “El Último Juglar”.

En esta obra, publicada en edición de lujo de Sacven, se aborda la vida del bardo de Zaraza en todas sus etapas desde que salió de su pueblo natal al abandonar la escuela para buscarse su sitio en la historia de la literatura nacional y universal por sus universidades que fueron las calles y el roce con la gente humilde.

Malaspina afirmó que le debía este trabajo al autor de Rosalinda. “Él me obsequió todos sus libros y algunos manuscritos, y yo le prometí escribir un esbozo biográfico Ahora veo cumplido ese compromiso con la memoria del más ilustre poeta popular venezolano de la segunda mitad del siglo XX. Con este libro, junto a los ensayos sobre Argenis Rodruiguez y el doctor Julio De Armas, creo contribuir con mi granito de arena a la difusión de los valores que representan la guariqueñía”, expresó Malaspina.

En la convocatoria anterior Malaspina obtuvo el mismo galardón pero en la categoría Poesía.

El premio lo recibirá Malaspina, junto a los otros galardonados en las restantes categorías en la ciudad de Barinas, en la LXIX Reunión ordinaria de la Federación Médica el 26 de octubre del año en curso.

Nota: Para ver con nitidez la imagen aplique uno o dos click sobre ella

lunes, 27 de julio de 2009

LOS DIABLOS DE SAN RAFAEL DE ORITUCO

Arturo Álvarez D´ Armas

Investigador de las culturas afroamericanas. Poeta, editor, promotor cultural, fotógrafo.

Fotografías: Arturo Álvarez D´ Armas.


El pueblo del Arcángel San Rafael, se encuentra ubicado en el Municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico. La primera noticia de la diablada en San Rafael, nos la ofrece el ilustre Obispo Mariano Martí (1969) en visita pastoral el 23 de Marzo de 1783 y anota en su libro de Documentos “…se celebra el corpus…”. Otra cita histórica acerca de la presencia de los Diablos en San Rafael la tomamos de Don Adolfo Machado, cuando señala que el día del Corpus de 1820, el Comandante Bartolomé Martínez, en unión de algunos oficiales tropezó (Machado: 1961) con más de una comparsa de diablitos. Parece ser que las tropas patriotas aprovecharon esta circunstancia para disfrazarse de diablos y de esa manera tomar la población por asalto.

En la presente la danza de los diablos se efectúa bajo los auspicios y dirección del señor Gota heredero de Antonio Aular.

Aular era nativo de El Guapo (estado Miranda), y pasa algunos años en Batatal (estado Miranda), donde aprende este baile con Julián Benaventa. Cuando Don Antonio llega a San Rafael, encuentra el baile del Corpus; siendo sus más fieles exponentes: Juan Bautista Ramírez, Juan Ledesma y Juan Domingo Ledesma. La misa se realizaba en la plaza y en sus alrededores se ponían siete altares.

El señor Aular se viste de diablo desde el año 1945, lo cual realiza para “pagar promesa”. Aular falleció a mediados de los años 80 del siglo pasado.

La indumentaria utilizada por los promeseros es la siguiente: pantalón y camisa de diario adornado con cintas; alpargatas, algunas veces adornadas según el gusto de cada uno y en la camisa un pequeña cruz bien sea de palma o cinta. Algunos diablos visten a la usanza de los diablos de Yare. El capataz usa un mandador o látigo: un palo cubierto con un tejido elaborado con cabuya y en la punta una tira de cuero, para espantar a los intrusos y provocadores, en su mayoría muchachos.

Los instrumentos musicales utilizados son: un cuatro, el cual fue incorporado por el señor Aular y un tambor pequeño (antiguamente se usaba un tambor grande del tamaño de un redoblante). Este bimembranófono mide 17 cms. de altura se le pone cuero de venado y es amarrado con bejuco, los parches son entrelazados con mecatillo y se toca con un palo de 20 cms. de largo. Cada diablo lleva una maraca. Las personas que tocan el cuatro y el tambor no se visten de diablo.

Las máscaras son elaboradas de camasa (Lagenaria siceraria) mejor conocida como totumo. Las mismas eran fabricaba por el propio Aular. Algunas con forma zoomorfita y por ojos espejos: antiguamente eran de papel y madera. Como la máscara solamente cubre el rostro, se complementa con tela. Generalmente roja. Cubriendo el resto de la cabeza, al igual que en África.

El día de Corpus comienza a las 8 de la mañana con la llegada de los promeseros. Se efectúa el primer toque, luego van a la iglesia, bailando al frente de esta. Hacen una visita a la jefatura donde han pedido el permiso correspondiente. Igual que en la época colonial ese permiso era solicitado a los amos o caporales de las haciendas por los esclavizados. Durante el día siguen las visitas a las casas hasta altas horas de la noche, o se trasladan a pueblos vecinos: Altagracia de Orituco, etc.

Mientras se baila frente a una casa el diablo mayor o capataz saca un pañuelo y lo entrega a uno de los miembros de la familia visitada y este lo devuelve con algún donativo.

Los diablos de San Rafael de Orituco no tienen una cofradía en el sentido exacto de la palabra. Antiguamente en la vivienda del señor Aular se guardaban el tambor, las mascaras, el cuatro, las máscaras y la ropa. El dinero recabado durante el jueves de Corpus se reparte entre los promeseros para comprar las velas del Santísimo.

Aunque puede haber variado el objeto y el sentido ancestral de la fiesta de Corpus en San Rafael, esta conserva su forma.

Fuentes consultadas:

ÁLVAREZ D´ ARMAS, Arturo. Notas de unas visitas a San Rafael de Orituco. Inédito.

BALOGUN, Ola. “Forma y expresión en las artes africanas”. En: Introducción a la Cultura Africana: aspectos generales. Barcelona: Serbal/UNESCO, 1982.

MACHADO, Adolfo A. Apuntaciones para la historia (obra escrita entre 1875 y 1899). Introducción de Don J.A. De Armas Chitty. Notas del Dr. Pedro Rafael Arévalo. Madrid: Publicaciones Amexco, 1961.

MARTÍ, Mariano. Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas 1771-1784. II Libro Personal. Estudio preliminar y coordinación por Lino Gómez Canedo, OF.M., Academy of American Franciscan History. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1969. (Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, 9).

LOS DIABLOS DANZANTES DE SAN HIPÓLITO

Prof. Elvin Barreto-Guédez
Personal Académico del Departamento
de Formación General y Ciencia Básicas
Universidad Simón Bolívar
Sede del Litoral
Orígenes

Acerca de los orígenes de los Diablos Danzantes de San Hipólito, hasta el momento no se han encontrado fuentes históricas, que ofrezcan una información distinta a los datos producto de la tradición oral, que se ha transmitido entre las sucesivas generaciones de Diablos.
Según testimonios de BrígidoVela, Lucindo Guevara y José Atanasio Pérez, recogidos en trabajo de campo realizado en San Hipólito, en el mes de junio del 2002, dijeron que esta danza tradicional y popular data del año 1810, aproximadamente, siendo originaria de la misma población San Hipólito, ubicada en el municipio Alberto Arvelo Torrealba del estado Barinas.
La memoria de nuestros informantes alcanza a afirmar que Dionisio Silva, de quien no se tiene seguridad si era oriundo de San Hipólito, fue su promotor. Que luego Julián Picado continuó la tradición como capataz de los diablos, para posteriormente ser Brígido Vela, su hijo y nuestro informante, quien hoy ocupa esta responsabilidad.
Entre los viejos integrantes de los diablos, que para el año 2002 se encontraban vivos, están: Pablo Fajardo, Rafael Frías, Manuel Vela, Pedro Avendaño, entre otros.

Características

Esta danza no tiene intencionalidad religiosa: no se venera santo ni virgen alguna; así como tampoco se realiza en cumplimiento de promesas ni milagros concedidos. Su intención es entretener y hacer disfrutar a los pobladores con las travesuras y bailes de los diablos y diablitos. Pero a pesar de esto, la agrupación danza los días: 24 de junio (Día de San Juan), 29 de junio (Día de San Pedro y San Pablo), 5 de julio y 16 de julio (Día de la Virgen del Carmen), de cada año.
El grupo está conformado por un “Diablo Viejo”, una “Diabla Vieja” y diez “Diablitos” que se presentan como hijos de los dos anteriores y tejen las cintas en el sebucán. También participan un “Capataz”, quien es responsable de la comparsa y no va disfrazado, el “Varero”, quien sostiene el sebucán y los músicos: el cuatrista, el mandolinista, el guitarrista, el maraquero y el ejecutante de las charrascas.
Para el momento del trabajo de campo, BrígidoVela, funge de Capataz, Lucindo Guevara, hace de Diablo Viejo y José Atanasio Pérez, de Diabla Vieja.
Los diablos viejos y diablitos salen en comparsa desde las 6 de la mañana por las calles visitando las casas del poblado: bailando y asustando a los niños y jóvenes. El Capataz va ofreciendo las cintas de colores a cambio de ofrendas y colaboraciones.
Cintas que posteriormente los Diablitos tejen y destejen alrededor de un sebucán – que es una vara pintada de blanco, con 5 metros de largo aproximadamente, de una madera liviana llamada balso – al compás de la música de polka.
Al finalizar la labor en el sebucán, los Diablitos y sus padres: la Diabla y el Diablo viejo, bailan al compás de un merengue y/o un joropo ejecutado con cuatro, mandolina, guitarra grande, maracas y charrascas. No entonan cantos algunos, sólo acompañan sus saltos y bailes con sonidos particulares, que suelen durar hasta tarde la noche.

Indumentaria y Accesorios

Señalan los informantes, que en sus inicios los Diablos iban vestidos con hojas de plátanos, cambur y demás follaje natural, propios de la zona. Sus rostros van cubiertos con máscaras elaboradas con conchas del fruto del totumo o taparo que eran pintadas con onotos, carbón y minerales. A partir de mediados de 1960, el vestuario natural se sustituye por el de tela, estando ahora compuesto por pantalones y camisas mangas largas de colores vistosos y tiras de telas. Se mantiene la máscara de concha de taparo, pero se embellece con pinturas sintéticas de colores negro, rojo, rosado, blanco y amarillo.
La máscara del Diablo Viejo, lleva una larga barba y bigotes de crines de caballos. Así como cachos largos, que en ocasiones son de vaca y su color predominante es negro y rojo. Las máscaras de los Diablitos, no llevan ni barba ni cachos grandes. La máscara de la diabla vieja, tampoco lleva cacho y está pintada con colores claros, como el rosado, el blanco y el amarillo. Cada integrante de la comparsa lleva consigo un mandador formado por una vera bien adornada y atada con flecos de cueros. Calzan alpargatas, llevan guantes y un pañuelo alrededor del cuello.
La indumentaria debe cubrir todo el cuerpo del diablo porque la intención es que ninguno de los trajeados sea identificado.

Cambios e Innovaciones

Como toda manifestación popular, los diablos han experimentado algunos cambios, algunos de ellos ya señalados. Cambios que no buscan alterar lo esencial de la tradición. Al principio, era una danza con participación exclusiva de los hombres, hoy permiten la participación de mujeres vestidas de Diablas. Antes eran ocho (8) los Diablitos que tejían el sebucán, ahora, desde 1973 son diez (10). Las cintas se elaboraban con cabuyas de colores. Hoy, son cintas que se adquieren en el comercio. En cuanto al acompañamiento musical, ahora se incorporan instrumentos como el requinto, el bajo y la guitarra eléctrica.
Al principio, los Diablos realizaban travesuras pesadas, como por ejemplo, se metían a las casas y se llevaban los alimentos sin consentimiento de sus dueños, le pegaban con el mandador a quienes no les daban obsequios o a quien identificaban a los trajeados de diablos. Hoy en día, estas actividades rara vez se realizan para evitar inconvenientes con el público.
Al sonido de una detonación, los diablos simulan su muerte lanzándose al suelo, pero son el Diablo y la Diabla quienes lo reviven haciéndolos levantar y bailar.

Un Patrimonio de Diablos

Los Diablos Danzantes, no sólo se ocupan de bailar en San Hipólito y sus alrededores. Su influencia trasciende del estado Barinas, haciendo presentaciones y encuentros en los estados Carabobo, Miranda, Aragua y Caracas.
Según sus cultores, los Diablos Danzantes de San Hipólito son reconocidos como Patrimonio Vivo Cultural de Venezuela, cuestión que los llena de orgullo y
compromiso.

sábado, 11 de julio de 2009

El San Pedro de Güigüe

Arturo Álvarez D´ Armas

Investigador de las Culturas Afroamericanas, fotógrafo, poeta, editor y promotor cultural.

La Parranda de San Pedro es una expresión de la cultura popular tradicional de las poblaciones de Guarenas y Guatire en el estado Miranda, la misma es celebrada todos los 29 de junio. Se inspira dicha festividad en una leyenda según la cual a una negra esclavizada llamada María Ignacia, se le enferma su hija Rosa Ignacia. Desesperada la madre, solicita mediante rezos la intervención divina de San Pedro para devolverle la salud a la niña. San Pedro –afirma la tradición oral- salva a Rosa Ignacia y en agradecimiento la madre prometió al santo cantar y bailar en su homenaje en compañía de varios esclavos. Así ocurre hasta que María muere y su esposo se viste de mujer para no perder la tradición.

Antero Ortiz. Güigüe. Edo. Carabobo. 29-06-1986

Algunos elementos de la parranda son:

María Ignacia, representada siempre por un hombre vestido de mujer, usa una falda ancha y larga, tela de colores al igual que la cota. Su cabeza es adornada con un sombrero de cogollo del cual penden trozos de telas multicolores y lleva además un par de moños de mecate. Ella y los demás componentes de la parranda usan alpargatas. El abdomen va abultado simulando un embarazo.

Los Tucusitos, son un par de niños que acompañan a María Ignacia. Visten trajes y gorra bicolor –amarillo y rojo-.

Los Sampedreños, representan a los esclavos, visten de levita y pumpá. El traje se complementa con pañuelos rojos o amarillos anudados al cuello. En algunos momentos del baile se ponen unas cotizas de cuero de ganado para producir un armónico sonido. Todos los parranderos se untan betún o negro humo en el rostro.

Rosa Ignacia, es una muñeca de color negro elaborada de trapo y es cargada en los brazos por María Ignacia.

Abanderado, es un sampedreño que va al inicio de la parranda con una bandera roja.

Los instrumentos musicales son cuatro y maracas, los primeros pueden ser 4 o 5 y los maraqueros entre 8 y 10 una por cada hombre y se toca con la mano derecha.

Parrandero con cotizas. Güigüe. Edo. Carabobo. 29-06-1986

La Parranda de San Pedro llega a Güigüe –estado Carabobo- por intermedio de don Antero Ortiz nacido en Guarenas el 3 de enero de 1923. A los 11 años comienza su devoción por San Pedro incorporándose a la parranda del maestro Antonio Núñez –fallecido el 5 de febrero de 1987- en la hacienda Maturín de Guarenas. Allí duró 25 años. El señor Ortiz nos dice que el San Pedro es un santo fuerte y por sobre lo que sea cada 29 de junio saco a mi San Pedro. Aspira a que esta festividad religiosa se arraigue en Güigüe por cuanto el pueblo necesita actos culturales, así como tienen gusto por el beisbol y el boxeo también necesitan los aguinaldos de diciembre los tambores de San Juan y la Parranda de San Pedro. A pesar de que don Antero se instala a vivir en Güigüe en 1979, la parranda sale por primera vez el 30 de junio de 1985.

La misma está integrada por 10 personas entre las cuales tenemos a: José Gregorio Bravo, Juan Piña, Juan Antonio Paredes, Carlos Román, José Luis Loyo, Luis Alberto Bravo, José Antonio Pacheco y Antero Ortiz. Ellos no incorporan a María Ignacia, ninguno de sus integrantes desea vestirse de mujer. Usan un cuatro y varias maracas, alpargatas y un par de cotizas. Los sampedreños se ponen un chaleco negro y pañuelo rojo o amarillo. Al igual que en el valle de Pacairigua se ponen pumpá y se untan betún en la cara.

Parrandero con imagen de San Pedro. Güigüe. Edo. Carabobo. 29-06-1986

La parranda sale de la residencia de Antero Ortiz, recorren las principales calles de esa bella población carabobeña hasta llegar a la iglesia “El Salvador del Mundo”, donde es guardada su imagen.

Algunos de los cantos entonados en honor al apóstol son los siguientes:

El San Pedro de Guarenas

se ha mudado para Güigüe

y después que se mudó

se va a volver a mudar

se va pa´que Salvador

y que salvador del mundo.

En la casa donde estamos

tenemos que hacerlo bien

uno porque baila bueno

otro porque baila malo.

En la iglesia El Salvador

es que tú vas descansar

que tu tienes tu nicho

que lo acaban de arreglar.

Baila sabrosito y bueno

Y te meneas de verdad

repícame esos cueros

que yo los quiero escuchar

parece que están muy fríos

que no los oigo sonar.

Se revientan las cotizas

que yo las vuelvo a empatar

en esta vuelta y la otra

ya tú sabes lo demás.

Pégale pégale

pégale Juan.

Arara ara aralá

arara ara aralá

Yá.

Sampedreños. Güigüe. Edo. Carabobo. 29-06-1986.
Fotografías: Arturo Álvarez D'Armas.

domingo, 11 de febrero de 2007

JUAN PABLO SOJO

Arturo Alvarez D´Armas*
En Curiepe la tierra del mina, la curbata, el culo e´ puya, los quitiplás y el cacao, nació el 23 de diciembre de 1908, el hijo de Juan Pablo Sojo, padre (1865-1929) y de Brígida de Sojo. Se llamó Juan Pablo Sojo Rengifo. Autodidacta, boticario, novelista, cuentista, poeta, investigador y periodista. Colaborador de los diarios El Universal, El Nacional, El Tiempo, El País y de las revistas Fantoches, Revista Venezolana de Folklore y El Farol.
A partir de 1942 inicia el rescate y difusión de la identidad del negro venezolano. Con la creación en 1946 del Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales, bajo la dirección del poeta Juan Liscano, lo nombran Jefe de la Sección de Folklore Literario. Es uno de los organizadores de la Fiesta de la Tradición “Cantos y Danzas de Venezuela”, efectuada en el Nuevo Circo de Caracas, durante las noches del 17, 18, 19, 20 y 21 de febrero de 1948, en homenaje al Presidente de la República Rómulo Gallegos. Le tocó la difícil misión de seleccionar los conjuntos que vendrían de la provincia venezolana.
Como investigador de las culturas afroamericanas se ganó la amistad y el respeto del cubano Fernando Ortiz, el haitiano Lorimer Denis, los brasileños Arthur Ramos, Edison Carneiro, Raimundo Nina Rodrigues, Gilberto Freyre y el peruano Fernando Romero.
A continuación se presenta parte de la extensa bibliografía de Sojo. “Tierras del Estado Miranda; sobre la ruta de los cacahuales” (1938), “Nochebuena negra” (1943, 1968, 1972, 1976, 1997), “Temas y apuntes afrovenezolanos” (1943, 1986). Coautor de “Folklore y cultura. Ensayos” (1950), “El Estado Miranda. Su tierra y sus hombres” (1959), “Antología de cuentistas y pintores venezolanos” (1976), “Estudios del folklore venezolano” (1986) y “La fiesta de la tradición: 1948. Cantos y danzas de Venezuela” (1998).
Parte de la inmensa obra de Sojo quedó inédita y desaparecida, como las novelas “La historia de un novelista”, “La luz misteriosa” y “La tía Benedicta”. Igualmente el poemario “Salmos negros” y el libro de ensayos “Los abuelos de color”.
Este gran venezolano estudioso y defensor de la etnia afrovenezolana murió en Caracas el 8 de octubre de 1948, su cuerpo se encuentra enterrado en Curiepe al lado de sus ancestros, en esos caminos que cruzan África y América. A 98 años de su nacimiento su legado perdura en el tiempo.