Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

viernes, 14 de junio de 2019

MANUEL MONJES, DE LUCHADOR SOCIAL A EPÓNIMO DE UN MUNICIPIO YARACUYANO


AUTOR: Amabelis Reyes
TUTOR: MSc. Reinaldo Peña Chacín
Maestría Historia De Venezuela, Universidad Experimental Rómulo Gallegos UNERG, San Juan De Los Morros, Mayo 2019

RESUMEN
Estudiar la aproximación a la historia de vida de Manuel Monjes y su participación en las luchas sociales desarrolladas en el Estado Yaracuy durante el período 1970 - 1993. Siguiendo los parámetros de investigación descriptiva; estableciendo como objetivos la indagación de los aportes historiográficos que puede generar el estudio de la historia de vida de Manuel Monjes, conocer la incidencia  y su rol de luchador social en la historia yaracuyana durante el periodo estudiado, para luego describir los aspectos fundamentales que permitieron a un luchador social ser reconocido como epónimo de un municipio. Se analiza de lo general a lo particular formulado en datos aportados por informantes claves con el fin de recolectar información necesaria para la reconstrucción de la historia de vida del sujeto de estudio a través de entrevistas guiadas por un cuestionario para respuestas abiertas, tomando como referentes los documentos legales y personales que atesora la familia y amigos del personaje, quienes facilitaron la información, aunado a la revisión hemerográfica e iconográfica que fundamenta la veracidad del liderazgo y reconocimiento humanista del personaje objeto de estudio.
Palabras Clave: Historia de vida, Manuel Monjes, lucha social, epónimo municipal


INTRODUCCIÓN
Dejar una huella por el camino transitado en el sendero de la vida, útil y trascendente a los que vienen detrás, es una virtud que poseen pocas personas; la diversidad humana va mas allá de las características físicas y sociales de cada uno, existen los que hablan mucho y hacen poco, y los que hacen sin vanagloriarse, dando origen a lo que conocemos como autores anónimos, aquellas personas que no buscan el protagonismo, prefieren dejar la obra en lugar del nombre, cual digno ejemplo de humildad y sencillez.  Sin embargo, hay ocasiones en las que se da el anonimato forzoso, al no preservar en el tiempo la identidad y la grandeza de esas personas que aportaron con su espíritu libre un gran legado a la sociedad. 
Tal es el caso de un hombre común, de la historia contemporánea venezolana que desde el liderazgo social llego a ser epónimo de uno de los municipios del Estado Yaracuy, Manuel Monjes;a quien un pueblo que no lo vio nacer, lo vio morir con idolatría. Recordado siempre por su calidad humana y por su dicho común: “No importa donde nacemos, sino donde luchamos”. Siendo meritorio describir el origen y migraciones de la familia Monjes, el panorama de la historia de su vida, así como su formación académica e ideológica y el reconocimiento como líder social humanista desde las diversas facetas y roles desempeñados. Será de gran utilidad a la historia yaracuyana, la investigación a fondo del único epónimo, de sus catorce municipios, que no forma parte de la gesta independentista, de los ancestros indígenas o santos católicos.

Manuel Monjes,
De luchador Social a epónimo de un municipio Yaracuyano

De la conducta del hombre, de su inteligencia, de su voluntad, depende a veces  el rumbo de la historia. Son los hombres quienes la hacen dentro de las condiciones  que enmarcan los acontecimientos. Como bien lo han explicado tanto Marc Bloch como Fernand Braudel, la historia es simultáneamente cambio y pertinencia y por ende, una vez más, síntesis completa e interactiva de dichas estructuras que efectivamente, permanecen vigentes durante largos periodos de la historia.
Desde este enfoque cualitativo, con el método biográfico, el objeto principal es indagar y analizar la vida y obra de una persona, la cual se realiza a través de relatos hechos por la misma persona si está viva, o por parte de familiares y amigos, o simplemente pobladores que han guardado en su memoria estos hechos y los relatan en un orden de tiempo y espacio a través de entrevistas, conversatorios

El enfoque cualitativo de la investigación, busca comprender la perspectiva de los participantes, bien sea individuos o grupos pequeños de personas o lo que se investigará, así como los fenómenos que los rodean, sus experiencias, opiniones y significados, es decir, la forma en que los participantes perciben subjetivamente  su realidad. Según Plummer (1989)  “las Memorias tuvieron su primacía hasta los albores de la Ilustración como hechos o sucesos memorables y tuvieron en países como Inglaterra gran impacto”,  además que entre los aspectos con mayor controversia en la fundamentación teórica de las historias de vida, es justamente la técnica de investigación cualitativa, cuando se trata de diferenciar convenientemente de otras técnicas y métodos similares.  Tal referencia trae a colación la afirmación de  Albert Einstein: “El gran valor de la vida no consiste en atiborrarse de datos sino en preparar el cerebro a pensar por su propia cuenta y así llegar a conocer algo que no figure en los libros…”
Panorama Biográfico
En la pintoresca comunidad de Pararille, hacia una zona adentrada y rural, allí José Santiago Morillo y Epifania de Jesús Monjes se unen y forman su hogar con nueve (9) hijos que lograron procrear, siendo el cuarto de ellos su travieso Manuel, nacido un 1 de Enero de 1.954, niño creativo y juguetón, que en sus registros de nacimiento e investigaciones biográficas aparece como nacido en Mapararí, sin embargo la Sra Epifania cuenta que Manuel vino al mundo en Pararille, donde su llanto irrumpió el silencio de su humilde hogar; sin embargo al ser registrado ante las autoridades civiles quedó el lugar donde se ubicaba el registro como su lugar de nacimiento (Mapararí). Desde su infancia mostró sentimientos de protección y solidaridad con los más necesitados y desvalidos, defendiendo a sus hermanos menores de los mayores y de los vecinos que pudiesen atentar contra ellos entre juegos.
En los años 1969 – 1970, Manuel viaja a Yaracuy por petición de su hermano mayor de nombre Saba, para integrarse a los trabajos del Terraplén Pica del Chino – Farriar – Palmarejo – Agua Negra. Encantado por este valle decide quedarse una vez concluida la obra, aprovechando la adjudicación de terrenos en los años 76 lograron construir sus casas en el sector la Playita de Marín donde poco a poco la familia va migrando desde Pararille en Mapararì hasta el Valle de Las Damas en Yaracuy, y una vez instalado, el niño juguetón y travieso empieza a utilizar su creatividad contando con 16 años de edad, realiza diversos trabajos para ayudar en la manutención del hogar y sin dejar de lado su instinto humanitario y social, siempre que puede participa en asambleas de vecinos, reuniones y gestiones de obras que sean del beneficio común. Va creciendo física e intelectualmente para inmiscuirse en asociaciones, organizaciones y movimientos que le permiten mayores responsabilidades, cargos y logros a nivel social, político, de salud, entre otros en pro de la consolidación de espacios y comunidades enteras, no solo en Marín sino también en comunidades vecinas o cercanas.

Separando su vida de luchador social de su vida familiar, los compañeros de lucha poco conocen de sus familiares y sus familiares poco conocen los detalles de sus luchas; para sus familiares eran contradictorias las emociones por sus ideales, les causaba agrado su preocupación por el bienestar del pueblo pero por otra parte les preocupaba la entrega con que se daba en cada lucha considerando que desde muy joven, aún adolescente, ingresó a las filas de seguidores revolucionarios que promovían la igualdad social y las luchas por una vida digna sin distinciones. Se le reconoce solamente una hija de nombre Odalis, quien ya ha sido responsable de traer al mundo dos generaciones de sangre valiente y aguerrida sucesivas a Manuel.
Gran hombre que alcanzo a vivir tan solo 39 años en su ideal, falleció en el hospital de San Felipe producto de un accidente automovilístico al regresar de Aroa donde se efectuó un encuentro deportivo con su equipo “Los Halcones” el día domingo 25 en horas de la tarde; cuentan sus compañeros de equipo que decidieron viajar por Yumare hacia el poblado La 32 para dejar allí uno de los jugadores, pero al transitar por las inmediaciones del Teatro de Operaciones N° 5 perdió el control de su camioneta tipo Pick up azul y se volcaron a la orilla. De los 16 tripulantes sólo Manuel resultó herido con mayor gravedad, ingresó en La Clínica Especialidades donde le fue diagnosticada fractura en ambas piernas, realizándole una intervención quirúrgica inmediata con una aceptable recuperación hasta el día  Viernes 30 cuando le indican a uno de sus hermanos que deben trasladarlo al Hospital Central de San Felipe por requerir Diálisis al presentar patología de riñones; realizan éste ingreso y mientras la aplicación de dicho tratamiento se hace necesario para los familiares salir del hospital para comprar un medicamento necesario, pero…  
Lamentablemente a su retorno con  la medicina se encuentran con la fatídica noticia del fallecimiento de Manuel. Aun con lágrimas sus familiares recuerdan aquel día….Viernes 30 de Julio de 1.993, se fue Manuel, el hijo, el hermano, el padre, el amigo, el luchador, el revolucionario.
Formación Académica e Ideológica entre las luchas sociales
Tras su llegada al sector La Playita perteneciente al Municipio San Felipe Estado Yaracuy, en los años 70, con la educación primaria y secundaria hasta 4to año cursada en Mapararí, ingresa a estudiar  en horario Nocturno los grados que le faltaban para alcanzar su bachillerato; mientras tanto trabajaba durante el día con el Sr Héctor Víez en una procesadora de Frutas, desempeñándose como quemador (encargado de proceso de cocción de las frutas); Logra titularse bachiller, ya  con la semilla de la lucha y la justicia social en su corazón. con objetivos precisos ejerció la Coordinación de Movilización en la Coordinación Regional de Asociaciones de Vecinos del Estado Yaracuy (CORAVECY), organización que en cada municipio tenía representación e íconos a nivel nacional. Desde esta tribuna encabezó la Lucha contra el latifundio en Los Cañizos, formó parte en el Proyecto Macagua para proveer de agua potable y saludable a la parroquia Albarico, Marín, San Javier y parte de san Felipe; participó en la Fundación del barrio la Conquista de Marín y la cancha múltiple de este sector, la cual se bautizó con su nombre el día de su sepelio. Participó activamente como militante del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR 200), en el golpe liderado por nuestro comandante supremo, en aquel entonces Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, el 4 de febrero de 1992, desde la tribuna de Radio San Felipe, con apoyo del movimiento RUPTURA desempeñó importantes responsabilidades  ese día histórico y patrio;  previamente había viajado a Nicaragua el 19 de Enero de

1990 a contribuir con la recolección de café como apoyo venezolano para aquella nación cuando triunfó la coalición antisandinista, Unión Nacional Opositora (UNO); Hospedándose en el Hotel Juventud (habitación 306). En el mismo año viaja a Cuba como  parte de su formación socialista, y se hospeda en el Hotel La Colina – Habana (habitación 402).

Cumplió los roles asignados aquel 4F y estuvo entre los perseguidos políticos resultado de aquel movimiento y aún en condición de perseguido, como hombre fiel a sus arquetipos sociales, se ofrecía de manera voluntaria a llevar alimentos e insumos a los compañeros escondidos en las montañas de Yaracuy; siempre colaborador, valiente y “resteado” por la causa

Litigio limítrofe entre los Estados Yaracuy y Falcón entre los años 1970 – 1993:
En El extremo norte del estado Yaracuy, entre los 10º 35 y 10º 45 de latitud norte, los 68º 37`y 68º 49´ de   longitud oeste con altitud es de 60 m.s.n.m., y sus variaciones producto de la fisiografía se encuentra el Municipio Manuel Monge, el cual limita  por el Noroeste con el Estado Yaracuy, por el Sur con el Municipio Bolívar y por el Oeste con el cauce del río Aroa.
El municipio  se encuentra en la parte media del gran valle de Aroa, ya que se encuentra entre  las dos serranías más importantes del Estado como las son de: Aroa-Albarico y la reserva forestal del Tocuyo (Los Charales). El área presenta varios tipos de paisajes, entre los que se destacan el montañoso, piedemontino y de planicie aluvial.  En las áreas  montañosas y piedemontinas las pendientes se ubican entre 30 y 50%; en las áreas intermedias o de planicie alcanzan pendientes mínimas entre 0 y 5%. Esta formada por una depresión, la cual está rodeada por dos montañas el Cerro Azul y las reservas Río Tocuyo y a través del mismo pasa el Río Aroa que desemboca en el Mar, por lo antes expuestos denominado Valles.
Se cuenta, que de manera jurídica e histórica, la pertenencia del territorio Yaracuyano en los conflictos surgidos con el Estado Falcón, específicamente entre los municipios Manuel Monge y Palmasola respectivamente. Aunque la provincia de Coro fue creada antes que la provincia de Yaracuy, “su primer límite fue con su Provincia originaria, es decir, la de Caracas, permaneciendo igual durante la creación de la Provincia de Carabobo y en lo sucesivo hasta llegar a lo que hoy constituye su límite con el Estado Yaracuy”, según lo refiere el historiador Marcos Tulio Giménez de León en el año 2012.
                Palmasola, era conocido desde el siglo XVII como San Nicolás de Tolentino. Y según cuenta el historiador aroeño Ybrain Oropeza, “tras un estudio pormenorizado de estos acontecimientos manifiesta que el 10 de Septiembre de 1620 este espacio geográfico es fundado con el nombre de San Nicolás de Tolentino, por el Capitán y Justicia Mayor Francisco de la Hoz Berrío, reubicando al grupo de indígenas a las riveras del rio Aroa y que a la vez se encargaran de trasladar el cobre desde el puerto de rio Nuestra Señora de la Concepción hasta salir al mar”. Luego estos espacios se convierten en el Hato de Aroa o Hato de Su Majestad propiedad de Don Francisco Marín de Narváez. El libro “Bolívar Empresario”, del historiador venezolano, Antonio Herrera-Vaillant, explica en cuanto a los bienes del Libertador, específicamente de la hacienda que ocupaba el gran valle de Aroa en la provincia de Carabobo, cuyas extensas y ricas tierras estaban demarcadas dentro de una circunferencia de 178 kilómetros y contenían minas de cobre -de las mejores del mundo, según opinión del mismo Bolívar-, yacimientos auríferos y de otros minerales, maderas finas, agua en abundancia y tierras fértiles para la producción agrícola y ganadera.
Los territorios que colindan con el Municipio Manuel Monge y Palmasola, se refieren en la GACETA OFICIAL DEL ESTADO YARACUY con fecha 14 de Diciembre de 1987 donde claramente explica en su capítulo 11 la delimitación del Municipio Foráneo Yumare, constituido dentro del territorio del Municipio Bolívar (lugar de las minas de Aroa y Hato su Majestad), partiendo de los territorios que fueron parroquias eclesiásticas que quedaron en dominio Yaracuyano desde su creación en 1855, con nueve leyes de división político territorial que guardan relación exacta en sus límites, a diferencia de Falcón que ha modificado sus linderos en 1929, 1993 y 1996.Manuel Monjes, se opone enérgicamente a la invasión falconiana dada entre los años 80 y noventa, haciendo acto de presencia en los organismos competentes, difundiendo la problemática a través de la prensa, y haciéndose sentir en el sitio de los acontecimientos; emprende actos y acciones en pro de la defensa del territorio yaracuyano que aún se continúan entre las autoridades municipales y estadales concernientes al caso.
La alcaldía de Palmasola, Estado Falcón, arbitrariamente ordenaba saques de arena del río La 34, originándose enfrentamientos entre la comunidad y los voceros de la alcaldía acompañados de las fuerzas policiales. Construían escuelas, cacetas policiales, paradas, entre otras obras a lo largo de la extensión de territorio en reclamación; la comunidad organizada se ha dividido entre dependientes del Estado Yaracuy y dependientes de las autoridades falconianas, los censos poblacionales registran las mismas personas (habitantes de la zona en reclamo) para ambos estados.
CONSIDERACIONES FINALES
Las historias de vida y autobiografías, son una de las formas de llegar a la pequeña historia, a los héroes de los pueblos, de la gesta emancipadora de sus localidades por la consolidación de los lugares que fundaron y que fueron evolucionando con sus luchas y gestiones. Estudiar la historia de vida de Manuel Monjes es un paseo por la historia contemporánea de Yaracuy, desde la fundación de barrios y comunidades, luchas por su consolidación, por territorialidad entre estados vecinos (Yaracuy – Falcón) y mas allá la comunidad organizada desde las bases de la misma comunidad.
Las fuentes documentales y hemerográficas fueron facilitadas por sus familiares, amigos y archivos del Concejo Municipal del Municipio Manuel Monge, cuya recopilación da fe de los enfrentamientos y sucesos por el litigio limítrofe principalmente, las fuentes iconográficas facilitadas constituyen el recuerdo físico de quienes le acompañaron y conocieron la calidad humana del sujeto de estudio. Tales informaciones se fundamentaron en las entrevistas cargadas de emotividad, lágrimas y un ambiente de confianza meritorio para la veracidad de los datos recolectados.
De este modo, un muchacho que liderizó a mujeres y hombres haciéndolos compañeros de lucha, seguidores del ideal de igualdad, revolución y amor por la patria; a ellos los condujo al deporte y a ellas las convirtió en heroínas de la historia de un municipio, les dio voz propia, y ante la realidad de vagos registros de algunas de sus luchas y obras, incluso el año de su nacimiento se presenta con errores en algunas recopilaciones biográficas, y la colectividad lo identifica como un luchador social, sin más atenuante que el liderazgo ejercido entre sus seguidores. Es de vital importancia difundir en su pueblo, en su gente, en su territorio, la historia en pleno de sus logros, movimientos nacionales e internacionales y reconocer el aporte de su nombre a la historia yaracuyana como un gran hombre contemporáneo en la gesta independentista del siglo XX, la gesta ideológica que cambió la espada por el dialogo, los derechos, la equidad y la igualdad de todos los ciudadanos.

martes, 9 de abril de 2019

PAÍS PUYAO

Tibisay Vargas Rojas

5:30 a.m. Un olor me despierta, y no es a café… Desde que tengo uso de razón madrugo, pero en ello interviene no sólo mi ritmo circadiano, sino un aroma mundialmente reconocido como gratificante del espíritu: el de café recién colado. Y empleo este término porque si bien las mil y un formas de prepararlo permiten también la concordia aromática, desde las “expreso” de las panaderías, a las “moka” hogareñas, aquí en la provincia una manga de batista blanca tiene la insuperable condición de lograr un colado incomparable de la aromática bebida, permitiendo disfrutarla mucho antes de servirla en la taza, y es que las partículas en suspensión al caer desde la altura del “burrito” o soporte donde descansa la manga, tienen la condición de dispersarse generosamente llegando a distancias increíbles, como en esta madrugada de hoy, asaltando mi ventana del quinto piso junto al canto de los gallos.
En el garabateo inicial de esto que escribo, inicié con una negación: “no es a café”, se preguntarán entonces por qué toda la parrafada siguiente sobre la aromática bebida… y es que lo que algún vecino colaba para dar inicio a su jornada, tomándolo como café, no lo era. Me precio de buen olfato, y sé distinguir el brebaje del arbusto sabeo, de pócimas infames de cuanto grano tostado o quemado quieran sustituirle. Si bien ha sido práctica de tramposos comerciantes que rinden su mercancía adicionando maíz, cebada, o en el peor de los casos alguna leguminosa tostada al noble grano del café, en este “tiempo del cólera” que transitamos ha proliferado la inescrupulosidad, la falta de respeto, el engaño… ¿a quién se engaña?, ¿por qué?, y la respuesta me lleva a una consideración odiosa: el daño es general, el país se ha acostumbrado al daño, a dañar, y ser dañado.
Puedo parecer excesiva, dura, pero estoy apuntando a una realidad conocida y sufrida por todos. Quien me desmienta, miente. Volviendo al tema del café, yo misma he sido víctima del timo comprando en el tiempo de mayor escasez y carestía del producto, un “artesanal” que primorosamente empaquetado adquirí a unos vendedores que decían provenir de los andes, y que instalados en una camioneta lo expendían a quienes formábamos la larga fila que se perdía a vuelta de esquina, esperanzados en la nobleza del mismo y de los campechanos vendedores. Cierto es que faltaba el inconfundible aroma, pero lo adjudiqué a que el primer envoltorio, plástico, además del segundo, de corteza y cibaque de cambur, lo atenuaban. Caí por inocente. Al llegar a mi hogar y destaparlo para colocarlo en el pote destinado en mi cocina al café, la primera desagradable sorpresa al retirar la preciosa cubierta de corteza de cambur: ese color desvaído no auguraba nada bueno…, pero no se comparó a cuando desgarré el empaquetado plástico: allí estaba el olor inconfundible a frijol quemado, quizá picado de gorgojos, adicionado a borra de café, con un mínimo porcentaje de verdadero café tostado, y creo que ya concedo muchísimo al enumerar esto último. Me habían timado. Gasté una parte considerable del efectivo que tanto me costó lograr luego de medio día de tortura en el banco. Compré café “puyao”.
El término “puyao” se refiere por estas latitudes a la adulteración, es un regionalismo, una expresión criolla que se extiende a innumerables situaciones donde la trampa, el engaño, el “gato por liebre”, esté presente. No ha sido maña exclusiva de sectores menos privilegiados, no. En muchas ocasiones llegué a escuchar de reuniones sociales donde el whisky trajeado en la botella de un Johnnie mayor de edad, sólo tenía del caminante la etiqueta, porque no llegaba ni al gateo de un Charles… mejor no digo… Y así ha sido este mal del puyao que tiene en este momento condición de epidemia nacional. Todo está adulterado, es de dudosa procedencia, angustiosa falsificación que instala el espíritu en la más abyecta situación a que el humano se someta: la costumbre.
Las técnicas Tavistock han tenido en la población venezolana un caldo de cultivo muy provechoso. Repasando la gama de formas de lavado de cerebro masivo a que nos han sometido desde hace décadas, la de “acostumbrarnos a”, ha sido la más acertada para maquiavélicos fines. Nos hemos acostumbrado a cortes de energía eléctrica, a falta de agua, de alimentos, de medicinas, de educación, a “colas”, a maltrato, a represión… y no es por estoicismo, no, es por la acomodaticia y pérfida costumbre. Todos hemos sido testigos de las conversaciones en las colas: “En el cronograma de cortes eléctricos dicen que hoy será de nueve a doce de la noche… Qué bueno que no es en hora bancaria…” Y ahí está el “Qué bueno” haciendo su tarea. O: “Qué bueno que ya es último de mes, y llega la caja del CLAP…”, “No conseguimos azúcar en ninguna parte, pero qué bueno que así fue, nos enfermamos menos…” Será que nunca se va a expresar: “Qué malo que quitan la luz”, “qué malo que tenemos que someternos al CLAP”, “qué malo que no puedo comerme el dulce que me dé la gana…”, ¿Cuánto falta para que digamos: “qué bueno que nos someten, que nos maltratan, que nos matan”? Ya no es el café. Ya es el país entero, la conciencia, el espíritu, el puyao.

jueves, 4 de abril de 2019

DOS POEMAS


Arturo Álvarez D´Armas



He sufrido vejaciones y humillaciones
días y noches sin luz y agua.

No es un castigo de Nuestro Señor.

Pero esas tinieblas nunca ocultarán
la luminosidad del porvenir.

Oh mi Sagrado Corazón de Jesús.
Nunca te olvido en la sala
de la vieja casona pastoreña.
Te pido que el día que venga la Parca
mi Ángel de la Guarda me lleve a tu lado.

Ya pasé por el infierno de esta Tierra de Gracia.

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No sé cuántos labios han saboreado los míos.
Me queda el sueño y no la fantasía de un beso
que movió todos los músculos de la boca.
Solo fue un instante
entre la plaza Ribas y Iglesia de La Pastora
era una tarde de carnaval.
Yo vestía un pantalón azul marino
y camisa blanca arremangada.
Tú la muchacha del antifaz
con ojos brillantes y labios carnosos.
El beso detuvo mi respiración y mi pulso.

Llegaste y desapareciste hasta el día de hoy.
Aún añoro esos labios morena de Lídice.


Imagen: Esq.Gradillas a Torre, 1939.-Colec. Helmut-Neumann

jueves, 28 de marzo de 2019

VALENTE, EL LUGAR DEL CANTO


Salvador Tenreiro Díaz‎

 LO REAL
"Cruzo un desierto y su secreta/desolación sin nombre". Con estos dos versos ("A modo de esperanza", 1953) se inicia la obra poética de José Ángel Valente. Para algunos de sus lectores de entonces, esas palabras reflejaban ya una toma de posición poética y política, que privilegiaba la "realidad" y la "denuncia". Eran en buena medida algunas de las claves que identificaron a la llamada "generación del 50".
Lo que la poesía de Valente fue construyendo a través de esos años iniciales fue el "lugar": "que no tiene representación porque su realidad y su representación no se diferencian. El lugar es el punto o el centro sobre el que se circunscribe el universo. La patria tiene límites o limita; el lugar, no". "Las palabras de la tribu".
Con "Poemas a Lázaro" la poesía se propone como medio de conocimiento de la realidad. "Revelación de un aspecto de la realidad para lo cual no hay más vía de acceso que el conocimiento poético", según escribe en "Conocimiento y comunicación" (1963). Seguirá luego los libros "La memoria de los signos" (1965) y "Siete representaciones" (1966). Es, sin embargo, en 1969, con el poemario "Presentación y memorial para un monumento", cuando la exploración de lo real se produce a través de intercambios lingüísticos entre la comunidad y el poema. Suerte de poema "affiche", de antipoema, de poema "collage", elaborados con esos "prosaísmos" de los estereotipos que los totalitarismos ponen en circulación y que en el poema se confrontan, mezclándose en un discurso paródico y satírico sin precedentes.

LO POÉTICO
La indagación de Valente sobre la palabra poética abarca territorios tan vastos de la cultura que van desde la mística sufí hasta el Formalismo Ruso. (Recuerdo, al efecto, una tarde de tertulia en abril de 1999 -compartida, también, con Antonio Colinas- en el Café Moderno de la Gran Vía de Salamanca, en la que nos hizo un recuento de los autores y libros que dirigieron su destino literario. Me impresionó la familiaridad con la que hablaba por igual de Ibn Arabi o de Jakobson, de Pascal o de Chomsky, de Fray Luis de Granada o de Marx).
Hacia 1971, la palabra poética de Valente indaga, también, en la escritura fragmentaria (que él llama "estética de la retracción). Imágenes de desnudez -dirá- de transparencia o de errancia. Descomposición del sentido. Palabras solitarias entre blancos. Aspiración a la errante transparencia.
Siguen "Treinta y siete fragmentos" (1971), "El fin de la edad de plata" (1973), "Interior con figuras" (1976 y "Material memoria" (1978). Hay en todos esos libros significativas exploraciones en el arte del decir, e, incluso, como se ha advertido algunas veces, en todo aquello que la palabra, como suspendida en el aire, intenta evocar: "Luz,/ donde aún no forma/ su innumerable rostro lo visible".
Y sale a la luz "Tres lecciones de tinieblas". Es 1980. La indagación poética se va desplazando hacia la mística. .

LO MÍSTICO
Son textos "nacidos" de la música: en las lecciones de Couperin, y de Vitoria. "...del lento depósito de esas composiciones fue desprendiéndose o formándose un solo principio iniciador o movimiento primario, ese movimiento que subyace en toda progresión armónica." Se trata de "variaciones", "meditaciones sobre las catorce primeras letras (que, por supuesto, son letras y números) del alfabeto hebreo".
Sonoras resonancias como respiraciones de la palabra vislumbrada en el instante. Canto a la letra, a la carnalidad sonora de los signos. "Lecciones de tinieblas" es también un canto fragmentado del profeta Jeremías. Movimiento primario, incesante, siempre recomenzado. El Santo -escribe Valente- reside en las letras; es decir, en "las formas arquetípicas del espesor y de la transparencia de la materia y de su perpetua resurrección".
La materialidad de las palabras dependerá, en "Mandorla" (1982) de la "naturaleza material del cuerpo". Al decir de Arthur Terry, Mandorla es la "almendra mística, inscrita en sí misma, contenida en su propia secreta sombra. Unión, comunión, entre el cuerpo y lo otro, entre lo otro y la palabra.
En "Zayin", el poema de la séptima letra del alfabeto:
"....tu propia creación es tu palabra: la que aún no dijiste: la que no sabrías decir, pues ella ha de decirte: la que aguarda nupcial como la sierpe en la humedad secreta de la piedra: no hay memoria ni tiempo: y la fidelidad es como un pájaro que vela hacia otro cielo..."

LO AUSENTE
"No amanece el cantor (1992) y "Cántigas de alén" (de 1996 es la recopilación última, creo) son dos libros de excepción. El primero está integrado en su totalidad por poemas en prosa. Una tragedia familiar subyace entre tanta desolación, entre tanta tristeza. El lenguaje es aquí de una exactitud exasperante, descarnada, absoluta. Amor doloroso entre las páginas, fragmentos de confesiones que recuerdan los poemas a Lou de "Nosotros dos aún" de Michaux: aquel "aire del fuego, no supiste jugar", que todavía retumba en los oídos de sus lectores.
Las "Cántigas de alén" son la culminación de una poética oculta, que asomaba algunas veces en algún paisaje, verso o poema de sus libros iniciales. Es el regreso al lugar del canto, al atrio de la memoria celebrante, a los aromas de los sueños de infancia. Es también el regreso a la lengua de Rosalía, lengua de delicia, de esa sensación dulcísima de estar, de secretas resonancias que van probando -como en el "Gaspard de la nuit"- todos los instrumentos hasta encontrar aquel que da la nota justa: "...o gume agudo dunha verba/ pendurada no ar, teu desdibuxo/ e a tua cór de esquenzo./ Latexa a frol do ar".
Quien dedique una lectura atenta a la obra de Valente se encontrará con enunciados que van dejando rastros del camino recorrido por su palabra y sus poéticas. Andrés Sánchez Robaina, que ha tenido a su cuidado la extraordinaria publicación que ha realizado Galaxia Gutenberg de la poesía y de los ensayos de Valente, deja expresa constancia en muchas de sus notas y prólogos -como éste del "Diario anónimo (1959-2000)"- que Valente recoge allí muchas de las primeras versiones de sus últimos libros y los "primeros esbozos" de muchos de los poemas en prosa que luego integrarían "Nueve enunciaciones" o "Mandorla": "Existen, además, observaciones y comentarios muy diversos relacionados con poemas específicos (...) Es evidente que estos textos que podemos llamar "paralelos" arrojan luz sobre los poemas relacionados y nos ayudan a interpretarlos con nuevos y significativos datos".
A todo ello podría agregar, a manera de recomendación final si me lo permiten, un libro extraordinario (por su naturaleza, su rigor y su lucidez). Me refiero a "La fascinación del enigma: la poética de J.A: Valente en sus ensayos" del poeta venezolano José Ramos (y profesor en la Universidad de Tamkang, Taiwan) editado por la Fundación Universitaria Española (hoy agotado). No existe, que yo sepa, un libro tan bien documentado y excelentemente escrito, sobre los ensayos del poeta. Fue su Tesis de Doctorado en la Universidad Complutense. Ojalá alguno de los editores que me leen se interesen por reeditar ese libro magnífico.

lunes, 23 de julio de 2018

LA IMPORTANCIA ESTRATÉGICA DE LA VILLA DE CALABOZO DURANTE LA CAMPAÑA DEL CENTRO (1818) Y EN OTROS MOMENTOS DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA


Ubaldo Ruiz
 (Escuela de Historia de la Universidad “Rómulo Gallegos”. Calabozo, Guárico)

           
Como es sabido, dentro del largo y complejo proceso que representó la guerra de independencia se realizó la denominada campaña del centro, durante los meses iniciales del año 1818. Hace poco acaban de celebrarse sus primeros doscientos años, ocasión propicia para revisar nuevamente aquellos acontecimientos y generar debates conducentes a interpretaciones que permitan apreciar nuevos aspectos de una realidad, que como todas las realidades, fue infinitamente rica en matices. La presente es una propuesta con la pretensión de que sea sometida a la crítica, y de ser posible, que contribuya con esos debates. Tiene como centro argumentativo una exposición relativa a la importancia que pudo haber tenido la Villa de Todos los Santos de Calabozo dentro de las estrategias seguidas por algunos jefes militares durante ese período de la contienda emancipadora.
            La campaña del centro, concebida por Bolívar durante los meses finales del año 1817, tuvo como objetivo final la toma por los patriotas de la capital política, la ciudad de Caracas, desde Angostura, donde se había establecido el gobierno provisional de la República mediante varios decretos de El Libertador, como los que crearon el Consejo de Estado y el Consejo de Gobierno. Al respecto el historiador José Gil Fortoul (1978) afirma que Bolívar
Decretó, finalmente, que mientras no estuviese libre la mayor parte del territorio ni se pudiese establecer el gobierno representativo, el Jefe Supremo tendría un “Consejo provisional de Estado” (30 de octubre) para informar en los asuntos administrativos, y un “Consejo de Gobierno” (5 de noviembre) en quien delegaría algunas de sus facultades durante su ausencia en campaña.

                Para ese momento el ejército republicano tenía bajo su dominio el territorio de Guayana, el cual se comunicaba desde allí con la ciudad de Barcelona y la isla de Margarita, además de una parte del territorio de Apure, en donde campeaban las tropas llaneras al mando del caudillo José Antonio Páez. Por su parte las divisiones realistas comandadas por el general Pablo Morillo controlaban el resto de Venezuela y prácticamente toda la Nueva Granada. Bolívar consideraba que para la liberación de Venezuela era indispensable la toma de su ciudad capital. Por ello trazó el plan de conducir sus fuerzas desde Angostura hasta Caracas.
            A fin de llevar a cabo ese plan consideró auxiliarse con los llaneros de Páez, con quien había sostenido un intercambio epistolar desde el mes de julio de 1817. Carlos Alfonzo Vaz (1982) asegura que a partir de allí “continúan los contactos escritos entre El Libertador y Páez, mediante una correspondencia periódica.” Agrega este autor que en una carta fechada en octubre Bolívar le participa al jefe llanero: “Dentro de quince días, sin falta alguna, marcharemos llevando una fuerte expedición con todos los elementos necesarios para concluir, si es posible, esta campaña”. Obviamente  dentro de los planes de Bolívar ya estaba prevista la realización de la campaña del centro, aunque esta vino a realizarse algunos meses después.
            Cuando las circunstancias lo permitieron, en diciembre, se pudo dar inicio a la prometida campaña para liberar la capital. Para ello Bolívar envía una avanzada al mando del general Zaraza, que cruzó el Orinoco al sur de la provincia de Barcelona, pero fue derrotada por el general español Miguel de la Torre en el sitio denominado La Hogaza, al sur de Valle de la Pascua. Gracias a este triunfo, La Torre fue condecorado con la orden de San Fernando, expedida por el propio Rey, la cual le fue conferida en Calabozo el 16 de mayo de 1819, según informó la Gaceta de Caracas en su edición número 162 del miércoles 2 de junio de 1819.
            Al saber la derrota de Zaraza, dice Gil Fortoul (1978) que “Bolívar regresa a Angostura, organiza con su acostumbrada rapidez otra división de hasta 3.000 hombres, … remonta el Orinoco (31 de diciembre) y a los pocos días (enero) incorpora en San Juan de Payara parte de las fuerzas de Páez…”; sin embargo, la información clave de la campaña la da el propio Bolívar en una carta que envía desde el mencionado pueblo al Consejo de Gobierno el día 5 de febrero de 1818. En ella el máximo jefe republicano prevé una victoria decisiva sobre Morillo, quien “ha establecido su Cuartel General en Calabozo y ha concentrado allí sus fuerzas”. Del texto se puede interpretar que Bolívar pudiera haber pensado en obtener la independencia de Venezuela al infligirle una derrota al caudillo español en esta ciudad llanera, pues en la misiva afirma acerca de las tropas de Morillo, que “…batidas estas, San Fernando, Barinas, y toda la provincia de Caracas caerán en nuestras manos sin otra operación que marchar.”, y al final remata diciendo: “Yo espero tener dentro de muy poco la satisfacción de participar a V. E. una victoria completa y decisiva.” Citado por C. Alfonzo Vaz (1982).
            En la nombrada carta de Bolívar este afirma, como ha podido leerse más arriba que Morillo había establecido su cuartel general en Calabozo y concentrado en ella sus fuerzas. Si atendemos a lo afirmado por el historiador español Salvador de Madariaga, el mencionado oficial hispano tomó casi desde un principio a la Villa de Calabozo como el centro de sus operaciones militares y administrativas. Ello toma más importancia si se considera, tal como lo escribe el citado autor que la fuerza comandada por Morillo constituyó “…la expedición más numerosa que había cruzado el Atlántico desde el descubrimiento de América…” Madariaga (1959).
            Al hacer una revisión de lo escrito por varios historiadores, entre ellos Madariaga (1959) y Gil Fortoul (1978), se puede constatar que la expedición de Morillo, con aproximadamente 15.000 efectivos, arribó a Margarita el 7 de abril de 1815; a Caracas llegó el 11 de mayo; puso sitio a Cartagena de Indias desde el 1 de septiembre hasta el 6 de diciembre. De allí partió para Santa Fe de Bogotá, adonde arribó el 26 de marzo de 1816. En esta capital virreinal permaneció hasta “mediados de noviembre”, cuando, como afirma Madariaga (1959), “Enviando a La Torre por delante se puso en marcha hacia Venezuela…”. A principios de 1817 Morillo envía una carta al Capitán General, Salvador de Moxó, diciendo Madariaga que “Este documento está fechado en Calabozo, donde había instalado sus reales…”. El caudillo español realiza durante ese año 1817 una campaña por el oriente, en donde, como se ha afirmado más arriba había uno de los enclaves republicanos: el 13 de mayo está en El Chaparro, el 17 de julio en Margarita, y el 19 de agosta arriba a Cumaná.
            Durante los últimos meses de 1817, mientras se encontraba organizando la República y atendiendo los complejos problemas de insubordinación de algunos miembros de su oficialidad, como Mariño, Arismendi, Bermúdez, y el caso más emblemático protagonizado por Manuel Piar, Bolívar ha debido prestar mucha atención a los movimientos y a la disposición de las fuerzas de Morillo. A propósito del establecimiento de sus tropas en Calabozo, mencionado por Bolívar en la susodicha carta del 5 de febrero de 1818, Madariaga (1959) dice que
A fines de 1817 (…) Las divisiones de combate se encontraban: la primera, al mando de La Torre, cubriendo la línea de El Sombrero a El Calvario; la segunda, extendida desde Caracas a Valencia; la cuarta, bajo Aldama, en Nutrias, y la quinta, que mandaba Calzada, en Camaguán…
            En esta cita de Madariaga se puede observar el celo de Morillo por establecer todo un frente móvil a los bastiones republicanos de Oriente, Guayana y Apure, y cómo en la disposición de las mencionadas divisiones queda Calabozo casi en medio de un anillo de tropas, lo que confirmaría la situación estratégica que tenía en aquellas condiciones bélicas la Villa de Todos los Santos, y explicaría los planes de Bolívar para sorprender a Morillo en la ciudad guariqueña, y forzarlo allí a una batalla decisiva para la independencia de Venezuela, por lo cual es posible afirmar que Calabozo constituyó en esas circunstancias históricas, por lo menos para la visión de El Libertador, el núcleo de su atención para emprender la famosa campaña del centro y conquistar el objetivo político representado por la ciudad capital de Caracas.
            Tal como lo planificó Bolívar, el ejército republicano sorprendió a Morillo en la Villa de Calabozo, al amanecer del 12 de febrero de 1818. Las fuerzas realistas estaban dispuestas, según el historiador Adolfo Rodríguez (2004), de este modo:
El regimiento de caballería Húsares de Fernando VII reducido a 230 hombres y uno de cazadores del Navarra, ocupando la Misión de Abajo. El batallón de Castilla (450) hombres), en la Misión de Arriba; los batallones de la Unión, de 600 plazas y el de Navarra de 700 situados en el propio Calabozo.
            Hay que aclarar que las misiones nombradas eran dos antiguos pueblos de misión ubicados a distancia de una legua de Calabozo, siguiendo el río Guárico, corriente arriba la de Arriba, y corriente abajo la otra; hoy día ambas poblaciones están integradas al área urbana de la ciudad. Por su parte, las fuerzas republicanas estaban dispuestas de la siguiente manera: en el Estado Mayor, Bolívar, Soublette y Santander, la infantería marchaba en el centro, en dos columnas; la caballería de Páez a la derecha, la de Sedeño a la izquierda, y la de Monagas a la retaguardia. El desarrollo de la batalla, aunque resultó en una victoria parcial para los republicanos, no tuvo la condición de decisiva pues no se pudo destruir a las fuerzas monárquicas, las cuales se hicieron fuertes dentro de la ciudad, y después de aguantar un sitio de dos días pudieron salir huyendo hacia El Sombrero. Al final la campaña fracasó y Bolívar tuvo que regresar a Guayana sin lograr el objetivo propuesto. Morillo por su parte, volvió a establecer “sus reales” en Calabozo, en donde permaneció durante aproximadamente un año y medio más.
            En los meses que siguieron a la finalización de la campaña del centro, el general Pablo Morillo, dentro de su plan de mantener a raya  el avance de los republicanos hacia la capital, decidió tomar la ofensiva contra Páez, con miras a llegar hasta la propia Guayana. Quizás ni sospechaba que ya Bolívar estaba concibiendo una nueva campaña que lo llevaría hasta la Nueva Granada por el páramo de Pisba y Boyacá, pero siempre administrando el oficial hispano sus asuntos desde la Villa de Calabozo. Madariaga (1959) afirma que “Con su base en Calabozo, Morillo decidió tomar la ofensiva, con ánimo de deshacerse de él (Páez), para, luego, reconquistar la Guayana”. Eso lo intentó desde enero de 1819, pero después de sufrir varias derrotas sucesivas de manos de los llaneros, entre ellas la de las Queseras del Medio en abril, y con la cercanía del invierno, “decidió retirarse del todo, y cruzando el Apure el 14 de mayo, se volvió a Calabozo…” Teniendo como “su base” a esta ciudad, continuó Morillo sus actividades hasta que las noticias de la liberación de la Nueva Granada por Bolívar, y la presencia de este en Cúcuta, obligaron al Mariscal español a cambiar su frente de guerra hacia los Andes, ya a finales de 1819.
            La importancia estratégica de la Villa de Todos los Santos de Calabozo durante el desarrollo de la guerra de independencia ha sido notada por varios historiadores. El biógrafo de Bolívar, el alemán Gerhard Masur (1977), califica a esta ciudad, en los tiempos de la actuación de Boves como “…Calabozo, la capital de la región que aprovisionaba a Caracas…). Refiriéndose a la misma época, el biógrafo de Boves, Edgardo Mondolfi Gudat, asegura, después de considerar “la ubicación estratégica de Calabozo”, que esta ciudad era una especie de “atalaya desde donde podían pulsarse las distintas reacciones que suscitaban los hechos de Caracas en otras localidades más apartadas como San Fernando, Achaguas…” Adolfo Rodríguez (2008), no duda en calificar a Calabozo como “Capital de la guerra”, precisamente durante el período de la actuación del general Pablo Morillo. De la preferencia de este oficial por la ciudad guariqueña, dice Rodríguez (2008): “El cuartel general central de su Armada lo sitúa en Calabozo por múltiples ventajas determinantes, sobre todo su posición central en el teatro de la guerra.”
            De modo que no fue una casualidad, sino el producto de su clara visión estratégica de la guerra y de la política que El Libertador Simón Bolívar previó una posible acción militar contra el ejército expedicionario más importante enviado por España a sus colonias americanas, al mando del general Pablo Morillo, la cual, escenificada en la Villa de Todos los Santos de Calabozo, pudo ser decisiva para la independencia definitiva de Venezuela. De acuerdo a la opinión de los historiadores citados, y al estudio de los acontecimientos, queda clara la importancia estratégica de la ciudad de Calabozo dentro del marco de las acciones de aquella contienda, que nos legó la independencia política, y permitió el establecimiento de la República de Venezuela.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
ACOSTA SAIGNES, Miguel (2009) Bolívar. Acción y Utopía del Hombre de las Dificultades. Caracas: Fundación Editorial El Perro y La Rana.
ALFONZO VAZ, Carlos (1982) Los Muxica Guariqueños de la Independencia. San Juan de los Morros: Editorial Los Llanos.
GIL FORTOUL, José (1978) Historia Constitucional de Venezuela. Tomo IX. México: Editorial Cumbre, S. A. Biblioteca Simón Bolívar.
MADARIAGA, Salvador (1959) Bolívar. Tomo I. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.
MASUR, Gerhard (1977) Simón Bolívar. Barcelona, España: Círculo de Lectores.
MONDOLFI GUDAT, Edgardo (2005) José Tomás Boves. Caracas: C. A. Editora El Nacional. Biblioteca Biográfica Venezolana.
RODRÍGUEZ, Adolfo (2004) Calabozo Siglo XIX. San Juan de los Morros: Publicaciones del Rectorado de la Universidad Rómulo Gallegos.
RODRÍGUEZ, Adolfo y otros (2008) Ponencias. III Encuentro de Historiadores y Cronistas de Venezuela en Calabozo. Caracas: Miguel Ángel García e Hijo, S. R. L.


Imagen tomada de https://taimaboffil.wordpress.com/2010/12/01/1%C2%BA-de-diciembre-1817-bolivar-inicia-campana-del-centro-un-nuevo-intento-por-sumar-caracas-a-la-causa-de-la-independencia-oposicion-de-paez-frustra-el-proyecto/


martes, 17 de julio de 2018

UN CANTO PARA MAIRDA



 PROF/ CRONISTA  JOSÉ GREGORIO CÁRDENAS.  CI. 4127445

                               CORREO: faustinero@hotmail.com   telf.: 0424 5876609.


A Mis hijos y su mundo de las formas.

El pasado 31 de Enero, arriba nuestra madre Hilda Rosa Cárdenas a su 9no aniversario de partida a los reinos celestiales. Mamá, es infinita tu ausencia, casi dolorosa y cruel. Te recuerdo en los instantes más aciagos de mi vida; extrañando quizás, esa palabra sabia y certera que devolvía el ánimo, la alegría y hasta la sonrisa a veces.
Recuerdo que al día siguiente de tu siembra, me fui, tempranito al cementerio, quería darte calor y cerciorarme que no tenías frío o que sé yo. Había llovido en la madrugada. Y entonces lloré mucho en silencio y, tuve conciencia plena que había quedado sin ti; algo que ninguno de los dos lo esperaba así. Gracias madre, por tanta bondad y sacrificios para sacarnos adelante; enseñarnos que si se puede soñar despierto, que nacimos para logros sin menoscabo del semejante. Gracias por amarnos tanto. Extraño tus comidas sencillas envueltas en sazón de amor, tus santos y oraciones; la devoción al Dr. José Gregorio Hernández y tu virgen del Carmen , el amor por los animales y tu flor de navidad que dejaste encendida de pétalos rojo- fucsia.
Esta noche aparecerá una luna azul y roja en el cielo de los dioses; hay brisa fuerte que anuncia lluvia, esta lectura de los elementos naturales que nos hacen, los aprendí de ti, y tú de esa tierra guarabaeña con cariño y orgullo que tanto amaste. Que Dios todopoderoso, te tenga en el lugar donde moran las almas benditas e imperecederas.

Cuando logro oír la canción de Alí Primera (Madre, déjame luchar) llega hasta mi aquella promesa que te hiciera en un momento de mi vida azarosa, de sobresaltos y creencias (entre la literatura, la política y la historia).Me pediste que si te quería un poco, me alejara de tanta actividad riesgosa de la política. Que sufría, cada vez que salía de casa y me volvía un ermitaño, cual “lobo Estepario “.No deseo saber más de torturas, ni calabozos, no te parí para eso. Te prometí que me alejaría y no me distanciaría tanto de ti y mis hermanos. Atrás quedaron las luchas estudiantiles, el partido de extrema estudiantil que se venía formando en Lara, Maracaibo y Boconó  Recuerdo madre, que llegué un viernes de junio de 1982 a tu casa, nuestra casa y te habías enterado de mi encierro, de mi desaparición forzada por cuerpos de seguridad de aquel entonces. Me abrazaste y lloraste, me pedías que no te diera esa vida…Te sobrevino un  episodio cardíaco y ya en aquel hospital, me dolía la conciencia, sentía que no merecías que el amor que por mi sentías, tenía que padecer tal desamparo y oscuridad donde brotaba el miedo.  Tu mundo era el hogar, los hijos, la familia, los vecinos, los recuerdos, la misa dominical  y tantos otros detalles hermosos de la vida, que hacían de tu toparquía;  un ser maravilloso y creador.

Saben lectores, cuando MAIRDA, _ así le dije siempre a mi madre y no sé por qué-estaba en sus últimos días, le abrazaba y me ponía a llorar mirando aquella cabecita blanca e indefensa entre sábanas azuladas. La última vez que me habló, fue para decirme: “no olvides la casa “Todos estábamos muy tristes, aquella mujer, nacida un 17 de diciembre del 1937 nos dejaba, para retornar a su hogar celestial. Cuando la estábamos sembrando, quise recitarle un poema escrito para ella; pero, no pude y salí corriendo para sentarme en no sé dónde.
Cito un texto de la argentina Diana Soulé Canau, en su libro SOLO POR HOY.

“Un día sentí que ya era muy grande para ser niño; hoy siento que soy
Muy niño para ser grande. Estoy como atrapado en dos dimensiones
Diferentes. Estoy crucificado como un adulto (…) con dos  brazos que
No sirven ni para abrazar fuerte a mi nana. (…).Tengo un niño en el alma,
Donde guardo lo mejor de mí. (…) Ese niño es confiable porque sabe decir
¡te quiero!”   (p15).
Las palabras serán la fortalezas, las rosas de los vientos y todas las campanas, que regarán tus recuerdos en este inmenso valle verde, lleno de bromelias, de jancitos y pomarrosas; este valle verde que supo de tu infancia, tu adolescencia entre pilitas de agua y el resto de tu existencia.. Que los mares de sal, te hagan llegar mis plegarias y BENDICIÓN.