Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

viernes, 18 de noviembre de 2022

PERRAS Y ESCORPIONES

Jeroh Juan Montilla

(Dedicatoria en memoria de los míticos barberos de la vieja barbería Iberia de San Juan de los Morros: de izquierda a derecha, José Liborio Orellana (Buche), Emilio Villalobos y Anibal (los tres de la foto), extensiva al nieto de Buche, Carlos Orellana, mi barbero de hoy en día)

¿Una guerra secreta? Dos palabras, dos situaciones imposibles de conciliar en la realidad. Una guerra por sí misma no puede ser secreta, puede estar cruzada, inundada de secretismo, pero ella en su manifestación no tiene nada de oculto, es guerra por su mismo obsceno exhibicionismo. Definitivamente no hay guerras invisibles, ni mudas, ni sordas, no hay guerra que pueda sustraerse al fisgoneo de los sentidos y mucho menos existe una guerra que no sea entre los hombres ¿Qué quiso decir el señor Orio con éso?
Me explico: el señor Orio es uno de los barberos de enfrente. Son dos en realidad, pero Orio es quien me afeita. Usted es mi exclusivo cliente profesor, son sus palabras. El otro barbero es el señor Po. Él nunca me ha afeitado, dice que por nada en el universo va traicionar la exclusividad que tengo con el señor Orio. Ahora, no es exactamente enfrente donde se ubica la barbería, es diagonal al edificio donde está mi apartamento. Son dos pisos y una planta baja, mi apartamento ocupa por completo el último piso, tiene balcón hacia la calle y hacia atrás. Realmente barbería y edificio están esquina contra esquina. Confieso que a la barbería no solo asistía por un servicio de corte de cabello, me gustaba también, por lo menos dos veces a la semana, ir a conversar con estos barberos, oírles hablar de las historias más disparatadas de sus correrías de inmigrantes, eran historias como en clave, salpicadas de raros nombres de pueblos de los cuales yo jamás había oído. Parecían suceder en territorios que estaban fuera de este mundo, con una geografía increíble y en un tiempo impreciso, nunca daban fechas y todos los términos y nombres no aparecían en ninguna enciclopedia o diccionario por mi conocido. Pero hasta cierto punto, no sé por qué, estas historias estaban cubiertas de cierto inexplicable manto de credibilidad. Ellos sabían darle verosimilitud y chispa a sus curiosos relatos.
Decía al principio algo sobre la guerra. Todo sucedió entre una tarde y una madrugada. Esa tarde me tocaba mi afeitada mensual, y mientras esperaba mi turno, ya que había un cliente delante en la silla del señor Orio, leía un voluminoso libro de mi biblioteca personal. Soy profesor de historia universal en postgrado, y esa vez estaba preparando una clase magistral sobre las guerras de la realeza anglosajona. Llevé a la barbería ese libro sobre la Guerra de las Dos Rosas, me hastiaba la espera, y ya el montón de viejas y amarillentas revistas de la barbería habían perdido mi interés.
El señor Orio me dedicó esa vez miradas interrogativas, mientras chasqueaba acompasadamente su tijera. Pasaba una y otra vez su mirada de la cabeza de su cliente al libro abierto sobre mis piernas. Yo espiaba con gusto sus movimientos por el rabillo del ojo, su curiosidad me parecía algo cómica. De repente, no aguantando la curiosidad, me preguntó: -¿Qué lee usted profesor?
Levantado los ojos del libro, le respondí: -Leo sobre la guerra entre la Casa Lancaster y la Casa York, La Guerra de las Dos Rosas.
El señor Orio rio quedamente. -Ah, sí. La de la rosa roja contra la rosa blanca y viceversa. El mismo cuentico de siempre, la rivalidad familiar, sangre contra sangre, toda guerra en este planeta es de los hombres contra los hombres, una misma especie contra sí misma, algo insólito fuera de la Tierra. En esta que usted investiga no ocurre nada distinto, ambas casas son hijas de la casa Plantagenet, la casa de la retama. Mi madre tenía una enorme retama en el patio. Lo único que combatía con ella eran los cálculos renales de mi padre.
Confieso que me asombró que el señor Orio conociese esa historia. Ante su última frase solo me quedó fue sonreír. De inmediato añadí: -Una guerra fratricida de casi 72 años-.
No dijo nada, solo colocó su tijera sobre la mesa de utensilios y lentamente comenzó a inspeccionar la cabeza del cliente mientras giraba la silla. Al final dijo: -Listo- El cliente se levantó, le pagó y se despidió, entonces el señor Orio me hizo una señal con la barbilla, me levanté, dejé el libro sobre un mueble y me senté en su silla de barbero. Del otro lado de la estancia estaba el señor Po, un barbero gordo e italiano, muy silenciosamente se dedicaba a limpiar su instrumental de trabajo. El señor Po parece como de setenta años, su aspecto, a pesar de lo robusto, es casi inmaterial. El señor Orio en cambio es de nacionalidad siriaca, cabello encanecido, pero aspecto más vigoroso, según el mismo ha dicho en una ocasión tiene sesenta años, de esos, cuarenta en el país.
Al sentarme, el señor Orio colocó sobre mí su capa de barbero, un trozo de tela negra que cubrió mi cuerpo hasta la cintura, por delante y atrás. De inmediato la perra, llamada Anunciante gruñó hacia la calle, unos segundos después las otras dos perras hicieron lo mismo, todos le dedicamos una mirada a cada una. Olvidaba decirlo, estos dos barberos traían diariamente consigo a la barbería a tres inmensas perras. Una dálmata de manchas negro azuladas llamada Anunciante, una robusta buldog, de pelambre amarillenta llamada Pesante y una pastor alemán llamada Virgin. Esos extraños nombres aun no entiendo a que respondían, nunca lo pregunté. La barbería tiene dos entradas, una hacia la calle tres y la otra hacia la carrera cuatro. Anunciante siempre se echaba en la que da hacia la calle tres, mientras que Pesante lo hace en la otra, Virgin siempre estaba en un rincón, agazapada en su propio silencio. Allí pasaban toda la jornada, por lo menos en la que a mí me tocaba participar mensualmente. Las tres semejaban guardianes míticos que en sus perennes posiciones dibujaban un triángulo donde Orio y Po parecían resguardarse. Al rato, después de otear y husmear hacia un punto impreciso de la calle, Anunciante bajó las orejas, lo inquietante al parecer se había alejado, se echó de regreso a su silenciosa mansedumbre. Otro tanto hizo Pesante en la otra puerta y Virgin al fondo de la barbería.
-Anunciante, hace honor a su nombre- dijo misteriosamente el señor Po.
-Andan por allí, las tres perciben cada vez más cerca el olor de esas alimañas. La constelación parece estar entrando a su tiempo de desafío. Es triste pero ya era tiempo-Riposta Orio. Tras esto se desató un silencio tenso.
La tijera del señor Orio reanudó su chasquear sobre mi cabeza y el crujido del cabello comenzó a inundar mis oídos. La atmósfera entonces como por arte de magia perdió la tensión. Orio y Po volvieron a ser los mismos. El señor Orio, reanudando el tema de la guerra de las dos rosas, con un dejo de arrogancia dijo: -Setenta y dos años es nada profesor. Hubo y hasta hay guerras más largas, de milenios, hasta de millones de años. ¿Verdad Po?
-Umjú.- Respondió éste, agregando: -Esas guerras que cuentan esos libros suyo profesor son solo un remedo ruidoso, una simple escaramuza. Le repito, un remedo, un remedo de otro enfrentamiento que las modela, las trasciende, la guerra verdadera, la que nosotros conocemos. La guerra de las dos rosas fue reflejo, profesor. Todo y todos comenzamos y terminamos en un reflejo.
Orio remató diciendo: -La verdadera guerra, la única, es la gran guerra secreta, y esa no es de hombre contra hombre, es de una especie contra otra distinta, y esa no sale en ningún libro de historia de este mundo. Ella es de un tiempo donde no existía el tiempo. Fue y aun es entre los venenosos zubenitas y los canis, los grandiosos cazadores.
¿Canis y zubenitas? Nunca había escuchado o leído sobre esos nombres. La curiosidad me llevó a preguntar: -¿Esas son etnias sirias o de Italia?-El señor, dejando de afeitarme comenzó a reírse, otro tanto hizo el señor Po.
-Le dije que es una guerra secreta, el mundo no tiene conocimiento de ella, aunque hay que admitir que de vez en cuando padece sus efectos, los cuales hombres comunes y científicos explican erróneamente cómo catástrofes naturales.
Los barberos volvieron a cruzar de modo cómplice y risueño sus miradas. No los comprendía y no me quedó sino sonreír con ellos, atascado en mi ignorancia, consolándome para mis adentros con la idea de que este par de viejos nuevamente estaban tomándome el pelo con sus extrañas historias.
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Esa noche avancé bastante en la lectura del libro. Leí y releí sobre la enfermedad mental del rey Enrique VI de Lancaster. Locura y ambición, dos ingredientes que nunca faltan. Definitivamente esta era una guerra, en verdad nada extraordinaria, una guerra más, el acto histórico más rutinario de los hombres. Sin embargo, tanta veces leyendo en estos libros el mismo proceso de matanzas, bajo las mismas excusas me llevó esa noche a una sospecha: Tal vez Orio y Po tengan razón sobre la conspiración que nos trasciende. Cerré mi libro y, después de realizar unos apuntes, me fui a la cama, pero antes me tomé tres vasos de vino moscatel, y algo mareado caí entre las sábanas, eso me rendiría como un lirón pensé, pero tuve un dormir agitado. Soñé que estaba en medio de un jardín de apelmazadas plantas de rosas blancas y rojas, yo corría huyendo de unos ladridos y gruñidos invisibles, y en mi carrera sentía como las espinas me rasgaban, parecían las cuchillas de unos feroces soldados que me atacaban sin piedad. Por un momento, ya sin aliento me detuve, y entonces percibí que los ladridos y gruñidos surgían de todos lados, y cada rosa fue transformándose en unas fauces locamente atestadas de colmillos puntiagudos y pétalos como pinzas.
Me desperté sudoroso. Vi instintivamente el reloj, las tres de la madrugada. Por un inexplicable impulso me levanté, crucé la sala y salí al balcón y por una loca analogía me acordé de la suerte de Enrique VI de Lancaster en la Torre de Londres, asesinado en medio de uno de sus ataques mentales. Sacudí esa imagen respirando el aire fresco de la madrugada, miré con alivio hacia el cielo, la constelación de Orión brillaba con fuerza, parecía huir por el firmamento, sin embargo la de Escorpio atenazaba con rabia uno de sus talones más luminosos. Me maravilló ver como la fanfarronería del cazador podía ser derrotada por un minúsculo aguijón. Luego bajé lentamente mis ojos hacia la esquina de la barbería y casi me caigo por la baranda del susto. Ante las dos puertas de la barbería había dos enormes cosas de un azul luminiscente, cada una semejante a una especie de aparato mecánico de complicada tecnología, con un par de brazos mecánicos terminados en tenazas. Estas cosas llevaban en la parte trasera otro brazo rematado en una especie de punzón al rojo vivo. Se apoyaban en cuatro patas a cada lado. La visión comenzó a marearme. Las tenazas hurgaban en las puertas. Pero de repente se aquietaron. Entonces percibí una quietud y un silencio absoluto en la noche. Aquellas cosas no emitían ningún ruido. Era como si el espacio de la ciudad había sido sacado del cauce ruidoso del tiempo. Comencé a sudar nuevamente. Aquellas cosas azules intensificaron su luminiscencia, sentí que sabían que las observaba, se dieron vuelta y sus tenazas me señalaron. ¿Sería que pronto vendrían por mí? Sería una víctima ajena a esta guerra que no me corresponde, la secreta, la verdadera. Todo comenzó a oscurecerse, me sentí en un negro túnel, al fondo veía dos puntos azules de luz apagándose con lentitud, ¿Acaso esto mismo no fue lo último en ver Enrique VI de Lancaster mientras cortaban su garganta? Entonces todo se volvió negro.
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¿Una guerra secreta? Dos palabras imposibles de conciliar en la realidad. Una guerra por sí misma no puede ser secreta. Eso dije al comenzar este relato. La verdad es que la luz del sol dándome en rostro fue lo que me despertó al día siguiente. Estaba asquerosamente untado de mi propio vómito. Ese día los barberos no abrieron, ni al siguiente ni los posteriores, ya han pasado tres meses. ¿Qué habrá pasado con ellos? Todo esto es tan misterioso. He realizado averiguaciones y la casa donde estaba la barbería no tiene dueño. Nadie sabe dónde vivían los señores Orio y Po junto con sus perras. ¿Sería una alucinación lo que vi esa noche frente a sus puertas? ¿Serían los efectos del moscatel? ¿Y mi sueño con aquellas rosas mordientes, llenas de tenazas y pinzas? ¿Y eso de la guerra secreta entre los canis y los zubenitas? ¿Perros y escorpiones? ¿Cómo puede una guerra ser algo secreto? Un secreto entre bandos, para serlo, necesita por lo mínimo complicidad. Como profesor de historia desde hace tiempo sé que los seres humanos no somos dueños del curso de nuestro destino, si es que puede llamarse así esas sucesivas reiteraciones que llamamos historia. No somos responsables de nuestras acciones en el pasado ni en el presente, y el futuro solo es la expectativa de la misma redundancia. Esto puede sonar cómodo o mejor dicho cínico. Pero mi sospecha de una conspiración de orígenes desconocidos se ha fortalecido con mi visión de aquella madrugada y el gruñir de las perras aquella tarde. Algo se está librando bajo el pesado manto de la ignorancia humana ¿Quiénes en realidad eran Orio y Po? ¿Qué querían confesarme entre líneas, siempre bajo el matiz absurdo y jocoso de sus historias? ¿Eran esos enormes escorpiones azules lo que inquietaba a sus perras…? ¿Eran?

(Este relato fue publicado originalmente en la página de Internet de la Revista Letralia el viernes 27 de mayo de 2022)

sábado, 4 de junio de 2022

EL OTRO LADO*

Francisco Rodríguez Sotomayor
“Remembering speechlessly we seek the great forgotten language, the lost lane-end into heaven, a stone, a leaf, an unfound door. Where? When?”
Thomas Wolfe (Look Homeward, Angel)


Fue un miércoles de enero. Mi tío Guillermo manejaba la ranchera camino al hospital. La abuela adelante, Fernanda y yo atrás, y el auto olía a guardado, sonaba incoherente, la calle puesta ahí asoleándose en la claridad de un mediodía traspuesto.

Metiendo yo un pie en la ducha los gritos de mi abuela resonaron en toda la casa. Se murió, se murió, exclamaba al teléfono. Yo estaba desnudo; agarré la toalla y saqué la cabeza por la puerta. Se murió, decía. Quién se murió. Tu tía Edna, me dijo entre lágrimas. Cerré la puerta del baño y ahora sí me supe desnudo, inerme. En eso me tocan la puerta y me apuran: báñate rápido para irnos. Murió la tía Edna, me dije, y pensé en el liceo lejano y ridículo.

Luego nos montamos en el carro. Fernanda viendo por la ventana, ambos vestidos con el uniforme. La prueba de biología, organismos unicelulares y pluricelulares, perdida. Y Fernanda nada que hablaba. Nadie hablaba en realidad, al menos no unos con otros. Sentía que el tío Guillermo me veía por el retrovisor, cada vez que ponía los ojos allí tenía la impresión de que iba a decirme algo, pero no, seguía conduciendo. La única voz era la de mi abuela Genara: avisando a tal o cual de que Edna había muerto con un mismo monólogo fatal de que se complicó con el apéndice y no hubo manera pues de la noche a la mañana se fue, tú sabes cómo es, sí, ya vamos para allá, aquí andan los muchachos. Sin muchas variaciones transcurrían los diálogos telefónicos; del otro lado de la línea suponía monosílabos, huecos de silencio. Desde entonces asocié su tono de llamada con la muerte.

Ellos eran una trinchera, un fortín, dos muros infranqueables. Porque uno estaba acechado en el ajetreo.

En el estacionamiento del hospital distinguí autos familiares. Mi tío Guillermo aparcó y nos bajamos. Un ir y venir de abrazos, de llantos reventando. Fernanda y yo nos sentamos en la acera frente a la ranchera. Ella cargaba el uniforme beige y la mirada que evitaba la mía. Llama a mamá y papá, le dije. Ya lo hice, ya vienen. Y siguió naufragando su atención por el hospital; los veía a ella y al tumulto más allá de la familia.

Al rato llegaron mamá y papá. Parecían tranquilos. Fernanda y yo no nos separamos de ellos hasta que todo pasó. Ellos eran una trinchera, un fortín, dos muros infranqueables. Porque uno estaba acechado en el ajetreo. Las enfermeras, los médicos, las camillas, el hedor a hospital; la idea de que alguien faltaba en el montón y el inagotable tono de llamada de la abuela Genara. Era un acorralamiento de no saber a qué mirar.

Papá mantenía su silencio. Los brazos los posaba en los hombros de Fernanda y míos. Todavía era más alto que yo. Le pregunté que qué hacíamos. Hay que esperar, me respondió.

—¿Esperar qué? —pregunté.

—Que saquen el cuerpo.

No quería salir de las simples frases y no lo obligué. Traté de imaginar el rostro dormido de la tía Edna; la única similitud que pude hallar, porque una cara muerta jamás la había visto. Figuré su cuerpo tendido, inmóvil, esperando salir. Aunque la verdadera espera latía de este lado, en la inquietud de la abuela Genara, en el no sé qué de papeles que digan si Fulana ya dejó atrás el mundo y nadie la vio más, que ayer era una seguridad sólida y hoy es una imagen dormida atrapada tras una pared.

En eso el tío Guillermo se acercó. No deben tardar en sacarla, la vamos a velar en La Milagrosa, dijo. Papá le contestó que, ah, bueno, nosotros vamos y venimos entonces. Sentí un ligero empuje de papá hacia el bululú de la familia. Algo en mí se resistía a ir, pero terminé aceptando. Nos acercamos a la abuela Genara, cuya faz hallé enlodada, difusa, innombrable. Y la abracé sin decir. Un lenguaje inefable entre los dos, un magnetismo, el camino de regreso a su casa, el olor de la ranchera, la ducha corriendo y perdiéndose en el laberinto, los veinte dedos sosteniendo otra espalda. Con eso dije bastante.

—Nosotros vamos y venimos —le dijo papá.

La abuela asintió.

—Vayan ustedes y me traen agua, yo me quedo —dijo mamá. Fernanda se mantuvo lejos, viendo todo a través de un cristal ignoto.

Nuestra visita a la casa fue apresurada. Por segunda vez tuve que ducharme; me sentía sucio, y en el recorrido a la funeraria tuve la certeza de que esa suciedad no logré quitármela. Faltaban un par de horas para que se apagara el sol; una llama se enciende desde otro lado y la única certeza del fuego es que vive a merced de algo más allá que es su principio y su fin para siempre. Había mucha gente en el velorio, y la mayoría eran desconocidos para mí. Al entrar vi un cúmulo alrededor del ataúd, a Cristo en su cruz. No llegué más lejos, no di un paso más. Papá permanecía detrás de mí, le vi y me hizo señas de salir. Mejor estar afuera.

Nos sentamos en un banco. Fernanda estaría tal vez con mamá o quién sabe. Me asombró la cantidad de gente que había. De todas las edades. Cada uno de los que estábamos allí giraba en torno a un recuerdo, pero yo no lo conseguía. El sitio era un retorcer de estómago y una suciedad persistente. Era una falta de enfoque. Alzaba mi cabeza tratando de dar con algo. Me fijé en la puerta y no se cerraba nunca. Siempre alguien saliendo o entrando. Uno de esos fue mi tío Guillermo. Él también escudriñaba, luchaba por un poco de aire. Noté que nos vio a papá y a mí. Se acercaba, tanteaba. Llegó hasta nosotros pesado.

Es mejor que nos quedemos aquí, hijo, es mejor que te quedes con la última vez que la viste.

—No entiendo, hace poco estaba bien, de repente anoche palo abajo y nada la levantó, y listo, ahí está.

Nos dijo esto vacilante. Se notaba atento a la periferia, de su voz emanaba un jadeo de gato entre cuatro paredes.

—¿La vieron? —nos preguntó.

Quizá era eso lo que estaba perdido.

—Yo quiero verla —le dije.

—Es mejor que nos quedemos aquí, hijo, es mejor que te quedes con la última vez que la viste —me dijo papá.

Volteé a ver a mi tío Guillermo.

—Es verdad, es mejor —dijo apoyando a papá.

Entonces en la puerta seguía el movimiento, ese abrir y cerrar, el ir y venir de la gente. Busqué dando tumbos, hice fuerza, unas arrugas se me hicieron de recordar. Y esa última vez no salió por ningún lado.

*(Publicado originalmente en Letralia el jueves 2 de junio de 2022, https://letralia.com/letras/narrativaletralia/2022/06/02/el-otro-lado/?fbclid=IwAR3HlXZYq4dL72_6oUIj8GeI3u3-U1wBJ9yLMRPbSGcKpbRRXy5jL8PsySg)

lunes, 13 de septiembre de 2021

La dádiva del pájaro

  

I

Canta y canta la paraulata
Kyrie eleison, Kyrie eleison
el aroma de la lluvia llega primero
no trae mentiras ni verdades
sólo la hondura del amanecer
como una página en blanco
hay dispendio en la mirada de Dios
conozco el sí mismo de ese llamado
allí harinean la ternura y el frescor
canta y canta la paraulata
aún nos empapa la misericordia
Kyrie eleison, Kyrie eleison.

 

II

Un halcón neblí ha entrado
a la espesura del mango
la brisa de la mañana
refresca la mejilla de cada hoja
la palma del cielo algodonosa y cómplice
soy hombre
me asombra el derroche de belleza
alrededor de la matanza
ese ojo feroz órbita amarilla
pupila hambrienta que sabe
dónde buscar la inocencia
cada segundo de vida es el día del juicio
la compasión es una pregunta
que sólo Dios responde.

 

III

El ave en oración es también Su voluntad
Él cierra su puño en el derroche de luz
un dulce canto sobre la copa del mango
puede llamarse estío
lo que se ve es lo que se ve
siempre culpables de leerlo ante tanta candidez
esta humareda como lo indiscutible
la última carta
un diez de trébol que no paga la espera.

 

IV

Después de Dios lo más cercano es un pájaro
sin embargo también está muy alto
no necesita de mis palabras para saber de sí mismo
canta hasta que el sol se vuelve el párpado de la noche
(quien duerme entra a las vísceras de la luz
tiene la maestría de extender las sábanas)
el ave calla para atravesar el éxtasis
y mostrarnos el abecedario del silencio
(qué difícil es aprender
en la negra blancura de la nada)
la paraulata tiene un canto para citar la lluvia
y otro donde entrega desesperación
el halcón picotea sin misericordia
la tibieza de los tenues plumones
siempre entona para la muerte
en la parte común del silencio
todo pájaro es anafórico
le da igual desentonar o perder la rama más alta
repetir y repetir es lo que gusta
ante la pregunta del horizonte
la tierra es el nido que hay que llenar de trinos
ese cuenco que llaman vacío
(cada placer duele la calcadura de tenernos
es arrugar con gusto las sábanas
para entregar la dádiva del pájaro
y aletear en otros corazones)


Publicado en: LETRALIA https://letralia.com/letras/poesialetralia/2021/09/13/la-dadiva-del-pajaro/


jueves, 24 de junio de 2021

GUÁRICO EN LA BATALLA DE CARABOBO

 Jeroh Juan Montilla



José Antonio de Armas Chitty (1908-1995), se hizo guariqueño por fascinación y voluntad. Nacido en 1908 en Caracas, su familia toma ese pequeño árbol humano y siete años después lo planta en estas tibias sabanas del centro del país. Este breve escrito que hago es un sentido homenaje a tan insigne historiador venezolano. Aprovecho la oportunidad, es 24 de junio, día puerta, de mucha magia solar que se inicia desde la madrugada solsticial, la tremenda y mítica noche de San Juan. Nada es mera coincidencia, la libertad y el hacer de las puras fuerzas de Dios saben darse la mano para ofrecer frutos de bondad y plenitud. Todo está regido por el indetenible destino, nuestro hado colectivo tiene uno de sus inicios el 24 de junio de 1821, hace doscientos años el río de ser libre atraviesa cada alma de esta tierra.
Hoy quiero que ustedes y yo, mis queridos lectores y amigos, hojeemos este texto fundamental del escritor aludido. El ejemplar que ven en las fotografías es parte del catálogo de la biblioteca de FUPAGUA (Fundación para personas autistas del Guárico) donde colaboro como bibliotecario, un tesoro bien guardado a disposición del público e investigadores. Su título es: “La Batalla de Carabobo, antecedentes y efectos”, editado en Caracas en 1971 por Ernesto Armitano. Sus páginas son un precioso archivo de detalladas documentaciones, explicaciones y análisis del antes, el día mismo, y el después de tan terrible, heroico, pero a fin de cuentas emblemático acontecimiento, el choque de dos ejércitos que dejó en el campo cerca de 4.000 muertos, la misericordia de Dios para esos seres, tanto los fallecidos como los sobrevivientes, triunfadores y derrotados.

Mi curiosidad e identidad con el espacio donde nací, el estado Guárico, me llevó a hurgar el libro buscando las huellas de los guariqueños participantes en la batalla, cito las propias palabras de Armas Chitty:
“Es oportuno destacar un hecho: en Carabobo combaten numerosos llaneros. Tal vez la cifra más alta de hombre de una región, pero de hombres que han ascendido a pulso heroico, la da el Guárico. En Carabobo hace gala su destreza, el coronel Juan José Rondón, jefe del regimiento de lanceros. En Carabobo entregan la vida combatiendo dos hijos ilustres del llano del Guárico: el general Manuel Sedeño y el teniente coronel José Julián Mellado –de quien ya referimos cómo murió-, y un apureño, el teniente Pedro Camejo. Venían de gente humilde y escalaron tan altas posiciones por propio mérito. Cuando cae Sedeño –lo mismo que Plaza- el primero que les rinde homenaje es el Libertador, y en la comunicación que dirige al Presidente del Congreso, dice que ‘desesperado de no poder entrar en batalla con toda su división por los obstáculos del terreno, dio solo contra una masa de infantería y murió en medio de ella del modo más heroico que merecía terminar la noble carrera del Bravo de los Bravos de Colombia.’” (pág. 88)


En otras partes del libro se menciona a los guariqueños Juan Ángel Bravo y a Hermenegildo Mujica.
Este texto, en edición de lujo tapas duras, con 174 páginas, y sobrecubierta, contiene ilustraciones de Gil de Castro, pinturas de Arturo Michelena y Tito Salas, dibujos de Garneray, frescos de Pedro Castillo. Ipostel colabora en la edición, diagrama Mateo Manaure, y prologa Alfonso Marín. Los rostros que aparecen en las fotografías, por orden de aparición son: General Manuel Sedeño, Coronel Juan José Rondón, General Pedro Zaraza, y General José Antonio Páez.

jueves, 20 de mayo de 2021

AMALIVAC VIANA GONZÁLEZ Y SUS APORTES A LA HISTORIOGRAFÍA CALABOCEÑA.

José M Aquino 

Relator: Yovani Ramírez



La historia es una disciplina científica que estudia una manera sistemática los hechos sociales  a través del tiempo, el  historiador cumple una función social de gran importancia en la reconstrucción los procesos, referentes a las distintas actividades que realizan los seres humanos, utilizando los diferentes testimonios, con el fin de analizar e interpretar los acontecimientos. De esta manera la variedad de las fuentes tienen la finalidad de tener una mejor información de esos momentos relevantes. Por tanto en cada comunidad, localidad, región, nación  tienen unas particularidades que son objeto de ser estudiadas en cada uno de esos espacios, con el fin de entender y comprender la trascendencia de  los distintos acontecimientos históricos que han ocurrido a lo largo del tiempo.

Por tanto, la función del historiador es de gran importancia para preservar la memoria histórica de los pueblos. La Villa de Todos los Santos de Calabozo ha tenido destacadas personalidades que a través de las distintas épocas se han dedicado a reconstruir los procesos históricos, desde el mismo momento en que las comunidades aborígenes se establecieran en esta región  y  así sucesivamente con los demás  periodos históricos que ha transitado en esta importante localidad de los llanos venezolanos. En el tiempo encontramos connotados historiadores que se han dedicado a indagar con todo lo relacionado con el pasado de esta localidad, entre los cuales podemos señalar al doctor a Tomás Antonio Domínguez en último cuarto del siglo XIX, con sus ensayos sobre los próceres calaboceños del periodo independentista, José Rafael Viso miembro de número de la Academia Nacional de la Historia en 1952 y primer cronista de esta localidad; al igual que Lucas Castillo Lara por medio de esa gran obra “Villa de Todos los Santos de Calabozo, el derecho a vivir bajo el sol”, y el licenciado Adolfo Rodríguez a través de sus excelente obra “Calabozo Siglo XIX” publicada por la Universidad Rómulo Gallegos en el año 2004.

A raíz del gran impulso que han tenido los estudios de historia regional y local en Venezuela, a partir del último cuarto del siglo XX. La ciudad de Calabozo cuenta con  cronistas e historiadores que se dedican a averiguar los distintos aspectos del pasado de este espacio, ubicada en la región de los llanos venezolanos, dedicada a desarrollar una gran actividad agropecuaria y comercial desde su fundación. Uno de esos investigadores  afanosos por difundir la memoria histórica es Amalivac Viana González, a través de las distintas actividades que realiza con el fin de averiguar y promocionar los estudios históricos en esta importante urbe del Estado Guárico. Este hijo del apreciable médico Veterinario Amílcar Viana y la distinguida dama Brígida de González de Viana, desde muy joven se ha interesado  averiguar  todo lo relacionado  por la  histórica matria, a través de la consulta de las distintas fuentes en variados repositorios, tanto públicos como y privados. Una vez en concluido sus estudios de universitarios en la ciudad de Mérida, regresa a la Villa de todos los Santos de Calabozo, para combinar sus actividades profesionales en el campo de la administración de empresas con la investigación y promoción de los estudios históricos.

Este calaboceño realiza sus investigaciones tomando como referencia los fundamentos  teóricos de los procesos históricos locales, expuestos por el historiador mexicano Luis González, a través de La microhistoria como método de investigación enfocado en el análisis de los hechos cotidianos y de las distintas manifestaciones culturales que conforman las tradiciones de los pueblos. El objetivo es examinar los fenómenos de los lugares para comprender cómo se constituyen las sociedades en sus distintos momentos. Por tal motivo, se observan en los trabajos de Viana González una excelente análisis e interpretación de los hechos del pasado de las distintas comunidades estudiadas de esta acogedora ciudad guariqueña, con una buena recopilación de información histórica de fuentes confiables, mediante la visitas a los registros, archivos oficiales y privados, diarios, fotografías, y obras pictóricas para sus debidos estudios.

En sus trabajos de investigación se difunde claramente también la herencia cultural de los habitantes de Calabozo a través del tiempo, con el fin de conservarlas y trasmitirlas a las siguientes generaciones sus creencias, saberes, expresiones artísticas, normas y valores, prácticas sociales, tradiciones y costumbres, lugares o cualquier expresión del saber local. Por tal motivo es necesario examinar algunos de sus ensayos para apreciar la dimensión y aportes a la identidad calaboceña desde la fundamentación topofilólogica trabajada por  profesor Armando Rojas, basada en el afecto al lugar como generador de conocimiento.

El primer aspecto en resaltar, son sus trabajos de religiosidad popular, entendida como una manera de expresar la identidad de los pobladores creyentes de la fe cristiano católica, los sentimientos y cohesión hacia ese credo. Uno de esos ensayos publicados es el de “La Historia del Cristo traído de España por don Antonio Camacho a la Catedral de Calabozo en 1798”, donde se destaca todo lo relacionado a la devoción por esta reliquia por parte de este calaboceño en ese tiempo y los pormenores de este prominente calaboceño para adquirir la citada escultura, además del fervor de los fieles católicos a esta imagen a través de los tiempos. De igual manera este distinguido investigador, consustanciado con el misticismo, realizó una indagación bien sustentada de la construcción de la iglesia Nuestra Señora del Carmen por el ganadero José Ramón García, con un manejo de la fuente documental del archivo de la Arquidiócesis de Caracas y demás repositorios donde se guardan los testimonios escritos  de ese centro de adoración patrimonio artístico de la ciudad, con el fin de confirmar las gestiones del principal bienhechor antes citado en la realización de esta arquitectura local que se había puesto en duda de haber sido su constructor.

Este cronista ha realizado investigaciones con el propósito de dar a conocer la actuación de una gran cantidad de personajes que han hecho historia en esta cálida y acogedora  ciudad llanera, en las diversas actividades del acontecer local, regional, nacional e internacional en diferentes momentos, con el único fin de  que sean un paradigma para el comportamiento, emprendimiento de sus paisanos, al igual de ser un agente para el cambio como beneficio para la colectividad. Por tanto  las biografías realizadas por Viana González, no solo toma en cuenta la narración de de la historia de su existencia, sino también permite a través de sus ensayos, conocer cómo fue esa sociedad durante contexto histórico y cultural que le tocó vivir a ese distinguido ciudadano.

Entre esos biografiados encontramos el ensayo de referente a la trayectoria militar del calaboceño Mayor Salomé Hurtado de Mendoza, resaltando sus portes al proceso de la independencia de la hermana República de Cuba. Al igual que otros personajes que formaron parte del acontecer de la política a nivel local, regional y nacional, como fue el prócer de la Federación Pedro Bermúdez Causin, primer hijo nacido de esta ciudad enterrado en el Panteón Nacional. Del mismo modo este investigador también, les ha dado la importancia a los pedagogos que han tenido una excelente trayectoria en el proceso de enseñanza en esta la localidad guariqueña. Uno de esos sobresalientes  maestros tomados en cuenta en sus indagaciones, es la actividad magisterial desplegada  por Ramón Delgado Rojas, en cuanto al buen desempeño didáctico a distintas generaciones de estudiantes de esta villa  durante su trayectoria como docente.

 Al seguir describiendo biografías de distinguidos ciudadanos oriundos de esta ciudad llanera, realizados por este estudioso de la historia,  resaltando los  importantes aportes a la nación en los distintos ámbitos de la actividad cultural, como la del poeta Rafael Rodríguez Carreño. Igualmente de la trayectoria desplegada por la licenciada en periodismo e historiadora Ana Elisa Llovera. Del mismo modo este cronista, ha hecho valiosos aportes la historiografía con valiosos trabajos sobre los acontecimientos más importantes de esta urbe a lo largo de la historia, desde la ocupación de este espacio por la intervención de los españoles. Uno de esos ensayos es el referente a la fundación de los distintos barrios de esta localidad a partir de la fundación de la Represa Rio Guárico en 1957. Así como también, averiguaciones sobre el casco histórico colonial más grande de la nación que se encuentra en esta villa.

Además de publicar sus más de medio centenar de trabajos  en diarios regionales, folletos, blogspot de internet, las  distintas  redes sociales y expuestas en los diferentes encuentros  de historia regional y local en la que asiste como participante activo. Este historiador  como ciudadano comprometido con ayudar a sus paisanos al fomento de los estudios históricos. Orientando a cualquier persona interesada en conocer el pasado de la localidad o estudiantes de las distintas modalidades del sistema educativo de esta urbe. Al igual que permitirles consultar su valiosa biblioteca con abundante bibliografía y distintos documentos relacionado con la microhistoria de este lugar del llano venezolano o cualquier tema de cultura general; además de poder apreciar la valiosa colección de pinturas de temas y personajes históricos de la Villa de Todos los Santos de Calabozo. Cumpliendo de esta manera una labor altruista en beneficio de la colectividad.

De esta manera, este destacado escritor cumple con una función importante de preservar  la identidad de los calaboceños, al igual que fomentar el emprendimiento y mejorar el acervo cultural de la localidad, junto a su esposa Luz María Silva, como elementos fundamentales para crear un modelo de ciudadano consustanciado con su terruño en la búsqueda de una ciudad más  humana y que sus habitantes sean  proactivos en la solución de sus problemas, con el fin mantener la relevancia que ha tenido la ciudad y seguir siendo un emporio agropecuario , comercial e industrial de gran importancia nacional  con repercusión mundial.     

miércoles, 24 de febrero de 2021

NUEVO LIBRO DEL ESCRITOR EDGARDO MALASPINA

 Jeroh Juan Montilla


Ayer, martes 23 de febrero del 2021, por Whatsapp recibí un hermoso regalo, un nuevo libro de mi amigo el escritor, editor, cronista y médico guariqueño Edgardo Malaspina, titulado LA LITERATURA GUARIQUEÑA, dicho texto aglutina lo que fueron 10 años (1998-2008) de fructífera labor en la Asociación Civil Editorial Guárico, una década dedicada tesonera y sacrificadamente a publicar el hacer literario e historiográfico de nuestro gran estado Guárico. Realmente una labor histórica, nos llena este texto de mucho orgullo y nostalgia, sentimos que fueron momentos preciosos que tristemente hoy están tronchados, vivimos entre la amargura y la incertidumbre, sin saber si alguna vez podamos recuperar este tipo de iniciativas culturales, es triste decirlo pero el hacer editorial en nuestro país está casi desaparecido, peor en el estado Guárico que ya es una actividad desaparecida tanto en el campo oficial como en el privado. Dicen que la esperanza es lo último en perderse ¿Tenemos aún entre nosotros a esta dama? Tal vez esta iniciativa de Edgardo, dentro de lo que hoy llamado el universo de las redes sociales, sea un vislumbre de que todavía hay promesa e ilusión en nuestros corazones, que el futuro es una perspectiva de mejores tiempos, solo digamos como devotos cristianos amén, en la espera de lo milagroso.

 Aprovecho la oportunidad para colocarles aquí el link a dicho libro (https://drive.google.com/file/d/1fCe1spl_o1G-K-VszR9JtskgluvMKpEo/view?usp=sharing). También les informo que el mismo será el post  que inaugurará un nuevo grupo de Facebook que prontamente crearé: TEMAS Y PUBLICACIONES DE LA LITERATURA GUARIQUEÑA. Felicitaciones Edgardo, los escritores guariqueños te estamos infinitamente agradecidos.

viernes, 19 de febrero de 2021

JOSÉ LOVERA, UNA REFERENCIA EN LA HISTORIA DE LAS COMUNIDADES CALABOCEÑA

 José Aquino

Fotografía: Yobani Ramírez

Desde que hay testimonio escrito, los seres humanos se han interesado por indagar los hechos históricos, en los diferentes momentos o periodos y ámbitos donde ocurren los acontecimientos. Los historiadores son los llamados a cumplir esta importante función social en resaltar la memoria colectiva de los pueblos. En el tiempo han sobresalido grandes cronistas por sus conocimientos e importantes aportaciones a la disciplina historia. Encontramos precursores en orden de importancia a Heródoto, considerado el padre de la historia en la antigüedad en Grecia, por ser el primero en realizar investigaciones con el uso de técnicas para tratar los temas del pasado y posteriormente relatarlos; del mismo modo en China, Sima Qian, se destacó por la manera de presentar los hechos del pasado en la realización de biografías de diversos personajes y Tucídides también en tiempos de los griegos, concibió una historia racional, basada en hechos conocibles y entendibles por la razón, centrada en el hombre.

En la edad moderna encontramos destacados historiadores europeos como Francois –Marie Arouet mejor conocido como Voltaire, Mignet Francois, Gustavo Glotz entre otros destacados escritores que han reconstruido los hechos más trascendentales de la humanidad .En el continente americano y específicamente en las tierras ocupadas por los españoles en el siglo XVI, localizamos a cronistas que describen todos los acontecimientos del proceso de conquista y colonización en dicho territorio como: Bernal Díaz del Castillo, Garcilaso de la Vega, Pedro Cieza de León, José de Oviedo y Baños en la Capitanía general de Venezuela entre otros.

Precisamente en los inicios del periodo republicano en Venezuela, destacados historiadores  entre los cuales podemos citar a Juan Vicente González, Rafael María Baralt, Felipe Larrazabal, realizaron trabajos relativos al proceso de independencia. Comenzando el siglo XX encontramos gran cantidad de escritores de diferentes corrientes de pensamiento entre los cuales podemos señalar a Laureano Vallenilla Lanz y Francisco González Guinán. A mediados de ese siglo sobresalieron, por citar algunos de importancia, Eduardo Arcila Farías Federico Brito Figueroa, Miguel Acosta Saines, en la actualidad despuntan Mario Sanoja, Iraida Vargas, Germán Carrera Damas, Guillermo Morón entre otros que han contribuido con sus trabajos a la historia nacional. De igual manera a finales de ese mismo siglo XX en Venezuela, tomó gran interés difundir e investigar la historia regional y local. Arístides Medina Rubio y un grupo destacado de historiadores promocionaron esta modalidad de estudio del pasado, mediante coloquios, congresos y encuentros referentes al pasado de las localidades. A finales de la década de los 90 del siglo pasado aumentó el interés por investigar las historias locales, muchas entidades del país realizaron numerosos eventos relacionados con las microhistorias.

Por tal motivo, se incrementaron significativamente las investigaciones referente a la historia regional y local en el Estado Guárico en esos tiempos, específicamente en la ciudad de Calabozo, creció el interés por estudiar la microhistoria, en más de una década se impulsaron estos estudios mediante la realización de talleres, coloquios y encuentros de este tipo donde se presentaron trabajos de esta modalidad. El grupo de Historia Regional y Local Efraín Hurtado dirigido en sus comienzos por el doctor Rubén Páez Díaz es una de las organizaciones de la sociedad civil que impulsó y sigue difundiendo estos estudios en esta ciudad, año tras año realiza estos encuentros de historiadores y cronistas con la participación de relatores no solamente de la región guariqueña, sino también de otras entidades que le han dado de esta manera una dimensión nacional por la calidad y número de trabajos que se exponen en dicha reuniones académicas.

 Uno de esos historiadores locales perteneciente a esta agrupación académica antes citada y asistente permanente de los diversos eventos de este género en esta localidad es José Lovera, investigador entusiasta por estudiar la microhistoria de su ciudad natal y específicamente en los temas del desarrollo histórico de las comunidades populares de este lugar. La intensión de este escritor de indagar los temas regionales y locales, no nace de repente, a través de su rol de promotor social le ha dado el impulso necesario no solamente en la búsqueda del bienestar para los habitantes de las distintas comunidades sino también la motivación para realizar los estudios históricos en el micro tiempo y espacio de las colectividades como elementos fundamentales en generar un cambio de mentalidad de los habitantes hacia el bienestar colectivo, partiendo primeramente por estudiar los hechos del pasado que han transitado esos barrios, como componente fundamental para lograr a feliz término una convivencia desde la topofilia.

El otro aspecto que toma en cuenta en sus trabajos de investigación de historia regional y local José Lovera, es la manera de presentar las diferentes crónicas, estas no son una simple narración o descripción del objeto de estudio. En sus trabajos se hace referencia a la ubicación del lugar, sea el barrio, ciudad o territorio donde ocurren los hechos con todas las características de toda índole que tiene el espacio para la convivencia en sociedad; del mismo modo se determina el tiempo histórico de los hechos descritos y no sean vistos desde una mera cronología, sino de un período o un lapso en el que han ocurrido acontecimientos que ha generado un cambio. En cuanto a los personajes que presentan en sus trabajos, se observa un buen manejo de los tipos de fuentes, empezando por las primarias mediante la utilización de los documentos, correspondencias oficiales, memorias, censos y registros parroquiales, al igual tratamiento de bibliografías mediante la revisión de textos, periódicos y ensayos en distintos tiempos de historiadores que han tratado los diferentes tópicos.


En la investigación realizada por Lovera, referente al cacique Chiparara, es un ejemplo de su buen desempeño en el tratamiento de los distintos tipos de fuentes. No solamente por estar reseñados en la bibliografía consultada, sino también por la manera de hacer las referencias de los autores con lo cual trabaja,  para luego realizar un análisis en este caso del comportamiento insurgente del personaje nombrado. Evidenciando su crecimiento como investigador al asimilar los fundamentos teóricos –prácticos aprendidos y trabajados cuando cursara y aprobara tanto en la maestría de Historia de Venezuela en la Universidad Rómulo Gallegos por año 2015, el Diplomado de Cronistas Comunales en la ciudad de Calabozo patrocinado por el Centro Nacional de Historia y distintos talleres de historia local.

Del mismo modo, este apasionado de la microhistoria, ha realizado distintos trabajos sobre comunidades de la Villa de Calabozo, las cuales aparecen impresas en las memorias de los encuentros de Cronistas e Historiadores de la localidad auspiciados por el grupo de Historia Efraín Hurtado, artículos prensa regional y también expuestas en los distintos blogspot de internet especializados por los temas de Historia. Uno de esos trabajos de gran importancia, es Veritas, Memoria y Tiempo. Donde destaca el proceso histórico de esa colectividad desde su formación hasta a su consolidación como Barrio.

Este investigador se ha enfatiza en resaltar los logros de personajes importantes de la localidad calaboceña, mediante la realización de biografías, no como una exaltación laudatoria, sino como un reconocimiento a la trayectoria de hombres y mujeres que han trabajado desde distintos ámbitos por el bienestar colectivo local. Una de esas protagonistas es la artista plástica Diosa Landaeta, en la cual enfatizaba su habilidad e ingenio para realizar las composiciones pictóricas; del mismo modo realiza las semblanzas del apreciable agricultor vecino del Barrio Veritas, Reinaldo de Jesús Colmenares entre otros ilustres personajes populares. De igual manera ha publicado trabajos de este género a luchadores sociales que tomaron el camino de la insurrección armada para tratar de derrocar los gobiernos establecidos en los años 60 del siglo XX, como fueron los revolucionarios Ciro Aparicio y José Gabriel Sumoza.

También ha incursionado en la realización de ensayos para exaltar las manifestaciones de fe de los cristianos católicos, uno de esos trabajos es la de conocer el grado de devoción del médico, docente y filántropo José Gregorio Hernández en la localidad calaboceña, no solamente se interesa por cuantificar el grado de misticismo del grupo estudiado, sino también saber las cualidades o caracteres más predominantes de sus adoradores, mediante la realización de entrevistas a los informantes claves, con el fin tener una mejor comprensión del fenómeno estudiado. Del mismo modo este escritor, ha indagado el periodo colonial de su ciudad natal, específicamente en trabajo realizado conjuntamente con el licenciado Amalivac Viana González, en la que logran reconstruir la cadena de propietarios a través del tiempo, de la Casa de Alto, llamada también la Vianera, desde su construcción a finales del siglo XVIII, hasta su actual propietario, la Universidad Rómulo Gallegos. Demostrando gran dominio en el manejo de las fuentes documentales consultados en registros y notarias de ese lugar.

Este apreciado escritor cuenta con una cantidad ensayos que lo hacen merecedor de ser una referencia obligada, para el que quiera indagar todo lo relacionado con la microhistoria de la Villa de Todos los Santos de Calabozo y especialmente con el desarrollo histórico de las comunidades populares que se conformaron después de estar en funcionamiento el Sistema de Riego río Guárico. Siempre está en la disposición de orientar a las personas que soliciten sus servicios de manera desinteresada, en los que respecta a la historia regional y local calaboceña. Por tal motivo ha ganado el reconocimiento de la sociedad civil, por su excelente labor para que las comunidades difundan y conozcan su historia y preserven su identidad. 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

YESENIA GÁMEZ, ENTRE EL CANTO Y LAS ARTES PLÁSTICAS.

                                                      José Manuel Aquino

Entendemos por cultura al conjunto de actividades que realizan los seres humanos, con el fin de satisfacer sus necesidades tanto materiales como espirituales, adquiridas desde el ceno familiar y en todo el conglomerado social a través del tiempo. Integrados desde una realidad compleja, todo ese conjunto de saberes, costumbres, hábitos, artes, creencias y cualquier actividad realizada por el colectivo humano desde las comunidades, regiones y naciones en la búsqueda de un bienestar que los identifican desde la particularidad mediante acciones con el fin medir su alcance desde cualquier espacio.

Una de estas actividades realizadas por los seres humanos, con gran esmero son las artes en sus distintas denominaciones, en las cuales encontramos la pintura, la escultura, la literatura, la música, la danza, la arquitectura, el cine entre otras destrezas. Tienen como fin destacar la capacidad de desarrollar las habilidades, en función de la utilidad de la recreación para el conglomerado social, mediante  una visión sensible acerca del mundo, utilizado diversos recursos con los cuales se puedan expresar sus ideas, emociones o sensaciones.

Una de esas actividades  más cultivadas a través del tiempo es la música, mediante la combinación coherente de los sonidos, tomando en cuenta la melodía, la armonía y el ritmo. El cantante  cumple una importante función en la emisión controlada de los ecos en las diversas  composiciones. La forma de utilizar la voz por parte del cantante, en una de la garantía para el éxito de las canciones canción. Por tanto son ellos, los máximos exponentes de un determinado género musical.

 La música folklórica, es uno de los géneros más importantes que tienen las regiones porque pertenecen a su idiosincrasia como elemento de su cultura. En la República Bolivariana de  Venezuela encontramos distintas variedades melódicas como la gaita zuliana, los merengues y vals venezolanos, música andina, el Calipso guayanés y el joropo entre otros efectos sonoros. Siendo este último canto interpretado y escuchado en casi todo en el territorio venezolano y una cuarta parte del espacio colombiano.

Es precisamente la variedad del joropo llanero, una de las modalidades más difundidas en esas dos naciones. En el Estado Guárico resalta por su estilo, la cantante oriunda de la Villa de Todos los Santos de Calabozo, Yesenia Gámez. En sus interpretaciones no solamente acentúa la belleza del  paisaje llanero, sino también la el amor y la exaltación a las faenas de la vida del campo. Esta hija de Digna Gámez, instructora de joropo y el cantantautor de música criolla apureño Rafael Bastidas, quienes le dieron las primeras orientaciones  en este ambiente artístico a la edad de los 13 años, cuando subió a los escenarios a presentarse cantar en los actos culturales de los centros   Educación Primaria y Secundaria de la localidad antes señalada.

Luego complementaría sus conocimientos de este arte, cuando su progenitora se uniera conyugalmente con el destacado cantautor Don Dámaso Figueredo, oriundo de Guardatinajas, población y parroquia Municipio Francisco de Miranda, del Estado Guárico, con quien aprendió todas las técnicas de este medio artístico con el fin de que esta prodigio de la canta criolla, apodada “la Torcacita del Llano” brillara con su fina voz en distintos escenarios, no solamente en el ámbito regional sino también nacional e internacional, al compartir escenario en estos ambientes con importantes concertistas de la talla de Reynaldo Armas, Reina Lucero Eneas Perdomo, Simón Díaz, Cristina Maica entre otros trovadores. Fue tanto el aprecio para con esta interesante vocalista, que el afamado intérprete le dedicara la inolvidable y exitosa melodía “la hija Catira”; además de brindarle todo el apoyo para que esta calaboceña triunfara en esta actividad artística con sus primeras canciones como: “mi Calabozo” del autor Miguel Rengifo,” canoera del Arauca” composición de Asdrúbal Flores” y me lo dijeron tus ojos” de Manuel Bandres entre otras letras de su amplio repertorio musical.

La personalidad de creación artística no solamente es para el canto y el baile que durante gran parte de su vida le ha dedicado, sino también para las trabajar con habilidades pertenecientes a  las artes plásticas. Su talento está dirigido para el dominio del dibujo desde temprana edad; al igual que la pintura y la escultura, por tal motivo se dedicó a trabajar con los elementos de la composición: línea, el color, perspectiva, luz o valor, forma, textura con el fin de trasmitir ideas, sensaciones y sentimientos a los bocetos, dándole un toque particularidad y originalidad a sus obras. Las exposiciones tanto es la mayor evidencia de la calidad estética en sus cuadros de esta hija de Calabozo, por los cuales tiene el beneplácito tanto del público, como de los jurados  evaluadores. Su prestigio ha traspasando los límites de la localidad y la entidad llanera mediante los reconocimientos y premios por su excelentes trabajos.

Incursiona en la habilidad de moldear las formas, aumentando sus habilidades en las artes       plásticas, mediante la realización de esculturas, de distintos materiales como el yeso y el acrílico, en la que ha realizado bustos de personajes de relevancia en la comunidad, destacando igualmente en la creación de las imágenes de santoral cristiano católico como el de Santa Cecilia. Del mismo modo se ha dedicado también a la restauración, con el fin de mejorar la calidad de las estatuas, mediante la compensación o eliminación de distorsiones y deterioro de las figuras, demostrando su buena técnica para optimizar las formas de los cuerpos reparados.

Esta digna artista guariqueña devota del doctor José Gregorio Hernández y la Virgen Milagrosa, cumple una labor altruista con sus paisanos como buena cristiana, aportando sus conocimientos artísticos de manera desinteresada con el fin de ayudar a consolidar crecimiento de las habilidades artísticas de los aprendices al dibujo y la pintura en los cursos que imparte en la Casa de la Cultura “Francisco Lazo Martí” de la ciudad de Calabozo, mediante la utilización de recursos didácticos  eficientes y eficaces con el fin de aprovechar al máximo las capacidades de sus educandos en el mundo de las artes plásticas.

Esta destacada maestra de la pintura y escultura siempre ha tenido agradecimiento a las personas que han contribuido con su formación artística. Primero a su madre Digna Gámez quien le dio todo  su apoyo para ser una artista consagrada, al maestro de pintura Efrén Loreto, quien lo ayudó a transitar a ese mundo de las artes plásticas. Del mismo modo tiene admiración  por la licenciada Georgina Simoni de Sorci, en lo ingenioso en sus trabajos de pintura y trayectoria en pro la cultura calaboceña, a través de su excelente desempeño como presidenta de la Asociación de Artistas Plásticos del Estado Guárico. Igualmente reconoce destreza en la ejecución de las técnicas empleadas por el artista plástico Yovani Ramírez, para la realización de las obras pertenecientes al arte óptico con el propósito lograr profundidad y movimiento, al igual que sus inventivas en el estilo abstraccionismo geométrico para conseguir la expresividad y el simbolismo.

Toda la actividad artística de Yesenia Gámez, es merecedora de su reconocimiento con el fin de difundir su gran aporte a la cultura de la entidad guariqueña. En momentos que las tendencias  globalizadoras quieren opacar las manifestaciones populares para impulsar sus estereotipos estandarizados. Por tanto, es necesario difundir su obra y trayectoria de Yesenia Gámez con el fin de que la sociedad global conozca a los cultores como ella, realizan una labor desinteresada en defensa de las expresiones artísticas del llano venezolano.