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miércoles, 22 de agosto de 2012

LAS ORDENANZAS DE LLANOS (1771-1811)


FELIPE HERNÁNDEZ G.
felipehernandez56@yahoo.es

            Las Ordenanzas de Llanos constituyen el primer cuerpo de leyes escritas aplicadas a los llanos de la antigua Provincia de Caracas, con una finalidad primordial: preservar el derecho de propiedad sobre la tierra (requisito fundamental para lograr el arrebañamiento de ganado cimarrón, base social de la riqueza en los llanos) y asegurar el establecimiento de un orden social, necesario para la consolidación de las fundaciones de hato.
            Responde este cuerpo de leyes a toda una problemática, y se instaura efectivamente a raíz de la petición que con fecha 17 de septiembre de 1771 presentara un selecto grupo de hacendados ganaderos ante el Gobernador de Caracas, Mariscal de Campo don Felipe de Font de Viela y Ondiano (Marqués de la Torre), solicitando su inmediata intervención, con miras por el saqueo, abigeato, y el sacrificio indiscriminado de las reses (desjarretaderas) para el aprovechamiento de su cuero, sebo y manteca, con el consecuente menosprecio de la carne; irregularidades cometidas por un creciente núcleo de población volante (esclavos fugitivos de sus amos, morenos libres arrochelados, blancos sin tierra, etc.), ajenos a todo concepto de ley, que saqueaban los hatos y rondaban libremente, amparados en la soledad y extensión de la llanura.
            Los antecedentes históricos más remotos de estas Ordenanzas las encontramos en la sesión del Cabildo de Caracas correspondiente al 27 de julio  de 1668, fecha en que por intermedio del Capitán don Juan de Ochoa y Oñate, un grupo de hacendados ganaderos, dueños de hatos en los partidos de Paya, Aricapano y Las Palmas en los Llanos del Guárico (actuales poblaciones de Ortiz, El Sombrero, Barbacoas y Chaguaramas), presentó un extenso plan, tendiente a eliminar la práctica indiscriminada del desjarretamiento de las reses y a la par prevenir la inminente ruina de los criadores.
            En virtud de la problemática planteada, el Gobernador de Caracas, don Félix Garci González de León, designa con fecha 16 de diciembre de 1668, al Capitán don Juan de Ochoa y Oñate, como Juez privativo de los llanos conocidos como de San Sebastián de los Reyes, confiriéndole atribuciones judiciales y extrajudiciales y la potestad para: establecer un justo reparto de las pesas de carne entre los criadores, asegurar el abastecimiento de carne para la Provincia de Caracas, velar por el mantenimiento de la paz en los llanos, asegurar el cumplimiento –en el tiempo previsto— de rodeos, vaquerías, decidir respecto a pleitos entre los criadores y erradicar la práctica indiscriminada del desjarretamiento de las reses.
            En este primer intento de la oligarquía criolla para regular la situación de la inestabilidad social en los llanos, no se obtuvieron los resultados previstos; las medidas adoptadas resultaron insuficientes para frenar el sacrificio de las reses, pero sobre todo para frenar el desplazamiento de las masas marginales incorporadas a los núcleos de población volante –rochelas, cumbes, cimarroneras— que cobraban vigor y se localizaban con mayor frecuencia en las afueras de las grandes haciendas y hatos ganaderos. De esta manera, a todo lo largo del siglo XVIII, la oligarquía criolla, dueña de hatos y ganado, trató de legislar en función de establecer el control absoluto no sólo sobre la población móvil y dispersa de los llanos, sino también sobre el ganado, sobre todo el ganado cimarrón, orejano susceptible de arrebañamiento, y asimismo sobre la actividad pecuaria; control que les aseguraba la vinculación de la tenencia de la tierra con el semoviente (ganado), a través del más estricto cuerpo de leyes escritas aplicadas a los llanos: las Ordenanzas de Llanos, que cobran forma como tales, en el seno de la Junta de Hacendados Ganaderos reunida en la ciudad de Caracas, con mayoría de dueños de hatos, en septiembre de 1771.
            En su empeño de establecer una legislación represiva, para la zona de inestabilidad que conformaba los Llanos de la Provincia de Caracas, se reúne la primera (y única) Junta de Hacendados Ganaderos, constituida por cuatro directores trienales: el señor Conde de San Xavier, don Martín de Tovar y Blanco, don Francisco de Ponte y Mijares, y don Martín José de Rivas, todos ganaderos-dueños de hatos en el territorio correspondiente a los llanos del Guárico de la Provincia de Caracas, firmaban asimismo como miembros conocidos de la Junta: don José de la Sierra, don Diego José Monasterios, don Martín Pérez de Aristiguieta, don Juan Bautista de Lugo, don José Ignacio de la Plaza, don Santiago de Ponte y Mijares, don Martín de Tovar y Bañes, don Diego de Blanco, don Juan José Blanco, don Antonio Pérez y Padrón, don Tomás del Castillo, don José Francisco de Nieves, don Sebastián Sánchez Vélez de Mier y Terán, don Luis Rodríguez, y don José Tomás Aguirre.
            El texto original, es sometido a revisión y aprobado por el Gobernador de Caracas  José Carlos de Agüero, el primero de diciembre de 1772, cumpliendo con otra parte, una vieja aspiración de los hacendados ganaderos: la creación de la figura del Juez de Llanos con poderes excepcionales, y potestad para decidir en el ámbito jurídico-regional, cargo que debía ser desempeñado por un funcionario electo por los mismos hacendados y hateros, y que debía cubrir el siguiente radio de acción: 1º) desde el río Guárico hasta el límite natural con la Provincia de Cumana (; 2º) desde el río Pao hasta la región de Portuguesa; 3º) desde la otra banda de Apure (San Jaime, San Antonio, Apure), hasta Guanare. Quedaban designados como Jueces de Llanos los siguientes criadores: don Diego de Montesinos, don Tomás del Castillo, don Cornelio Hidalgo, don Martín de Araña, don Andrés de Ponte y don Carlos Álvarez, con sus plenos conocimientos sobre el llano y sobre la vida en el llano.
            Quedaba asegurado de esta manera para los criadores de ganado el ejercicio de la potestad política  local, con lo cual aseguraban la legalización de la propiedad nacida del arrebañamiento de ganado orejano. Para 1789, se amplía el contenido inicial de las Ordenanzas con la creación de las llamadas Cuadrillas de Ronda para los llanos de la Provincia de Caracas; en 1794 se dicta Instrucción Provisional para las Patrullas de la Provincia de Caracas y, por último, como máxima expresión de la legislación represiva colonial, se dictan y publican en 1811: Las Ordenanzas de Llanos de la Provincia de Caracas, dictadas por el Estado republicano, y que constituye un verdadero compendio de normas coloniales que abarcaban el control sobre la venta y comercialización del ganado y de la carne, el decomiso de todo ganado, carne, sebo, manteca que circulase sin la guía correspondiente, el control absoluto sobre los comerciantes itinerantes y la prohibición del comercio sin licencia o guía emanada de una autoridad competente, la persecución de toda persona que no pueda demostrar su oficio, lugar de residencia y etnia, prohibición de circular por caminos que no sean los reales, eliminación de todo foco posible de rebeldía, control sobre el rodeo y las vaquerías, en líneas generales abarcaba todos los aspectos de la actividad pecuaria y de la actividad, respondiendo al temor del Estado republicano y de los criadores de ganado, ante el auge casi desenfrenado alcanzado por las llamadas rochelas, vagos, mendigos, bandoleros de ambos sexos y que desconocían todo tipo de autoridad civil o religiosa.

            Valle de la Pascua, 11 de julio de 2012.   

jueves, 14 de junio de 2012

Dos topónimos de origen africano en el estado Apure


Arturo Álvarez D´ Armas

La esclavitud en Venezuela se inicia a partir de 1545. Su desarrollo y consolidación se establece a finales del siglo XVIII, con el cultivo del cacao en la región norte costera. Este fruto de exportación fue la base de la riqueza de los criollos, llamados “los grandes cacaos”. 
 
 África. Congo. Corte del Rey del Kongo. Siglo XVI.

El africano resultó insustituible como mano de obra, por su alto rendimiento en el trabajo de las plantaciones de caña de azúcar, tabaco, algodón, así como en el desempeño de las minas. Una porción gozó el privilegio de trabajar en el servicio doméstico.
En el estado Apure, los esclavizados laboraban en las casas de familias de los terratenientes y en los hatos llaneros. Muchos de ellos fueron mayordomos en esas unidades de producción ganadera. Un alto número eran cimarrones, vivían de robar ganado, el trueque, el contrabando y cultivar pequeñas parcelas (conucos o vegas) a orilla de los ríos.
Uno de los tantos aportes que dejaron las etnias africanas se encuentran en la toponimia apureña. En este artículo se hace un pequeño estudio de dos nombres de origen africano en esa entidad llanera.

CASIMBAS, LAS: Centro poblado ubicado en la Parroquia Cunaviche del Municipio Pedro Camejo. Salazar Quijada (1983) dice:”Con este nombre se conoce a una troja o casucha para guardar cereales”. También puede ser un pozo, vasija o barril para almacenar agua de llovizna o de manantial. Acosta Saignes en su trabajo sobre Gentilicios africanos nos informa que en las Minas de Cocorote se encontraba un negro con el gentilicio Casimba. El señor José Manuel Puerta habitante de Cunaviche indica que Las casimbas se ubica entre el caserío El Oso, el caño río Clarote y el hato El Milagro. Actualmente la mayor parte de sus habitantes son indígenas yaruros.

Casimba es una voz que proviene del Kimbundu, uno de los principales idiomas de la República de Angola. Se escribe Kixima (Tanque, cisterna). En el sur de Angola esta un topónimo denominado Casimba. Ortiz (1985): cree que es un una palabra que viene del árabe. Los investigadores Fuentes Guerra y Armin Schwegler opinan que viene del kikongo (Ká: “lugar, sitio” y nzímba: “hueco, cavidad”).


ÑAME: Con el nombre de ñame encontramos dos topónimos en el estado Apure, uno es el “Fundo los ñames”, centro poblado situado en la parroquia Bruzual, del Municipio José Cornelio Muñoz y el sitio “los ñames” perteneciente a la parroquia San Miguel de Cunaviche, Municipio Pedro Camejo.
El ñame pertenece a la familia de las Dioscoreáceas y género Dioscorea. Son plantas herbáceas, de tallos trepadores, volubles, que necesitan donde apoyarse. Hojas acorazonadas. Se cultivan por sus rizomas harinosos, de muchas proteínas y minerales. En Venezuela y en gran parte de América tenemos tres tipos de ñames: ñame común (Dioscorea alata L.) originario de la India y Malaya; el ñame congo (Dioscorea bulbifera L.) originario de África y el ñame de guinea (Dioscorea cayennensis Lam.) también africano.
Aproximadamente, entre los años 6000 y 5000 a.C., en la cuenca del río Níger eran cultivados el ñame, junto al arroz africano (Oriza glaberrima), mijo, sorgo y la palma de aceite, los cuales se difundieron hacia el norte y el noreste, en dirección al valle del Nilo.
La dispersión histórica del ñame se debe a los viajes de los portugueses en el comercio de esclavos. En los buques donde transportaban a los africanos les daban de comer “dos veces al día”: ñames cocidos, arroz africano, medio litro de agua o patilla (llamada melón de agua) y de vez en cuando un poco de “carne”. La voz inhame ya existía en el vocabulario portugués del siglo XV, y Colón, quien había estado en Guinea, llama mames o names a una variedad de batatas americanas. Gonzalo Fernández de Oviedo dice en 1535 los nombres mames, names o nnames, pero ya aplicados al verdadero ñame, diciendo que es “fruta extranjera que vino /a Indias/ con esta mala casta de los negros”.
El profesor Megenney (1983) en una importante investigación dice que el término ñame aparece en una serie de lenguas africanas que son las siguientes: Wolof (nyambi), Mende (yambi), Dyolof (ñambi), Grebo (nyambi) y Fulani (ñama).
En Venezuela toda sopa lleva ñame y en los pueblos todavía se elaboran torticas de ñame y los famosos buñuelos de ñame.

Fuentes consultadas:
Acosta Saignes, Miguel. Gentilicios africanos en Venezuela. Caracas: Universidad Central de Venezuela, Facultad de Humanidades y Educación, Instituto de Antropología e Historia y de Filología “Andrés Bello”, s.a. 24 p.
Álvarez D´Armas, Arturo. Apuntes sobre el estudio de la toponimia africana en Venezuela. San Juan de los Morros: Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos, Oficina de Comunicación y Extensión Cultural, 1981. 18 p. (Serie Acervo II).
Álvarez Nazario, Manuel. El elemento afronegroide en el español de Puerto Rico. Contribución al estudio del negro en América. San Juan de Puerto Rico: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1974. 489 p.
Escalante, Aquiles. “Afrocolombianismos”. En: Magazing Dominical. Bogota: 2 de enero de 1977. Pp. 5-6. (El Espectador).
Fuentes Guerra, Jesús y Schawegler, Armin. Lengua y ritos del Palo Monte Mayombe. Dioses cubanos y sus fuentes africanas. Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 2005. 258 p.
Lopes Cardoso, Carlos. Do uso da “Cegonga” no Distrito de Mocamedes. Luanda: Instituto de Investigacao Científica de Angola, 1963. 17 p.
Megenney, William W. Sub-Saharan Influences in the Lexicon of Puerto Rico. Separata de Orbis. Louvain: Tome XXX, N° 1-2, 1981 /1983/. pp. 214-260.
Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables, Dirección de Cartas, Sección de Nombres Geográficos. Gacetilla de nombres geográficos. Caracas: Publicaciones de la Dirección de Cartografía Nacional, 1978. 339 p. (Edición provisional, 5).
Ortiz, Fernando. Nuevo catauro de cubanismos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1985. 526 p.
Puerta, José Manuel. Información oral. Puerto Miranda, estado Guárico: 29 de marzo de 2008.
Salazar Quijada, Adolfo. La toponimia venezolana en las fuentes cartográficas del Archivo General de Indias. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1983. 723 p. (Estudios, Monografías y Ensayos, 40).
Vélez Boza, Fermín y Valery de Vélez, Graciela. Plantas alimenticias de Venezuela. Autóctonas e introducidas. Caracas: Fundación Bigott. Sociedad de Ciencias Naturales La Salle, 1990. 277 p.

martes, 6 de julio de 2010

Tres recuerdos, tres inspiraciones, tres libros.

(Semblanza del Ing. César Humberto Ramos, notable escritor apureño)


EN homenaje A diferentes escritores apureños,

dentro del marco de la celebración del

DÍA INTERNACIONAL DEL IDIOMA CASTELLANO.

SAN FERNANDO DE APURE, 23 ABRIL DEL 2010


Elisur Emilio Lares Bolívar

Antes de empezar mi disertación debo hacer dos aclaratorias:

Primero, la bibliografía utilizada en este trabajo está basada fundamentalmente en tres libros, cuyo autor es precisamente César Humberto Ramos: Remontando el Apure Viejo (Desde 1931 hasta 1952), (crónicas), Romance en el Caramacate (Mi Borita) (novela) y Mi llanto por llanura (ensayo).

Segundo, sus amigos de infancia y juventud, especialmente el Prof. Manuel Bermúdez, --recientemente fallecido y otro de los homenajeados en este día--, lo llamaban en otros tiempos y lo siguen llamando cariñosamente “Cesarito”, de ahí que en varias oportunidades dentro de este perfil o semblanza, también nos referiremos a él como “Cesarito”. Esperando que esto no se vea como una falta de respeto de este autor hacia su persona.

Una vez aclarado esto, iniciamos la semblanza.

César Humberto Ramos es poeta, humorista, cronista, narrador, apureño notable, Ingeniero Agrónomo y Magister en Extensión Agrícola, entre otras capacidades y cualidades.

Sanfernandino de nacimiento. Vino al mundo en la esquina de El Relámpago el 17 de enero de 1931. Hijo de don Marcos Lira y doña Auristela Ramos, de cuya unión sentimental fueron procreados siete retoños: Belén, Emma, Simona, Guillermina, Rosa, Lilia y César. Por lo cual se observa que fue el único varón y último de 7 hermanos.

Sus primeras letras las aprendió en la Escuela de las hermanas Velásquez, donde la “niña” Candelaria enseñaba con afán y entusiasmo. Más tarde estudió en la Escuela de doña Andrea Hurtado de Santamaría, ubicada en la esquina de El Chimborazo, cruce con las calles Muñoz y Boyacá. Allí vivía doña Andrea con sus hijas Blanca Hurtado de García y Rosa Lerma Hurtado; su yerno José García y su nieta Edith.

Sin embargo, a pesar de estudiar en estas dos escuelitas privadas, toda su educación primaria la realizó en la Escuela Federal “Agustín Codazzi” de San Fernando de Apure dirigida magistralmente por el recordado y talentoso maestro Pablo Domingo Botello.

Recuerda el propio César Ramos que esta Escuela Federal “Codazzi” dejó para él una estela de recuerdos imborrables, tanto por la entrega y el sacrificio invalorable de sus muy capacitados maestros, como por el fruto educativo que fue dejando a su paso, año tras año, en él y en cientos ex-alumnos que jamás defraudaron la férrea voluntad de su afamado y rígido director.

Señala además nuestro homenajeado en uno de sus libros “Mi tiempo infantil transcurría en entre ir a la escuela, hacer la plana, jugar la candelita, metras, gurrufío, volar papagayos y hacer los mandados de la casa”.

Así, su vida infantil y de adolescente transcurrida en el barrio Perro Seco, al sur de la ciudad, estuvo colmada de alegres vivencias y anécdotas al lado de su familia, de sus amigos Manuel Bermúdez y Tomás Zoppi, y sus demás compañeros de clase y aventuras dentro de los sanos juegos de la muchachada sanfernandina de su época.

Múltiples son los recuerdos de chanzas, anécdotas, juegos, jocosidades… que evocaba el profesor Manuel Bermúdez en sus amenas crónicas publicadas en revistas y periódicos caraqueños, donde Cesarito Ramos estaba directamente relacionado con ellas, o simplemente era directamente el protagonista.

Su educación secundaria la inició en la misma capital apureña en el Colegio Federal “Miranda”. Para esos momentos, recuerda el propio César Ramos “Ya en sus aulas empezaban a destacarse como brillantes estudiantes los jóvenes José Vicente Abreu, Williams y Elizabeth Salas, Tomás y Elena Zoppi, Abilio Porras, Humberto Guzmán Wihdevoxebel, Rafael Elías Pérez, entre muchos otros jóvenes sanfernandinos”.

De los salones del Colegio Federal “Miranda” egresaron numerosos estudiantes quienes posteriormente se destacaron en las diferentes ramas del saber universal.

En 1946 el Colegio Federal “Miranda” dejó de llamarse así, cerró su capítulo educativo para siempre y pasó a denominarse Liceo “Francisco Lazo Martí”, bajo la dirección del Prof. Walter Michellangeli, contando en su planta profesoral con un selecto grupo de destacadísimos profesionales de primera línea, entre quienes el propio César Ramos recuerda a Elisa Díaz, Manuel Grüber, María Mayol Rodríguez, Alfredo Monthoux, Pedro Elías Hernández, Edgar Domínguez, Humberto Barrios y María Josefa Salerno, entre otros.

De esa época de oro del Liceo “Lazo Martí”, nuestro homenajeado mantiene agradables recuerdos de sus condiscípulos Carlitos Boggio, Mario Laprea, Arturito Álvarez, Olga Abreu, Josefina Naranjo, Carmen Aliria Chacón, Arnoldo Arana, entre otros; Sin embargo, la educación secundaria la culminó en el prestigioso Liceo ”Pedro Gual” de la ciudad de Valencia, donde egresó como Bachiller de la República.

Es importante destacar que al egresar del sexto grado de la Escuela Federal “Codazzi”, un nuevo sin fin de inquietudes bullía en su mente y su corazón. Para ese momento ya leía periódicos y, al trabajar en la Imprenta del Estado como componedor, necesariamente tenía que leer artículos de opinión de mucha o mediana profundidad sobre aspectos políticos, económicos, sociales y culturales tanto a nivel regional como nacional; con lo cual, fue conociendo mejor su región, su país, sus recursos, potencialidades, necesidades y sus limitaciones.

Todo ello obligó a su familia y a él mismo --cuando estudiaba en el Liceo “Lazo Martí”-- a pensar seriamente en la posibilidad de continuar sus estudios de bachillerato en otra región del país donde en realidad hubiese oportunidad para ello. Es por eso que a principios de la década de los años cincuenta --del siglo pasado-- tuvo que dejar su familia, sus amigos y su querido San Fernando para ir a estudiar en el Liceo ”Pedro Gual” de la capital carabobeña y posteriormente iniciar la carrera de Agronomía en el núcleo de la UCV de la capital aragüeña. Así, al igual que muchos otros coterráneos de la misma o de distintas generaciones, tuvo salir de su ciudad natal para incursionar en los diferentes campos del saber.

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Pasado el tiempo, y enseriando su vida sentimental contrajo matrimonio con la joven Teresita Córdova, de cuyo feliz hogar nacieron: María Teresa, María Auristela, María Eugenia y María Carolina.

Estas cinco últimas damas vinieron a completar el número doce, pues ya había siete que lo precedieron: su madre y seis hermanas. Al respecto, es curioso como este notable escritor sanfernandino presenta la dedicatoria familiar de uno de sus libros: “A mi madre, A mi esposa, A mis hijas, A mis hermanas”. Toda una vida familiar rodeado de mujeres.

A continuación se inserta un ejemplo sencillo, pero muy significativo que lo que simboliza y representa para César Ramos el amor fraterno de él para con sus hermanas y viceversa. Este ejemplo no es otro que la dedicatoria escrita de su puño y letra que le obsequió a su hermana Emma al momento de reglarle su obra “Remontando el Apure Viejo”. Acá la dedicatoria:

”Para mi querida hermana Emma:
Las ideas contenidas en cada uno de los capítulos aquí narrados, estuvieron estimulados por el cariño de todas ustedes.
Acá revivo un pasado con la ayuda de ustedes, aunque gran parte fue basado en mis experiencias juveniles, pues ustedes participaron en mis recuerdos con el sentimiento más profundo alojado en mi corazón de hermano: El Amor.
Con todo mi cariño,
César Humberto Ramos. 26 – 2 – 1988”.

Hermoso, sentimental. Sin más comentarios.


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En cuanto a su profesión, y ya como Ingeniero Agrónomo, durante más de 20 años desempeñó diferentes cargos dentro del Ministerio de Agricultura y Cría, pues fue desde Agente de Extensión hasta Director de Región del M.A.C.

Así mismo, laboró como Director General del INCE-Agrario, Asesor del Conicit y Gerente de la Fundación para la Capacitación e Investigación Aplicada a la Reforma Agraria (CIARA).

Dentro de su campo laboral ha publicado diferentes trabajos en distintas revistas y periódicos del país relacionados con su profesión.

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Pero el asunto que nos compete ahora, es su desenvolvimiento como escritor, como cronista, como notable apureño destacado en el mundo de las letras.

En este sentido, su génesis lo localizamos cuando --siendo estudiante del Colegio Federal “Miranda”, luego de la Revolución de Octubre de 1945-- fundó al lado de Mario Laprea y Benicio Rodríguez, un periodiquito denominado “Relámpago”, que vendían a medio, es decir 0,25 de bolívar.

¿Y por qué se llamaría así? ¿Recuerdan el nombre de la esquina donde nació nuestro personaje? ¿No sería que ese nombre lo llevaba él en lo más profundo de su alma y de su corazón y lo impuso por encima de los posibles nombres presentados por sus dos compañeros periodistas? Es posible.

Muchos años después, publicó para su familia y amigos más íntimos un manojo de versos en un poemario humorístico titulado “El Turpial del Buen Humor”, el cual tuvo mucho éxito y buenos comentarios entre sus conocidos y amigos.

Posteriormente, en 1988, con motivo de celebrarse el Bicentenario de su ciudad natal, apareció a la luz pública su primer libro “Remontando el Apure Viejo (Desde 1931 hasta 1952)”, un conjunto de crónicas, añoranzas y remembranzas sobre hechos históricos y situaciones ocurridas en San Fernando entre los años 1931 y 1952.

En la presentación de dicho trabajo el autor comenta ente otras cosas lo siguiente:

Remontando el Apure Viejo, ha sido producto de una vieja aspiración, retenida en mí mente por muchos años, de narrar y describir muchos episodios interesantes del acontecer apureño, entre los años de 1931 y 1952, años extremos de mi nacimiento, hasta el año cuando prácticamente los estudios universitarios me fueron alejando paulatina y físicamente de San Fernando. (…) Hoy, un tanto alejado de mi ciudad natal, remonto el Apure viejo, pero no en lancha, ni en bongo, ni siquiera en canoa; sino cabalgando el potro del recuerdo con las riendas de mi pluma, para saborear en la meta de mi rumbo, el triunfo del pensamiento sobre la distancia y el tiempo. (Hermoso, digo yo).

Posteriormente, pero en la misma presentación, el autor acota lo siguiente:

Considerando la variabilidad de temas que se abordan en cada uno de sus capítulos, esta obra ’Remontando el Apure Viejo‘ se desenvuelve entre una prosa de sencillez literaria, complementada con una prosa humorística indispensable, de manera que cada uno de los personajes y la circunstancias donde se vieron involucrados, estén representados en su fiel escenario.

Respecto a la variabilidad de los temas evocados en “Remontando el Apure Viejo (Desde 1931 hasta 1952)”, se pueden traer a colación los siguientes:

Remembranzas infantiles y familiares, estudios, juegos, la Plaza Libertad, la Laguna de Perro Seco, sitios turísticos y pintorescos de San Fernando, la Plaza Bolívar, retretas, la antigua Iglesia Parroquial, la Semana Santa, la quema de Judas, las misas de aguinaldo, las mujeres más bellas de San Fernando desde 1931 hasta 1952, el deporte en la capital apureña, el stadium “Jobalito”, humor y personajes sanfernandinos, algunos sobrenombres, y finaliza esta obra con un Glosario de palabras utilizadas en San Fernando entre los años 1931 y 1952.

En cuanto al San Fernando que César Ramos le correspondió vivir en su época infantil, el Prof. Manuel Bermúdez acotó lo siguiente:

César Humberto Ramos pertenece a la última generación de apureños que, siendo niño, se nutrió de la cultura que llegaba por el río. Apure era entonces un camino fluvial que, a través del comercio, abastecía a todos los pueblos ribereños. Y al mismo tiempo era el brazo que sacaba los productos de la tierra para otros lugares del mundo.
Hasta el malecón del palacio comercial de los hermanos Barbarito llegaban barcos de chapaleta y motonaves para descargar mercancías. Y San Fernando, la capital del estado, parecía una postal de un país lejano, vista desde Puerto Miranda, en la otra ribera.
Cuando venía la época de lluvias, el caudal de las aguas se salía de sus cauces y la llanura baja de Apure se convertía en un mar tranquilo, poblado de garzas, garzones y corocoras.
El agua de la inundación llegaba hasta las calles del sur de la ciudad, donde atracaban bongos y canoas cargadas de leche, jojotos, yuca, topochos y otros productos de los fundos vecinos, donde la vida trascurría plácida y tranquila, porque sus moradores, ya estaban acostumbrados a las largas sequías del verano y las grandes inundaciones de la época de lluvias”.

Palabras más palabras menos, ese fue el San Fernando que vivió para aquel entonces niño Cesarito Ramos.

Su segunda obra literaria la publicó en 1992, su título: “Romance en Caramacate (Mi Borita)”. Se trata de una novela “fresca, ingenua y sentimental”, cuya trama se desarrolla por el año de 1946, en un fundo situado a la margen izquierda del caño Caramacate, a siete kilómetros aproximadamente al sureste de San Fernando de Apure. Es una narrativa de aspecto costumbrista, relacionada con el llano apureño.

Al respecto, su compañero de infancia y amigo, ya varias veces citado Prof. Manuel Bermúdez señaló lo siguiente:

Cesarito Ramos salía de vacaciones de la Escuela Federal “Codazzi”, que dirigía el maestro Pablo Domingo Botello y se iba para un fundo cercano a pasar la temporada de los meses de agosto y septiembre. Los viajes constantes, el contacto con la tierra y con la geste de aquellas comarcas se fueron sedimentando en esa región del alma y del cuerpo donde los recuerdos afloran de pronto en un sueño, y uno no sabe si dejarlos pasar como una película, donde uno hace el papel de protagonista, o si encarcelarlos en las rejas tipográficas de un libro.
César tuvo sus reservas, porque de ingeniero agrónomo, que cultiva la tierra a ingeniero que cultiva las letras, hay cierta diferencia. Sin embargo, el poder del recuerdo y el empuje del río produjeron el desborde de las palabras en un texto que viene en forma de novela, que él llama novela fresca, ingenua y sentimental, porque Romance en el Caramacate, tiene todos esos ingredientes psicológicos que alguna vez sirvieron para dar comienzo a una poesía romántica.

Manuel Bermúdez continúa en su prólogo con la siguiente afirmación:

Romance en el Caramacate tiene el curso narrativo de un río del llano. Su historia corre sin dificultad por el curso de lo cotidiano. Cuando lo ingenuo y lo sentimental se sale de su cauce, el relato no se inunda para ahogar los personajes, no, sino más bien para buscarles un drenaje al sentimiento o a la emoción; porque el territorio donde ellos se mueven, el fundo “La Igualdad”, es, más que un lugar geográfico, un espacio literario, en el cual la realidad se mezcla con la ficción.
El tejido verbal que cubre la historia es de una sencillez que raya en lo coloquial. Se pudiera decir que la historia es una larga conversación. El diálogo, en forma expresiva, impone su dominio sobre las descripciones y narraciones. Por otra parte, Romance en el Caramacate tiene su forma especial de contar los hechos, que podría compararse con el relato telenovelesco de corte rural.

En cuanto a la tercera fuente considerada para apoyar bibliográficamente esta semblanza es el interesante trabajo titulado “Mi llanto por la llanura. Ensayo histórico, literario y técnico, sobre la llanura apureña durante las primeras cuatro décadas del siglo XX (1900-1940)” el cual desde ahora en adelante lo llamaremos “Mi llanto por la llanura“.
En esta obra, nuestro homenajeado, plasma todo su amor y pasión por el terruño que lo vio nacer. Como afirma el presentador del libro:

César Humberto Ramos lleva al lector a un viaje por el imaginario llanero. Esta investigación es una aproximación bastante certera a ese mundo llanero, mezcla de bucolismo salvaje y de naturaleza fastuosa. Seguramente este libro es una bitácora para todos aquellos que quieran acercarse al llano: definitivamente un espacio donde el hombre y la naturaleza conviven en armonía. Un lugar donde el ser humano se hace lluvia vibrante y vuelo esplendoroso del ave que surca el espacio de la inmensidad, un lugar donde se develan los misterios de la naturaleza.

Pero dejemos que sea el mismo César Humberto Ramos, con sus palabras repletas de nostalgia plasmadas de la introducción de este libro, que nos refiera a grandes rasgos la esencia de su contenido, nos explique el por qué del título de dicha obra y por qué lo escribió:

Es el peregrinar de los recuerdos que se derraman en mis sentimientos por todo cuanto viví en mi llanura, no muy recientemente, cuando vacunaban cachilapos y orejanos en el hato El Cedral, allá por el año 1951. También es la evocación de todo cuanto me fue dado a conocer por los peones cedraleños, sobre las penurias y alegrías que se vivían en ese espacio del llano apureño (…) que ahora se ensambla en mis remembranzas como un LLANTO de la llanura infinita que se perdió en el horizonte, confundido en el ocaso con los últimos rayos de un sol vespertino (…)
TRISTEZA de la tonada viajera que, con el quejido de sus lánguidos versos, ha sido fiel y consecuente compañera de su partida. Y es que parte de esa estampa llanera se ha MARCHADO dejando una estela de incertidumbre en el corazón de los copleros (…)
NOSTALGIA por la desaparición de costumbres, creencias y valores que estuvieron arraigados en la inocente mentalidad de ancianos, mujeres, peones y campesinos que supieron vivir con estoicismo todas las vicisitudes de su condición social (…)
AUSENCIA de Cantaclaros y Florentinos que tomaron el sabor del verso directamente del inmenso jardín de su paisaje llanero, que lo vivieron espontáneamente para poderse compenetrar con él (…)
Gran parte de tu espontaneidad y de tu naturalidad se ha PERDIDO, mi querida llanura, porque el avance de la civilización ha TRASTOCADO tu lozana presencia para maquillar tu cuerpo con un nuevo perfil de arena y granzón (…)
(…) mi querida y vieja llanura, hoy quiero reivindicar tu nombre y la magnitud de tu presencia ante las nuevas generaciones (…) le voy a explicar a todos (…) mediante remembranzas sencillas, cómo estaba tu corazón repleto de paisajes; de tus bellas lagunas de aguas cristalinas rodeadas por la blancura de tus garzas y tus lirios sabaneros; (…) De tus hatos y modestos conucos enclavados en lo más profundo de tu ser (…) De tus sencillos y humildes llaneros que extremaron sus angustias en lomos de briosos caballos enlazando el ganado cerril (…) De las bellas Mariselas y Marialayas dispersas en cada rincón de tu horizonte, esperando el canto para escaparse con él.
Todo esto has sido tú, mi querida y vieja llanura, y por eso hoy suelto con angustia el LLANTO de mí recuerdo.

En la introducción de su último libro, este apureño ejemplar nos demuestra una vez más su entrañable amor y pasión por su tierra natal, su gente, su cultura, costumbres, geografía y su historia.

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Ya para finalizar este perfil, esta semblanza, AFIRMAMOS que por todo lo comentado hasta ahora y fundamentado básicamente en estos tres libros que han llegado hasta nosotros (dos de crónicas y uno novelado), César Ramos, uno de nuestros homenajeados en el día de hoy, a pesar de ser un estudioso de las ciencias del agro, forma parte de ese pequeño grupo de grandes escritores y narradores apureños… Que pertenece a esa escasa elite de intelectuales y auténticos valores notables que han dado lo mejor de sí aportando su cuota de cultura y de letras a éste su terruño natal.

A todos ustedes, muchísimas Gracias.

Elisur Emilio Lares Bolívar.

San Fernando de Apure, 10 de abril del año 2010.-


FUNTES CONSULTADAS


RAMOS, César Humberto (1988) Remontando el Apure Viejo (Desde 1931 hasta 1952). Maracay. En el bicentenario de la Fundación de San Fernando. Editorial El Aragüeño.

RAMOS, César Humberto (1991) Romance en el Caramacate (Mi Borita). Maracay. Talleres de Industria Gráfica Integral C.A.

RAMOS, César Humberto (2009) Mi llanto por la llanura. Ensayo histórico, literario y técnico, sobre la llanura apureña durante las primeras cuatro décadas del siglo XX (1900-1940). Caracas. Colección historias. Editorial El Perro y la Rana.

domingo, 13 de junio de 2010

Esquina El Chimborazo Calle José Cornelio Muñoz cruce con Atanasio Girardot. Aportes al conocimiento de la historia local.

Hugo Rafael Arana Páez
Miembro investigador del Centro de Estudios
Histórico-Sociales del Llano Venezolano.
Casa de Bolívar San Fernando.
Hugoarpa24@hotmail.com.
Fotografías: Hugo Arana Páez

1. ¿Dónde estaba la esquina El Chimborazo?

Hasta comienzos de la década de los años sesenta del siglo veinte, funcionó en el ángulo Noroeste del cruce de las calles José Cornelio Muñoz y Atanasio Girardot, un negocio de víveres conocido como “Pulpería El Chimborazo”, propiedad del comerciante apureño, apodado el Teniente Cordero.
Actual esquina El Chimborazo, cruce de las calles José Cornelio Muñoz y Atanasio Girardot. Lugar donde estuvo la pulpería “El Chimborazo”, propiedad del comerciante apureño, apodado “El Teniente Cordero”.

2. ¿Por qué El Chimborazo?

Posiblemente el Teniente Cordero fue un viejo apureño, admirador del padre de la patria y cuando a finales de la década de los años treinta fue a constituir su negocio de víveres, se le ocurrió consagrarlo con ese nombre. Seguramente este pulpero se inspiró en el Bolívar pensante y utopista, en el héroe de tendencias románticas, proféticas como fue el Bolívar de "Mi delirio en el Chimborazo. El monte Chimborazo está situado en la provincia del mismo nombre, en Ecuador, y a sus pies se halla la ciudad de Riobamba, capital de dicha provincia. Chimborazo es el nombre del dios de la antigua nación Puruhá, que más tarde fuera adorado por los Incas. Su nombre tiene varios significados en los dialectos vernáculos. Viene del jíbaro chimbu, asiento, dueño de casa; del aymará rassu, montaña; del colorado shimbu, mujer y rassu, nieve. También se cree que chimbo es de origen chimú y significa sombra protectora. En idioma quichua, chimbo o chimbu significa la del otro bando y rassu quiere decir nieve. Es decir "Nieve del Otro Bando", lo cual concuerda con la mitología indígena que considera al Chimborazo como esposo de la Tungurahua, montaña situada frente al mitológico cónyuge. Los indígenas de la provincia del Chimborazo creen que las dos montañas se unen cuando el cielo resplandece por los relámpagos en las noches de tormenta. Alexander Von Humboldt intentó llegar a la cima de esta montaña, pero sólo alcanzó los 5.900 metros sobre el nivel del mar.

3 El Libertador y “Mi delirio sobre El Chimborazo”

El cerro El Chimborazo, en la República de Ecuador, fue escalado en el siglo diecinueve por ilustres visitantes, entre otros: La Condamine, Humboldt y Simón Bolívar; de esta hazaña El Libertador, escribió uno de los ensayos más hermosos y diáfanos que haya producido el intelecto humano. Es una obra literaria referida a la voluntad y las pretensiones del hombre; escrita en bella prosa y que sería conocida por las generaciones presentes como “Mi Delirio sobre El Chimborazo”.
…” Yo venía envuelto en el manto de Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo. Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt; las seguía audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que pusieron las manos de la Eternidad sobre las sienes excelsas del dominador de los Andes. Yo me dije: este manto de Iris que me ha servido de estandarte, ha recorrido en mis manos sobre regiones infernales, ha surcado los ríos y los mares, ha subido sobre los hombros gigantescos de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad. Belona ha sido humillada por el resplandor de Iris, ¿y no podré yo trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra? ¡Sí podré! Y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí, que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt, empañando los cristales eternos que circuyen el Chimborazo. Llego como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento: tenía a mis pies los umbrales del abismo. Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía. De repente se me presenta el Tiempo bajo el semblante venerable de un viejo cargado con los despojos de las edades: ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano… "Yo soy el padre de los siglos, soy el arcano de la fama y del secreto, mi madre fue la Eternidad; los límites de mi imperio los señala el Infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la Muerte; miro lo pasado, miro lo futuro, y por mis manos pasa lo presente. ¿Por qué te envaneces, niño o viejo, hombre o héroe? ¿Crees que es algo tu Universo? ¿Que levantaros sobre un átomo de la creación, es elevaros? ¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a mis arcanos? ¿Imagináis que habéis visto la Santa Verdad? ¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano". Sobrecogido de un terror sagrado, « ¿cómo, ¡oh Tiempo! -Respondí- no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino la tierra con mis plantas; llego al Eterno con mis manos; siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos; estoy mirando junto a mí rutilantes astros, los soles infinitos; mido sin asombro el espacio que encierra la materia, y en tu rostro leo la Historia de lo pasado y los pensamientos del Destino». "Observa -me dijo-, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: di la verdad a los hombres". El fantasma desapareció. Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. En fin, la tremenda voz de Colombia me grita; resucito, me incorporo, abro con mis propias manos los pesados párpados: vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio”... (1)
Es posible, que este teniente del ejército venezolano de comienzos del siglo veinte, convertido en pulpero de pueblo (pulperos famosos hubo en Venezuela como José Tomás Boves en Calabozo y Ezequiel Zamora en Villa de Cura), haya leído este escrito del padre de la patria y hallándolo tan hermoso, quiso consagrarlo, dándole con mucho orgullo el nombre a su negocio “Pulpería El Chimborazo”.


4 La Esquina El Chimborazo y las escuelitas de primeros estudios en San Fernando

Algunos niños de San Fernando hasta finales de la década de los años cincuenta tenían sus primeras experiencias de aprendizaje en varias escuelitas que existían estratégicamente ubicadas en diferentes barrios. En ellas comenzaban con la popular cartilla y continuaban con el clásico libro primario de “Mantilla”. Estas escuelitas funcionaban en casas de familia, donde una sola maestra se encargaba de impartir lecciones a los párvulos que ansiosos acudían en búsqueda de conocimiento. La edad para ingresar a estas instituciones oscilaba entre los cinco y los ocho años. Los recursos didácticos utilizados por estas docentes, era entregarles un puntero que podía ser un pedacito delgado de madera, con el cual iban señalando las primeras letras a medida que las repetían en voz alta. De igual manera estas maestras aplicaban severos castigos a sus pupilos (eran las estrategias educativas que se utilizaban en la época), estos castigos se aplicaban sin contemplaciones, pero también sin ser exagerados. Estos consistían en la jaldera del cabello, mejor conocidos como “peladientes”; por aquello de que al tirar la docente los cabellos del niño, éste hacía una mueca de dolor, cerrando los ojos, abriendo simultáneamente los labios y dejando los dientes al descubierto. Pero también estas maestras recurrían al clásico palmetazo o al templón de orejas; cuando la falta era suave los obligaban a arrodillarse en el piso o sobre un ladrillo y en casos extremos, sobre granos de maíz. Cuando las faltas eran graves o no se aprendían la lección, implicaba un castigo adicional como era dejarlos “pésimos”. Quedarse “Pésimo”, consistía en prohibirle al niño salir a jugar en la media hora de recreo o receso. En ese tiempo, el infeliz muchachito permanecía sentado en su pupitre escribiendo una “Plana”, que consistía en llenar fila tras fila en el cuaderno la frase “Debo portarme bien en clase” o “Debo aprender bien la lección”.
Eso sí, los niños que egresaban de estas escuelitas, ya estaban capacitados, para ingresar al segundo grado de cualquier escuela oficial. Pionera de esta enseñanza en San Fernando fue Doña Andrea Hurtado de Santamaría. Ella tenía su escuelita precisamente en la esquina El Chimborazo, en el cruce de las calles José Cornelio Muñoz y Batalla de Boyacá; allí vivía con sus hijas Blanca Hurtado de García y Rosa Lerma Hurtado; su yerno José García y su nieta Edith. En esa escuelita de la Chimborazo, se le enseñaba a los niños a leer con más soltura, a pronunciar bien las palabras y también las cuatro reglas de la Aritmética (la llamada tabla de sumar, restar, multiplicar y dividir). Valga el testimonio del economista apureño Cesar Humberto Ramos…”De allí salíamos listos, para ingresar a cualquiera de las escuelas de educación primaria”… (2)
Otra reconocida escuelita en San Fernando en esa época, era la de la Niña Candelaria Velásquez. Este centro de enseñanza funcionaba en su residencia familiar ubicada en la Esquina Botellofón, situada en el cruce de las calles José Cornelio Muñoz y 24 de julio, donde había una casona de bahareque, techo de tejas, de anchos portones y enormes ventanas de madera, amén de un amplio corredor que miraba al hermoso patio, sembrado de mamones, guayabos, ponsigué, matas de cayena, rosas y capachos que hacían las delicias de los pequeños estudiantes. El corredor fungía como salón de clases, por lo que la iluminación y ventilación eran excelentes

Actual esquina El Chimborazo. La vivienda a la derecha donde funcionó la escuelita de Doña Andrea Hurtado de Santamaría en el cruce de las calles José Cornelio Muñoz y Atanasio Girardot.

El Teniente Cordero era un hombre cordial y muy dado a las chanzas. Era además de pulpero, gallero empedernido, poseía la reacción natural de los jugadores, es decir, jovial cuando ganaba y malhumorado cuando perdía. En ese sentido los muchachos de la barriada, los días domingos, solían pedirle prestada la sala de su casa, la cual estaba al lado de la pulpería, para hacer los “Picoteos” (fiesta amenizada con aparatos de sonido llamados Pick-up o Picót), después que él se marchaba a la gallera. En ese sentido vale la pena citar a Cesar Humberto Ramos en su obra Remontando el Apure viejo.
….”El Teniente nunca decía que no, pero los asistentes a esas fiestas corrían un albur cada vez que el Teniente regresaba de la gallera. Como él tomaba bastante ron puro, siempre llegaba “prendió” de la gallera. Cuando ganaba, regresaba bañado de rosas, contento y exclamaba ¿Cómo están muchachones? ¡Que siga la fiesta! ¡Aquí tienen otra botella de ron! Pero cuando perdía , llegaba mareado a su casa , se metía directamente a su cuarto y salía con una peinilla en la mano y rastrillándola en el piso , gritaba : Bueno ¿Y qué vaina es esta ¿Qué hace este gentío en mi casa? ¡Se me van pal carajo toditos! “… (3)
Actual esquina El Chimborazo. En el ángulo Noroeste estuvo la pulpería El Chimborazo que le dio nombre al lugar.

5 ¿Quién fue el Teniente Cordero?

Se llamaba Juan Bautista Cordero, era Teniente del ejército de Venezuela y hasta el año 1929 era el Comandante de Los Cañitos, en el hato La Candelaria; siendo reemplazado por un teniente tachirense de apellido Cárdenas. En el lapso 1908 a 1935, Juan Vicente Gómez era el amo absoluto de Venezuela, principal accionista de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación CAVN, del lactucario de Maracay, de mataderos y dueño de los mejores hatos ganaderos, centrales azucareros, y haciendas cafetaleras según refiere Miguel Acosta Saignes en su obra Latifundio
…”Juan Vicente Gómez era el mayor terrateniente venezolano y quizás de América. El cálculo preliminar de sus inmuebles diseminados por todo el país y especialmente constituidos por haciendas y hatos, de un monto de 126 millones de bolívares, según la Junta de Reclamaciones contra los bienes del dictador”… (4)
De esos ciento veintiséis millones de bolívares correspondían al Estado Apure 1.829.388,05. Sin embargo después se comprobó que la fortuna total de El Bagre representó un mil millones de bolívares. En Apure tuvo el hato La Candelaria, ubicado en el hoy Municipio Autónomo Pedro Camejo, al Sur del río Arauca y Norte del río Cunaviche. Fue un hato inmensamente rico, con una extensión de ciento veinte mil hectáreas y una población bovina entre 240.000 a 360.000 cabezas aproximadamente, amén de un considerable rebaño de ganado caballar. Según refiere Ramón Oviedo Montoya
…”Para finales del año 1929 era administrador de ese hato, el Coronel Miguel Poveda. El asiento principal de esta vasta propiedad era El Paso Arauca, adonde había sido trasladado desde Los Cañitos, obedeciendo a razones de orden estratégico y de seguridad, además de la cercanía de las poblaciones de San Juan de Payara y San Rafael de Atamaica. …Las propiedades de Gómez todas eran cuidadas por el ejército y en consecuencia; en el asiento del hato había un pelotón militar. De igual manera existía otro en Los Cañitos….En Los Cañitos el Comandante de ese puesto, era el Teniente Juan Bautista Cordero; a quien conocí personalmente en su bodega El Chimborazo; calle Girardot con Muñoz en San Fernando de Apure a principios de los años cincuenta. Por razones estrictamente militares, al Teniente Cordero le correspondió ser reemplazado en su puesto de mando, por otro teniente de apellido Cárdenas”…. (5)

6 ¿A qué precios y qué vendían las pulperías de San Fernando a mediados del siglo veinte?


Tomando los datos de Ramón Oviedo en su obra Sabaneando mis recuerdos, se mencionan los precios de venta de algunos productos para el año 1945. Un kilogramo de carne res Bs. 1,45 Una panela dulce (1 kg) 0,25 Medio kilogramo de carne y un kilogramo de hueso Bs. 1,37 Un kilogramo de verdura (yuca, topocho y ocumo) Bs. 0,50 Una panela de jabón (de la tierra o amarillo) Bs. 0,25 Un kilogramo de manteca vegetal Bs. 3,00 Un Kilogramo de azúcar Bs. 1,00 Un kilogramo de arroz Bs. 2,00 Un kilogramo de papas Bs. 1,00 Un Kilogramo de Cebolla Bs. 2,00 Un Galón de aceite (3,785 Litros) Bs. 13,00 Una lata de Kerosene (18litros) Bs. 3,00 Una lata de Creolina (1/2 litro) Bs. 2,00 Un Kilogramo de frijol Bs. 1,00. Además de estos bajos precios el pulpero recompensaba a sus clientes con la conocida ñapa.

Esquina El Chimborazo. Vista desde la calle José Cornelio Muñoz. El edificio de la izquierda actual sede administrativa de la empresa CANTV, donde hasta mediados de la década de los años sesenta, la familia Guaitero-Díaz, vivió en una casona de adobe y tejas. A la derecha estaba la pulpería El Chimborazo.

7 La Ñapa y las viejas pulperías

Hasta mediados del siglo veinte en San Fernando, no existía pulpería sin ñapa y es que dar ñapa era una práctica usual en esos negocios. Hoy esta práctica y hasta la misma voz están desparecidas del léxico y si no es así pídanle la Ñapa a un chino propietario de una cadena de supermercados. Esta voz se hallaba difundida en casi toda América. El centro de origen es del Perú incaico; en quechua, Yapa es aumento, incremento o añadidura; Yapar es dar la yapa. Del Perú al pasar a Colombia se hizo ñapa. Esa ñapa se extendió por toda Venezuela, por las Antillas, América Central y México e incluso hasta el Mississippi. Su uso está asociado a las viejas pulperías como El Chimborazo, donde el cliente decía ¡Deme un real de mantequilla! Y mi ñapa e queso o ¡Véndame un Kilo de azúcar y un caramelo e ñapa! Aunque los modernos supermercados la han desterrado, nuestra ñapa no va a desaparecer porque todavía en sentido figurado le quedan otros usos. Así todavía escuchamos: El policía le dio su buen bollo y le acuñó unos planazos de ñapa o fulanito se salvó de ñapa (que se salvó por un tris) , ¡Ni de ñapa acepto yo eso! , ¡Ahora pa mas ñapa se le reventó un caucho al carro! o ¡Mira fulano como esa ñapita e mujé gobierna a ese hombrón!

C O N C L U S I Ó N:

Hasta mediados del siglo veinte existieron en la capital apureña muchas pulperías (LA Vencedora, El Matajey, Mi Tesoro, La Mariposa, El Verdún, El Chimborazo, El Pabellón del Pueblo, El Combate, La Aragüeña, La Pluma de Oro, etc) que dieron nombre a muchas esquinas de la zona histórica de la ciudad. Entonces eran modestos negocios (atendidos por venezolanos, que recompensaban la fidelidad del cliente con la conocida Ñapa). Lamentable y progresivamente se fueron convirtiendo en “Bodegas”, “Casas de abastos” , hasta convertirse en “Automercados”, “Supermercados”; siendo sus propietarios, ciudadanos italianos, españoles y a partir de la década de los años setenta, nacionales del Medio Oriente (libaneses, sirios, árabes, etc) y últimamente del lejano Oriente, conocidos todos ellos como “chinos” (no sé, si peyorativamente). Lo cierto es que en todos estos grandes mercados no dan ñapa y al contrario, cuando al infeliz cliente le queda un vuelto de dos o tres bolívares, estos comerciantes le entregan (de mala gana) a cambio, dos caramelos de pésima calidad o una cajita de fósforos y si es una dama, una límita de madera para las uñas. ¡No jile, ah tiempos aquellos! En que los viejos pulperos entregaban el vuelto completiiiiiico, amén de compensarte con tu buena ñapa.
San Fernando, 11 de junio de 2010

Citas al pie de página
(1) Enciclopedia Wikipedia, Versión digital (Internet)
(2) RAMOS, Cesar Humberto Remontando el Apure viejo, Pag.57.
(3) Ibídem Pág. 85
(4) ACOSTA SAIGNES, Miguel Latifundio Pág. 128
(5) OVIEDO MONTOYA, Ramón Sabaneando mis recuerdos Pág. 36

FUENTES:
BIBLIOGRÁFICAS:
ACOSTA SAIGNES, Miguel Latifundio,
DECANIO, Edgar Repuntes II El San Fernando de ayer
OVIEDO MONTOYA, Ramón Sabaneando mis recuerdos
RAMOS, César Humberto Remontando el Apure viejo 1930-1050
ROSEMBLAT, Ángel Buenas y malas palabras

DIGITALES:
Enciclopedia Wikipedia Mi Delirio sobre El Chimborazo
ORALES:HERNANDEZ, Nelsón “Caboluís”
OVIEDO MONTOYA, Ramón
BUAIZ, Jorge
TESTIMONIALES:
ARANA PAEZ, Hugo Rafael
CADENAS, Miguel
CASTILLO PILDAÍN, Federico

martes, 11 de mayo de 2010

La llaneridad: ¿Metáfora o paradoja?

Luisa Talmay Rivas García

Resumen:

Esta ponencia hará un recorrido por las nociones de cultura, consumo y producción, que manejamos, es decir, qué consumimos culturalmente y qué producimos. Para ello nos remontamos al pasado y hurgamos en la historia y en la literatura de nuestra región llanera, ambas, nos dan pistas sobre lo que hemos venido considerando como cultura y lo que hemos heredado de nuestros antepasados. Busca abrir una brecha en lo que consideramos cultura e intenta impulsar nuevas visiones sobre ello, desde una perspectiva dialógica.

Descriptores: Llaneridad, cultura, consumo, producción, historia, literatura, dialogía.

Preliminar

El Llano es el inmenso lugar donde nací, inconmensurable, sin límites; cuando me preguntaban que de dónde venía, del Llano era la respuesta inmediata que brotaba del alma. La llaneridad la podemos ver plasmada en el idioma, la música, la pintura, la escultura, la geografía, la gastronomía y otras expresiones más. La naciente República de Venezuela se ordenó (1811) y marcó límites, se territorializó, pasó por varias distribuciones geopolíticas hasta llegar a la que conocemos hoy; dentro de la distribución actual tenemos cinco estados llaneros, a saber, Guárico, Barinas, Cojedes, Portuguesa y Apure.
De Llano y los llaneros han hablado, cantado y escrito infinidad de artistas y escritores, en la literatura se exalta el Llano y sus costumbres, pero realmente, es importante escudriñarnos a nosotros mismos. Acompáñame por ese recorrido fugaz a la cultura vista desde nuestra propia perspectiva. Para ello, iremos al pasado, y hurgaremos en él, para reconocernos en este presente, de esta manera, nos aproximaremos a lo que se considera cultura, es decir, lo que se produce y lo que se consume actualmente.

1. De la cultura

Los conceptos de cultura y producto cultural son objeto de polémica y confusión; la cultura siempre ha sido un tanto denostada y su difusión poco reflexionada, pero, ¿qué entendemos en realidad por cultura? Actualmente la cultura es entendida como un "camino para hablar de entidades colectivas" y remite a la idea de una forma que caracteriza al modo de vida de una comunidad. Parafraseando a Beatriz Sarlo[1], podemos decir que, el cambiante paisaje urbano, la constante modernización de los medios de comunicación, el impacto de estos procesos sobre las costumbres y la cultura en general, son el marco y el punto de referencia respecto del cual se articulan las muchas respuestas producidas en la sociedad. En el curso de muy pocos años, ésta ha debido procesar, incluso en su propia biografía, cambios que afectan relaciones tradicionales, formas de hacer y difundir la cultura, estilos de comportamiento, modalidades de difusión y funcionamiento institucional.
Partiendo de la certeza de que en América Latina se ha caminado firmemente al establecimiento de enfoques teóricos propios, basados en grandes enfoques humanistas, es importante notar que el interés mayor se centró en la comunicación humana, las relaciones dialógicas, la democratización de las comunicaciones y los procesos de apropiación crítica por parte de los receptores.
En 1970 Armand Mattelart dio a conocer el modelo de la Comunicación Alternativa que rescataba la dimensión humana del fenómeno y planteaba interrogantes en torno a las relaciones dialógicas del proceso. La base de este modelo fue la concepción de la comunicación aportada por los filósofos latinoamericanos Paulo Freire (1973) y Antonio Pascuali (1972 y 1979). Freire con su análisis sobre educación y dependencia sustentaba que la comunicación dialógica es la base de la liberación del educando y por ende de la liberación cultural e ideológica.
Por otro lado el investigador venezolano Pascuali enfiló sus planteamientos filosóficos hacia la delimitación del fenómeno de la comunicación como “COMPARTIR” y “PONER EN COMÚN”, reserva la comunicación a las experiencias humanas de intercambiar, compartir y consaber en igualdad de condiciones. Ya a finales de los ochenta y durante la década de los noventa Jesús Martín-Barbero (1987) pone a circular su teoría de las mediaciones, en la que enfatiza “la forma de concebir al receptor como un sujeto activo que se `apropia` de la cultura masiva y con sus códigos culturales resemantiza los mensajes desde su contexto cultural y social, es un proceso que no sólo se produce en el momento de la percepción del mensaje sino que abarca las etapas de la producción y de la recepción, atravesadas por mediaciones diversas”[2].
A partir de este teórico latinoamericano, los estudios en la región hicieron posible el acercamiento del sujeto en su relación con su cosmos, en un contexto determinado local y macro-real, poniendo en evidencia los problemas de la cultura popular en su relación con la cultura masiva. La atención por la cultura en el sentido antropológico no se pone en las nociones intelectuales de los individuos singulares sino en el saber colectivo y distintivo de todos los grupos sociales. Así que podemos pensar la cultura como comunicación en tanto trama abierta con varias redes concurrentes y multiplicidad de interacciones.
El teórico latinoamericano Adolfo Colombres plantea la cultura como el producto de la actividad desarrollada por una sociedad humana a lo largo del tiempo, a través de un proceso acumulativo y selectivo.[3] Entre el planteamiento antropológico y el sociológico-semiótico, otros autores, como el sociólogo mexicano Jorge González, estudioso de las problemáticas culturales de Latinoamérica, la conciben como "un modo de organizar el movimiento constante de la vida concreta, mundana y cotidianamente. Es el principio organizador de la experiencia y mediante ella ordenamos y estructuramos nuestro presente, a partir del sitio que ocupamos en las redes de relaciones sociales".[4] Ya en la década de los noventa, se llega a aceptar como válida la definición general de Talcott Parsons de cultura como la del "discurso simbólico colectivo que toma en cuenta los conocimientos, creencias y valores sociales".[5]
Si tenemos en cuenta un diccionario más específico y reciente como el Diccionario crítico de política cultura: cultura e imaginario,[6] vemos que han existido dos macroenfoques de abordamiento de la cultura, el idealista y el materialista; el primero ve en la cultura el indicador de un espíritu formador global de la vida individual y colectiva manifestada en comportamientos y actos sociales varios, y el segundo -de inspiración marxista-, la considera como reflejo de un universo social más amplio y determinante. En realidad estas visiones son herederas de las dos grandes concepciones confrontadas en la segunda mitad del siglo XIX: la francesa y la alemana. La primera trataba la cultura como "civilización", como "cultura universal". Era un logro distintivamente humano, progresivo y acumulativo, basado en la razón, en la verdad, en la ciencia y en el conocimiento.
Los alemanes, por el contrario y siguiendo las explicaciones de Adam Kupper,[7] utilizaban el término "kultur" para referirse a los valores espirituales, a las artes y a las manualidades creadas por el genio individual que -según N. Elias- debía alcanzar la perfección espiritual y su "estado cultural". Los defensores de "kultur" tenían en cuenta las emociones, las tradiciones nacionales y, como indicaba A. Weber, el mundo del arte y de la religión no tenían fines racionales a los que servir. El capitalismo era un conjunto de fuerzas corrosivas y vulnerables. La cultura, además, no era cuestión de élites, sino que era la clase media universitaria la base de los intelectuales.
Una tradición en parte heredada por los liberales intelectuales ingleses que, críticos de la tecnología y de la civilización moderna propia de la industrialización, abogaban por los valores culturales de la tradición en el arte y la filosofía. Tenían en cuenta "the history of the human spirit" y consideraban que la cultura estaba bajo la amenaza de la civilización material y la incipiente cultura de masas (hoy arraigada completamente). Según Kupper, T. S. Eliot consideraba que la cultura era la manera de vivir juntos en un espacio. Williams, por su parte, veía la cultura en conflicto con un industrialismo; lo que había que hacer era buscar un punto medio entre la tradición y lo moderno, dejando espacio para la diversidad cultural.
Actualmente se conjugan las visiones materialista e idealista y tienen como objeto la cultura vista en sentido totalizante, antropológico y sociológico. Estas políticas culturales se orientan por estos distintos conceptos de civilización. Cultura y civilización pueden surgir como términos equivalentes, la cultura puede ser entendida como componente de la civilización o, desde otra perspectiva, se puede considerar la civilización como la etapa avanzada de la cultura. La cultura, sin embargo, no es un concepto tan pragmático: es subjetiva y no tiene leyes universales. No existe una naturaleza humana común y lo que hay son distintas concepciones, desarrollos culturales, adquisiciones, aprendizajes e influencias. Frente a la consideración de la cultura como ley y hecho natural tras la publicación de la teoría de la evolución darwinista (y que fundamentó el llamado "nacionalismo cultural") parece ser que al final la aceptación mayoritaria es la de la corriente boasiana que se desarrolló en los EU y que sentencia: "la cultura es lo que nos hace".[8]
En el desarrollo de estas visiones antropológicas y sociológicas la acción comunicativa es vital. Siguiendo el modelo de acción comunicativa de Jurgen Habermas podemos decir que el mundo de la vida se compone de cultura, sociedad y persona, siendo la cultura el cúmulo de conocimientos que adoptan las personas para tener una comprensión del mundo y la acción comunicativa el proceso interactivo de transmisión y renovación del saber cultural; la transferencia de la promoción de la integración social a partir de la solidaridad y la formación de la identidad de la solidaridad.

2. Del consumo

Néstor García Canclini define el término consumo como “el conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica”[9]. Así pues, ve el consumo como sistema de integración y comunicación. El autor considera que, todos los actos de consumo son hechos culturales, llega a esta reflexión basado en la afirmación de que la apropiación de cualquier bien es un acto que diferencia simbólicamente, integra, comunica, objetiva los deseos y ritualiza su satisfacción. Consumir considera el teórico es intercambiar significados. García Canclini concluye que “es tan fundamental en el consumo la posesión de objetos y la satisfacción de necesidades como la confirmación y reconfirmación de significados y valores comunes”[10].
Entre lo que se usa y se consume intervienen escenarios decodificadores y reinterpretadores como la familia, la escuela, la universidad y otras instancias más. Cada objeto destinado a ser consumido es un texto abierto, es decir, susceptible de ser “leído” según las apropiaciones de los usuarios.
El proceso de socialización hoy no está sólo en la escuela, en la familia, sino también en los medios de comunicación social. La cultura de masas ya no significa anonimato, pasividad, conformismo, es la que va a facilitar la comunicación entre los diferentes estratos de la sociedad. “Las diferencias sociales no son tanto de clases como de niveles culturales, de expresiones culturales como nuevos indicadores de la organización social”[11] Los medios, especialmente radio y TV, ocupan un papel central en el consumo cultural. La mediatización de lo popular supuso la incorporación en los MCS de expresiones tenidas como “auténticas”. Manifestaciones culturales populares son readaptadas para su consumo masivo e incluso, para consumo de la élite (p. ej. artesanías).
El hecho de que la cultura se quiera aproximar a un público general propio de una sociedad de masas no debe llevar a la disminución del rigor y el análisis de los contenidos propios.

3. De la producción

Los "productos culturales" son en muchos casos productos propios de la cultura de masas y de la misma globalización cultural. Desde el punto de vista de las formas culturales tradicionales, se observa claramente una uniformidad de la sensibilidad. En la mayoría de ocasiones no se busca un cultivo del espíritu como se consideraba en la Alemania del XIX ("kultur") sino más bien un entretenimiento, una ocupación para ratos de ocio, primando la visión materialista de la cultura frente a la idealista.
Para muchos la desproporción en la difusión de productos culturales extranjeros y nacionales es notoria, así como la compra de libros respecto a la lectura de libros y la marginación de géneros como la poesía. En relación a esto el hábito cultural de los públicos es esencial, es decir, el fomento de las actividades de recepción cultural. Existen diversos tipos de públicos y por ello deben existir distintos tipos de producción y mediación cultural. El carácter mercantilista de la cultura es aceptado por la mayoría como lógico e inevitable pero no hay que caer en excesos. Sin embargo, lo que más copa los estantes de lo que llamamos cultura, son los programas de televisión, las revistas sobre moda, la forma de vestir y la música comercial, que en muchos casos, no tiene ningún arraigo o apego con lo que somos.
Es notable el afán de consumo del conocimiento, un gran auge de masificación de la educación universitaria. La educación universitaria se propone formar un público específico para las ciencias, el arte y la literatura, una audiencia que, toma en cuenta los méritos simbólicos de las producciones y no tan sólo su valor monetario. Podemos ver al universitario como un consumidor-productor, que desde su perspectiva reelabora los mensajes que recibe en el proceso de enseñanza-aprendizaje; el universitario como consumidor-productor debe ser “un lector activo”, capaz de hacer crítica y también de transformar su entorno, tener voz y voto en los cambios proyectados y en la vida social.

4. Postliminar

Con estas nociones debemos revisar ¿qué producimos culturalmente y qué consumimos? Nos hemos concentrado en actividades religiosas, regionalistas, folclóricas, en realidad, hemos hecho un sincretismo cultural, esto no es nuevo. En el 2007 publiqué un reportaje en la Revista Nacional de Cultura sobre la celebración del día de San Fernando, esa es una de las pocas cosas sincréticas que se realizan, pero, ¿cuáles otras expresiones? ¿Cuántos diarios tenemos?, ¿qué publican? ¿Cuántas emisoras de radio y televisión?
Cuando hablamos del Llano, lo que marca el imaginario de la gente, es el joropo, el canto recio, el humor fácil, lo folclórico, lo chabacano. Pareciera que no nos hemos dado cuenta de que somos otros en un mundo que ha desdibujado las fronteras, así que, en el imaginario, somos una metáfora hermosa, susceptible de ser loada, pero, en la realidad, ¿qué vivimos?
Si partimos de que la educación como práctica difunde y consolida imaginarios, símbolos valores y tradiciones, entonces, debemos empezar por la escuela y verla como el escenario más democrático y amplio del mundo, construir una visión de mundo desde ella. Si la escuela es un lugar de integración de placeres y saberes, entonces éstos cobrarán significativa importancia para quien así lo sepa y viva. Rescatemos el lugar preeminente de la escuela, pero no podemos frenar en este ámbito.
La universidad debe estar concebida para hacer una sinergia con la sociedad en la cual se vive: “los intelectuales de ahora son orgánicos por su directa vinculación a un nuevo modo de producción de conocimiento, el de la industrias de la conciencia. La especificidad de éstas reside, precisamente en su objetivo; la fabricación, cultivo y mantenimiento de la opinión.”[12]
La academia produce conocimiento que a su vez debe ser difundido por los medios de comunicación de masas, en este sentido, los medios tomarán los contenidos que serán difundidos para adaptarlos al público destinatario del mismo; esa acción afecta los contenidos, las prácticas profesionales y a las ciencias sociales mismas. La competencia que se desarrolla es el cultivo del conocimiento y de los mecanismos que permiten su comunicación.
En la alianza que deberá reforzar la Universidad con los medios de comunicación de masas está el sustentar de manera concreta el saber que se difunda, hacerle seguimiento, darle complejidad y sistematización para que puedan darse los procesos de reflexión, con el propósito de crear productos culturales de calidad que trasciendan la moda, el mito, los personajes y hasta las corrientes de pensamiento.
La reflexión intelectual debe retomar su lugar en la comunicación de masas, de discusión y crítica pero también como integradora.Debemos considerar a la Universidad como lo que es, una comunidad hermenéutica de consumidores, que contribuye continuamente a crear escenarios de integración y comunicación de individuos de una misma sociedad, desde un punto de vista autónomo, independiente y crítico.
La praxis que se propone viene gestándose por la periferia, y ésta es la del comprometido, que rechaza la violencia y defiende la vigencia de los derechos humanos, que asume su responsabilidad, que fija posición frente a los hechos observados, y además, toma decisiones que atañen al hecho analizado, porque selecciona unas partes y desecha otras, esto quiere decir, que con estas acciones asume el riesgo de ser subjetivo.
La cultura ha acabado siendo la conciencia colectiva de las ciencias sociales y los antropólogos han sido designados para su estudio, de ahí que se llegue a afirmar, como A. Kupper, que prácticamente todo aquel que escribe sobre temas sociales debería ser contado como antropólogo. Las fuentes deben ser los documentos y el mundo y que éste último debe ser descifrado a partir de la lógica y de la sensibilidad. A lo que se escribe se le tiene que agregar rasgos de las demás artes y construir el mundo recuperando la identidad y la memoria colectivas.
Tenemos que abrir una brecha para insertarnos realmente en la comunidad y la comunidad en nosotros, una sinergia, para poder crecer, la escuela, la comunidad, la universidad, todos, requerimos el concurso de todos, centrarnos en el compromiso, buscar un punto de equilibrio y que seamos la voz de la comunidad, y al mismo tiempo, educar a esa comunidad, en el diálogo, la crítica, la lectura, para luego accionar, todo esto de manera simultánea.

Referencias bibliográficas

Barbero, Jesús Martín: De los medios a las mediaciones, G. Gili, Barcelona. 1993
Barei, Silvia: El sentido de la fiesta en la cultura popular, Alción Editora, Córdoba, 1991
Colombres, Adolfo: Sobre la cultura y el arte popular, Ediciones del Sol, Buenos Aires, 1987
Diccionario Crítico de política cultural, Pandora, México, 2000
García Canclini, Néstor: Los estudios sobre comunicación y consumo: el trabajo interdisciplinario en tiempos neoconservadores. (Trabajo mimeografiado)
Habermas, Jurgen: Facticidad y Validez, Madrid, Editorial Trotta, 1998Harris, Marvin: El desarrollo de la Teoría Antropológica, Siglo XX Editores, México, 1999
Kupper, Adam: Culture, Harvard University Press, 1999Mancini, Ugo: de la Universidad de Bolonia, disponible en http://www.crim.unam.mx/cultura/ponencias/1CultDesa/CDIDE15.htm
Muñiz Sodré: Reinventando la cultura, Gedisa, Barcelona, 1998
Ortega, Félix: El mito de la modernización. Bogotá, Anthropos, 2001
Parsons, Talcott: La Estructura de la Acción Social, Guadarrama, Madrid, 1968
Sarlo, Beatriz: Una Modernidad Periférica, Buenos Aires 1920 y 1930. Buenos Aires, Nueva Visión, 1988
Definición e información sobre la semiótica de la cultura en http://rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/moebio/04/osorio05.htm.

[1]. Beatriz Sarlo. Una Modernidad Periférica, Buenos Aires 1920 y 1930. Buenos Aires, Nueva Visión, 1988, pp. 262
[2]. Jesús Martín Barbero: De los medios a las mediaciones, G. Gili, Barcelona. 1993
[3]. Adolfo Colombres: Sobre la cultura y el arte popular, Ediciones del Sol, Buenos Aires, 1987
[4]. Silvia Barei,: El sentido de la fiesta en la cultura popular, Alción Editora, Córdoba, 1991
[5]. Talcott Parsons: La Estructura de la Acción Social, Guadarrama, Madrid, 1968
[6]. Diccionario Crítico de política cultural, Pandora, México, 2000
[7]. Adam Kupper: Culture, Harvard University Press, 1999
[8]. Ugo Mancini, de la Universidad de Bolonia, disponible en http://www.crim.unam.mx/cultura/ponencias/1CultDesa/CDIDE15.htm
[9]. Néstor García Canclini: Los estudios sobre comunicación y consumo: el trabajo interdisciplinario en tiempos neoconservadores. (Trabajo mimeografiado).
[10]. Op. Cit., p. 8
[11]. Op. Cit., p. 13
[12]. Félix Ortega: El mito de la modernización. Bogotá, Anthropos, 2001

Fotografía: Palmas en el estero. Entre La Negra y Puerto Miranda. (Arturo Alvarez D´ Armas)