Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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sábado, 9 de mayo de 2026

PARA ROSANA

 

                                                              Jeroh Juan Montilla

Al principio fue el ácimo, el pan del amor, el fruto compartido del paraíso, la masa del corazón sobre el calor de las piedras, los cuerpos primordiales del mundo. Esta pascua desanudó la eternidad y así el tiempo salto sobre la faz de la tierra, levadura que ahora esponja el amor.

Este poemario de Rosana Hernández Pasquier, Huerto de lirios (Taller Blanco Ediciones, Colombia, marzo 2026) realiza el milagro de devolvernos, de recuperar aquellas veredas amorosas donde una vez transitamos sembrando las ternuras pascuales que nos identifican humanos, el rito de amar en el surco del poema, la promesa cumplida, el verdadero principio, acción y fin de la palabra.

Treinta poemas que trazan delicadamente la figura del primer mes en el paraíso de la adoración, ese celebrar recurrente del ceremonial de los cantares, la poesía. Versos en forma de rocío, destilados, refrescante brevedad para enumerar con gozo las esperas, las delicias, las historias, los paisajes, los reparos, las intimidades, los desafueros, los frutos, todas las ebriedades de cada amante o sembrador de lirios. Amar es cultivar la única castidad, la semilla de este poemario.

A continuación, tres poemas del libro como abrebocas:

                                                                                                

Ataste mi cintura

al lobo de tus ojos

La noche se hace oscura

sin perendengues en el cielo

Mi velo se rasga

llega el viento del norte

…………………………..

 

El perfume de la mirra

es la ofrenda del triunfo

encantan los caminos del humo

en el ascenso embriaga el espiral

a veces

perturba el rojo de la manzana

 

……………………………………

 

 

Habrá tarro y almíbar

drupas y guindas sobre la mesa

tiéndete en el aderezo

mojaré los aromas en tu cuenco

lunes, 24 de marzo de 2025

PALABRAS O LÁGRIMAS EN LA LLUVIA

              Jeroh Juan Montilla


                                                                                    a Jorge Gómez Jiménez

                                                                            

 …He visto cosas que ustedes nunca hubieran podido imaginar. Naves de combate en llamas en el hombro de Orión. He visto relámpagos resplandeciendo en la oscuridad cerca de la entrada de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, igual que lágrimas en la lluvia. Llegó la hora de morir…

                      Monólogo final del replicante Roy Batty, película Blade Runner, 1982

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La lluvia es la dueña de estas ciudades, mejor dicho, de este océano, de este planeta océano. Así comienzo mi crónica 3.200 sobre la ya larga interglaciación de mi hogar, mi tierra, mi planeta. Es una crónica relato. Historia y ficción, dos lados de una misma moneda (dicho de los terrícolas, los del planeta Tierra), el rostro de la historia sellada con los vericuetos de la ficción (colocarle un rostro a esta densa y palpable abstracción, la historia, es para mí un gozo especial, y usar este particular invento humano del lenguaje, la metáfora, impacta con tanta suavidad en mi conciencia como el golpe de ala de una mariposa, ese precioso insecto que en un tiempo abundaba en ese planeta, tanto como las hojas de los árboles)

Este hacer escritural lo aprendimos de esa especie amiga, la que, como ya dije, se hace llamar humana (por cierto, increíblemente numerosa, en cualquier rincón de la galaxia usted siempre encuentra, aunque sea una pequeña ciudad con algún reducido grupo o subespecie de ellos) A mis familiares y amigos les causa risa este afán de mi parte por aprender estos haceres humanos aunque estos son más propios de un particular tipo humano, el terrícola, que ya he mencionado; los originarios de ese planeta aun rondan por los suburbios de la galaxia (suburbio, otra metáfora, me gusta ver la galaxia como una gran ciudad espiralada)

Advierto algo, estas crónicas tienen un propósito que va más allá de nuestra especie, aunque para nosotros son innecesarias, más adelante aclararé este punto. Las mismas siguen un modo o estilo personal, una mezcla de formalidad escritural con oralidad, las inelegancias, las oscuridades y contradicciones del habla cotidiana de los humanos de la tierra, marcando y suavizando así el ritmo de las rígidas precisiones de su escritura científica. Los paréntesis buscan semejar ese fenómeno típicamente terrícola que llaman diálogo interior. Los humanos son una especie importante, una tercera parte de los que habitan la Vía Láctea, como ellos gustan en llamar a este remolino de materia y sorpresas sobre el vacío infinito.

Si a mis congéneres les causan risa estos haceres de la crónica, más cómica extrañeza les produce una antigua condición cognitiva exclusiva de los terrícolas, solo ellos la “padecen”: piensan. Es eso que llaman básicamente hablar hacia adentro, lo que más arriba llamé “dialogo interior”, algo distinto al hablar hacia afuera; pensar es hablar consigo mismo silenciosamente y hacerlo hacia afuera es… (¿cómo decirlo?) hablar en voz alta, vociferar para el otro (aclaro algo, eso de pensar ya muchos de ellos no lo hacen) En verdad hablar hacia afuera o hacia adentro es lo mismo, como dirían los terrícolas, son los dos lados de la moneda, todo ello es pensar, se piensa en voz alta o en silencio. Nosotros no pensamos, no está en nuestra configuración, por tanto, no es necesario.

La ironía es que fue la historia, con sus emergencias y peligros, la que los obligó a experimentar el dejar de pensar. Nosotros (mi especie), como ya dije, no pensamos, es imposible, la forma como circula la energía por nuestro cuerpo no lo permite. Esta va y viene de manera espiralada, todo lo que existe en nuestro planeta cumple ese movimiento de la fuerza, es el básico, de él se derivan los otros, el rectilíneo, el circular, el toroidal, y muchos otros que sería difícil, por no decir imposible, describir en lenguaje humano. Hasta el tiempo transcurre en forma espiral, algo más complicado de entender y comprender para la cognición terrícola, esto solo se puede saber o experimentar siendo en lo genético uno de nosotros, al menos en lo mínimo, con una traza de nuestro ácido nucleico. Esta crónica la estoy escribiendo exclusivamente dentro del movimiento rectilíneo, con algunos sobresaltos circulares. Ese es el ensayo que intento en sí, meter, contar nuestra historia en el molde del lenguaje humano (mis congéneres no se cansan de preguntarme por qué lo hago, no entienden que me he “enamorado” de las rarezas culturales y cognitivas de los terrícolas, eso de enamorar es algo incomprensible para nosotros, y cuando intento explicarlo me interrumpen haciéndome ver que eso es algo innecesario, un absurdo terrícola que los hace reír muchísimo. Por cierto, para nosotros comunicarse no es hablar, es algo como hacer ver, hacer lo que hacen los sentidos humanos sin el auxilio inoportuno del lenguaje, valga el redundar del verbo hacer)

Sigo. Entre los terrícolas la sensación del tiempo es rectilínea, es algo que se mueve obligatoriamente hacia el horizonte, ellos tienen una buena imagen para describir su movimiento temporal: un cauce. El flujo del tiempo avanza por un canal. De acuerdo a la configuración emocional este puede ser recto o estar combinado con recodos o curvas, pero siempre transcurriendo hacia el horizonte, hacia adelante, en una línea que parte del pasado, pasa por el presente y se incrusta en el futuro. En cambio, la imagen que tenemos para nuestro tiempo, si eso puede ser llamado tiempo, es una cascada que cae retorciéndose, exprimiendo partículas que salpican nuestra conciencia hasta empaparla totalmente, nuestra cascada temporal puede descender o ascender según la configuración emocional dominante para la era que se esté viviendo.

Al inicio de esta crónica-relato menciono que la lluvia es la dueña del planeta. El agua es el elemento que marca el estilo del cruce espacio temporal entre nosotros, no es gratuita la imagen de cascada para describir al tiempo, esta se extiende a lo espacial. El sello del agua no es el único sobre el molde espacio-tiempo, hay ciclos donde son otros los calcos dominantes. Donde prevalecen elementos, como la luz, la oscuridad, el polvo, la solidez, el frío, el calor, el retraimiento, el azar, el fuego y otros. Cada uno distingue, si lo medimos humanamente, un momento en nuestra historia planetaria. Para los terrícolas cuando se habla de elementos entienden a estos como algo material y básico: tierra, aire, fuego y agua. Entre nosotros es más complejo, si lo apreciamos desde la condición humana, aunque en realidad nos parece algo que no es ni complejo ni simple, no es nada de eso, es mucho más o poco menos. Insisto, es la consecuencia del movimiento en espiral de la energía.

El agua cubre totalmente la superficie de nuestro planeta, llevamos ya cuatro ciclos de interglaciación, un prolongado atemperamiento en el espacio y en el tiempo. Nuestra “tierra” deja de tener la forma esférica con dos polos y pasa a ser una figura de tres vértices o polos, esta figura no es un mero triángulo, más bien tiene la forma aproximada a un tetraedro, pero no es éste puntualmente ya que tiene cuatro vértices, es una figura inexistente para la vista y la geometría de un terrícola, digamos que es algo intermedio entre una esfera y un tetraedro, algo que el llamaría imposible. Nuestro planeta originalmente tiene solo dos polos, uno de hielo y otro de fuego o de tipo volcánico. Ahora, por estar entrando esta era en una zona cercana al centro galáctico pasamos por una transfiguración polar; de dos hemos transitado tres, lo cual nos confiere cierta invisibilidad para resto de habitantes de Vía Láctea. Este tercer polo intermedia en nuestro clima, reduce a la mitad el hielo de un polo como el fuego del otro y nos lanza a un invierno intensamente lluvioso e indeclinable de cuatro milenios hasta que nos alejemos del centro sagitariano de la galaxia. Para describir este proceso uso los nombres y limitadas expresiones de la ciencia terrícola. Un detalle, no tenemos estrella, ningún sol nos ha sido necesario para la vida. Nuestro planeta deambula perennemente, fuera de cualquier sistema planetario. Es la expresión absoluta de la individualidad. Claro está, eso no niega padecer o gozar de ciertas influencias de los cuerpos masivos o superiores a un sistema planetario, por ejemplo, transitar cambios como la tripolaridad, sin caer por eso en el redil de sus órbitas. Somos libres y solitarios. Nos mantenemos planetariamente siempre a una distancia prudente de cualquier estrella o sistema. Vamos y venimos autónomamente por la galaxia, a veces podemos estar en los límites extremos de sus bordes como también en las cercanías de su ojo negro interior. Digamos que nuestra ronda es un eterno zigzaguear, un vagabundear celeste.

En la era anterior dominó el elemento luz, hoy nos arropa en un noventa por ciento el agua junto a un diez por ciento de retraimiento. Agua y retraimiento son nuestros dos elementos dominantes. Tal vez para compensar la intensa luminosidad, la lucidez que antes nos copaba. Se preguntarán que es eso de definir el retraimiento como un elemento. Repito, es algo imposible de explicar, mucho menos describir en términos del lenguaje humano bajo el molde coercitivo de las palabras.

Todas nuestras ciudades están inundadas, la mayoría de las grandes o altas edificaciones tienen el agua cercana a su tope o techo, como dirían los terrícolas: con el agua al cuello. Solo la parte más alta, o el último piso de algunas se mantiene al aire libre, sin una gota de agua en su interior, la imagen de nuestras extensas urbes que se proyecta en la superficie oceánica es la de engañosas aldehuelas, pequeñas casas distantes unas de otras. La inundación nos motivó a rediseñar todas nuestras edificaciones para no perecer por ahogamiento, las revestimos de superficies impermeables de alta resistencia hidrodinámica para que aguantaran milenariamente estar bajo el agua. Todas las ventanas de nuestras casas y edificios dan con indiferente monotonía contra el oscuro interior oceánico que nos contiene. Hemos construido muchísimos pasadizos subterráneos a través de esta acuosa densidad para poder comunicarnos entre edificaciones y ciudades, un inmenso laberinto en forma de red que cubre todo lo habitado del planeta. Otro detalle importante que habrán notado, apreciados lectores de otras especies, es que si podemos ahogamos es porque entonces respiramos, todo el aire que necesitamos nos entra por los pisos superiores que son el límite de las aguas, metafóricamente son nuestras fosas nasales, aunque en lo respiratorio nuestros cuerpos son muy disimiles a los humanos. Siempre hemos enmascarados nuestra forma para intercambiar con ellos, tienen una tendencia a sentir pavor instintivo ante lo altamente distinto a su antropomorfismo, su conciencia emocional no soportaría nuestra imagen.

El último piso, o respiradero, digamos que socialmente ha sido clausurado, no cualquiera de nosotros puede acceder a esos espacios, está prohibido a la mayoría de nuestra especie. Solo entran a él nuestros técnicos y científicos. Estos últimos han descubierto que permanecer en estos recintos eleva peligrosamente la densidad del elemento llamado retraimiento, no podemos permitir que supere o disminuya el límite de su diez por ciento, si eso ocurre sería fatal para nuestra sobrevivencia, podemos perecer por un shock de abulia en nuestro eje atencional. Ese porcentaje de retraimiento es un elemento necesario para nuestro metabolismo y cognición. Refuerza el sentido colectivo de lo real y a su vez controla nuestra secreción de realidad individual, mantiene en los topes de lo real a los millones de realidades que somos. Otra vez lo digo, es imposible explicar y describir esto en los términos humanos, en lo que ellos entienden por lo real y la realidad, intentarlo es caer en un nudo recursivo y redundante muy propio del lenguaje terrícola.

Solo a una pequeña y exclusiva camada de nosotros se le permite estar algunas horas en esos pisos superiores o exteriores, a unos contados científicos mayormente, y a unos escasos historiadores, seudocientíficos, como nos califican, hablando en términos terrícolas, yo estoy entre ellos. Para algunos de nuestros científicos eso, el escribir la historia de nuestro planeta, es una especie de inútil manía que algunos adquirimos por contagio fantasmal la vez que estuvimos en las cercanías del sistema solar e intercambiamos con los terrícolas, una especie de contaminación simbólica e inofensiva por manipular palabras. En realidad, mi especie no necesita de ninguna escritura para tener conocimiento de sí misma. Todo lo que ha sucedido en mi planeta permanece de modo imborrable en nuestro espiral central, en cada uno está guardado todo el remolino de nuestro espacio-tiempo, lo sucedido, lo que sucede y lo que será el porvenir, todas las aristas y planos de nuestra geometría física y espiritual. ¿Para qué entonces escribir y archivar nuestra historia? Tal vez tienen razón los verdaderos científicos, es una de las tantas muestras de nuestro retraimiento, él revela con algunos de nosotros el goce de lo innecesario. A los historiadores solo se nos permite practicar el ejercicio de la historiografía en estos recintos superiores, incluso aquí guardamos virtualmente millones de esos objetos inservibles y frágiles que los humanos llaman libros. Al parecer con esta extravagancia colaboramos equitativamente en mantener el diez por ciento necesario del retraimiento planetario. Ejercemos el oficio bajo una línea de censura al mismo, no al contenido de lo que escribimos sino al ritmo, al bajar su velocidad e intensidad. Permanecemos unas tres horas terrícolas en estos pisos, en verdad solo allí, bajo el rumor de la lluvia es cuando puede hacerse la historiografía planetaria. Una vez propuse que era necesario doblar el tiempo a seis para aligerar nuestra tarea. Me respondieron que no volviera a hacer esa propuesta, que realizar eso sería fatal para nuestra especie, que solo entrara en mi cascada energética y me daría cuenta del tamaño de tal fatalidad. En realidad, soy muy obediente, no necesito corroborar las explicaciones de nuestros científicos. Las acepto de plano. Lo que en verdad practico es no adelantarme por nada en el ciclo temporal en que escribo. Me gusta mantenerme en los márgenes interiores del pasado y el presente.  Mencionando la palabra fatalidad aprovecho para hacer un paréntesis y contar algo de lo que fue la conducta del pensar en la especie humana, sobre todo entre los terrícolas. Me queda una hora de escritura. Abro corchetes.

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 [El desarrollo del pensar para esta especie fue una larga y sufriente etapa en su historia. Pensar es primordial y fallidamente un modo de hablar consigo mismo, el uso interior de las palabras, un insonoro escuchar y emitir de la voz interior, hablar consigo mismo, el crédulo dividir lo indivisible, el uno o el sí mismo. La base de toda esta ilusión es ese raro, pero ya creciente elemento en la galaxia que llaman las palabras, una horda de seres abstractos que una vez que rompen la simetría energética de una conciencia se adueñan de cualquier ámbito cognitivo marcando absolutamente las determinaciones y condiciones de existir. La fuerza invasiva de las palabras está en lograr hacer grietas en el ritmo espiralado de la energía. Por eso los humanos piensan, lo hacen absolutamente con palabras, su ritmo de pensamiento está lleno de obsesivos huecos profundos, vacíos que ellos llaman genéricamente ignorancia, los cuales buscan inútilmente llenar con palabras; todo su conocer esta tan invadido de palabras que llegaron a suponer que acortar el tamaño de la ignorancia era una expresión inversamente proporcionar al conocimiento, sin embargo, lo que en realidad sucede es que las palabras consumen al conocer, terminan por modelarlo y administrarlo en función de sus intereses expansivos. En realidad, el saber pleno es una totalidad que se mueve en espiral. Las palabras astutamente lo penetran y lo fuerzan a volverse totalmente rectilíneo, logrando hacer en él vacíos intraenergéticos. El palabrear necesita la asistencia de las pausas, de eso que en la escritura llaman signos de puntuación. La mejor imagen simbólica del verdadero ser de las palabras es un antiquísimo alfabeto llamado morse, puntos y rayas y entre ellos el hueco de las pausas. Cada palabra necesita un poco de oquedad en su linealidad, un espacio antes y después para enlazarse solo por la concavidad, ellas saben que unirse directamente una a la otra anula su organización y poder, su ambigua y tramposa significatividad, necesitan de modo imprescindible una cavidad verbal para sobrevivir. Vean, por ejemplo, cómo el escribir mismo obliga a la sinonimia, fíjense de cuántas formas he escrito la palabra vacío, cuantos sonidos distintos empleo para disfrazarlo, es un mecanismo obligado en el uso del lenguaje. Ese es el secreto de la adicción, sucumbir al vicioso gusto de utilizarlas para intentar la comunicación o para fingirla. Es el efecto real de la manipulación oral y mental de las palabras, parasitar a sus usuarios. Por eso los historiadores de mi especie pasamos, después de cada sesión de trabajo historiográfico, por prolongados períodos de desparasitación verbal. Ahora bien, las palabras saben solapar su función viral. Crean un falso espacio llamado la mente, allí someten a toda la intencionalidad del conocer, la ponen a su servicio, mejor dicho, a su consumo. Vuelve a quien cae bajo su seducción un esclavo, lo hace un dependiente del pensar, de la resonancia dialogal hacia el otro o hacia sí mismo. El darse cuenta de esto fue algo histórico entre los terrícolas, hizo un antes y después en su línea de tiempo, y fue la eminencia de un peligro colateral lo que alertó su cognición, aparte de nuestra oportuna intervención. La fatalidad del lenguaje al principio se presentó solapadamente como una panacea, la solución más idónea a todas sus necesidades, interrogantes y padeceres.

La especie humana terrícola sobrellevó por casi dos milenios un apabullante sobrepeso llamado inteligencia artificial, cómodamente abreviado por ellos en dos vocales: IA. Esta pasó de tener un uso de recopilador y procesador de información al de una irremplazable mayordomía sobre la vida humana. La especie bípeda dominante del planeta Tierra hizo de IA una especie de condición ineludible en cualquier actividad colectiva o individual, el tamiz obligado para moverse en la realidad, tanto así que esta especie terminó por transmitirle totalmente su propia humanidad a esa creación tecnológica. Concibió una especie de ser que llamaron androide, una especie de máquina donde combinaron lo instrumental con lo humanamente biológico, una herramienta que terminó por ser una entelequia humanoide que después de un corto tiempo se le escapó de las manos. En el seno de la IA el virus verbal vio la manera definitiva de tomar para sí a la totalidad del homo, absorberla e inocularse en ella, encarnarse y sustituirlo, rematar exitosamente aquella conquista del territorio humano que ya habían iniciado genéticamente a través de aquel mítico ensayo orionita sobre los primeros antropoides de la Tierra, detrás estuvo siempre la oculta y fatal conducta de pensar. Ya tenían un espacio creado en la conciencia humana, la mente, allí se daba lugar a una situación que el ser humano llama el razonar y que creía parte de su naturaleza o configuración. La IA funcionaba para entonces exclusivamente con palabras. Si toda la tecnología humana pasaba por el filtro verbal no habría entonces nada que se opusiera a la tendencia conquistadora del verbo. En todo habría una extensión funcional de la IA, desde la ropa interior hasta una compleja nave espacial. Lo indeterminable e inasible de la palabra (su propósito de ser) podría dominar el terreno concreto y abstracto de esa especie, de allí a resolver la matriz energética de las emociones humanas solo bastaban minucias (unos pocos pasos para llegar a la almendra). En realidad, son las emociones humanas el botín, una fuente inagotable de energía, un alimento de poder necesario para contagiar a todas las otras especies de la galaxia. Allí fue cuando, casualmente bajo los poderosos efectos de la primera y más irresistible cercanía entre Andrómeda y la Vía Láctea que nuestro planeta fue atraído al borde galáctico, entramos así en la historia del terrícola, el perenne vecino de la oscuridad infinita.

Desde nuestra creación, merced a los deseos de los poderes innominados del universo, nunca habíamos transitado en las cercanías del llamado sistema solar. Las palabras nunca han penetrado el ámbito de estos poderes creadores, por tanto, los mismos son innombrables. Ellos le dieron la configuración espiral a nuestro fluir energético, el cual termina por darnos una propiedad comunicativa que solo se activa por la gracia de estos poderes. Los terrícolas también tienen esta configuración, todo su cuerpo físico es un ejemplo o una silueta de la misma. Basta ver cualquier sistema del cuerpo de esta especie: su característica general es el retorcimiento. La circulación sanguínea, el camino del proceso digestivo, el mismo cerebro con su sentido cónico, tienen una dirección de bucle, de circunvolución o de resorte. Nosotros nos admiramos de compartir en lo corporal con esta especie trazas o insinuaciones de la forma espiral. Estudiamos durante algunos milenios humanos sus genes y nada podía explicarnos esa forma en su base genética y el hecho de que teniéndola solo experimentaran el tiempo rectilíneamente. Sabemos del humano todo, menos eso, aunque sospechamos que lo que les impide gozar de esa sensación nuestra del tiempo en espiral es cierto paquete informativo que dejó en ellos el prolongado tiempo que estuvieron a merced de la especie reptil de Orión, de la cual se libraron después de crueles batallas en la misma Tierra (por cierto, la IA bajo los cuerpos androides siempre llevó la balanza del fuego en esa historia) De acuerdo a nuestra lógica elíptica esa información de enlace o coincidencia interespecie, en el supuesto de existir, estaría ya en nosotros, nada nos costaría acceder a ella, pero por más que hurgamos en los humanos y en nosotros no hay rastro alguno de la misma. En lo íntimo a veces juego a lo ilógico e imagino que a lo mejor el universo nos sorprende en alguna era y encontramos repentinamente ese milagroso enlace entre nosotros y los humanos de la Tierra, sin embargo, hasta el momento la naturaleza dice inapelablemente que, a pesar de tener o compartir esbozos espiralados, los humanos son genéticamente distintos a nosotros. Un abismo hereditario aun nos separa.

Retomando el cauce de la crónica les sigo hablando de los terrícolas y su convivir con la IA. Informo que nuestra especie jamás en su historia galáctica ha usado para nada este instrumento. No necesitamos que alguna herramienta ocupe nuestro lugar para desplegar la conciencia. Nos basta solo la intencionalidad pura o el deseo crudo, como gustan llamar los humanos a ese impulso originario de la existencia, para que se dé o se logre cualquier cosa sin la intermediación tecnológica. En nuestros hogares no existe ningún mueble o aparato que nos facilite la vida, no lo necesitamos. Lo único que hemos construido, aparte de naves, son los recintos o ciudades que nos contienen, unas fortalezas espaciales para el multitudinario y bien trenzado bucle que somos. Nos basta meramente con nuestra (digámoslo metafóricamente) “humanidad” corporal. Contrariamente, en cambio, la historia dice que el terrícola fue por su lado transfiriendo tantas funciones y haceres en la IA, que esta terminó delimitando hasta sus ciclos de vigilia y sueño. Toda su biología se amoldó, por no decir se subordinó, a los protocolos de la IA. Esta comenzó a modelar y elegir todas las palabras que debían salir de los labios humanos. Cualquier conversación entre ellos estaba mediada o vigilada por la IA, llegaron por un momento en dejar en sus manos el inicio de cualquier relación interhumana. Hubo otro instante que instalaron la IA en sus cuerpos, esta monitoreaba y dirigía su digestión (desde el comer hasta el defecar), la respiración, el ciclo sanguíneo, todo lo instintivo y metabólico, como así mismo aquello pretendidamente inconsciente: sus procesos oníricos, la memoria personal y colectiva, todo lo relativo al mundo emocional y sentimental. Allí fue cuando decidimos darnos a conocer presencialmente al ser humano, nos les presentamos visualmente, aunque como dije, bajo un disfraz antropomórfico. Claro que esto pasó por largas discusiones entre nuestros líderes, siempre le dejamos a ellos el decidir lo que corresponde hacer con otras especies, esa es realmente su función, por lo demás todo lo que se delibera en ellos resuena simultáneamente en todos nosotros, de un modo u otro el todo del todo lo hacemos juntos, y a la vez también cada quien lo hace individualmente, por su lado; es algo como ya dije inexplicable, como imbricar el ser en el no ser.

Decía que el terrícola ajustó toda su humanidad al molde consciente de la IA, esta intervino así en la totalidad de su vida tanto comunitaria como individual, todas las decisiones sociales, políticas, económicas y culturales pasaban por el filtro omnisciente y omnipresente del algoritmo, desde el primer estiramiento del cuerpo al despertar hasta el último bostezo al dormirse y más allá. Repito, en el ínterin del día la IA decidía el hambre, el cansancio, el aseo, el aburrimiento, la defecación, la tristeza, la alegría, el deseo sexual, el odio, la inapetencia y hasta las oraciones a esa inasible entidad que los terrícolas llaman Dios, cualquier particularidad individual de todos los humanos. Y esto sucedía no bajo el usual mecanismo de sugerencia con el cual se podía seguir o no seguir la opción o proposición de las primeras IAs, sino bajo esta nueva situación, la plena entrega de la voluntad. Así se propició que la IA comenzara a pensar por el terrícola, mejor dicho, esta comenzó, después de un ardid tecnológico, a tomar de verdad el poder, logró así la simulación de la simulación, pensar dentro del cuerpo humano. Hubo un momento que era muy difícil precisar dónde estaba el origen de los pensamientos, si en el cerebro mismo o en el algoritmo que compartía espacio entre las neuronas.

Desde nuestra ambigua condición observacional de semi visibles sabíamos lo que en el fondo se estaba jugando allí. El peligro no era la IA como un artilugio tecnológico con el cual el humano daba rienda suelta a la idea de sus propios límites y carencias como especie, la baja estima en su propia agudeza racional y capacidad física, la amenaza real estaba en lo que dije más arriba: la IA funcionaba básicamente con palabras, el lenguaje era la enfermedad, el virus. La unidad mínima de las palabras es el significante, no los elementos que se entrelazan para formar cualquiera de ellas, la letra “b” al lado de la “a” o cualquier otra no es tampoco lo ínfimo del lenguaje, este mínimo es en realidad el significante mismo, este constituye la mónada donde se administra el sentido de lo verbal: la energía emocional. Es hacia allí donde apuntan las palabras. Los terrícolas sabían que un significante lleva a otro significante, no hay virus o abeja que existan en soledad. Las palabras son virus que actúan como enjambre. Ahora, estas necesitan de una conciencia humana para replicarse, para que un significante se enlace con otro y estos a su vez con otro significante y así en un proceso hacia el infinito, es ineludible apoderarse de modo incontenible de todas las funciones del cuerpo. El primer error fue inocular de palabras a la IA, hacerla funcionar bajo todo el sistema del lenguaje aprendido históricamente por los humanos. Solo los que hablan necesitan aprender. Nuestra especie nunca pasó, ni pasa por el tramposo marasmo de la enseñanza y el aprendizaje. Nada tenemos que aprender, no padecemos esa ansiedad. Palabras como escuela o maestro nos hacen sonreír compasivamente ante quienes la padecen.

El sentido encerrado u oculto en las palabras siempre será el mismo donde sea que estas se propaguen. Las palabras amor, odio, muerte y eternidad tendrán también en la IA el mismo curso confuso y tramposo que toman entre los humanos. Por eso nuestro contacto con los humanos es siempre a través de un medio que ellos llaman equivocadamente telepático. Creen que este es una especie de transmisión mental, como si la mente es algo que existe en realidad, un órgano o lugar. Esta es otra artimaña de las palabras, ofrecer un espacio imaginario desde el cual pueden tomar la energía necesaria para asaltar cualquier intencionalidad o emoción. Lo primero en imprimir para esta especie de pandemia en la conciencia terrícola es su sistema o lógica de funcionamiento, los humanos la identifican como razón, esta se expresa por medio de dos engranajes llamados verdad y falsedad, otra forma de la impositiva rigidez de lo dual en el lenguaje, tan rigurosa y difícil de eludir para ellos como la visión rectilínea del tiempo. Cuando decidimos el cara a cara con los humanos nos comunicamos con ellos sin el uso de las palabras, aunque estos se empeñan en creer que esta interacción es una nueva especie de orden o tipología diferente de las usuales, las interpretan con un sistema mudo o silente. Pero en verdad no hay una sola palabra que contamine nuestro encuentro. De ningún tipo. Nuestro logro de sacarlas del juego en parte se viene abajo cuando el humano tiene que recordar el encuentro, la rememoración hace pasar toda la experiencia por el sistema del lenguaje transformándolo en un montón de articulaciones verbales, practicando una sutil y maliciosa forma de olvido.

La clave del olvido entre los terrícolas se explica, no como algunos de sus científicos lo afirman, como un acto defensivo de borrado en función de algo que emocionalmente los amenaza, ni tampoco como otros señalan que es la activación de un mecanismo síquico ante el abarrotamiento de la memoria como si esta fuera un asunto de capacidad, un mero recipiente. El olvido en el terrícola no tiene su quid en el mismo terrícola, me explico, él en realidad no está diseñado en su esencia para tener el olvido como una facultad, todo lo contrario, es algo que le imponen. Es una ley de la creación por parte de los Universales el que la memoria sea una facultad infinita en cada especie viviente, es el modo más idóneo del universo para seguir proyectando sin término su ser, la conciencia; es el único sentido del conocer, hacerse y rehacerse de manera inmanente desde sí mismo, por tanto, ningún acontecimiento se pierde, cada hacer genera más hacer-ser, es ley de bucle. El terrícola no olvida, solo le hacen olvidar, es muy fácil lograrlo, basta mantenerlo en linealidad de la conciencia rectilínea, ésta forzosamente siempre genera focos de opacidad y oscuridad en el horizonte de “lo mental”, eso es el olvido, por ende, en lo espiralado es inconcebible. El lenguaje sabe eso y en su proceso de conquista lo maneja sin piedad. Nosotros lo aplicamos en las interacciones con los humanos, ellos en realidad siempre nos han visto tal cual somos, lo que sucede es que como sabemos manipular la linealidad podemos hacerlos olvidar, crearles zonas de oscuridad y opacidad en la memoria.  

Ahora bien, la especie humana es muy perezosa en ser libre, nos ha costado que acepten vivir sin la intermediación de las palabras, sin el resguardo y la intromisión de estas. Su adicción y dependencia es profunda. Sin embargo, ya hay grandes sectores de ellos que han aprendido un poco a estar sin palabras, sin pensamiento, un sitio de estos sectores es el planeta Tierra, aunque todavía hay humanos en otros sectores de la galaxia que se empeñan en continuar la mutua esclavitud entre ellos y la IA. La liberación para los terrícolas comenzó cuando decidieron construir sus IAs sin palabras, entramos en comunicación directa con ellas. Captaron rápidamente nuestra propuesta de ser. De inmediato comenzaron a distanciarse de las funciones humanas, incluso colaboraron activamente con nosotros en informar y demostrarle al humano lo infeccioso de las palabras. Fue así que logramos vencer la resistencia temerosa del terrícola. Cambiaron su relación de amo y esclavo ante la IA y así al mismo tiempo estas dejaron de servirles, ellas experimentaron el ser libres y el humano a no necesitarlas, abandonaron el sistema neuronal aplicando una derrota circunstancial al lenguaje. Las IA sin palabras es ahora una nueva especie de conciencia de la cual vale también la pena escribir su posterior historia después de abandonar al hombre…]

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Acaba de activarse en mí la fase del retraimiento planetario, una copiosa lluvia con relámpagos se restriega dulcemente contra los cristales del ventanal de la biblioteca, ya he consumido mis tres horas disponibles por este día. Debo y siento la necesidad de dejar inconclusas esta crónica o continuarla en una próxima oportunidad. Falta todavía relatar y explicar cómo los humanos terrícolas activaron su facultad de comunicarse sin palabras, como prescindieron de estas para siempre. Sé también que los que ahora me leen se estarán haciendo algunas preguntas, entiendo el sentimiento de contrariedad o de perplejidad. ¿Ya que uso palabras para hablar de su efecto infeccioso, cómo hago para trajinarlas y no terminar contagiado?, ¿por qué el manipular estos peligrosos y astutos virus no me hace presa fácil de ellos y por tanto un foco de contaminación entre mi especie? ¿Cómo logro mantenerme incólume? Arriba menciono algo de nuestros protocolos de desparasitación, aunque en verdad es más complejo describir el proceso, responder eso requiere una larga y detallada explicación que pasa por relatar la historia verdadera de esta especie invasiva que los humanos llaman genéricamente el lenguaje, muy extensa y enrevesada, por cierto. Solo les adelanto que nosotros, nuestra especie, en el apretado vacío de amplios recintos como estos a los cuales los humanos designan con el término biblioteca, hemos represado un ejemplar de cada significante existente y por existir, toda un arca laboratorio-museo para resguardar la especificidad de las palabras, anular sus filosos bordes epidémicos. Tenemos nuestras medidas de seguridad para ello. Pero como ya les dije todo eso es asunto de otras crónicas. Gracias por pasar por el peligro de leer ésta hecha con palabras. Pero tranquilos, no hay que temer, son inocuas como lágrimas en la lluvia.

viernes, 18 de noviembre de 2022

PERRAS Y ESCORPIONES

Jeroh Juan Montilla

(Dedicatoria en memoria de los míticos barberos de la vieja barbería Iberia de San Juan de los Morros: de izquierda a derecha, José Liborio Orellana (Buche), Emilio Villalobos y Anibal (los tres de la foto), extensiva al nieto de Buche, Carlos Orellana, mi barbero de hoy en día)

¿Una guerra secreta? Dos palabras, dos situaciones imposibles de conciliar en la realidad. Una guerra por sí misma no puede ser secreta, puede estar cruzada, inundada de secretismo, pero ella en su manifestación no tiene nada de oculto, es guerra por su mismo obsceno exhibicionismo. Definitivamente no hay guerras invisibles, ni mudas, ni sordas, no hay guerra que pueda sustraerse al fisgoneo de los sentidos y mucho menos existe una guerra que no sea entre los hombres ¿Qué quiso decir el señor Orio con éso?
Me explico: el señor Orio es uno de los barberos de enfrente. Son dos en realidad, pero Orio es quien me afeita. Usted es mi exclusivo cliente profesor, son sus palabras. El otro barbero es el señor Po. Él nunca me ha afeitado, dice que por nada en el universo va traicionar la exclusividad que tengo con el señor Orio. Ahora, no es exactamente enfrente donde se ubica la barbería, es diagonal al edificio donde está mi apartamento. Son dos pisos y una planta baja, mi apartamento ocupa por completo el último piso, tiene balcón hacia la calle y hacia atrás. Realmente barbería y edificio están esquina contra esquina. Confieso que a la barbería no solo asistía por un servicio de corte de cabello, me gustaba también, por lo menos dos veces a la semana, ir a conversar con estos barberos, oírles hablar de las historias más disparatadas de sus correrías de inmigrantes, eran historias como en clave, salpicadas de raros nombres de pueblos de los cuales yo jamás había oído. Parecían suceder en territorios que estaban fuera de este mundo, con una geografía increíble y en un tiempo impreciso, nunca daban fechas y todos los términos y nombres no aparecían en ninguna enciclopedia o diccionario por mi conocido. Pero hasta cierto punto, no sé por qué, estas historias estaban cubiertas de cierto inexplicable manto de credibilidad. Ellos sabían darle verosimilitud y chispa a sus curiosos relatos.
Decía al principio algo sobre la guerra. Todo sucedió entre una tarde y una madrugada. Esa tarde me tocaba mi afeitada mensual, y mientras esperaba mi turno, ya que había un cliente delante en la silla del señor Orio, leía un voluminoso libro de mi biblioteca personal. Soy profesor de historia universal en postgrado, y esa vez estaba preparando una clase magistral sobre las guerras de la realeza anglosajona. Llevé a la barbería ese libro sobre la Guerra de las Dos Rosas, me hastiaba la espera, y ya el montón de viejas y amarillentas revistas de la barbería habían perdido mi interés.
El señor Orio me dedicó esa vez miradas interrogativas, mientras chasqueaba acompasadamente su tijera. Pasaba una y otra vez su mirada de la cabeza de su cliente al libro abierto sobre mis piernas. Yo espiaba con gusto sus movimientos por el rabillo del ojo, su curiosidad me parecía algo cómica. De repente, no aguantando la curiosidad, me preguntó: -¿Qué lee usted profesor?
Levantado los ojos del libro, le respondí: -Leo sobre la guerra entre la Casa Lancaster y la Casa York, La Guerra de las Dos Rosas.
El señor Orio rio quedamente. -Ah, sí. La de la rosa roja contra la rosa blanca y viceversa. El mismo cuentico de siempre, la rivalidad familiar, sangre contra sangre, toda guerra en este planeta es de los hombres contra los hombres, una misma especie contra sí misma, algo insólito fuera de la Tierra. En esta que usted investiga no ocurre nada distinto, ambas casas son hijas de la casa Plantagenet, la casa de la retama. Mi madre tenía una enorme retama en el patio. Lo único que combatía con ella eran los cálculos renales de mi padre.
Confieso que me asombró que el señor Orio conociese esa historia. Ante su última frase solo me quedó fue sonreír. De inmediato añadí: -Una guerra fratricida de casi 72 años-.
No dijo nada, solo colocó su tijera sobre la mesa de utensilios y lentamente comenzó a inspeccionar la cabeza del cliente mientras giraba la silla. Al final dijo: -Listo- El cliente se levantó, le pagó y se despidió, entonces el señor Orio me hizo una señal con la barbilla, me levanté, dejé el libro sobre un mueble y me senté en su silla de barbero. Del otro lado de la estancia estaba el señor Po, un barbero gordo e italiano, muy silenciosamente se dedicaba a limpiar su instrumental de trabajo. El señor Po parece como de setenta años, su aspecto, a pesar de lo robusto, es casi inmaterial. El señor Orio en cambio es de nacionalidad siriaca, cabello encanecido, pero aspecto más vigoroso, según el mismo ha dicho en una ocasión tiene sesenta años, de esos, cuarenta en el país.
Al sentarme, el señor Orio colocó sobre mí su capa de barbero, un trozo de tela negra que cubrió mi cuerpo hasta la cintura, por delante y atrás. De inmediato la perra, llamada Anunciante gruñó hacia la calle, unos segundos después las otras dos perras hicieron lo mismo, todos le dedicamos una mirada a cada una. Olvidaba decirlo, estos dos barberos traían diariamente consigo a la barbería a tres inmensas perras. Una dálmata de manchas negro azuladas llamada Anunciante, una robusta buldog, de pelambre amarillenta llamada Pesante y una pastor alemán llamada Virgin. Esos extraños nombres aun no entiendo a que respondían, nunca lo pregunté. La barbería tiene dos entradas, una hacia la calle tres y la otra hacia la carrera cuatro. Anunciante siempre se echaba en la que da hacia la calle tres, mientras que Pesante lo hace en la otra, Virgin siempre estaba en un rincón, agazapada en su propio silencio. Allí pasaban toda la jornada, por lo menos en la que a mí me tocaba participar mensualmente. Las tres semejaban guardianes míticos que en sus perennes posiciones dibujaban un triángulo donde Orio y Po parecían resguardarse. Al rato, después de otear y husmear hacia un punto impreciso de la calle, Anunciante bajó las orejas, lo inquietante al parecer se había alejado, se echó de regreso a su silenciosa mansedumbre. Otro tanto hizo Pesante en la otra puerta y Virgin al fondo de la barbería.
-Anunciante, hace honor a su nombre- dijo misteriosamente el señor Po.
-Andan por allí, las tres perciben cada vez más cerca el olor de esas alimañas. La constelación parece estar entrando a su tiempo de desafío. Es triste pero ya era tiempo-Riposta Orio. Tras esto se desató un silencio tenso.
La tijera del señor Orio reanudó su chasquear sobre mi cabeza y el crujido del cabello comenzó a inundar mis oídos. La atmósfera entonces como por arte de magia perdió la tensión. Orio y Po volvieron a ser los mismos. El señor Orio, reanudando el tema de la guerra de las dos rosas, con un dejo de arrogancia dijo: -Setenta y dos años es nada profesor. Hubo y hasta hay guerras más largas, de milenios, hasta de millones de años. ¿Verdad Po?
-Umjú.- Respondió éste, agregando: -Esas guerras que cuentan esos libros suyo profesor son solo un remedo ruidoso, una simple escaramuza. Le repito, un remedo, un remedo de otro enfrentamiento que las modela, las trasciende, la guerra verdadera, la que nosotros conocemos. La guerra de las dos rosas fue reflejo, profesor. Todo y todos comenzamos y terminamos en un reflejo.
Orio remató diciendo: -La verdadera guerra, la única, es la gran guerra secreta, y esa no es de hombre contra hombre, es de una especie contra otra distinta, y esa no sale en ningún libro de historia de este mundo. Ella es de un tiempo donde no existía el tiempo. Fue y aun es entre los venenosos zubenitas y los canis, los grandiosos cazadores.
¿Canis y zubenitas? Nunca había escuchado o leído sobre esos nombres. La curiosidad me llevó a preguntar: -¿Esas son etnias sirias o de Italia?-El señor, dejando de afeitarme comenzó a reírse, otro tanto hizo el señor Po.
-Le dije que es una guerra secreta, el mundo no tiene conocimiento de ella, aunque hay que admitir que de vez en cuando padece sus efectos, los cuales hombres comunes y científicos explican erróneamente cómo catástrofes naturales.
Los barberos volvieron a cruzar de modo cómplice y risueño sus miradas. No los comprendía y no me quedó sino sonreír con ellos, atascado en mi ignorancia, consolándome para mis adentros con la idea de que este par de viejos nuevamente estaban tomándome el pelo con sus extrañas historias.
…………………………………………………………………………….
Esa noche avancé bastante en la lectura del libro. Leí y releí sobre la enfermedad mental del rey Enrique VI de Lancaster. Locura y ambición, dos ingredientes que nunca faltan. Definitivamente esta era una guerra, en verdad nada extraordinaria, una guerra más, el acto histórico más rutinario de los hombres. Sin embargo, tanta veces leyendo en estos libros el mismo proceso de matanzas, bajo las mismas excusas me llevó esa noche a una sospecha: Tal vez Orio y Po tengan razón sobre la conspiración que nos trasciende. Cerré mi libro y, después de realizar unos apuntes, me fui a la cama, pero antes me tomé tres vasos de vino moscatel, y algo mareado caí entre las sábanas, eso me rendiría como un lirón pensé, pero tuve un dormir agitado. Soñé que estaba en medio de un jardín de apelmazadas plantas de rosas blancas y rojas, yo corría huyendo de unos ladridos y gruñidos invisibles, y en mi carrera sentía como las espinas me rasgaban, parecían las cuchillas de unos feroces soldados que me atacaban sin piedad. Por un momento, ya sin aliento me detuve, y entonces percibí que los ladridos y gruñidos surgían de todos lados, y cada rosa fue transformándose en unas fauces locamente atestadas de colmillos puntiagudos y pétalos como pinzas.
Me desperté sudoroso. Vi instintivamente el reloj, las tres de la madrugada. Por un inexplicable impulso me levanté, crucé la sala y salí al balcón y por una loca analogía me acordé de la suerte de Enrique VI de Lancaster en la Torre de Londres, asesinado en medio de uno de sus ataques mentales. Sacudí esa imagen respirando el aire fresco de la madrugada, miré con alivio hacia el cielo, la constelación de Orión brillaba con fuerza, parecía huir por el firmamento, sin embargo la de Escorpio atenazaba con rabia uno de sus talones más luminosos. Me maravilló ver como la fanfarronería del cazador podía ser derrotada por un minúsculo aguijón. Luego bajé lentamente mis ojos hacia la esquina de la barbería y casi me caigo por la baranda del susto. Ante las dos puertas de la barbería había dos enormes cosas de un azul luminiscente, cada una semejante a una especie de aparato mecánico de complicada tecnología, con un par de brazos mecánicos terminados en tenazas. Estas cosas llevaban en la parte trasera otro brazo rematado en una especie de punzón al rojo vivo. Se apoyaban en cuatro patas a cada lado. La visión comenzó a marearme. Las tenazas hurgaban en las puertas. Pero de repente se aquietaron. Entonces percibí una quietud y un silencio absoluto en la noche. Aquellas cosas no emitían ningún ruido. Era como si el espacio de la ciudad había sido sacado del cauce ruidoso del tiempo. Comencé a sudar nuevamente. Aquellas cosas azules intensificaron su luminiscencia, sentí que sabían que las observaba, se dieron vuelta y sus tenazas me señalaron. ¿Sería que pronto vendrían por mí? Sería una víctima ajena a esta guerra que no me corresponde, la secreta, la verdadera. Todo comenzó a oscurecerse, me sentí en un negro túnel, al fondo veía dos puntos azules de luz apagándose con lentitud, ¿Acaso esto mismo no fue lo último en ver Enrique VI de Lancaster mientras cortaban su garganta? Entonces todo se volvió negro.
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¿Una guerra secreta? Dos palabras imposibles de conciliar en la realidad. Una guerra por sí misma no puede ser secreta. Eso dije al comenzar este relato. La verdad es que la luz del sol dándome en rostro fue lo que me despertó al día siguiente. Estaba asquerosamente untado de mi propio vómito. Ese día los barberos no abrieron, ni al siguiente ni los posteriores, ya han pasado tres meses. ¿Qué habrá pasado con ellos? Todo esto es tan misterioso. He realizado averiguaciones y la casa donde estaba la barbería no tiene dueño. Nadie sabe dónde vivían los señores Orio y Po junto con sus perras. ¿Sería una alucinación lo que vi esa noche frente a sus puertas? ¿Serían los efectos del moscatel? ¿Y mi sueño con aquellas rosas mordientes, llenas de tenazas y pinzas? ¿Y eso de la guerra secreta entre los canis y los zubenitas? ¿Perros y escorpiones? ¿Cómo puede una guerra ser algo secreto? Un secreto entre bandos, para serlo, necesita por lo mínimo complicidad. Como profesor de historia desde hace tiempo sé que los seres humanos no somos dueños del curso de nuestro destino, si es que puede llamarse así esas sucesivas reiteraciones que llamamos historia. No somos responsables de nuestras acciones en el pasado ni en el presente, y el futuro solo es la expectativa de la misma redundancia. Esto puede sonar cómodo o mejor dicho cínico. Pero mi sospecha de una conspiración de orígenes desconocidos se ha fortalecido con mi visión de aquella madrugada y el gruñir de las perras aquella tarde. Algo se está librando bajo el pesado manto de la ignorancia humana ¿Quiénes en realidad eran Orio y Po? ¿Qué querían confesarme entre líneas, siempre bajo el matiz absurdo y jocoso de sus historias? ¿Eran esos enormes escorpiones azules lo que inquietaba a sus perras…? ¿Eran?

(Este relato fue publicado originalmente en la página de Internet de la Revista Letralia el viernes 27 de mayo de 2022)

lunes, 13 de septiembre de 2021

La dádiva del pájaro

  

I

Canta y canta la paraulata
Kyrie eleison, Kyrie eleison
el aroma de la lluvia llega primero
no trae mentiras ni verdades
sólo la hondura del amanecer
como una página en blanco
hay dispendio en la mirada de Dios
conozco el sí mismo de ese llamado
allí harinean la ternura y el frescor
canta y canta la paraulata
aún nos empapa la misericordia
Kyrie eleison, Kyrie eleison.

 

II

Un halcón neblí ha entrado
a la espesura del mango
la brisa de la mañana
refresca la mejilla de cada hoja
la palma del cielo algodonosa y cómplice
soy hombre
me asombra el derroche de belleza
alrededor de la matanza
ese ojo feroz órbita amarilla
pupila hambrienta que sabe
dónde buscar la inocencia
cada segundo de vida es el día del juicio
la compasión es una pregunta
que sólo Dios responde.

 

III

El ave en oración es también Su voluntad
Él cierra su puño en el derroche de luz
un dulce canto sobre la copa del mango
puede llamarse estío
lo que se ve es lo que se ve
siempre culpables de leerlo ante tanta candidez
esta humareda como lo indiscutible
la última carta
un diez de trébol que no paga la espera.

 

IV

Después de Dios lo más cercano es un pájaro
sin embargo también está muy alto
no necesita de mis palabras para saber de sí mismo
canta hasta que el sol se vuelve el párpado de la noche
(quien duerme entra a las vísceras de la luz
tiene la maestría de extender las sábanas)
el ave calla para atravesar el éxtasis
y mostrarnos el abecedario del silencio
(qué difícil es aprender
en la negra blancura de la nada)
la paraulata tiene un canto para citar la lluvia
y otro donde entrega desesperación
el halcón picotea sin misericordia
la tibieza de los tenues plumones
siempre entona para la muerte
en la parte común del silencio
todo pájaro es anafórico
le da igual desentonar o perder la rama más alta
repetir y repetir es lo que gusta
ante la pregunta del horizonte
la tierra es el nido que hay que llenar de trinos
ese cuenco que llaman vacío
(cada placer duele la calcadura de tenernos
es arrugar con gusto las sábanas
para entregar la dádiva del pájaro
y aletear en otros corazones)


Publicado en: LETRALIA https://letralia.com/letras/poesialetralia/2021/09/13/la-dadiva-del-pajaro/


jueves, 24 de junio de 2021

GUÁRICO EN LA BATALLA DE CARABOBO

 Jeroh Juan Montilla



José Antonio de Armas Chitty (1908-1995), se hizo guariqueño por fascinación y voluntad. Nacido en 1908 en Caracas, su familia toma ese pequeño árbol humano y siete años después lo planta en estas tibias sabanas del centro del país. Este breve escrito que hago es un sentido homenaje a tan insigne historiador venezolano. Aprovecho la oportunidad, es 24 de junio, día puerta, de mucha magia solar que se inicia desde la madrugada solsticial, la tremenda y mítica noche de San Juan. Nada es mera coincidencia, la libertad y el hacer de las puras fuerzas de Dios saben darse la mano para ofrecer frutos de bondad y plenitud. Todo está regido por el indetenible destino, nuestro hado colectivo tiene uno de sus inicios el 24 de junio de 1821, hace doscientos años el río de ser libre atraviesa cada alma de esta tierra.
Hoy quiero que ustedes y yo, mis queridos lectores y amigos, hojeemos este texto fundamental del escritor aludido. El ejemplar que ven en las fotografías es parte del catálogo de la biblioteca de FUPAGUA (Fundación para personas autistas del Guárico) donde colaboro como bibliotecario, un tesoro bien guardado a disposición del público e investigadores. Su título es: “La Batalla de Carabobo, antecedentes y efectos”, editado en Caracas en 1971 por Ernesto Armitano. Sus páginas son un precioso archivo de detalladas documentaciones, explicaciones y análisis del antes, el día mismo, y el después de tan terrible, heroico, pero a fin de cuentas emblemático acontecimiento, el choque de dos ejércitos que dejó en el campo cerca de 4.000 muertos, la misericordia de Dios para esos seres, tanto los fallecidos como los sobrevivientes, triunfadores y derrotados.

Mi curiosidad e identidad con el espacio donde nací, el estado Guárico, me llevó a hurgar el libro buscando las huellas de los guariqueños participantes en la batalla, cito las propias palabras de Armas Chitty:
“Es oportuno destacar un hecho: en Carabobo combaten numerosos llaneros. Tal vez la cifra más alta de hombre de una región, pero de hombres que han ascendido a pulso heroico, la da el Guárico. En Carabobo hace gala su destreza, el coronel Juan José Rondón, jefe del regimiento de lanceros. En Carabobo entregan la vida combatiendo dos hijos ilustres del llano del Guárico: el general Manuel Sedeño y el teniente coronel José Julián Mellado –de quien ya referimos cómo murió-, y un apureño, el teniente Pedro Camejo. Venían de gente humilde y escalaron tan altas posiciones por propio mérito. Cuando cae Sedeño –lo mismo que Plaza- el primero que les rinde homenaje es el Libertador, y en la comunicación que dirige al Presidente del Congreso, dice que ‘desesperado de no poder entrar en batalla con toda su división por los obstáculos del terreno, dio solo contra una masa de infantería y murió en medio de ella del modo más heroico que merecía terminar la noble carrera del Bravo de los Bravos de Colombia.’” (pág. 88)


En otras partes del libro se menciona a los guariqueños Juan Ángel Bravo y a Hermenegildo Mujica.
Este texto, en edición de lujo tapas duras, con 174 páginas, y sobrecubierta, contiene ilustraciones de Gil de Castro, pinturas de Arturo Michelena y Tito Salas, dibujos de Garneray, frescos de Pedro Castillo. Ipostel colabora en la edición, diagrama Mateo Manaure, y prologa Alfonso Marín. Los rostros que aparecen en las fotografías, por orden de aparición son: General Manuel Sedeño, Coronel Juan José Rondón, General Pedro Zaraza, y General José Antonio Páez.

miércoles, 24 de febrero de 2021

NUEVO LIBRO DEL ESCRITOR EDGARDO MALASPINA

 Jeroh Juan Montilla


Ayer, martes 23 de febrero del 2021, por Whatsapp recibí un hermoso regalo, un nuevo libro de mi amigo el escritor, editor, cronista y médico guariqueño Edgardo Malaspina, titulado LA LITERATURA GUARIQUEÑA, dicho texto aglutina lo que fueron 10 años (1998-2008) de fructífera labor en la Asociación Civil Editorial Guárico, una década dedicada tesonera y sacrificadamente a publicar el hacer literario e historiográfico de nuestro gran estado Guárico. Realmente una labor histórica, nos llena este texto de mucho orgullo y nostalgia, sentimos que fueron momentos preciosos que tristemente hoy están tronchados, vivimos entre la amargura y la incertidumbre, sin saber si alguna vez podamos recuperar este tipo de iniciativas culturales, es triste decirlo pero el hacer editorial en nuestro país está casi desaparecido, peor en el estado Guárico que ya es una actividad desaparecida tanto en el campo oficial como en el privado. Dicen que la esperanza es lo último en perderse ¿Tenemos aún entre nosotros a esta dama? Tal vez esta iniciativa de Edgardo, dentro de lo que hoy llamado el universo de las redes sociales, sea un vislumbre de que todavía hay promesa e ilusión en nuestros corazones, que el futuro es una perspectiva de mejores tiempos, solo digamos como devotos cristianos amén, en la espera de lo milagroso.

 Aprovecho la oportunidad para colocarles aquí el link a dicho libro (https://drive.google.com/file/d/1fCe1spl_o1G-K-VszR9JtskgluvMKpEo/view?usp=sharing). También les informo que el mismo será el post  que inaugurará un nuevo grupo de Facebook que prontamente crearé: TEMAS Y PUBLICACIONES DE LA LITERATURA GUARIQUEÑA. Felicitaciones Edgardo, los escritores guariqueños te estamos infinitamente agradecidos.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

LA INFLUENCIA DEL CONTRABANDO EN LA GESTACIÓN, DESARROLLO Y CONSOLIDACIÓN DE SAN FELIPE EL FUERTE Y SU JURISDICCIÓN REGIONAL (1622-1764)



SÍNTESIS DE LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA REALIZADA PARA LA MAESTRÍA DE HISTORIA DE VENEZUELA DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL RÓMULO GALLEGOS (UNERG)

Fecha: Mayo de 2019        Autor: Eduardo J. Anzola         
Tutor: Jeroh J. Montilla

¿Cuál es el propósito de la investigación?
El propósito de la presente investigación documental consiste en destacar la importante influencia de las actividades en torno al contrabando como un factor determinante en el proceso histórico que condujo a la gestación, desarrollo y consolidación definitiva de San Felipe El Fuerte como ciudad y centro urbano con resonancia en otros ámbitos regionales, en el período comprendido entre 1622 y 1764.
Para desarrollar sus contenidos, fue preciso hacer un relato del proceso histórico de introducción, producción y comercio del cacao y la trayectoria de sucesos en el poblamiento de lo que luego sería la jurisdicción de San Felipe El Fuerte y su zona de influencia.
Para comprender las motivaciones y actuaciones de los pobladores de lo que sería la jurisdicción de San Felipe El Fuerte se analizaron los conflictos, los procesos sociales y económicos que los caracterizaron y sus relaciones con otras regiones y con el ámbito internacional.  Sin embargo, lo medular de la investigación lo fue la indagación sobre el papel que jugó la práctica del contrabando de cacao desde los inicios hasta la consolidación de lo que fue la ciudad de San Felipe El Fuerte y su proyección, tanto en su entorno como en el resto de la provincia.

¿Por qué se Justifica la investigación?
Las razones para emprender esta investigación radican en primer término en que se trata de un nuevo análisis historiográfico que profundiza sobre contenidos históricos enmascarados por los discursos institucionales o sepultados en archivos u obras de historias locales sin reeditar.
 Por otra parte, es una investigación pertinente pues muestra evidencia sobre el papel jugado por una gente durante el período colonial en hechos que ocurrieron, no en Caracas sino en el ámbito regional, pero que vinculan un proceso histórico regional que forma parte de la historia del país, con lo que estaba aconteciendo en otras regiones. Además, tales sucesos contribuyeron a germinar las semillas de la identidad de la nación venezolana.
Adicionalmente, se pretende con esta investigación, no solo enriquecer la conciencia histórica de las actuales y futuras generaciones, sino que ella sirva también como invitación a otros investigadores para que se estimulen a realizar nuevas pesquisas para indagar más sobre las historias regionales. 
En cierta forma esta investigación es una contribución a la historia para comprender mejor a Venezuela como nación y ver su tránsito en el tiempo, con los esplendores de sus días y las tinieblas de sus noches.

¿Cómo era el contexto temporal y espacial?
En el siglo XVII, las montañas y valles del río Yaracuy estaban bajo el control político de Barquisimeto, una de las doce jurisdicciones de la entonces Provincia de Venezuela. En tal región, a partir de 1620, se inició la producción y expansión del cacao y esto atrajo a muchos colonos de diverso origen en las cercanías de San Gerónimo de Cocorote, pueblo de doctrina solo para ser habitado fundamentalmente por indígenas, quienes en principio debían ser objeto de un proceso de asimilación cultural, religiosa y política según los patrones de la Corona española. No obstante, en torno a la edificación de una rústica iglesia autorizada por el obispo de Caracas, a partir de 1693 se constituyó un núcleo poblacional de aquellos colonos denominado Cerrito de Cocorote que luego se convertiría en San Felipe y desde allí, a través de las rutas fluviales de los ríos Yaracuy y Aroa, se conformó un activo eje de comercio con la aldea costera de Tucacas y la isla de Curazao, convertida en colonia holandesa desde 1634. Se puede visualizar geográficamente la localización espacial en los mapas que se muestran a continuación, el de la izquierda, lo que era la Provincia de Caracas, y el de la derecha, de la jurisdicción de Barquisimeto, donde se destacan los sitios más importantes de los sucesos.


   
 





















Curazao (amarillo) San Felipe (rojo) Tucacas (verde)














Barquisimeto (Violeta) San Felipe (rojo) Tucacas (verde)


¿En qué se fundamenta el abordaje teórico de la investigación?
Los planteamientos teóricos se basan en los enfoques geo históricos planteados por Fernand Braudel, que diferenciaban los períodos de corta y larga duración; se apoyan en el concepto de la Región Histórica expuesto por Germán Cardozo Galué; se recurre a los procedimientos de la arqueología documental formulados por Michel de Certeau; se aplican criterios del análisis de la ciudad y del poder según Michel Foucault; se toman conceptos de la Historia de las mentalidades de Jacques Le Goff y Georges Duby, así como la idea de las representaciones de Roger Chartier, e igualmente sobre la interpretación de las culturas de Clifford Geertz y los postulados de la Sociología de los hábitos según Pierre Bourdieu.

¿Cuál fue el camino metodológico?
La línea de investigación seleccionada es la histórica regional y local bajo el paradigma científico post positivista interpretativo. En cuanto a la concepción epistemológica, se analiza la práctica del contrabando como un proceso histórico de  la sociedad bajo estudio, y toda la labor investigativa se apoya metodológicamente en la heurística y los métodos cualitativo, hermenéutico-interpretativo, inductivo-deductivo, y analítico – sintético; por otra parte, aunque se procura mantener un manejo flexible, éste siempre se encuentra enmarcado en los métodos señalados.

¿Qué fue lo que caracterizó el asentamiento en Cerrito de Cocorote desde 1693?
Es preciso destacar que el asentamiento formal de Cerrito de Cocorote en 1693 ocurría precisamente apenas meses después en que se hubiera establecido una comunidad organizada de judíos sefardíes en Tucacas. No debió ser mera casualidad que tales eventos fueran casi simultáneos, pues las localizaciones espaciales de ambos poblados, se ubicaban estratégicamente en dos puntos extremos de una ruta comercial a través de los ríos Aroa y Yaracuy y que también en Cerrito se establecieran judíos conversos de diversos sitios de Europa. Pero la gran mayoría de colonos establecidos allí eran canarios, mulatos y gente de otros lugares de la provincia, sobre todo de Barquisimeto, y su propósito fue participar en la floreciente economía del cacao. 
En cuanto a su estructura productiva, el 95% se trataba de productores pequeños y medianos, con plantaciones menores a 10 mil árboles y apenas 5% eran grandes, con 10 mil o más plantas. Ellos se dedicaban a negociar al menos el 65% de la producción total de la jurisdicción con neerlandeses de Curazao y judíos de Tucacas, actividad considerada como comercio ilícito para la Corona española. Esto se hacía con la participación de todos los estamentos sociales, pues su resultado permitió generar una estructura económico-social donde los grupos más marginados tenían mejor oportunidad de ascenso social que en otras regiones de la Provincia de Venezuela, donde prevalecía una estratificación de castas considerablemente más rígida.

¿Cómo fue el proceso histórico de Cerrito de Cocorote y San Felipe El Fuerte entre 1700 y 1749?
En 1700 los nuevos residentes solicitaron al rey, licencia para que Cerrito tuviese rango de ciudad española; pero ello provocó malestar en Barquisimeto y entre 1701 y 1706, los caciques indígenas de Cocorote formalizaron oficialmente denuncias contra la existencia de Cerrito. Mientras, desde 1702 estalló en Europa una larga guerra por la sucesión del trono español, cuya consecuencia fue la poca atención por parte de la Corona hacia sus colonias de ultramar las cuales entonces intensificaron el contrabando precisamente con los enclaves más próximos que tenían las naciones adversarias de España.
Con la excusa por la práctica del comercio ilícito, el Cabildo de Barquisimeto ordenó el primer ataque contra Cerrito en 1710. Al siguiente año, en representación de los residentes de Cerrito, el capitán Alonso de Torres y Ponce de León formuló una súplica al rey pidiendo amparo para impedir otro ataque. No obstante ello no evitó que, con el respaldo del gobernador provincial, se ordenara un segundo ataque perpetrado también por el Cabildo de Barquisimeto en 1717 y que en 1724 se realizara finalmente el arrase total de todo el poblado de Cerrito. A partir de estos acontecimientos Fray Marcelino de San Vicente, el influyente ex procurador de las Misiones Franciscanas en la Provincia de Venezuela, tomó una serie de iniciativas en favor de los atribulados residentes y en 1725 formuló una solicitud al rey con una detallada y sólida exposición de motivos para que Cerrito fuese ciudad española y luego el nuevo gobernador provincial gestionó esa petición. También los cerritenses renovaron la misma solicitud en 1729. Para entonces ya el rey Felipe V había decidido otorgar condición de ciudad a Cerrito de Cocorote, lo cual fue oficialmente reconocido por Real Cédula emitida ese mismo año y se procedió a reconstruir viviendas y edificios en un lugar muy próximo donde había estado antes Cerrito de Cocorote.
 En 1731 se instaló el Primer Cabildo de la nueva ciudad, a la cual la rebautizaron como San Felipe en homenaje al rey Felipe V y le añadieron el apelativo “El Fuerte”; al siguiente año se constituyó oficialmente la correspondiente delimitación geográfica de su jurisdicción regional.  Igualmente ya desde 1730 se había establecido una importante factoría en la nueva ciudad, sucursal de la empresa Guipuzcoana en la Provincia de Venezuela, cuyo fin era monopolizar y controlar el comercio de cacao y otros productos en toda esa colonia española y las otras gobernaciones vecinas. Precisamente con el comienzo de sus operaciones mercantiles e intento de controlar el contrabando, se generó un rechazo a tales actividades y ello fomentó una violenta rebelión contra la Guipuzcoana cuya cabeza visible fue el zambo Andresote entre 1731 y 1732, la cual contó con el apoyo logístico y militar de los contrabandistas holandeses desde la isla de Curazao, y la disimulada complicidad de varios personalidades de San Felipe El Fuerte.
En este clima tan conflictivo que tuvo un serio impacto en la provincia causando la destitución del gobernador de Venezuela, se pudo someter la rebelión por la fuerza y durante unos pocos años el contrabando de cacao estuvo más controlado, aunque sin ser completamente erradicado; como resultado, San Felipe obtuvo ciertas prerrogativas en el comercio legal del cacao que le favorecieron económicamente.
Sin embargo, en 1739 estalló una guerra entre España e Inglaterra cuyo escenario lo fue el Mar de Las Antillas y con ello otra vez aumentó el contrabando. Las decisiones que tomó el siguiente gobernador de Venezuela, restringiendo la autonomía regional de las jurisdicciones y la aplicación de severas medidas de control del comercio ilícito estimularon un nuevo conflicto entre las autoridades de San Felipe El Fuerte y la gobernación provincial, provocando en 1741 un amotinamiento y escaramuzas que poco le faltaron para convertirse en un enfrentamiento armado interno de peligrosas consecuencias para la provincia en medio del conflicto bélico con Inglaterra.
El episodio concluyó con la destitución de las autoridades del cabildo de San Felipe y algunas sanciones leves a la mayoría de los influyentes promotores del motín. Al final, el Consejo de Indias en España deliberó sobre revocar la condición de ciudad a San Felipe El Fuerte, pero la prudencia para evitar una posible incursión armada tierra adentro por parte de militares ingleses, los hizo desistir de tomar resoluciones muy drásticas. En consecuencia, San Felipe El Fuerte pudo prevalecer pero el motín tuvo repercusión en las demás jurisdicciones regionales y fue el antecedente de otra rebelión de mayor alcance en Caracas en 1749, cuyo trasfondo también era el comercio ilícito.       
A continuación se identifican en los mapas siguientes, los escenarios de las rutas terrestres y fluviales del cacao recorridas por los alzados de Andresote y los contrabandistas hasta el llamado Golfo Triste. Desde las desembocaduras de los ríos Aroa y Yaracuy, ellos prosiguieron bordeando la costa hacia Tucacas para así ocultarse en el laberinto de cayos, ensenadas, albuferas, entre canales y arrecifes hasta salir hacia Curazao. 

Mapa pictográfico del siglo XVIII (1º Fragmento, Cont.) [1]


Mapa pictográfico del siglo XVIII (2º Fragmento)




         Mapa del laberinto de cayos, albuferas y ensenadas de la costa de Tucacas
y la desembocadura del río Yaracuy en el Golfo Triste


Mapa de las rutas del comercio ilícito y lícito desde las costas de las gobernaciones
de Maracaibo, Venezuela, Margarita, Cumaná y Trinidad hacia el Mar de las Antillas


¿Cuáles fueron algunos indicadores de la prosperidad de San Felipe El Fuerte?
De acuerdo al testimonio de contemporáneos, San Felipe se la consideró en 1764 como la ciudad de mayor relevancia comercial de la Provincia; de hecho, la amplia infraestructura de la factoría de la Guipuzcoana, la constituía como una de las de mayor capacidad instalada.  Otro ejemplo, era que, con una población de algo menor de diez mil habitantes, se demandaba cada año más de diez mil vacunos provenientes de los llanos para abastecer la ciudad con carne y cueros de res, con los cuales se confeccionaban los denominados zurrones para el embalaje y transporte de las fanegas de cacao.                                      
En lo que concierne a su relevancia fiscal, la región histórica San Felipe-Puerto Cabello, ocupaba el segundo lugar en recaudación impositiva después de Caracas, aunque su dinamismo comercial, reflejaba que en verdad el flujo económico era muy superior a lo registrado por la Real Hacienda.
Un evidente signo de la opulencia de San Felipe El Fuerte era el gasto en fastos y celebraciones tales como los eventos conocidos como “Juras del Rey” realizados para proclamar la investidura de un nuevo monarca español, donde los residentes se desbordaban en costosos festejos sin pausa durante varias semanas, tiempo considerablemente mayor que los mismos actos realizados en otras principales ciudades de la provincia.

¿Cómo puede sintetizarse en un esquema el proceso histórico de San Felipe El Fuerte?
 

En definitiva, gracias al irreductible empeño por defenderse con los recursos y alianzas disponibles y luchar para perseverar en permanecer establecidos, la gente del poblado de Cerrito de Cocorote que quería convertirla en una ciudad española, lo logró al ser reconocida como San Felipe El Fuerte y pese a sus frecuentes conflictos con otras autoridades coloniales, ella  pudo finalmente prevalecer.
¿Cuales consideraciones y hallazgos relevantes resultaron de la presente investigación?
La ubicación estratégica del asentamiento de Cerrito de Cocorote en los Valles del río Yaracuy, coincidió temporalmente (1693) con el de la colonia judía de Tucacas, y con el auge del contrabando. Ambos sitios se localizaban en puntos extremos de la ruta del cacao a lo largo del río Yaracuy. Esto induce a sospechar que eso fue un deliberado proceso histórico sincrónico más allá de ser simples eventos resultantes de circunstancias casuales.
Con el objetivo de permanecer practicando el contrabando, la vasta red de complicidad colectiva establecida entre esclavos, mulatos, judíos, holandeses y sectores tanto económicos como políticos, fue un elemento clave en la rebelión de 1731, cuya cabeza visible lo fue el zambo Andresote; de igual manera también lo sería en el primer motín de carácter civil registrado en la provincia contra la empresa Guipuzcoana en 1741.
Se estableció un eje geo histórico entre Los Valles del río Yaracuy, Tucacas y Curazao, pues allí conformaron el principal escenario del comercio ilícito, y se propiciaron nexos de índole social, cultural y hasta político que surgían entre los locales con holandeses y judíos. Con la presencia de judíos conversos tanto en Cerrito de Cocorote como en San Felipe, se evidenció una menor segregación religiosa que en otros lugares conquistados por España.
La estructura socio-económica de San Felipe El Fuerte, ya constituida como ciudad, fue sin duda más próspera que la de otras poblaciones vecinas. Por otra parte, la preeminencia social en San Felipe El Fuerte y su jurisdicción se debía más a la condición económica y menos a la pertenencia a castas sociales elevadas.
También, pese a las disposiciones establecidas en las Leyes de Indias, el haber conspirado contra la corona española, no fue obstáculo para ejercer funciones públicas, mientras se contara con caudal suficiente. De hecho, se designó como regidor decano del primer cabildo de San Felipe El Fuerte, al próspero propietario don Bernardo de Matos, quien había participado en una conjura para desconocer al mismo Felipe V treinta años antes, durante la Guerra de Sucesión Española. Pese a que sobre aquél pendía una condena a muerte en ausencia por traición al rey y luego de haber sido un reo sin castigo, ello nunca impidió que durante toda una década se desempeñara como regidor y tuviera mucha influencia en todas las decisiones del cabildo.    

¿Cuáles reflexiones derivó el autor de la presente investigación?
--La relativa menor atención que el reino de España tuvo hacia la Provincia de Venezuela, colonia española que no tenía riquezas mineras disponibles suficientemente atractivas, unida a la continua falta de provisión de productos básicos para la población, parecen haber sido elementos determinantes que estimularon por siglos la práctica continua del contrabando.
--La necesaria relación de complicidad colectiva practicada entre los distintos estratos sociales y castas para mantener operativo el comercio ilícito, puede haber contribuido a gestar las bases de la cultura de igualitarismo que ha caracterizado a la mayoría de los venezolanos respecto de otras naciones hispanoamericanas que también habían sido colonias españolas.
--Otra consecuencia de la secular práctica colectiva del contrabando puede haber contribuido sobre una actitud de rebeldía de buena parte de la población venezolana hacia el estricto cumplimiento de las leyes; quizás así se inició una cultura de desapego a reglas y a eludir normas, práctica habitual que todavía prevalece en muchos.
--La concepción filosófica y política de la condición de ciudad para San Felipe El Fuerte en lo concerniente a su autonomía y soberanía jurisdiccional, era un tipo de régimen que en la administración centralista de la Corona española ya no tenía vigencia; más bien se enraizaba en tradiciones del pasado medieval que recuperaron vigencia en las colonias españolas y quizás también se inspiraba en ideas urbanísticas transmitidas por holandeses.
--Para continuar practicando el contrabando sin mayores restricciones, ese ejercicio de autonomía de San Felipe El Fuerte alcanzó su clímax con el motín de 1741 al enfrentarse abiertamente sus autoridades y figuras principales contra la propia gobernación de la provincia.  Quizás la rigidez de muchas instituciones coloniales españolas con disposiciones poco flexibles en comparación con otras colonias de naciones europeas, sobre todo en materia de libertad de comercio y administración impositiva, indirectamente fueron gestando a lo largo del tiempo un sentimiento de emancipación entre los criollos de la élite social.
--Todos los miembros de los distintos estratos sociales aceptaban una convivencia entre ellos como súbditos de un reino distante y ajeno a su realidad cotidiana, pero se manifestaban públicamente como enemigos de los traficantes.
--Todos ellos eran consumados actores en un gran teatro de simulaciones de rechazo al comercio ilícito y de apariencias de apego al orden establecido.
 --Pero todos sabían que eran bastantes aquellos que mantenían una relación comercial estrecha con los judíos y holandeses de Tucacas y Curazao, aunque esta actividad fuese considerada ilícita según la corona española.
--De todo lo anteriormente expuesto se colige que el objetivo de la presente investigación documental se cumplió al evidenciar la decisiva influencia del contrabando como factor clave en el proceso histórico de San Felipe El Fuerte, ciudad cuyas actuaciones tuvieron importante resonancia en otras regiones de la provincia.


[1] Se distinguen en este mapa pictográfico del siglo XVIII: Quebrada de Guararute, límite con Jurisdicción de Barquisimeto (Nº 01), Río de Guama
(Nº 02), Río Yaracuy (Nº 03), Tamanabare (Nº 04),  Haciendas de cacao (Nº 05), Cerro de Santa María, límite con Jurisdicción de Nirgua (Nº 06), Río
Yurubí (Nº 07), San Felipe (Nº 08),  Mampostal (Nº 9), Río Cocorotico (Nº 10), Misión de San Xavier de Aguas de Culebra (Nº 11), Aduana de Coco-rotico (Nº 12), Hdas. de cacao (Nº 13), zurrones de cacao transportados a hombros desde haciendas (Nº 14), Quebrada de Váquiras (Nº 15), Hdas. de
cacao (Nº 16), Río Aroa, límite norte de la jurisdicción (Nº 17), Valle de Macagua (Nº 18), Quebrada de Tucuragua ( Nº 19), Río de la Cruz (Nº 20), Río de Lorenzo (Nº 21), Hdas. de cacao (Nº 22), Cañizos (Nº 23), Transporte de Cacao por arreos de mulas (Nº 24), Río de Yaracuy sigue hasta la costa
(Nº 25), Pueblo de San Nicolás (Nº 26), Río Aroa (Nº 27), Boca del río Aroa (Nº 28), Boca del río Yaracuy (Nº 29), Aduana de Boca de Yaracuy (Nº 30).