Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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viernes, 24 de octubre de 2025

EL NUEVO ROSTRO DEL PODER: LA PRESIÓN HÍBRIDA SOBRE VENEZUELA

 Humbert E. Urdaneta F.

24/10/2025


En el tablero de la geopolítica contemporánea, las invasiones han cambiado de forma. Hoy han dejado de anunciarse con tanques en las fronteras o con misiles sobre las ciudades. El poder se ejerce hoy de manera “sutil”, calculada, sobre todo, persistente. En nuestro país, caso venezolano, lo que se configura no lleva a pensar, por ahora, que sea una ofensiva militar directa, sino una estrategia de presión híbrida: una combinación que incumbe sanciones económicas, operaciones encubiertas, campañas de desinformación, guerra psicológica, movimientos diplomáticos y apoyo para actores políticos internos.
Este tipo de presión no busca la destrucción del adversario, sino algo mucho más complejo: su debilitamiento progresivo. La idea es mantener al país bajo un constante estado de tensión, donde cada crisis interna se amplifique y cada intento de estabilidad se ve interrumpido. Es una guerra sin declaratoria, pero con consecuencias amplias y de alto impacto social.
El primer frente de esta presión es el económico. Las sanciones impuestas por Estados Unidos y otros de sus aliados, restringen el acceso de Venezuela a los mercados internacionales y afecta directamente el funcionamiento del Estado, sus ingresos y su capacidad de maniobra. Aunque se presentan como medidas “selectivas”, su impacto se siente en todos los niveles de la vida nacional: desde la capacidad de importar/exportar alimentos, medicinas, insumos agrícolas o repuestos para la industria, hasta la estabilidad precarizada del sistema financiero.
Pero más allá del daño material, las sanciones cumplen un propósito simbólico: transmitir al mundo la idea de un país aislado, castigado, inmanejable. Es el poder blando del descrédito, que prepara el terreno para las otras dimensiones del conflicto.
La segunda capa de esta estrategia se libra en el terreno de la información. Las campañas de desinformación difundidas por medios, redes sociales y actores políticos buscan erosionar la legitimidad institucional y sembrar desconfianza entre los propios ciudadanos. El objetivo es doble: debilitar la cohesión interna y moldear la percepción externa del país.
En este sentido, la guerra híbrida se parece más a una batalla por los significados que por los territorios. Se disputa el símbolo, la creencia, el relato, la narrativa, el derecho a definir qué está pasando. Y en esa disputa, los algoritmos son tan importantes como los ejércitos.
La diplomacia también forma parte de esta red de presión. Las alianzas se reconfiguran, los apoyos se condicionan, y los organismos multilaterales se convierten en escenarios de legitimación o aislamiento. En paralelo, Washington apuesta al fortalecimiento de actores internos capaces de sostener un discurso alternativo al poder central. No se trata necesariamente de promover una sustitución inmediata, sino de mantener un foco de inestabilidad política constante.
Este equilibrio inestable funciona como una pinza: mientras la economía se asfixia y la narrativa internacional se controla, la presión política interna se mantiene viva.
Venezuela vive, así, un tipo de guerra que no se declara oficialmente, pero que se percibe en la cotidianidad. Es una guerra de desgaste, de largo plazo, donde las fronteras entre lo político, lo económico y lo militar se diluyen. En este contexto, para nosotros los venezolanos y venezolanas, el poder ya no se mide en tanques ni soldados, sino en capacidad de resistencia.
La pregunta no es si habrá una invasión, sino cuánto tiempo puede sostenerse una sociedad sometida a una presión múltiple y constante. Lo híbrido de la estrategia radica precisamente en eso: en su ambigüedad. No se sabe dónde empieza ni cuándo termina, pero sus efectos se acumulan, moldeando el comportamiento colectivo y la percepción del futuro.
En este escenario, Venezuela se enfrenta a un desafío que no es solo político, sino también cultural y psicológico: mantener la cohesión social en medio del asedio simbólico. Resistir ya no significa solo defender un territorio, sino preservar una identidad, una narrativa propia frente a la imposición de otra.
La historia enseña que las guerras cambian de forma, pero no de propósito. El poder siempre busca dominio, aunque ahora lo haga a través del lenguaje, la economía o los acuerdos. Lo que vemos hoy no es el fin de las invasiones, sino su transformación. Y en ese nuevo orden de conflictos invisibles, la presión híbrida es la forma más sofisticada del control contemporáneo y Venezuela esta dando ejemplos de resistencia.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Historia y supresión de archivos: Afro-descendientes - 1932


Rafael Lara-Martínez
Tecnológico de Nuevo México
Desde Comala siempre…

Esta gente es la madera afro-americana… Miguel Ángel Ibarra

La lectura de Cafetos en flor (1947) de Miguel Ángel Ibarra sugiere una doble enseñanza. No hay historia sin supresión de archivos. No hay testimonio sin mirada retrospectiva de un pasado revocado.

Ibarra nace en Atiquizaya, en el departamento de Ahuachapán en El Salvador en 1902. En la década de los veinte y treinta, se desempeña como líder sindical en la Federación Nacional de Trabajadores de El Salvador (FNTES y en la Federación Regional (FRTES)). Participa en la Universidad Popular de Ahuachapán y también milita en el Socorro Rojo Internacional (SRI), donde conoce a “Augusto Martí”.

Empero, su militancia “democrática y popular” no le basta para que la historia del siglo XXI escuche su deposición testimonial. Para hacer ciencias sociales, hay que tachar. La historia es bastante selectiva sobre los sujetos con derecho a testimoniar sobre un suceso histórico. Ibarra no aparece mencionado en ningún trabajo sobre 1932.

Su experiencia de vida en Ahuachapán, su lucha por los derechos de los trabajadores en el occidente del país, su exilio guatemalteco y su cárcel a la víspera de los sucesos de enero de 1932 y años siguientes, los escribe en el México pos-cardenista. Hay un desfase del hecho vivido (1932) a su recopilación (1947). Toda experiencia de vida se conjuga en el pretérito sin ninguna “urgencia por testimoniar”. “Mis ojos vieron mucho”.

II.

La excusa para suprimir su auto-biografía de todos los libros de historia será simple: su difícil acceso. La novela de Ibarra sólo la catalogan El Colegio de México y la Universidad de Calgary en Canadá. Pero tal pretexto valdría si se tratara de un caso excepcional.

La cuestión crucial para la historia del siglo XXI es que la quema sistemática de los archivos define su práctica acostumbrada. Como sección privilegiada de las ciencias sociales, la historia obra según una convención rigurosa. Hay que tachar toda documentación primaria inconveniente. Interesa ofrecer una visión coherente y elegante del pasado. Interesa acomodarlo a la política de la memoria en una actualidad antojadiza.

Para el período que comenta la autobiografía de Ibarra —el despegue violento del martinato (1932)—la convención de la historia salvadoreña resulta sencilla e implacable. Hay que suprimir todas las publicaciones oficiales y las revistas culturales autónomas de la época.

Los periódicos más obvios —el Diario Oficial y La República. Suplemento del Diario Oficial— los censura la historia del siglo XXI. El pacto científico habla del general Maximiliano Hernández Martínez (1931-1934; 1935-1939; 1939-1944) sustituyendo las fuentes primarias por los prejuicios actuales. Hay que hablar del martinato sin Martínez.

La misma supresión afecta a las revistas culturales de la época. De una veintena de publicaciones culturales —tachadas adrede por la historiografía del siglo XXI— sobresalen Cypactly. Tribuna del Pensamiento Libre de América, y el Boletín de la Biblioteca Nacional. Su inclusión obligaría a considerar que el arte nacional salvadoreño legitima la Matanza o, al menos, le resulta un hecho sin infamia ni recuerdo

Hay un imperativo categórico de las ciencias sociales en El Salvador. Hay que borrar todas las declaraciones teosóficas como las dos citas siguientes:
Quienes deciden “lanzarse a desantentadas rebeldías obedeciendo azuzamientos subversivos [de los comunistas] sólo les dejan saldos de miseria y muerte” (Cypactly, No. 19, 31 de julio de 1932).

Matan a sangre fría […] los peores asesinos. Por eso merecen condena eterna todos los hechos sangrientos hace algunos meses ejecutados por forajidos […] es una dolorosa equivocación creer que el comunismo se practica segando vidas y arrasando propiedades. Esas doctrinas que tuvieron origen en el Sermón de la montaña, no son de destrucción sino de conservación […] Esto lo han ignorado […] nuestros campesinos por eso han delinquido […] y se dejaron llevar al sacrificio de su vida” (Eugenio Cuéllar cuyo cuento lo ilustra Pedro García V., quien diseña varios “cuentos de barro”. Cypactly, No. 17, 22 de junio de 1932).

De lo contrario, “Francisco Gavidia, Salarrué… cuántos y cuántos, todos los ungidos, las almas luminosas de nuestra patria, [que] ungen y consagran con sus plumas estilistas las páginas de Cypactly“ (Lydia Valiente, Cypactly, No. 13, 20 de marzo de 1932). Todos los ungidos serían cómplices de un régimen que el siglo XXI condena por la Matanza.

Que condena sólo por sus actos militares, ya que la colaboración artística —tal cual lo demuestra Cypactly— el siglo XXI la juzga una manera de resistencia. En palabras de Salarrué, la resistencia significa acusar a los insurrectos por su “levantamiento de venganza”, en vez de aceptar “la resinación del venado indefenso […] el sacrificio” prescrito por “la raza” (“Balsamera”, 1935).

Sus “cuentos de barro” más radicales —la restauración de la comunidad ancestral por el entierro de “botijas”— inauguran la publicación oficial del Boletín de la Biblioteca Nacional en 1932. Se trata de la obligación del “intelectual en el amplio sentido de la palabra”, según Quino Caso, miembro del Directorio Militar en diciembre de 1931. Su publicación oficial consigna el compromiso de la literatura teosófica e indigenista con el despegue de un nuevo régimen militar.

Fue preciso que la tragedia surgiera, para que supiéramos […] los hombres de letras […] sugerir ideales” de identidad nacional. Por un pleonasmo en crasa paradoja, los “naturales” engañados por el comunismo se naturalizan como salvadoreños gracias al arte que los re-presenta.

III.

Por tal razón, la exclusión de Ibarra denuncia una coartada adicional de la historia del siglo XXI. Hay que suprimir toda militancia de izquierda indeseable. Su vindicación del estalinismo —luego del asesinato de León Trotsky (1940)—desluce la imagen que se anhela recrear del pasado. Ibarra hace de Farabundo Martí un “estalinista” y de la revuelta una “venganza” contra la represión “burguesa”.

Yo conocí al camarada Agustín Martí […] el orientador que nos puso en contacto con el gran país de Lenin y de Stalin. {Por él aprendí que] el marxismo es una ciencia y los grandes hombres, creadores de él eran personas cultas que se ligaron al pueblo: Engels, Marx, Lenin y Stalin. El comunismo es la perfección de la sociedad humana […] entonces [todos] amarán a Stalin”.

Vi levantarse la figura justiciera y vengadora de un campesino […] los campesinos por ese instante vengaron la sangre de sus hermanos […] Ese fue, el principio, de la revolución […] La noche era negra olía a tragedia y a sangre […] porque nos persiguen y nos asedian, nos quieren convertir en criminales” (Miguel A. Ibarra).

Ni la imagen de un líder de la izquierda salvadoreña, Farabundo Martí, como maestro del leninismo y estalinismo, menos aún, la de un levantamiento como reacción “justiciera y vengadora” se adecúan a la memoria que se aspira recrear del pasado. Por tal motivo la decisión científica resulta implacable. Hay que borrar. De otra manera, todos “amarán a Stalin”.

IV.

Asimismo, para despecho de un país sin grupos étnicos, Ibarra evidencia el legado de una población afro-descendiente. Más que un país mestizo, El Salvador se halla dividido en grupos étnico-raciales cuya filiación determinan la jerarquía social de un individuo. “Los nativos [son] tratados como esclavos”; “la madera afro-americana” de Atiquizaya alimenta la etnografía local, mientras “la mezcla de alemanes […] europeos aventureros” controla las haciendas.

A la hora de la revuelta, su descripción cobra un giro inaudito que resalta el linchamiento colectivo de un “negro” y de su perro guardián. La “venganza” no sólo se ejerce contra el opresor. Se practica también en una violencia horizontal, contra otro oprimido de distinto color de piel: un afro-descendiente.

La auto-biografía de Ibarra no se ciñe a las exigencias de la historia científica del siglo XXI. En vez de describir en detalle la revuelta y el “hay que matar indios y bolcheviques”, relata la anécdota de una amigo emblemático: Regino, un herrero huérfano de “origen negro” y su perro Quindinduy. La muerte del afro-descendiente y el linchamiento de su mascota simbolizan la colaboración popular, vergonzosa, con la Matanza.

V.

Que el propósito de la historia sea el olvido y el tachón de la documentación primaria es obvio. Cito sólo cuatro omisiones flagrantes que revelan la imagen de un martinato sin Martínez, según la convención de las ciencias sociales en el siglo XXI: Diario Oficial, La República. Suplemento del Diario Oficial, Cypactly. Tribuna del Pensamiento Libre de América y Boletín de la Biblioteca Nacional. Existe una veintena de revistas tachadas adrede que se añadirían a la lista.

Pero en nombre de lo objetivo, las publicaciones deben ocultarse. Antes que la consuma la hoguera de una nueva inquisición, rescato la experiencia de un afro-descendiente. Esta censura Ibarra la llama linchamiento de su amigo Regino y de su perro Quindinsuy, en los albores de 1932. Para la memoria del sindicalista, el emblema de la negritud sacrificada realiza los hechos.

Hay que quemar las fuentes primarias para crearse una credibilidad científica en una historia sin memorias incómodas. En nombre del pueblo, ni siquiera la experiencia de un sindicalista ahuachapaneco, militante del SRI, merece una mención. La lapidación de su “camarada” ciego, “de origen negro”, amerita un olvido más profundo.

La historia como ciencia es el teatro de lo reprimido. La escena de lo suprimido…

domingo, 8 de junio de 2008

INFORME PRESENTADO POR EL HISTORIADOR GERMAN CARRERA DAMAS,
EN SU CONDICION DE PRESIDENTE DEL COMITE DE REDACCION DE LA HISTORIA GENERAL DE AMERICA LATINA, A LOS MIEMBROS DE DICHO COMITÉ.*









Germán Carrera Damas








Miércoles, 14 de mayo de 2008


Hechos que motivan este informe:
La destrucción de numerosos ejemplares de la Historia General de América Latina, junto con los de las demás historias y otras obras y documentos.

Información obtenida:
1º.- Hasta el presente no he recibido ninguna información oficial escrita, en mi triple condición de Presidente del Comité de Redacción de la Historia General de América Latina, de Director del Volumen IV de la misma y de autor de varios capítulos. Tampoco he recibido tal información en mi condición de miembro del Buró del Comité Científico internacional encargado de elaborar la nueva Historia del Desarrollo Científico y Cultural de la Humanidad, y de autor de capítulos de la misma. Igual situación en lo concerniente a mi condición de miembro del Comité de Redacción de la Historia General del Caribe y de codirector del volumen II de la misma.
2º.- Información extraoficial: Una advertencia telefónica anónima y la publicación del Washington Post del 13 de abril, intitulada “A Maker of Books Destroys 100,000”. Posteriormente conocí una carta publicada en la sección de Opinión de El Mercurio, de Santiago de Chile.
3º.- Ante la solicitud telefónica de un pronunciamiento de mi parte, por diversos medios de comunicación, nacionales y extranjeros, respondí que me abstendría de hacerlo sin haber tomado conocimiento de la versión de los hechos que suponía ofrecerían las altas autoridades de UNESCO.
4º.- En consecuencia, dispuse viajar, a mis expensas, a UNESCO-París, para recabar tal información; y para el efecto solicité tres entrevistas: con el Director General de UNESCO, Dr. Koichiro Matsuura; con el Subdirector General, Dr. Marcio Barbosa, y con el Dr. Alí Mussa-Iye, Jefe de la División de políticas y diálogo Interculturales. Las entrevistas las solicité por vía electrónica el 16 de abril, y propuse como fecha el lunes 28 de abril, pues me hallaba convaleciendo de una leve intervención quirúrgica. Las dos últimas entrevistas me fueron concedidas de inmediato. No así la solicitada al Director General, quien jamás me ha concedido una entrevista, si bien el Dr. Barbosa me informó verbalmente que si podía quedarme dos días más en París, me sería concedida la entrevista solicitada. Lamentablemente, importantes compromisos que debía cumplir en Barquisimeto, Venezuela, el 1º de Mayo de 2008, pues debía participar en el Foro de apertura de la XXI reunión del Grupo Jirahara, me lo impidieron. La alta significación del Grupo me obligaba a viajar el día 30 a las 9.30 am.


Entrevista con el Subdirector General de UNESCO, Dr. Marcio Barbosa:
Me complace registrar la cordialidad y la atención con que siempre he sido recibido por el Dr. Barbosa. Me permito resumir los puntos sobresalientes de nuestra entrevista, celebrada el 29 de abril a las 12.30 pm: 1.- El Dr. Barbosa invitó a participar en la audiencia a dos altos funcionarios de UNESCO. quienes se encargaron de proporcionarme complementos de información.
2.- Me fueron proporcionados los siguientes documentos, relativos a la cuestión que motivó la entrevista: a) Conseil exécutif, 179 ex/31, Partie 1, “Audits de performance 2006-2007. Rapport sur les activités de publications de l’UNESCO”, en versiones francesa y española.
b).- Copia del proyecto de decisión presentado al Comité Ejecutivo por el Embajador de Togo, en el cual cabe destacar los puntos 4 y 10: “4.-Profondement choqué par la destruction inappropiée et no autorisée d’une grande quantité d’ouvrages historiques et litteraires publiés par l’UNESCO sans qu’aucune consultation n’ait été menée auprés des États membres afin de déterminer le sort ou la difusión de ces ouvrages.” “10. Note l’intention du Directeur general d’éclaircir les faits ayant mené á la destruction de publications, de déterminer la chaine des responsabilités et de prendre toutes les mesures requises pour s’assurer q’une telle situation ne se reproduise plus.” c).- Copia de una comunicación dirigida por el Sr. Saturnino Muñoz Gómez, Director de la Oficina de Información Pública de UNESCO, al Sr. Director del Diario El Mercurio,de Santiago de Chile, Cristián Zegers Ariztia, en la cual apuntó el siguiente párrafo: “Es mi deber informar a los numerosos historiadores y especialistas que trabajaron y trabajan en la redacción de la Historia General de América Latina que la lamentable destrucción de ejemplares de este magno trabajo, condenada por nuestro Director General, Sr. Koichiro Matsuura, no afecta en modo alguno la integridad de la colección. Los depósitos de la UNESCO en Bruselas disponen de al menos 500 juegos completos de la misma. Además, dos de los volúmenes fueron publicados en fechas posteriores a los hechos y otro está por salir dentro de unos meses, por lo que la reserva es aún mayor. Nuestro servicio de venta está por lo tanto en condiciones de atender todos los pedidos que puedan surgir, como lo han venido haciendo hasta ahora.” d).- Una hoja sin título con especificaciones sobre la destrucción de casi 5000 ejemplares de los volúmenes I a VI de nuestra Historia General, cuyo tiraje total fue de 12 000 ejemplares. En el caso de los volúmenes IV, V y VI, fue destruido alrededor de 50% de la respectiva edición de 2000 ejemplares, es decir unos 5000 ejemplares en total.. En esta hoja se hace constar: “Pilon début 2006 suite a un ordre donné par Mme Tanaka courant 2005.” 3.- Al expresarle al Dr. Barbosa la intensidad del agravio que me causaba lo sucedido, hice constar que tal estado de ánimo se veía agudizado porque, -le confesé-, había tomado muy en serio las palabras del Sr. Directos General de la Organización, Sr. Koichiro Matsuura, en el sentido de que las historias son la más importante y significativa contribución de UNESCO al diálogo entre las civilizaciones. Así lo expresé en carta al Sr. Director General, fechada en Londres el 15 de septiembre de 2001. Al referirme a su Discurso de apertura de la 162ª Sesión del Comité Ejecutivo, escribí: “Su altísima valoración de estas y otras historias que realiza UNESCO nos llena de orgullo a todos los que colaboramos en esas valiosas empresas culturales./ “Pero merece especial comentario su reflexión sobre lo que esas historias representan en improving mutual understanding entre pueblos y culturas. El hecho de compartir esta concepción ha animado nuestro trabajo. Las referidas historias permiten abrir una documentada alternativa de paz y cooperación entre pueblos, culturas, religiones y civilizaciones./ “Efectivamente, a la interpretación apocalíptica del proceso histórico de la humanidad como la marcha hacia una ineluctable lucha de culturas, civilizaciones y religiones, debemos contraponer una visión que subraye el hecho de que la dinámica histórica apunta en un doble sentido de interacción y de confluencia entre los pueblos, las culturas, las religiones y las civilizaciones. Este logro, símbolo de la creatividad y la espiritualidad del hombre, sólo es perceptible para quienes intentan captar la experiencia humana como totalidad, y no desde una perspectiva angular o sectorial.” 4.- Manifesté mi inconformidad con los argumentos expresados por los funcionarios invitados a la entrevista, y con los arriba transcritos en el punto c), comentados por el firmante del documento que los contiene. Lamenté que no se hubiese ofrecido los volúmenes, condenados a su destrucción, a las bibliotecas, universidades, institutos y escuelas de historia, especialmente de América Latina, que tropiezan con limitaciones presupuestarias. Subrayé la ingrata circunstancia de que mi solicitud de tres o cuatro volúmenes adicionales, para depositarlos en algunas de las instituciones mencionadas, no fue atendida. Igualmente hice notar la circunstancia de que nunca fui informado, extraoficial ni oficialmente, -mucho menos consultado- sobre tan infortunada decisión 5.- Como resultado de nuestra entrevista, asumí voluntariamente tres compromisos: a.- Elaborar el presente informe circunstanciado sobre lo sucedido, para ser enviado a los miembros del Comité de Redacción de la Historia General de América Latina, y a los directores de volumen; y por éstos a los respectivos colaboradores. b) Solicitar una entrevista con el Embajador de Venezuela, coordinador del Grupo Latinoamericano y del Caribe (GRULAC), formado por los correspondientes embajadores acreditados como representantes ante UNESCO, organismo que siempre ha brindado su respaldo y apoyo al Comité. Lamentablemente, mis llamadas telefónicas a la Embajada de Venezuela, y a la Delegación de Venezuela ante UNESCO, realizadas de imediato, no dieron resultado, por hallarse ausentes los respectivos jefes; lo que impidió que solicitase una audiencia, con la urgencia debida; y c) Enviar copia del informa tanto a la Dirección General de UNESCO como al GRULAC y a otras instituciones que podrían estar interesadas.
6.- Hacer constar en el informe, como conclusiones, el juicio que, dada la información obtenida, los sucesos merecen de mi parte.
7.- Me reservé el derecho de hacer una declaración personal a los medios de comunicación.

Conclusiones:
1ª.- Lo cometido por la UNESCO, en detrimento de la Historia General de América Latina, cuando ésta aún estaba inconclusa, puesto que se hallaban en proceso de impresión los dos últimos volúmenes, VII y VIII, no admite justificación; y no puede ser considerado sino como un grave caso de atentado a la cultura, tanto más condenable por haber sido cometido por una bien acreditada institución, como lo es UNESCO. En esta conclusión me permito abarcar lo actuado en relación con las demás historias, obras literarias y piezas documentales.
2º.- Reta el sano criterio de quien conozca la estructura jerárquica piramidal de UNESCO el intento de hacer recaer la responsabilidad de lo sucedido en escalones inferiores de su burocracia.
3º.- Los argumentos expuestos por los funcionarios invitados a la entrevista, relativos a consideraciones de espacio y costos de almacenaje, lucen especiosos, en el sentido de aparentes y engañosos, dada la magnitud y la gravedad de los hechos, y habida cuenta de la naturaleza educativa, científica y cultural de la Entidad bajo cuya égida fueron cometidos.
4º.- Creo interpretar el pensamiento de los colaboradores de la Historia General de América Latina, en todas sus instancias, al expresar mi profundo pesar por haber sido objeto, en nuestras personas y obras, de un trato desconsiderado en lo profesional, y altamente lesivo en nuestra condición intelectual, al ver nuestra labor objeto de tal menosprecio.
5º.- En razón de todo lo dicho, deseo dejar constancia, como Presidente del Comité de Redacción de la Historia General de América Latina, y como colaborador de la misma y de las demás historias, de mi más enérgica protesta.
6º.- En consecuencia, y cumplido a cabalidad el requisito de recabar la debida información institucional, me siento autorizado a exigir de la Dirección General de UNESCO la debida, oportuna y merecida reparación, oficial y pública.
7º.- Como aval de la posición que ahora asumo públicamente, debo dejar constancia de las siguientes circunstancias: a) No soy ni he sido funcionario de UNESCO; b) Mi desempeño, en calidad de experto, ha sido totalmente ad honores; c) Sólo he percibido derechos de autor como Director del Volumen IV y como autor de capítulos; d) No he recibido, -mucho menos reclamado-, beneficios adicionales, como no sean los derivados de la honrosa oportunidad de compartir con ilustres y respetados colegas, maestros y amigos, la empresa de la Historia General de América Latina, y de las demás historias; y, sobre todo, de haber honrado mi lealtad a los principios estatutarios de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
gcarrera@cantv.net

*Tomado de: http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/2738924.asp