Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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martes, 26 de julio de 2011

Milagro económico en Venezuela*

Heinz Dieterich
El gobierno venezolano acaba de hacer un milagro económico legislativo: en el Decreto 8.331 reglamentó con ochenta y ocho artículos algo que no existe: el precio justo de la economía de mercado.
1. Miraflores: el Vaticano económico
El gobierno venezolano acaba de hacer un milagro económico legislativo: en el Decreto 8.331 reglamentó con ochenta y ocho artículos algo que no existe: el precio justo de la economía de mercado. Las alucinaciones de la mente humana son generalmente asuntos de psiquiatras o negocios de teólogos; pero la nueva “Ley de Costos y Precios Justos” demuestra que en Venezuela forman parte de la cartera del gabinete económico.
2. Luzbel y el “dinero comunal”
Ya, en 2008, la Ley Habilitante sobre el Fomento de la Economía Popular nos había advertido que la Escuela de Teología Económica Bolivariana (ETEB) se había apoderado del Palacio de Miraflores. Para acabar con el capitalismo, aquella ley legisló sobre lo que los economistas clásicos llamaron el “velo monetario” y Marx el “fetichismo del dinero” (Geldfetischismus): la quimera que el valor económico reside en el dinero y que la explotación se debe a la existencia de éste. Los espejismos resultantes de Miraflores fueron el “dinero comunal” y las “Comunas”, dos auténticos monumentos al diletantismo económico.
Como todas las ilusiones, la realidad se encargó rápidamente de enterrar aquellos productos del fetichismo monetario. Ahora, el gobierno lanza un nuevo exorcismo tropical para acabar con la mala realidad capitalista: el precio justo. Convierte a Miraflores en el Vaticano de la ciencia económica, canonizando lo que no existe y prometiendo al pueblo un milagro antiinflacionario que sólo existe en sus fantasmagorías. Mientras tanto, el Ángel caído de la cruzada antiinflacionaria sigue desaparecido de la escena pública. Dios crucificó al Luzbel Samán, “portador de la aurora” – a petición de la casta divina mantuana.
3. La quimera del iustum precium
La idea del precio justo en las relaciones mercantiles ha sido debatido en todas las culturas y en todos los tiempos, desde el advenimiento de la crematística (economía usurera) hace cinco mil años. Por dos razones, ninguno de los debates ha resuelto el problema: a) no hay iustum precium en economías mercantiles, es decir, el concepto no tiene un correlato empírico en la realidad; es una proyección fantasmagórica como Dios o el Santo Espíritu; b) sólo puede ser solucionado con la metodología de la ciencia contemporánea.
4. La naturaleza lógica de los precios mercantiles
Los precios de la economía de mercado, que se conforman de costos y ganancias, siempre son resultados del poder y de los intereses económicos, políticos, culturales y militares, que tienen los agentes económicos involucrados: desde los salarios, el interés bancario y la renta de la casa, hasta el precio del pan y las acciones bursátiles. La calificación de esos precios como altos, bajos, justos o injustos, resulta de la percepción y evaluación subjetiva de cada agente económico (trabajador, consumidor, empresario). El precio justo es, por lo tanto, un constructo moral de la mente humana, estratificado por sus condiciones objetivas, pero no una medición objetiva de una propiedad de un fenómeno real. No es un dato objetivo de la realidad, como el “peso” o la distancia, sino un juicio moral o una variable subjetiva, determinada por personas, grupos (directores, accionistas, sindicatos) y el Estado. Se puede ordenar esos juicios subjetivos en agregados y medias estadísticas, pero, no por eso se convierten en datos objetivos. Tratar de encontrar o definir un precio objetivamente “justo” en una economía de mercado es, por lo mismo, una imposibilidad metodológica. Insistir en este empeño y, lo que es más, legislar sobre él, es una manifestación de ignorancia científica y tontería económica.
5. Requisitos metodológicos de una solución científica
El problema de la justicia económica y del precio justo sólo puede resolverse mediante una secuencia de tres pasos: a) saliéndose de la “ilusión monetaria” (John M. Keynes) y suexpresión subjetivista, los precios; b) cuantificar objetivamente las aportaciones económicas de cada ser humano, tanto aquellas que son realizadas directamente en la producción, circulación y distribución, como las indirectas (educación); c) garantizar la retribución y el intercambioequivalente.
6. La solución del Socialismo del Siglo XXI
La solución científica y ética del problema de la justicia económica y, por lo tanto, del fin de la sociedad de clases, es el procedimiento trifásico esbozado arriba. Este procedimiento es la base metodológica de la economía del Socialismo del Siglo XXI. Arno Peters, el fundador del paradigma de la economía de equivalencia, dio los pasos decisivos al respeto, combinando la teoría del valor de la Economía Política con la teoría de la equivalencia.
La unidad de medición objetiva (o intersubjetiva) que usó, fue el concepto de valor, cual tiempo de trabajo realizado (time inputs). Con esta cuantificación objetiva de la actividad económica, todos los trabajos humanos se volvieron comensurables. Si sobre esta base de cuantificación objetiva se pretendía ejercer una retribución justa, se tenía que encontrar un stándard de mediciónde la justicia tan objetivo como él del valor. Peters lo encontró en el teorema de la equivalencia entre calor y trabajo (1. Ley de la termodinámica), del físico alemán Julius R. Mayer (1841).
Usando este teorema interdisciplinariamente, Peters postulaba que la retribución del trabajador era justa, cuando la canasta de bienes y servicios (“salario”) que recibía por su jornada laboral, representaba el mismo valor (horas de trabajo) que las horas de trabajo social que había realizado. No hay explotación (injusticia) en esa relación: el valor del trabajo aportado a la sociedad es igual (equivalente) al valor recibido en la remuneración (canasta). No hay plusvalor, es decir ganancia, es decir, explotación laboral.
7. Con la ciencia y los pueblos
Ese paradigma económico del Socialismo del Siglo XXI coincide con el de Marx, formulado en la Crítica al Programa de Gotha: los trabajadores deben recibir el pleno valor de su jornada de trabajo, menos los fondos sociales decididos democráticamente por los ciudadanos. Coincide también con el Programa de Transición al Socialismo del Siglo XXI en la Unión Europea, que la Tricontinental del Socialismo del Siglo XXI presentó el año pasado en Berlín, con destacados científicos europeos, latinoamericanos y asiáticos.
A la luz de ese paradigma científico-ético queda claro que la “Ley de costos y precios justos” en Venezuela no es más que un simulacro de combate a las “ganancias excesivas” del capital, como fue la promesa, que Samán iba a regresar en una función revolucionaria “más importante”.
La fase de transformación real progresista de la Revolución ha terminado. Ahora se ocupa de la construcción de códigos legales para fantasmas y de promesas que sabe que no va a cumplir.
*Tomado de http://www.kaosenlared.net/noticia/milagro-economico-en-venezuela

martes, 5 de abril de 2011

FERMÍN TORO SOCIALISTA


Adolfo Rodríguez
  1. El Socialismo de Fermín Toro
“El Socialismo de Fermín Toro” es el título del artículo con que don Augusto Mijares, en la p. A-4 del diario El Nacional del 17-1-1975, disiente de la afirmación de Arellano Moreno, en la edición del 6-1 del mismo periódico, de que “los conservadores fueron conservadores”. Este historiador no admite que se considere “socialista” a Toro, como sostiene Mijares en su discurso de incorporación a la Academia Nacional de la Historia en 1947, aunque Toro lo sugiera “al proclamarse adversario decidido del liberalismo económico”, sin desechar el liberalismo político como propiciador de “armonía social”.
Alto exponente de un “pensamiento revolucionario y conservador a la vez”, lo juzga Mijares (1966): “ardientemente intervencionista, pero a la vez dentro del más puro liberalismo político y moral, puesto que si bien refuta que la libertad sea el fin de la sociedad y la subordina a la igualdad necesaria, ésta la glorifica como una condición de la armonía social”. Para don Augusto, se articulaban, en el esfuerzo teórico del pensador decimonónico, socialismo y liberalismo así como “mesura política”, al margen de cualquier “práctica demagógica”, “sedición” o “tumulto”.
Carrillo Batalla, en su obra Historia del Pensamiento Económico de Fermín Toro (1998), al catalogarlo de “complejo ideológicamente” (p. 142), menciona otros autores que comparten la opinión de Mijares. A saber: Mariano Picón Salas y Domingo Miliani, entre otros. Siendo, para este último, “el primero y más consciente difusor de los principios de la ciencia económica vislumbrada y desarrollada por los utopistas franceses entre nosotros” (Miliani, 1963, citado por Carrillo B., ob. cit).
La Gaceta de Venezuela 598 del 26 de junio de 1842 y El Venezolano 117, del 28 del mismo mes y año, informan que desde el 29 de dicho mes Fermín Toro dictaría un curso de Economía Política en el Liceo Venezolano, en el “salón de costumbre”.
2. El Extraño Socialista
Como “pensador socialista” ubica Tosta (1958) a Fermín Toro (Caracas, 1807-1865), por representar “en Venezuela, junto con Simón Rodríguez, la corriente del socialismo denominado romántico” (p. 183). Sentencia retomada por Jesús Sanoja Hernández al ponderarlo de “Un extraño socialista” en artículo por el diario El Nacional del 30-12-65, fundamentándose en los diez ensayos que, bajo el título de Europa y América, Toro publica en marzo, abril, mayo, junio y julio de 1839 en El Correo de Caracas.
En el correspondiente al 26-3-39 cita Toro la obra Nouveaux príncipes d´economie (1802) del socialista utópico J.C.L. S de Sismondi (1773-1842) referido a la pobreza en Irlanda, autor que el periódico The Morning Chronicle clasifica como ¨Socialista pequeño-burgués¨ (Cole, p. 87).
Comenta Toro, en su entrega inicial, los problemas derivados de “la acumulación de la riqueza en pocas manos”, haciendo gala de un juego dialéctico que será, en buena parte, el guión ideológico de su novela Los Mártires (1842):
“Sin duda hay riquezas, virtudes, saber, contento y dicha. Las fortunas colosales de los Berding y Rotthschild, como que destierran de sus alrededores la miseria y la desgracia; las escuadras de la nación, sus rentas, su poder, nos hacen creer que todo es fuerte, todo grande; la opulencia de la aristocracia, sus palacios, sus fiestas, sus regocijos, nos persuaden que nada es mezquino, nada triste, nada afanoso. La elocuencia de Pitt, de Fox, de Brougham; los descubrimientos de Davy, las invenciones de Babage, las especulaciones morales de Mackintosh, las doctrinas filosóficas de Dugal Steward y de Brown. nos inclinan a creer que todo es ilustre, docto, puro, noble y exaltado; los elevados y píos pensamientos de Butler y de Paley, que todo es religioso, todo santo; la lira de Byron, los cantos de Moor, que todo es brillante, armonioso y sublime. Pero ¡hablara el pobre! ¡Oyéranse los lamentos de la desgracia, la sentida queja del infortunio! Descubriérase la desnudez con su vergüenza, la mendicidad con su lánguido mirar, el crimen con sus nefastas intenciones! ¡Publicaran sus diarios y debates las asambleas de Wapping, St Giles, de Smittefield! (1). Alzaran la voz los millones de víctimas que gimen de abatimiento y perecen de hambre! ¡Oh Dios, qué atroz espectáculo, que escenas tan horrendas! (Toro, 1960, p. 40).
En tanto que, en el ensayo del 23-4, conviene en que “la igualdad evangélica aún no se ha realizado, es todavía una pura idealidad”, explicando que “al lado del poder que insulta está la debilidad que padece. Bajo del luciente cerco que forman el ingenio, la gloria, la alegría, la riqueza, los honores en derredor de la majestad regia, están las tinieblas de la ignorancia, la lobreguez de la miseria y los tormentos de la desesperación, par del rico que se huelga en su dorado coche va entre el fango el mendigo sin pan; junto a la hermosura que se vicia a poder de placeres y halagos está la belleza cuya virtud al asedio del hombre sucumbe” (op. cit., p. 51).
La tiranía real, a su parecer, deriva de tales hechos: “ejércese por la riqueza, la ilustración, la industria”. De Sismondi toma su noción de proletariado, autor quien, a su vez, lo abreva en la tradición romana. Refiere Toro que, el proletario, “en la calma no temido, por la ley sujeto, en la ignorancia sepultado, física y mentalmente desmejorado por la excesiva división del trabajo, sin más arte que un bruto, sin más máquinas que sus brazos, gime en su impotencia, rodeado de un muro de bronce y puesto encima un monte de hierro. ¡Extraño resultado de las combinaciones sociales! La paz, la ley, la ciencia, el arte sirven para llevar a una clase a la cumbre del poder humano y precipitar a otra en un abismo de miseria y perdición. Maldito de la sociedad, como Encédalo oprimido por el Etna, no te queda otro recurso que arrojar de cuando en cuando ardientes lavas que recuerden tu existencia, llevando devastación!” (op. cit., p. 54).
La temática de Los Mártires, ambientada en Londres, se debate en ese juego de luces, advertido por Carrera Damas (1966), oscilante entre clases sociales, riqueza y virtud, lujo y carestía, dignidad en la miseria, desigualdad ante la ley, cristianismo entre humildes y mezquindad en el clero y asistencialismo que más bien es antesala al infierno.
Prosigue Toro, en su ensayo del 23-4, haciendo paralelismos entre feudalismo industrial y feudalismo territorial, de acuerdo con categorizaciones de Sismondi: “¿Cuál será más odioso? ¿Quién sufre más, quién tiene menos goces, alegría y esperanzas, el jornalero o el siervo?” (op. cit., p. 54).
En la entrega del 30-4-39 clama porque “no haya en la sociedad una parte que oprima y que, bajo este o aquel nombre, ejerza la tiranía; no haya una parte condenada a eterno envilecimiento y no temamos un retroceso en la carrera de la civilización” (op. cit., p. 64).
Mientras que el 14-5-39 acude al evangelio, para derivar en posibilidades, que pronto, a su pesar, harán aguas en la historia de Venezuela: “que tiemble el poderoso, que engolfado en un mar de deleites, se muestra sordo a la plegaria del indigente, que tiemble el rico que da el pan al perro de caza y lo niega a la familia que perece en la miseria“ (op. cit., pp. 67-8).
(1) Lugares de Londres donde se reúnen los mendigos, ladrones, rateros, estafadores, fulleros (nota de los editores de La Doctrina Conservadora (1970).
3. LLEGA EL SOCIALISMO
Tal parece que Fermín Toro es quien por primera vez menciona la palabra socialismo en Venezuela. En artículo de El Correo de Caracas correspondiente al 14-5-39 transcribe párrafos de la obra Resumé polítique. Voyage en Orient de Lamartine, en que éste dice de “Los proletarios: clase numerosa, no percibida en los gobiernos teocráticos, despóticos y aristocráticos, donde viven al abrigo de una de las potencias que poseen el suelo y tienen sus garantías de existencia, al menos en su patronazgo; clase que hoy entregada a sí misma por supresión de sus patronos y por el individualismo, está en peor condición que antes; ha conquistado estériles derechos, sin tener lo necesario, y conmoverá la sociedad hasta que el socialismo (2) haya sucedido al odioso individualismo”.
Aclarando Toro que no era el caso de América, donde se desconoce “el pauperismo, esa mancha, o más bien, ese crimen de la civilización europea” (op. cit., p. 71).
Aunque El Liberal 168 de 23-7-39 reporta sobre desocupación en Caracas:
“Hay en la ciudad, pero ya se ve si los hay en todas partes, una
gran cantidad de hombres desamparados, unos por ricos, otros por
demasiado pobres, otras por flojos y otros por muchos otros motivos”.
Días después de la citada referencia de Toro, retorna la palabra socialista en Caracas, esta vez en el artículo ¨Un Negocio¨ de Augusto Collín publicado en Le Temps y “traducido por una señorita” para el Nº 92 del periódico caraqueño La Bandera Nacional, el día 4 de junio. Es una sátira a un capitalista (Mr. L.) visitado por un frecuentador de La Bolsa y aficionado a los Seguros:
“- ¿Quién creería que al salir de un siglo de incertidumbres como el pasado, entraríamos en otro tan eminentemente asegurador y asegurado como el nuestro?
Rematando así:
“--En una palabra me parece que los seguros son por todos respectos la solución del problema humanístico buscado en vano por Fourier, St Simón, Robert Owen y otros Socialistas”.
Sátira a los solterones, ya que el vendedor ofrece seguros contra el celibato prolongado.
2) subrayado en el texto
4. EL CARTISMO
La Carta del Pueblo aparece en mayo de 1838, luego de un año de preparación. Fue concebida por la Asociación Obrera de Londres, integrada por hombres que habían intervenido tanto en las primeras luchas a favor de las reformas parlamentarias, a través de la Unión Nacional de la Clase Obrera, como en varios foros del movimiento oweniano y cooperativista. Eran socialistas, a la manera de Blanqui. Y lo integraban contrarios a la nueva ley de beneficios, eran defensores de la reforma de las fábricas de los distritos urbanos e industriales, así como los radicales, republicanos y “socialistas” de varios matices, excepto una parte de los owenianos y de los forieristas (3), que mantuvieron su desconfianza en la acción política y no se apartaron de su camino. El cartismo aumentó su fuerza a causa de la depresión industrial prolongada, que se inició al final de la década de 1830, y continuó durante la década de 1840 o del hambre (Col, pp 144-9).
El Liberal de Caracas 176 de 10-9-39 dice que los periódicos ingleses ocupan la mayor parte de sus columnas en publicar alborotos acaecidos en muchas parte del reino, ocasionados por los llamados cartistas, para conseguir por violencia y pillaje, la abolición de la ley sobre beneficios, la mejora de la clase trabajadora y una ley de sufragio universal
“Muchos de los pueblos manufactureros se encuentran seriamente amenazados por estas facciones y en muchos lugares se han visto las autoridades locales en la necesidad de tomar medidas enérgicas para controlarlos”.
Un mes antes (agosto) ha salido F. Toro hacia Londres, donde conocerá, directamente, este capítulo de la lucha social en Inglaterra y que, parcialmente, reporta en Los Mártires.
Y dos años luego, El Liberal 242 del martes 24.11-1841 informa su renuncia a la Legación de Venezuela en aquel país.
La prensa venezolana proseguirá reseñando sucesos referidos a la cuestión social inglesa, que tan vivamente atraía a Toro:
El Venezolano 186 del 20-6-43 comenta “Cartistas: Muchos de estos, entre los cuales está Fergui O´Connell, fueron declarados culpables de ¨haber persuadido a otros que no trabajaran, hasta que la carta fuese promulgada como ley de Inglaterra”. Diario liberal caraqueño en cuya edición 198 del 29-8-43 reproduce estas palabras de O´Connell: tengo mas hombres delante de mi que los que llevó Napoleón a Moscou y mandó Wellington en Waterloo.
El Venezolano 200 del 12-9-43 registra disturbios en Walles comparándolos con los ocurridos en 1830 con la insurrección agraria.
Y El Liberal 466 del 12.12-43 que la Estrella del Norte, órgano del partido cartista en Inglaterra, ha declarado que si el Ministerio insiste en emplear la fuerza material contra Irlanda, 5 millones de cartistas ingleses tomarán parte en la contienda en favor de aquel país. Asegurando que lo hará de tal manera que no le será posible al Gobierno proceder legalmente contra el partido, y que en todo caso 500.000 combatientes cartistas perecerán hasta el último hombre, antes que consentir en la opresión de sus compatriotas¨.
Uno de esos “mártires”, sacrificados por las luchas obreras en Irlanda, en la novela de Toro, es de apellido O´Neill.
3) Owenistas: seguidores de las ideas socialistas de Robert Owen; y forieristas (seguidores de Fourier).

5. REFLEXIONES SOBRE VENEZUELA

Venezuela experimentaba, a mediados de los años cuarenta, una incontenible crisis económica y social. Algunos liberales inculpan a la Ley de 10 de abril de 1834 (Véase El Agricultor 6 de 27-3-44). Y F. Toro que no la objetó cuando fue aprobada, la enjuicia ahora con severas reflexiones.
El Liberal 570 del 1-11-1845 reproduce un extracto de la obra de Mc Culloch: Litterature of Political Economy, Londres, 1845, bajo este título “Antecedentes Económicos”, y esta explicación: “como, según parece, pronto ha de ver la luz pública un folleto destinado a ventilar varios puntos económicos, entre ellos quizá la grave cuestión del interés del dinero, queremos lanzar algunos datos suministrados por autoridades irrecusables, para ir formando antecedentes al prometido trabajo de nuestro ilustrado compatriota”.
Este mismo diario en su edición 572 del 15-11-45 trae un remitido de Toro con “Análisis críticos de las doctrinas de Mc Culloch y Storch”, anunciando que su “pequeño trabajo” titulado “Relfexiones… pronto verá la luz pública” poniendo en entredicho el carácter de irrecusables que El Liberal concede a M. y S. y exhibiendo pruebas de que este último ignora hechos históricos sobre Francia y M. lo cita en 1845. Toro recurre a Rossi, Condy Raguet y Lord Manstield e invita a consultar Bacon, Blakcstone, Coke, cuando “seriamente” se quiera conocer infinitas desgracias, la represión de una tiranía doméstica ejercida en los actos más privados de la vida, pues las doctrinas de estos últimos forman “una fuente viva, puede decirse, de justicia y equidad” .
La imprenta de V. Espinal edita ese año el estudio en 96 páginas contentivo de las Reflexiones sobre la Ley del 10 de abril de 1834 de Toro, que arranca con esta premisa:
“Las cuestiones económicas están hoy íntimamente ligadas a las cuestiones políticas”. Arremete contra el sistema industrial, propone controlar el abuso de la riqueza, en bien de ”la igualdad que sí puede llamarse fin y objeto de la sociedad”, rebatiendo a Say y Bentham, que privilegian la libertad. Insiste en la igualdad necesaria y menciona el caso de Irlanda donde el mal previene del conflicto entre los propietarios de tierras (landlords) y los cultivadores (lenants), por lo que el Parlamento se ocupaba de un bill “que interviene en las relaciones entre propietarios y cultivadores, asegurando a éste el goce de las mejoras que introduzca en la propiedad”, invasión “contra el derecho de propiedad”, que por presentarla el partido Tory, se verá cuan trascendental es la medida y cuan urgente la necesidad que la dicta”, ya que “este bill abre una brecha al muro más fuerte que protege las clases acomodadas contra los asaltos del pauperismo y del comunismo“ (Toro, 1960: pp 121- 127).
“La igualdad que sí puede llamarse fin y objeto de la sociedad yo sostengo que la libertad no es el fin de la sociedad, y que, como medio o dificultad, debe estar subordinada a la igualdad necesaria, que es el objeto principal de la asociación, pues que por ella y en la categoría de derecho, todo individuo debe poseer los medios de conservar su dignidad moral y su existencia física (op. cit., p. 125)
Agrega que “la armonía social…. tiene por base la igualdad necesaria, principio sin excepción, dogma fundamental, fuera del cual no hay nada justo (nada legitimo en el seno de la sociedad” (op. cit., p. 128).
“La libertad individual comienza donde acaba la igualdad necesaria”, (op. cit., p.129)
Puntualiza que “un gobierno debe ser un poder regulador que impida que ninguna fuerza social sea oprimida por la preponderancia de otras”, incluyendo “la influencia desmoralizada del comunismo como en Inglaterra¨ (op. cit., p. 131).
En la misma obra advierte contra las consecuencias de la desigualdad, condenando la absoluta libertad de contratos en Venezuela, una ley del rico, que se opone a la Igualación de las fortunas (op. cit., pp. 150, 151, 170, 177, 178, 190).
La valoración de América frente a Europa parece disipada por hechos como el antedicho instrumento jurídico, pues hubo, hay, ha habido, cierta virtualidad (“sentimientos morales…rasgos de noble largueza y de generoso desprendimiento”) (4) que Toro asocia con “la raza castellana”, sustituida “rápidamente”, a su parecer, “por el espíritu de agio, la sed de lucros por vergonzosos que sean, la práctica de la usura en su más destructora variedad”, que “han invadido…todas las clases del pueblo, con muy poco adelantamiento de los intereses materiales” (pp. 171-172). Consideraciones que hacen presumir que Toro avanzaba en una revisión crítica de la historia venezolana.
Fe igualitarista de Toro que se pondrá de manifiesto, una vez más, en su cuadro Costumbres de Barrullópolis (revista Mosaico, Caracas, I, 48-50, año 1854):
“!Oh feliz igualdad! ¡Oh edad de oro! Feliz tierra de bendiciones y prodigios, donde la naturaleza rica y juguetona se complace en reunir en un punto tantas y tan variadas producciones…”
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4) En el mismo texto, Toro pondera “como el hecho más portentoso de la revolución americana, la unión íntima y perfecta de tantas clases y castas diferentes, del negro y del blanco, del pardo y del indio, del señor y el esclavo, acordes todos en un mismo sentimiento de libertad e independencia; cuando quiere explicarse la ausencia de odios, entre estas diferentes razas, los sacrificios mutuos, la confraternidad en los campos de batalla, la asociación pacífica en las reuniones populares y en las asambleas legislativas, la armonía nunca turbada en los negocios públicos y en las relaciones domésticas, forzoso es ocurrir a la influencia de las costumbres que bastaron para contrarrestar la influencia del sistema colonial; a los sentimientos desinteresad0os, y a la prestación gratuita de servicios, al horror de parecer cometiendo extorsiones con el pobre, y a un uso, en fin, del dinero y de la riqueza, menos sórdido que el de la época actual que ha convertido las relaciones sociales en una lucha de agiotaje” (Toro, 1960, p. 171).
5. EL FUEGO CRÍTICO
Un afán de equidad en medio de una realidad desalentadora y confusa, indujo en Fermín Toro, buena parte de los desarrollos teóricos y subsiguientes búsquedas expresivas para dar cuenta de antagonismos y asombros. A tal empeño acude una sensibilidad que reconoce y lo orienta para advertir realidades tras brillos y apariencias. Disposición que refuerza una señera voluntad hacia el estudio: democracia y libertad pasan por la indispensable “ilustración”, expresa alguna vez (Tosta,1958: 348 ).
Añadido a lo cual, una inquebrantable confianza en un punto de equilibrio entre tantas Scilas y Caribdis: ni “excesivo ardor” ni “sangre helada”, “estolidez” ni “indiferencia cosmopolita”.
“Filósofo de la armonía” lo califica Tosta (1958, pp. 170-183), resultante de esa búsqueda entre unidad y variedad, inequidad y justicia, individualismo y voluntad colectiva, Libertad e igualdad, desproporciones y límites.
Profesor de Retórica en El Colegio Independencia, Toro hace gala de un dominio de las figuras pertinentes y los giros con qué ataviar sus angustias:
“las ideas pueden llegar a tener su precio en el mercado, y el pensamiento convertirse en un monetario” (Toro, 1960: p. 171).
En Los Mártires narra un fastuoso matrimonio en que la vida parece detenerse para que solo sea advertido el centro luciente y suspendido el “fatídico clamor” de la miseria, ocultándose “bajo las galas del trono”, los “andrajos” del mendigo. Mas no a la voracidad justiciera de Toro.
Descubre, “a la vista de los suntuosos palacios” de “los grandes”, “una muchedumbre famélica contemplando con frenética avidez las inmensas acumulaciones de la nueva Tiro”. Que por artes del matrimonio de la reina Victoria con Alberto “no está en tinieblas la morada del pobre”, ya que “suspende la miseria su fatídico clamor para que sólo así se oiga el himno epitalámico”. Bajo los efectos de este “milagro” es por lo que hoy el rico y el pobre hacen las paces; suspenden su eterna querella”. La predisposición crítica del joven venezolano hará posible que bajo el deslumbramiento de ese “himno” y la descarga de resplandores y de música, se patentice ”esa otra faz, esa faz deslucida y triste de las naciones industriales”.
La caridad no se manifiesta por parte del obispo de Londres ni de ricos como Hector Mc Donald, empeñado en corromper a la desvalida Emma.
Carlos (al parecer Fermín Toro) al interrogarse acerca de lo que hace la familia de la joven, le contestan que “morirse”, para advertir que “la razón concibe la justicia en la distribución de los bienes de la vida”
Un acoso al que se suman los despidos en las fábricas, la desesperación, el odio, la muerte de Eduardo víctima de obreros que defienden su espacio laboral. Mientras Teresa, la madre enloquecida, se refugia en la biblia:
-Breve es la vida de todo potentado….
-No valdrán las riquezas en el día de las venganza….al impío una vez muerto no se concede esperanza”.
Melodrama, aderezado con una adjetivación tan pobre como abundosa, como para que reciba el cuestionamiento de casi todos los estudiosos que han comentado dicha novela.
Excesos que el mismo Toro ridiculiza en su cuadro de costumbres “Un romántico”.
Sus planteamientos de 1839 resultan más convincentes en las Reflexiones de 1845 y en su famoso discurso ante la Convención de Valencia:
“No se pide sangre, señor, como se pide lluvia al cielo” (Toro, 1960: p. 210) oponiéndose a diputados que exigen pena de muerte.
Son fugaces los triunfos populares:
“jamás la violencia restablece la armonía, las medidas injustas no hace más que provocar nuevas injusticias” (op. cit., p. 157)
Convoca a sociólogos y economistas para que den cuenta del giro, los jirones, la carne que explica las cifras; llenar de sustancia las estadísticas para echarlas a andar.
De los economistas: que “su objeto es resolver los problemas de la creación, aumento y conservación de la riqueza de un modo absoluto; y así como aconsejan la tala de un bosque improductivo, así condenan a muerte la población pobre que no participa de la riqueza” (op. cit., p. 113)
“Las estadísticas están formadas según el espíritu de la sociedad europea y según el espíritu que debe guiarnos para apreciar el estado de las sociedades humanas e investigar la suma de bien que gozan. …. Si es verdad que el género humano no ha de dividirse en raza de víctimas y raza de sacrificadores, apreciarse debe la condición social de una nación no por el número de los poseedores, sino por el de los que carecen. Examínese donde las fortunas están más repartidas; fórmese la escala descendente; dígase donde hay menos seres racionales que carezcan de lo que hace la vida más llevadera, dónde hay menos de esos seres que viven en perpetua agonía y para quienes la vida es una maldición, y la cuestión entera, una iniquidad, y entonces diremos a punto fijo cual es la nación más dichosa, cuál la sociedad más humana” (op. cit, p. 52).
Idea inspirada quizá por Sismondi, quien criticando a Smith, cuestiona ese principio que vela por el “desenvolvimiento de la riqueza sin tener en cuenta la relación que debe existir entre la riqueza nacional y la prosperidad de la población” (op. cit., p 107).
Feudalismo Industrial llama ese conjunto de innovaciones, que apenas nacida con la revolución burguesa, tiene efluvios de muerte y consternación. Sus columnas fundamentales (las fábricas, el capital) semejan terribles pústulas donde se propaga una maldición infernal.
Recurre a los Nouveaux principes de´economie politique de Sismondi, para denostar de un estado de cosas generador de conflictos: “no aplaudamos todos los principios que domina en la Europa civilizada; aún están desfigurados por el egotismo y la violencia, que mantienen en lo interior de cada nación una parte de la sociedad en un estado de abyección y envilecimiento cual nunca quizá se ha visto en la humanidad” (op. cit., p. 32). Y en esta circunstancia, el que “exista una tribu de parias, una raza de víctimas, que arrastra los arreos de la miseria y de la ignorancia, del envilecimiento y del crimen; sin pan y sin hogar; lanzando en derredor miradas de envidia y desesperación; buscando a quien pedir o a quien arrebatar el alimento y dispuesta a cometer todo linaje de delitos, por lo que hay tantas “personas destituidas de todo medio de subsistencia”, ladrones, rateros, contrabandistas”, mendigos, prostitutas. Estas últimas en 1831representaban más de la sexta parte de la población de Londres (op. cit., p. 38).
Fermín Toro parece aproximándose hacia una posibilidad del hecho social total, cuando precisa cierta trama en el sistema inglés que va desde tiranía externa hasta la que se sumerge en la vida cotidiana del país dando lugar a suntuosidad, molicie, vanidad, elocuencia, al mismo tiempo que pauperismo y delincuencia (op. cit., Pp 37-8).
Todo al alcance de su prodigiosa y desinteresada percepción: sucesión de despotismos en la historia de Francia, tiranías formales o reales, ciencia y arte encubriendo o reforzando el malestar, etc. (op. cit., pp 43, 51-3)
Elaboración principista que nos persuade de la posibilidad de que el ensayo “Una ojeada sobre la Inglaterra”, publicado sin firma en el periódico sabatino caraqueño La Voz del Patriotismo de 1851, fuese de su autoría (5). Carrillo Batalla (1998) reproduce texto de Toro en que se vislumbra esa perspicacia frente a lo que aquel considera imperialismo inglés: “Inglaterra vio siempre con ojos de mercader las vastas posesiones de América, con miradas irritadas media el vasto campo que podía abrirse al tráfico y consumo de los productos de sus fábricas…” (p. 59).
En la entrega del ensayo “Europa y América”, correspondiente a la edición del 18-6-39 de El Correo de Caracas, acudiendo a “Estudios sobre las constituciones de los pueblos libres” de Sismondi, denuncia Toro al imperialismo, en virtud de las agresiones de Francia, con el apoyo inglés, contra México. Advierte a las repúblicas americanas que no cuenten “jamás sino con sus propias fuerzas”, exhortándolas a “desconfiar siempre de las miras de Europa” (Toro, 1960, pp. 79 y ss).
Sanoja (1965) se admira de este venezolano del siglo XIX que “volcaba su enorme caudal de datos condenatorios sobre la expansión colonial inglesa”, anticipatoriamente.
Aunque en la edición del 2-4-39 del mencionado periódico, condena Toro cierta “frenética democracia¨, en que puede destruirse todo lo racional y es fecunda en monstruosidades. Desdice asimismo de la Revolución Francesa y cualquier otra forma de violencia (Véase Toro, ob. cit., p. 43-6).
La abolición de la esclavitud, que estima justa, la estima insincera entre los ingleses, quienes la habrían decretado por conveniencias económicas (Op. cit., p 62).
Toro es autor de un justiciero poema titulado “La Esclavitud” reproducido por la revista La Tertulia en su t. IV, mes IV, No 12, de agosto de 1875-
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5) El ensayo “Una Ojeada sobre la Inglaterra” aparece publicado sin sin firma por los editores del periódico La Voz del Patriotismo, anti-paecista y pro-monaguero. Sin embargo, dicho semanario, inserta trabajos firmados por Toro. A saber: fragmentos de su novela Los Mártires y una crítica al Resumen Geográfico de Venezuela de Agustín Codazzi.
Toro mantuvo una discreta y crítica distancia ante el gobierno de Monagas, pero los comerciantes ingleses no le perdonaron sus juicios contra la Ley del 10 de abril y fue uno de los venezolanos denostados por el cónsul inglés Wilson por la sustitución de esta ley por la Ley de Espera y Quita en 1849 bajo el gobierno de Monagas (Véase El Diario de Avisos 95 del 17-12-1851).
En la edición 19 de La Voz del Patriotismo del 20-9-1851, el anónimo autor del ensayo “Una ojeada…” hace referencia a hechos vividos por Toro en Inglaterra: una petición de los cartistas al parlamento inglés y estadísticas de la época.
Dicho ensayo se inicia en el número 2 del mencionado sabatino correspondiente al 28 de mayo de 1851, con epígrafe, en inglés, de la obra Don Juan de Lord Byron: “cuando los hechos hablan, callan las teorías”, inquietud que Toro manifestaba, en sus Reflexiones de 1845, cuando condena “la fascinación o especie de demencia que causan las teorías puramente especulativas”. Criterio que sirve, al anónimo autor de “Una Ojeada…”, para condenar los “sectarios de Mac Culloch, Adam Smith, Say, Blanqui y demás” en cuanto a su teoría “despreciadora del dinero y a su aplicación en los negocios de Venezuela”. Se enjuicia allí las relaciones comerciales de nuestro país con Inglaterra, tanto por la carencia de reciprocidad y equidad, como por los efectos nefastos para las clases depauperadas de ambos países: “los males que abruman a la Inglaterra proceden de su organización aristocrática, de sus leyes que concentran la propiedad en manos de un pequeño número de individuos…” (No 19 La Voz del Patriotismo del 20-9-51).
Excita al estado para que reaccione: “Poco falta ya para que la operación de las tarifas extranjeras y nuestra indolencia hayan borrado del catálogo de las naciones el nombre de Venezuela, sin que hayamos puesto término a tratados” que nos han convertido “gratuitamente” en “esclavos de la Gran Bretaña” (La Voz del Patriotismo 18 del 13-9-1851).
El documento “Algunas observaciones dirigidas especialmente a la comisión legislativa” insertas en los números 16, 17 y 18 del mismo periódico, referidas al injusto comercio con GB, parecen también emanados de la misma pluma de Toro. Están suscritos en Valencia, el 14 de agosto de 1851, no lejos de la hacienda Togo, próxima a Guacara, donde estuvo Toro refugiado en estos tiempos.
6. ENTRE RUINAS Y UTOPIAS
De Armas Chitty (1966), al juzgarlo “uno de los hombres de más recio optimismo que ha dado esta tierra”, cita este texto de Toro, que reproduce Salcedo Bastardo: “ley es de nuestra inteligencia edificar aunque sea con ruinas de ruinas” (p. 215).
Mientras que para Sanoja (1965) “contrariamente al socialista utópico, la tesis del venezolano se basa en un “ser histórico”, en el examen concreto y real, no en un “deber ser”, en deducciones más o menos éticas”. Puntualizando que se adelanta tanto a Engel como a Marx (6)
Aún así, se observa que los conceptos esgrimidos por Toro se emparentan con los de los socialistas utópicos. A saber:
a) preferencias por “la antigua encomia feudal en que el mismo propietario cultiva el suelo (Sismondi) y recusación de la gran industria que destruye el régimen patriarcal, donde todo ocupaba su debido lugar”; rechazo a la revolución francesa a la manera de Luis Bonald, José de Maestre, Adam Muller, Coleridge, Southey, Chateaubriand) y restauración de las condiciones que habían reinado antaño en la “merry England” con todos los esplendores y sus románticas galas feudalistas exaltadas por los miembros de la Joven Inglaterra (Disraeli, Borthwick, Ferrand, John Manness, Lord Asheley). De Chat, para desprestigiar a Carlyle (1795-1881), establece un paralelismo entre las condiciones de los siervos ingleses en 1145 y las de los obreros ingleses en 1845.
  1. Sismondi como Lammenais y Felipe Buchez, corresponden al principio de Toro según el cual la religión y la ética cristianas son los factores principales del progreso: “Ninguna otra escuela habló tanto de la aplicación de la ética a la economía política. La religión divina…purificó la moral, mejoró al individuo para mejorar la sociedad, santificó el dogma de igualdad y enseñó, para que nunca más se olvide, la independencia del pensamiento” (Toro, 1960: 31). Agregando que “La igualdad, esa única base justa de la sociedad humana, ese testimonio interno, irresistible, universal, del derecho de todos los hombres a igual participación de los bienes de la vida, de los dones de la Providencia, ¿Dónde se proclamó? En el evangelio (op. cit., p. 65).
  1. Asimismo atribuye Toro a la religión cristiana, “haber revelado el sentido de las palabras humanidad, libertad e igualdad, la religión del pobre, la religión democrática. Para el pobre, para el pueblo, para la turba doliente son las promesas del reino santo, para el rico, para el déspota, para el poderoso las puertas están cerradas”. Considera, pues “la reconvención, el convencimiento, propio, moral”, la tremenda amenaza del Evangelio “contra el rico, objeto eminentemente humano, eminentemente social” (Op. cit., p. 68).
A fin de que el poderoso recapacite, debe intervenir el imperio de la ley y la interpretación moral, en oposición al principio de utilidad y los intereses individuales: “la equidad solo puede hacer firme y respetable la ley. Entonces ella es verdaderamente tutelar; protege al pobre contra las extorsiones del rico, y al rico contra la codicia del pobre” (Op. Cit., p. 190). Postulando una armonía social que darán lugar a la moral y las buenas costumbres.
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6) Sanoja (1965) observa que tanto en Toro como en Federico Engel “se llega a similares conclusiones”, aunque la obra de este último (1844) fue escrita cinco años después de la de Toro (1839) . Circunstancia ésta en que Marx se ocupaba de Epicuro y Demócrito y hacía cuestión de un año de la publicación de la triste novela de Dickens Oliverio Twist (1838) sobre la explotación de niños en las industrias.
BIBLIOGRAFIA
CARRILLO BATALLA, T. E. Historia del Pensamiento Económico de Fermín Toro. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 421 p. (1998)
COL, G. D. H. Historia del pensamiento socialista. México: Fondo de Cultura Económica. (1957).
DE ARMAS CHITY, J. A. Fermín Toro y su Época. Caracas: Inciba. (1966).
MIJARES, Augusto. “Libertad y Justicia Social en el Pensamiento de Fermín Toro”, en Discursos de Incorporación. Caracas: Academia Nacional de la Historia, T. 3 pp 107-193, (1966).
SANOJA HERNÁNDEZ, J (Seud. Martín Garbán). “Un extraño socialista”, en El Nacional, Caracas, 30 de diciembre de 1965, p. A-5
TORO, Fermín. La Doctrina Conservadora. Caracas: Presidencia de la República (1960).
TORO, Fermín. Los Mártires (novela). Caracas: Centro de estudios Literarios, escuela de Letras, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela. (1966) (Estudio preliminar de Gustavo Luís Carrera; Notas y referencias críticas de Amaya Llebot de Pérez).
TOSTA, Virgilio. Fermín Toro: Político y Sociólogo de la Armonía. Caracas-Madrid: Imprenta Juan Bravo (1958).

martes, 29 de marzo de 2011

RIBAKOV: EL AUTOR QUE PUSO EN BOCA DE STALIN UNA DE SUS MÍTICAS FRASES

Ribakov: el autor que puso en boca de Stalin una de sus míticas frases
Imagen: RIA Novosti / Vladímir Fedorenko
Los hijos del Arbat’, una de las primeras denuncias literarias de los métodos estalinistas de represión, fue publicada en 1987 y obtuvo la aclamación más amplia posible en Rusia. El autor de esta novela, Anatoli Ribakov, cumpliría hoy 100 años.

Ribakov obtuvo fama como escritor de novelas para adolescentes y la mayoría de la gente no sabía que en un lugar secreto guardaba el manuscrito del libro cuyos capítulos se negaron a publicar en la URSS por su contenido 'antisocialista', mientras otros ansiaban hacerlo en el extranjero. Esto último habría supuesto problemas con las autoridades del país y la consecuente retirada del resto de sus ejemplares. Así que el escritor esperó su segundo 'ascenso a la fama' por cerca de 20 años. Actualmente, la obra que le proporcionó esa celebridad, ‘Los hijos del Arbat’, está editada en 52 países.

Ribakov fue el primero en unir en una novela para adolescentes un argumento atractivo lleno de aventuras y persecuciones con una gran profundidad psicológica y un espíritu patriótico, destacó en la entrevista a la agencia RIA Novosti el autor de literatura moderna para jóvenes Yevgueni Nekrásov.

“Regresó del frente de la guerra como el mayor Anatoli Ribakov y escribió para distraerse un libro infantil, ‘La daga’, que de inmediato lo convirtió en un James Fenimore Cooper soviético”.

A sus personajes jóvenes de novelas infantiles los introducía en un mundo de problemas de adultos, algo contrario a la tendencia general de ese tipo de literatura soviética, que elogiaba la infancia feliz en el país. Mientras a sus personajes adultos y a sus lectores de novelas para mayores les metía en una realidad más oscura.
“La muerte resuelve todos los problemas. Hay un hombre, hay un problema; no hay hombre, no hay problema”. Iósif Stalin pronuncia esta frase en la novela ‘Los hijos del Arbat’ y todavía sin pruebas históricas irrefutables le achacan al propio caudillo la autoría de este aforismo. De hecho, esa obra es la quintaesencia de novela antiestalinista ambientada en los años treinta. Este fue el principio de Stalin, según el literato, y lo mostró a través de los destinos de unos jóvenes que vivían en el centro de Moscú. Son gente cuya juventud transcurrió durante el florecimiento del culto al dictador que logró someter a su voluntad a millones de personas y establecer la dirección del desarrollo del país.

“Sobre Ribakov decían que conocía el régimen de Stalin hora a hora. Pero esto es un mito, ya que toda información política o de ésta índole era inaccesible y numerosos libros incluyen las tradicionales y secretas 'charlas de la cocina' que solían mantener algunos intelectuales. Y Ribakov fue uno de los que creó este mito sobre la época de Stalin que hasta estos días percibimos como una literatura documental”, destaca Yevgueni Nekrásov.

La respuesta a esta acusación se puede hallar en la entrevista del mismo autor al periódico El País antes de la edición de este libro en español en la que destacaba a la corresponsal Pilar Bonet que ha mostrado al mandatario tal y como era. "No me he inventado nada. He hablado con mucha gente que lo conocía, que había hablado con él y que me lo describió detalladamente, y me bastaron algunos trazos para hacer su retrato. Además, yo he visto a Stalin en la tribuna. Tengo sus obras completas, los documentos de todos los congresos y de los procesos". (En una entrevista realizada el 29/01/1988). Además, durante el trabajo sobre el libro usaba sus notas hechas después de las conversaciones con personas que trataron al líder y la prensa de aquellos años.

Imágenes del serial 'Los hijos del Arbat' / kino-teatr.ru

Imágenes del serial 'Los hijos del Arbat' / kino-teatr.ru
La obra refleja cómo se manifiesta la gente durante las duras pruebas a las que son sometidos. Se ve cómo la crueldad y el miedo a pronunciar incluso una palabra que podía decidir el destino de una persona destacaba en las reuniones que se celebraban en cualquier organización, ya fuera en el trabajo o en la universidad. Unos temían expresar su opinión y apoyar a su amigo, otros, no. Una de esas decisiones (apoyar a o no a su jefe), es la que tiene que tomar el protagonista del libro, Sasha Pankrátov, quien encarnaba la moralidad y está basado en el propio autor. La casa donde vivía Sasha, en la calle Arbat, número 51, es la casa donde creció el dramaturgo. Como Sasha, fue condenado a tres años de prisión y expulsado del instituto donde estudiaba por su participación en un asunto parecido al de su obra: la redacción de un mural informativo que interpretaron de forma absurda. De hecho, es un recuerdo desde los años sesenta sobre los años treinta de la persona que pasó por las oficinas del KGB, conocidas como 'Lubianka', la prisión de Butirskaia y la deportación a Siberia. Ribakov destacaba que en los treinta ya era un hombre adulto, así que aquella época, que para muchos es historia, para él fue parte de su vida.

Imágenes del serial 'Los hijos del Arbat' / kino-teatr.ru

Imágenes del serial 'Los hijos del Arbat' / kino-teatr.ru
‘Los hijos del Arbat’ fue considerada como “el símbolo de un nuevo deshielo cultural, y para muchos ciudadanos ha supuesto la revelación apabullante de unos horrores que conocían sólo de forma fragmentaria”, afirmaron los críticos de numerosos periódicos (De la entrevista a El País en 1988 a Pilar Bonet, 29/01/1988).

El autor tuvo una vida larga y no precisamente fácil. Al graduarse en el colegio trabajó como porteador, después como conductor y luego estudió en la Universidad del Transporte. A la edad de 22 años fue arrestado por emitir propaganda contrarrevolucionaria y fue deportado a Siberia. Hasta después de muchos años no se le permitió vivir en Moscú y otras grandes ciudades según una regla especial para los reclusos. Así cambió mucho su lugar de residencia en Rusia hasta que en julio de 1941 le movilizaron para el Ejército y pasó en el frente toda la Gran Guerra Patria, luchando por Moscú y asaltando Berlín, consiguiendo muchas condecoraciones. Pero lo principal en su vida fueron sus libros, que se ganaron el amor de multitud lectores. Cabe destacar que las 14 novelas y cuentos escritos por él han sido llevadas a la pantalla. Entre ellos están ‘La daga’, ‘El ave de bronce’, ‘Ekaterina Voronina’, ‘La arena pesada’, ‘Los hijos del Arbat’, ‘El Terror, ‘Polvo y cenizas’ , entre otros. En los años noventa, al desintegrarse la URSS, Anatoli no aceptó los cambios que se sucedieron en el país y emigró a EE. UU., aunque seguía volviendo cada año para pasar unos 4-5 meses participando en la vida literaria y social de Rusia. Murió el 23 de diciembre de 1998 en Nueva York. Sus restos se encuentran en un cementerio de Moscú.

viernes, 25 de marzo de 2011

"No.... Esos autores no se publican en Cuba...."*

¿Guillermo Cabrera Infante? El librero de la Plaza de Armas, en el centro de La Habana, mueve la cabeza nervioso, con los ojos chispeantes: "No. Entienda: Esos autores no se publican en Cuba...". ¿Pedro Juan Gutiérrez? "Ese tampoco. Está fuera", y el sexagenario y sagaz vendedor entreabre una sonrisa. Confrontado con la permanencia de Gutiérrez en la capital cubana, completa el argumento. "Él es un disidente, piensa diferente del gobierno, usted no lo encuentra en las librerías. Ni aquí, vea".
Lo que hay en la cuadrangular feria de libros es un mar tranquilo de Che Guevara, Fidel Castro, revolución y Ernest Hemingway, además de los toques de santería y mitología. Dos de los más electrizantes autores cubanos contemporáneos están fuera de los anaqueles. Con un detector de malicia, el librero sigue: "Aunque Cabrera, después de muerto... Todavía se encuentra, pero es difícil. Tengo otro aquí, preste atención: Leonardo Padura Fuentes". Ofrece el libro Adiós Hemingway & La cola de la Serpiente. "Mire, son narrativas policiacas, pero solamente en la superficie. ¿Notó? Van más allá, van más allá...", insinúa.
Los pensamientos menos reglados todavía piden a Cabrera Infante, rememoran sus dentelladas históricas en la yugular de los revolucionarios de 1959. Se siente la evocación del poeta Federico García Lorca, en la puerta del Hotel Inglaterra, paralizado con la lluvia caribeña y las "cataratas del cielo".
Cabrera: el calor de sus libelos, los juegos verbales, el manejo irónico de los sustantivos. El exiliado y sus obsesiones. El autor de Tres tigres tristes, Mea Cuba y La Habana para un Infante Difunto, sepultado en el exilio en Londres, en 2005, sigue contorciéndose en la narrativa que venga una ciudad perdida, arruinada y vaciada en sus 40 años de ausencia. Difunta desde que partió de Cuba, definitivamente, en 1965. Vino a enterrar a la madre y a renunciar a las funciones diplomáticas en Europa. Terminó preso. La última prisión.
Revolucionario de primera hora, rompió con Fidel Castro después de los primeros gestos de censura a la creación artística. Un cerco a la libertad de pensamiento que su rival Gabriel García Márquez calificó, en un reportaje de 1975, como una "valorización desmedida" de la importancia del artista en el mundo. Una condescendencia fantástica con el régimen cubano, merecedora de zapatazos de Cabrera, que detectó en el Nobel colombiano, el "candor que se confunde con cinismo".
Claudio Leal
La Habana, Cuba


martes, 1 de febrero de 2011

Que todos fuéramos arrepentidos

Los escritos de contrición dirigidos a Stalin constituyen un verdadero género literario: el ansia de alcanzar el perdón de los pecados cometidos contra el amo y árbitro de vidas y haciendas es idéntica a la expresada por los sospechosos de herejía a los guardianes del dogma católico cuatro siglos antes, dice el escritor español.

POR JUAN GOYTISOLO

 STALIN. En una típica pieza de la iconografía oficial soviética. A él estuvieron dirigidos los textos de contrición de Mandelstam o Babel.
STALIN. En una típica pieza de la iconografía oficial soviética. A él estuvieron dirigidos los textos de contrición de Mandelstam o Babel.
Los asfixiantes poderes autocráticos que se suceden a lo largo de la historia de las diversas civilizaciones del planeta, fundados siempre en el miedo y la humillación de los seres humanos, inspiraron al gran escritor egipcio Gamal El Guitani las figuras contrapuestas, pero complementarias, de Zayni Barakat, el personaje que da el título a su novela (1), y de Zacarías Ibn Radi, servidores ambos del sultán El Guri. Mientras la “filosofía” de Ibn Radi, regidor de un averno de suplicios y ejecuciones de los sospechosos de desafección al déspota, se resume en su reflexión de cancerbero: “El cruce del umbral de nuestras puertas debe ser para el prisionero un límite entre dos períodos. Su vida se ha de dividir en dos partes, de tal manera que cuando un individuo salga de aquí, no habrá cambiado de nombre sino de alma”.
Su colega Zayni preconiza métodos más sutiles que el tormento, como el de la utopía del mundo virtual en el que hoy habitamos.
“Yo ya veo el día en el que el gran jefe de los espías podrá examinar la vida entera de una persona (...) Y, no sólo lo que es visible, sino también sus deseos, sus sueños, sus inclinaciones (...) De manera que podríamos predecir lo que va a hacer un individuo al llegar a la edad adulta (...) ¡Obremos juntos para alcanzar la conversión de la humanidad al espionaje!” El sueño de Zayni Barakat de una humanidad adepta del espionaje, en la que cualquiera que suspirara de modo distinto de los demás debía ser denunciado, cuajó en una siniestra realidad. La delación generalizada de vecinos, conocidos, amigos e incluso familiares próximos adquirió un valor ético tanto en la época de la Inquisición establecida en Castilla por Isabel la Católica como en la Rusia de Stalin. Los archivos del Santo Oficio, como los de la KGB, rebosan de documentos de toda índole sobre esa actividad promovida y ensalzada por las autoridades religiosas católicas y las del régimen soviético. Un cotejo de unos con otros resulta esclarecedor: los libros de Juan Antonio Llorente, Serrano y Sanz, Amador de los Ríos, Américo Castro, Sicroff, Domínguez Ortiz, Caro Baroja, Gilman y Jiménez Lozano reproducen una masa de documentos muy similares a los expuestos en la trilogía de Vitali Shentalinski (2).
La disimilitud existente entre el Santo Oficio y el NKVD estriba en que, a diferencia del primero, éste no se dejaba corromper. Con todo, el mecanismo seguimiento-denuncia-registro-detención-interrogatorio con tortura o sin ella-sentencia es idéntico.
En la noche del 16 al 17 de mayo de 1934 tres agentes de la OGPU irrumpieron en el apartamento moscovita de Osip Mandelstam y, tras un minucioso registro, requisaron sus manuscritos en presencia de su esposa y de Anna Ajmátova, casualmente venida de Leningrado, antes de llevárselo preso a la jefatura de los Servicios Secretos. En el interrogatorio al que fue sometido, el poema sobre el camarada Stalin, leído semanas antes a algunos amigos por su autor, centró el interés del comisario instructor: es el famoso texto de “el montañés del Cáucaso” cuyos “bigotes de cucaracha ríen y las cañas de sus botas refulgen”. Mandelstam reconoce la autoría y se ve obligado a redactar la historia de las personas ante las que lo recitó. En ella figuran Ajmátova y su hijo Leo Gumiliov. Los instructores del expediente contaban con la preciosa ayuda de delatores cercanos al círculo de amigos del poeta y de esos colegas mediocres, oportunistas y envidiosos que pululan en el Parnaso desde tiempos inmemoriales.
El juicio de Mandelstam parece listo para sentencia –la ofensa al camarada jefe no merece perdón ni conmiseración algunos– pero la valiente intervención de Pasternak –su llamada telefónica a Stalin– le salva la vida. Mandelstam fusilado, piensa éste, sería más dañino que atrapado sin remedio en la telaraña de los servicios secretos. El poeta será condenado tan sólo a tres años de exilio y, de vuelta a Moscú en 1937, detenido de nuevo y enviado a reeducarse a los campos de trabajo de Vladivostok y Kolyma. Su viuda, Nadiezhda, nos ha dejado un emotivo testimonio de su muerte lenta en 1940. Vitali Shentalinski reproduce la misiva desesperada que aquélla envió a Beria suplicándole su mediación y a la que el temido comisario no se dignó contestar.
Los escritos de contrición dirigidos a Stalin constituyen un verdadero género literario: el ansia de alcanzar el perdón de los pecados cometidos contra el amo y árbitro de vidas y haciendas es idéntica a la expresada por los sospechosos de herejía a los guardianes del dogma católico cuatro siglos antes. El poder absoluto del dios del Kremlin fascinaba a sus víctimas. Mandelstam, como Ajmatova, Bulgakov y Pasternak, no escapaban a dicha angustiada idolatría.
Como decía en 1663 Antonio Enríquez Gómez, autor de Vida de don Gregorio Guadaña , novela precursora –por la invención de la memoria intrauterina del héroe– de Tristram Shandy, Bras Cubas y Cristóbal Nonato extinto por judaizante en una cárcel secreta del Santo Oficio: “Ese tribunal es peor que la muerte, pues vemos que ella tiene jurisdicción sobre los vivos, pero no sobre los muertos”.
La opresión religiosa de la España inquisitorial y la ideológica al servicio del estalinismo se dan la mano: las incontables actas de los archivos del Santo Oficio son la mejor prueba de ello.
Al establecer una correlación entre el Santo Oficio y el OGPU-NKVD soviéticos no olvido claro está las diferencias existentes entre ambos en función de la época en la que desarrollaron sus actividades y de los principios que las sustentaban. La policía ideológica que encarnaban partía de bases antropológicas en el caso de la Inquisición creada para vigilar estrechamente a los judeoconversos mediante el escrutinio de sus palabras, costumbres y escritos. Su inquietud intelectual, producto de la constante presión a la que se hallaban sometidos, les inclinaba al racionalismo –“extravíos filosóficos”, dirá Menéndez Pelayo– que va de Fernando de Rojas a Spinoza y Uriel da Costa tan bien estudiado por Revah, y a partir de Lutero, al protestantismo que se extendía por Europa desde mediados de siglo. La amenaza de este último acentuó dicha presión, en especial al retorno de Felipe II de Inglaterra y Flandes. La Inquisición disponía de una red de malsines y espías de oficio amén del común de las gentes: la delación era un deber patriótico y religioso a ojos del “cuerpo sano de la nación española” y los centinelas de la fe católica disfrutaban de consideración social, privilegios económicos y promociones en el escalafón eclesiástico y administrativo.
Por dicha razón, el estudio de muchos autores del llamado Siglo de Oro, dejando de lado el contexto en el que se desenvolvió su labor, me parece tan prejuiciado y a fin de cuentas tramposo como sería leer las obras de Ajmátova, Bulgakov o Mandelstam omitiendo las circunstancias dramáticas en las que las elaboraron según nos revelan los archivos de sus acosadores expuestos en la trilogía de Shentalinski.
Mea culpa
Como admite el propio Menéndez Pelayo, a raíz del proceso a los protestantes de Sevilla y Valladolid, las cárceles se llenaron de gentes. Centenares de ellos fueron quemados en la pira. Los libros y manuscritos eran tan temibles por lo que callaban como por lo que decían. El “cordón sanitario” evocado por Bataillon al comentar la orden de regreso a España de quienes estudiaban en Flandes y otros países contagiados de herejía, cerró nuestras fronteras a cal y canto. El roce con extranjeros resultaba sospechoso. Los que manifestaban inquietudes espirituales, en especial los de origen judío, eran sometidos a una estrecha vigilancia mientras se les iniciaba expedientes por toda suerte de crímenes.
Las ambigüedades y contradicciones de quienes medraron bajo el poder soviético –el Gorki denunciador de los atropellos sufridos por los intelectuales en la época de Lenin, exiliado en Italia durante siete años y defensor a su regreso a la URSS de Zamiatin, Bulgakov y otros autores acosados por la policía política se convirtió luego en un tótem de ojos vendados en la etapa final de su vida– son las de numerosos escritores y artistas que abdicaron de sus ideales para acomodarse a una existencia holgada e incensada por los turiferarios del poder. Los ejemplos de delatores voluntarios y de quienes Cernuda denomina “vientres sentados” abundan tanto en la URSS como en la España inquisitorial o la de Franco y no cabe citarlos aquí.
Lo acaecido a Isaak Babel, autor de La caballería roja y de otros relatos publicados en los años veinte del pasado siglo, merece un capítulo aparte. Alejado voluntariamente de la literatura consagrada a la edificación del socialismo, vivió a continuación un largo período de ostracismo oficial similar al de otras grandes figuras de la literatura rusa (Bieli, Zamiatin, Ajmátova, Mandelstam, Bulgakov, Pasternak, etcétera). Cuando se inició la segunda oleada del gran terror, su vinculación con otros sospechosos de desafección al régimen y sus viajes al extranjero le convirtieron en objetivo preferente de la Cheka. Patética es la carta de Babel a la atención del comisario del Pueblo de interior de la URSS en la que confiesa la devastación interior causada por sus concomitancias trotskistas, sus escritos alejados de los intereses de la construcción socialista y del lector soviético. Como hizo también el poeta cubano Heberto Padilla treinta años más tarde, en una deliberada parodia de las confesiones al NKVD, Bábel escribe: “La liberación me llegó en la cárcel. Durante estos meses de encierro he reflexionado quizá más que en toda mi vida y he entendido muchas cosas. Ante mí han ido desfilando con una claridad estremecedora todos los errores y crímenes de mi vida, la corrupción y la podredumbre de todo cuanto me rodeaba, principalmente del círculo trotskista”.
Con todo, al final de la instrucción, el reo se desdice: “No soy culpable de nada, nunca fui espía, ni he realizado ninguna actividad contra la Unión Soviética. En mis declaraciones he mentido en mi contra. Les pido únicamente que me den la oportunidad de terminar mi último trabajo...”.
El 27 de enero de 1940, Babel fue ejecutado e incinerado en el crematorio de Moscú para borrar todas sus huellas. Días después serían fusilados igualmente Méyerhold y Kolstov, así como el feroz comisario de la Lubianka, Yezhov, quien, como aseguró en su mea culpa, “moriría con el nombre de Stalin en los labios”.
(c) Babelia y clarin (1) “Zayni Barakat”. Traduccion de Milagros Nuin Monreal.
(2) “Esclavos de la libertad”, Traduccion de Ricard Altes Molina.

jueves, 27 de septiembre de 2007

DE CÓMO UNA VEZ CONTRIBUÍ A CONSTRUIR EL COMUNISMO

Edgardo Malaspina*



Son tres días en tren desde Moscú hasta Kazajstán, el país de las estepas, y el Valle de las Piedras, donde las dunas cantan al soplo de los vientos y se encuentra el cosmódromo Baikonur, rampa de lanzamiento del primer hombre al espacio.
El viaje se hace ligero, la lectura hace olvidar las distancias. A veces conversas amenamente con los compañeros del vagón, juegas al ajedrez o te entretienes en la ventanilla observando los paisajes móviles: estaciones con gente apresurada, árboles grandes, rieles paralelos, trenes en sentido contrario que dejan un ruido sordo, pueblos con casas de madera, hombres trabajando en un huerto o arreando vacas. Sueñas con el traqueteo del tren. En la mañana tomas el té caliente, y eso cae muy bien en el estómago.
Atravesamos los Montes Urales con su vegetación impresionante; la estepa, el desierto, arena y piedra para entristecerse y reflexionar. Tal vez contemplando un paisaje similar de inhóspito, el poeta ucraniano Tarás Shevchenko escribió:
-El desierto no tiene verdor alguno, sólo arena y piedras. Uno se siente tan triste, que dan ganas de ahorcarse”. Bueno, no era para menos: estaba preso.
Luego el espíritu se reconforta: aparecen pinares y ajenjos, bosques de bayas y setas. Más tarde vemos las yurtas, las viviendas de los pastores, cónicas, de piel de oveja y cercas de madera.
En el 1218 Gengis Khan invadió Kazajstán, el cual pasó a formar parte del Imperio Mongol, conocido mejor como la Horda de Oro. Después de muchas guerras los kazajos decidieron unirse a la Rusia zarista en 1731. Con el triunfo de la revolución rusa en 1917 los marxistas organizaron al pueblo, y en 1919 los kazajos rojos derrotaron a los blancos. En 1920 Kazajstan se declaró socialista y empezó la cooperativización de la agricultura a través de los koljozes.
Vivíamos en el koljoz “18 años de Kazajstán”, cerca de Shortandí, en una casa de paredes muy anchas. De día el calor era agobiante, y de noche hacía mucho frío. Estuvimos en Tselinograd y en Alma – Ata, la capital. Almá – Ata es la ciudad de los manzanos, las calles rectas, los canales y las fuentes refrescantes. Visitamos el Teatro Académico Kazajo de Opera y Ballet “Abái”, contemplamos la montaña de Koktiubé. Precisamente estuvimos en esta ciudad en 1978, año cuando se celebró allí la famosa conferencia internacional de médicos y en cuya declaración se definió el concepto de atención primaria de salud. Pero para esa época yo era un estudiante que apenas se iniciaba en la carrera de medicina y empleaba mis vacaciones para trabajar en las brigadas estudiantiles o stroiatriad. Esta aventura la repetí en el siguiente año. Mi brigada se llamaba Los Ingenieros.
Las brigadas estudiantiles de trabajo voluntario permitían obtener un dinero extra, pero también era una actividad idealista: una parte de lo ganado era destinado a un fondo de solidaridad con los pueblos en lucha contra el imperialismo, el neocolonialismo, el fascismo y la reacción. Así nos lo transmitían. Así lo repetíamos con orgullo. En 1978 aportamos tres días de nuestro trabajo a esos fondos solidarios.
Nuestra labor se relacionaba con la construcción: hacíamos casas con paredes hasta de un metro de grosor y techos compuestos de varias capas de diferentes materiales, aserrín y cemento. Este tipo de viviendas tiene una ventaja: cuando hay nieve produce calor, y al contrario, durante la estación calurosa son frescas porque no las penetra la luz solar.
Nos levantábamos temprano, y luego del desayuno nos dirigíamos a la construcción. Usábamos muchas piedras, las cuales cargábamos en parihuelas; y ese era precisamente uno de mis ocupaciones. En la tarde descansábamos. Los sábados eran también laborales; pero el domingo era de fiesta. Varias veces, al aire libre, hicimos la típica parrilla rusa o shaslik. La cerveza la traían en barriles y nadie se preocupaba en enfriarla. Era una cerveza fuerte y de un amarillo oscuro. A veces la fiesta era en un salón con música en vivo y mucho vino. Recuerdo un vino tinto ácido llamado Aldán que vendían en botellas pequeñas.
Observé que en el campo la gente solía andar en sus caballos y que la estepa es muy similar a nuestro llano. En un momento de nostalgia empecé a escribir unos cuartetos dedicados a Páez:

Gama de soplos raudos tendida sobre el llano
un retazo de sol ruboriza el ocaso
flameando en lo infinito su palpitar de arcano
va bordeando laguna sobre la hierba el paso.

Alba de claroscuro, canto de ave perdido
el rancho entre palmeras, en celestial reposo
romance del coplero, armonía de un bramido
prisionero el lucero del remansado pozo.

Luego seguía una retahíla de las mismas estrofas cursis con expresiones que invocaban a la mitología, Páez-Aquiles-Marte, rayos serpenteados, éter escarpado, infierno de Dante por batalla feroz, galope fragmentado, fulgor de metales, tropel en arrojo, tolvaneras, hecatombe; y un montón de otras ridiculeces, probablemente inspiradas en Venezuela Heroica y en Zárate. Años después cayó en mis manos un libro voluminoso llamado Versos al General José Antonio Páez. Entonces comprendí que en el subconsciente colectivo venezolano es Páez el héroe de mayor atractivo a la hora de recrear con la literatura nuestra historia porque encarna la materialización de la gloria a partir de la nada .El propio mito, pues.
El presidente del koljoz, un señor entrado en años y que siempre llevaba un sombrero pequeño, solía venir a nuestro campamento. Decía que su empresa había cumplido con los planes del año con muchas ganancias y nos obsequiaba carne, leche y mantequilla, productos que normalmente no se veían en otros koljozes similares.
En agosto se celebraba el día del constructor. En esa fecha los dirigentes de la brigada eran derrocados simbólicamente y se decretaba una parranda general. Durante el golpe de estado se decían cosas muy duras, sólo permitidas para esa ocasión. Por ejemplo, los líderes del golpe criticaban a las autoridades estudiantiles. Estas acusaciones, para un buen entendedor, eran una crítica general a todo lo que estaba pasando en la Unión Soviética. La comida y el trago sobraban. Luego las autoridades entregaban reconocimientos a los obreros-estudiantes. Conservo con cariño uno de esos diplomas con una bandera roja, el rostro de Lénin , la hoz y el martillo y las palabras: “Honor y gloria a los vanguardista de la competencia”. El texto completo dice:
Carta de salutación al luchador de la Brigada Los Ingenieros, el camarada Edgardo Malaspina.
La Dirección del Koljoz, el Comité del partido, el sindicato y el Komsomol del koljoz 18 Años de Kazajtán de la región de Shortandí, provincia de Tselinograd, lo felicita en este día tradicional de los constructores.
Con sinceridad y de todo corazón le agradecemos su participación en la Brigada Estudiantil de toda la Unión Soviètica “60 años del Komsomol Leninista”
En los aniversarios, 60 del Komsomol y 20 del movimiento estudiantil para la construcción, Ud., hace un digno aporte para poner en práctica las recomendaciones del histórico XXV Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética y del Pleno de su Comité efectuado en julio de 1978 con respecto a la construcción de viviendas y otras estructuras para la producción en el campo.
Su trabajo constituye una luminosa página en los anales del movimiento estudiantil de brigadas constructoras.
Le deseamos, estimado camarada, una salud muy fuerte, felicidad personal, éxitos en los estudios, que tenga siempre mucho entusiasmo en todo lo que emprenda. Multiplique y fortalezca las tradiciones del movimiento estudiantil.
Recuerde, Ud, querido camarada, todo lo que Ud ha construído con sus propias manos se lo agradece con todo el alma el colectivo de este koljoz.
Siempre estaremos contentos de verlo, como un representante de la Universidad de los Pueblos, en nuestras Tierras Vírgenes. La Dirección del koljoz. El Comité del Partido. El sindicato. El Komsomol. Cumpliremos con el Quinquenio anticipadamente. 1978.
El presidente del koljoz me entregó el diploma, me estrecho la mano y solemnemente me dijo:
- Camarada Edgardo. Usted está contribuyendo a la construcción del comunismo .Ha aportado su granito de arena para esa gran causa mundial.
Un día nos invitaron a una yurta. Sentados sobre el dastarján – un mantel en el piso -, probamos el beshbarmak, un aderezo con carne de cordero, muy sabroso. Mientras bebíamos el kumís, se dijo que para los kazajos la cultura era no olvidar a las generaciones pasadas y venideras, hasta la séptima.
Uno de los pastores contó lo siguiente:
-Una vez nuestras montañas se reunieron para hablar de la felicidad. La Montaña de Oro dijo:
- La riqueza es el oro, hasta que no saquen el oro de mis entrañas los kazajaos no serán felices.
La Montaña de Plata replicó:
-La felicidad no está en el oro ni en la riqueza sino en la alegría. Con mi plata se hacen cuerdas de instrumentos musicales y campanillas que hacen sonar música para hacer la vida más alegre.
Entonces intervino la Montaña de Plomo:
-Riqueza, alegría...¿Y que haremos cuando ataquen nuestros enemigos?. Necesitamos balas para defendernos. Sin mi plomo no hay riqueza ni alegría.
La Montaña de Cobre explicó:
-Sin mi cobre no se puede vivir. Los calderos para cocer la carne son de cobre, los jarros para el kumis son de cobre, los samovares para el té son de cobre. Sin mi cobre las pasarán mal.
Por último expresó su punto de vista la Montaña de Hierro.
-Lo que más se necesita es el hierro. Los arados, los sables, las hachas y las agujas se hacen de hierro, y no de oro , plata o cobre. El destino del hombre está en el hierro.
-Todas las montañas nos han ayudado, por eso no nos hace falta nada, finalizó su relato el pastor.
Alguien empezó a tocar la dombra Las cuerdas, sonaron como lejanas. Era una música extraña, (al menos para mí) pero agradable.
*Médico, poeta e historiador venezolano.