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martes, 6 de julio de 2010

Tres recuerdos, tres inspiraciones, tres libros.

(Semblanza del Ing. César Humberto Ramos, notable escritor apureño)


EN homenaje A diferentes escritores apureños,

dentro del marco de la celebración del

DÍA INTERNACIONAL DEL IDIOMA CASTELLANO.

SAN FERNANDO DE APURE, 23 ABRIL DEL 2010


Elisur Emilio Lares Bolívar

Antes de empezar mi disertación debo hacer dos aclaratorias:

Primero, la bibliografía utilizada en este trabajo está basada fundamentalmente en tres libros, cuyo autor es precisamente César Humberto Ramos: Remontando el Apure Viejo (Desde 1931 hasta 1952), (crónicas), Romance en el Caramacate (Mi Borita) (novela) y Mi llanto por llanura (ensayo).

Segundo, sus amigos de infancia y juventud, especialmente el Prof. Manuel Bermúdez, --recientemente fallecido y otro de los homenajeados en este día--, lo llamaban en otros tiempos y lo siguen llamando cariñosamente “Cesarito”, de ahí que en varias oportunidades dentro de este perfil o semblanza, también nos referiremos a él como “Cesarito”. Esperando que esto no se vea como una falta de respeto de este autor hacia su persona.

Una vez aclarado esto, iniciamos la semblanza.

César Humberto Ramos es poeta, humorista, cronista, narrador, apureño notable, Ingeniero Agrónomo y Magister en Extensión Agrícola, entre otras capacidades y cualidades.

Sanfernandino de nacimiento. Vino al mundo en la esquina de El Relámpago el 17 de enero de 1931. Hijo de don Marcos Lira y doña Auristela Ramos, de cuya unión sentimental fueron procreados siete retoños: Belén, Emma, Simona, Guillermina, Rosa, Lilia y César. Por lo cual se observa que fue el único varón y último de 7 hermanos.

Sus primeras letras las aprendió en la Escuela de las hermanas Velásquez, donde la “niña” Candelaria enseñaba con afán y entusiasmo. Más tarde estudió en la Escuela de doña Andrea Hurtado de Santamaría, ubicada en la esquina de El Chimborazo, cruce con las calles Muñoz y Boyacá. Allí vivía doña Andrea con sus hijas Blanca Hurtado de García y Rosa Lerma Hurtado; su yerno José García y su nieta Edith.

Sin embargo, a pesar de estudiar en estas dos escuelitas privadas, toda su educación primaria la realizó en la Escuela Federal “Agustín Codazzi” de San Fernando de Apure dirigida magistralmente por el recordado y talentoso maestro Pablo Domingo Botello.

Recuerda el propio César Ramos que esta Escuela Federal “Codazzi” dejó para él una estela de recuerdos imborrables, tanto por la entrega y el sacrificio invalorable de sus muy capacitados maestros, como por el fruto educativo que fue dejando a su paso, año tras año, en él y en cientos ex-alumnos que jamás defraudaron la férrea voluntad de su afamado y rígido director.

Señala además nuestro homenajeado en uno de sus libros “Mi tiempo infantil transcurría en entre ir a la escuela, hacer la plana, jugar la candelita, metras, gurrufío, volar papagayos y hacer los mandados de la casa”.

Así, su vida infantil y de adolescente transcurrida en el barrio Perro Seco, al sur de la ciudad, estuvo colmada de alegres vivencias y anécdotas al lado de su familia, de sus amigos Manuel Bermúdez y Tomás Zoppi, y sus demás compañeros de clase y aventuras dentro de los sanos juegos de la muchachada sanfernandina de su época.

Múltiples son los recuerdos de chanzas, anécdotas, juegos, jocosidades… que evocaba el profesor Manuel Bermúdez en sus amenas crónicas publicadas en revistas y periódicos caraqueños, donde Cesarito Ramos estaba directamente relacionado con ellas, o simplemente era directamente el protagonista.

Su educación secundaria la inició en la misma capital apureña en el Colegio Federal “Miranda”. Para esos momentos, recuerda el propio César Ramos “Ya en sus aulas empezaban a destacarse como brillantes estudiantes los jóvenes José Vicente Abreu, Williams y Elizabeth Salas, Tomás y Elena Zoppi, Abilio Porras, Humberto Guzmán Wihdevoxebel, Rafael Elías Pérez, entre muchos otros jóvenes sanfernandinos”.

De los salones del Colegio Federal “Miranda” egresaron numerosos estudiantes quienes posteriormente se destacaron en las diferentes ramas del saber universal.

En 1946 el Colegio Federal “Miranda” dejó de llamarse así, cerró su capítulo educativo para siempre y pasó a denominarse Liceo “Francisco Lazo Martí”, bajo la dirección del Prof. Walter Michellangeli, contando en su planta profesoral con un selecto grupo de destacadísimos profesionales de primera línea, entre quienes el propio César Ramos recuerda a Elisa Díaz, Manuel Grüber, María Mayol Rodríguez, Alfredo Monthoux, Pedro Elías Hernández, Edgar Domínguez, Humberto Barrios y María Josefa Salerno, entre otros.

De esa época de oro del Liceo “Lazo Martí”, nuestro homenajeado mantiene agradables recuerdos de sus condiscípulos Carlitos Boggio, Mario Laprea, Arturito Álvarez, Olga Abreu, Josefina Naranjo, Carmen Aliria Chacón, Arnoldo Arana, entre otros; Sin embargo, la educación secundaria la culminó en el prestigioso Liceo ”Pedro Gual” de la ciudad de Valencia, donde egresó como Bachiller de la República.

Es importante destacar que al egresar del sexto grado de la Escuela Federal “Codazzi”, un nuevo sin fin de inquietudes bullía en su mente y su corazón. Para ese momento ya leía periódicos y, al trabajar en la Imprenta del Estado como componedor, necesariamente tenía que leer artículos de opinión de mucha o mediana profundidad sobre aspectos políticos, económicos, sociales y culturales tanto a nivel regional como nacional; con lo cual, fue conociendo mejor su región, su país, sus recursos, potencialidades, necesidades y sus limitaciones.

Todo ello obligó a su familia y a él mismo --cuando estudiaba en el Liceo “Lazo Martí”-- a pensar seriamente en la posibilidad de continuar sus estudios de bachillerato en otra región del país donde en realidad hubiese oportunidad para ello. Es por eso que a principios de la década de los años cincuenta --del siglo pasado-- tuvo que dejar su familia, sus amigos y su querido San Fernando para ir a estudiar en el Liceo ”Pedro Gual” de la capital carabobeña y posteriormente iniciar la carrera de Agronomía en el núcleo de la UCV de la capital aragüeña. Así, al igual que muchos otros coterráneos de la misma o de distintas generaciones, tuvo salir de su ciudad natal para incursionar en los diferentes campos del saber.

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Pasado el tiempo, y enseriando su vida sentimental contrajo matrimonio con la joven Teresita Córdova, de cuyo feliz hogar nacieron: María Teresa, María Auristela, María Eugenia y María Carolina.

Estas cinco últimas damas vinieron a completar el número doce, pues ya había siete que lo precedieron: su madre y seis hermanas. Al respecto, es curioso como este notable escritor sanfernandino presenta la dedicatoria familiar de uno de sus libros: “A mi madre, A mi esposa, A mis hijas, A mis hermanas”. Toda una vida familiar rodeado de mujeres.

A continuación se inserta un ejemplo sencillo, pero muy significativo que lo que simboliza y representa para César Ramos el amor fraterno de él para con sus hermanas y viceversa. Este ejemplo no es otro que la dedicatoria escrita de su puño y letra que le obsequió a su hermana Emma al momento de reglarle su obra “Remontando el Apure Viejo”. Acá la dedicatoria:

”Para mi querida hermana Emma:
Las ideas contenidas en cada uno de los capítulos aquí narrados, estuvieron estimulados por el cariño de todas ustedes.
Acá revivo un pasado con la ayuda de ustedes, aunque gran parte fue basado en mis experiencias juveniles, pues ustedes participaron en mis recuerdos con el sentimiento más profundo alojado en mi corazón de hermano: El Amor.
Con todo mi cariño,
César Humberto Ramos. 26 – 2 – 1988”.

Hermoso, sentimental. Sin más comentarios.


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En cuanto a su profesión, y ya como Ingeniero Agrónomo, durante más de 20 años desempeñó diferentes cargos dentro del Ministerio de Agricultura y Cría, pues fue desde Agente de Extensión hasta Director de Región del M.A.C.

Así mismo, laboró como Director General del INCE-Agrario, Asesor del Conicit y Gerente de la Fundación para la Capacitación e Investigación Aplicada a la Reforma Agraria (CIARA).

Dentro de su campo laboral ha publicado diferentes trabajos en distintas revistas y periódicos del país relacionados con su profesión.

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Pero el asunto que nos compete ahora, es su desenvolvimiento como escritor, como cronista, como notable apureño destacado en el mundo de las letras.

En este sentido, su génesis lo localizamos cuando --siendo estudiante del Colegio Federal “Miranda”, luego de la Revolución de Octubre de 1945-- fundó al lado de Mario Laprea y Benicio Rodríguez, un periodiquito denominado “Relámpago”, que vendían a medio, es decir 0,25 de bolívar.

¿Y por qué se llamaría así? ¿Recuerdan el nombre de la esquina donde nació nuestro personaje? ¿No sería que ese nombre lo llevaba él en lo más profundo de su alma y de su corazón y lo impuso por encima de los posibles nombres presentados por sus dos compañeros periodistas? Es posible.

Muchos años después, publicó para su familia y amigos más íntimos un manojo de versos en un poemario humorístico titulado “El Turpial del Buen Humor”, el cual tuvo mucho éxito y buenos comentarios entre sus conocidos y amigos.

Posteriormente, en 1988, con motivo de celebrarse el Bicentenario de su ciudad natal, apareció a la luz pública su primer libro “Remontando el Apure Viejo (Desde 1931 hasta 1952)”, un conjunto de crónicas, añoranzas y remembranzas sobre hechos históricos y situaciones ocurridas en San Fernando entre los años 1931 y 1952.

En la presentación de dicho trabajo el autor comenta ente otras cosas lo siguiente:

Remontando el Apure Viejo, ha sido producto de una vieja aspiración, retenida en mí mente por muchos años, de narrar y describir muchos episodios interesantes del acontecer apureño, entre los años de 1931 y 1952, años extremos de mi nacimiento, hasta el año cuando prácticamente los estudios universitarios me fueron alejando paulatina y físicamente de San Fernando. (…) Hoy, un tanto alejado de mi ciudad natal, remonto el Apure viejo, pero no en lancha, ni en bongo, ni siquiera en canoa; sino cabalgando el potro del recuerdo con las riendas de mi pluma, para saborear en la meta de mi rumbo, el triunfo del pensamiento sobre la distancia y el tiempo. (Hermoso, digo yo).

Posteriormente, pero en la misma presentación, el autor acota lo siguiente:

Considerando la variabilidad de temas que se abordan en cada uno de sus capítulos, esta obra ’Remontando el Apure Viejo‘ se desenvuelve entre una prosa de sencillez literaria, complementada con una prosa humorística indispensable, de manera que cada uno de los personajes y la circunstancias donde se vieron involucrados, estén representados en su fiel escenario.

Respecto a la variabilidad de los temas evocados en “Remontando el Apure Viejo (Desde 1931 hasta 1952)”, se pueden traer a colación los siguientes:

Remembranzas infantiles y familiares, estudios, juegos, la Plaza Libertad, la Laguna de Perro Seco, sitios turísticos y pintorescos de San Fernando, la Plaza Bolívar, retretas, la antigua Iglesia Parroquial, la Semana Santa, la quema de Judas, las misas de aguinaldo, las mujeres más bellas de San Fernando desde 1931 hasta 1952, el deporte en la capital apureña, el stadium “Jobalito”, humor y personajes sanfernandinos, algunos sobrenombres, y finaliza esta obra con un Glosario de palabras utilizadas en San Fernando entre los años 1931 y 1952.

En cuanto al San Fernando que César Ramos le correspondió vivir en su época infantil, el Prof. Manuel Bermúdez acotó lo siguiente:

César Humberto Ramos pertenece a la última generación de apureños que, siendo niño, se nutrió de la cultura que llegaba por el río. Apure era entonces un camino fluvial que, a través del comercio, abastecía a todos los pueblos ribereños. Y al mismo tiempo era el brazo que sacaba los productos de la tierra para otros lugares del mundo.
Hasta el malecón del palacio comercial de los hermanos Barbarito llegaban barcos de chapaleta y motonaves para descargar mercancías. Y San Fernando, la capital del estado, parecía una postal de un país lejano, vista desde Puerto Miranda, en la otra ribera.
Cuando venía la época de lluvias, el caudal de las aguas se salía de sus cauces y la llanura baja de Apure se convertía en un mar tranquilo, poblado de garzas, garzones y corocoras.
El agua de la inundación llegaba hasta las calles del sur de la ciudad, donde atracaban bongos y canoas cargadas de leche, jojotos, yuca, topochos y otros productos de los fundos vecinos, donde la vida trascurría plácida y tranquila, porque sus moradores, ya estaban acostumbrados a las largas sequías del verano y las grandes inundaciones de la época de lluvias”.

Palabras más palabras menos, ese fue el San Fernando que vivió para aquel entonces niño Cesarito Ramos.

Su segunda obra literaria la publicó en 1992, su título: “Romance en Caramacate (Mi Borita)”. Se trata de una novela “fresca, ingenua y sentimental”, cuya trama se desarrolla por el año de 1946, en un fundo situado a la margen izquierda del caño Caramacate, a siete kilómetros aproximadamente al sureste de San Fernando de Apure. Es una narrativa de aspecto costumbrista, relacionada con el llano apureño.

Al respecto, su compañero de infancia y amigo, ya varias veces citado Prof. Manuel Bermúdez señaló lo siguiente:

Cesarito Ramos salía de vacaciones de la Escuela Federal “Codazzi”, que dirigía el maestro Pablo Domingo Botello y se iba para un fundo cercano a pasar la temporada de los meses de agosto y septiembre. Los viajes constantes, el contacto con la tierra y con la geste de aquellas comarcas se fueron sedimentando en esa región del alma y del cuerpo donde los recuerdos afloran de pronto en un sueño, y uno no sabe si dejarlos pasar como una película, donde uno hace el papel de protagonista, o si encarcelarlos en las rejas tipográficas de un libro.
César tuvo sus reservas, porque de ingeniero agrónomo, que cultiva la tierra a ingeniero que cultiva las letras, hay cierta diferencia. Sin embargo, el poder del recuerdo y el empuje del río produjeron el desborde de las palabras en un texto que viene en forma de novela, que él llama novela fresca, ingenua y sentimental, porque Romance en el Caramacate, tiene todos esos ingredientes psicológicos que alguna vez sirvieron para dar comienzo a una poesía romántica.

Manuel Bermúdez continúa en su prólogo con la siguiente afirmación:

Romance en el Caramacate tiene el curso narrativo de un río del llano. Su historia corre sin dificultad por el curso de lo cotidiano. Cuando lo ingenuo y lo sentimental se sale de su cauce, el relato no se inunda para ahogar los personajes, no, sino más bien para buscarles un drenaje al sentimiento o a la emoción; porque el territorio donde ellos se mueven, el fundo “La Igualdad”, es, más que un lugar geográfico, un espacio literario, en el cual la realidad se mezcla con la ficción.
El tejido verbal que cubre la historia es de una sencillez que raya en lo coloquial. Se pudiera decir que la historia es una larga conversación. El diálogo, en forma expresiva, impone su dominio sobre las descripciones y narraciones. Por otra parte, Romance en el Caramacate tiene su forma especial de contar los hechos, que podría compararse con el relato telenovelesco de corte rural.

En cuanto a la tercera fuente considerada para apoyar bibliográficamente esta semblanza es el interesante trabajo titulado “Mi llanto por la llanura. Ensayo histórico, literario y técnico, sobre la llanura apureña durante las primeras cuatro décadas del siglo XX (1900-1940)” el cual desde ahora en adelante lo llamaremos “Mi llanto por la llanura“.
En esta obra, nuestro homenajeado, plasma todo su amor y pasión por el terruño que lo vio nacer. Como afirma el presentador del libro:

César Humberto Ramos lleva al lector a un viaje por el imaginario llanero. Esta investigación es una aproximación bastante certera a ese mundo llanero, mezcla de bucolismo salvaje y de naturaleza fastuosa. Seguramente este libro es una bitácora para todos aquellos que quieran acercarse al llano: definitivamente un espacio donde el hombre y la naturaleza conviven en armonía. Un lugar donde el ser humano se hace lluvia vibrante y vuelo esplendoroso del ave que surca el espacio de la inmensidad, un lugar donde se develan los misterios de la naturaleza.

Pero dejemos que sea el mismo César Humberto Ramos, con sus palabras repletas de nostalgia plasmadas de la introducción de este libro, que nos refiera a grandes rasgos la esencia de su contenido, nos explique el por qué del título de dicha obra y por qué lo escribió:

Es el peregrinar de los recuerdos que se derraman en mis sentimientos por todo cuanto viví en mi llanura, no muy recientemente, cuando vacunaban cachilapos y orejanos en el hato El Cedral, allá por el año 1951. También es la evocación de todo cuanto me fue dado a conocer por los peones cedraleños, sobre las penurias y alegrías que se vivían en ese espacio del llano apureño (…) que ahora se ensambla en mis remembranzas como un LLANTO de la llanura infinita que se perdió en el horizonte, confundido en el ocaso con los últimos rayos de un sol vespertino (…)
TRISTEZA de la tonada viajera que, con el quejido de sus lánguidos versos, ha sido fiel y consecuente compañera de su partida. Y es que parte de esa estampa llanera se ha MARCHADO dejando una estela de incertidumbre en el corazón de los copleros (…)
NOSTALGIA por la desaparición de costumbres, creencias y valores que estuvieron arraigados en la inocente mentalidad de ancianos, mujeres, peones y campesinos que supieron vivir con estoicismo todas las vicisitudes de su condición social (…)
AUSENCIA de Cantaclaros y Florentinos que tomaron el sabor del verso directamente del inmenso jardín de su paisaje llanero, que lo vivieron espontáneamente para poderse compenetrar con él (…)
Gran parte de tu espontaneidad y de tu naturalidad se ha PERDIDO, mi querida llanura, porque el avance de la civilización ha TRASTOCADO tu lozana presencia para maquillar tu cuerpo con un nuevo perfil de arena y granzón (…)
(…) mi querida y vieja llanura, hoy quiero reivindicar tu nombre y la magnitud de tu presencia ante las nuevas generaciones (…) le voy a explicar a todos (…) mediante remembranzas sencillas, cómo estaba tu corazón repleto de paisajes; de tus bellas lagunas de aguas cristalinas rodeadas por la blancura de tus garzas y tus lirios sabaneros; (…) De tus hatos y modestos conucos enclavados en lo más profundo de tu ser (…) De tus sencillos y humildes llaneros que extremaron sus angustias en lomos de briosos caballos enlazando el ganado cerril (…) De las bellas Mariselas y Marialayas dispersas en cada rincón de tu horizonte, esperando el canto para escaparse con él.
Todo esto has sido tú, mi querida y vieja llanura, y por eso hoy suelto con angustia el LLANTO de mí recuerdo.

En la introducción de su último libro, este apureño ejemplar nos demuestra una vez más su entrañable amor y pasión por su tierra natal, su gente, su cultura, costumbres, geografía y su historia.

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Ya para finalizar este perfil, esta semblanza, AFIRMAMOS que por todo lo comentado hasta ahora y fundamentado básicamente en estos tres libros que han llegado hasta nosotros (dos de crónicas y uno novelado), César Ramos, uno de nuestros homenajeados en el día de hoy, a pesar de ser un estudioso de las ciencias del agro, forma parte de ese pequeño grupo de grandes escritores y narradores apureños… Que pertenece a esa escasa elite de intelectuales y auténticos valores notables que han dado lo mejor de sí aportando su cuota de cultura y de letras a éste su terruño natal.

A todos ustedes, muchísimas Gracias.

Elisur Emilio Lares Bolívar.

San Fernando de Apure, 10 de abril del año 2010.-


FUNTES CONSULTADAS


RAMOS, César Humberto (1988) Remontando el Apure Viejo (Desde 1931 hasta 1952). Maracay. En el bicentenario de la Fundación de San Fernando. Editorial El Aragüeño.

RAMOS, César Humberto (1991) Romance en el Caramacate (Mi Borita). Maracay. Talleres de Industria Gráfica Integral C.A.

RAMOS, César Humberto (2009) Mi llanto por la llanura. Ensayo histórico, literario y técnico, sobre la llanura apureña durante las primeras cuatro décadas del siglo XX (1900-1940). Caracas. Colección historias. Editorial El Perro y la Rana.

martes, 11 de mayo de 2010

La llaneridad: ¿Metáfora o paradoja?

Luisa Talmay Rivas García

Resumen:

Esta ponencia hará un recorrido por las nociones de cultura, consumo y producción, que manejamos, es decir, qué consumimos culturalmente y qué producimos. Para ello nos remontamos al pasado y hurgamos en la historia y en la literatura de nuestra región llanera, ambas, nos dan pistas sobre lo que hemos venido considerando como cultura y lo que hemos heredado de nuestros antepasados. Busca abrir una brecha en lo que consideramos cultura e intenta impulsar nuevas visiones sobre ello, desde una perspectiva dialógica.

Descriptores: Llaneridad, cultura, consumo, producción, historia, literatura, dialogía.

Preliminar

El Llano es el inmenso lugar donde nací, inconmensurable, sin límites; cuando me preguntaban que de dónde venía, del Llano era la respuesta inmediata que brotaba del alma. La llaneridad la podemos ver plasmada en el idioma, la música, la pintura, la escultura, la geografía, la gastronomía y otras expresiones más. La naciente República de Venezuela se ordenó (1811) y marcó límites, se territorializó, pasó por varias distribuciones geopolíticas hasta llegar a la que conocemos hoy; dentro de la distribución actual tenemos cinco estados llaneros, a saber, Guárico, Barinas, Cojedes, Portuguesa y Apure.
De Llano y los llaneros han hablado, cantado y escrito infinidad de artistas y escritores, en la literatura se exalta el Llano y sus costumbres, pero realmente, es importante escudriñarnos a nosotros mismos. Acompáñame por ese recorrido fugaz a la cultura vista desde nuestra propia perspectiva. Para ello, iremos al pasado, y hurgaremos en él, para reconocernos en este presente, de esta manera, nos aproximaremos a lo que se considera cultura, es decir, lo que se produce y lo que se consume actualmente.

1. De la cultura

Los conceptos de cultura y producto cultural son objeto de polémica y confusión; la cultura siempre ha sido un tanto denostada y su difusión poco reflexionada, pero, ¿qué entendemos en realidad por cultura? Actualmente la cultura es entendida como un "camino para hablar de entidades colectivas" y remite a la idea de una forma que caracteriza al modo de vida de una comunidad. Parafraseando a Beatriz Sarlo[1], podemos decir que, el cambiante paisaje urbano, la constante modernización de los medios de comunicación, el impacto de estos procesos sobre las costumbres y la cultura en general, son el marco y el punto de referencia respecto del cual se articulan las muchas respuestas producidas en la sociedad. En el curso de muy pocos años, ésta ha debido procesar, incluso en su propia biografía, cambios que afectan relaciones tradicionales, formas de hacer y difundir la cultura, estilos de comportamiento, modalidades de difusión y funcionamiento institucional.
Partiendo de la certeza de que en América Latina se ha caminado firmemente al establecimiento de enfoques teóricos propios, basados en grandes enfoques humanistas, es importante notar que el interés mayor se centró en la comunicación humana, las relaciones dialógicas, la democratización de las comunicaciones y los procesos de apropiación crítica por parte de los receptores.
En 1970 Armand Mattelart dio a conocer el modelo de la Comunicación Alternativa que rescataba la dimensión humana del fenómeno y planteaba interrogantes en torno a las relaciones dialógicas del proceso. La base de este modelo fue la concepción de la comunicación aportada por los filósofos latinoamericanos Paulo Freire (1973) y Antonio Pascuali (1972 y 1979). Freire con su análisis sobre educación y dependencia sustentaba que la comunicación dialógica es la base de la liberación del educando y por ende de la liberación cultural e ideológica.
Por otro lado el investigador venezolano Pascuali enfiló sus planteamientos filosóficos hacia la delimitación del fenómeno de la comunicación como “COMPARTIR” y “PONER EN COMÚN”, reserva la comunicación a las experiencias humanas de intercambiar, compartir y consaber en igualdad de condiciones. Ya a finales de los ochenta y durante la década de los noventa Jesús Martín-Barbero (1987) pone a circular su teoría de las mediaciones, en la que enfatiza “la forma de concebir al receptor como un sujeto activo que se `apropia` de la cultura masiva y con sus códigos culturales resemantiza los mensajes desde su contexto cultural y social, es un proceso que no sólo se produce en el momento de la percepción del mensaje sino que abarca las etapas de la producción y de la recepción, atravesadas por mediaciones diversas”[2].
A partir de este teórico latinoamericano, los estudios en la región hicieron posible el acercamiento del sujeto en su relación con su cosmos, en un contexto determinado local y macro-real, poniendo en evidencia los problemas de la cultura popular en su relación con la cultura masiva. La atención por la cultura en el sentido antropológico no se pone en las nociones intelectuales de los individuos singulares sino en el saber colectivo y distintivo de todos los grupos sociales. Así que podemos pensar la cultura como comunicación en tanto trama abierta con varias redes concurrentes y multiplicidad de interacciones.
El teórico latinoamericano Adolfo Colombres plantea la cultura como el producto de la actividad desarrollada por una sociedad humana a lo largo del tiempo, a través de un proceso acumulativo y selectivo.[3] Entre el planteamiento antropológico y el sociológico-semiótico, otros autores, como el sociólogo mexicano Jorge González, estudioso de las problemáticas culturales de Latinoamérica, la conciben como "un modo de organizar el movimiento constante de la vida concreta, mundana y cotidianamente. Es el principio organizador de la experiencia y mediante ella ordenamos y estructuramos nuestro presente, a partir del sitio que ocupamos en las redes de relaciones sociales".[4] Ya en la década de los noventa, se llega a aceptar como válida la definición general de Talcott Parsons de cultura como la del "discurso simbólico colectivo que toma en cuenta los conocimientos, creencias y valores sociales".[5]
Si tenemos en cuenta un diccionario más específico y reciente como el Diccionario crítico de política cultura: cultura e imaginario,[6] vemos que han existido dos macroenfoques de abordamiento de la cultura, el idealista y el materialista; el primero ve en la cultura el indicador de un espíritu formador global de la vida individual y colectiva manifestada en comportamientos y actos sociales varios, y el segundo -de inspiración marxista-, la considera como reflejo de un universo social más amplio y determinante. En realidad estas visiones son herederas de las dos grandes concepciones confrontadas en la segunda mitad del siglo XIX: la francesa y la alemana. La primera trataba la cultura como "civilización", como "cultura universal". Era un logro distintivamente humano, progresivo y acumulativo, basado en la razón, en la verdad, en la ciencia y en el conocimiento.
Los alemanes, por el contrario y siguiendo las explicaciones de Adam Kupper,[7] utilizaban el término "kultur" para referirse a los valores espirituales, a las artes y a las manualidades creadas por el genio individual que -según N. Elias- debía alcanzar la perfección espiritual y su "estado cultural". Los defensores de "kultur" tenían en cuenta las emociones, las tradiciones nacionales y, como indicaba A. Weber, el mundo del arte y de la religión no tenían fines racionales a los que servir. El capitalismo era un conjunto de fuerzas corrosivas y vulnerables. La cultura, además, no era cuestión de élites, sino que era la clase media universitaria la base de los intelectuales.
Una tradición en parte heredada por los liberales intelectuales ingleses que, críticos de la tecnología y de la civilización moderna propia de la industrialización, abogaban por los valores culturales de la tradición en el arte y la filosofía. Tenían en cuenta "the history of the human spirit" y consideraban que la cultura estaba bajo la amenaza de la civilización material y la incipiente cultura de masas (hoy arraigada completamente). Según Kupper, T. S. Eliot consideraba que la cultura era la manera de vivir juntos en un espacio. Williams, por su parte, veía la cultura en conflicto con un industrialismo; lo que había que hacer era buscar un punto medio entre la tradición y lo moderno, dejando espacio para la diversidad cultural.
Actualmente se conjugan las visiones materialista e idealista y tienen como objeto la cultura vista en sentido totalizante, antropológico y sociológico. Estas políticas culturales se orientan por estos distintos conceptos de civilización. Cultura y civilización pueden surgir como términos equivalentes, la cultura puede ser entendida como componente de la civilización o, desde otra perspectiva, se puede considerar la civilización como la etapa avanzada de la cultura. La cultura, sin embargo, no es un concepto tan pragmático: es subjetiva y no tiene leyes universales. No existe una naturaleza humana común y lo que hay son distintas concepciones, desarrollos culturales, adquisiciones, aprendizajes e influencias. Frente a la consideración de la cultura como ley y hecho natural tras la publicación de la teoría de la evolución darwinista (y que fundamentó el llamado "nacionalismo cultural") parece ser que al final la aceptación mayoritaria es la de la corriente boasiana que se desarrolló en los EU y que sentencia: "la cultura es lo que nos hace".[8]
En el desarrollo de estas visiones antropológicas y sociológicas la acción comunicativa es vital. Siguiendo el modelo de acción comunicativa de Jurgen Habermas podemos decir que el mundo de la vida se compone de cultura, sociedad y persona, siendo la cultura el cúmulo de conocimientos que adoptan las personas para tener una comprensión del mundo y la acción comunicativa el proceso interactivo de transmisión y renovación del saber cultural; la transferencia de la promoción de la integración social a partir de la solidaridad y la formación de la identidad de la solidaridad.

2. Del consumo

Néstor García Canclini define el término consumo como “el conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica”[9]. Así pues, ve el consumo como sistema de integración y comunicación. El autor considera que, todos los actos de consumo son hechos culturales, llega a esta reflexión basado en la afirmación de que la apropiación de cualquier bien es un acto que diferencia simbólicamente, integra, comunica, objetiva los deseos y ritualiza su satisfacción. Consumir considera el teórico es intercambiar significados. García Canclini concluye que “es tan fundamental en el consumo la posesión de objetos y la satisfacción de necesidades como la confirmación y reconfirmación de significados y valores comunes”[10].
Entre lo que se usa y se consume intervienen escenarios decodificadores y reinterpretadores como la familia, la escuela, la universidad y otras instancias más. Cada objeto destinado a ser consumido es un texto abierto, es decir, susceptible de ser “leído” según las apropiaciones de los usuarios.
El proceso de socialización hoy no está sólo en la escuela, en la familia, sino también en los medios de comunicación social. La cultura de masas ya no significa anonimato, pasividad, conformismo, es la que va a facilitar la comunicación entre los diferentes estratos de la sociedad. “Las diferencias sociales no son tanto de clases como de niveles culturales, de expresiones culturales como nuevos indicadores de la organización social”[11] Los medios, especialmente radio y TV, ocupan un papel central en el consumo cultural. La mediatización de lo popular supuso la incorporación en los MCS de expresiones tenidas como “auténticas”. Manifestaciones culturales populares son readaptadas para su consumo masivo e incluso, para consumo de la élite (p. ej. artesanías).
El hecho de que la cultura se quiera aproximar a un público general propio de una sociedad de masas no debe llevar a la disminución del rigor y el análisis de los contenidos propios.

3. De la producción

Los "productos culturales" son en muchos casos productos propios de la cultura de masas y de la misma globalización cultural. Desde el punto de vista de las formas culturales tradicionales, se observa claramente una uniformidad de la sensibilidad. En la mayoría de ocasiones no se busca un cultivo del espíritu como se consideraba en la Alemania del XIX ("kultur") sino más bien un entretenimiento, una ocupación para ratos de ocio, primando la visión materialista de la cultura frente a la idealista.
Para muchos la desproporción en la difusión de productos culturales extranjeros y nacionales es notoria, así como la compra de libros respecto a la lectura de libros y la marginación de géneros como la poesía. En relación a esto el hábito cultural de los públicos es esencial, es decir, el fomento de las actividades de recepción cultural. Existen diversos tipos de públicos y por ello deben existir distintos tipos de producción y mediación cultural. El carácter mercantilista de la cultura es aceptado por la mayoría como lógico e inevitable pero no hay que caer en excesos. Sin embargo, lo que más copa los estantes de lo que llamamos cultura, son los programas de televisión, las revistas sobre moda, la forma de vestir y la música comercial, que en muchos casos, no tiene ningún arraigo o apego con lo que somos.
Es notable el afán de consumo del conocimiento, un gran auge de masificación de la educación universitaria. La educación universitaria se propone formar un público específico para las ciencias, el arte y la literatura, una audiencia que, toma en cuenta los méritos simbólicos de las producciones y no tan sólo su valor monetario. Podemos ver al universitario como un consumidor-productor, que desde su perspectiva reelabora los mensajes que recibe en el proceso de enseñanza-aprendizaje; el universitario como consumidor-productor debe ser “un lector activo”, capaz de hacer crítica y también de transformar su entorno, tener voz y voto en los cambios proyectados y en la vida social.

4. Postliminar

Con estas nociones debemos revisar ¿qué producimos culturalmente y qué consumimos? Nos hemos concentrado en actividades religiosas, regionalistas, folclóricas, en realidad, hemos hecho un sincretismo cultural, esto no es nuevo. En el 2007 publiqué un reportaje en la Revista Nacional de Cultura sobre la celebración del día de San Fernando, esa es una de las pocas cosas sincréticas que se realizan, pero, ¿cuáles otras expresiones? ¿Cuántos diarios tenemos?, ¿qué publican? ¿Cuántas emisoras de radio y televisión?
Cuando hablamos del Llano, lo que marca el imaginario de la gente, es el joropo, el canto recio, el humor fácil, lo folclórico, lo chabacano. Pareciera que no nos hemos dado cuenta de que somos otros en un mundo que ha desdibujado las fronteras, así que, en el imaginario, somos una metáfora hermosa, susceptible de ser loada, pero, en la realidad, ¿qué vivimos?
Si partimos de que la educación como práctica difunde y consolida imaginarios, símbolos valores y tradiciones, entonces, debemos empezar por la escuela y verla como el escenario más democrático y amplio del mundo, construir una visión de mundo desde ella. Si la escuela es un lugar de integración de placeres y saberes, entonces éstos cobrarán significativa importancia para quien así lo sepa y viva. Rescatemos el lugar preeminente de la escuela, pero no podemos frenar en este ámbito.
La universidad debe estar concebida para hacer una sinergia con la sociedad en la cual se vive: “los intelectuales de ahora son orgánicos por su directa vinculación a un nuevo modo de producción de conocimiento, el de la industrias de la conciencia. La especificidad de éstas reside, precisamente en su objetivo; la fabricación, cultivo y mantenimiento de la opinión.”[12]
La academia produce conocimiento que a su vez debe ser difundido por los medios de comunicación de masas, en este sentido, los medios tomarán los contenidos que serán difundidos para adaptarlos al público destinatario del mismo; esa acción afecta los contenidos, las prácticas profesionales y a las ciencias sociales mismas. La competencia que se desarrolla es el cultivo del conocimiento y de los mecanismos que permiten su comunicación.
En la alianza que deberá reforzar la Universidad con los medios de comunicación de masas está el sustentar de manera concreta el saber que se difunda, hacerle seguimiento, darle complejidad y sistematización para que puedan darse los procesos de reflexión, con el propósito de crear productos culturales de calidad que trasciendan la moda, el mito, los personajes y hasta las corrientes de pensamiento.
La reflexión intelectual debe retomar su lugar en la comunicación de masas, de discusión y crítica pero también como integradora.Debemos considerar a la Universidad como lo que es, una comunidad hermenéutica de consumidores, que contribuye continuamente a crear escenarios de integración y comunicación de individuos de una misma sociedad, desde un punto de vista autónomo, independiente y crítico.
La praxis que se propone viene gestándose por la periferia, y ésta es la del comprometido, que rechaza la violencia y defiende la vigencia de los derechos humanos, que asume su responsabilidad, que fija posición frente a los hechos observados, y además, toma decisiones que atañen al hecho analizado, porque selecciona unas partes y desecha otras, esto quiere decir, que con estas acciones asume el riesgo de ser subjetivo.
La cultura ha acabado siendo la conciencia colectiva de las ciencias sociales y los antropólogos han sido designados para su estudio, de ahí que se llegue a afirmar, como A. Kupper, que prácticamente todo aquel que escribe sobre temas sociales debería ser contado como antropólogo. Las fuentes deben ser los documentos y el mundo y que éste último debe ser descifrado a partir de la lógica y de la sensibilidad. A lo que se escribe se le tiene que agregar rasgos de las demás artes y construir el mundo recuperando la identidad y la memoria colectivas.
Tenemos que abrir una brecha para insertarnos realmente en la comunidad y la comunidad en nosotros, una sinergia, para poder crecer, la escuela, la comunidad, la universidad, todos, requerimos el concurso de todos, centrarnos en el compromiso, buscar un punto de equilibrio y que seamos la voz de la comunidad, y al mismo tiempo, educar a esa comunidad, en el diálogo, la crítica, la lectura, para luego accionar, todo esto de manera simultánea.

Referencias bibliográficas

Barbero, Jesús Martín: De los medios a las mediaciones, G. Gili, Barcelona. 1993
Barei, Silvia: El sentido de la fiesta en la cultura popular, Alción Editora, Córdoba, 1991
Colombres, Adolfo: Sobre la cultura y el arte popular, Ediciones del Sol, Buenos Aires, 1987
Diccionario Crítico de política cultural, Pandora, México, 2000
García Canclini, Néstor: Los estudios sobre comunicación y consumo: el trabajo interdisciplinario en tiempos neoconservadores. (Trabajo mimeografiado)
Habermas, Jurgen: Facticidad y Validez, Madrid, Editorial Trotta, 1998Harris, Marvin: El desarrollo de la Teoría Antropológica, Siglo XX Editores, México, 1999
Kupper, Adam: Culture, Harvard University Press, 1999Mancini, Ugo: de la Universidad de Bolonia, disponible en http://www.crim.unam.mx/cultura/ponencias/1CultDesa/CDIDE15.htm
Muñiz Sodré: Reinventando la cultura, Gedisa, Barcelona, 1998
Ortega, Félix: El mito de la modernización. Bogotá, Anthropos, 2001
Parsons, Talcott: La Estructura de la Acción Social, Guadarrama, Madrid, 1968
Sarlo, Beatriz: Una Modernidad Periférica, Buenos Aires 1920 y 1930. Buenos Aires, Nueva Visión, 1988
Definición e información sobre la semiótica de la cultura en http://rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/moebio/04/osorio05.htm.

[1]. Beatriz Sarlo. Una Modernidad Periférica, Buenos Aires 1920 y 1930. Buenos Aires, Nueva Visión, 1988, pp. 262
[2]. Jesús Martín Barbero: De los medios a las mediaciones, G. Gili, Barcelona. 1993
[3]. Adolfo Colombres: Sobre la cultura y el arte popular, Ediciones del Sol, Buenos Aires, 1987
[4]. Silvia Barei,: El sentido de la fiesta en la cultura popular, Alción Editora, Córdoba, 1991
[5]. Talcott Parsons: La Estructura de la Acción Social, Guadarrama, Madrid, 1968
[6]. Diccionario Crítico de política cultural, Pandora, México, 2000
[7]. Adam Kupper: Culture, Harvard University Press, 1999
[8]. Ugo Mancini, de la Universidad de Bolonia, disponible en http://www.crim.unam.mx/cultura/ponencias/1CultDesa/CDIDE15.htm
[9]. Néstor García Canclini: Los estudios sobre comunicación y consumo: el trabajo interdisciplinario en tiempos neoconservadores. (Trabajo mimeografiado).
[10]. Op. Cit., p. 8
[11]. Op. Cit., p. 13
[12]. Félix Ortega: El mito de la modernización. Bogotá, Anthropos, 2001

Fotografía: Palmas en el estero. Entre La Negra y Puerto Miranda. (Arturo Alvarez D´ Armas)

domingo, 20 de mayo de 2007

EL PAISAJE EMIGRANTE


Alberto Hernández*
Alberto Hernández*

1.-
¿Hacia dónde viajan los límites de un paisaje? ¿qué palabra ondula frente al ojo que intenta describirlo, hacerlo sentido a partir de la reanudación de la memoria? El Llano tiene la ventaja de perderse en su extensión: alisa la mirada y la perturba. Siempre retorna polvoriento al mismo sitio.
El paisaje tiene la forma del afecto. El de los llanos se aproxima a las fronteras que lo bordean, y por esa misma mirada se tropieza con más llanuras, altiplanicies denudadas en accidentes que frenan la decisión de seguir siendo un imaginario parecido al cielo.
Decir que el llano se mueve no es una exageración.
Su lentitud, su activa migración, se refleja en los ríos que lo circundan y atraviesan. Igual va la memoria, tan dada a quedarse en un solo sitio, o regresar para dar fe de que el lugar ha viajado en la voz de un desconocido, en el acento rítmico y verbal de alguien aferrado a las orillas de una corriente o al bufido de una bestia criada en la sabana, que es el patio de los habitantes de esa plasticidad fisiográfica.
El concepto de Llano se reduce a su ilimitada precisión, o a su limitada imprecisión. La definición de ese paisaje abarca las descripciones de una ubicación pero también las narraciones de su desplazamiento. Se mueve y dice de las acciones de los que lo describen.
La tierra del Llano emigra hacia el espacio de un imposible porque quien lo lleva siempre deja algo para el regreso. La paradoja: el llanero viaja con su lugar a otros lugares, pero mientras está en el sitio del origen permite que éste viaje con la imaginación, no así el río que es lo único que –al moverse- se mantiene estático.
La literatura venezolana entró con asombro excesivo en el Llano. Esa manera de tratarlo falseó el mismo abordaje y dejó para los lectores obras que hoy son sólo el paisaje, la superficie. Los primeros intentos decantaron la tradición, el talante de una narratividad anclada en la variedad reincidente: el llano como flora y fauna, como faena, saturación descriptiva. En ese sitio de la memoria naufraga aún, puesto que esta manifestación promueve la banalidad de un estamento que no ha auscultado en completud en esta cultura. A la luz de esta definición, el llano es un paisaje absoluto. Es decir, una revelación inconmovible e inamovible.
Si la narrativa describió la superficie y la transitoriedad de un discurso, la poesía fraseó esa superficie a través de una musicalidad transgredida. Más allá de esa muestra excesivamente duradera, nuestra literatura ha tenido que forcejear para sacar a flote el verdadero sentido de ese paisaje. Una muestra de este esfuerzo lo hallamos en Efraín Hurtado, quien creó un discurso que logró exteriorizar el color local pero no localista, anecdótico, frugal por lo que tiene de afectado.
2.-
El llano se mueve en sí mismo y, al hacerlo, su fugacidad circular lo prolonga hasta el comienzo de las alturas.
Su tesitura se refleja, en primer lugar, en las modulaciones afectadas de obras que prefiguraron una conducta. Quien mira el llano lo escribe con la mirada. El paisaje que lo define debe ser visto sin el ánimo de calcarlo en el texto. Es preciso reflejar su interior, el comportamiento de su desmesura, la copiosidad extremista de un clima que destaca y promueve también la conducta del paisaje humano.
El paisaje llanero fue revelado como didáctica. Su estética se quedó en las relaciones cartográficas de sus exegetas. El llano es una rima de arte menor. Un relato de pormenores cuya ostensibilidad radica en fabular sobre la base de un sujeto móvil en un espacio inmóvil, lo cual contradice la épica de sus personajes. El viaje en el llano va más allá de quien viaja, en tanto en cuanto el llano se desplaza sin necesidad de pensarlo, ya es el viaje.
Quien viaja en esa superficie carga con los lugares de una geografía repetitiva.
Abriga un itinerario concurrente.
¿Cuántas naciones cohabitan en esa extensión?
Si nos llenamos de preguntas, no habrá quien responda. Existe un dominio espiritual que no ha sido calculado por narradores y poetas. Éste oculta la mirada y desdibuja los accidentes de un paisaje cuya metáfora rompe con el lirismo intralingüístico. El llano nombra con imágenes, pero al mismo tiempo las desmitifica.
Los hombres de estos lugares abiertos respiran completo, lo hacen con todos los sentidos.
Pero un solo hombre del Llano es suficiente para definir el Llano. No hace falta mover la tarde de una lluvia para afirmar que un día antes el desierto dominaba la intemperie de quien a esta hora viaja a caballo bajo una cobija de pelos, picosa para espantar los insectos y la soledad.
Me ayuda Edgar Colmenares Del Valle a adentrarme sin miedo en este mundo que es todo el mundo desde que lo vemos por vez primera. Y lo hace al convocar la presencia del Barón Alejandro de Humboldt durante su travesía por el cajón del Arauca apureño:
El cuadro uniforme que ofrecen los llanos, la rareza extrema de las habitaciones,
las fatigas que el viaje trae bajo un cielo abrasador y dentro de una atmósfera
oscurecida por el polvo, la contemplación de un horizonte que de continuo parece
huir ante nosotros, aquellos aislados tallos de palmera que tienen todos igual sem-
blante y que se pierde la esperanza de alcanzar porque se les confunde con otros
que rebasan poco a poco el horizonte visual, todas esas causas juntas hacen parecer
las estepas mucho más grandes de lo que en realidad son.
3.-
Ese llano que huye frente a los ojos del viajero, es el mismo viajero, quien traslada cada escondrijo, roza o animal con todos los sentidos, silencioso. Sólo el silbido de quien mira aturde la soledad. Uniforme porque cambia, sólo que es imposible advertir las diferencias entre un árbol y otro, entre una bestia y otra, entre un caño y otro, entre la planicie infinita y los primeros altos, oteros y cumbres que rompen la uniformidad de lo permanente.
-LLANO YO-
Quedarse era detenerse, le oigo decir a Trino Borges en un capítulo de su libro Humboldt de viajes y asombros, donde cavila sobre el viaje como una forma de llevarse el paisaje en los ojos para evitar el sedentarismo. Embargado por todo lo que veía, el barón alemán adquiría otro yo, otro conjunto de conciencias que lo mostraban como un alucinado, porque “un viaje nace primariamente en la imaginación”, apunta el profesor Borges. Y en esa misma ruta construye su ser. Viajar es crear. Encontrar un yo externo. Un yo sin ser.
Apegado a esta imagen viajo inmóvil con Fray Jacinto de Carvajal, viajo en prevenidas canoas y bogas, embarcada la petaquería de matalotajes. Dejo la corriente en el olvido de un rato, descuidado entre los mogotes hirvientes, perseguido por el silencio que cae con todo su peso contra mi cuerpo. Viajo yo llano, abrigado por las palabras que se quedaron en la última curva de un río detenido: el Tiznados, la liturgia de su barro, nido de huevos de babos y animales del agua que también son del aire. El camino que dejo atrás me sigue como un perro fiel: me dice las palabras que acabo de pronunciar mientras la sombra de una nube inmensa se movió pesada hacia el montón de árboles donde unas guacharacas despiertan el mundo y levan las copas quietas tantas veces mordidas por el fuego.
Alguien me llama desde un banco de zamuros que se hartan los restos de un caballo.
La tierra aquí deja de girar y se trasmuta en lingotes de oro en el cielo. El río fue destinado a ser una curva revuelta de caribes. La escritura de la muerte es la miseria de unos huesos flotantes. Se trata de un gavilán que, descuidado, fue alimento de una boca dentada, mientras en la orilla la roña sanguínea se acomoda entre las hojas podridas.
En algún recodo mi plural se tropieza con José Natalio Estrada:
El hombre tiende a quedarse solo en la tierra.
Lo miro esconderse tras su perro ciego.
Los límites del Llano viajan hacia él mismo. De su soledad y silencio, el porsiacaso, el bastimento para regresar.
Nadie escapa de esa inmensidad, emigra con el polvo, con las calaveras de los vacunos que llevamos en los ojos a falta de ojos para esos huesos bajo el ojo redondo de las alturas.
En la frecuencia de don Juan de Castellanos el viaje atiende a un lago, a un designio nombrado con nombre ajeno: Y es entre indios cosa bien usada.../ Pero pues declaramos la facecia/ Y burla de la vil enamorada,/ Que pare verse libre no fue necia,/ Digo que por la causa señalada/ Se dijo Venezuela de Venecia,/ Y ansí llamamos todos esta tierra,/ Que muy prolijo términos encierra.
En el allá del mismo país, otra tierra, que es la misma sin Venecia, habla el decidor de las Elegías de Varones Ilustres de Indias, de quien comenta el cronista Isaac J. Pardo: “...revelan en su autor un proceso de transformación que lo diferenciaba de lo español tanto en cuanto lo identificaba con lo americano (...) La identificación con la nueva tierra llevaba aparejada, necesariamente, la identificación con la lengua”. Se trata de un paisaje que el ojo nuevo -asombrado- del europeo creó desde su perspectiva: un paisaje que viajó en palabras con las alforjas del cronista.
Estas digresiones, vertidas en el Llano, recogen la dispersión de un lugar que es un espejismo, un viaje con el sol y la lluvia. Un viaje de la mirada y de los afectos. En la mirada y en los afectos.
El que vive en este paisaje viaja con él, lo somete a las voces que la luz le confiere.

*Poeta y narrador venezolano
(Fotografías de Arturo Álvarez D'Armas)