Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

Mostrando entradas con la etiqueta Deportes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Deportes. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de julio de 2014

DANIEL “CHINO” CANÓNICO


                                                                                  Manuel Soto Arbeláez


En toda su vida periodística, a partir de 1941, Abelardo Raidi se ocupó de echarnos el cuento de la victoria que ocurrió el 22 de octubre de 1941 en el Estadio La Tropical, en La Habana, y el evento se convirtió en un hecho histórico en los anales del béisbol de Venezuela. Conrado Marrero frente a Daniel Canónico en el partido decisivo de la IV Serie Mundial de Béisbol Amateur, fueron los grandes protagonistas. Los cubanos, hasta ese momento peloteros invencibles en el amateurismo, marchaban invictos faltando un partido frente a los venezolanos, que habían perdido sólo un juego ante República Dominicana. Julio "Jiquí'' Moreno, un veloz serpentinero fue el designado el 17 de octubre para buscar la victoria final. Pero los antillanos fueron silenciados por Canónico, un pitcher no muy veloz, pero de buen control que se llevó el triunfo 4-1 para empatar el torneo y obligar a un juego extra, pues la “Serie” se había empatado.
El desafío decisivo estaba señalado para el día siguiente, pero la delegación venezolana, hábilmente encabezada por Raidi, solicitó cuatro días de descanso en busca de que pudiera lanzar nuevamente su pitcher estelar. El Comité Organizador del evento aceptó la solicitud al vislumbrar un aumento en el número de fanáticos que iban a asistir pagando al estadio para presenciar el duelo entre Canónico y Marrero. Las tribunas se llenaron varias horas antes que los árbitros salieran al diamante. Había público en lo alto de las tribunas abiertas, en los bleachers, en las tribunas techadas y también sobre el terreno que estaba controlado por sogas que corrían paralelas a las rayas de foul. Dice Raidi que “De manera oficial, se reportó una asistencia de 32,185 aficionados, la más alta cifra registrada hasta ese momento en un partido de béisbol en Cuba, aunque para algunos historiadores la concurrencia fue superior a los 40,000 fanáticos. Marrero, cuya arma principal era su excelente control, no encontró la zona de strike en la primera entrada, situación que aprovechó Venezuela para anotar tres carreras. El serpentinero cubano se recuperó de su mal comienzo y metió en un puño a sus rivales en el resto del desafío, pero ya el mal estaba hecho, pues nuestro Daniel Canónico volvió a marear a la artillería cubana tolerando una solitaria carrera en el noveno acto”(..)
Continúa Abelardo Raidi diciendo que “Lo cierto es que al sacar el out 27, la pizarra marcaba 3 por 1 a favor de Venezuela. Parte de la afición cubana, con sentimientos mixtos por la derrota y por el respeto a la actuación del contrario, decidió invadir el terreno para cargar en hombros a Canónico junto a los jugadores venezolanos. La repercusión de la victoria fue tan grande aquí (en Venezuela), que se le comenzó a llamar a los integrantes de ese equipo, los “héroes de 1941”, y dicha novena tiene una mención especial en el Salón de la Fama del Béisbol Profesional de Venezuela”(..)
En 1942, en la propia capital cubana, se produjo la venganza de los antillanos al vencer 8-0 al propio Canónico con Marrero en la lomita. Cuarenta años después, en 1981, se reunieron en Caracas varias glorias de aquel memorable juego, actividad a la que asistió como invitado especial, Conrado Marrero. El mánager de Venezuela fue Manuel "El Pollo'' Malpica, mientras que por Cuba dirigió Joaquín Viego, que tuvo como asistente al inmortal pitcher amateur de la década del treinta, Narciso Picasso.
Grandes hazañas han ocurrido en la historia de las Series Mundiales de Béisbol Amateur desde que éstas se iniciaron en 1938, una de ellas fue el triunfo de Daniel "Chino'' Canónico en duelo frente al "Premier'' Conrado Marrero y la artillería cubana en el Estadio La Tropical de La Habana, en 1941. Pero algo sucedió que no compensó “la inmortalidad” de Daniel “Chino” Canónico, a quien, a pesar de muchas alabanzas del gobierno de entonces, no se le ayudó económicamente de acuerdo a lo prometido. A pesar que “El Chino” probó suerte en el béisbol semi profesional (Los Sapos 1943-1945) y profesional a partir de 1946 con varios equipos de Caracas, Barquisimeto y Maracaibo: (Ayarí, América, Japón, Gavilanes, Pastora, etc.), terminó sus días en Barquisimeto vendiendo periódicos y revistas en un quiosco de esa ciudad. Abelardo Raidi todos los años recordaba la hazaña del 22 de octubre de 1941. Muerto Abelardo nadie se ha ocupado del asunto.
MSA fax (0212) 285 8957, E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.com Los libros El Guárico Oriental 1, 2 y 3 en librería Llanera, calle Guásco frente a la plaza Bolívar, Valle de la Pascua.

sábado, 5 de junio de 2010

EN BARINAS

Edgardo Malaspina



Con el Dr. Alexis Castrillo viajamos a Barinas para participar en los XXXI Juegos Intercolegios Médicos Nacionales En la noche vamos a la inauguración oficial con discursos de bienvenida y un grupo de baile que danza maravillosamente bajo una ráfaga hermosa de fuegos artificiales.
Hago paseos matutinos por los caminos de la Universidad Experimental Ezequiel Zamora. Recorro espacios amplios bajo un cielo claro. Hay un bosque con árboles grandes y pájaros en sus enramadas. Llego hasta la escultura dedicada a la diosa indígena de la agricultura.
Para conocer el alma de una ciudad hay que visitar su casco histórico. Me voy al centro. Alrededor de la plaza Bolívar hay unas casas antiguas. Entro a la catedral. Es de los tiempos coloniales. Converso con el cura. Es joven y se llama Andrés Eloy. Dice que es de Barinitas. Me habla de catedral y de otros sitios de valor turístico.

Entro a la Casa de la Cultura. Se llama Napoleón Sebastián Arteaga. Tiene campanario (la campana rota recuerda una de las refriegas de Zamora en 1859), un patio grande y varias salas. Fue una cárcel desde la colonia hasta 1966. Agustín Codazzi la remodeló en 1846. Antonio Nicolás Briceño (El Diablo) estuvo preso allí antes de ser fusilado. Páez fue detenido en 1813 y encerrado con grillos. Logró escapar y regresó para liberar a los otros presos. En su intento liberador le cayó machetazos a los gendarmes. Uno de esos golpes quedó para siempre en la puerta de entrada, y hoy es una de las piezas museísticas de la institución cultural. Páez en sus Memorias narra el hecho así: “Dirígime entonces a la puerta de la cárcel , eché pie a tierra, y sin decir una palabra a la guardia…comencé a repartir sendos sablazos con tal furia, que todavía se conserva la señal de uno de tantos en una hoja de la puerta…”
Me dirijo al Museo de Barinas Alberto Arvelo Torrealba. Está ubicado es una casona
que perteneció a los Pulidos, una familia rica y culta de la región.. Tiene varias salas. Hay fotos, manuscritos y algunas pertenencias, como un tintero, del poeta Arvelo Torrealba. En otra sala se exponen espadas, artesanía indígena y un fósil: el Barinasuchus Aerveloi. Es una enorme cabeza pétrea con dientes grandes. Es del jurásico. Se parece a un caimán.
En el Colegio de Médicos voy a la biblioteca José León Tapia y conozco el busto dedicado a Manuel Palacio Fajardo, un médico y prócer de independencia nacido en Barinas. Su hermano, Miguel Palacio Fajardo, también médico y político, vivió en Calabozo; y pesar de haber nacido en Barinas se consideraba calaboceño. Lorenzo Rubín Zamora afirma que cuando Monagas asaltó el Congreso Nacional en 1848 Miguel Palacio Fajardo gritó: “Nosotros los calaboceños morimos en campo abierto…”. Era un guariqueño de corazón.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

CASSIUS CLAY, PERSONAJE LITERARIO



Alberto Hernández*








I

La inmensa boca de Cassius Clay es la medida de su yo. Aún hoy, atormentado por los temblores del Mal de Parkinson, Alí, el musulmán Mohamed de la dorada meca americana, sigue la costumbre según la cual, como afirma Norman Mailer, “Clay es el mayor ego de Norteamérica. Y también es (...) la más veloz personificación de la inteligencia humana hasta el momento habida entre nosotros, es el mismísimo espíritu del siglo XX, es el príncipe del hombre masa y los masivos medios de comunicación. Pero ahora, quizá con carácter pasajero, es un príncipe caído”.
Esta afirmación de Mailer, que pertenece al libro The king of the hill, la hizo el autor estadounidense en 1971, cuando el boxeador intentaba regresar al ensogado a enfrentarse a su archienemigo Joe Frazier. Pero a los 60 años recién cumplidos, el controversial Cassius Clay sigue siendo el “gran bocazas”, que lo diga Will Smith, quien lo acaba de personificar en una película de deficiente empuje. Repite constantemente, “mi boca eclipsó mi talento”.
La figura legendaria de Clay ha sido motivo para escribir muchas cuartillas. El mismo Mailer, uno de sus biógrafos, ha colmado la prensa norteamericana con los diferentes perfiles del muchacho negro de cara bonita nacido en Louisville, Kentucky, en 1942. Ningún boxeador ha sido objeto de tantas páginas.
David Remnick, autor de Rey del mundo, llegó a escribir que “A imagen y semejanza de Sugar Ray Robinson, Clay había optado por una táctica de peso gallo en la categoría pesada para, por vez primera, tal y como él mismo se encargó de sentenciar desde lo alto del ring, convertirse en Rey del Mundo”. Digamos que Alí personificaba a n bailarín que asomaba el rostro y luego convertía su voz en un tejido de anécdotas para una novela.


II

Suficiente que tuviera como consejero al luchador contra el racismo, Malcom X. Suficiente que haya sido motivo para un guión que luego Michael Mann convirtió en película. Suficiente que Leon Gast y Tayord Hackford lo hayan estigmatizado en Alí, bumayé¡ o que su verdad haya entronizado su talento en When we were. Personaje de él mismo, Cassius Clay pudo haber sido uno de los tantos que Julio Cortázar paseó en la vuelta a su muy particular mundo, donde el imaginario superó el espíritu de Mantequilla Nápoles. Clay o Muhammad Alí son dos personajes distintas, tan distintas que son la misma, en tanto que se repiten en el mismo espejo de la realidad, pero cuando es sometido al rigor de la palabra, de la ficción se acoge a n Alí o Clay interior, alejado del vuelo de la mariposa y el veneno de la abeja Es un Clay que muestra una inteligencia intertextualizada, puesto que toma las voces del pasado de su gente, la esclava, la que encontró en Kinshasa, Zaire, cuando oyó por primera vez el grito de ¡Alí, mátalo¡ (Ali, bumayé¡). Allá, en África, se despojó de los guantes y se armó con un libro de sociología política, se hartó de decir acerca del color de su piel y de recordar que venía de esa ardiente tierra, la más caliente del continente negro.
¿Quién le niega a Clay a calidad de su existencia en un oficio tan despreciado, tan poco dado a ser tratado como un tema intelectual, literario? Sólo él pudo levantar esos ánimos, revelarse como un personaje literario, aunque en proscenio, sobre el ring. También demostró su calidad histriónica. Por esa razón, se representa a él mismo. No necesita dobles, así Will Smih se jodió.

*Escritor, periodista y poeta venezolano.