Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

lunes, 13 de septiembre de 2021

La dádiva del pájaro

  

I

Canta y canta la paraulata
Kyrie eleison, Kyrie eleison
el aroma de la lluvia llega primero
no trae mentiras ni verdades
sólo la hondura del amanecer
como una página en blanco
hay dispendio en la mirada de Dios
conozco el sí mismo de ese llamado
allí harinean la ternura y el frescor
canta y canta la paraulata
aún nos empapa la misericordia
Kyrie eleison, Kyrie eleison.

 

II

Un halcón neblí ha entrado
a la espesura del mango
la brisa de la mañana
refresca la mejilla de cada hoja
la palma del cielo algodonosa y cómplice
soy hombre
me asombra el derroche de belleza
alrededor de la matanza
ese ojo feroz órbita amarilla
pupila hambrienta que sabe
dónde buscar la inocencia
cada segundo de vida es el día del juicio
la compasión es una pregunta
que sólo Dios responde.

 

III

El ave en oración es también Su voluntad
Él cierra su puño en el derroche de luz
un dulce canto sobre la copa del mango
puede llamarse estío
lo que se ve es lo que se ve
siempre culpables de leerlo ante tanta candidez
esta humareda como lo indiscutible
la última carta
un diez de trébol que no paga la espera.

 

IV

Después de Dios lo más cercano es un pájaro
sin embargo también está muy alto
no necesita de mis palabras para saber de sí mismo
canta hasta que el sol se vuelve el párpado de la noche
(quien duerme entra a las vísceras de la luz
tiene la maestría de extender las sábanas)
el ave calla para atravesar el éxtasis
y mostrarnos el abecedario del silencio
(qué difícil es aprender
en la negra blancura de la nada)
la paraulata tiene un canto para citar la lluvia
y otro donde entrega desesperación
el halcón picotea sin misericordia
la tibieza de los tenues plumones
siempre entona para la muerte
en la parte común del silencio
todo pájaro es anafórico
le da igual desentonar o perder la rama más alta
repetir y repetir es lo que gusta
ante la pregunta del horizonte
la tierra es el nido que hay que llenar de trinos
ese cuenco que llaman vacío
(cada placer duele la calcadura de tenernos
es arrugar con gusto las sábanas
para entregar la dádiva del pájaro
y aletear en otros corazones)


Publicado en: LETRALIA https://letralia.com/letras/poesialetralia/2021/09/13/la-dadiva-del-pajaro/


jueves, 24 de junio de 2021

GUÁRICO EN LA BATALLA DE CARABOBO

 Jeroh Juan Montilla



José Antonio de Armas Chitty (1908-1995), se hizo guariqueño por fascinación y voluntad. Nacido en 1908 en Caracas, su familia toma ese pequeño árbol humano y siete años después lo planta en estas tibias sabanas del centro del país. Este breve escrito que hago es un sentido homenaje a tan insigne historiador venezolano. Aprovecho la oportunidad, es 24 de junio, día puerta, de mucha magia solar que se inicia desde la madrugada solsticial, la tremenda y mítica noche de San Juan. Nada es mera coincidencia, la libertad y el hacer de las puras fuerzas de Dios saben darse la mano para ofrecer frutos de bondad y plenitud. Todo está regido por el indetenible destino, nuestro hado colectivo tiene uno de sus inicios el 24 de junio de 1821, hace doscientos años el río de ser libre atraviesa cada alma de esta tierra.
Hoy quiero que ustedes y yo, mis queridos lectores y amigos, hojeemos este texto fundamental del escritor aludido. El ejemplar que ven en las fotografías es parte del catálogo de la biblioteca de FUPAGUA (Fundación para personas autistas del Guárico) donde colaboro como bibliotecario, un tesoro bien guardado a disposición del público e investigadores. Su título es: “La Batalla de Carabobo, antecedentes y efectos”, editado en Caracas en 1971 por Ernesto Armitano. Sus páginas son un precioso archivo de detalladas documentaciones, explicaciones y análisis del antes, el día mismo, y el después de tan terrible, heroico, pero a fin de cuentas emblemático acontecimiento, el choque de dos ejércitos que dejó en el campo cerca de 4.000 muertos, la misericordia de Dios para esos seres, tanto los fallecidos como los sobrevivientes, triunfadores y derrotados.

Mi curiosidad e identidad con el espacio donde nací, el estado Guárico, me llevó a hurgar el libro buscando las huellas de los guariqueños participantes en la batalla, cito las propias palabras de Armas Chitty:
“Es oportuno destacar un hecho: en Carabobo combaten numerosos llaneros. Tal vez la cifra más alta de hombre de una región, pero de hombres que han ascendido a pulso heroico, la da el Guárico. En Carabobo hace gala su destreza, el coronel Juan José Rondón, jefe del regimiento de lanceros. En Carabobo entregan la vida combatiendo dos hijos ilustres del llano del Guárico: el general Manuel Sedeño y el teniente coronel José Julián Mellado –de quien ya referimos cómo murió-, y un apureño, el teniente Pedro Camejo. Venían de gente humilde y escalaron tan altas posiciones por propio mérito. Cuando cae Sedeño –lo mismo que Plaza- el primero que les rinde homenaje es el Libertador, y en la comunicación que dirige al Presidente del Congreso, dice que ‘desesperado de no poder entrar en batalla con toda su división por los obstáculos del terreno, dio solo contra una masa de infantería y murió en medio de ella del modo más heroico que merecía terminar la noble carrera del Bravo de los Bravos de Colombia.’” (pág. 88)


En otras partes del libro se menciona a los guariqueños Juan Ángel Bravo y a Hermenegildo Mujica.
Este texto, en edición de lujo tapas duras, con 174 páginas, y sobrecubierta, contiene ilustraciones de Gil de Castro, pinturas de Arturo Michelena y Tito Salas, dibujos de Garneray, frescos de Pedro Castillo. Ipostel colabora en la edición, diagrama Mateo Manaure, y prologa Alfonso Marín. Los rostros que aparecen en las fotografías, por orden de aparición son: General Manuel Sedeño, Coronel Juan José Rondón, General Pedro Zaraza, y General José Antonio Páez.

jueves, 20 de mayo de 2021

AMALIVAC VIANA GONZÁLEZ Y SUS APORTES A LA HISTORIOGRAFÍA CALABOCEÑA.

José M Aquino 

Relator: Yovani Ramírez



La historia es una disciplina científica que estudia una manera sistemática los hechos sociales  a través del tiempo, el  historiador cumple una función social de gran importancia en la reconstrucción los procesos, referentes a las distintas actividades que realizan los seres humanos, utilizando los diferentes testimonios, con el fin de analizar e interpretar los acontecimientos. De esta manera la variedad de las fuentes tienen la finalidad de tener una mejor información de esos momentos relevantes. Por tanto en cada comunidad, localidad, región, nación  tienen unas particularidades que son objeto de ser estudiadas en cada uno de esos espacios, con el fin de entender y comprender la trascendencia de  los distintos acontecimientos históricos que han ocurrido a lo largo del tiempo.

Por tanto, la función del historiador es de gran importancia para preservar la memoria histórica de los pueblos. La Villa de Todos los Santos de Calabozo ha tenido destacadas personalidades que a través de las distintas épocas se han dedicado a reconstruir los procesos históricos, desde el mismo momento en que las comunidades aborígenes se establecieran en esta región  y  así sucesivamente con los demás  periodos históricos que ha transitado en esta importante localidad de los llanos venezolanos. En el tiempo encontramos connotados historiadores que se han dedicado a indagar con todo lo relacionado con el pasado de esta localidad, entre los cuales podemos señalar al doctor a Tomás Antonio Domínguez en último cuarto del siglo XIX, con sus ensayos sobre los próceres calaboceños del periodo independentista, José Rafael Viso miembro de número de la Academia Nacional de la Historia en 1952 y primer cronista de esta localidad; al igual que Lucas Castillo Lara por medio de esa gran obra “Villa de Todos los Santos de Calabozo, el derecho a vivir bajo el sol”, y el licenciado Adolfo Rodríguez a través de sus excelente obra “Calabozo Siglo XIX” publicada por la Universidad Rómulo Gallegos en el año 2004.

A raíz del gran impulso que han tenido los estudios de historia regional y local en Venezuela, a partir del último cuarto del siglo XX. La ciudad de Calabozo cuenta con  cronistas e historiadores que se dedican a averiguar los distintos aspectos del pasado de este espacio, ubicada en la región de los llanos venezolanos, dedicada a desarrollar una gran actividad agropecuaria y comercial desde su fundación. Uno de esos investigadores  afanosos por difundir la memoria histórica es Amalivac Viana González, a través de las distintas actividades que realiza con el fin de averiguar y promocionar los estudios históricos en esta importante urbe del Estado Guárico. Este hijo del apreciable médico Veterinario Amílcar Viana y la distinguida dama Brígida de González de Viana, desde muy joven se ha interesado  averiguar  todo lo relacionado  por la  histórica matria, a través de la consulta de las distintas fuentes en variados repositorios, tanto públicos como y privados. Una vez en concluido sus estudios de universitarios en la ciudad de Mérida, regresa a la Villa de todos los Santos de Calabozo, para combinar sus actividades profesionales en el campo de la administración de empresas con la investigación y promoción de los estudios históricos.

Este calaboceño realiza sus investigaciones tomando como referencia los fundamentos  teóricos de los procesos históricos locales, expuestos por el historiador mexicano Luis González, a través de La microhistoria como método de investigación enfocado en el análisis de los hechos cotidianos y de las distintas manifestaciones culturales que conforman las tradiciones de los pueblos. El objetivo es examinar los fenómenos de los lugares para comprender cómo se constituyen las sociedades en sus distintos momentos. Por tal motivo, se observan en los trabajos de Viana González una excelente análisis e interpretación de los hechos del pasado de las distintas comunidades estudiadas de esta acogedora ciudad guariqueña, con una buena recopilación de información histórica de fuentes confiables, mediante la visitas a los registros, archivos oficiales y privados, diarios, fotografías, y obras pictóricas para sus debidos estudios.

En sus trabajos de investigación se difunde claramente también la herencia cultural de los habitantes de Calabozo a través del tiempo, con el fin de conservarlas y trasmitirlas a las siguientes generaciones sus creencias, saberes, expresiones artísticas, normas y valores, prácticas sociales, tradiciones y costumbres, lugares o cualquier expresión del saber local. Por tal motivo es necesario examinar algunos de sus ensayos para apreciar la dimensión y aportes a la identidad calaboceña desde la fundamentación topofilólogica trabajada por  profesor Armando Rojas, basada en el afecto al lugar como generador de conocimiento.

El primer aspecto en resaltar, son sus trabajos de religiosidad popular, entendida como una manera de expresar la identidad de los pobladores creyentes de la fe cristiano católica, los sentimientos y cohesión hacia ese credo. Uno de esos ensayos publicados es el de “La Historia del Cristo traído de España por don Antonio Camacho a la Catedral de Calabozo en 1798”, donde se destaca todo lo relacionado a la devoción por esta reliquia por parte de este calaboceño en ese tiempo y los pormenores de este prominente calaboceño para adquirir la citada escultura, además del fervor de los fieles católicos a esta imagen a través de los tiempos. De igual manera este distinguido investigador, consustanciado con el misticismo, realizó una indagación bien sustentada de la construcción de la iglesia Nuestra Señora del Carmen por el ganadero José Ramón García, con un manejo de la fuente documental del archivo de la Arquidiócesis de Caracas y demás repositorios donde se guardan los testimonios escritos  de ese centro de adoración patrimonio artístico de la ciudad, con el fin de confirmar las gestiones del principal bienhechor antes citado en la realización de esta arquitectura local que se había puesto en duda de haber sido su constructor.

Este cronista ha realizado investigaciones con el propósito de dar a conocer la actuación de una gran cantidad de personajes que han hecho historia en esta cálida y acogedora  ciudad llanera, en las diversas actividades del acontecer local, regional, nacional e internacional en diferentes momentos, con el único fin de  que sean un paradigma para el comportamiento, emprendimiento de sus paisanos, al igual de ser un agente para el cambio como beneficio para la colectividad. Por tanto  las biografías realizadas por Viana González, no solo toma en cuenta la narración de de la historia de su existencia, sino también permite a través de sus ensayos, conocer cómo fue esa sociedad durante contexto histórico y cultural que le tocó vivir a ese distinguido ciudadano.

Entre esos biografiados encontramos el ensayo de referente a la trayectoria militar del calaboceño Mayor Salomé Hurtado de Mendoza, resaltando sus portes al proceso de la independencia de la hermana República de Cuba. Al igual que otros personajes que formaron parte del acontecer de la política a nivel local, regional y nacional, como fue el prócer de la Federación Pedro Bermúdez Causin, primer hijo nacido de esta ciudad enterrado en el Panteón Nacional. Del mismo modo este investigador también, les ha dado la importancia a los pedagogos que han tenido una excelente trayectoria en el proceso de enseñanza en esta la localidad guariqueña. Uno de esos sobresalientes  maestros tomados en cuenta en sus indagaciones, es la actividad magisterial desplegada  por Ramón Delgado Rojas, en cuanto al buen desempeño didáctico a distintas generaciones de estudiantes de esta villa  durante su trayectoria como docente.

 Al seguir describiendo biografías de distinguidos ciudadanos oriundos de esta ciudad llanera, realizados por este estudioso de la historia,  resaltando los  importantes aportes a la nación en los distintos ámbitos de la actividad cultural, como la del poeta Rafael Rodríguez Carreño. Igualmente de la trayectoria desplegada por la licenciada en periodismo e historiadora Ana Elisa Llovera. Del mismo modo este cronista, ha hecho valiosos aportes la historiografía con valiosos trabajos sobre los acontecimientos más importantes de esta urbe a lo largo de la historia, desde la ocupación de este espacio por la intervención de los españoles. Uno de esos ensayos es el referente a la fundación de los distintos barrios de esta localidad a partir de la fundación de la Represa Rio Guárico en 1957. Así como también, averiguaciones sobre el casco histórico colonial más grande de la nación que se encuentra en esta villa.

Además de publicar sus más de medio centenar de trabajos  en diarios regionales, folletos, blogspot de internet, las  distintas  redes sociales y expuestas en los diferentes encuentros  de historia regional y local en la que asiste como participante activo. Este historiador  como ciudadano comprometido con ayudar a sus paisanos al fomento de los estudios históricos. Orientando a cualquier persona interesada en conocer el pasado de la localidad o estudiantes de las distintas modalidades del sistema educativo de esta urbe. Al igual que permitirles consultar su valiosa biblioteca con abundante bibliografía y distintos documentos relacionado con la microhistoria de este lugar del llano venezolano o cualquier tema de cultura general; además de poder apreciar la valiosa colección de pinturas de temas y personajes históricos de la Villa de Todos los Santos de Calabozo. Cumpliendo de esta manera una labor altruista en beneficio de la colectividad.

De esta manera, este destacado escritor cumple con una función importante de preservar  la identidad de los calaboceños, al igual que fomentar el emprendimiento y mejorar el acervo cultural de la localidad, junto a su esposa Luz María Silva, como elementos fundamentales para crear un modelo de ciudadano consustanciado con su terruño en la búsqueda de una ciudad más  humana y que sus habitantes sean  proactivos en la solución de sus problemas, con el fin mantener la relevancia que ha tenido la ciudad y seguir siendo un emporio agropecuario , comercial e industrial de gran importancia nacional  con repercusión mundial.     

miércoles, 24 de febrero de 2021

NUEVO LIBRO DEL ESCRITOR EDGARDO MALASPINA

 Jeroh Juan Montilla


Ayer, martes 23 de febrero del 2021, por Whatsapp recibí un hermoso regalo, un nuevo libro de mi amigo el escritor, editor, cronista y médico guariqueño Edgardo Malaspina, titulado LA LITERATURA GUARIQUEÑA, dicho texto aglutina lo que fueron 10 años (1998-2008) de fructífera labor en la Asociación Civil Editorial Guárico, una década dedicada tesonera y sacrificadamente a publicar el hacer literario e historiográfico de nuestro gran estado Guárico. Realmente una labor histórica, nos llena este texto de mucho orgullo y nostalgia, sentimos que fueron momentos preciosos que tristemente hoy están tronchados, vivimos entre la amargura y la incertidumbre, sin saber si alguna vez podamos recuperar este tipo de iniciativas culturales, es triste decirlo pero el hacer editorial en nuestro país está casi desaparecido, peor en el estado Guárico que ya es una actividad desaparecida tanto en el campo oficial como en el privado. Dicen que la esperanza es lo último en perderse ¿Tenemos aún entre nosotros a esta dama? Tal vez esta iniciativa de Edgardo, dentro de lo que hoy llamado el universo de las redes sociales, sea un vislumbre de que todavía hay promesa e ilusión en nuestros corazones, que el futuro es una perspectiva de mejores tiempos, solo digamos como devotos cristianos amén, en la espera de lo milagroso.

 Aprovecho la oportunidad para colocarles aquí el link a dicho libro (https://drive.google.com/file/d/1fCe1spl_o1G-K-VszR9JtskgluvMKpEo/view?usp=sharing). También les informo que el mismo será el post  que inaugurará un nuevo grupo de Facebook que prontamente crearé: TEMAS Y PUBLICACIONES DE LA LITERATURA GUARIQUEÑA. Felicitaciones Edgardo, los escritores guariqueños te estamos infinitamente agradecidos.

viernes, 19 de febrero de 2021

JOSÉ LOVERA, UNA REFERENCIA EN LA HISTORIA DE LAS COMUNIDADES CALABOCEÑA

 José Aquino

Fotografía: Yobani Ramírez

Desde que hay testimonio escrito, los seres humanos se han interesado por indagar los hechos históricos, en los diferentes momentos o periodos y ámbitos donde ocurren los acontecimientos. Los historiadores son los llamados a cumplir esta importante función social en resaltar la memoria colectiva de los pueblos. En el tiempo han sobresalido grandes cronistas por sus conocimientos e importantes aportaciones a la disciplina historia. Encontramos precursores en orden de importancia a Heródoto, considerado el padre de la historia en la antigüedad en Grecia, por ser el primero en realizar investigaciones con el uso de técnicas para tratar los temas del pasado y posteriormente relatarlos; del mismo modo en China, Sima Qian, se destacó por la manera de presentar los hechos del pasado en la realización de biografías de diversos personajes y Tucídides también en tiempos de los griegos, concibió una historia racional, basada en hechos conocibles y entendibles por la razón, centrada en el hombre.

En la edad moderna encontramos destacados historiadores europeos como Francois –Marie Arouet mejor conocido como Voltaire, Mignet Francois, Gustavo Glotz entre otros destacados escritores que han reconstruido los hechos más trascendentales de la humanidad .En el continente americano y específicamente en las tierras ocupadas por los españoles en el siglo XVI, localizamos a cronistas que describen todos los acontecimientos del proceso de conquista y colonización en dicho territorio como: Bernal Díaz del Castillo, Garcilaso de la Vega, Pedro Cieza de León, José de Oviedo y Baños en la Capitanía general de Venezuela entre otros.

Precisamente en los inicios del periodo republicano en Venezuela, destacados historiadores  entre los cuales podemos citar a Juan Vicente González, Rafael María Baralt, Felipe Larrazabal, realizaron trabajos relativos al proceso de independencia. Comenzando el siglo XX encontramos gran cantidad de escritores de diferentes corrientes de pensamiento entre los cuales podemos señalar a Laureano Vallenilla Lanz y Francisco González Guinán. A mediados de ese siglo sobresalieron, por citar algunos de importancia, Eduardo Arcila Farías Federico Brito Figueroa, Miguel Acosta Saines, en la actualidad despuntan Mario Sanoja, Iraida Vargas, Germán Carrera Damas, Guillermo Morón entre otros que han contribuido con sus trabajos a la historia nacional. De igual manera a finales de ese mismo siglo XX en Venezuela, tomó gran interés difundir e investigar la historia regional y local. Arístides Medina Rubio y un grupo destacado de historiadores promocionaron esta modalidad de estudio del pasado, mediante coloquios, congresos y encuentros referentes al pasado de las localidades. A finales de la década de los 90 del siglo pasado aumentó el interés por investigar las historias locales, muchas entidades del país realizaron numerosos eventos relacionados con las microhistorias.

Por tal motivo, se incrementaron significativamente las investigaciones referente a la historia regional y local en el Estado Guárico en esos tiempos, específicamente en la ciudad de Calabozo, creció el interés por estudiar la microhistoria, en más de una década se impulsaron estos estudios mediante la realización de talleres, coloquios y encuentros de este tipo donde se presentaron trabajos de esta modalidad. El grupo de Historia Regional y Local Efraín Hurtado dirigido en sus comienzos por el doctor Rubén Páez Díaz es una de las organizaciones de la sociedad civil que impulsó y sigue difundiendo estos estudios en esta ciudad, año tras año realiza estos encuentros de historiadores y cronistas con la participación de relatores no solamente de la región guariqueña, sino también de otras entidades que le han dado de esta manera una dimensión nacional por la calidad y número de trabajos que se exponen en dicha reuniones académicas.

 Uno de esos historiadores locales perteneciente a esta agrupación académica antes citada y asistente permanente de los diversos eventos de este género en esta localidad es José Lovera, investigador entusiasta por estudiar la microhistoria de su ciudad natal y específicamente en los temas del desarrollo histórico de las comunidades populares de este lugar. La intensión de este escritor de indagar los temas regionales y locales, no nace de repente, a través de su rol de promotor social le ha dado el impulso necesario no solamente en la búsqueda del bienestar para los habitantes de las distintas comunidades sino también la motivación para realizar los estudios históricos en el micro tiempo y espacio de las colectividades como elementos fundamentales en generar un cambio de mentalidad de los habitantes hacia el bienestar colectivo, partiendo primeramente por estudiar los hechos del pasado que han transitado esos barrios, como componente fundamental para lograr a feliz término una convivencia desde la topofilia.

El otro aspecto que toma en cuenta en sus trabajos de investigación de historia regional y local José Lovera, es la manera de presentar las diferentes crónicas, estas no son una simple narración o descripción del objeto de estudio. En sus trabajos se hace referencia a la ubicación del lugar, sea el barrio, ciudad o territorio donde ocurren los hechos con todas las características de toda índole que tiene el espacio para la convivencia en sociedad; del mismo modo se determina el tiempo histórico de los hechos descritos y no sean vistos desde una mera cronología, sino de un período o un lapso en el que han ocurrido acontecimientos que ha generado un cambio. En cuanto a los personajes que presentan en sus trabajos, se observa un buen manejo de los tipos de fuentes, empezando por las primarias mediante la utilización de los documentos, correspondencias oficiales, memorias, censos y registros parroquiales, al igual tratamiento de bibliografías mediante la revisión de textos, periódicos y ensayos en distintos tiempos de historiadores que han tratado los diferentes tópicos.


En la investigación realizada por Lovera, referente al cacique Chiparara, es un ejemplo de su buen desempeño en el tratamiento de los distintos tipos de fuentes. No solamente por estar reseñados en la bibliografía consultada, sino también por la manera de hacer las referencias de los autores con lo cual trabaja,  para luego realizar un análisis en este caso del comportamiento insurgente del personaje nombrado. Evidenciando su crecimiento como investigador al asimilar los fundamentos teóricos –prácticos aprendidos y trabajados cuando cursara y aprobara tanto en la maestría de Historia de Venezuela en la Universidad Rómulo Gallegos por año 2015, el Diplomado de Cronistas Comunales en la ciudad de Calabozo patrocinado por el Centro Nacional de Historia y distintos talleres de historia local.

Del mismo modo, este apasionado de la microhistoria, ha realizado distintos trabajos sobre comunidades de la Villa de Calabozo, las cuales aparecen impresas en las memorias de los encuentros de Cronistas e Historiadores de la localidad auspiciados por el grupo de Historia Efraín Hurtado, artículos prensa regional y también expuestas en los distintos blogspot de internet especializados por los temas de Historia. Uno de esos trabajos de gran importancia, es Veritas, Memoria y Tiempo. Donde destaca el proceso histórico de esa colectividad desde su formación hasta a su consolidación como Barrio.

Este investigador se ha enfatiza en resaltar los logros de personajes importantes de la localidad calaboceña, mediante la realización de biografías, no como una exaltación laudatoria, sino como un reconocimiento a la trayectoria de hombres y mujeres que han trabajado desde distintos ámbitos por el bienestar colectivo local. Una de esas protagonistas es la artista plástica Diosa Landaeta, en la cual enfatizaba su habilidad e ingenio para realizar las composiciones pictóricas; del mismo modo realiza las semblanzas del apreciable agricultor vecino del Barrio Veritas, Reinaldo de Jesús Colmenares entre otros ilustres personajes populares. De igual manera ha publicado trabajos de este género a luchadores sociales que tomaron el camino de la insurrección armada para tratar de derrocar los gobiernos establecidos en los años 60 del siglo XX, como fueron los revolucionarios Ciro Aparicio y José Gabriel Sumoza.

También ha incursionado en la realización de ensayos para exaltar las manifestaciones de fe de los cristianos católicos, uno de esos trabajos es la de conocer el grado de devoción del médico, docente y filántropo José Gregorio Hernández en la localidad calaboceña, no solamente se interesa por cuantificar el grado de misticismo del grupo estudiado, sino también saber las cualidades o caracteres más predominantes de sus adoradores, mediante la realización de entrevistas a los informantes claves, con el fin tener una mejor comprensión del fenómeno estudiado. Del mismo modo este escritor, ha indagado el periodo colonial de su ciudad natal, específicamente en trabajo realizado conjuntamente con el licenciado Amalivac Viana González, en la que logran reconstruir la cadena de propietarios a través del tiempo, de la Casa de Alto, llamada también la Vianera, desde su construcción a finales del siglo XVIII, hasta su actual propietario, la Universidad Rómulo Gallegos. Demostrando gran dominio en el manejo de las fuentes documentales consultados en registros y notarias de ese lugar.

Este apreciado escritor cuenta con una cantidad ensayos que lo hacen merecedor de ser una referencia obligada, para el que quiera indagar todo lo relacionado con la microhistoria de la Villa de Todos los Santos de Calabozo y especialmente con el desarrollo histórico de las comunidades populares que se conformaron después de estar en funcionamiento el Sistema de Riego río Guárico. Siempre está en la disposición de orientar a las personas que soliciten sus servicios de manera desinteresada, en los que respecta a la historia regional y local calaboceña. Por tal motivo ha ganado el reconocimiento de la sociedad civil, por su excelente labor para que las comunidades difundan y conozcan su historia y preserven su identidad. 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

YESENIA GÁMEZ, ENTRE EL CANTO Y LAS ARTES PLÁSTICAS.

                                                      José Manuel Aquino

Entendemos por cultura al conjunto de actividades que realizan los seres humanos, con el fin de satisfacer sus necesidades tanto materiales como espirituales, adquiridas desde el ceno familiar y en todo el conglomerado social a través del tiempo. Integrados desde una realidad compleja, todo ese conjunto de saberes, costumbres, hábitos, artes, creencias y cualquier actividad realizada por el colectivo humano desde las comunidades, regiones y naciones en la búsqueda de un bienestar que los identifican desde la particularidad mediante acciones con el fin medir su alcance desde cualquier espacio.

Una de estas actividades realizadas por los seres humanos, con gran esmero son las artes en sus distintas denominaciones, en las cuales encontramos la pintura, la escultura, la literatura, la música, la danza, la arquitectura, el cine entre otras destrezas. Tienen como fin destacar la capacidad de desarrollar las habilidades, en función de la utilidad de la recreación para el conglomerado social, mediante  una visión sensible acerca del mundo, utilizado diversos recursos con los cuales se puedan expresar sus ideas, emociones o sensaciones.

Una de esas actividades  más cultivadas a través del tiempo es la música, mediante la combinación coherente de los sonidos, tomando en cuenta la melodía, la armonía y el ritmo. El cantante  cumple una importante función en la emisión controlada de los ecos en las diversas  composiciones. La forma de utilizar la voz por parte del cantante, en una de la garantía para el éxito de las canciones canción. Por tanto son ellos, los máximos exponentes de un determinado género musical.

 La música folklórica, es uno de los géneros más importantes que tienen las regiones porque pertenecen a su idiosincrasia como elemento de su cultura. En la República Bolivariana de  Venezuela encontramos distintas variedades melódicas como la gaita zuliana, los merengues y vals venezolanos, música andina, el Calipso guayanés y el joropo entre otros efectos sonoros. Siendo este último canto interpretado y escuchado en casi todo en el territorio venezolano y una cuarta parte del espacio colombiano.

Es precisamente la variedad del joropo llanero, una de las modalidades más difundidas en esas dos naciones. En el Estado Guárico resalta por su estilo, la cantante oriunda de la Villa de Todos los Santos de Calabozo, Yesenia Gámez. En sus interpretaciones no solamente acentúa la belleza del  paisaje llanero, sino también la el amor y la exaltación a las faenas de la vida del campo. Esta hija de Digna Gámez, instructora de joropo y el cantantautor de música criolla apureño Rafael Bastidas, quienes le dieron las primeras orientaciones  en este ambiente artístico a la edad de los 13 años, cuando subió a los escenarios a presentarse cantar en los actos culturales de los centros   Educación Primaria y Secundaria de la localidad antes señalada.

Luego complementaría sus conocimientos de este arte, cuando su progenitora se uniera conyugalmente con el destacado cantautor Don Dámaso Figueredo, oriundo de Guardatinajas, población y parroquia Municipio Francisco de Miranda, del Estado Guárico, con quien aprendió todas las técnicas de este medio artístico con el fin de que esta prodigio de la canta criolla, apodada “la Torcacita del Llano” brillara con su fina voz en distintos escenarios, no solamente en el ámbito regional sino también nacional e internacional, al compartir escenario en estos ambientes con importantes concertistas de la talla de Reynaldo Armas, Reina Lucero Eneas Perdomo, Simón Díaz, Cristina Maica entre otros trovadores. Fue tanto el aprecio para con esta interesante vocalista, que el afamado intérprete le dedicara la inolvidable y exitosa melodía “la hija Catira”; además de brindarle todo el apoyo para que esta calaboceña triunfara en esta actividad artística con sus primeras canciones como: “mi Calabozo” del autor Miguel Rengifo,” canoera del Arauca” composición de Asdrúbal Flores” y me lo dijeron tus ojos” de Manuel Bandres entre otras letras de su amplio repertorio musical.

La personalidad de creación artística no solamente es para el canto y el baile que durante gran parte de su vida le ha dedicado, sino también para las trabajar con habilidades pertenecientes a  las artes plásticas. Su talento está dirigido para el dominio del dibujo desde temprana edad; al igual que la pintura y la escultura, por tal motivo se dedicó a trabajar con los elementos de la composición: línea, el color, perspectiva, luz o valor, forma, textura con el fin de trasmitir ideas, sensaciones y sentimientos a los bocetos, dándole un toque particularidad y originalidad a sus obras. Las exposiciones tanto es la mayor evidencia de la calidad estética en sus cuadros de esta hija de Calabozo, por los cuales tiene el beneplácito tanto del público, como de los jurados  evaluadores. Su prestigio ha traspasando los límites de la localidad y la entidad llanera mediante los reconocimientos y premios por su excelentes trabajos.

Incursiona en la habilidad de moldear las formas, aumentando sus habilidades en las artes       plásticas, mediante la realización de esculturas, de distintos materiales como el yeso y el acrílico, en la que ha realizado bustos de personajes de relevancia en la comunidad, destacando igualmente en la creación de las imágenes de santoral cristiano católico como el de Santa Cecilia. Del mismo modo se ha dedicado también a la restauración, con el fin de mejorar la calidad de las estatuas, mediante la compensación o eliminación de distorsiones y deterioro de las figuras, demostrando su buena técnica para optimizar las formas de los cuerpos reparados.

Esta digna artista guariqueña devota del doctor José Gregorio Hernández y la Virgen Milagrosa, cumple una labor altruista con sus paisanos como buena cristiana, aportando sus conocimientos artísticos de manera desinteresada con el fin de ayudar a consolidar crecimiento de las habilidades artísticas de los aprendices al dibujo y la pintura en los cursos que imparte en la Casa de la Cultura “Francisco Lazo Martí” de la ciudad de Calabozo, mediante la utilización de recursos didácticos  eficientes y eficaces con el fin de aprovechar al máximo las capacidades de sus educandos en el mundo de las artes plásticas.

Esta destacada maestra de la pintura y escultura siempre ha tenido agradecimiento a las personas que han contribuido con su formación artística. Primero a su madre Digna Gámez quien le dio todo  su apoyo para ser una artista consagrada, al maestro de pintura Efrén Loreto, quien lo ayudó a transitar a ese mundo de las artes plásticas. Del mismo modo tiene admiración  por la licenciada Georgina Simoni de Sorci, en lo ingenioso en sus trabajos de pintura y trayectoria en pro la cultura calaboceña, a través de su excelente desempeño como presidenta de la Asociación de Artistas Plásticos del Estado Guárico. Igualmente reconoce destreza en la ejecución de las técnicas empleadas por el artista plástico Yovani Ramírez, para la realización de las obras pertenecientes al arte óptico con el propósito lograr profundidad y movimiento, al igual que sus inventivas en el estilo abstraccionismo geométrico para conseguir la expresividad y el simbolismo.

Toda la actividad artística de Yesenia Gámez, es merecedora de su reconocimiento con el fin de difundir su gran aporte a la cultura de la entidad guariqueña. En momentos que las tendencias  globalizadoras quieren opacar las manifestaciones populares para impulsar sus estereotipos estandarizados. Por tanto, es necesario difundir su obra y trayectoria de Yesenia Gámez con el fin de que la sociedad global conozca a los cultores como ella, realizan una labor desinteresada en defensa de las expresiones artísticas del llano venezolano. 

sábado, 4 de abril de 2020

CRÓNICA DE UNA PANDEMIA OLVIDADA


                                                                                            Eduardo J. Anzola
Toda historia es siempre historia contemporánea.
Benedetto Croce, Historiador y filósofo italiano (1866 – 1952).




LA ENTRADA DE LA INESPERADA  PESTE AL REMOTO BORO

Al llegar finalmente al caserío de Boro, empapada por la lluvia pertinaz, adolorida y fatigada, Sara se apeó de la mula después de un escarpado y sinuoso recorrido de dos días bajando desde las húmedas y boscosas zonas altas de los límites entre los estados Lara, Trujillo  y Portuguesa. Su compañero de viaje era su esposo, quien la dejó reposando casa de su madre para que fuese mejor atendida y se repusiera en esa aldea rural, distante a una hora a caballo de la ciudad de El Tocuyo, en el estado Lara. Sara era una buenamoza joven ágil y menuda de poco más de veinte años, de ojos vivaces que brillaban bajo el arco de sus pobladas cejas denotando su carácter optimista y temple impetuoso. Pero exhausta como estaba, lo que más la angustiaba era que ya no percibía ningún movimiento de la pequeña criatura que venía albergando en su vientre desde hacía casi seis meses.
En esos días de finales de noviembre, luego de una jornada de reposo absoluto, Sara se enteró de otras muy malas noticias. En esa pequeña localidad recién habían muerto una joven prima suya y uno que otro vecino, personas conocidas atacadas por una  virulenta gripe. Quizás alguien habría traído la epidemia hasta El Tocuyo, y desde allí se estaba propagando a los caseríos próximos. Los muy pocos que estaban mejor enterados ya sabían que desde octubre, en Caracas, La Guaira, Maracaibo o Puerto Cabello esa gripe ya estaba diezmando a familias enteras; allí los cadáveres se apilaban y tanto  enterradores como urnas eran insuficientes; a varios muertos de condición humilde los trasladaban a fosas comunes en sus propias sábanas o en hamacas, y las víctimas, fueran ricos o pobres, no tenían ninguna ceremonia funeraria  mientras la mayoría de la gente permanecía en sus casas muy aterrorizada. Los enfermos presentaban síntomas espeluznantes, padecían fiebre alta, dolor de cabeza y dificultades para respirar;  los pulmones se iban saturando con los fluidos corporales provocando accesos incontrolables de tos, vómitos de sangre y sangrado nasal. Esta serie de complicaciones  frecuentemente continuaba en menos de una semana con una respiración cada vez más fatigosa, la punta de los dedos, de las orejas, de la nariz y de los labios adquirían un tono azulado por la falta de oxígeno en la sangre o cianosis y con los últimos silbidos de los pulmones suplicando por el aire insuficiente, el enfermo moría. Para espanto de los familiares y dolientes, de inmediato toda la piel del cadáver se tornaba negra.  
Para colmo de males, desde esa misma noche, Sara se estremecía en su cama durante largas horas con fuertes escalofríos y fiebre alta.  Empapadas las sábanas con su copioso sudor, entre sus delirios, tenía breves momentos de conciencia  donde apenas oía los sollozos de su madre y rezos de los suyos,  temerosos y preocupados como estaban en esa casa por la amenaza que cernía sobre todos y específicamente sobre Sara, ese implacable verdugo invisible de aquella gripe.

EL LETAL AZOTE DE LA LLAMADA GRIPE ESPAÑOLA

Nadie imaginaba entonces que, al igual que muchas personas, ella estaba padeciendo la mortífera pandemia de la gripe española de 1918, un letal virus de influenza del cual se enfermó entre un cuarto y un tercio de la población en todo el mundo, provocando entre 1918 y 1920,  el fallecimiento de unos 50 millones de personas, en su mayoría con edades entre los veinte y los cuarenta  años  (algunos autores sugieren que por las deficiencias de los registros, la cifra real debió alcanzar los 100 millones de personas. Esto representó un dos y medio por ciento de la totalidad de habitantes del mundo para ese entonces. Ciertas investigaciones la elevan hasta el seis por ciento). Así, la llamada gripe española fue una letal pandemia que acabó con la vida de muchas más personas que la cruenta Primera Guerra Mundial, entonces llamada la Gran Guerra, que duró entre 1914 y 1918, en el pleno corazón de Europa, con un costo humano de unas 19 millones de víctimas, entre combatientes y civiles.
Existió una relación estrecha entre la expansión de la pandemia de 1918 y la Primera Guerra Mundial que estaba en la etapa final del conflicto. Pero a pesar de haber causado muchas más muertes que esa guerra, las noticias sobre el desarrollo de la pandemia  quedaron relegadas por las de la Gran Guerra y  con el tiempo terminaron ocupando mucho menos espacio en las crónicas posteriores referentes al impacto  de ambos eventos en la segunda década del siglo XX.  Esto se debió a la férrea censura impuesta por los militares de todos los bandos en tiempo de guerra, la cual no permitía que la prensa europea y estadounidense informara al público sobre el desarrollo de la epidemia y se ocultaban las altas cifras de mortalidad ocasionadas por ella. Además, en sus inicios la gripe parecía ser un catarro común, no una enfermedad letal que pudiera provocar un estado de alarma. En todo caso, la enfermedad aún era una enigmática novedad y en un principio las muertes solían confundirse con neumonía.
También el nombre de la pandemia, mal llamada gripe española,  se debió a que España se mantuvo neutral en la guerra y sus medios no sufrieron la estricta censura de las naciones beligerantes. En aquél país los medios difundían libremente las alarmantes noticias sobre los casos de la gripe que allí se estaban presentando, sin saber que probablemente provenían de los trabajadores españoles estacionales que venían de laborar en Francia.  El mismo rey  de España, Alfonso XIII, enfermó por la gripe así como algunos altos personeros del gobierno; muchos cines y teatros suspendieron sus actividades y los servicios de correos y telégrafos, al igual que otras instituciones y empresas, se paralizaron casi completamente. Una situación similar se reproducía en muchas otras capitales provinciales españolas. Todo esto generó mucha cobertura mediática y como España se reportaba sin censura el avance de la epidemia en sus regiones, se propagó falsamente la idea de que la gripe se había iniciado en España.     
Muchos autores coinciden en que el foco inicial de la pandemia fue en Estados Unidos, en el campamento militar Funston  de Fort Riley, estado de Kansas, donde se adiestraban los reclutas que luego salían a otros campamentos militares estadounidenses o a las trincheras de la Gran Guerra en Francia.  Albert Gitchell, cocinero del campamento,  se presentó en la mañana del 4 de marzo de 1918 en la enfermería con fiebre, dolor de cabeza y de garganta y ya al mediodía, acudieron a  la enfermería más de cien individuos con sintomatología muy parecida (Ver imagen n° 1).

IMAGEN N° 1
CAMPAMENTO MILITAR FUNSTON  DE FORT RILEY, KANSAS, EN 1918
 

A partir de entonces la epidemia se propagó con una velocidad inusitada para convertirse en pandemia y su desarrollo ocurrió en tres oleadas. La primera oleada de la gripe se propagó con virulencia desde Étaples, en Pas-de-Calais, Francia, donde estaba instalado un hospital de campaña que recluía muchos enfermos de gripe que se unían a los combatientes que habían sobrevivido luego de haber respirado el venenoso gas mostaza, arma usada por los alemanes en el frente occidental europeo. Ya en abril la gripe se había extendido por los estados del Medio Oeste estadounidense y había alcanzado las trincheras del frente occidental en Europa. Tan pronto como finales de mayo, la gripe se había propagado por el resto de Francia, Italia, España, Reino Unido y Alemania, Polonia, Ucrania y el sur de Rusia. La epidemia llegó al norte de África, desde donde avanzó hacia el este, vale decir, la India, China, Japón y Australia. Durante esos primeros meses el vehículo de propagación lo fue la movilización de tropas militares, causando estragos entre los soldados y también entre los civiles. En el mes de julio comenzaron a disminuir el número de casos. Pero entonces vino lo peor: la segunda oleada.
Ésta reapareció hacia los mediados de agosto y se propagó desde los puertos de tres ciudades muy lejanas entre ellas: Boston en los Estados Unidos, en el continente americano, Brest en Francia, en el continente europeo y Freetown en Sierra Leona, en el continente africano.  Los siguientes tres meses fue el período cuando la agresividad de la pandemia se hizo más letal y el índice de fallecidos por la gripe aumentó drásticamente. Paradójicamente tal suceso coincidió con el final de la Gran Guerra y aproximadamente un millón de soldados alemanes,  ya bastante malnutridos cayeron enfermos, lo cual impidió su participación en la última ofensiva; quizás ello contribuyó a acelerar la abdicación del Káiser Guillermo II y la firma del armisticio entre Alemania y los países aliados el 11 de noviembre de 1918, bajo las duras condiciones impuestas por éstos. La incidencia de la segunda oleada de la gripe decayó desde mediados de diciembre.
La tercera oleada de la gripe resurgió en los países por encima de la línea Ecuatorial en los primeros meses de 1919, y en mayo declinó significativamente; pero por debajo de la línea Ecuatorial, la segunda oleada había seguido  afectando  esos países hasta que acabó el año 1919. Las cifras devastadoras de mortalidad en ciudades de Europa y en Estados Unidos, muestra la evolución de la incidencia de la enfermedad entre 1918 y 1919. Se destaca el pico de mortalidad de más de 60 por millar de personas en Nueva York, en octubre de 1918. Allí, quizás la mayor fuente de contagio de la gripe fue la multitudinaria concentración conmemorando el 12 de octubre de 1492 (Ver imagen n° 2).

                      IMAGEN N° 2
                         MORTALIDAD SEMANAL EN CIUDADES DE EUROPA Y ESTADOS UNIDOS 1918-1919


ÍNDICE ANUAL
DE MUERTES
SEMANALES
POR CADA
MILLAR DE
PERSONAS

               

                                    JUNIO 1918          JULIO 1918         AGOSTO 1918       SPTBRE. 1918     OCTBRE. 1918    NOVBRE.1918      DICBRE. 1918    ENERO 1919     FBRO. 1919      MARZO 1919


 Líneas que representan ciudades:  Nueva York ___Londres _ _ _ París Berlín--...--...— 

                           Fuente: Influenza pandemic chart (Reeve Photograph Collection 003143), National Museum of Health and Medicine. Otis Historical Archives 

                                                              

La insuficiencia de información  de los registros estadísticos de la época en muchos lugares es lo que hace sospechar que la cifra total de fallecidos en el mundo por la pandemia de 1918-1919 ha sido subestimada. Los Estados Unidos, país que participó en la I Guerra Mundial pero no la sufrió en su propio suelo, como sí lo hicieron los europeos, y las instituciones estadounidenses que recopilaron datos y registraron las cifras lo pudieron hacer sin que el curso de la guerra interrumpiera o afectara la validez de tales datos, los cuales, una vez levantada la censura para reportarlos resultan dramáticamente elocuentes.
Por ejemplo, la expectativa de vida de los ciudadanos estadounidenses, que antes de 1918 superaba los cincuenta años de edad, se desplomó a menos de cuarenta años en 1918, el año en que se inició la pandemia, una vertiginosa caída en la esperanza de vida de poco más de diez años para esa fecha (Ver imagen n° 3).

IMAGEN N° 3
EVOLUCIÓN CRONOLÓGICA DE LA ESPERANZA DE VIDA DE LOS ESTADOUNIDENSES (1900-1960)
 AÑOS
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En cuanto a la morbilidad (incidencia de la pandemia en la población de cada grupo etario respecto del promedio de toda la población afectada) y la mortalidad (incidencia de fallecimientos por causa de la pandemia respecto de la población total), se observan estadísticas muy elocuentes  reportadas en Estados Unidos (Ver imagen n° 4).

IMAGEN N° 4
RANGO DE EDADES
Fuente:https://www.ncbi.nlm.nih.gov/core/lw/2.0/html/tileshop_pmc/tileshop_pmc_inline.html?title=Click%20on%20image%20to%20zoom&p=PMC3&id=2720273_nihms123030f3.jpg

Se observa, en la imagen n° 4 que los niños hasta un año afectados por la gripe española tenían altas probabilidades de morir; pero en la medida que la edad aumentaba, siendo la incidencia de la gripe más elevada en los adolescentes y jóvenes, la probabilidad de morir por esa causa disminuía drásticamente,  haciéndose mínimo en el grupo etario entre 5 y 14 años de edad. También  la población hasta los 35 años eran los más susceptibles de contraer la gripe entre el promedio de todos los que enfermaban, y después de esa edad, la cantidad de enfermos caía drásticamente por debajo del promedio de aquellos que enfermaban. Eso significa que las personas de mediana edad o más, eran mucho menos susceptibles de enfermarse, es decir, mientras mayor era la persona, menos chance tenía de enfermarse A partir de la edad de 20 años hasta los 40 años, la tasa de mortalidad ascendía considerablemente, siendo el grupo etario con mayor riesgo de morir, los enfermos entre 25 y 34 años; pero a partir de los de 44 años hasta los 64 años enfermaban menos y si lo hacían, tenían menos posibilidades de morir de la gripe. Sin embargo, los pocos mayores de 64 años que enfermaban, sí tenían mucho mayor riesgo de morir. Como ejemplos, hubo muchos personajes bien conocidos en esa época o posteriormente que se enfermaron durante el azote de la pandemia y sobrevivieron tales como el primer ministro británico David Lloyd George de 55 años, el caricaturista estadounidense Walt Disney de 17 años, el activista de la India Mahatma Gandhi de 49 años, la actriz alemana Greta Garbo de 13 años, el presidente estadounidense Thomas Woodrow Wilson de 62 años, el Káiser Guillermo II de Prusia y Alemania de 59 años o el artista expresionista noruego Edvard Munch de 55 años (Imagen n° 5). En conclusión, la gripe al igual que la guerra, se ensañó mortalmente contra la población más activa, pero sin distinguir entre los sexos.  
     
IMAGEN N° 5
AUTORRETRATO DE EDVARD MUNCH, REPONIÉNDOSE  DE LA PANDEMIA DE 1918

Fuente: https://www.wikiart.org/en/edvard-munch/self-portrait-after-spanish-influenza-1919


EL IMPACTO SOCIAL DE LA PANDEMIA Y LA IDENTIFICACIÓN DE SU ORIGEN

Las medidas que se tomaban para evitar la propagación de la pandemia en todas partes siempre resultaron insuficientes para contenerla (Ver imágenes n° 6 y n° 7). El constante desplazamiento de soldados por la guerra, las insalubres condiciones de las trincheras en los diferentes frentes de batalla (Ver imagen n° 8), el hambre crónica en muchas partes,  las pobres condiciones sanitarias urbanas, la ausencia de tratamientos médicos efectivos cuando aún no se habían desarrollado los antibióticos ni se conocía de la existencia de los virus y la incapacidad de los medidas sanitarias para contener la enfermedad, contribuyeron altamente en su conjunto a la elevada mortalidad de la pandemia, la cual a su vez  probablemente sirvió de elemento catalizador para acelerar  el fin de la guerra. Pero en un giro del destino, justo cuando los soldados británicos regresaban, la letal gripe llegó hasta sus hogares.

                                                         IMAGEN N° 6  

LEYENDA DE UN CARTEL EN 1918: SI ESCUPES, ESTORNUDAS O TOSES CON DESCUIDO, PROPAGAS LA GRIPE

IMAGEN N° 7

PAREJA CON MASCARILLAS EN EL CENTRO DE LONDRES           
                                                                                              
                                 Fuente: https://www.nationalgeographic.com.es/temas/medicina/fotos  SPL / AGE  Fotostock 43/98                                                                                       
IMAGEN N° 8
SOLDADOS  HACINADOS EN LAS TRINCHERAS  DEL FRENTE
Fuente: Bettmann Archives/Getty Images

En los muchos países afectados, el temor colectivo y el sentimiento de desconcierto hicieron presa de la gente con la misma rapidez con la cual se expandía la pandemia. Los establecimientos comerciales y las empresas se paralizaron,  se prohibieron reuniones de personas y la celebración de ritos religiosos y velorios, escaseaban los bienes de primera necesidad, la mayoría de los servicios públicos como transporte, telégrafos  y correos virtualmente dejaron de operar, haciendo más difícil la vida diaria; a la vez,  la mayoría de las personas estaban de duelo por algún familiar fallecido de quien seguramente no pudieron tener ningún ritual de despedida; pero los hospitales, con insuficiente personal médico o de enfermería,  faltos de medicamentos y equipos sanitarios, estaban rebasados por el cúmulo de enfermos. Por otra parte, los servicios funerarios colapsaban, en muchos sitios los muertos se apilaban en las calles, el hedor de la muerte era insoportable  y niños huérfanos sobrevivientes clamaban por atención, caminando sin rumbo fijo (Ver imagen n° 9).

IMAGEN N° 9
HUERFANITOS ESTADOUNIDENSES CUYOS PADRES MURIERON EN LA PANDEMIA DE 1918

Fuente: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6187799/ Fotografía en 1919 por Sue Brown French, esposa del Dr. Linus Hiram French  quien se hizo cargo de huérfanos en Dillingham, Arkansas.

Como frecuentemente ocurre en estos casos, la pandemia también exacerbó manifestaciones xenófobas, racistas o discriminatorias. En los estados del Oeste de Estados Unidos se responsabilizaba  a los  chinos de haber traído la gripe. En China se culpabilizaba a los misioneros cristianos que habían llegado de países occidentales. En España discriminaban a los portugueses, mientras en Portugal se acusaba a los españoles. Los británicos decían sarcásticamente que sus soldados enfermos habían estado en contacto con The Spanish Lady (la dama española). En Polonia responsabilizaban a los combatientes rusos liberados que caminaban hacia su tierra. En Nueva York se discriminaba a los inmigrantes italianos de los suburbios más pobres. En Suráfrica los afrikáners endurecían el Apartheid contra los negros señalados como causantes de la gripe. Y así sucesivamente, se repetían esas actitudes reactivas resultantes del miedo que alimentaban más el rechazo de minorías étnicas o grupos sociales en muchas partes.
El virus responsable se logró identificar en 1933 al desarrollarse el microscopio electrónico, pero no fue sino hasta  1997, cuando el científico Johan Hultin llegó a Brevig Mission, una aldea de Alaska, en los Estados Unidos, donde ochenta años atrás había muerto el 90 por ciento de sus habitantes por la pandemia de 1918.  Allí desenterró el cuerpo congelado de una mujer perfectamente preservado,  de quien extirpó una muestra de su pulmón y volvió a inhumarlo. Así se pudo hacer una secuencia del genoma del letal virus que se extinguió a los dos años de haber aparecido. Hoy se sabe que era una cepa A del tipo H1N1, como el que reside en las aves,  que mutó para contagiar  a los humanos, cuyo sistema inmunológico, sobre todo en los jóvenes de 1918, no tenía protección en su memoria genética. Los expertos coinciden en que esa fue la causa principal de la elevadísima mortalidad en el grupo etario entre los 20 y 40 años.

EL AZOTE DE LA PANDEMIA EN VENEZUELA

Para 1918, Venezuela entonces no vivía de la explotación petrolera,  contaba con una población de poco menos de dos y medio millones de habitantes, 75% rural y 25% urbano; la gran mayoría de pobladores padecía condiciones de extrema pobreza, insalubridad y analfabetismo; la población siempre estaba amenazada por una serie de enfermedades tropicales endémicas y brotes epidémicos frecuentes; los sistemas de atención de la salud eran precarios en las principales ciudades y virtualmente inexistentes en el sector rural; apenas se podría contar con un médico por cada cinco mil habitantes y la inversión pública en salud era prácticamente nula. No debe extrañar entonces que la esperanza de vida estuviera por debajo de los  42 años de edad.  En ese contexto fue cuando la pandemia azotó a Venezuela.
El primer registro reportado de la llamada gripe española lo fue el 16 de octubre en el puerto de La Guaira, con más más de cuarenta soldados venezolanos que llegaron enfermos.  El contagio también se esparció desde otras ciudades portuarias grandes y pequeñas, como Cumaná, Puerto Cabello, La Vela de Coro, Adícora, Cumarebo y Maracaibo; de allí viajó por tren hacia el interior del país, también lo hizo más lentamente a lomo de bestias y a pie. Desde finales de octubre hasta los finales de noviembre en Caracas murieron 1.665 personas de la gripe. A partir de la ya crítica  situación que significaba la atención de tantos enfermos en la capital, se instaló como mecanismo de coordinación sanitaria, una Junta de Socorro Central en Caracas que contaba con una representación en cada parroquia y cada estado de Venezuela para poder articular las medidas sanitarias que combatieran el avance de la pandemia. Los médicos Luis Razetti, Rafael Requena y Francisco Antonio Rísquez, coordinaban los hospitales dedicados a la atención de los contagiados en Caracas.
Las medidas impuestas por el gobierno del presidido por el férreo dictador Juan Vicente Gómez, asesorado por  la Junta de Socorro, eran: desinfectar diariamente todo medio de transporte, vale decir, trenes, tranvías, coches y automóviles; se suspendieron todos los eventos públicos en teatros, iglesias, procesiones, y realización de clases; había que reportar de manera obligatoria la aparición cada caso de la enfermedad; y estaba absolutamente prohibido tener algún tipo de contacto físico con personas contagiadas. Como remedios caseros se utilizaba aceite de tártago, acompañado  con jarabe de ipecacuana e infusiones de tilo con cebada diluida en agua. En la ciudad portuaria de La Guaira la situación era tan crítica que se tomaron medidas profilácticas  extremas: se programaron incendios en varias casas con los muertos por la enfermedad en su interior, a veces sin averiguar suficientemente si allí permanecían contagiados muy graves pero aún con vida.
No obstante, tales medidas no pudieron evitar que, según los cálculos del Dr. Razetti, la cifra de contagios fuese del 75 % sobre la población de Caracas, y entre octubre y noviembre, la elevada tasa de  mortalidad llegó a ser  del 1,9 % sobre el total de enfermos; entre los fallecidos estuvo Alí Gómez, un hijo del dictador Gómez. Éste último permaneció instalado en Maracay, y no tuvo apariciones públicas durante los primeros tres meses más críticos de la epidemia en Venezuela.
Por otra parte, a pesar del pobre sistema de comunicaciones terrestres y la limitada movilización de las personas, la pandemia se esparció vertiginosamente por casi todo el país entre los meses de octubre y diciembre de 1918 y así continuó todo el resto del año 1919. Sin embargo, en vista de la disminución de la cantidad de  fallecimientos en Caracas, el gobierno del dictador Juan Vicente Gómez, decidió decretar la extinción de la epidemia el 30 de diciembre de 1918; en consecuencia se suspendió la cuarentena y las restricciones para restringir el contagio, los alumnos volvieron a clases, se abrieron los templos, teatros y  todos los espacios de concentraciones públicas. Según el criterio oficial, los casos de gripe y sus defunciones posteriormente a esa fecha, ya no debían registrarse como víctimas de la pandemia. Evidentemente este decreto contribuyó a la expansión de la gripe en el resto del país.
Afortunadamente, los reportes confidenciales de la Junta de Socorro y otras fuentes de publicaciones académicas mantuvieron la información registrada lo más apropiadamente posible. Gracias a ello se supo que  la totalidad de defunciones por la gripe entre octubre de 1918 y diciembre de 1919 en toda Venezuela fue de 23.318 personas para una población total que se estimaba en 2.362.977 habitantes. Ello representaba aproximadamente el 1 % de ese censo poblacional. Sin embargo, es muy posible que el registro de casos para todo el país debió subestimarse en cifras importantes.
El Dr. Luis Razetti Martínez,  hijo de un inmigrante genovés y de una nieta de don Miguel José Sanz, un sabio y prócer civil de la independencia venezolana, ejercía como secretario perpetuo de la Academia Nacional de Medicina, y  fue un importante actor que jugó un papel protagónico durante ese contexto crítico de la gripe. Él mantuvo el criterio científico de que aquella había sido una fatal epidemia de influenza, polemizando con otros  bacteriólogos que estaban tras la inútil búsqueda de una presunta bacteria responsable. Razetti promovió que se publicaran artículos especializados, con estadísticas y debates sobre la epidemia en la Gaceta Médica de Caracas, órgano de la Academia Nacional de Medicina, y a partir de 1919 se inició la edición trimestral de los Anales de la Dirección de Sanidad Nacional, en donde se presentaban datos confiables sobre enfermedades en el país y su impacto en la población.  Fue un impulso estimulante para la organización científica de la sanidad pública venezolana (Ver imagen n° 10).

 IMAGEN N° 10
DR. LUIS RAZETTI (1862-1932)
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Sin embargo, pese haber sido una calamidad mayor,  no se estudió ni se reportó suficientemente. Seguramente la censura y el silencio oficial contribuyó a que se haya tenido un recuerdo difuso de esa tragedia en Venezuela; pero haber tratado de sepultarla en el olvido  nunca fue suficiente para borrar del todo la memoria colectiva. Así, en el sector sur del cementerio de Caracas (hoy Cementerio General del Sur) las autoridades de la época abrieron una gran fosa para sepultar las muchas víctimas de bajos recursos, muchas  veces sin identificarlas. Con el paso del tiempo, a esa sección del cementerio se la conocía como “La Peste Vieja”, por el uso que se le había dado durante el azote de la gripe. Setenta años después, una ampliación de la “La Peste Vieja” sirvió como fosa común para sepultar muchas de las víctimas del trágico estallido social  conocido como “Caracazo” y se le dio el nombre de “La Peste Nueva”. Un siglo después del azote de aquella “peste”, luego de un proceso  de demolición de instituciones, actualmente el sistema de salud venezolano se encuentra de nuevo muy vulnerable para  afrontar el embate de una nueva y feroz pandemia en el siglo XXI: el  coronavirus o Covid-19. Hoy cobra vigencia un llamado de Luis Razetti a sus discípulos: “Es necesario sanear a Venezuela. La ciencia sanitaria es el primero de los factores de progreso humano…”
Mientras la mortandad ya estaba asolando a Venezuela en 1918, en  el caserío de Boro, tras casi dos días continuos de intensa fiebre, pálida y debilitada, Sara emergió de su sopor al sentir un movimiento en su vientre, alegrándola de saber que su criatura seguía con vida. Al no haber sufrido una crisis respiratoria tan severa, su talante de positividad la ayudó a recuperarse y entendió que se había librado por poco de la suerte trágica de otros menos afortunados, por el hecho de estar dentro del umbral de  la edad a partir de la cual la gripe era con frecuencia mortal. La única secuela de la gripe fue una pérdida parcial permanente de la capacidad auditiva de un oído. Tres meses después de haberse restablecido, Sara Yépez de Anzola, que así se llamaba esa joven,  dio a luz al hijo que llevaba en sus entrañas: mi padre. Gracias al carácter optimista y temple de mi abuela, ella vivió setenta años más y personalmente fue quien me contó aquella crucial experiencia suya. Por eso puedo hoy compartir esta historia.  

REFERENCIAS CONSULTADAS

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