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sábado, 5 de agosto de 2017

Marguerite Duras, el elogio de la mentira, divagaciones

Jeroh Juan Montilla

Entre los varios libros, en los cuales afano mí día a día lector en estos momentos, está la novela “Los caballitos de Tarquinia” de Marguerite Duras. Como grato y sagrado lugar común de toda su obra en esta también asistimos a percibir los celajes del fantasma de la autora, la vemos deambular sobreimpuesta por ráfagas narrativas en la carne y haceres de algún personaje, es un desdibujo fascinante, lúdico, para mí es como caer bajo el espejismo de Proust pero tres piso más arriba, no hay duda. Es el logro de la economía expresiva y argumental de la Duras frente a esa plenitud proustiana de selva vivencial, farragosa y adictiva. Un mismo acierto por caminos inversos. Ese hilado en zigzag sobre la trama de la memoria, el ir deformando o trastocando, a fuerza de ficción, lo biográfico, hasta reconocernos literariamente en lo irreconocible, eso nuestro que no compete a los marcos de la identidad. Mi enlace devocional con Marguerite Duras está en su decir, la manera en que frasea produce en mi los mismos estados de ánimo que me provocan las lectura de Heidegger y de Hegel. Paradójico, una novelista al mismo nivel de dos filósofos o viceversa. Mi asunto con estos tres autores no es cuestión de historias, argumentos o razonamientos en sí mismos sino que es la corteza formal de sus textos, es la piel, es la superficie de sus palabras. Es un auténtico encuentro con el arte perdido de la elocuencia, es percibir reveladoramente la textura de lo escritural sea para contar o argumentar. 


Un detalle. El título de esta novela me remite a mis años adolescentes, de estudiante hurgador de textos y enciclopedias de historia del arte. El encuentro con aquellas grandes láminas, con su primerizo e inolvidable olor a tinta y la imagen de aquel par de caballos alados, el alto relieve de unos animales en ocre y en trote, con alas desplegadas, pero que dan la sensación de que nunca podrán abandonar la región del mármol, que era inútil su preciosa arrogancia, que aun el peso inexistente del frontón del templo del ara de la reina domaba irreversiblemente la altivez mítica de aquellos nobles caballos etruscos. Pero de todos modos hay que intentarlo, hacer como sí. Como si lo fragmentario pudiera concederles la libertad. Esa totalidad. Eso es el arte, solo una pretensión, la inevitable necesidad de lo infructuoso. Todos en la vida somos unos caballitos de Tarquinia, remitidos siempre al rigor de un conjunto, de una monumentalidad ya vencida por la nada. Mientras, al igual que los personajes de la novela, nos amparamos en las veladuras, en la mala fe del subtexto, el mentir a medias. ¿Qué sería la existencia si viviéramos expuestos a la intemperie de la franqueza, sin el cobijo de la más mínima subjetividad? ¿Es la elusiva conciencia humana una hechura realizada fuera de los territorios de la Naturaleza, su contraparte? 

Ahora bien, en Caballitos de Tarquinia veo que Duras, en este momento de mi lectura, es Sara, un personaje atrapado en el puño caluroso de una playa italiana, la mano del Mediterráneo sofocándola. Tiene resquicios de la mujer de Lot, es una mujer salobre. El agobio de la canícula le proporciona un embeleso contemplativo, admira los ceremoniales y sabios giros del cuerpo de un pescador antes de lanzar una inmensa red sobre la palpitante fogosidad del mar. Cierro el libro y veo como la red se despliega, ya no hay un puño cercando a Sara sino la palma abierta de un Dios cayendo sobre el ondulante mundo de texto. Me doy cuenta, que de mi lado, el no literario, una densa lluvia asola con dulzura los vidrios del ventanal. Veo que Dios, al igual que el pescador ante Sara, ha dado un giro en el infinito y lanza una ilimitada red llamada lluvia, la fresca urdimbre del rey pescador que cae parsimoniosamente sobre la sed de las piedras, sobre la espesura de los árboles, sobre el sufrimiento de esta gente anónima que somos, una gente de entre líneas que verdadera y reiteradamente somos. Marguerite Duras, contigo me entero de una buena primera vez de aquellas palabras de Nietzsche que leí hace muchos años: “Puede ser que deseemos la verdad, pero ¿por qué rechazar lo no-verdadero, o la incertidumbre y hasta la ignorancia? ¿Ha sido el problema de la validez de lo verdadero quien se ha puesto frente a nosotros, o hemos sido nosotros quienes lo hemos buscado? ¿Quién es Edipo aquí? ¿Y quién es la Esfinge?”

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Arte africano en Venezuela

Arturo Álvarez D´ Armas




Arte afroamericano. Colección Arturo Álvarez D´ Armas. Foto Arturo Álvarez D´ Armas. 14-10-2015.



La presencia del arte africano en Venezuela tiene una historia. El 7 de mayo de 1954, bajo la dictadura militar del General Marcos Pérez Jiménez, es inaugurada en el Museo de Ciencias Naturales la colección africana donada por el Rey Leopoldo de Bélgica a Venezuela. La misma se encuentra constituida por esculturas en madera y artesanía provenientes del Congo Belga, hoy República de Zaire.
Sería necesario que pasaran trece años hasta que, en noviembre de 1967 bajo la dirección de la africanista Dra. Angelina Pollak-Eltz, se realizara una selección de la donación del Rey Leopoldo en el Museo de Ciencias Naturales –en adelante M.C.N.- titulada “EXPOSICIÓN ETNOGRÁFICA DEL CONGO”. Ese mismo año la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela publica el boletín Cuaderno, N° 2, dedicado al Arte Africano.
A principio de la década del 70 llega a nuestro país, proveniente de los Estados Unidos, un apasionado estudioso de África y la diáspora africana en América, es el Dr. James Edward Scott. Como funcionario del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional es encargado de la Sección de Estudios Africanos y Afroamericanos del Centro de Estudios de Fuentes Culturales. Bajo su dirección y organización es el responsable directo de las tres grandes exposiciones africanas de los años 70 y 80 del siglo XX. El 15 de febrero de 1976 se presenta en el M.C.N. la muestra “Arte Africano en colecciones venezolanas”, donde se reveló la importancia del arte negro para los coleccionistas venezolanos. El 26 de septiembre de ese año la Galería Arte Contacto presenta, procedente de los Estados Unidos la exposición “ESCULTURAS AFRICANAS”. El 8 de noviembre de 1977 los presidentes de Venezuela y Senegal, Carlos Andrés Pérez y Leopoldo Senghor, inauguran la exposición “LOS DIOSES COMO LOS VEMOS”, de grata recordación en el ambiente cultural venezolano. En conmemoración del bicentenario de Simón Bolívar el doctor Scott organiza con obras de su colección y algunas de la colección de Bélgica la sala permanente “PRESENCIA AFRICANA Y AFROAMERICANA”, estas dos actividades son en el M.C.N.
El 29 de julio de 1990 los amantes e investigadores de África al sur del Sahara se dieron cita en ese templo de la cultura nacional –M.C.N.- para deleitarse con la “EXPOSICIÓN ETNOGRÁFICA DE ÁFRICA SUBSAHARIANA”, perteneciente a la Casa de África de La Habana. Esta institución cubana se especializa en investigar y divulgar la historia de la cultura africana. La muestra itinerante, que por primera vez sale de Cuba, contiene una representación artística de 26 naciones como Namibia, Etiopía, Zaire, República Popular del Congo, Benín, Angola y Nigeria entre otras. Allí tuvimos la brillante oportunidad de conversar con la Licenciada Claudia Mola, directora de la Casa de África, quien informó que ese organismo es fundado el 6 de enero de 1986, con el fin de dar a conocer al mundo el patrimonio cultural africano. En ese centro se investiga los temas étnicos de los países pertenecientes a su colección, el museo cuenta entre sus fondos con la valiosa Colección Afrocubana del maestro Don Fernando Ortiz y la Colección Africana del Presidente de Cuba, Comandante Fidel Castro Ruz.
Verdaderamente ha sido un placer habernos reencontrado a través de esta exposición con nuestras raíces, las cuales son hoy estudiadas bajo distintas ópticas y con mucha seriedad académica por una nueva generación de jóvenes como Jesús “Chucho” García, Juan Carlos Báez, José Marcial Ramos Guédez, Juan de Dios Martínez y Antonio Acosta Márquez.

*ÁLVAREZ D´ ARMAS, Arturo. “Arte africano en Venezuela”. En: el siglo. Maracay: 27 de septiembre de 1990. Cuerpo A. Página 4.


Nota: La República de Zaire corresponde a la actual República Democrática del Congo. Los investigadores Martínez y Acosta Márquez fallecieron hace unos años.

lunes, 31 de agosto de 2015

Bibliografía Africana de Arte e Historia

Arturo Álvarez D' Armas*



“Apres-Midi-en-Afrique” – Jaques Beaumont*



Durante mucho tiempo la historia de África ha sido olvidada o poco conocida en Venezuela.
En los últimos años es cuando se abre una pequeña brecha sobre todo en el estudio del arte africano en las personas de Miguel James (Trayectoria del Arte Africano), James Edward Scott (quien dirige el único Centro de Estudios Africanos que hay en nuestro país, adscrito a la Biblioteca Nacional) y Angelina Pollak-Eltz (Exposición Etnográfica del Congo. El Arte Congolés). En el campo de la historia africana contamos solamente con el estudio publicado por Alberto Navas y Ramón Suárez África Occidental Negra. La Colonización y la Formación de Clases Sociales.
Esta breve bibliografía pretende ayudar a los investigadores, estudiantes, profesores y profanos en la materia. El presente trabajo forma parte de la Bibliografía Africana (Lingüística. Literatura. Antropología. Sociología, Arte, Historia, etc.) pronto a publicarse.

1.- ÁFRICA. Barcelona: Editorial Noguer, 1977. 211 p. (Enciclopedia del Mundo Moderno. 10).

2.- ÁFRICA. Selección de Armando Entralgo. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1979. 6 vols. Contenido: Vol. 1 y 2, África Económica: Vol. 3. África Sociedad; Vol. 4, África Religión: Vol. 5 y 6. África Política.

3.- ARTE Africano. Caracas: U.C.V., Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Extensión Cultural,1967. 8 p. (Publicaciones Arquitectura. Cuaderno, 2).

4.- ARTE Africano en Colecciones Venezolanas, 15-29 de Febrero de 1976. Caracas: Biblioteca Nacional, 1976. 80 p. Contiene textos de: Virginia Betancourt, Miguel Acosta Saignes, Dardo Cúneo. James Edward Scott.

5.- ARTE del África Negra. Barcelona: Ediciones Polígrafa, 1976. 102 p.

6.- BALANDIER. Georges. África Ambigua. Buenos Aires: Sur, 1964. 247p.

7.- BENITEZ, José A. África: Biografía del Colonialismo. La Habana: 1964.

8.- BERTAUX, Pierre. África. Desde la Prehistoria hasta los estados actuales. Madrid: Siglo Veintiuno, 1974. 359 p. (Historia Universal Siglo XXI, 32).

9.- CONTRERAS, Jesús. Introducción al Estudio de Africa. México: U.N.A.M., Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, 1974. 110 p.

10.- COQUERY-VIDROVITCH. C. África Negra de 1800 a Nuestros Días por C. Coquery-Vidrovitch y H. Moniot. Barcelona: Editorial Labor, 1976. 416 p.

11.- DAVIDSON, Basil. La Historia Empezó en África. Barcelona: Ediciones Garriga, 1963. 284 P.

12.- DAVIDSON, Basil. Reinos Africanos. Amsterdam: Time-Life International, 1971.

13.- DELAFOSSE. Maurice. Los Negros. Barcelona-Buenos Aires: Editorial Labor, 1931. 97 p.

14.- LOS DIOSES Como Los Vemos, 8 de Noviembre al 8 de Diciembre de 1977. Museo de Ciencias. Caracas, Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas, Centro de Estudios e Investigaciones: 1977. 91 p. Contiene textos de: Leopold Sedar Senghor, Carlos Andrés Pérez, Virginia Betancourt, Juan Liscano, James Edward Scott, Horacio Jorge Becco y José Marcial Ramos Guédez.

15.- FAGG. William. El Arte del África Central. Esculturas y Máscaras. Milano: Editorial Hermes, Unesco: 1967. 24 p. Contiene 32 láminas.

16.- FAGG, William. El Arte del África Occidental, Esculturas y Máscaras. Milano: Editorial Hermes, Unesco: 1967. 24 p. Contiene 32 láminas.

17.- FIGUEIREDO. Napoleao. Arte Africana. Belem: Museo Paraense Emilio Goeldi, s.a.

18.- GUANCHE, Jesús. Arte en África Subsahariana. La Habana: Centro de Documentación del Consejo Nacional de Cultura, 1975.

19.- HOLY, Ladislav. La Plástica Africana. Regiones Oriental y Meridional. Praga Fondo de Cultura Económica, 1967.74 p. Contiene 152 ilus.

20.- JAFFE, Hosea. Del Tribalismo al Socialismo. México: Siglo XXI Editores, 1976.
389 p.


21.- JAMES, Miguel. Trayectoria del Arte Africano. Caracas: Biblioteca Nacional, Centro de Estudios de Fuentes Culturales. Sección Africana, Afroamérica y Afrovenezolana, 1976. 5 p.

22.- JULIEN, André. Historia de África. Buenos Aires: Eudeba, 1963.

23.- KI-ZERBO, Joseph. Historia de África Negra. Madrid: Alianza Editorial, 1980. 2 vols. Contiene: Vol. 1. De los orígenes al siglo XIX; Vol. 2, Del siglo XIX a la época actual.

24.- KULTERMANN, Udo. Nuevos Caminos de la Arquitectura Africana. Barcelona: Editorial Blume, 1969. 127 p.

25.- LAUDE, Jean. Las Artes del África Negra. Barcelona: Editorial Labor, 1968. 282 p. (Nueva Colección Labor, 70).

26.- LEON, Argeliers. Introducción al Estudio del Arte Africano. La Habana: Editorial Arte y Literatura, 1980. 178 p. Contiene 82 ilus.

27.- LEUZINGER, Elsy. África. Barcelona: Editorial Praxis, 1961.

28.- NAVAS, Alberto. África Occidental Negra, la Colonización y la Formación de Clases Sociales. Por Alberto Navas y Ramón Suárez. Caracas: Julio de 1977. 13 p.

29.- OLIVER, R. Breve Historia de África. Por R. Oliver y J. D. Fage. Madrid: Alianza Editorial, 1971. 306 p.

30.- ORTIZ ROMERO, Eduardo. África: Pasado y Presente. Segunda Edición. Santiago de Chile: Empresa Editora Nacional Quimantú Limitada, 1972. 108 p. (Serie Análisis. Colección Camino Abierto, 6).

31.- PALERMO, Miguel Angel. Arte Popular Africano. Por Miguel Angel Palermo y Ana María Dupey. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1977. 86 P.

32.- PAULME, Denise. Las Civilizaciones Africanas. Buenos Aires: EUDEBA, 1965.
118 p.

33.- PAULME. Denise. Las Esculturas del África Negra. México: Fondo de Cultura Económica, 1974. 17l p. (Breviarios, 165).
34.- POLLAK-ELTZ, Angelina. Exposición Etnográfica del Congo. El Arte Congolés. Caracas: Instituto de Cultura y Bellas Artes, Museo de Ciencias Naturales de Caracas, 1967. 15 p.

35.- REDINHA, José. A Habitacao Tradicional Angolana. Aspectos da sua Evolucao. /Loanda/: Edicao do Cita (Fundo de Turismo e Publicidade, 1973. 53 p.

36.- SURET, Jean. África Negra: Geografía, Civilización Histórica. La Habana: Editora Política, 1963. 221 p.

37.- SUTTON, Félix. África. Barcelona: Editorial Timun Más, 1976. 63 p.

38.- THEILE. Albert. El Arte en África: el Alma de un Continente. Madrid: Ed. Daimon, 1964.

39.-VELA, María Elena. África, Botín del Hombre Blanco. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1972. 127 p. (Biblioteca Fundamenta del Hombre Moderno, 74).

*ÁLVAREZ  D´ ARMAS, Arturo. “Bibliografía africana de arte e historia”.

En: Cuartillas. Maracay: N° 168, 15 de noviembre de 1981. P. 15. (el siglo).
Ilustración tomada de http://www.gabitos.com/MENTEABIERTA/template.php?nm=1311885445

viernes, 17 de enero de 2014

ERROL GARNER*



Arturo Álvarez D´ Armas

Errol Louis Garner nació en Pittsburg el 15 de junio de 1921. Pianista y compositor de formación autodidacta. No sabía leer ni escribir música, siendo por ello uno de los más originales intérpretes de piano. Sus comienzos son en Nueva York entre 1939 y 1944 en el The Slam Stewar Trio. En 1947 trabaja junto a Charlie Parker. Allí Parker y Garner llegan a lo “máximo” en Cool Blues; en esa misma sesión acompañan al cantante Earl Coleman, en el éxito “This Is Always” (Charlie Parker On Dial. Vol. 2). En la misma época graba en vivo “Blue Lou” con Gene Norman y Wardell Gray (Jazz Scene USA), de ese recordado concierto dicen Case y Brit (1984: 75) “Garner está asombroso”.
Incursiona en los años 50 y parte de los 60 en la televisión de Estados Unidos; era considerado uno de los grandes del swing. Sus improvisaciones (Inurria, 1988: 54), sobre las melodías están enriquecidas con unas prodigiosas introducciones que inician la atmósfera requerida. Y siempre su peculiar teclear impone la personalidad del artista al motivo elegido.
El investigador francés André Francis (1972: 93), precisa de manera exacta como Errol Garner tocaba el piano: “En los tempo lentos su ejecución se echa a perder por una sobrecarga de arpegios, mientras que en tiempo medio o rápido es tan pleno como movido” (…) “la derecha con la libertad rítmica muy atrayente. Sus dos manos, una muy retardada de la otra, crean un gran swing, realzando aun por un ataque decisivo”.
En la década de los años 50 conforma un trío, junto a Denzil Best en la percusión, sustituido después por Kelly Martín y Eddie Calhoum en el bajo.
El no poder leer y escribir música no le impidió componer joyas musicales como “Misty”, “Laura”, y “Dreamy”; también compuso la banda sonora del film “A New Kind of Love” realizada en 1963.
Esta llama del jazz se apagó el 2 de enero de 1977 en Los Ángeles, California.

Fuentes consultadas:
CASE, Brian y BRITT, Stan. Enciclopedia ilustrada del jazz. Edición al cuidado de Jorge Arnaíz. Madrid: Ediciones Júcar, 1984. 218 p.
FRANCIS, André. Panorama del jazz. Caracas: Editorial Tiempo Nuevo, 1972. 196 p.
INCURRIA, Ángel Luis. “Un teclado inconfundible”. En: Reseña. Madrid: Nº 190, diciembre 1988. P. 54.
The New Grove Dictionary of Music and Musicians. Edited by Stanley Sadie. London: Macmillan Publishers Limited, 1980. Vol. 7. P. 167.

Discografía consultada:
Close-up in swing. Phillips 632200BL. Monaural.
Concert by the Sea. /Presentación/ by George Avakian. Columbia CL883.
Concierto. Círculo Musical Nº 60. Caracas: Colección Jazz.
Gems. CBS S 21062. Serie I love jazz.

*Publicado originalmente en La Prensa. San Juan de los Morros: 12 de abril de 1989. P. 8. (Suplemento cultural BONGO, Nº 53).

miércoles, 5 de diciembre de 2012

San Sebastián de los Reyes y sus Personajes. Un hombre práctico: Alberto José Zapata Delgado.


  Tulio Rafael Durán Vegas*


Este personaje es un hombre silencioso que, casi siempre,  me dice ante cualquier adversidad: “los últimos serán los primeros”. Sentencia muy sutil recogida de las Sagradas Escrituras que, sin lugar a equívoco, expresa a simple vista como fisgoneo, la queja que aflora -con gran altruismo- ante los que, por su conducta egoísta, presentan esta sintomatología en la cual ponen primero su celo profesional por encima de los demás sin antes reconocer algún mérito y, regularmente, lo tiran a la borda como producto del capricho de la ignominia y su conducta ególatra. Pero, en la regla –muy a menudo-  hay grandes excepciones;  entre ellas, la de este amigo mencionado que, en su más profunda y dilatada bondad, sin escatimar esfuerzos, me hizo entrar de primero al mundo de su taller siendo el último para ofrecerme -sin pensar mucho- todo el valor que posee como artesano y pintor al llevarme de la mano, a conocer su creación anónima. Por otra parte, con un claro ejemplo de desprendimiento,  me ofreció sin costo alguno, hacerme el montaje de unas litografías de famosos, con un marco atípico, que me regalara el artista  folklorista del Caribe y Latinoamericano Tico Jiménez, nacido en Costa Rica y nacionalizado venezolano,  más otras del  Dr. Jorge Antonio Osorio. En ese pequeño mundo, Alberto  el artesano pintor y escultor, me  invitó a presenciar su creación anónima señalándome  un lienzo recién pintado y un bejuco silvestre, que le entregara Manuel Barrios, convertido en una obra de arte que, a cualquiera, si alguna vez lo ha mordido alguna serpiente, no dejan de parársele  los pelos; lo había transformado en una gigantesca cobra, además de esto ese día pude  mirar  una maqueta de la Capilla de La Virgen de La Caridad también elaborada por él y colocada sobre la tumba de su madre en el Campo Santo.  Todo esto me indujo a establecer cierta relación, aunque no viene el caso la comparación,  entre los escritores y el artesano Alberto José Zapata Delgado en la presente  columna de opinión para decir que no siendo diestro en este género de la escritura, ni nada por el estilo  en el paralelismo existencial, me llevaron a establecer este símil entre el trabajo teórico de los primeros y el práctico del segundo. Si,  en  aquellos, los escritores hay grandeza de ingenio porque su teoría se trasmuta en práctica cotidiana para trascender sin la más mínima suspicacia. En la más remisa soledad está este amigo que remonta esta cuesta de la teoría en la anonimia al  llevarnos  a  elucubraciones  que, en la práctica, nos permiten observar- en su laboriosa soledad- esta especie de liturgia que, a diario, forja en  los museos  y escuelas de música en el Sur de Estado Aragua bajo la dirección del Profesor Andrés Rodríguez Gómez, otro hombre práctico que,  en su quehacer, al igual que este artista sin nombradía constituyen un binomio que ponen bien en alto; que el Sur Sansebastianero  es nuestro Norte por la praxis que realizan muy dignas de encomio.  En fin, el amigo Alberto es, sin equívoco, al igual que Pedro Palma son unos grandes artistas autodidactas, con la diferencia que el segundo si pasó por ellas, no así el segundo que nunca ha pisado una escuela pero, paradójicamente, contribuyen con ellas al extremo del paroxismo en el sostenimiento. Poco le importa la turbulencia y el umbral donde se desempeñan para cristalizar, en el más hondo grito del silencio, las obras esperadas y requeridas en  estas Instituciones. Al pintar y esculpir en la piedra bruta la materia inerte y, aparentemente,  inerme o sin alma, logran darle vida con el insuflo de sus manos a lo que será su obra de arte consumada y al trabajo común con sus casitas de maderas pata luthería. Por otro lado arreglan hacen pupitres, bibliotecas y sitios ya nombrados de luthería para la fabricación de instrumentos de cuerda para bien de los educandos de la patria, evitando así que  no permanezcan ociosos y ocupen su tiempo  en este otro arte que les brinda una fuente de trabajo segura, la de músico,  y les evite caer en la delincuencia.  Son en sí, el amigo Alberto Zapata y  Pedro Palma unos hombres laborioso cuyas obras me atrevería a decir sin subestimar la labor que efectúan los grandes escritores por su incomparable esfuerzo teórico ejecutado,  en las diferentes dimensiones del saber, tan digna de admiración como la de este descolegiado, ya nombrado por su invalorable genialidad práctica.  
Es difícil encontrar personas  dadas a  esta empresa sin hacer alarde de lo que realizan. Pero, aunque nos parezca contradictorio,  por  acá en nuestra ciudad  y en las ciudades circunvecinas y en el país en general, los hay. Nadie le dedica una página, tal vez esperan que mueran para hacerlos notorios hasta la saciedad por su labor titánica; entre ellos está el poeta y músico José Antonio Abreu, para citar un ejemplo; y los desconocidos,  que, de manera desinteresada,  tratan de  mantener  la vigencia de algunos medios de comunicación social  dirigidos a  recoger el rol protagónico de los pueblos. Me atrevería a decir que aquí en Guárico y Aragua  y en cualquier otro lugar del país está ese personaje con la ayuda ofrecida por algún equipo reporteril como el dirigido por la Directora de “El Reportero”, la Señora Maritza Turupial  y sus colaboradores.
 Ese  sujeto  al que, hasta el momento, he mantenido en suspenso como dato elidido, quizás con el firme propósito de enganchar al lector sin mencionarlo nunca, pero si aconsejando el deber que tenemos de mantenerlos en nuestra memoria siempre, por la labor que cumplen en pro del país. Esto lo digo porque tuve un familiar a quien quise mucho,  hijo de mi tío el Maestro  Sansebastianero José María Durán, llamado  José Manuel Durán quien fuera un excelente pintor sin nombradía  y que, de paso, nos dejara unos cuadros en lienzo que nada tienen que envidiarle a las imágenes que plasman las cámaras fotográficas y los grandes pintores pero, desafortunadamente,  pasó fugaz como la  luz y la sombra que fue hasta el día que dejó de existir. Solo recuerdo lo que una vez me dijera: “si a uno lo quieren, deben manifestárselo en  vida”. Tal vez para reclamarme de manera muy inteligente, ahora que he caído en cuenta,  que teniendo –yo-, una columna de opinión antes de que él  falleciera, en un diario Regional de Aragua,  nunca llegué a nombrarlo.
        Esto mismo digo de  estos personajes que todos debemos imaginárnoslo  sentado en las mañanas en un cafetín cualquiera del país, o en alguna casa del vecino conversando con sus amigos; ofreciéndonos sus recomendaciones para que algunos órganos de comunicación social sean convertido en un instrumento al servicio y el rescate de las pequeñas y grandes cosas que han realizado y realizan los hombres y mujeres de cada pueblo como protagonistas de su propia historia. Pero que si no los nombramos en vida, si algún día desaparecen, posiblemente queden en el olvido.
Este personaje inadvertido, por simple coincidencia, puede aparecernos en cualquier recinto de la realidad Latinoamericana y venezolana. Los  tenemos y sabemos  que el esfuerzo periodístico que realizan es titánico, viven viajando hacia todos los rincones del país y fuera de él con el  fin de  mantener y sostener contra vientos y mareas  la publicación a tiempo de algún periódico,  ocupándose de la gente que nunca ha tenido espacio  en las páginas de la historia menuda,  para recogerlo  como parte de su labor periodística.
Gracias a los directores  de este tipo de periódico y al  equipo de colaboradores, tanto aquí como en otras partes del mundo, de los que han tenido esta magnífica idea, amigo lector, tú podrás en cualquier momento aparecer en las páginas de algún órgano informativo y comunicacional  para dejarte en esta especie de baúl del recuerdo.  La mayoría de los que escribimos para no ser la excepción, y en este saco me incluyo,  lo hacemos con el objeto de resaltar lo político,  pero muy pocos lo que agrada al lector y mencionarlo, para sacarle una sonrisa  que, en muchos casos, nos llevan a la anécdotas y al cuento como este episodio que le  aconteciera a un pariente mío, muy cercano, que, por ser excesivamente fumador, un día que lo asaltaron y le quitaron un vehículo; esta circunstancia maléfica, se transformó en buena y le salvó la vida cumpliéndose así aquel precepto que la sabia popular que afirma: “no hay mal que por bien no venga”
Uno de los implicados de  los que andaban en el grupo ordenó: maten a ese viejo, pero el jefe al escucharlo  toser y sonarle los pulmones como un acordeón desafinado, por causa del cigarrillo, tal vez por compasión, o por el deseo de no terminar de desarmonizar el armonio de los pulmones aquel hombre, antes de que se produjera el asesinato, detuvo al homicida diciéndole; para qué  vas a matar ese viejo, chico, si de todas formas se está muriendo, y viéndolo acogotado y entregado,  levantó la voz para aconsejar a la víctima:- ¡Mira viejo!, deja de fumar, cuídate!  Para ver si duras unos años más.



Nota: Los sustitutos de nombres, tales como los pronombres: ese, este, esto, aquel, esta y sus plurales, por disposición de la Real Academia Española, no deben acentuarse. Salvo algún  pronombre como el de la tercera persona: él y de la segunda, tú.

*Cronista de la ciudad San Sebastián de los Reyes, Venezuela

jueves, 20 de septiembre de 2012

BORBURATA

Fotografías: Arturo Álvarez D'Armas


Ya es tradición en Arturo Álvarez D'Armas dedicar los meses de agosto y septiembre a explorar un rincón de la geografía venezolana. Los años anteriores fueron los pueblos playeros del oriente venezolano. Esta vez prefirió el centro, eligió un poblado del estado Carabobo, Borburata. No  he visitado este sitio de soles, arena y mar. 
A Borburata la conozco es por la literatura. Forma parte de aquel conjunto de novelas escritas por Ramón Díaz Sánchez, novelística poderosa dedicada a lo azaroso de los enfrentamientos y cruces raciales venezolanos. Particularmente el argumento de la novela Borburata avanza sobre la historia de una fascinante y tormentosa sexualidad  que florece con fuerza narrativa en medio de la aromática complicidad de los sembradíos  de cacaotales. 
Las soleadas imágenes que hoy Arturo nos ofrece tienden a mostrarnos la faceta franca de lo monumental, tanto en su flancos  simbólicos de lo sagrado, lo patriótico, lo artístico, lo cotidiano y tradicional. Las imágenes urbanas donde el hombre como multitud oficializa su dominio sobre el paisaje natural. 

Jeroh Montilla



 Suspiros.

Santuario Diocesano Santo Cristo de la Salud.

Santo Cristo de la Salud.

San Pedro. Santuario Santo Cristo de la Salud.

Plaza Bolívar.

Monumento al tambor.

Monumento a San Juan Bautista.

Monumento a Jesucristo crucificado.

Las tres cruces.

Calle de Borburata.

Calle de Borburata.

Altar. Santuario Diocesano Santo Cristo de la Salud.

martes, 24 de abril de 2012

MAPIRE, UN PUNTO TRENZADO DONDE COINCIDEN MUCHOS MUNDOS

Fotografías: Ilio Colmenares


Un mapire es un cesto, instrumento de uso doméstico entre los indígenas venezolanos. Podríamos decir, metafóricamente, que es un punto trenzado donde coinciden muchos mundos. Ahora Mapire también es un pueblo. Capital del municipio José Gregorio Monagas en el estado Monagas, a la ribera del Orinoco. Al principio fue un pueblo de los indios kariñas después la fiebre de conquista trajo a los españoles, a los franceses. Por Mapire cruzó Alexander Humboldt. Ese alucinado conocido como Julio Verne lo nombra en esa gran novela titulada “El soberbio Orinoco”. Después llegó PDVSA y la UNERG. Riqueza petrolera y conocimientos. La Universidad imparte la carrera Ingeniería Agronómica a 180 estudiantes.  Hoy tenemos el gusto de presentarles estas hermosas y significativas fotografías de Ilio Colmenares. Es necesario reconocer la participación para esta pequeña muestra la colaboración de gente de este pueblo, no pueden dejar de mencionarse nombre como los de Rexy Esteves, empleada de la UNERG, de Derwin Sánchez, de Manuel, el peluquero del pueblo con 26 años de servicio, Celina de Monagas y la señora Ana María Guerra. Mapire, un distante rincón de Venezuela donde el persistente amor del pueblo traza con pulso la geografía y escribe con imaginación la historia.