Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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sábado, 9 de mayo de 2026

PARA ROSANA

 

                                                              Jeroh Juan Montilla

Al principio fue el ácimo, el pan del amor, el fruto compartido del paraíso, la masa del corazón sobre el calor de las piedras, los cuerpos primordiales del mundo. Esta pascua desanudó la eternidad y así el tiempo salto sobre la faz de la tierra, levadura que ahora esponja el amor.

Este poemario de Rosana Hernández Pasquier, Huerto de lirios (Taller Blanco Ediciones, Colombia, marzo 2026) realiza el milagro de devolvernos, de recuperar aquellas veredas amorosas donde una vez transitamos sembrando las ternuras pascuales que nos identifican humanos, el rito de amar en el surco del poema, la promesa cumplida, el verdadero principio, acción y fin de la palabra.

Treinta poemas que trazan delicadamente la figura del primer mes en el paraíso de la adoración, ese celebrar recurrente del ceremonial de los cantares, la poesía. Versos en forma de rocío, destilados, refrescante brevedad para enumerar con gozo las esperas, las delicias, las historias, los paisajes, los reparos, las intimidades, los desafueros, los frutos, todas las ebriedades de cada amante o sembrador de lirios. Amar es cultivar la única castidad, la semilla de este poemario.

A continuación, tres poemas del libro como abrebocas:

                                                                                                

Ataste mi cintura

al lobo de tus ojos

La noche se hace oscura

sin perendengues en el cielo

Mi velo se rasga

llega el viento del norte

…………………………..

 

El perfume de la mirra

es la ofrenda del triunfo

encantan los caminos del humo

en el ascenso embriaga el espiral

a veces

perturba el rojo de la manzana

 

……………………………………

 

 

Habrá tarro y almíbar

drupas y guindas sobre la mesa

tiéndete en el aderezo

mojaré los aromas en tu cuenco

miércoles, 8 de noviembre de 2023

UNA MIRADA AL CEMENTERIO MUNICIPAL DE VILLA DE CURA, MUNICIPIO ZAMORA, VENEZUELA

                                                                    Beatriz Maure R.*

Entrada del Cementerio Municipal de Villa de Cura, Calle Comercio-Oeste.

Reminiscencias de Cementerio

     Schriewer y Martínez (2019) plantean perspectivas de estudios desde la Antropología Social, a partir de la biografía de una familia, la descripción de una sociedad particular, de finales del siglo XIX y principio del siglo XX, y detallando sus patrones matrimoniales, de género, sanitarios y económicos, desde información o constructos aportados del cementerio de la ciudad, en concordancia Velásquez, P. (2009) afirma que desde la visión organizacional se conforma como “...lugar en donde se crea y recrea un orden socioterritorial que da cuenta de su entorno...”

     Por consiguiente, Schriewer y Martínez (2019) caracterizan la Provincia Endogámica de la ciudad de Murcia de dominación “caciquista”, pero, influenciada históricamente por emigrantes, al transformar los patrones matrimoniales de desarrollos de redes de poder de la oligarquía local, asimismo, en el aspecto económico en “la integración del mercado” se pierde paulatinamente actuación que distinguían patrones de la mayoría de negociantes de esta ciudad, en cuanto al papel social del género la mujer es transferida a la casa y el hombre ligado al comercio, también, permite visualizar la mortalidad por escasos avances médicos, insuficiencia de higiene, elevados riegos en partos para madres e hijos y enfermedades genéticas y crónicas.

     En este orden de ideas, cabe señalar, la percepción de la sensibilidad de la muerte, que a diferencia, del nacimiento (puede no llegar a ocurrir) es un evento inexorable, real e inminente en relación Comesaña, G. (2004) comenta: “Como el hecho del nacimiento, el de la muerte es una de esas realidades que constantemente nos ciernen y nos conciernen.” por lo que en correspondencia  Montiel, J. (2003) sostiene que,

“Reflexionar sobre nuestra muerte, es reflexionar sobre nuestra vida. La muerte es una dimensión de la vida. (...) puede sobrevenir en cualquier momento. Rechazar la muerte, hasta el extremo, es negarse a vivir. Para vivir plenamente hay que tener el coraje de integrar la muerte en la vida”.

     Dentro de este orden de ideas, Cobos, E (2009) plantea que existen estudios que muestran la muerte como el rasgo más cultural del ser humano: que modela, el contenido y la calidad de la conducta diaria expresada en los ritos fúnebres, mientras que, para Cartay el estudio de la muerte, siguiendo a Barrán, es fragmentado en la Cultura Bárbara (1800- 1860) como hecho cotidiano, de presencia cercana- familiar, por la mortalidad generada de enfermedades y guerra civiles.

     Mientras que, la Cultura Civilizada (1860-1920), la muerte de ritual normado, majestuoso y adornado, en consecuencia Cobos, E (2009) revela el motivo: “...Se impone así un código distinto que privilegia la sentimentalización de la muerte en contraste con la anterior banalización de la muerte (...) La muerte era un hecho frecuente en la sociedad, pero su cultura, en vez de ocultarlo, lo exhibió..” ahora bien, desde una concepción filosófica el ser humano resulta de la coexistencia esencial de cuerpo y espíritu, por lo tanto, la disociación de estos elementos se genera en razón de la muerte.

     Lo antes expuesto es el fundamento, de la “Sacramental de Exequias”, Cabello (2017) explica, que algunos estudios fundamentados en el análisis de la última voluntad testamentaria de un grupo de personas católicas residentes de la nueva Valencia del Rey de los siglos XVII y XVIII, crea cuatro elementos significativo: la mortaja, la sepultura, novenas de misa y obras de caridad al momento de la muerte, además, expresa que:

“La tradición cristiana enseña, que el cuerpo es el templo del espíritu creado a imagen y semejanza de Dios, De allí el respeto y la veneración hacia el difunto y sus restos mortales, que se expresa en el cumplimiento y obediencia a estrictas regulaciones oficiales religiosas y morales, ante y durante el enterramiento. Es ampliamente conocido que ante el acontecimiento biológico de la muerte, el cuerpo puede ser expuesto, inhumado, sumergido o incinerado, colocado en cualquier lugar lejano o cercano, no sin antes, el cumplimiento de determinados ritos y costumbres propios del universo cultural  y religioso del difunto; esta práctica, en el mundo católico es conocido como Sacramental de Exequias.”

     En este sentido se comprende que, en las Colonias Españolas en América, en primer lugar, prevaleciera la “distinción de clases hasta la muerte” evidenciado en enterrar los cadáveres en las iglesias cuando los deudos del difunto podía pagar esta distinción, o en un patio inmediato al templo cuando el muerto pertenecía a las clases desheredadas de la fortuna, y al mismo tiempo, se practicará “obrar bien hasta la muerte” expresado en que la iglesia establecía claramente a quien se le podía o no conferir exequias fúnebres, es otras palabras, a quienes en circunstancias de la muerte se le podía o no, enterrar en el cementerio católico, ofrendar o enajenar misa a un difunto, en correspondencia, señala Cabello, (2017):

“Según los cánones de la iglesia católica que vinimos analizando, para los difuntos fallecidos trágicamente, entre otros, asesinos, suicidas, prisioneros, condenados, sentenciados y ejecutados, fallecidos en duelos; como para los herejes  y excomulgados de esta; debían habilitarse espacios alejados o contiguos al cementerio católico y destinarse para ellos fosas comunes.

El cumplimiento de estas severas normas eclesiásticas, dieron origen a los cementerios de ajusticiados, también denominados, Cementerios Profanos o Huesa Común. En Europa, aún se conserva como testimonio de un triste y doloroso pasado, particularmente, en España.(...)

“En la segunda mitad del siglo XVIII, tanto por el crecimiento demográfico, como por el problema de salubridad pública, por Real Cedula el 3 de abril de 1787, las autoridades españolas comenzaron a ordenar construcción de cementerios para enterar a los difuntos. Por la Real Cedula del 15 de mayo de 1804, se insistía en la necesidad de establecer los cementerios fuera de los poblados, (...) porque los malos olores dentro de los templos eran insoportables y muchos feligreses caían desmayados (...) el carácter infeccioso de los cuerpos enterrados y en descomposición  dentro de las iglesias y los peligros que ello representaba para la salud de la población”

     Es evidente la vigencia del Sacramental de Exequias Colonial, por lo tanto, el Cementerio Municipal, está asentado en el Suroeste de la Ciudad de Villa de Cura del Municipio Ezequiel Zamora Correa, parte sur de la zona norte del Estado Aragua, el mismo delimita por el Norte con la Calle Comercio, por el Oeste con la Avenida La Florida, por el Sur con la Sub Estación Eléctrica de Corpoelect, dentro del “Sector San José I” y el “Sector Las Tablitas” abarcando una extensión de cuatro hectáreas, es decir, cuatro mil metros cuadrados, dividido en diez cuarteles para albergar a  25.000 difuntos aproximadamente según las medidas requeridas especificadas por las normas.

Al ingresar al mismo, se tiene acceso a una Capilla a la derecha de la entrada y frente a esta la oficina de administración del cementerio, en cuanto a la presencia de tumbas con inscripciones de 1886, penúltima década del siglo XVIII, permite establecen el inicio del servicio de utilización de sus espacios para el enterramiento de restos mortales, correspondiendo con la construcción de la actual sede de la Alcaldía del mencionado Municipio, durante la gestión de gobierno de Joaquín Crespo, cinco años antes que la ciudad fuese capital del Estado Guzmán Blanco,

“El más alto rango lo adquiere Villa de Cura en el año 1881 cuando pasa a ser la capital del gran Estado Guzmán Blanco, integrado por lo que es hoy el estado Aragua, Guárico, Estado Bolívar (hoy estado Miranda) y como apéndice insular el Estado Nueva Esparta. Toda una entidad política con una población de 484.509 habitantes, la más numerosa de aquel momento histórico. Luego esta jurisdicción pasa a llamarse estado Miranda, en 1889, de esa fecha data la estatua de bronce del Precursor de la Independencia Francisco de Miranda ubicada en la plaza del mismo nombre.”


Tumba de Carlos Greca en el  Cementerio Municipal de Villa de Cura, Calle Comercio-Oeste.

    Cabe considerar, que a través de entrevista con Eduardo Maure Mujica, relata que los alrededores del actual Cementerio era zona verde, donde predominaba plantas de Tunas rojas y verdes, diversos arboles como El Cují que proporcionaban leña para vender en las casas, como por ejemplo, en la  “Pensión de Juanita las Tres Lunares”, asimismo señala, que años más tardes fue uno de los fundadores del Sector San José I, describe la zona aledaña, trasmuro al mencionado “Campo Santo”, donde actualmente están fundados los Barrios “El Ripial” y “Apolo”, fueron utilizados una parte, para el enterramiento de la población infantil víctima de la enfermedad epidémica que su madre en su relatos denomina “El Vomito Negro” debido a que, al expulsarlo indicaba la muerte inevitable.

Por lo antes expuesto, el sector era identificado por los transeúntes con el apelativo de “los Muerticos” quienes al pasar en horas de la noche podían apreciar innumerables velas encendidas por los familiares de los sepultados en las respectivas tumbas, otra parte del sector, estaba destinado como basurero por ser periferia de la ciudad no habitada, dos décadas posteriores, en año de 1950, se restringe la utilidad de depósito de desperdicios debido al progresivo establecimientos de ranchos, una década después durante la gestión presidencial de Rómulo Betancourt, se establece el “Caserío las Aguaitas” hoy “Sector las Tablitas”

     Retomando la expresión de Velásquez, P. (2009) de “Diferenciación social como configuración de la organización socio-territorial” definiendo:

“...son el producto y se configuran a partir de rituales, prácticas, normatividades administrativas y discursos, que generan y son generados por las diferentes identidades culturales, políticas, religiosas y económicas que convergen en el cementerio (...) nos referimos a lo que hacen las sociedades, los grupos y los dolientes con ellos –los muertos–, que permiten que el cementerio pueda ser leído a partir de la idea de caleidoscopio, anteriormente desarrollada”

      Evidenciado al entrar al cementerio, de inmediato se muestran imágenes de la multiplicidad de usos y prácticas que describe la cotidianidad de actividades, constituyendo la diferenciación social según intereses, nivel económico, afinidades, preferencias, devociones y emociones, que dejan indicios o vestigios en la arquitectura, estética y lugares de mayor frecuencia, entre ellas, se observan dos niños en compañía de su madre lavan una estructura de mármol, dos trabajadores sepultureros preparan una mezcla de concreto, una pareja lleva flores a una tumba y dos jóvenes conversan bajo la sombra de un Samán.     

     Asimismo, Velásquez (2009) plantea que el aspecto vital del cementerio se sustenta de las denominaciones, prácticas y discursos de múltiples usuarios, visitantes y trabajadores del mismo, a través de epitafios, ornamentaciones, estéticas, emotividades, arquitecturas, de modo que, se observa en las tumbas: un nombre, un apellido, la fecha de nacimiento y la fecha de defunción, además, los nombres se repiten entre las mismas familias, lo que permite recordar, evocar a “el Pueblo de Macondo” de “Cien años de soledad” del escritor Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, manifestándose como una constante en Latinoamérica: “que los padres le colocan los nombres a los hijos”, no obstante, al final todo se resume a una breve identificación y dos fechas, suscitándose una interrogante ¿Qué verbo conjugará ese nombre, sobre la lápida, de regreso por un instante a este mundo del lector andante?

    En función de lo planteado, entre la maleza que sumerge la mayoría de las tumbas se encuentra escasos epitafios, algunos poéticos, que dan fe del amor construido en vida  con quienes le sobreviven, como el que se deja leer sobre la lápida de Luis Enrique Fernández Morgado fecha de nacimiento  17/08/59 fecha de defunción 26/07/94 “Es un sacrilegio prohibir la ciencia Pedir a la ciencia es ofrecer actos de adoración a Dios Enseñarla es hacer caridad La ciencia es la vida de Enrique La columna de la feOh Dios! Rdo. de sus padres y hermanos”

Otro de los epitafios que se encuentra sobre otra lápida: Altagracia Gutiérrez de Delgado Murió el día 22 de marzo del año 1897 “Su esposo Serapio Delgado e Hijos le dedican este recuerdo en testimonio de amor y gratitud”

Epitafio de amistad a un General: Nació en Ortiz el día 2 de abril de 1849 Murió de 2 de febrero de 1895 “Al distinguido compañero General Francisco Núñez consagra este recuerdo a la amistad IA” 

Epitafio de agradecimiento al fallecido: “Manuel F. Tosta *1881 - 1930  Gracias por el favor concedido Al Dr Leopoldo Tosta LM”

Epitafio al fallecido: “Francisco Celis *23/12/1986 – 22/11/2003  Rdo. De su madre y hermanas Mi niño tu juventud y tu pureza Ocupan un lugar muy especial En todos nuestro  corazones”

Epitafio Presente del Ánima Desconocida: “Anima Desconocida 22-2-71 Traído por la  PTJ” Dentro de la pequeña capillla estan varias placas con epitafios una sobre otras.

NOTA: La comunidad le ha realizado peticiones de diferentes aspectos (salud, laboral, adquisición de vivienda, de libertad, entre otros). Por lo tanto, le retribuyen ofrendas de epitafios, flores, prendas de valor. Sin embargo, ha sido despojada por la delincuencia

Epitafio escrito sobre el concreto, ausente de mármol o cerámica: “Genaro Castillo 28-12-61 04-09-23 Cristo Viene”

Asimismo, el epitafio del amor en sufrimiento, de la madre de un poeta: “Omar Francisco Gutiérrez Peña  fecha de nacimiento  02/07/68 fecha de defunción 01/12/91 “Solo venimos a dormir Solo venimos a soñar Es una flor nuestro cuerpo Da flores y se seca Recuerdo de su madre Ivón” Cristo Viene”

También, con particular originalidad: A pesar de no ser un epitafio, una piedra de significativa dimensión en posición de lapida sobre una sepultura con la inscripción: Carlos Greca  Fecha de defunción 13/10/1952 y  en compañía de una foto de forma oval.

     Está en especial, incorporada al imaginario Villacurano, cuando al referirse a una persona nada grata o no agrada a alguien se expresa “eres más pesado que la piedra que mato al musiú”. En referencia al relato local (oral) sobre la muerte de Carlos Greca, de procedencia extranjera, que siendo trabajador, de la Cantera “La Calidrat” aun presente en la ciudad, en consecuencia de una explosión a cielo abierto de un barreno (hueco cilíndrico practicado en la roca para alojar explosivo) de pólvora, fue alcanzado por un gran fragmentos de la estructura de piedra, causándole la muerte.

Otra particularidad, que expresa ternura:

     Una tumba, con solo el concreto de cerrado de la misma, no obstante, con epitafios de sobre este a mano alzada de “bendiciones”, y una pequeña imagen de un niño acostado sobre una almohada durmiendo y sobre su costado un perro, puesta a la sobra de dos globos blanco con corazones rojos, al lado de un libro abierto de recuerdo de nacimiento.

    Cabe enfatizar por otra parte, el relato de un visitante, que mantiene similitud al poema de Ollie McGee, que parece extraído de la crónica poetizada en los epitafios autobiográficos de referencias cruzadas, que narra la vida colectiva de los habitantes de la ciudad imaginaria de “Spoon River” de Edgar Lee Masters.

     Es conveniente acotar, que en una sección de un cuartel se aprecia el cambio de los materiales de construcción de los monumentos, por ejemplo algunos construidos en ladrillos, posiblemente producidos por los artesanos alfareros de la ciudad, se genera la interrogante ¿Cómo era la connotación histórica del ritual de fabricar los monumentos?  Esta fuente contiene el testimonio histórico, sobre que pensaban los familiares, como vivían, revelan las circunstancias en que coexistió esa persona, su vinculación social, el contexto histórico y la connotación histórica del tiempo que vivió.

    También, algunas tumbas muestran vandalismo, en la ausencia de las respectivas identificaciones, posiblemente por lo comercial del material en que fueron elaboradas (aluminio, bronce, entre otros.), asimismo, Ramírez trabajador del cementerio refirió algunos saqueos de tumbas, para utilizar los restos en rituales esotéricos, transeúntes comentan que al visitar a su familiar difunto, tiempo después de la progresiva normalización de la pandemia de Covid19 se encontró con desagradable sorpresa de un nuevo enterramiento dentro de respectiva tumba, obteniendo del Administrador (Selador) del cementerio explicación de haber sido utilizada en la Activación de Protocolo de Seguridad por muerte Covid19.

     Del mismo modo, está presente la relación de un cuartel con el siguiente, un cambio de periodo histórico  temporal,  a través del diseño de las estructuras, algunos cuarteles en franco deterioro, otros en un proceso de relativa conservación de la arquitectura, las brisa fresca de una mañana calurosa improvisa un viaje en retrospectiva de la vida significativa del cumulo de nombres presentes y ausentes en las lapidas y monumentos fúnebres.

   A modo de conclusión, es posible decir que los cementerios son lugares que albergan, reúnen  y reconcilian, asimismo, son la representación simbólica de las interrelaciones de individuos y de comunidades en torno a la forma como son aprendidos y reestructurados por ellos, como un lugar heterotópico – topofóbico - topofílicos, es estratégico para el desarrollo socioterritorial.

     Resulta necesario reconocer la utilidad del estudio sobre los cementerios en: la descripción de una sociedad específica definiendo patrones sociales, asimismo, en la investigación de lugares que se construyen a partir de sentidos de pertenencia basados en el dolor y la tristeza, en la comprensión de las relaciones que se suceden en dicho espacio, ordenamiento, la planificación y gestión del territorio, tanto desde las lógicas y sentidos internos, como desde su relación con otros entornos urbanos.


Referencias Bibliográficas

Amunategui y Barros (1876)  El entierro de los Muerto. Revista Chilena Tomo IV. Santiago.

Cabello, H (2017) Manuel Piar... y su trance al más allá. Editorial Miranda. Villa de Cura Estado Aragua. Venezuela.

Cartay, R. (2002) “La muerte” en Fermentum. Mérida, N° 34, mayo-agosto de 2002, pp. 447-470.

Cobos, E (2009) La muerte y su dominio. El cementerio general del sur en el guzmanato 1876-1887. Colección Monografías El pueblo es la historia. Fundación Centro Nacional de Historia.- Editor. Caracas Venezuela.

Comesaña, G, (2004) La muerte desde la dimensión filosófica: una reflexión a partir del ser –para– la muerte heideggeriana. En: Agora Trujillo. Revista del Centro Regional de Investigación Humanística, Económica y Social Año 7 - Nº 13 enero-junio 2004, pp. 113-125. También en: www.saber.ula.ve/... /alexandr/db/ssaber/Edocs/ pubelectronicas/agoratrujillo/agora13/articulo_5.pdf

Montiel J. (2003) El pensamiento de la muerte en Heidegger y Pierre Theilhard de Chardin. En: Utopía y Praxis latinoamericana. UPL, Vol. 8, N° 21, Maracaibo, marzo 2003, pp. 59-72, http://www.serbi.luz.edu.ve/ scielo.php?script=sci_ arttext&pid=S1315-52162003003000005&lng=es&nrm=is

Schriewer y Martínez (2019) Contar historia a través del cementerio: El comerciante Tomas Erádes. El Método biográfico histórico  en Antropología. Revista Murciana de Atropología.

Velásquez, P. (2009) Los Cementerios… Territorios Intersticiales. Revista Hacia la Promoción de la Salud, vol. 14, núm. 2, julio-diciembre, 2009, pp. 24-38 Universidad de Caldas. Disponible en: http://www.redalyc.org/ articulo.oa?id=309126692009

Villa de Cura (2021) Obtenido de «https:// es.wikipedia.org/ w/index.php?title= Villa_de_Cura&oldid =133204832». 

*Ensayo escrito para la materia "Historia de lo cotidiano" de la maestría en Historia de Venezuela de la Universidad Rómulo Gallegos.

domingo, 1 de enero de 2017

URBANOS ANDARES DE VÍCTOR PARRA

Argenis Díaz / 2016.

La poesía, como la sabiduría, clama en las calles, sigue dando su voz en las plazas públicas, “clama en el extremo superior de las calles ruidosas” (Proverbios 1: 20, 21). Los “urbanos andares” de Víctor Parra nos hablan de eso, de poesía, la cual nos acerca un tanto a la sabiduría. Conocer la calle, las plazas, los mercados, los espacios concretos de la ciudad, no basta para escribir poesía, hay que sentir y visualizar las cosas, auscultar las palabras, para sacar aquellas que expresen lo que quieres hacer sentir, pensar, imaginar. Camilo Sitte (1843-1903) se refería en sus ensayos a la heterogeneidad del medio urbano y de las formas directrices de este espacio, determinadas por los elementos vitales que mencionamos.

Lo urbano en la poesía de la modernidad es recurrente, la ciudad está presente en la voz poética representativa de la lengua española. Hurgamos un poco en la publicación Poesía Urbana (Antología 1980 – 2010) de Luis García Montero; hallamos expresiones como “la ciudad se convierte en un dispositivo que dispara el fluir poético”. Y esta nos remite a nombres importantes en la poesía y frases que revelan la ciudad como objeto o sujeto del poema. En José Martí… “cuando va a la ciudad mi poesía / me vuelve herida toda…” Federico García Lorca dirá: “No es el infierno, es la calle / No es la muerte, es la tienda de frutas”. El poeta va del antagonismo a la complicidad con la ciudad. El poeta es un cómplice de ese existir urbano hecho decir.  Por su parte, Octavio Paz afirma que la ciudad se ha convertido en nuestra piel. Con esto en mente volvamos al ámbito urbano local.
Víctor Parra recorre las calles de su Villa de San Luis de Cura (nombre de raigambre histórica de un pueblo devenido en ciudad) para connotar en su poesía un espacio subjetivo que parte de lo real concreto para trascender en la palabra poética: Repaso/ con la mirada/ las calles…
No obstante, existe  una transfiguración de los personajes y el escenario donde actúan realidades diversas, literarias y metaliterarias, marcadas por referentes específicos. Los epígrafes con que abre el libro muestran esta diversidad: Víctor Valera Mora con su “camino por las calles como me da la gana”; Héctor Lavoe, recordándonos que la calle es una selva de fieras salvajes, y vuelta al terruño con Aly Pérez, con su poesía de la provincia “siempre amable con sus hijos”, objetos literarios que denotan cierta paradoja o complejidad del hecho urbano como tal.
Esta lectura nos prepara para abordar estos Poemas de urbanos andares (2013) que nos muestran al poeta en una dimensión cotidiana distinta al derrame erótico de Al borde del estallido (2009), su libro anterior. En este libro el poeta intenta dar una lectura a la ciudad que en algunos casos ha sido vista como un palimpsesto en el que se ocultan escrituras anteriores grabadas en la memoria colectiva, sin faltar las intertextualidades. Ejemplo lo tenemos en fragmentos como: “las meretrices de costumbre/ comercian coitos/ apostadas en las barras/ pescan clientes/ me hacen recordar/ al poeta norteamericano Carl Sandburd/…” Son otras calles transfiguradas (las calles de Chicago) y una referencia literaria producto de lecturas que son evocadas por el autor.
Sobresalen en estos textos tales referencias poéticas o literarias: “la poesía del chino Valera Mora/ convida a develar arcanos”. La “mesonera” escribe bolígrafo en mano, mientras “tu mano apresa/ La Mala Hora/ del Gabo García Márquez”. Hasta Heráclito perturba el lugar y el instante del reencuentro en la mesa de un bar o restaurante. Los espacios, como espejos, reflejan al viejo Borges. Como cartas sobre la mesa corren los poemas de Aly Pérez o de Cintio Vitier en sus orígenes, “con sonetos/ de la Habana sus malecones y soles” que son vistos desde otra perspectiva, más local e íntima.
El sentimiento está ligado a las sensaciones, en versos como el que da nombre al libro: “esta tristeza marina de urbanos andares/ recorro a diario mi ciudad/ acaricio su entrepierna su impudicia/ con el paso de los días/ esta Villa de San Luis de Cura/ va incrustada en mi costado de poca orilla/…” La ciudad grita “sus blasfemias” en la canícula, precisamente “a las 3 de la tarde”. Del antagonismo a la complicidad o viceversa.
Los nombres en la ciudad obligan a lecturas exóticas: “La panadería/ ostenta el nombre/ del Danubio/ río de Hungría”, pero es un “danubio de panes dulces o salados”. Hay otro referente al Danubio en un vals “interpretado en la dulce voz de Julio Jaramillo”. La panadería al frente de la Plaza Bolívar de Villa de Cura, que en un instante se convierte en un lugar precario donde la conversación “sigue su ruta/ de pasados o tristezas”, donde aletean “las desilusiones”. Además de la calle Bolívar, el río Curita “transparente”, una agencia de loterías rememora las de Babilonia, en esta una muchacha atrae a los clientes que se juegan a la suerte con su mirada, su piel canela y su cabellera negra.
La poesía se desenvuelve en espacios cotidianos: el automercado, el centro comercial, las calles, los bares, las plazas, imágenes trastocadas, transfiguradas en un lenguaje que busca construir universos paralelos, referentes, memorias y olvidos. La voz poética se convierte en intrusa en un mundo prosaico, caótico y  neurotizante, pero que contiene recuerdos, encuentros o desencuentros con el pasado. También hay lugar para la muchacha de larga cabellera, los gallos que cantan “deseos de patios”. Formas y contenidos que alucinan, partiendo de lo concreto de lo cotidiano, de lo urbano y de lo profano. No solo es Villa de Cura, sino que Caracas irrumpe con sus Colinas de Urdaneta y Magallanes de Catia, contraste o paralelo entre ciudades disímiles que se encuentras en el corpus poemático.
Comparten este espacio textual poético un grupo de textos bajo el título de Poemas de la convalecencia donde la estructura señala un ritmo quebrado y distinto marcado por algunos versos más largos y horizontales. No obstante, un tema difícil de tratar en poesía como es este de rememorar una operación quirúrgica, donde el frío muerde la piel. Esta sección no es el mejor logro del autor y el yo poético queda solamente reducido a un metalenguaje (en versos quebrados) que habla de la personal experiencia de ser sometido a un espacio físico donde “médicos/ enfermeras/ entran/ salen/ regresan…” Bueno, mejor es un poeta vivo que un escritor muerto.
Sigue privando en la poesía de Víctor Parra el verso quebrado, la verticalidad de la estructura textual con ráfagas de horizontalidad cuando el pensamiento fluye. La pausa y el espacio en blanco son propuestas de lectura que mantienen un ritmo propio. Los poemas son edificios de palabras en equilibrio precario a veces. La temática urbana no es fácil de tratar, pero estos textos constituyen un empeño por darle una lectura posible a la ciudad, al conglomerado de imágenes que llevamos dentro y que el autor quiere compartir para no olvidar que en todo habita la poesía y clama a gritos por nuestra atención, por ser tomada en cuenta en el sentido de la vida.   


Poemas de urbanos andares.
Víctor Parra Rivero.
Editorial Proyecto Expresiones.
Maracaibo. 2013.

Referencia bibliográfica

García Montero Luis. Poesía Urbana (Antología 1980-2010). Editorial Renacimiento, 2010. Consultado en: https://books.google.co.ve/books/about/Poes%C3%ADa_urbana.html?


Presentado el libro Una tarde en el Café Cordano de Víctor Parra



El pasado viernes 9 de diciembre a las 3  de la tarde se realizó la presentación y bautizo del libro Una tarde en el Café Cordano del docente, poeta, narrador y cantautor Víctor Ramón Parra Rivero. El acto se llevó a cabo en la Casa de La Valenciana, ubicada en la calle Dr. Rangel entre Páez y Comercio de Villa de Cura, estado Aragua, en presencia de un grupo de amigos, amigas, familiares y el concejal Larry Coronado quien patrocinó la publicación de la obra a través de la Editorial Proyecto Expresiones. 

Una tarde en el Café Cordano es un texto narrativo, específicamente un cuento, que refiere a un  bar y restaurante antiguo y tradicional del centro histórico de Lima (Perú) que fue fundado a principios de 1905 por los hermanos Luis y Antonio Cordano y declarado Patrimonio Cultural de la Nación el 26 de abril de 1989. El texto presenta una historia con una ruptura temporal y espacial que la coloca en el contexto de la narrativa moderna. La obra contiene, además, una serie de breves narraciones donde -según el mismo autor- se pueden apreciar aspectos metafísicos, cierta ironía y descripciones de cuadros de famosos pintores donde corre la pasión, los aguijones de la carne y los saltos de líneas temporales, con aportes del realismo mágico y lo real maravilloso en cuanto a su forma y contenido.

Víctor Ramón Parra Rivero

Víctor Parra Rivero. Docente, poeta, narrador, cantautor y locutor. Es egresado de la UPEL El Mácaro en la especialidad de Educación Rural. Nació en Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela, el 27 de noviembre de 1967. Estudió la Primaria en el Colegio Simón Bolívar y la secundaria en el Liceo Alberto Smith, ambos de Villa de Cura. Ha participado en talleres de poesía y narrativa. Taller de Poesía La Cigarra (del fallecido Aly Pérez), Taller Literario de Maracay con Igor Barreto; taller de narrativa con Kristel Guirado. 
Sus trabajos han sido publicados en las revistas y periódicos locales, como la revista Expresión y el quincenario El Vigía, de Villa de Cura; revistas Entre Amigos y Vida Activa; en los periódicos La Antena (Guárico), HOY en Aragua, El Portavoz de Aragua y El Periodiquito (suplemento Cultural “Contenido”). Revistas literarias: Hipocampo (1993), Garabato (1994). 
También aparece en Narrativa de Aragua (1970-1996). Ediciones Secretaría de Cultura del Estado Aragua. 1997. Muestra de minificción aragüeña (1979-2000). Fondo Editorial de la Secretaría de Cultura del Estado Aragua. 2001. 
Publicaciones
Al borde del estallido, poesía, publicado por Editorial El perro y la rana. Ediciones de Aragua 2009. Colección Historias de Barrio Adentro. Serie Poesía.
Poemas de urbanos andares. Editorial Proyecto Expresiones. 2013.
Una tarde en el Café Cordano, narrativa. Editorial Proyecto Expresiones. 2016.

viernes, 25 de marzo de 2011

Crónicas del Olvido

LOS NIÑOS CANTORES DE VILLA DE CURA:
UN MILAGRO TODOS LOS DÍAS
Alberto Hernández
(Tributo a Germán Cordero y Guillermo Hernández Pasquier)
1.-
A diario, Carrizalito se extiende con un concierto. Agudos, tiples, sonoridades hacia los oídos de quienes viven cerca y de los que de alguna manera saben que un sacerdote, el padre Salvador Rodrigo, ha sido capaz de guiar un milagro: Los Niños Cantores de Villa de Cura amanecen para que el día sea cada día más armónico, más plural, porque todas las voces de los niños y jóvenes caben en esa suerte de remanso donde los ángeles habitan en medio de las claves del canto y el estudio.
Los Niños Cantores de Villa de Cura con orquesta.
La historia comenzó hace 40 años, un día de diciembre de 1970, cuando el padre Rodrigo, en una de esas iluminaciones aguinalderas decidió crear un coro de la parroquia con las voces que siempre están más cerca de Dios: las de los niños. Villa de Cura, como siempre, recibió la noticia con agrado. De allí en adelante, Los Niños Cantores de Villa de Cura han hecho de los días el verdadero milagro: cantan con tal belleza y calidad que el mundo ya los tiene como una referencia musical y cultural.
La historia, la que atañe a los afectos y a los hechos, se centra en la dificultad de que los muchachos no podían ensayar con comodidad, toda vez que estudiaban en escuelas distintas. Los ensayos discurrían en la Casa Parroquial, donde el padre Salvador, Germán Cordero y un joven talentoso que se formó en sus filas, Guillermo Hernández, destacaban sus esfuerzos, hasta que apareció el otro milagro: la creación de la Escuela de Música “Ángel Briceño” en 1981. Idea que Salvador Rodrigo reveló con la imaginación que lo caracteriza. Entonces, un año antes, el Concejo Municipal donó los terrenos para que se erigiera la bella escuela que es hoy y donde se han formado músicos y ciudadanos ejemplares. En 1986 Carrizalito fue una fiesta, la gran fiesta de la escuela que muchos habían soñado.
2.-
En el abra de Carrizalito, donde confluyen las curvas de la tierra y el paisaje se hace un valle, fue establecida la escuela, una institución de enseñanza integral donde el canto, la teoría y el solfeo se conjugan con otros conocimientos. La Escuela de Música “Ángel Briceño” cuenta con otros espacios que le permiten a los estudiantes acceder felizmente. Cuenta con un comedor, canchas, biblioteca, estudio de grabación, salas para ensayos, una capilla, aulas y oficinas para el personal administrativo. Igualmente, tiene una imprenta que les permite publicar todo lo concerniente con el oficio de hacer música y educar para la vida.
El padre Salvador, su director.
En Carrizalito, eso lo sabe todo el mundo, habitan los niños que luego recorren el mundo con sus voces y alegría. El canto se ha hecho la tradición más elevada de quienes a diario hacen el milagro de reencontrarse con el ser humano, con el prójimo.
De Carrizalito han alzado vuelo a Colombia, España, México, Italia, Brasil, República Dominicana, Guyana, Cuba, Rumania, Bulgaria, entre otros lugares donde Villa de Cura ha dejado marcada su huella.
Una vez cubierto este trecho, muchos de los que pasaron por la escuela forman parte del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles, así como de las orquestas sinfónicas y filarmónicas de Venezuela.
3.-
El premio más importante que se han ganado Los Niños Cantos de Villa de Cura ha sido el reconocimiento de todo el país, pero sobre todo el de La Villa, el de las barriadas y comunidades de esa parte de Aragua que los ha convertido en patrimonio amoroso.
De los otros premios se pueden mencionar el del Festival de Des Moines de Iowa, Estados Unidos, en 2001. Así como la medalla de bronce alcanzada en el Certamen de Tolosa, en el País Vasco, España, en 1998. Otro reconocimiento es el Primer Premio de Música Académica del X Festival Internacional Coral “Inocente Carreño”, celebrado en Margarita en 2006. Aragua lo declaró en 1994 Patrimonio Cultural. También recibió la Orden Andrés Bello y el Premio Coral “Vinicio Adames” en 1995.
Las voces de estos niños han quedado grabadas desde 1972, dos años después de haber nacido como agrupación coral. Entre sus trabajos están “Así cantan los Niños Cantores”, “Antología de Aguinaldos venezolanos”, “Desde Venezuela”, “Cantemos al amor de los amores”, “Cantos religiosos de siempre” y un hermoso registro de elevaciones vocales a la Virgen María.
Estos 40 años de historia forman parte también de la historia afectiva de un gentilicio que cada día crece. Desde La Villa, desde un pueblo que ha parido poetas, compositores, pintores, músicos, profesionales de gran valía, nos viene a todos los venezolanos el mejor de los inventos: Los Niños Cantos de Villa de Cura, empeño de un hombre que todo el mundo conoce como el padre Salvador, quien en cualquier esquina recibe el abrazo y cariño de su gente. Su labor, consagrada con humildad creadora, lo convierte también en un patrimonio de nuestro país.

lunes, 21 de marzo de 2011

Al borde del estallido de Víctor Parra: Eros poético


Argenis Díaz

Mucho se ha escrito sobre el amor, en especial por el que los griegos denominaron eros; de hecho tenían otras tres palabras (filía, storgué y agape) para designar lo que en nuestra lengua española llamamos por lo común amor. Es difícil de definir desde el punto de vista del sujeto amante. Sin embargo, nos atrevemos a decir que el amor (eros) es en esencia un proceso complejo lleno de contradicciones, de flujos y reflujos, genéticamente se manifiesta como expansión del ser, pero también como atracción hacia su núcleo vital. Se alimenta de muchos factores, desde el nihilismo hasta la agresividad o posesión, pero sin negar su fuerza creadora que hace fecundo al ser humano. Además, podemos afirmar con Emilio Mira y López (1965) que sobre el amor hay mucha más literatura que ciencia.
Este mismo autor nos asegura que el amor erótico no es algo que “nos llega” sino que “es un especial modo de existir que sobreviene en nuestra intimidad”. Con todo, el amor es una facultad y no un objeto, como diría Erich Fromm. Y que hay que tomar en cuenta el valor exuberante del sujeto amante. Se puede afirmar también, siguiendo al autor de El arte de amar que “el amor erótico es el anhelo de fusión completa, de unión con una única otra persona”. Es desde ese enfoque que nos ubicamos en la lectura particular del poemario de Víctor Parra: Al borde del estallido (2009), publicado por el Sistema Nacional de Imprentas Aragua bajo el signo de la editorial El Perro y la Rana.
El acto del amor, del sexo, se convierte en un ritual, en un acto simbólico reflejado en la palabra; el yo poético es un yo erótico. Se da la polaridad, la alteridad, el reflejo en el otro de la propia capacidad de amar. La persona amada sufre una transfiguración, también el lenguaje, a través de la metáfora, la palabra sublimada, dotada de alas para volar en su propio universo poético.
En este lugar
soy hoja
perdida en el otoño
deshauciado
leño
Que la pena suscribe (33)
Predomina la verticalidad del texto, dándole a la estructura una forma fálica. El lector se ve obligado a realizar una lectura espasmódica del poema, lo cual transmite desasosiego. Es evidente la llamada raíz genital del amor, el deseo de fusión que da inicio a la fase de simbiosis, de compenetración de los dos amantes que se convierten en uno superando el aislamiento:
Nada impide
este encuentro
de dos juntos

bajo luna menguante

dos pliegues

ondulantes
somos (37)
En estos textos sexuados y en cortados versos abundan las menciones a zonas erógenas del cuerpo: “… mi labio/ busca/su boca/ dormida/ al beso” (18); “Tu/ lengua/ que/ aborda/ Despliega/ Transita/ Detiene/ su voracidad/ contenida” (30”; “Tu/ gruta/ convida/ al grito/ del amor/ Consumado” (31); y este poema que da nombre al poemario:
Mi boca
frágil
movimiento
traza
indetenible
prende
una
señal
Te pone
absorta

Al borde

Del estallido (53)
El poemario está impregnado del deseo persistente del alter ego femenino, el amor es hoguera que consume, leña encendida, unión que “coronas con un grito” (12). La metáfora es valle, bosque: “te doy/ mi cálido/ jardín” (49). Lo demás es explícito, nostalgia, espera, noches sin dormir: “Cuando/ no me/ veas/ Olisquea/ mi celo/ en la distancia”.
Víctor Parra asume con este poemario un reto y un riesgo a la vez. No en vano manifiesta que este trabajo es producto de más de dos años de ejercicio poético, de intentos, de flujos y reflujos, de buscar la palabra que ilumine el sendero, que identifique al lector con la vivencia, pero sin perder la calidad del texto. Lo cual es harto difícil en un tema tan manoseado como este del erotismo desde la poesía, sin caer en lo vulgar, en la palabra rastrera, en la manida grosería en que caen algunos autores con la excusa de parecer auténticos y de reflejar el color local.
(Villa de Cura, 15/02/2010)