Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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miércoles, 26 de enero de 2011

Golpe de suerte que catapultó a Arévalo Cedeño

TOMÁS FUNES FUE FUSILADO HACE 90 AÑOS EN AMAZONAS


Oldman Botello

El 27 de enero de 1921, después de cuarenta minutos de camino por la espesura de la pica de Tití, el general Emilio Arévalo Cedeño entraba a plomo a San Fernando de Atabapo, antigua capital del Territorio Federal Amazonas y asediaba el cuartel del coronel Tomás Funes, gobernador territorial, quien se hallaba con poca gente, habida cuenta de que todos estaban en la cosecha de sarrapia. Por allí no esperaba jamás el taimado Funes el ataque de ninguna fuerza enemiga.
Arévalo Cedeño (Valle de la Pascua 1882- 1965) había salido el 31 de diciembre de 1920 del campamento revolucionario de Cravo Norte, en la confluencia de los ríos Casanare y Cravo Norte, República de Colombia y 27 días después ya estaba en las cercanías de la guarida de los leones. El coronel Funes, barloventeño de San José de Río Chico, hijo natural del general Lorenzo Guevara, se desempeñaba como autoridad del Amazonas desde 1913 cuando se hizo del poder luego de atacar con una poblada al muy odiado gobernador, general Roberto Pulido, muerto en la acción junto con sus compinches. Se le odiaba en toda aquella región por las tropelías, especialmente por cobrar impuestos por todo, como lo atestiguó en su momento un pariente y paisano de Funes, don Manuel Rodríguez Batista, a quien conocimos en 1976, residiendo en San Juan de los Morros. El general Gómez dejó a Funes encargado del Territorio, nunca fue juramentado, no se le extendió nombramiento, pero allí quedó. Jamás visitó al Jefe en Maracay, pero le escribía telegramas y cartas dándole las novedades. Cumplía el deber a su manera. Arévalo Cedeño escribió en sus memorias tituladas El libro de mis luchas (los guasones le decían en Caracas El libro de mis lochas, porque lo vendía personalmente en instituciones oficiales y privadas), que Funes habría hecho asesinar a 20 personas desde 1913 y don Manuel Henríquez, Cronista que fue de Puerto Ayacucho nos comentaba que en toda Amazonas no había 400 blancos en ese tiempo.
Durante el ataque a su cuartel, el coronel Funes, tal cual lo hizo en la guerra desde 1892, se defendía con denuedo con un puñado de oficiales y soldados suyos que vendían cara la vida. Hasta que cansado, Arévalo Cedeño ordenó regar petróleo al inmueble y le iba a dar fuego cuando Funes aceptó parlamentar, pero fue una rendición a discreción donde no se aceptó nada en su favor. Un remedo de juicio fue realizado por instrucciones de Arévalo, quien colocó como defensor de Funes a su secretario, el coriano don Eliseo Henríquez (padre de don Manuel, ya citado) y por supuesto que la decisión final fue su fusilamiento, lo que se cumplió al pie de un árbol que todavía está en la plaza Bolívar de San Fernando de Atabapo.
Un guariqueño asimilado, don Tito Sierra Santamaría, tachirense de Rubio, quien a los 21 años se incorporó a las fuerzas de Arévalo y asistió a la toma de Atabapo, nos contó cómo fue el proceso. Cuando iban a vendar al gobernador de Amazonas, este se negó y exclamó en voz alta "¡Hombres de mi temple no se vendan. Quiero ver a mis asesinos!". Luego entregó a uno de los oficiales del pelotón de fusilamiento su anillo de brillantes y le dijo: "Use este anillo en nombre de Tomás Funes" (el anillo causó la muerte violenta de todos quienes lo usaron, tanto en Venezuela como en Colombia, según es fama). Exclamó para que lo oyeran toos "¡¡Malhaya sea Antonio Levanti que me vendió con Arévalo Cedeño!!" Finalmente tomó su sombrero, lo lanzó al público y se despidió: "Adiós, amigos míos". Inmediatamente el coronel Marcos Porras Becerra dio la orden de fuego y el 30 de enero de 1921, a las 9 de la mañana, se cumplió la sentencia del remedo de juicio. No es cierto lo que escribió Arévalo en su libro donde incluye muchas inexactitudes ex-profeso y que serán reveladas en mi biografía sobre el personaje, en vías de publicación; no es cierto que la gente gritó de contento cuando se desplomó sin vida el menudo personaje todo vestido de negro. Al contrario, los indios principalmente, con quien se portó tan bien, lloraron a su benefactor como unos niños y de eso hay testimonios.
El fusilamiento de Funes y sus siete invasiones fallidas en el intento de derrocar al muy sólido régimen del general Juan Vicente Gómez, lo catapultaron a la fama. Lo de Funes fue un vil asesinato porque ninguno de sus jueces tenía revestimiento de autoridad oficial para cometerlo. Lo decimos a contracorriente de lo que se ha venido diciendo desde 1936 para acá, pero es que tenemos muchos documentos a mano que nos ponen en conocimiento de la verdad histórica. Por ejemplo, asegura Arévalo en su libro que unos sádicos, de los hombres de Funes, habrían violado y asesinado a la esposa del gobernador Roberto Pulido en 1913 y es incierto. La novedad llegada al general Gómez, telegrafiada por el Dr. Rafael Cabrera Malo, fue que murió de beriberi en el interior de Amazonas y las prendas y otros valores que portaba fueron entregados bajo inventario a una hermana y una criada que fueron trasladadas a Ciudad Bolívar.
Dos derrotas clamorosas por otras tantas victorias tuvo Arévalo Cedeño en los años cuando estuvo combatiendo desde su primer alzamiento en Cazorla en 1914 hasta la última y definitiva debacle en las orillas del caño El Caribe, al suroeste de Elorza en 1931, donde casi se ahoga en la laguna del Término y donde nuevamente lo salvó de morir su paisano de El Socorro, coronel Alvarez Veitía, y a quien tan mal le pagó. Fue progresista Arévalo Cedeño en su pulcra administración como presidente del Guárico, de donde fue destituido por López Contreras, en desacuerdo por algunas medidas practicadas inconsultamente. Arévalo Cedeño era conservador, godo, reaccionario, ultramontano. Muy mal hablaron de él en su tiempo Rómulo Betancourt, Gustavo y Eduardo Machado, Salvador de la Plaza, Francisco Linares Alcántara y otros connotados dirigentes de la oposición al general Gómez. Del Guárico, además de Alvarez Veitía, lo acompañaron Marcial Azuaje (cuelloepana), don Tito Sierra Santamaría, que vivió y murió en San Juan de los Morros; Manuel Rodríguez Batista, que debió seguirlos a regañadientes hasta la batalla y sitio de Guasdualito en junio de 1921, y otros.
De los sucesos de Río Negro y el fusilamiento del coronel Tomás Funes se cumplen 90 años. Su tumba en el cementerio de San Fernando de Atabapo fue cercada y cuidada por instrucciones de un gobernador adeco en 1965, don Ramón Narváez Montaño, quien nos lo dijera hace años conversando al lado del doctor Ramón J. Velásquez.

oldmanbotello@hotmail.com

lunes, 27 de diciembre de 2010

EL CRONISTA ELISUR LARES



Oldman Botello
oldmanbotello@hotmail.com


A los 54 años de edad dejó de existir en San Fernando de Apure un arichunero cabal, el licenciado Elisur Lares Bolívar, Cronista oficial de Achaguas y profesor jubilado de educación media y superior. Cómo nos duele su partida. Como dijo el poeta aragüeño Trino Celis Ríos: "A igual partida, igual perplejidad".
El compañero Elisur deja un importante legado para las presentes y futuras generaciones de achagüenses y apureños en general: una obra escritade 47 libros sobre temas de historia, biografía, geografía, bibliografía, de Apure, sus pueblos y personajes. El último de ellos fue su Geografía del estado Apure, por la Editorial El Perro y la Rana, que premió su trabajo de historia regional. Dejó inéditos varios, entre ellos una recopilación de sus crónicas y artículos sobre Achaguas en periódicos y revistas, cuya publicación había ofrecido para este año 2011 el Concejo de Achaguas y que debe poner por obra en homenaje a su memoria. También, lo que nos enorgullece, se ocupó, sin decirme nada, de escribir la bibliohemerografía de un servidor, cuya copia me entregó en mi más reciente visita a San Fernando, en octubre pasado. A través de nuestro correo electrónico hablábamos hasta dos y tres veces al día, intercambiándonos información histórica, chismes políticos y de otra índole. En esa oportunidad me confió lo mal que estaba de salud, con dos viejos accidentes cerebrovacsulares, problemas en los riñones, diabetes, tensión. Lo alentábamos a que siguiera escribiendo, especialmente su Glosario de voces llaneras que no sé en qué estado dejó y que se olvidara de sus males. A veces lo poníamos en bretes. En marzo nos tocó acompañarlo junto al profesor Bretto Peña y el concejal de Achaguas Pedro Nieves hasta las ruinas del vapor Masparro, cuyo reportaje causó impacto nacional. Se sentía emocionado en estas lides.
Ahora nos corresponde honrar su memoria. Para nosotros fue un amigo reciente, un hallazgo importante y así como llegó desapareció de nuestro lado para siempre. Su señora esposa y sus hijos saben cuánto nos apreciábamos. En esta hora de dolor no sólo para su familia sino para sus decenas de discípulos, amigos, colegas cronistas y sus familiares, recordemos siempre a Elisur Lares Bolívar por la labor que desarrolló en beneficio de su estado. Paz a tu alma hermano gordo.
Fotografía tomada de http://fuegocotidiano.blogspot.com/2010/12/fallecio-don-elisur-lares-cronista-de.html

domingo, 7 de marzo de 2010

Naufragó en temporal en julio de 1914: RESUCITÓ EL VAPOR MASPARRO POR LA SEQUÍA EN EL RÍO APURE

Oldman Botello.

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(.) En el naufragio en el Apure a 50 kilómetros de Achaguas murieron 26 personas entre ellos una veintena de soldados comandados por el general turmereño Ramón Garrido hijo
El último mensaje del general Ramón Garrido hijo, al general Juan Vicente Gómez, su futuro compadre, el 15 de julio a las once de la mañana, expresa: “Salgo hoy con el coronel Olivieri para Nutrias y Periquera (Guasdualito) a entregar Guarnición de dichos puntos”.
Se trataba de llevar personal de reemplazo a los pueblos del Alto Apure donde un mes antes habían disuelto tras incesante persecución a las fuerzas del general Pedro Pérez Delgado, Maisanta y las del coronel Ojeda, En junio de 1914 Maisanta, que era oficial del Gobierno, cambió la seña y se llevó el vapor Masparro hasta Puerto Nutrias, pueblo que asaltó, pero al llegar fuerzas oficialistas, debió abandonar la lucha y repasó la frontera con Colombia.

El barco semienterrado en la arena, en la orilla del Apure que está seco, en Lagunota

Todo esto viene a cuento por la conmoción existente en Apure, especialmente en Achaguas, porque la retirada de las aguas del río Apure, la tremenda sequía que padece, hizo reaparecer por primera vez, en 95 años, los restos del vapor de chapaletas Masparro, que se hundió tras una inesperada tempestad con vientos huracanados, a las 2 de la mañana del 16 de julio de 1914 cuando llevaba tropas al Alto Apure, al mando del coronel Ramón Garrido. En el naufragio perecieron 29 personas, se rescataron sólo siete cuerpos sepultados allí en las orillas del río y se salvaron unos pocos entre ellos el expresidente de Apure general Ignacio Quintana y el coronel Benjamín Olivieri, el Catire Olivieri, tachirense, que fue de los que vino con el general Castro en 1899 y luego eterno jefe civil de La Victoria hasta la muerte del general Gómez.

El Masparro

El steam-boat “Masparro” o vapor de chapaletas fue construido por la empresa norteamericana Mathison U. S. of Columbia y fue botado al agua en 1891, año en que comenzó a prestar servicios en comercio de cabotaje, fundamentalmente entre los ríos Orinoco, Arauca, Meta y ríos menores. Desplazaba 20 toneladas y una velocidad de 10 millas. No era propiamente un barco grande, sino un steam-boat, con un cuerpo superior o toldilla. Una nave de desplazamiento ligero, apropiada para conducir fuerzas militares en breve tiempo. De hecho, llevaba 7 tripulantes encabezados por Juan Antonio Arrieta, el práctico barinés, más una treintena de soldados de reemplazo, casi todos aragüeños al mando del coronel Garrido y algunos guariqueños y orientales que permanecían reclutados en San Fernando, en el batallón Guaicaipuro al mando del coronel Benjamín Olivieri.

El autor del presente reportaje sobre el barco, sujetando uno de las barras de dirección del barco. Detrás, el dispositivo donde se emplazaban las chapaletas.

Las campaña del Alto Apure

Las órdenes terminantes del general Gómez fueron que el general Garrido saliera en el Masparro, buque de la Compañía Venezolana de Navegación que el Gobierno arrendaba para esos traslados de fuerzas y armamento. El mes anterior lo habían pasado las fuerzas de Apure combatiendo al general Pedro Pérez Delgado que se había llevado el mismo vapor Masparro hasta Nutrias, pueblo que atacó pero fue disuelta su guerrilla finalizando el mes. Había que reemplazar el personal y esa tarea se le encomendó al general José Ignacio Briceño quien cuando fue a subir al barco se echó para atrás porque habían subido a un mono y dijo: “Yo no viajo con monos, esos bichos son pavosos” y eso le salvó la vida. Designaron a Garrido y el destino lo tenía marcado.
El temporal a media noche

A las 6 de la mañana del 15 de julio de 1914 partieron de San Fernando y el coronel Olivieri dejó encargado de la Guarnición al coronel Silvestre Castellanos. Todo transcurrió sin novedad en el viaje. Hicieron noche en el sitio de Lagunota, banda sur del río Apure, al noreste de Achaguas, unos cincuenta kilómetros de dicho pueblo.
Cuando todos dormían, cerca de la media noche se desató una tempestad con vientos rachados que hicieron soltar las amarras del barco. Quienes estaban a la intemperie abordaron rápidamente para no mojarse y todos se fueron a la banda que daba al río y el desbalance aunado a la carga que llevaban y el fuerte viento, hizo que el barco se fuera de lado y quedó con la cubierta hacia abajo no dando tiempo a nadie de saltar salvo unos pocos. Fueron aplastados por el Masparro que los arrastró en su naufragio.
Algunos lograron ganar la orilla. El general Ignacio Quintana., llanero bellaco, veterano de mil batallas, desde San Fernando, el 18 de julio a las dos de la tarde narra lo ocurrido en telegrama al general Gómez “todavía bajo la dolorosa impresión de la catástrofe en que providencialmente salvé la vida: “Sería la media noche cuando repentinamente se desencadenó en aquel lugar una violenta y huracanada tempestad que impulsó con furia el barco, rompió las amarras y lo volteó completamente. La sorpresa, la rapidez de la catástrofe y la oscuridad que nos rodeaba, hicieron más terribles aquellos momentos en que sólo se oía el grito de angustia del que se hundía, el aviso del que imploraba socorro y el llamamiento al del amigo que ganó la orilla.”
Los sobrevivientes fueron el general Ignacio Quintana, el coronel Benjamín Olivieri, Tomás Márquez, El Sute; Pocaterra, Marcos Martínez, Martín Domínguez, José Valero, Francisco Lara, cabo Wenceslao Rojas, Pedro Pablo González, asistente del general Garrido y Policarpo Canelón, de Aragua de Barcelona. Los fallecidos del ejército fueron: general Ramón Garrido, coronel Juvenal Colmenares, segundo jefe del batallón Guaicaipuro, coronel Arturo Sanz o Sáenz, capitán Alfredo Dávila, tenientes Pablo Emilio Sánchez, José Ramón Hernández, Sabino Colmenares, el joven subteniente Enrique Pérez Castro, de Maracay, ayudante del general Garrido (ascendiente del dirigente político Enrique Pérez Díaz y de la periodista Nitu Pérez Osuna y sobrino político del compositor Sebastián Díaz Peña); teniente Pedro Ferrigni, sargento de segunda Ismael Monasterios, distinguido Carlos Coronel, Sabás Franco, y los soldados Rufo Acosta, Ángel Padrón, Carlos Mendoza, Soledad Roquera (o Requena) y Rufo Guarepe, oriental. Los tripulantes Felipe Gómez, José Delgado, Federico Garrido, Luís Eduardo Carpio, Rosalino Cegarra y Pedro Montaña, más un muchacho conocido sólo como José. Fueron rescatados los cuerpos del coronel Juvenal Colmenares, José Ramón Hernández, Pablo Emilio Sánchez, un soldado y dos marineros de la tripulación, que fueron sepultados bajo la sombra de los cujíes del lugar, bastante inundado por la temporada invernal.

Gral. Ramón Garrido hijo

La noticia la supo el general Gómez el día siguiente, el 17 de julio a las 2 de la tarde por telegrama reenviado por el operario Acosta, desde la oficina de Camaguán, pues una tempestad que también afecto a San Fernando, tumbó la línea telegráfica. Firmaron el informe el presidente del estado Dr. José Rafael Núñez y el secretario general Dr. A. Acosta Medina. El general Gómez envió sus condolencias al padre del general Garrido y a la inconsolable viuda doña Agustina Obregón de Garrido a cuyo cargo quedaron seis niños huérfanos de padre: Leonidas, Bertha, Luís, Héctor, Horacio y Raúl Garrido Obregón. Al morir el coronel Garrido contaba con 44 años de edad y un brillante porvenir. El general Gómez, su amigo personal, le había ofrecido un hijo para bautizarlo, según es tradición en la familia, pero no se concretó por su repentino fallecimiento. A las tres de la tarde llegó otro telegrama de telegrafista Acosta al Director de Telégrafos en Caracas, general Anzola quien lo remitió al general Gómez.
¿Fue una brujería?

Una conseja o tradición recorre Achaguas y Apurito. Se dice que cuando las fuerzas militares desembarcaron, hallaron en las cercanías una troje donde al parecer se practicaban ciertos ritos de seudoreligión o magia negra. Alguien dio orden de quemar todo aquello y la que llamaríamos la sacerdotisa supuestamente habrían lanzado un maleficio que fue el que causó el temporal precisamente desencadenado a las 12 de la noche y que hundió el barco a las 2 de la mañana aproximadamente. Eso lo cuentan allá y todo queda en el misterio.


El vapor Masparro, en el puerto de Ciudad Bolìvar a comienzos del siglo XX
El río seco exhumó el Masparro

La sequía afectó al río Apure. En Lagunota, donde se miden 365 metros de orilla a orilla, desde Apure a Barinas, el río apenas presenta actualmente unos metros de agua.
Enfrente, en la orilla barinesa está el fundo del ingeniero civil Esteban Mayol, Santa Elena de Crecencia. La sequía permitió que el barco emergiera. Allí está, aún boca abajo, lleno de arena, de sedimento, sólo queda al aire parte de la plataforma inferior, dos de las barras de dirección, los ejes que impulsaban las chapaletas, el acero donde se incrustaban estas chapaletas de madera de la cual sólo quedan fragmentos. Es curioso que parte de la quilla del barco está bajo la orilla, lo que quiere decir, que esa orilla cuando el barco naufragó estaba más retirada hacia el sur y el río fue sedimentando el área, ocultando unos tres metros del barco. Debajo están esqueletos, armas, espadas, municiones y la mercancía que pudiera conservarse en 95 años del naufragio.
Las autoridades municipales de Achaguas están interesadas en el rescate del barco aunque aún no hay un proyecto sobre lo que harán. Lo que si es cierto es la sorpresa que causó la aparición del barco después de casi un siglo. En julio serán los 96 años del hundimiento. Rescatarlo, llevarlo a la orilla, será un incentivo turístico más para Achaguas acondicionando la carretera de tierra que conduce hasta la orilla del río que es infernal. Por otra parte, deben rescatarse los restos humanos que están allí y darles cristiana sepultura.
El autor quiere manifestar su agradecimiento al concejal y ex-Presidente del Concejo de Achaguas don Pedro Nieves, al cronista de Achaguas profesor Elisur Lares y al profesor Antonio Breto Peña, vecino de Achaguas por la colaboración prestada para llegar hasta el sitio del acontecimiento.