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martes, 20 de octubre de 2015

¿PUEDE LA HISTORIA DEVOLVERNOS LA UTOPIA?

Adolfo Rodríguez Rodríguez

Vuelvo a estos caminos de mi pueblo como quien recoge piedritas para coleccionar. Ninguna mala racha interfiere mi ilación. Me asisten gustos, sabores, añoranzas en las que no siento más que esplendor e instantáneas gratas como reunión de familia. Sucesos que perduran con esa aura que refresca y no deja dudas acerca de un tiempo del que jamás quisimos salir. Escenografía, personajes, voces, conversas, tal como las anotamos hasta conformar un selecto botiquín de pócimas que subvengan ante cualquier malestar o desarmonía. Hacen bien al espíritu e interceden quizá ante descalabros que expulsan el contento y la alegría. Las zozobras que asaltan mientras llevo en brazos, nuestra historia herida, hacia esa sala de emergencia donde van todas las crisis.
Como si hubiera tiempo para salvaguardar este entorno de ríos, árboles, mujeres, explanadas en que surge el caserío. Esas querencia, morichales, neblina, honda selva, palos de aceite, tamarindos, cañafístolas, algarrobos, alcornoques, guamachos, jobos, piñones, tacamahacos, ricino, higuerones, pardillo, araguaneyes, majomos, cartanes, matapalos, yagrumos, guatacaros, guasduas... Una guarida que abrigó “por siglos la máxima felicidad” a Santa María de Ipire, según De Armas CH: "Le rodeaban selvas pobladas. Guásimos y caujaros tapizaban de blanco sus calles y los apamates extendían alfombras moradas... cocales en la hondonada de La Tejería, donde el pueblo en casimbas se surtía de agua salobre; moriches en Senegote, chaguaramos en La Corona, jobales en Mata Negra. Los bosques asombraban el curso de las aguas. La temperatura fijaba asilo al forastero" 
"Bosques menudos seguían el curso de las quebradas"
"Tan honda y cernida era la selva de El Morichal, que parecía haber inspirado a los pintores románticos franceses de la segunda mitad del Siglo XIX". Escritor que en su libro "Candil" dice del Chaparral de la Corona, cuyos "manantiales reían / bajo los ojos del cielo".
Agregando que "Todo pueblo del Llano mira al este como buscando el origen. No olvida que lo fundaron con el sol de frente, la iglesia en el medio, mientras árboles inmensos tendían frescuras y la tierra tendida, con jagüeyes, médanos y cardones, invita a seguir. Nadie cambia la inclinación de tener el sol husmeando en las alcobas".
Que "con base en la tradición que les latía en la sangre, referían que los abuelos llegaron del oriente. Bajaron por el río en largas canoas con los ojos ardiendo y los gestos febriles. Las flechas dialogaban en los mapires. Llegaron con violencia, raptaron diez, veinte mujeres...., mientras las nubes abrían sus cascadas y regresaron entre "pajonales de agua", como dijo el poeta, hacia la Mesa de Guanipa, que era la tierra del origen".
Alude invasores caribes, probablemente palenques y guarinos, del Grupo Lingüístico Tamanaco, que hallarán los españoles: el reino de Anapuya o señorío de la cacica Orocomay, casi a treinta leguas del mar de los cumanagotos hasta el cerro Tucusipano u Orinoco. Aunque también pregunta por voces arahuacas, como batea, batey, jobo, guanábana, iguana, macagua, tabaco, sabana, tuna, maíz, macana, cacique, chicha, restos de alguna gestión comercial o extensiva. Aunque la voz Ipire deriva del caribe hipure, huipú, cerro, loma. Palabra que en galibí es querer, tortuga pequeña en cabré, según Caulín. Aunque Adolfo Salazar Quijada (1994) cree que los caribes denominan, con ella, al galápago (Podocnemia cayannensis), quelonio que abundaba en ríos del país.
Cultivan la yuca, procesan casabe y quizá maíz. Gente del budare y la arepa, amén de cazadores, pescadores y recolectores de frutos, el moriche, entre otros, para alimento, cestería o techumbres.
Se solaza De Armas con que "Santa María era un pueblo feliz.. Cualquier campesino, con alarde, mostraba la ancha faja plena de morocotas. Se producía casabe, tabaco de mascar, papelón, miel, queso, cueros. Una cuarta de carne de res -dos kilos- costaba un bolívar. Centenares de caballos eran llevados de sus hatos rumbo al Apure. En los barrios de El Pueblito, El Cerrito, Pueblo Nuevo, Los Merecures y Laguna Vieja, vivía una humanidad pobre, no miserable.
"En 1937 produjo el municipio más de 100.000 kilogramos de casabe, y una cantidad que no llegué a saber fijamente de maíz y arroz" Abundancia de plátanos, yuca, papelón en grandes cantidades. En la región de El Morichal toda clase de legumbres. En el fundo Los Cocos doña Concha Rojas recogía en 1922, sarrapia, cocos y mangos en cantidades. Hubo un cocal en el bajo de La Tejería: "Junto a la fuente perpetua, bajo la sombra de las palmeras erguidas, en horas de bochorno, quien visitara aquello parecía encontrarse en un oasis”. Pilar Díaz le refirió que no compraba café porque lo cosechaba y la tierra parecía estéril. Abundaban las naranjas. Dos cosechas por año. Las más dulces que Jose Antonio había conocido. Escribe que "Por los terrosos caminos de verano, los vehículos llevaban su carga de oro”.
"Los más finos chinchorros del interior llanero, se hacen en Santa María. Son de curagua y moriche, mercancía de primera a los lugares donde sean llevados.
De El Acaprito múcuras bordadas. Arabescos ancestrales sobre la tierra aterida por el fuego.
Del ganado más de un centenar de miles de cabezas, arrebatados a la derrengadera.
Hacia las mesas de Requena y Chivata -ríos Chivata y Chivatica- perenne agua de morichales. Pobladores ajenos a la máscara amarilla del paludismo.
"En pocos hatos, el municipio produjo en 1936, y parte del 37, más de 90.000 kilogramos de queso.
El frijol llegaba en sacos desde las islas.
En la hondonada de La Tejería, el pueblo en casimbas, se surtía de agua salobre; moriches en Senegote, chaguaramos en La Corona, jobales en Mata Negra. Bosques que asombraban el curso de las aguas. La belleza de sus mujeres, pasada por el tamiz del indio, desde las páginas de El Cojo Ilustrado, dio la vuelta al mundo. ...
Potencial que ecología e identidad local ponen al descubierto y que de cuando en vez rebrotan como en 1962 cuando Vila (1965) registra "las principales siembras" del Guárico " efectuadas en el Municipio Santa María de Ipire donde se cosecharon 826 Ton en 192 Ha. con un rendimiento de 4.302 Kg. por hectárea".
Y como muestra de esa mágica cornucopia, la longevidad que, para De Armas Chitty era "don de la nube, del aire, del surco. En mi infancia vi ancianos, como atrapando el último sol, en la calle que iba a la Laguna Vieja. También los vi en Pueblo Nuevo, que era seco, y en Senegote, que era húmedo. Y eran ancianos de largos cabellos blancos, altos, ceremoniosos, con blusas ceñidas, brodequines lustrosos y finos dijes en los cuellos de las blusas...gente noble porque era de trabajo y porque venía del origen del pueblo. Jamás hubo allí tuberculosis. Doña Estéfana Carranza, que era pobre y doña Leonarda Toro, que no lo era, pasaron de cien años. Aquellas familias que llenaron mi infancia pertenecían a una dinastía de eternidad, desde Juana Pata de Palo, que vendía bizcochuelo y Rosita la Ronca, que era de voz delgada y freía en el bajo de El Pueblito las mejores empanadas del mundo. Y todo visto desde hoy, era asombroso, pues la vitalidad de aquella gente se mantenía, a pesar del peligro de la Laguna Vieja, un archivo de microbios, pues de ella se tomaba el agua y gentes y animales se bañaban en ella, con una inocencia de paraíso. Y las calles enviaban también a la laguna sus detritus. Algo milagroso debió existir en aquella agua, una vitalidad inmune a la muerte. En Santa María de Ipire no había acueducto, ni hospital, ni dispensario, ni cloacas, ni estatuas. Sí llovía sin descanso. Hacia Peñas Negras, por Maúlpa, el cielo instalaba todos los junios su fábrica de aguaceros".
Atractivo excepcional trascendiendo más allá de los linderos regionales, el culto al Anima del Taguapire, en la carretera hacia Pariaguán, que bien puede integrarse a un modelo de desarrollo sin chimeneas, a modo de centro de atracción ecológico, cultural, económico y social a un tiempo. Acondicionarlo según la tradición. Propuesta de monumentalidad artística para ofrendas: murales, artesanías del lugar, espacios recreativos y feriales. Promoviendo la zona como parque natural, con vegetación típica y de ser posible, taguapires e información sobre cada especie. Y literatura alusiva al Ánima, todo a beneficio de la comunidad. . 
¿Es tarde ya para recuperar la Laguna Vieja, con su entorno para rendir tributo a sus cantores: De Armas Chitty, Prospero Infante, Reynaldo Armas y otros, con bustos sobre pedestales donde puedan leerse los hermosos textos dedicados a su legendaria trayectoria...
Los manantiales, que fueron escenario de encanto nocturno, entre muchachas felices, ánforas de agua limpoluta, galanterías y alborozo infantil.
Al sur los yacimientos arqueológicos, vírgenes aun de la investigación científica, aunque ya en la Galería de Arte Nacional, para conocimiento del mundo, piezas rescatadas en Puerto Requena por. Y en el antiguo asentamiento de Cachicamo el posible taller lítico aborigen, de interés para nuestra historia regional. Y el pueblo que allí hubo y sus iglesias.
Los nombres prestigiosos que desembocan en la historia de esta ciudad: Rosalía Rodríguez, madre del maestro de El Libertador, enterrada en algún lugar de este municipio; Dionisio Machado, que fue prócer de la Independencia y su hijo Juan Antonio en la Federación y candidato a la Presidencia de la República; el maestro Prospero Infante, De Armas Chitty, Jose Francisco Torrealba, el padre Perdomo que tuvo aquí una biblioteca impresionante y tantos otros!!!
María Tobías Matute Rojas, de Aragua de Barcelona, fundadora de un Colegio en los años ochenta del siglo XIX; Amalia Medina Machado de Pérez, nativa del pueblo; la poetisa Luisa Rojas de González de Aragua de Barcelona, quien dirige una Escuela Nacional de Niñas. El más recordado de los maestros locales es el también anzoatiguense Antonio De Armas Matute, de quien.su hijo José Antonio recuerda "más de 30 años...afanosos sobre el esfuerzo diario, en la labor de encauzar caracteres, labor silenciosa, tenaz, de estudiar a cada instante, de darse todo ejemplos, desde un banco de escuela, único rumbo cierto".
Antonio José Sotillo, quien al frente de una Escuela "por algunos años, nutrió de luz más de una generación", a Lisandro Alvarado "frente al cotopriz de la mesa de Santa Rosa, lo veían los campesinos recoger yerbas”; Leopoldo García Maldonado, Antonio Padilla Chacin y el bachiller Arreaza Agostini.
La pasión renacentista del italiano Malaspina hermanado al samán que fue gloria, solaz y referencia de un tiempo más idílico de la patria asignada.
En el siglo XX Santa María resuena nacional o regionalmente pocas veces. Al comenzar el siglo impactaba en Caracas el nombre de César Prieto, cuyos dibujos sobre el Llano, empleados por V. M. Ovalles, para ilustrar su obra "El Llanero" (1905) dan la vuelta al mundo. El magisterio de Próspero Infante sentando cátedra imborrable por Altagracia. Y desde los años treinta los desvelos de Torrealba por la salud del venezolano y su patria. Y desde los cuarenta hasta su muerte la pasión santamarieña de José Antonio de Armas Chitty: en temerario su empeño de propalar el nombre de su pueblo adoptivo en las páginas centrales del diario más importante del país y la Academia Nacional de la Historia, en cuyo paraninfo se confesaba hijo irrenunciable de este mundo.
Y diciendo de "Adelaida la anciana que discute a diario con los animales domésticos. Tiene esa especialidad de la gente del pueblo crecida en ambiente de cuchicheos de decirles a todos un secreto, con el encargo de que guarden reserva porque lo dice como en familia.
"Julio y Gregorio Casanare, los curanderos. !Y qué médicos! Gregorio cura oyendo el silbido de una mata que llaman fortuna, y con los muñones -pues una enfermedad le recortó los dedos- examina los vegetales y luego dicta el tratamiento, por cierto ingenioso: Reza para hacer ver que está asistido por algo sobrenatural. En su cuartucho se hace leer por alguno de su confianza páginas de aquella obra de Pompa, "Medicamentos Indígenas", biblia de los curanderos. Una vez me dijo: -yo soy distinto de esos médicos del centro que no estudian y quieren curara con recetas cualquieras.
"Siempre, cuando en las mañanas del pueblecito remoto, el ciego Julián recorría las calles, tanteando con el bastón que le servía de lazarillo, repetía la estampa aquella de Valle Inclán, en la escena bucólica de Electus, el ciego de Gondar, tarareando coplas, mientras la mano se tendía a la espera confusa.
Desde los quince años el negro Juan Escobar acompaña a Mauricio Zamora en sus campañas: "La palma con que cobijaron las casas aledañas del pueblo” pasa por sus manos callosas de caoba.
Sobre la cabeza de la anciana Estéfana Carranza la múcura con agua desde el manantial de La Tejería como “una corona proletaria... nunca se cansó en la labor diaria de aporcar la majada, de aderezar las matas del huerto que maltrató el rapaz hurtador de frutos. Y al tabacal verdecito y el cebollín de la troje del patio, y los ojos azules… ante las legumbres por vender.
Juan de Dios Guzmán, El Flaco, “que alivió más de una angustia, yendo a pueblos vecinos por invierno, en pos de la medicina urgente”.
Claro Magallanes, “el domador de los ríos crecidos. Paula Meléndez, “mulata de intemperies, caminera incansable, descalza, con su traje de cuadros que zurció la miseria.
"Concho P, el poeta, el cantador, el hombre de cuyos labios la copla nacía fresca. Era Cantaclaro, el llano en marcha, crecido de amplitud en la música triste de la copla.
El poeta Eduardo Arcay cuenta que Don Antonio De Armas Matute, además de preceptor, expedía muchas fórmulas médicas muy acertadas, el farmaceuta Manuel José Martínez Sosa, un "filántropo... que le tocó en suerte salvar muchas vidas y se cuentan por millares las veces que recetaba y al mismo tiempo regalaba la medicina"
"El bachiller Manuel Rodríguez, quien durante mucho tiempo se concretó a servir a la humanidad doliente; en aquel tiempo (1936) la gente de Santa María lo elogiaba por sus excelentes conocimientos médicos". Vicente De Armas Chitty, hermano de José Antonio, "por sus bellos versos que componía y los que nunca publicó", amén de que era "un declamador excelente con un timbre de voz que emociona”.
Angel María Delgado, "carpintero de oficio… excelente músico y un gran organista, quien era el Maestro de Capilla del templo de Santa María, y por más de 30 años ocupó el coro de los cánticos sagrados, ayudando a los prestes de la parroquia a decir la santa misa;
Felipa Alvarez de Machado, santamarieña, nacida en 1905; en la Escuela Guaribe de 1945 se inicia Alicia Rodríguez de García (La Rubia), en tanto que Esperanza Martínez (Pachita) dirige la Escuela Unitaria Privada de Niñas y luego La Escuela Upata. Y Birmania Mosqueda, formada en la escuela fundada por Luisa Antonia Malaspina Mugno, la madre del poeta José Rodríguez Malaspina. La educación media en 1970 con el liceo "Baltazar Padrón" y en 1977 la Estación Experimental Iguana de la Universidad Simón Rodríguez, orientada a la investigación para el mejoramiento de la ganadería. En 1968 el Padre José Madrazo, su candoroso apostolado.
Y a fines de los años sesenta doña Ramona Bastidas de Laya, quien promueve la creación del Salón de Lectura (1977) y con Edgar Ballén figuran en todos los empeños a favor de la tierrita: promueven con Adrián Pérez Arias la Asociación Cultural de Santa María de Ipire (ACUSAMAI). Entre los cronistas, Diógenes Toro, descendiente de aquella progenie de Toros y Balza, que se aquerenciaron aquí, despues en Zaraza y finalmente en los mil caminos.
Incontables nombres que engalanan la historia reciente de Santa María: el deportista César Balza, comerciante en San Juan de los Morros y conocido como "el orgullo de Santa María de Ipire", el pintor Ramiro Seijas, el fotógrafo y publicista José Ramón Ruiz, la carismática Carmen Medina, bibliotecaria en el salón de lectura, Julieta de Felizola con su amable pasión por la bondad pueblerina. Y entre los educadores, el profesor Andrés Vázquez, ganador en 1991 del Premio Humboldt; Birmania Mosqueda, Omega Perdomo, Mirian de Zerpa, etc. El médico zaraceño J. A. Ron Troconis en su discurso del 16 de Junio de 1996 en el centenario del nacimiento del sabio Torrealba exclama: "pueblo sano de Santa María de Ipire que todavía te das el lujo de fresquear en las tardes frente al amable portón... Gracias noble tierra... por haber parido hijos tan ilustres como Torrealba, José Antonio De Armas Chitty, Adolfo y Argenis Rodríguez, Próspero Infante. Tobías Castro, Antonio y Chichí Malaspina, Manuel José Martínez, las maestras Ana Isabel Torrealba, hermana y maestra del sabio, Felipa de Machado... todos arquetipos de la honestidad y la rectitud y han tenido el coraje de no caer en tentaciones..." Agregando luego el nombre de "ese Gran Médico Rural, genuino, auténtico, químicamente puro, Médico del Pueblo que fue mi querido amigo y colega Dr. Cecilio Requena, patriarca, amigo, servidor, humanista, filántropo y gremialista: un horizonte de lumbres de donde emergió la bruma de su vida vertical".
Las artes escénicas cuentan con la presencia de Luis Bastidas que funda una filial de la Compañía Nacional Juvenil y Carlos Chastre la Compañía Municipal con un primer lugar en el Festival Regional. Las Danzas Taguapire, fundadas también al comenzar esa década. Los hermanos Carrillo (Fernando y Manuel), famosos miembros de la farándula nacional, hijos de Nery, ex- comandante guerrillero, quien narra en un libro esa experiencia. Para José Cáceres una vocación que viene de María Carrillo de Delgado, quien con Ernestina Cáceres escenificaron comedias en los patios de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX.
En San Juan de los Morros resaltan clínicas administradas por distinguidos médicos santamarieños: Unidad de Emergencias Médicas "Santa Rosalía" regentada por el traumatólogo llamado El Negro Cáceres, que propició en noviembre de 1993 una exposición de Abilio Briceño titulada "Un pueblo en mil destellos" (Santa María de Ipire). Y la clínica Cedeño administrada por el cirujano José Cedeño Valera, descendiente, como el Alcalde Guillermo Cedeño, de unos Medina fundadores del pueblo.
Sus cantautores contribuyen a la proyección del poblado: Reynaldo Armas de voz nítida, versos gratos y resonancia internacional. El cantor y hombre de letras Cristóbal Jiménez quien incluye en sus repertorios temas de la tradición santamarieña. Cantantes y cantautores del lugar tienen también audiencia nacional: Edgar Leal, Amarigua, José Manrique Rodríguez, Olga María Alondra, Francisco "Pancho" Gil, Justo Villalobos. Francisco Canapial Romero con su tenaz, amorosa y efeciva gestión divulgativa del folklore llanero; Rafael Alfonso Almea Silvera, profesor de matemáticas y cronista; Leonel Díaz Campos, atento defensor de los valores santamarieños; Milagro Gómez Bastidas, periodista, alerta ante el resguardo de la tradición de su pueblo.
¡Cuánta memoria cultural en los hondones amados, recodos, reliquias, aguardando la mano amorosa que sepa tensarlas como las cuerdas del arpa de Becquer. Descubir tesoros espirituales, indagar, preguntar por ellos, anotar sus claves, oir acentos, reconstruirlos, reiventarlos, situarlos en altares para la devoción merecida. .
¡Cuánta arista arquitectónica de raz indígena´o ultramarina en estas muralals, como la que hubo o hay en la esquina de la Palma, la de los Ochoa, la de Julieta Felizola, la de doña Ramona de Laya, lLa bodega Taladro, la de la maestra Felipa Machado, la farmacia de Humberto Malaspina, la del Molino que fue clínica de Torrealba y esya en que nacimos los Rodríguez.
La antigüedad no siempre es atraso, mientras persista productiva o insinuando modos de subsistencia o de vida que tuvo inobjetables eficacia.
En 2007 nos aproximamos a una ruta llena de prodigios seguida por Bolívar en abril de 1817 para escapar de las guerrillas realistas diseminadas por el Llano después de la destrucción de la Casa Fuerte. Recorre parte del municipio.
Mundos señeros, cuyo retorno, bajo nuevas condiciones aguardan gestos certeros que adviertan cómo bajo la rutina hay fervores vivos:
"Por noviembre... recorría los espíritus una frescura y una euforia digna de días mejores... el cielo repartiendo como un tinajero el don sagrado y el verde parecía un tapiz eterno, así ardiese el verano sobre la tierra.
"Por diciembre, familias comenzaban a elaborar los papagayos. El cielo ancho... se llenaba de pájaros de papel. Sobre el cocal de la Tejería, sobre los algarrobos de El Pueblito, sobre los jabillo de El Morichal, sobre los cujisales de Misa Cantada, más allá de los mamones de Juana Ruiz y del cafetal de Pilar Díaz, por el este cuando era selva y no potrero, se alzaban silbantes y agudos los papagayos. Y qué algarabía rompía el aire cuando las puntillas ocultas en las colas cortaban los tensos hilos y los globos multicolores eran aventados por la brisa. Hacia el crepúsculo, que en el pueblo de Ipire es como un país de pájaros y colores, el viento de la tarde iba empujando discretamente aquellas naves en derrota, naves de papel que encallarían en quién sabe qué lejana bahía.
"Todo respiraba alegría. Rojos y agresivos en sus cuerdas, los gallos se acondicionaban para los desafíos de la Pascua navideña. Los sambos envueltos en sus trajes de sangre oscura; los canagüeyes con charreteras rojas y doradas; los marañones, grises, con el pecho negro o blanco y las alas de púrpura; los pintos, ya rojos y blancos o blancos y negros, pero de pintas menudas, como peonías o caraotas o dados; los gallinos, jabados o amarillos terrosos. En las cuerdas de El Cerrito, de Pueblo Nuevo o Los Merecures, los gallos, muchos célebres porque habían triunfado en varios pueblos vecinos, parecían estar convencidos de su importancia.
"Cuando el pueblo era centro de algún desafío... se desbordaba en fiesta permanente. Empanadas, arepitas, carato, guarapo frío, el que se hace de papelón, limón y agua; guarapo o guayoyo, hecho con café delgado; guarapo de cañas, el extraído directamente de la caña; hallacas, hallacas de hojas, todo el arsenal de comidas múltiples del pueblo se tendía en las calles, junto a la gallera, mientras botiquines improvisados vendía licores diversos: brandi, lavagallo, guarapita, cuba libre, frescos de todo tipo. Los tarantines se multiplicaban y había en las gentes, al par del orgullo de ser hospitalarios con los extraños, el otro orgullo de poseer los mejores gallos"
Un 28 de diciembre de los años setenta presenciamos la fiesta de los locos, en toda su fulgurante espontaneidad..
Las noches de verano preferidas de la poetisa y maestra Luisa Rojas (Lux), desde "la desvencijada mesa" que le servía de escritorio: "las apacibles y silenciosas noches en que solo las estrellas envían a la tierra un escaso raudal de luz". Mientras que en noches de luna, "ecos de risas, notas de cantos, música de bandolines y aquella alegría ruidosa y frívola que no es la que ansía el alma impresionable y soñadora", pues su deleite es con "la apacibilidad de aquellas otras...en que todo calla, todo duerme y sólo las luciérnagas describen derroteros de luz que brillan un instante y aparecen y desaparecen como la fugitiva imagen de la esperanza”.
Las festividades el día de su patrona, el 2 de febrero, Día de La Candelaria, recordadas por López Castro (1994) como de "gran colorido con sus coleadas de toros, carreras de caballos y otras diversiones populares".

Cofre sagrado de sorpresas amables a la espera de voluntades dispuestas a reconstruir escenarios que laten en nuestra sangre.

martes, 21 de diciembre de 2010

JOSE ANTONIO DE ARMAS CHITTY Y SU OBRA: “LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA”


José Marcial Ramos Guédez


Nuestro personaje, José Antonio De Armas Chitty, nació en Caracas el 30 de noviembre de 1908 y murió en la misma ciudad el 6 de octubre de 1995. Su familia paterna, fue oriunda de Santa María de Ipire en el estado Guárico, lugar donde vivió desde los 6 años de edad hasta los 27. Realizó estudios de primaria y posteriormente por medio del aprendizaje que obtuvo como autodidacta, pudo ampliar su formación en el campo del conocimiento de la geografía, la historia, la literatura, la sociología, la política, la demografía, la filosofía y otras áreas del saber humanístico y de las ciencias sociales. Todo ello, le permitió escribir un conjunto de obras en los géneros de la poesía, el ensayo y la geohistoria. Siendo en este último campo, una figura relevante como docente e investigador, situación que permitió entre otras cosas, su nombramiento como Director del Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela (1948) y también como Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia (2 de agosto de 1979) e igualmente, fue Secretario de esa institución durante el período 1983-1991. Además, no podemos olvidar, que fue profesor y uno de los fundadores de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV. En el año de 1991, obtuvo dos Doctorados Honoris Causa, el primero otorgado por la Universidad Católica del Táchira y el segundo por la Universidad Rómulo Gallegos, San Juan de Los Morros, estado Guárico.
Con relación a los libros publicados por De Armas Chitty, observamos en su extensa bibliografía, los siguientes títulos: El Guárico: ensayos histórico geográfico (1940), Zaraza, biografía de un pueblo (1a.ed. 1949 y 2a.ed. 1983), Origen y formación de algunos pueblos de Venezuela (1951),Isla de pueblos (1954), Correlación entre los colores y cualidades de los caballos (1955), Historia de la tierra de Monagas (1956), Documentos para la historia colonial de los Andes venezolanos (siglos XVI Y XVIII) (1957), Tucupido, formación de un pueblo del llano (1961), Poetas guayaneses (1964), Guayana : su tierra y su historia (1964-1968, 2 vols.), Vocabulario del hato (1a.ed. 1966 y 2a.ed. 1992), Fermín Toro y su época (1966), Influencias de algunas capitulaciones en la geografía de Venezuela (1967), Caracas; origen y trayectoria de una ciudad (1967, 2 vols.), Vida política de Caracas en el siglo XIX (1a.ed, 1969 y 2a.ed. 1976), Centenario del nacimiento de Francisco Lazo Martí (1969), Palabras en homenaje a Arévalo Cedeño (1971), La Batalla de Carabobo: antecedentes y efectos (1971), Juan Francisco de León. Diario de una insurgencia (Compilación de documentos) (1971), Historia de Puerto Cabello (1974), Historia de la radiodifusión en Venezuela (1975), El Táchira, factor de integración nacional (1975), Boves a través de sus biógrafos (1a.ed. 1976 y 2a.ed. 1992), El Mocho Hernández (Papeles de su archivo) (1978), Historia del Estado Guárico: 1532-1800 (1978-79 y 1982, 2 vols.), Territorio del viento (1979), San Miguel del Batey (1980), Semblanzas, testimonios y apólogos (1981), Historia del Estado Guárico (1981), Vida del General Carlos Soublette, 1789-1879 (1992), Cardumen, cuentos de tierra caliente (1a.ed. 1952 y 2a.ed.1990) y otros. Sin olvidar, sus numerosos artículos publicados en periódicos, revistas y boletines tanto de Venezuela como en el exterior.
En las múltiples obras escritas por De Armas Chitty, apreciamos su especial interés por estudiar temas de historia regional y local, e igualmente biografías de personajes importantes de nuestros anales históricos. Desde el punto de vista conceptual y metodológico, observamos que usó el criterio de totalidad u holístico, asimismo siempre utilizó fuentes documentales, las cuales eran sometidas a la crítica interna y externa, con la finalidad de verificar su autenticidad y veracidad. Al respecto, Oldman Botello, nos señala lo siguiente: “De Armas Chitty fue pionero de la historia regional y local. De eso no hay duda. Esa que retrata los pueblos pequeños, los personajes anónimos. La matria, al decir de Luis González y González, el gran maestro de esa ciencia en México. Armas Chitty escribía bien y su palabra a veces se tornaba edulcorada, lírica, desprovista de aparato […] La de Armas Chitty fue una historia humanística y no una historia –ciencia […] De Armas Chitty hizo historia e hizo crónica con lenguaje de altura y método” ( Botello, Oldman. “José Antonio De Armas Chitty y la historia regional y local guariqueña”. Ponencia presentada en el XII Encuentro de Cronistas, Historiadores e Investigadores .Valle de la Pascua, 11,12 y 13 de abril de 2008).
Ahora bien, en el presente estudio, queremos destacar los aspectos fundamentales de uno de los últimos libros escritos por De Armas Chitty, titulado: La independencia de Venezuela. Caracas: Fundación MAPFRE AMERICA; Grijalbo, 1993. 230 p. (Colección Independencia de Iberoamérica). Esta obra, forma parte de los muchos esfuerzos, que se han realizado en el contexto de la historiografía venezolana, para comprender en forma integral, el proceso de nuestra emancipación, las ideas políticas de la época y los personajes fundamentales de este período histórico. Además, en el libro citado, observamos una de las pocas ocasiones, en las cuales De Armas Chitty, estudió y analizó un hecho histórico que afectó todo el espacio territorial de Venezuela y no solamente una región, localidad o entidad federal, como lo había hecho en textos anteriores.
Con relación al contenido de la obra: La independencia de Venezuela, vemos que se encuentra organizado en cuatro (4) capítulos: Capítulo I. La encrucijada de 1808; Capítulo II. Avanza la tormenta; Capítulo III. La década turbulenta y Capítulo IV. La nueva dimensión. Incluye como apéndices: cronología, biografías, bibliografías, índices onomástico y toponímico.
En el Capítulo I, De Armas Chitty, con el estilo clásico del ensayo histórico, nos presenta las siguientes ideas: se cruzan los caminos, titubeos, la representación de los notables, el interrogatorio, “De reo se convirtió en marqués”, el término “Revolución” en 1809 y recuento. En el Capítulo II, apreciamos: el 19 de abril, la insurrección de Valencia, el federalismo a orillas del Orinoco, el arzobispo Coll y Prat, pugnas pastorales, Burke y la tolerancia de cultos, otras facetas del arzobispo, la misión diplomática a Londres, Madariaga en Bogotá, población y economía, el castigo del cielo (el terremoto de 1812), la prensa, la República, Juan Germán Roscio, Miguel José Sanz, independencia absoluta, la caída de la República y Simón Bolívar. En el Capítulo III, vemos : la Cosiata, traslado de la capital a Bogotá, el Cabildo jura con reservas la Constitución, Alejo Fortique objeta el decreto de Francisco de Paula Santander, fusilamiento del coronel Leonardo Infante, Miguel Peña y su obra de comején, la recluta de enero de 1826, el motín de Valencia, el Congreso de Panamá, Bolívar regresa de Lima, el Vicepresidente no habla claro, Ocaña y septiembre, el Diario de Bucaramanga y Bolívar se extingue; y en el Capítulo IV, observamos : 1830 : vida nueva, nacen El Venezolano y el Partido Liberal, el reconocimiento de Venezuela por España, Fermín Toro y la ley de libertad de contratos.
De acuerdo a los diferentes hechos e ideas, estudiados en la obra citada, consideramos que De Armas Chitty, no tuvo interés en destacar los hechos bélicos o enfrentamientos armados, ocurridos a lo largo de nuestra emancipación nacional, ya que hizo mayor hincapié sobre la conjura de los mantuanos en la Caracas de 1808, las relaciones diplomáticas, el papel de la Iglesia Católica, la libertad de cultos, población y economía, la prensa, los Congresos, la Cosiata, la vida y obra de Bolívar, los conflictos que ocasionó Santander, la desintegración de la Republica de Colombia, los partidos políticos y muchos otros. En sus efectos, veamos la siguiente cita: “La hora que vive Venezuela desde 1808 va a permitir al criollo tomar mejor conciencia de lo que ocurre en el mundo y, a la vez, poner en marcha las ideas que le harán eje de la dirección política del país. El grupo rebelde es heterogéneo y aspira, desde luego, a tener el apoyo de todas las clases con rango o no […] mas no olvida que la nobleza pone primero sus intereses en la balanza y luego decide si las innovaciones que se aspira poner en marcha puedan dañar tales intereses…” (Ob. Cit., p. 9)
Entre los numerosos temas analizados por De Armas Chitty en la obra aludida, podemos mencionar el relacionado con los problemas étnico-sociales en la época de la independencia, y en tal sentido, veamos la siguiente información: “Es significativo que Vallenilla Lanz pierda la perspectiva al afirmar que ‘Boves redimió a los esclavos de la servidumbre y fue el primero en comenzar la igualación de las castas elevando a los zambos y mulatos a las altas jerarquías militares’. Es falso, Boves no redimió a nadie. Quien liberó a los esclavos durante la guerra fue Bolívar, lo legalizó José Gregorio Monagas en 1854 y el resto la hizo la Guerra Federal…” (Ob. Cit., p.131)
Por último, consideramos que los lectores e investigadores, interesados en el estudio de la época de la independencia, tienen en el libro citado De Armas Chitty, una valiosa fuente para comprender a cabalidad los hechos, las ideas y los hombres que lograron nuestra soberanía, en un período de múltiples obstáculos tanto por factores internos como externos. Destacándose entre los primeros, los conflictos y choques que constantemente afectaron a la clase social de los mantuanos, quienes se vincularon tanto al ejército patriota como al realista y siempre estuvieron defendiendo sus intereses económico-sociales y políticos en contra de los sectores dominados : blancos de orilla, pardos, indígenas, negros, mulatos y zambos. Asimismo, con relación a factores externos, apreciamos que muchos oficiales patriotas se opusieron a varias propuestas de Simón Bolívar, siendo una de ellas, la relacionada con la conveniencia, de continuar a partir de 1821 (después de la Batalla de Carabobo) la guerra en las otras colonias hispanoamericanas, que aún conservaban importante presencia militar española, para evitar con ello, según la acertada opinión de nuestro Libertador, que los triunfos obtenidos en Venezuela, pudieran verse en peligro, si fuese atacada de nuevo, por fuerzas enemigas aliadas al poder hegemónico ejercido por los ibéricos y algunos criollos monárquicos, de ahí los esfuerzos de Bolívar, Antonio José de Sucre y otros próceres suramericanos, por lograr la emancipación de la Nueva Granada, Ecuador, Perú y Bolivia. Sin omitir, que los generales José Antonio Páez y Manuel Antonio Manrique, en varias ocasiones señalaron la necesidad de expulsar a los españoles de la isla de Cuba.