Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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sábado, 4 de junio de 2011

Los hijos de la 'perestroika'*

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 04/06/2011

Una antología reúne a los nuevos valores de las letras rusas - Nacidos con el declive de la URSS, su llegada a España coincide con un 'boom' editorial

"Entre Tolstói y Dostoyevski me quedo con Chéjov". La broma de Ricardo San Vicente, responsable de la edición de las obras completas del autor de Crimen y castigo, es en el fondo un buen resumen de la fuerte presencia que tradicionalmente han tenido en España los clásicos rusos. Últimamente -y con permiso de Pushkin, Gógol, Bulgakov, Pasternak, Tsvietáieva o Solzhenitsyn- esa presencia ha dejado de ser omnipresencia. Hasta el punto de que el panorama editorial español ha empezado a ponerse al día descubriendo autores de referencia pero inéditos en España, sellos que -como Nevsky Prospect- se dedican exclusivamente a la literatura rusa o antologías que -como El segundo círculo (La otra orilla)- reúnen a los escritores más jóvenes.
Más allá de que 2011 sea oficialmente el año Rusia-España y de que el Museo del Prado cambie cromos con el Ermitage, ¿qué ha ocurrido para que las librerías españolas vivan ahora su particular revolución rusa? Para James Womack, profesor, traductor y director editorial de Nevsky, vivimos una doble normalización: una política, de las relaciones entre ambos países; otra estrictamente literaria. "La literatura rusa que había llegado a España", dice, "era o bien la que representaba el alma del país casi de forma mística o bien la que se enfrentaba a un sistema político totalitario. Por esos dos caminos Rusia llegó a todo Occidente, pero es obvio que había mucho más. Entre otras cosas, una larga tradición humorística".
Para Womack, además, el cambio de aires se ha visto acompañado por un momento dulce de la traducción en España. Por un lado, las ayudas de la Fundación Mijail Projórov -"Un millonario que decidió no comprar equipos de fútbol"- ha animado a muchas editoriales. Por otro, el rotundo éxito de la versión que en 2007 Marta Rebón hizo de Vida y destino, de Vasili Grossman, hizo pensar a los lectores que había algo más allá de los nombres de siempre.
"Hay un grupo de traductores excelentes de varias generaciones. Y el míster es Ricardo San Vicente", dice James Womack, que recuerda el gran peso que los escritores han tenido siempre en Rusia. Un peso tan grande, apunta por su parte el propio San Vicente, que tradicionalmente han sido "las víctimas preferidas del poder" y, a la vez, "la voz más escuchada y a menudo venerada por el pueblo".
Sin embargo, parece a punto de perder sentido el viejo chiste de Osip Mandelstam de que el Estado ruso era el que más valoraba a sus autores porque estaba dispuesto a matarlos.
"Hoy en Rusia la literatura no se censura. Esta se reserva para la televisión", dice San Vicente en la Feria del Libro de Madrid. A su lado están tres de los seis autores reunidos en El segundo círculo, una antología que, con prólogo suyo, recopila la obra de algunos de los galardonados con el premio Debut, creado en 2000 por una fundación privada para apoyar a los narradores menores de 25 años. Uno de ellos es Alisa Ganíeva, que firma con el pseudónimo masculino Gula Jiráchev. Nacida en 1985 en la caucásica Daguestán -una república autónoma de la federación rusa vecina de Chechenia y con más de cien etnias distintas- la autora decidió lanzarse a escribir sobre aquello que nadie estaba contando: la vida de su propia generación. "A raíz de la guerra chechena", explica, "el sector productivo entró en crisis, los jóvenes se quedaron sin posibilidades y muchos han terminado matando policías y llevando una doble vida que desconocen hasta sus padres".
También Igor Savéliev, nacido en 1983 en Bashkiria, cerca de los Urales, escribe sobre su propia experiencia como autoestopista para retratar un país en el que un pope -excombatiente de, otra vez, la guerra de Chechenia- puede conducir un todoterreno camino del monasterio que dirige. De los Urales, pero de Solikamsk, es igualmente el mayor de todos, Alekséi Lukiánov (1976), un herrero que utiliza como inspiración a los miembros de su cuadrilla de mantenimiento del ferrocarril: "Algunos me piden derechos de autor".
Pese al privilegio que supone ganar el premio Debut, los tres conocen bien la dureza de un sistema editorial centralista: "Muchas novedades no llegan más allá de Moscú y San Petersburgo", cuenta Ganíeva. "Hay escritores que compran sus libros allí y se los llevan en la mochila a las librerías de sus países". Para muchos la solución es Internet, abarrotada de webs, blogs y revistas virtuales. "Yo, cuando termino algo, lo cuelgo en la Red", explica Lukiánov. "Visitar siempre a un editor moscovita me supondría pedir permiso en el trabajo y pagar un billete de avión. Gastaría más de lo que gano".
En una Rusia que se ha vuelto "el país más capitalista del mundo capitalista", el peso de la literatura es cada vez menor y la tirada media de una novela se mueve entre los tres y los cinco mil ejemplares. Cifras similares a las de España para un país de dimensiones continentales y más del triple de habitantes. Los libros son muy caros, dicen. Un artículo de lujo.
Los tres eran niños cuando cayó la Unión Soviética, pero el pasado sigue ahí: "Nuestros padres lo vivieron. Se discute sobre Stalin en la cocina", dice el propio Lukiánov, que conoció a Putin durante un encuentro con escritores: "Solo hablaba de espionaje. Parecía obsesionado". Todos insisten en que la literatura es "un fenómeno marginal; no influye en la sociedad". Por eso ya no hay censura, dicen. "Es la televisión", apunta Savéliev, "la que ejecuta la política del Gobierno".
*Tomado de http://www.elpais.com/articulo/cultura/hijos/perestroika/elpepicul/20110604elpepicul_2/Tes

martes, 29 de marzo de 2011

RIBAKOV: EL AUTOR QUE PUSO EN BOCA DE STALIN UNA DE SUS MÍTICAS FRASES

Ribakov: el autor que puso en boca de Stalin una de sus míticas frases
Imagen: RIA Novosti / Vladímir Fedorenko
Los hijos del Arbat’, una de las primeras denuncias literarias de los métodos estalinistas de represión, fue publicada en 1987 y obtuvo la aclamación más amplia posible en Rusia. El autor de esta novela, Anatoli Ribakov, cumpliría hoy 100 años.

Ribakov obtuvo fama como escritor de novelas para adolescentes y la mayoría de la gente no sabía que en un lugar secreto guardaba el manuscrito del libro cuyos capítulos se negaron a publicar en la URSS por su contenido 'antisocialista', mientras otros ansiaban hacerlo en el extranjero. Esto último habría supuesto problemas con las autoridades del país y la consecuente retirada del resto de sus ejemplares. Así que el escritor esperó su segundo 'ascenso a la fama' por cerca de 20 años. Actualmente, la obra que le proporcionó esa celebridad, ‘Los hijos del Arbat’, está editada en 52 países.

Ribakov fue el primero en unir en una novela para adolescentes un argumento atractivo lleno de aventuras y persecuciones con una gran profundidad psicológica y un espíritu patriótico, destacó en la entrevista a la agencia RIA Novosti el autor de literatura moderna para jóvenes Yevgueni Nekrásov.

“Regresó del frente de la guerra como el mayor Anatoli Ribakov y escribió para distraerse un libro infantil, ‘La daga’, que de inmediato lo convirtió en un James Fenimore Cooper soviético”.

A sus personajes jóvenes de novelas infantiles los introducía en un mundo de problemas de adultos, algo contrario a la tendencia general de ese tipo de literatura soviética, que elogiaba la infancia feliz en el país. Mientras a sus personajes adultos y a sus lectores de novelas para mayores les metía en una realidad más oscura.
“La muerte resuelve todos los problemas. Hay un hombre, hay un problema; no hay hombre, no hay problema”. Iósif Stalin pronuncia esta frase en la novela ‘Los hijos del Arbat’ y todavía sin pruebas históricas irrefutables le achacan al propio caudillo la autoría de este aforismo. De hecho, esa obra es la quintaesencia de novela antiestalinista ambientada en los años treinta. Este fue el principio de Stalin, según el literato, y lo mostró a través de los destinos de unos jóvenes que vivían en el centro de Moscú. Son gente cuya juventud transcurrió durante el florecimiento del culto al dictador que logró someter a su voluntad a millones de personas y establecer la dirección del desarrollo del país.

“Sobre Ribakov decían que conocía el régimen de Stalin hora a hora. Pero esto es un mito, ya que toda información política o de ésta índole era inaccesible y numerosos libros incluyen las tradicionales y secretas 'charlas de la cocina' que solían mantener algunos intelectuales. Y Ribakov fue uno de los que creó este mito sobre la época de Stalin que hasta estos días percibimos como una literatura documental”, destaca Yevgueni Nekrásov.

La respuesta a esta acusación se puede hallar en la entrevista del mismo autor al periódico El País antes de la edición de este libro en español en la que destacaba a la corresponsal Pilar Bonet que ha mostrado al mandatario tal y como era. "No me he inventado nada. He hablado con mucha gente que lo conocía, que había hablado con él y que me lo describió detalladamente, y me bastaron algunos trazos para hacer su retrato. Además, yo he visto a Stalin en la tribuna. Tengo sus obras completas, los documentos de todos los congresos y de los procesos". (En una entrevista realizada el 29/01/1988). Además, durante el trabajo sobre el libro usaba sus notas hechas después de las conversaciones con personas que trataron al líder y la prensa de aquellos años.

Imágenes del serial 'Los hijos del Arbat' / kino-teatr.ru

Imágenes del serial 'Los hijos del Arbat' / kino-teatr.ru
La obra refleja cómo se manifiesta la gente durante las duras pruebas a las que son sometidos. Se ve cómo la crueldad y el miedo a pronunciar incluso una palabra que podía decidir el destino de una persona destacaba en las reuniones que se celebraban en cualquier organización, ya fuera en el trabajo o en la universidad. Unos temían expresar su opinión y apoyar a su amigo, otros, no. Una de esas decisiones (apoyar a o no a su jefe), es la que tiene que tomar el protagonista del libro, Sasha Pankrátov, quien encarnaba la moralidad y está basado en el propio autor. La casa donde vivía Sasha, en la calle Arbat, número 51, es la casa donde creció el dramaturgo. Como Sasha, fue condenado a tres años de prisión y expulsado del instituto donde estudiaba por su participación en un asunto parecido al de su obra: la redacción de un mural informativo que interpretaron de forma absurda. De hecho, es un recuerdo desde los años sesenta sobre los años treinta de la persona que pasó por las oficinas del KGB, conocidas como 'Lubianka', la prisión de Butirskaia y la deportación a Siberia. Ribakov destacaba que en los treinta ya era un hombre adulto, así que aquella época, que para muchos es historia, para él fue parte de su vida.

Imágenes del serial 'Los hijos del Arbat' / kino-teatr.ru

Imágenes del serial 'Los hijos del Arbat' / kino-teatr.ru
‘Los hijos del Arbat’ fue considerada como “el símbolo de un nuevo deshielo cultural, y para muchos ciudadanos ha supuesto la revelación apabullante de unos horrores que conocían sólo de forma fragmentaria”, afirmaron los críticos de numerosos periódicos (De la entrevista a El País en 1988 a Pilar Bonet, 29/01/1988).

El autor tuvo una vida larga y no precisamente fácil. Al graduarse en el colegio trabajó como porteador, después como conductor y luego estudió en la Universidad del Transporte. A la edad de 22 años fue arrestado por emitir propaganda contrarrevolucionaria y fue deportado a Siberia. Hasta después de muchos años no se le permitió vivir en Moscú y otras grandes ciudades según una regla especial para los reclusos. Así cambió mucho su lugar de residencia en Rusia hasta que en julio de 1941 le movilizaron para el Ejército y pasó en el frente toda la Gran Guerra Patria, luchando por Moscú y asaltando Berlín, consiguiendo muchas condecoraciones. Pero lo principal en su vida fueron sus libros, que se ganaron el amor de multitud lectores. Cabe destacar que las 14 novelas y cuentos escritos por él han sido llevadas a la pantalla. Entre ellos están ‘La daga’, ‘El ave de bronce’, ‘Ekaterina Voronina’, ‘La arena pesada’, ‘Los hijos del Arbat’, ‘El Terror, ‘Polvo y cenizas’ , entre otros. En los años noventa, al desintegrarse la URSS, Anatoli no aceptó los cambios que se sucedieron en el país y emigró a EE. UU., aunque seguía volviendo cada año para pasar unos 4-5 meses participando en la vida literaria y social de Rusia. Murió el 23 de diciembre de 1998 en Nueva York. Sus restos se encuentran en un cementerio de Moscú.

martes, 1 de febrero de 2011

Que todos fuéramos arrepentidos

Los escritos de contrición dirigidos a Stalin constituyen un verdadero género literario: el ansia de alcanzar el perdón de los pecados cometidos contra el amo y árbitro de vidas y haciendas es idéntica a la expresada por los sospechosos de herejía a los guardianes del dogma católico cuatro siglos antes, dice el escritor español.

POR JUAN GOYTISOLO

 STALIN. En una típica pieza de la iconografía oficial soviética. A él estuvieron dirigidos los textos de contrición de Mandelstam o Babel.
STALIN. En una típica pieza de la iconografía oficial soviética. A él estuvieron dirigidos los textos de contrición de Mandelstam o Babel.
Los asfixiantes poderes autocráticos que se suceden a lo largo de la historia de las diversas civilizaciones del planeta, fundados siempre en el miedo y la humillación de los seres humanos, inspiraron al gran escritor egipcio Gamal El Guitani las figuras contrapuestas, pero complementarias, de Zayni Barakat, el personaje que da el título a su novela (1), y de Zacarías Ibn Radi, servidores ambos del sultán El Guri. Mientras la “filosofía” de Ibn Radi, regidor de un averno de suplicios y ejecuciones de los sospechosos de desafección al déspota, se resume en su reflexión de cancerbero: “El cruce del umbral de nuestras puertas debe ser para el prisionero un límite entre dos períodos. Su vida se ha de dividir en dos partes, de tal manera que cuando un individuo salga de aquí, no habrá cambiado de nombre sino de alma”.
Su colega Zayni preconiza métodos más sutiles que el tormento, como el de la utopía del mundo virtual en el que hoy habitamos.
“Yo ya veo el día en el que el gran jefe de los espías podrá examinar la vida entera de una persona (...) Y, no sólo lo que es visible, sino también sus deseos, sus sueños, sus inclinaciones (...) De manera que podríamos predecir lo que va a hacer un individuo al llegar a la edad adulta (...) ¡Obremos juntos para alcanzar la conversión de la humanidad al espionaje!” El sueño de Zayni Barakat de una humanidad adepta del espionaje, en la que cualquiera que suspirara de modo distinto de los demás debía ser denunciado, cuajó en una siniestra realidad. La delación generalizada de vecinos, conocidos, amigos e incluso familiares próximos adquirió un valor ético tanto en la época de la Inquisición establecida en Castilla por Isabel la Católica como en la Rusia de Stalin. Los archivos del Santo Oficio, como los de la KGB, rebosan de documentos de toda índole sobre esa actividad promovida y ensalzada por las autoridades religiosas católicas y las del régimen soviético. Un cotejo de unos con otros resulta esclarecedor: los libros de Juan Antonio Llorente, Serrano y Sanz, Amador de los Ríos, Américo Castro, Sicroff, Domínguez Ortiz, Caro Baroja, Gilman y Jiménez Lozano reproducen una masa de documentos muy similares a los expuestos en la trilogía de Vitali Shentalinski (2).
La disimilitud existente entre el Santo Oficio y el NKVD estriba en que, a diferencia del primero, éste no se dejaba corromper. Con todo, el mecanismo seguimiento-denuncia-registro-detención-interrogatorio con tortura o sin ella-sentencia es idéntico.
En la noche del 16 al 17 de mayo de 1934 tres agentes de la OGPU irrumpieron en el apartamento moscovita de Osip Mandelstam y, tras un minucioso registro, requisaron sus manuscritos en presencia de su esposa y de Anna Ajmátova, casualmente venida de Leningrado, antes de llevárselo preso a la jefatura de los Servicios Secretos. En el interrogatorio al que fue sometido, el poema sobre el camarada Stalin, leído semanas antes a algunos amigos por su autor, centró el interés del comisario instructor: es el famoso texto de “el montañés del Cáucaso” cuyos “bigotes de cucaracha ríen y las cañas de sus botas refulgen”. Mandelstam reconoce la autoría y se ve obligado a redactar la historia de las personas ante las que lo recitó. En ella figuran Ajmátova y su hijo Leo Gumiliov. Los instructores del expediente contaban con la preciosa ayuda de delatores cercanos al círculo de amigos del poeta y de esos colegas mediocres, oportunistas y envidiosos que pululan en el Parnaso desde tiempos inmemoriales.
El juicio de Mandelstam parece listo para sentencia –la ofensa al camarada jefe no merece perdón ni conmiseración algunos– pero la valiente intervención de Pasternak –su llamada telefónica a Stalin– le salva la vida. Mandelstam fusilado, piensa éste, sería más dañino que atrapado sin remedio en la telaraña de los servicios secretos. El poeta será condenado tan sólo a tres años de exilio y, de vuelta a Moscú en 1937, detenido de nuevo y enviado a reeducarse a los campos de trabajo de Vladivostok y Kolyma. Su viuda, Nadiezhda, nos ha dejado un emotivo testimonio de su muerte lenta en 1940. Vitali Shentalinski reproduce la misiva desesperada que aquélla envió a Beria suplicándole su mediación y a la que el temido comisario no se dignó contestar.
Los escritos de contrición dirigidos a Stalin constituyen un verdadero género literario: el ansia de alcanzar el perdón de los pecados cometidos contra el amo y árbitro de vidas y haciendas es idéntica a la expresada por los sospechosos de herejía a los guardianes del dogma católico cuatro siglos antes. El poder absoluto del dios del Kremlin fascinaba a sus víctimas. Mandelstam, como Ajmatova, Bulgakov y Pasternak, no escapaban a dicha angustiada idolatría.
Como decía en 1663 Antonio Enríquez Gómez, autor de Vida de don Gregorio Guadaña , novela precursora –por la invención de la memoria intrauterina del héroe– de Tristram Shandy, Bras Cubas y Cristóbal Nonato extinto por judaizante en una cárcel secreta del Santo Oficio: “Ese tribunal es peor que la muerte, pues vemos que ella tiene jurisdicción sobre los vivos, pero no sobre los muertos”.
La opresión religiosa de la España inquisitorial y la ideológica al servicio del estalinismo se dan la mano: las incontables actas de los archivos del Santo Oficio son la mejor prueba de ello.
Al establecer una correlación entre el Santo Oficio y el OGPU-NKVD soviéticos no olvido claro está las diferencias existentes entre ambos en función de la época en la que desarrollaron sus actividades y de los principios que las sustentaban. La policía ideológica que encarnaban partía de bases antropológicas en el caso de la Inquisición creada para vigilar estrechamente a los judeoconversos mediante el escrutinio de sus palabras, costumbres y escritos. Su inquietud intelectual, producto de la constante presión a la que se hallaban sometidos, les inclinaba al racionalismo –“extravíos filosóficos”, dirá Menéndez Pelayo– que va de Fernando de Rojas a Spinoza y Uriel da Costa tan bien estudiado por Revah, y a partir de Lutero, al protestantismo que se extendía por Europa desde mediados de siglo. La amenaza de este último acentuó dicha presión, en especial al retorno de Felipe II de Inglaterra y Flandes. La Inquisición disponía de una red de malsines y espías de oficio amén del común de las gentes: la delación era un deber patriótico y religioso a ojos del “cuerpo sano de la nación española” y los centinelas de la fe católica disfrutaban de consideración social, privilegios económicos y promociones en el escalafón eclesiástico y administrativo.
Por dicha razón, el estudio de muchos autores del llamado Siglo de Oro, dejando de lado el contexto en el que se desenvolvió su labor, me parece tan prejuiciado y a fin de cuentas tramposo como sería leer las obras de Ajmátova, Bulgakov o Mandelstam omitiendo las circunstancias dramáticas en las que las elaboraron según nos revelan los archivos de sus acosadores expuestos en la trilogía de Shentalinski.
Mea culpa
Como admite el propio Menéndez Pelayo, a raíz del proceso a los protestantes de Sevilla y Valladolid, las cárceles se llenaron de gentes. Centenares de ellos fueron quemados en la pira. Los libros y manuscritos eran tan temibles por lo que callaban como por lo que decían. El “cordón sanitario” evocado por Bataillon al comentar la orden de regreso a España de quienes estudiaban en Flandes y otros países contagiados de herejía, cerró nuestras fronteras a cal y canto. El roce con extranjeros resultaba sospechoso. Los que manifestaban inquietudes espirituales, en especial los de origen judío, eran sometidos a una estrecha vigilancia mientras se les iniciaba expedientes por toda suerte de crímenes.
Las ambigüedades y contradicciones de quienes medraron bajo el poder soviético –el Gorki denunciador de los atropellos sufridos por los intelectuales en la época de Lenin, exiliado en Italia durante siete años y defensor a su regreso a la URSS de Zamiatin, Bulgakov y otros autores acosados por la policía política se convirtió luego en un tótem de ojos vendados en la etapa final de su vida– son las de numerosos escritores y artistas que abdicaron de sus ideales para acomodarse a una existencia holgada e incensada por los turiferarios del poder. Los ejemplos de delatores voluntarios y de quienes Cernuda denomina “vientres sentados” abundan tanto en la URSS como en la España inquisitorial o la de Franco y no cabe citarlos aquí.
Lo acaecido a Isaak Babel, autor de La caballería roja y de otros relatos publicados en los años veinte del pasado siglo, merece un capítulo aparte. Alejado voluntariamente de la literatura consagrada a la edificación del socialismo, vivió a continuación un largo período de ostracismo oficial similar al de otras grandes figuras de la literatura rusa (Bieli, Zamiatin, Ajmátova, Mandelstam, Bulgakov, Pasternak, etcétera). Cuando se inició la segunda oleada del gran terror, su vinculación con otros sospechosos de desafección al régimen y sus viajes al extranjero le convirtieron en objetivo preferente de la Cheka. Patética es la carta de Babel a la atención del comisario del Pueblo de interior de la URSS en la que confiesa la devastación interior causada por sus concomitancias trotskistas, sus escritos alejados de los intereses de la construcción socialista y del lector soviético. Como hizo también el poeta cubano Heberto Padilla treinta años más tarde, en una deliberada parodia de las confesiones al NKVD, Bábel escribe: “La liberación me llegó en la cárcel. Durante estos meses de encierro he reflexionado quizá más que en toda mi vida y he entendido muchas cosas. Ante mí han ido desfilando con una claridad estremecedora todos los errores y crímenes de mi vida, la corrupción y la podredumbre de todo cuanto me rodeaba, principalmente del círculo trotskista”.
Con todo, al final de la instrucción, el reo se desdice: “No soy culpable de nada, nunca fui espía, ni he realizado ninguna actividad contra la Unión Soviética. En mis declaraciones he mentido en mi contra. Les pido únicamente que me den la oportunidad de terminar mi último trabajo...”.
El 27 de enero de 1940, Babel fue ejecutado e incinerado en el crematorio de Moscú para borrar todas sus huellas. Días después serían fusilados igualmente Méyerhold y Kolstov, así como el feroz comisario de la Lubianka, Yezhov, quien, como aseguró en su mea culpa, “moriría con el nombre de Stalin en los labios”.
(c) Babelia y clarin (1) “Zayni Barakat”. Traduccion de Milagros Nuin Monreal.
(2) “Esclavos de la libertad”, Traduccion de Ricard Altes Molina.

viernes, 6 de agosto de 2010

EDGARDO MALASPINA OBTUVO PREMIO MUNICIPAL DE CARACAS EN LITERATURA MENCIÓN CRÓNICAS CON SUS "DIARIOS DE MOSCÚ".

Los premios municipales de literatura Stefania Mosca en sus menciones Narrativa, Ensayo, Poesía y Crónica fueron entregados el viernes 30 de julio, en el marco de la Primera Feria del Libro de Caracas que se realiza desde el 29 de agosto en Plaza de los Museos.

La apertura del evento estuvo a cargo de la agrupacion Niños Decimistas de Caracas, que en un largo repertorio declamaron y cantaron décimas acompañadas de música tradicional, zuliana, mirandina y oriental.
Los ganadores recibieron el premio de la mano del alcade de Caracas, Jorge Rodríguez, quien resaltó la importancia de celebrar el nombre de Stefania Mosca: “ella fue una mujer de ternura, firmeza y manantial puro que vivió desde el primer día de su vida siendo lo que era: una escritora”, dijo.

El Alcalde informó que todas las obras ganadoras de este premio serán publicadas y difundidas por el Fondo Editorial Fundarte, el cual fue relanzado con 15 obras entre las que se encuentra el libro Pequeña antología de Simón Rodríguez, del escritor Juan Antonio Calzadilla y que será distribuido de manera gratuita a partir de hoy .

GANADORES

Juan Rafael Medina resultó ganador con su obra La visita del ángel, en la categoría Narrativa.
El premio de poesía fue concedido a Carmen Rodríguez por La pasión disimulada. De igual manera, se entregó una mención especial a Vielsi Arias Peraza por su poemario Los difuntos.

En la mención Ensayo resultó ganadora Luz Marina Cruz por Las voces de Urimare, mientras que en Crónica el premió se lo llevó Edgardo Malaspina con su Diario de Moscú, libro en el cual el autor relata sus vivencias en la capital de Rusia a lo alargo de casi tres lustros.

lunes, 19 de julio de 2010

DIARIO DE VERANO. MOSCU. 2006

Edgardo Malaspina

VIERNES, 8 DE SEPTIEMBRE
Camino media hora por el bosque. En el periódico Izviestia hace un razonamiento y concluye que ahora los pobres perdieron su voz. Sorprenden los numerosos puestos de casas de cambio y bancos. Hay dólares en cada esquina. Antes perseguían a los que tenían moneda extranjera y los acusaban de fomentar el mercado negro.

Caminamos por la avenida Lénin. Pasamos por el monumento de Gagarin, orientado hacia el espacio. Llegamos hasta una plazoleta con el nombre de Lermantov ; su museo, una casita de madera está hoy cerrado.

Los trabajos de buhoneros, limpieza de las calles y de aseo urbano, es decir los más bajos y sucios son realizados por gente de las antiguas repúblicas de la URSS.

Los rusos hablan de nueva “mentalitet”, para referirse a la manera distinta de ver las cosas ahora en comparación con el socialismo. La palabra seguramente proviene del francés.

SÁBADO, 9 DE SEPTIEMBRE

Me despierto a las 9. Camino con Elf más de media hora. Leo los periódicos de ayer. Izvestia informa ampliamente sobre la explosión ocurrida en el cafetín del mercado de Cherkizovski , donde murieron varias personas . El grupo de terroristas se denomina “patriotas” en búsqueda de renacimiento de Rusia. Consideran que los culpables de los problemas del país son los “no rusos”. En primer lugar son atacados los ciudadanos provenientes de las antiguas repúblicas que conformaban la URSS.
Sin embargo las investigaciones sociológicas demuestran que los rusos colocan al terrorismo en el tercer lugar, a la hora de medir la percepción de los peligros de la nación, por detrás de los narcóticos y el alcoholismo. No obstante, todos los diarios tienen en sus páginas, y en formato resaltante, muchas propagandas sobre bebidas alcohólicas como la vodka que ahora se vende de muy variadas marcas.

Salimos a pasear por las calles de Moscú. En una tienda venden un retrato del último zar de Rusia, lujosamente decorado con hilos de oro, y con una leyenda inscrita en su parte inferior: “Nikolai II, El Libertador”. Su imagen está en todas las iglesias en calidad de santo, junto a otros mártires del cristianismo, entre velas y botellas de vino sagrado.

Hacemos una cola para entrar al Kremlin. Los extranjeros pagan una tarifa mayor. Me acerco a la caja y pido los boletos, la vendedora pregunta:

-¿Usted es ruso?

-Claro, ¿acaso no se me nota?- le contesto rápidamente y me deja pasar. Unos españoles que están detrás de nosotros intentan hacer el mismo truco pero no conocen el idioma y son detectados.
La guía explica mientras caminamos por el territorio del Kremlin. Allá la residencia de Putin, , acá la Catedral de la Asunción, el más importante templo de la Rusia de los zares con sus iconos y un cubículo de madera con muchos dibujos y leyendas: es el sitio para rezar de Iván El Terrible. Luego visitamos las catedrales de San Miguel Arcángel y la Anunciación. Por supuesto que no pudimos ser indiferentes al gigantesco cañón del zar y la campana zarina, el primero con sus cuarenta toneladas y la segunda de doscientas.

Entramos al Museo de Historia en la Plaza Roja. Fue fundado en 1872 y tiene 21 salas con una variedad de objetos y exposiciones que abarcan todas las etapas del desarrollo de Rusia desde la prehistoria hasta el acontecer reciente. Su fondo cuenta con casi 5 millones de elementos museísticos y más de 14 millones de documentos. En un rápido recorrido vemos los “rostros verdaderos” del hombre de las cavernas reconstruidos con sus cráneos originales usando la técnica de Gerasimov, un famosos antropólogo ruso; cachos de mamuts de Siberia y objetos tallados con su marfil; una canoa del neolítica encontrada en la orilla del Don; tinajas del Mar Negro con 6 mil años de antigüedad y con dibujos de espirales que significaban la eternidad del tiempo. Siguen armas de piedra como cuchillos y hachas, pero también de bronce y hierro; monedas, sarcófagos, máscaras mortuorias, vasijas en forma de osos, monedas, figuras antiguas de ajedrez, chalecos metálicos para el combate. Interesante resultan unos documentos hechos en cortezas de abedul: en uno se muestran las letras y dibujos de un niño de 7 años que está aprendiendo a escribir en el siglo XIII; en otro un hombre le propone matrimonio a una mujer. En una vitrina esta el original del Cantar de las Huestes de Igor, considerado el primer libro de la literatura rusa escrito en el 1180. Impresionante el cilicio negro junto a un ejemplar de la Biblia pertenecientes a Iván El Terrible.

En el Museo de Historia hay una exposición especial de China. Se trata de los guerreros de terracota de Qin Shi Huang, el primer emperador chino, el mismo que construyo la gran muralla. Esta colección de soldados, caballos y carretas está considerada la octava maravilla del Mundo Antiguo. Al morir el emperador debían ser sacrificados cuatro mil jóvenes para acompañarlo en el más allá. Los consejeros convencieron al rey para que aceptara un ejército de arcilla, el cual estuvo escondido por casi dos mil años hasta que fue descubierto en 1974. En la exposición que ahora vemos hay 81 piezas originales. Los soldados son altos (no parecen chinos por su estatura) y con rostros diferentes todos. Los animales y los carros de guerra están fina y hermosamente tallados.

martes, 8 de septiembre de 2009

DIARIO DE INVIERNO MOSCÚ-2009

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Edgardo Malaspina
MARTES. 6 DE ENERO

13 grados bajo cero.

Hoy se celebra la navidad ortodoxa. Los templos están llenos de feligreses. La televisión muestra las peregrinaciones y se habla de la unidad entre el gobierno y la iglesia. Los políticos, diputados, artistas e intelectuales hablan de la importancia de la fecha para la nación. Todos, o casi todos , están de acuerdo en que el cristianismo es muy necesario y destacan su vital papel en el desarrollo cultural y espiritual del pueblo ruso.¡ Qué tiempos aquellos cuando la religión era el opio del pueblo!

MIERCOLES, 7 DE ENERO

11-13 grados bajo cero.

La mañana es oscura. Lida, Natalia, Natalí y yo vamos a la estación de trenes Iaroslavski. Nos dirigimos a Serguei Posad, un sitio famoso de peregrinación visitado por miles de creyentes y turistas .El lugar está dedicado a San Sergio, quien lo fundó en 1337 como un exilio espiritual, luego de la invasión tártara. Los bolcheviques le quitaron ese nombre y le pusieron el de uno de sus compañeros revolucionarios: Zagorsk. .Pero las cosas vuelven a llamarse como siempre se llamaron. Por altavoces anuncian las medidas que deben tomar los pasajeros para advertir posibles ataques terroristas.

Nuestro tren se desplaza a través de un bosque de árboles semidesnudos cubiertos de nieve. Sobre un puente unos hombres pescan. Lanzan sus anzuelos sobre un río congelado parcialmente: pedazos de hielo se combinan con pequeños pozos de agua. Muchos trenes pasan al lado del nuestro en distintos sentidos. Hay unos espacios claros con abundante nieve. Nos acercamos a un pueblo. Entre unos pinos verdes está una pequeña iglesia . El viento sopla fuerte y la nieve vuela hasta los techos de las casas. El humo sale de algunas chimeneas. Pasamos por ciudades no muy grandes: Pushkino, Pravda. Viene un bosque intrincado de pinos y abedules. Afuera hace mucho frío. Eso se deduce por la vestimenta pesada de la gente que vemos. La calefacción del tren es muy buena. El cielo grisáceo y triste de pronto es atravesado por una bandada de pájaros. Sorprende un grafiti en un pared con una hoz y un martillo. Aquí los comunistas volvieron a su etapa inicial revolucionaria clandestina en un irónico giro del materialismo dialéctico: lo único eterno es el cambio, nada es para siempre. ¡Vivan Hegel y Marx¡

Sobre los lagos congelados los muchachos juegan, patinan y esquían. Otros se desplazan en trineos movidos con velas, como carabelas, aprovechando los vientos fuertes.

En Serguei Posad hay muchas iglesias. En el 1380 el príncipe Demetrio del Don visitó a San Sergio para pedirle la bendición antes de partir a Kulikov, donde derrotó a los tártaros. Desde entonces el monasterio es considerado sagrado y cada ruso lo visita por lo menos una vez en la vida.

Los popes cantan misas y reparten la prosvirka, una bebida equivalente a la hostia. Me ofrecen una taza y compruebo que es vino tibio con agua. En los patios el viento sopla fuertemente. Allí está la tumba de Boris Godunov, el zar que usurpó el poder e inspiró una obra trágica a Pushkin y también una opera a Mussorgski. Recuerdo a Gogol, quien hizo una visita a Seguei Posad para rezar por la salud de su madre. En muchos de estos monasterios el escritor recogía piedras para conservarlas como reliquias. Tomo del suelo un pedazo de ladrillo desprendido de uno de los viejos templos. Las palomas se acercan a los visitantes en busca de comida. Son tan mansas que se posan sobre nuestras cabezas y en las manos. De un pozo la gente toma agua que vierte en botellas. Tiene propiedades curativas, dicen.

Regresamos en bus. Presto atención a las casitas rodeadas de sosulki o carámbanos y que le dan un aspecto de reja al revés.

lunes, 24 de diciembre de 2007

ESTALINISMO: TERCERAS PARTES


Luis Matías López

[Tomado de Babelia. Madrid: 22 de diciembre de 2007. (elpais.com)]
Los libros sobre los excesos del estalinismo constituyen un género en sí mismo. No bastó con que Nikita Jruschov renegara de su antiguo jefe y destapara en los cincuenta la caja de Pandora. Hubo que esperar a la perestroika y a su hija predilecta (la glásnost o transparencia informativa) para que empezara a conocerse el volumen de una paranoia de Estado que un izquierdismo mal entendido ocultaba o minimizaba y que una derecha anticomunista a ultranza exageraba hasta el absurdo.
Alexandr Solzhenitsin no esperó tanto. Su novela Un día en la vida de Iván Denisovich se convirtió en casi una bandera con Jruschov ya en el Kremlin. Y su monumental Archipiélago Gulag, difundida en los setenta, se recibió en Occidente (en la URSS, obviamente, se impidió su difusión, como ocurrió con Vida y destino, de Grossman) como una enciclopedia del horror, tan minuciosamente detallada, tan obviamente real, que fue imposible ignorarla incluso por quien no quería mirar.
Al releer Archipiélago Gulag hay algo que sorprende de forma especial: esa tremenda capacidad por preservar la memoria en medio de la lucha cotidiana y agotadora por sobrevivir en un entorno hostil. Tal vez para Solzhenitsin esos dos empeños no eran sino uno solo cuando purgaba inexistentes crímenes políticos en los campos de concentración de Stalin.
Tusquets ha completado por fin el empeño por publicar en español la edición completa de esta monumental obra en tres tomos, sobre la base de las ediciones francesas de Fayard y Seuil revisadas y aumentadas por el propio autor. Este tercer y último tomo apabulla al igual que los anteriores por un efecto de acumulación que ayudan a comprender los designios del zar rojo.
A estas alturas, cuando se tiene la sensación de que no queda nada por saber sobre aquel horror, resulta difícil encontrar en el cierre de la trilogía un aliento nuevo en tantas páginas y páginas "con más de lo mismo", pero lo hay. Por ejemplo, en el capítulo en el que Solzhenitsin relata los trucos, que parecen propios de una novela picaresca, a los que tuvo que recurrir para escribir poemas, más en la cabeza que en el papel, y mantenerlos vivos en su memoria. Así pudo seguir siendo un escritor, antes que un preso. Así logró salir entero por dentro. Y así, su Archipiélago revive el aliento literario que, con frecuencia, parece condenado a ceder el paso ante la fuerza del documento y la denuncia.
Cuando la historia eliminó a su gran enemigo, el totalitarismo soviético, Solzhenitsin se quedó sin una causa por la que combatir. Su nacionalismo exacerbado puede sonar trasnochado, saber que le ha condecorado Vladímir Putin (que fue agente del KGB) puede producir el efecto de una tiza que raye la pizarra, la mayor parte de lo que ha escrito desde su regreso a Rusia puede que sea prescindible y, desde un punto de vista estrictamente literario, puede que haya escritores que merecieron el Nobel más que él. Sin embargo, Solzhenitsin es ya historia, y no por su libro mejor escrito, sino por este Archipiélago Gulag ahora recuperado por completo en español.
El caso de Vitali Shentalinski es diferente. Él sí que tuvo que esperar. Hasta 1988, cuando Gorbachov intentaba dar aliento de cambio a un régimen y un país-imperio que, finalmente, se le fue de las manos y se hundió por su propio peso, partido en 15. Su persistente presión sobre diversos estamentos del régimen le abrió las puertas de la Lubianka, el edificio cercano al Kremlin que fue, y sigue siendo, sede de la policía secreta política, que cambia de nombre (Cheka, NKVD, KGB...) pero no de carácter.
Su interés era muy concreto: los archivos literarios, los expedientes de los escritores represaliados. La publicación de los primeros resultados de su investigación fue espléndida: ahí estaban los detalles de la presión, persecución y, a veces, martirio de autores de la talla de Isak Babel, Mijaíl Bulgákov, Borís Pasternak, Borís Pilniak, Osip Maldelstam, Anna Ajmátova... Incluso Máximo Gorki, el patriarca de la literatura soviética, que utilizó a veces su ascendencia sobre Stalin para salvar a algunos compañeros de profesión.
Todo este material se incluyó en el primer tomo (Esclavos de la libertad) de una trilogía que, en España, se encargó de editar Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores. El segundo (Denuncia contra Sócrates), lleno también de jugosas revelaciones, decayó un tanto, aunque todavía fue capaz de sorprender al revelar, por ejemplo, los detalles del secuestro por parte de unos mafiosos, en pleno corazón de Moscú, del mismísimo Lenin. Y el tercero y último (Crimen sin castigo) exprime tal vez demasiado un filón que ya estaba casi agotado, aunque conserva la capacidad de estremecer con su descripción de las purgas de escritores durante el gran terror de 1937 y 1938. Y, sobre todo, cierra un ciclo, como ocurre con Archipiélago Gulag, que queda para siempre como testimonio de que, para el totalitarismo, no hay límites, ni siquiera los que podría creerse que están ocultos en la conciencia de los creadores. -

martes, 9 de octubre de 2007

DIARIO DE MOSCÚ







Edgardo Malaspina*




Una de las principales funciones (sociales) de un diario personal es esa: ser leído furtivamente por otras personas”.
Susan Sontag
1977
JUEVES,18 DE AGOSTO. LAS MERCEDES DEL LLANO.
Me despedí de familiares y amigos. Con Juvenal, en la noche, abordamos el autobús que va hacia Caracas. El padre de Juvenal vociferó con jactancia y orgullo a los cuatro vientos que su hijo viajaba para Rusia. Esto alertó a los amigos de lo ajeno. Colocamos las maletas al final del bus y nos dormimos; pero los ladrones no durmieron. Abrieron nuestras maletas.. Juvenal perdió muchas cosas, entre ellas, vestimenta.
VIERNES,19 DE AGOSTO. CARACAS.
Día lluvioso, oscuro. Hacemos los últimos toques. Con Juvenal, Freddy González, y Mary conversamos de diferentes tópicos .Nos bebimos una botella de vino.
SÁBADO, 20 DE AGOSTO. MAIQUETÍA.
Partimos hacia Moscú a las 7 de la noche. Nos acompañaron Feddy y Mary.
DOMINGO, 21 DE AGOSTO. MOSCÚ.
Pasando por Paris( a las 9 de la mañana llegamos al aeropuerto de Orly y luego nos trasladaron al Charles de Gaulle) llegamos a Moscú a las 8 de la noche. Por todo fueron 24 horas de viaje, de las cuales 13 en avión y las demás en buses. Todavía había claridad. Dicen que así es en verano. Siento mucho frío. La ropa que llevo no protege mucho. Todo es distinto. Un grupo de venezolanos nos da la bienvenida. Una semana estaremos encerrados para hacernos los exámenes médicos. No entendemos nada.
LUNES, 22 DE AGOSTO.
Hay estudiante de todas partes del mundo. Converso con dos nicaraguenses. Con otros extranjeros cruzamos algunas palabras en inglés. De algo sirvió el bachillerato. En una semana saldremos de la cuarentena y rendiremos exámenes. Rogelio Brito me entregó una chaqueta y me ha servido mucho por lo del frío. Me paree que el ambiente es bueno para los estudios. Los venezolanos de la asociación nos visitan. Nos entregan lápices, papel y unos libros. Moscú me parece una ciudad limpia, grande, con aire puro y muchos árboles. Todo está como muy ordenado. Bueno, estoy viendo las cosas desde una ventana. Estamos aún encerrados. Los médicos nos visitan a cada rato. En el corredor de la residencia tenemos un televisor. Amigos comentan que la programación es educativa.
26 DE AGOSTO
Hoy finalizará la cuarentena. Saldremos de este encierro para iniciar clases el primero de septiembre. Repasamos para presentar las pruebas de exploración de conocimientos .Con los resultados de esas pruebas nos ubicarán en distintas secciones. Los rusos nos han tratado muy bien. Aparentemente todo es armonioso en esta ciudad. Creo que los enemigos a vencer para triunfar en mis estudios son tres: la nostalgia, el frío y el idioma. Los amigos comentan que además de las materias propias de la carrera estudiaremos a Marx, , Engels, a Lénin, y la historia de URSS. Nos aconsejan practicar deportes para vencer el frío. Un latino de un curso avanzado dice que en el salón de clases no se permiten más de 7 estudiantes y que las calificaciones son sobre 5 puntos. Conozco a unos palestinos. Dicen que han participado en guerras. Una chilena, que vivía en Europa desde el derrocamiento de Allende, me comenta que Pinochet caerá el próximo año.
Esta noche nos reunimos representantes de 10 países latinoamericanos para hablar de política.. Yo hablé en nombre de Venezuela.
1 DE SEPTIEMBRE.
Se inician las clases en la Facultad Preparatoria. Este día (1 de septiembre se le denomina Día del Conocimiento y es el comienzo de las actividades en las escuelas, liceos y universidades.) Cursaremos idioma ruso, biología, química, física e historia de la Unión Soviética. La semana pasada presenté exámenes de física , química y biología.
Ya en la madrugada noté los primeros destellos del sol. Me levanté temprano y a las 9 me dirigí al edificio de la Preparatoria. En auditorio los profesores charlaban en ruso , por supuesto. Nos daban explicaciones que cinco expertos traducían a sendos idiomas. Nos estaban ubicando. Dos profesores se hacían cargo de un grupo de 7 estudiantes. Todos se marchaban para iniciar las clases. Pronto quedé solo: me había metido en el auditorio de Letras y Humanidades y no en el de Medicina. Me dirigí a un profesor de nombre Valerio. Habla perfectamente el español y me orientó. Al poco rato estaba en mi salón. Empezamos a estudiar el alfabeto ruso y para mí la lección se hace fácil porque en Venezuela me compré un libro y me aprendí las letras rusas. Los profesores nos tratan como amigos, nos animan.
10 DE SEPTIEMBRE
Las clases son de nueve a doce, y luego de la una hasta las tres y media. Mi profesora de ruso se llama Elsa Alfredovna. Es una señora entrada en años con destellos de haber sido bella en su juventud Dice estar escribiendo un manual de ruso para latinoamericanos. Cometo la imprudencia de preguntarle sobre lo que pasó con Podgorny, el Presidente del Soviet Supremo defenestrado. Me llama aparte y me dice en voz baja que hay cosas que no se deben indagar.
Almuerzo en el comedor de la universidad, pero a veces compro algunas productos en el mercado. Sólo se pedir cuatro cosas: batón (barra de pan), molokó (leche), calbasá (mortadela) y maslo(mantequilla).
12 DE SEPTIEMBRE
La colonia de venezolanos nos invita a un bar. Nos sirven las cervezas directamente de los estantes en unas jarras grandes, pero están frías. En cada esquina hay un kiosco de cerveza. Parece que la beben como fresco.
En cada cuarto tenemos un radio. Es como una extensión de corneta con una sola emisora: Radio Moscú. Es práctico porque hace las veces de despertador: a las seis de la mañana inicia sus transmisiones con el himno soviético y a las doce de la noche deja de trabajar también con el himno.
13 DE SEPTIEMBRE
En Moscú hay pocos automóviles. No veo colas y los carros no forman alboroto con sus bocinas. El silencio es casi total. Hay trolebuses (buses que trabajan con electricidad para no contaminar el medio ambiente) con una conexión en una red de cables eléctricos. También hay tranvías. Conozco el Metro . Es una vía subterránea gigantesca.Ya visité la Plaza Roja. De regreso me perdí en el Metro. Unos muchachos del Komsomol me auxiliaron y me llevaron a la residencia.
26 DE SEPTIEMBRE
Empieza a caer nieve que se derrite rápidamente. Me pongo dos pantalones y tres camisas además de la chaqueta y los guantes para contrarrestar el frío. Nos llevan a una tienda y nos entregan un pesado abrigo negro, gorra, bufanda, medias de lana calzoncillos largos y guantes.
6 DE OCTUBRE
La temperatura en Moscú cada vez es más fría y está a 3 grados bajo cero. El ambiente es festivo por los preparativos del aniversario de la Revolución de Octubre (7 de noviembre por el calendario actual). Se habla de la nueva constitución soviética y de los Juegos Olímpicos. A dos cuadras de mi residencia construyen unas edificaciones para los juegos.
Los estudios van bien, pero el idioma ruso es difícil. Por los momentos estudió fonética y gramática , matemática e historia de la URSS en español. Nos dicen que en noviembre nos hablarán sólo en ruso y entonces tendremos también física, química y biología.
7 DE OCTUBRE
Compro el periódico Pravda para ejercitarme en la lectura. En español sólo se consiguen el Granma, y a veces Tribuna Popular. Me explican que la palabra “señor” está abolida con la revolución. Todos somos “camaradas” (tovarishi).
9 DE OCTUBRE
Visitamos el Museo de la Revolución. Nos muestran películas de Lénin y el Ché Guevara. Escuchamos sus voces. En la parte dedicada a la Segunda Guerra Mundial hay un retrato de Hitler roto y en el suelo ; jabón hecho con grasa humana por los nazis, harina de corcho para luchar contra la hambruna que vivieron los soldadas rusos, restos de un avión alemán derribado por los soviéticos.
Fuimos a la exposición del Kosmos. Vi y toqué una nave Soiuz de las que enviaron a la luna, el Vostok de Gagarin, un Apolo norteamericano junto a un Marte 4 un Venus 3. La perra Laika que enviaron al espacio y regresó muerta está momificada.
10 DE OCTUBRE
Un amigo árabe trae música egipcia para escuchar. Tenemos clases hasta los sábados. A veces cuando hay un feriado asistimos un domingo para recuperar la clase perdida.
26 DE OCTUBRE
La nostalgia aguda está pasando y me he adaptado al frío. Mastico un poco el ruso. Los amigos dicen que en diciembre estaremos hablando mejor. Esto es porque las clases de idioma son constantes e intensas. Vivo en el primer piso de la residencia y Juvenal en el quinto piso. Nos vemos todos los días.
Hay unas tiendas para extranjeros denominadas Beriozka que funcionan sólo en dolares.
9 DE DICIEMBRE
Mucha nieve. Todo es hielo. Estamos a 15 grados bajo cero. La atmósfera parece congelada, sin embargo no se siente tanto frío. Tal vez me estoy acostumbrando. Me preparo para los exámenes del primer semestre. No tendremos vacaciones de navidad. Aquí no se celebra, sin embargo los venezolanos decidimos hacer una pequeña fiesta. La nostalgia sigue pasando. Visitamos varias escuelas e instituciones de secundaria. Nos preguntan muchas cosas sobre nuestros países .Estoy entendiendo mejor el ruso.
10 DE DICIEMBRE
Tres venezolanos que vinieron con nosotros se marchan a Venezuela. Uno de ellos, a quien llamamos el árabe por su nariz grande, dice que no soportará pasar una navidad sin su familia. “ Tengo muchos años de capitalismo, no me gusta el socialismo”, dice. Otro, Francisco, no logra asimilar el idioma y piensa que cuando los rusos hablan se están refiriendo a él. Le diagnostican manía persecutoria .Los mamadores de gallo le dicen Pancho El Perseguido. El tercero lo llaman Perolito. Es un muchacho retraído y dice no poder superar la nostalgia.
*Cronista, poeta médico venezolano.

jueves, 27 de septiembre de 2007

DE CÓMO UNA VEZ CONTRIBUÍ A CONSTRUIR EL COMUNISMO

Edgardo Malaspina*



Son tres días en tren desde Moscú hasta Kazajstán, el país de las estepas, y el Valle de las Piedras, donde las dunas cantan al soplo de los vientos y se encuentra el cosmódromo Baikonur, rampa de lanzamiento del primer hombre al espacio.
El viaje se hace ligero, la lectura hace olvidar las distancias. A veces conversas amenamente con los compañeros del vagón, juegas al ajedrez o te entretienes en la ventanilla observando los paisajes móviles: estaciones con gente apresurada, árboles grandes, rieles paralelos, trenes en sentido contrario que dejan un ruido sordo, pueblos con casas de madera, hombres trabajando en un huerto o arreando vacas. Sueñas con el traqueteo del tren. En la mañana tomas el té caliente, y eso cae muy bien en el estómago.
Atravesamos los Montes Urales con su vegetación impresionante; la estepa, el desierto, arena y piedra para entristecerse y reflexionar. Tal vez contemplando un paisaje similar de inhóspito, el poeta ucraniano Tarás Shevchenko escribió:
-El desierto no tiene verdor alguno, sólo arena y piedras. Uno se siente tan triste, que dan ganas de ahorcarse”. Bueno, no era para menos: estaba preso.
Luego el espíritu se reconforta: aparecen pinares y ajenjos, bosques de bayas y setas. Más tarde vemos las yurtas, las viviendas de los pastores, cónicas, de piel de oveja y cercas de madera.
En el 1218 Gengis Khan invadió Kazajstán, el cual pasó a formar parte del Imperio Mongol, conocido mejor como la Horda de Oro. Después de muchas guerras los kazajos decidieron unirse a la Rusia zarista en 1731. Con el triunfo de la revolución rusa en 1917 los marxistas organizaron al pueblo, y en 1919 los kazajos rojos derrotaron a los blancos. En 1920 Kazajstan se declaró socialista y empezó la cooperativización de la agricultura a través de los koljozes.
Vivíamos en el koljoz “18 años de Kazajstán”, cerca de Shortandí, en una casa de paredes muy anchas. De día el calor era agobiante, y de noche hacía mucho frío. Estuvimos en Tselinograd y en Alma – Ata, la capital. Almá – Ata es la ciudad de los manzanos, las calles rectas, los canales y las fuentes refrescantes. Visitamos el Teatro Académico Kazajo de Opera y Ballet “Abái”, contemplamos la montaña de Koktiubé. Precisamente estuvimos en esta ciudad en 1978, año cuando se celebró allí la famosa conferencia internacional de médicos y en cuya declaración se definió el concepto de atención primaria de salud. Pero para esa época yo era un estudiante que apenas se iniciaba en la carrera de medicina y empleaba mis vacaciones para trabajar en las brigadas estudiantiles o stroiatriad. Esta aventura la repetí en el siguiente año. Mi brigada se llamaba Los Ingenieros.
Las brigadas estudiantiles de trabajo voluntario permitían obtener un dinero extra, pero también era una actividad idealista: una parte de lo ganado era destinado a un fondo de solidaridad con los pueblos en lucha contra el imperialismo, el neocolonialismo, el fascismo y la reacción. Así nos lo transmitían. Así lo repetíamos con orgullo. En 1978 aportamos tres días de nuestro trabajo a esos fondos solidarios.
Nuestra labor se relacionaba con la construcción: hacíamos casas con paredes hasta de un metro de grosor y techos compuestos de varias capas de diferentes materiales, aserrín y cemento. Este tipo de viviendas tiene una ventaja: cuando hay nieve produce calor, y al contrario, durante la estación calurosa son frescas porque no las penetra la luz solar.
Nos levantábamos temprano, y luego del desayuno nos dirigíamos a la construcción. Usábamos muchas piedras, las cuales cargábamos en parihuelas; y ese era precisamente uno de mis ocupaciones. En la tarde descansábamos. Los sábados eran también laborales; pero el domingo era de fiesta. Varias veces, al aire libre, hicimos la típica parrilla rusa o shaslik. La cerveza la traían en barriles y nadie se preocupaba en enfriarla. Era una cerveza fuerte y de un amarillo oscuro. A veces la fiesta era en un salón con música en vivo y mucho vino. Recuerdo un vino tinto ácido llamado Aldán que vendían en botellas pequeñas.
Observé que en el campo la gente solía andar en sus caballos y que la estepa es muy similar a nuestro llano. En un momento de nostalgia empecé a escribir unos cuartetos dedicados a Páez:

Gama de soplos raudos tendida sobre el llano
un retazo de sol ruboriza el ocaso
flameando en lo infinito su palpitar de arcano
va bordeando laguna sobre la hierba el paso.

Alba de claroscuro, canto de ave perdido
el rancho entre palmeras, en celestial reposo
romance del coplero, armonía de un bramido
prisionero el lucero del remansado pozo.

Luego seguía una retahíla de las mismas estrofas cursis con expresiones que invocaban a la mitología, Páez-Aquiles-Marte, rayos serpenteados, éter escarpado, infierno de Dante por batalla feroz, galope fragmentado, fulgor de metales, tropel en arrojo, tolvaneras, hecatombe; y un montón de otras ridiculeces, probablemente inspiradas en Venezuela Heroica y en Zárate. Años después cayó en mis manos un libro voluminoso llamado Versos al General José Antonio Páez. Entonces comprendí que en el subconsciente colectivo venezolano es Páez el héroe de mayor atractivo a la hora de recrear con la literatura nuestra historia porque encarna la materialización de la gloria a partir de la nada .El propio mito, pues.
El presidente del koljoz, un señor entrado en años y que siempre llevaba un sombrero pequeño, solía venir a nuestro campamento. Decía que su empresa había cumplido con los planes del año con muchas ganancias y nos obsequiaba carne, leche y mantequilla, productos que normalmente no se veían en otros koljozes similares.
En agosto se celebraba el día del constructor. En esa fecha los dirigentes de la brigada eran derrocados simbólicamente y se decretaba una parranda general. Durante el golpe de estado se decían cosas muy duras, sólo permitidas para esa ocasión. Por ejemplo, los líderes del golpe criticaban a las autoridades estudiantiles. Estas acusaciones, para un buen entendedor, eran una crítica general a todo lo que estaba pasando en la Unión Soviética. La comida y el trago sobraban. Luego las autoridades entregaban reconocimientos a los obreros-estudiantes. Conservo con cariño uno de esos diplomas con una bandera roja, el rostro de Lénin , la hoz y el martillo y las palabras: “Honor y gloria a los vanguardista de la competencia”. El texto completo dice:
Carta de salutación al luchador de la Brigada Los Ingenieros, el camarada Edgardo Malaspina.
La Dirección del Koljoz, el Comité del partido, el sindicato y el Komsomol del koljoz 18 Años de Kazajtán de la región de Shortandí, provincia de Tselinograd, lo felicita en este día tradicional de los constructores.
Con sinceridad y de todo corazón le agradecemos su participación en la Brigada Estudiantil de toda la Unión Soviètica “60 años del Komsomol Leninista”
En los aniversarios, 60 del Komsomol y 20 del movimiento estudiantil para la construcción, Ud., hace un digno aporte para poner en práctica las recomendaciones del histórico XXV Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética y del Pleno de su Comité efectuado en julio de 1978 con respecto a la construcción de viviendas y otras estructuras para la producción en el campo.
Su trabajo constituye una luminosa página en los anales del movimiento estudiantil de brigadas constructoras.
Le deseamos, estimado camarada, una salud muy fuerte, felicidad personal, éxitos en los estudios, que tenga siempre mucho entusiasmo en todo lo que emprenda. Multiplique y fortalezca las tradiciones del movimiento estudiantil.
Recuerde, Ud, querido camarada, todo lo que Ud ha construído con sus propias manos se lo agradece con todo el alma el colectivo de este koljoz.
Siempre estaremos contentos de verlo, como un representante de la Universidad de los Pueblos, en nuestras Tierras Vírgenes. La Dirección del koljoz. El Comité del Partido. El sindicato. El Komsomol. Cumpliremos con el Quinquenio anticipadamente. 1978.
El presidente del koljoz me entregó el diploma, me estrecho la mano y solemnemente me dijo:
- Camarada Edgardo. Usted está contribuyendo a la construcción del comunismo .Ha aportado su granito de arena para esa gran causa mundial.
Un día nos invitaron a una yurta. Sentados sobre el dastarján – un mantel en el piso -, probamos el beshbarmak, un aderezo con carne de cordero, muy sabroso. Mientras bebíamos el kumís, se dijo que para los kazajos la cultura era no olvidar a las generaciones pasadas y venideras, hasta la séptima.
Uno de los pastores contó lo siguiente:
-Una vez nuestras montañas se reunieron para hablar de la felicidad. La Montaña de Oro dijo:
- La riqueza es el oro, hasta que no saquen el oro de mis entrañas los kazajaos no serán felices.
La Montaña de Plata replicó:
-La felicidad no está en el oro ni en la riqueza sino en la alegría. Con mi plata se hacen cuerdas de instrumentos musicales y campanillas que hacen sonar música para hacer la vida más alegre.
Entonces intervino la Montaña de Plomo:
-Riqueza, alegría...¿Y que haremos cuando ataquen nuestros enemigos?. Necesitamos balas para defendernos. Sin mi plomo no hay riqueza ni alegría.
La Montaña de Cobre explicó:
-Sin mi cobre no se puede vivir. Los calderos para cocer la carne son de cobre, los jarros para el kumis son de cobre, los samovares para el té son de cobre. Sin mi cobre las pasarán mal.
Por último expresó su punto de vista la Montaña de Hierro.
-Lo que más se necesita es el hierro. Los arados, los sables, las hachas y las agujas se hacen de hierro, y no de oro , plata o cobre. El destino del hombre está en el hierro.
-Todas las montañas nos han ayudado, por eso no nos hace falta nada, finalizó su relato el pastor.
Alguien empezó a tocar la dombra Las cuerdas, sonaron como lejanas. Era una música extraña, (al menos para mí) pero agradable.
*Médico, poeta e historiador venezolano.