Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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miércoles, 24 de julio de 2013

BIOLOGÍA CULTURAL. ¿AMOR AL TOLERAR O AL RESPETO?

Rebeca Vargas
 Estudiante del Doctorado en Ciencias de la Educación
Universidad Rómulo Gallegos, Venezuela
 

Desde el inicio de los tiempos, el ser humano ha estado inmerso en el decidir, diariamente tenemos que tomar decisiones sobre nosotros mismos y la forma en que vivimos conjuntamente con el contorno en el que estamos; un ejemplo de esto radica en el proceso arduo que pasan las mujeres al momento de vestirse, si bien sabemos, la mujer tiende a pensar más en su aspecto físico que el hombre (aunque con el correr de los años vemos como el hombre se integra más a esta tarea física), particularmente parto del hecho en que cada mañana, antes de ir al trabajo pese a que uso uniforme, me detengo un momento que puede tardar varios minutos, para decidir que camisa me gusta más (aclarando que todas son iguales), y ni hablar cuando llega el momento de peinarme, pero todo se basa en las emociones del día, como seres cambiantes de ánimo, nuestra mirada al mundo varía también, decidiendo y decidiendo sin terminar de hacerlo ya que es un bucle cíclico en un sistema de vida.

Sin embargo, que implica el decidir en nuestras vidas, es posible decir que como seres pensantes usamos el amor con nuestras emociones para tomar decisiones, ya que como seres amorosos podemos tener confianza en lo que decidimos, podemos tener la seguridad en que seremos amados sin importar la circunstancia, ¿sin que nos demos cuenta que ese amor sea desde la tolerancia o desde el respeto?, por su parte, el amar forma parte de nuestra ontología constitutiva, que dentro de la cultura que vivimos se modifica tanto que tiene que ver con otra relación diferente al vernos como seres humanos. Hoy en día, vemos al amor como eso que damos a otra persona, bien sea afecto, dedicación en el hogar, fidelidad tal vez, pero tiene que ver con esa entrega hacia el otro, y si recibo algo a cambio de ese esfuerzo que se hace, se dice que soy amado. Seguramente, tal espera sea a raíz de que queremos ser vistos, ser notados de entre tantas personas y ser escuchados por sobre todas las cosas.

Es conveniente decir entonces, que el amar es aceptar la presencia del otro, es respetar al otro, lo que resulta en una tarea diaria, ya que uno no ve lo que hay, sino que depende de lo que estamos mirando, sin anteponer un prejuicio, es un mirar sin juicio, un mirar distinto, sin tener expectativas del otro, eso es amar, es aceptar al otro, respetándolo por encima de lo que significaría el tolerar, ya que cuando toleramos mentimos sobre lo que está sucediendo, lo hacemos a manera de salir del paso o simplemente encajar en un espacio pese a que no estoy de acuerdo con lo que sucede allí, es un mientras tanto para muchos, por ejemplo: muchas veces toleraba que un hombre dijera que es ateo, que para él no existiese lo que para nosotros los cristianos es Dios; pero el hecho de que lo toleraba enmarcaba una mentira para mí misma, porque no era honesta sobre lo que yo pensaba del ateísmo, solo que lo toleré mientras estaba conversando con él para no entrar en polémica y perder la imagen ante él. Sin embargo, aquí cae un poco en reflexión: ¿estamos tan acostumbrados a tolerar el mundo que no vemos como perdemos presencia ante las demás personas?

Cabe resaltar que sería un escenario diferente, si en aquella oportunidad fuese aceptado el punto de vista de aquel hombre, ya que sus fundamentos tendría para llegar a tal decisión, si hubiese colocado en práctica el hecho de que cada ser humano piensa, siente y habla diferente a mí, lo habría respetado, y por ende daría espacio al amar al otro sin prejuicio, suena hermoso, pero es una tarea que requiere esfuerzo y sobretodo un nivel de interpretación, análisis, comprensión y madurez para llevarla a cabo. Dando una mirada global a esa experiencia, aprendí que hay que escuchar y estar dispuesto a escuchar tanto como sea necesario para un mejor convivir, la realidad es cambiante, la verdad es relativa, no sabemos todo y todo lo que sabemos en apenas una pequeña partícula de un gran universo de conocimiento, de información que día a día tomamos para crecer como seres humanos, y con esto ser más humildes ante nuestro entorno y contorno, quizás sea lo que nuestro planeta necesita… que seamos más conscientes ante lo que sucede y hagamos algo al respecto, debemos cambiar nuestro pensar, porque si no modificamos el pensar que pensamos no estamos dando nada a la sociedad, a la vida y al planeta, por último quisiera terminar de la forma en que empecé… les dejo aquí la pregunta: ¿amor al tolerar o al respeto? Usted decide como darle respuesta.

Imagen tomada de http://es.paperblog.com/de-relaciones-respeto-empatia-y-amor-1627005/

miércoles, 17 de agosto de 2011

La crisis de la Universidad*

Fernando Mires

Aún hoy, en el siglo XXl, muchas universidades europeas arrastran consigo una pesada carga medieval. Hay universidades en las que suelen formarse grupos cerrados que rinden culto a una determinada línea, excluyendo cualquiera posibilidad de interrelación con otras disciplinas del pensamiento

1. Universidades arcaicas
Aún hoy, en el siglo XXl, muchas universidades europeas arrastran consigo una pesada carga medieval
En la mayoría de las universidades europeas las relaciones entre catedráticos corresponden a las de “pares entre pares”. Cada uno es dueño de un territorio específico dentro del cual domina casi sin contrapeso un determinado“señor”, en este caso un profesor. La cátedra es otorgada de por vida, y no son pocos los casos de eminentes profesores que designan incluso a sus sucesores, destinados a mantener la línea impuesta por el “gran maestro” (que no siempre es tan grande ni tan maestro). Del mismo modo, entre catedráticos se concertan alianzas y pactos cuyos objetivos son aumentar el poder personal tanto fuera de la universidad como dentro de ella. Cada catedrático posee además un séquito especial formado por asistentes, auxiliares, secretarias, tutores, etc. (la nomenclatura varía de universidad a universidad). Al igual que en el medioevo, el séquito, o hueste personal, es adqirido por contrato, pero en el fondo está basado en relaciones personales y, por supuesto, en la incondicionalidad absoluta del “siervo” al “señor”. Lo que no siempre está claro es a qué periodo medieval corresponde la estructura descrita. A veces da la impresión de que en ella se mantienen las formas de la más temprana Edad Media. No obstante, otras veces he llegado a pensar que estamos en el periodo de plena decadencia del feudalismo. Esta última impresión la he confirmado observando la enorme proliferación de títulos académicos equivalente a la superabundancia de títulos de nobleza que caracterizó a la “tardía Edad Media”, particularmente en países como España, Italia y Portugal. Así como en ese periodo las cortes y los patios de los castillos estaban repletos de nobles con título, pero sin riquezas ni tierras, señores de capa y espada (con criado, cochero y toga, aunque muertos de hambre), hoy en día los campus universitarios se ven atestados de doctores sin sueldo ni puesto de trabajo; y lo que es peor: sin capa y sin espada.
Pero no sólo se encuentran en la universidad europea moderna las raíces feudales que le dieron origen, sino además las clericales. En los claustros universitarios (la palabra claustro no es casual) se dan todavía procesos de iniciación muy similares a los que tenían lugar en los conventos. Del mismo modo, en el largo proceso de aprendizaje que lleva a la obtención de un título universitario hay que pasar por largos periodos de “expiación”. La sacralidad de la profesión universitaria no se da sólo en las formas, sino también en una dogmática muy similar a la de las diferentes ordenes sacerdotales. En ese sentido, uno de los grandes éxitos de los movimientos estudiantiles alemanes del 68 fue haber puesto fin a la llamada Ordinarius-Universität. El Ordinarius era el prófesor de cátedra que dictaminaba sobre contenidos y formas en su terriorio académico. Una especie de preceptor laico. Pero que el Ordinarius sea sólo una reliquia medieval, no es muy seguro.
Hay universidades en las que suelen formarse grupos cerrados que rinden culto a una determinada línea, excluyendo cualquiera posibilidad de interrelación con otras disciplinas del pensamiento. Tales grupos, si se encuentran articulados en alguna institución interna o externa a la universidad, pueden ser considerados como equivalentes a las ordenes religiosas medievales. Pero, como suele suceder en las grandes iglesias, es frecuente que a su alrededor también proliferen sectas, las cuales suelen agruparse en torno de una figura profética o mesiánica. Si el profeta o mesías ya está muerto, mucho más imponente e inapelable es su “mensaje”, y sus seguidores le rinden una veneración que envidiarían los monjes tibetanos.
Alrededor de nombres papales como Marx, Freud, Jung, Lacan, Sartre, Foucault, Wittgenstein, Habermas, por ejemplo, se forman en las universidades “escuelas de pensamientos” que preservan y siguen las lecciones del “gran maestro” con la misma fidelidad que los franciscanos a Francisco de Asís y los jesuitas a Ignacio de Loyola. Por cierto, tanto en uno como en otro caso, en el seguimiento condicional al gran maestro se esconden intereses que no son siempre científicos, pues una cosa es la especialización en un determinado sistema de pensamiento elaborado por alguna eminencia, lo que en sí no tiene nada de cuestionable, y otra cosa muy distinta es convertirse en algo así como su representante en la Tierra, o lo que es peor, en su “intérprete”. Así, la mayoría de las escuelas interpretativas se limitan a reproducir el pensamiento originario, ordenándolo en sistemas, estructuras y jerarquías, y lo que es peor, en manuales, cuyo objetivo es elevar a verdad indiscutible todo que dijo (y no dijo) el gran maestro. Lo que ocurrió con la compleja obra filosófica de Marx a gran escala, cuando cayó en manos de los bonzos del Kremlin, tiende a ocurrir a escala menor en los “claustros académicos” donde asoma, impertinentemente y con mucha fuerza, la casuística monacal que forma parte del inconsciente de cada ciencia.
2. Castas académicas
Después del feudalismo y del clericalismo, la tercera de las raíces que explica el carácter patriarcal de la universidad europea –cuyos modelos han sido exportados hacia las más diversas latitudes– viene de los llamados gremios o corporaciones medievales que, a diferencia de feudos y conventos, tenían un asiento predominantemente urbano. Como es sabido, la principal característica de los gremios era su jerarquización vertical.
Ahora bien, como ocurrió con otras instituciones públicas, aquel orden organizacional que predominaba en los gremios fue transferido a las universidades, de modo que también en sus diferentes cátedras tendían a formarse relaciones corporativas, particularmente alrededor de un catedrático que pasaba a ocupar el lugar del antiguo maestro del mismo modo que los llamados asistentes y profesores auxiliares ocupaban el de los aprendices. Dicha relación se veía fortalecida por el hecho de que –hasta hoy– cuando algún iniciado pasaba al lugar del catedrático, obtenía el cargo de por vida. Como todavía se dice, “cuando se nombra un catedrático, ya no hay como sacárselo de encima”. De tal modo, el catedrático se convertía en un propietario de un medio de producción intelectual que él organizaba del mismo modo que los empresarios urbanos a su personal subalterno (Weber 1995, p. 6).
Muchas de las estructuras gremiales y/o corporativas que caracterizaban a la antigua universidad siguen prevaleciendo, aunque por .supuesto bajo nuevas formas. Las relaciones consanguíneas en las “castas” no tienen hoy un papel relevante, pero su lugar ha sido ocupado por la “familia ideológica”, algo que, aun después del fin de la Guerra Fría y de la inevitable polarización ideológica de los sistemas de conocimiento que de ahí se derivaban, continúa existiendo no sólo en las ciencias sociales, de por sí “politizadas”, sino también en las ciencias naturales. Desde luego, aunque todo el mundo universitario está consciente de ese hecho, nadie lo dice abiertamente. Mediante un acuerdo tácito se sigue haciendo “como si”, es decir, como si los cargos universitarios fueran ocupados exclusivamente de acuerdo con méritos individuales, y “como si” las adscripciones ideológicas no tuvieran ningún papel en los nombramientos. Pero hay todavía universidades de “izquierda” y otras “conservadoras”. Dentro de cada una hay también reductos que agrupan a los miembros de una o de otra familia ideológica. Dicho secreto a voces no es problemático cuando en la vida extrauniversitaria rigen condiciones propias al pluralismo ideológico o político, de tal modo que cada estudiante es teóricamente libre de decidir en cuál alma máter y cátedras quiere realizar sus estudios.
Problemático es cuando rigen en el mundo político institucional sistemas bipartidistas, y lo que es peor, monopartidistas. En esos casos, la oferta ideológica es extremadamente limitada, y las universidades tienden a constituirse en simples prolongaciones académicas de poderes extraacadémicos.
Pero no sólo en el plano de las relaciones ideológicas, sino además en el de las personales, rigen, en la vida académica, formas y normas que eran constitutivas del orden de los gremios medievales. En el pasado, haber sido aprendiz de uno u otro maestro era un signo que garantizaba la calidad de un arte o técnica, hecho que podía ser certificado en las prácticas manuales.
Un maestro que hubiera sido aprendiz de la casa Stradivarius poseía sin duda un “sello” de indiscutible prestigio en el rubro de la fabricación de violines. En las prácticas científicas, el efecto es parecido, aunque no pueda verificarse en la realidad como en las actividades manuales y artísticas, pues alguien puede haber sido discípulo de Einstein y continuar siendo un físico mediocre. No obstante, hay académicos que han aprendido a utilizar el “con quien” estudiaron de modo magistral.
3. La “americanización” de la universidad
Frente al extremo medievalismo de la universidad alemana, Max Weber ponía como contrapunto, en su libro clásico: Ciencia como Profesión, el otro polo: la universidad americana.
Por americanización de la universidad entendía Weber una suerte de mercantilización de la vida académica, según la cual rige una flexibilidad en los cargos determinada más bien por las leyes de oferta y demanda, y donde la enseñanza es concebida como una mercancía que ofrece la empresa, en este caso la universidad, a los consumidores, que son los estudiantes (p. 6). El estudiante paga una matrícula alta y compra así una determinada cantidad de conocimientos, y con ello los correspondientes títulos que necesita para su plan de vida. La relación que impera en la academia es, por tanto, una relación empresarial que, por lo demás, es la misma que rige los destinos de la sociedad fuera de las universidades. En este contexto, el profesor pierde la presencia majestuosa, casi papal, que adquiría en la universidad alemana en los tiempos de Weber. Como contrapartida, se convierte en una suerte de vendedor público de saberes, teorías y conceptos y, como todo vendedor, ha de esforzarse para que sus productos sean más atractivos que los que ofrece otra empresa, en este caso, otra universidad.
Weber caricaturizaba ya en 1917 tanto a la universidad alemana, como a la norteamericana. En uno como en otro caso se trata sólo, para emplear la propia terminología de Weber, de “construcciones ideales” que, por serlo tales, no encuentran jamás una correspondencia exacta con la realidad en el marco de los dos peligros que marcan el tenor de casi toda la sociología weberiana. Uno, el de la extrema racionalización; el otro, el de la extrema economización. Como es sabido, para Weber ninguno de los dos excluye al otro, constituyéndose así un tercer peligro que, valga la tautología, es el más peligroso, y éste es el que se da a través del entrecruce de relaciones capitalistas con la creciente complejización de la esfera burocrática, tema que hoy signa a casi toda la sociología de Habermas. Tanto una tendencia como la otra se sirven de estructuras de dominación “arcaicas”, de modo que la relación entre tradición y modernidad no sólo es antagónica, sino además complementaria. Esto significa que una universidad puede estar edificada sobre bases medievales, constituirse como empresa moderna, y ser extremadamente burocrática a la vez, sin que todo eso implique, necesariamente, una contradicción.
Cuál es el modelo que ha de prevalecer en las universidades del futuro es un tema permanente en la discusión interuniversitaria. En algunos institutos norteamericanos se añora e idealiza la antigua universidad europea. A la vez, en muchas universidades de Europa se intenta adoptar, indiscriminadamente, formas supuestamente americanas de funcionamiento. Como en los tiempos de Weber, los académicos europeos viajan a EEUU, a veces sólo por una semana, y regresan encandilados con la agilidad, movilidad y flexibilidad que muestran algunas universidades del “nuevo mundo”. Continuamente presionan para imponer dichas formas y estilos en instituciones universitarias que han sido diseñadas en el marco de tradiciones diferentes, y a las que no es fácil, y quizás tampoco sea conveniente, renunciar. El resultado es que se ha ido formando en Europa un híbrido que conserva en sí todas las formas autoritarias y patriarcales de la universidad medieval, a las que se agrega el autoritarismo burocrático estatal –en países como Alemania todavía muy fuerte–, y la mercantilización del saber académico que es característica de algunas nuevas universidades norteamericanas (pues, por lo general, las tradicionales son más europeas que las europeas). Algo así como un McDonald dentro de la catedral de Notre Dame, pero atendido por funcionarios públicos.
En diferentes trabajos que se refieren a los procesos de modernización de instituciones tradicionales, Max Weber destacó que la tradición no excluye la modernización. En ese sentido, en muchas universidades modernas, la creciente mercantilización de las relaciones académicas no sólo coexiste con la burocratización de la enseñanza y con la mercantilización de la investigación científica; además cada uno de esos procesos ha terminado por ser funcional al otro. Para poner un ejemplo, los proyectos de investigación científica que se realizan en un recinto universitario reciben financiamiento externo, que puede ser del Estado, de empresas privadas, o incluso de bancos. Por lo tanto, si un profesor es interesante para una universidad, no lo es sólo por sus conocimientos o por sus cualidades sino también por su capacidad para obtener fondos y administrar proyectos; lo que implica, en primera instancia manejar un complejo de relaciones públicas y privadas que permitan canalizar medios de financiamiento para esos diferentes proyectos. De este modo el profesor posmoderno no sólo debe ser un sabio patriarcal, sino además un excelente manager, es decir, alguien con manejo empresarial y administrativo. De más está decir, en este caso, que las prestaciones de servicio y las relaciones de dependencia personal, propias a la universidad medieval, se acrecientan cuando el profesor-empresario actual está además en condiciones de crear empleo, distribuir dinero y financiar investigaciones entre los miembros de su séquito. Éstos rara vez se encuentran en condiciones de cuestionar las teorías del profesor-empresario, por descabelladas que sean, so pena de poner en peligro no sólo sus posibilidades de ascenso profesional, como ocurría en el pasado, sino además su subsistencia económica. Ello quiere decir, y a eso voy, que el saber científico no sólo no es siempre objetivo, ni puramente discursivo. Además es construido en espacios de relaciones que no excluyen las de dinero, subordinación e incluso, como he podido comprobar tantas veces, de simple servilismo. Sin embargo, que las universidades puedan ser convertidas en meras prolongaciones de fábricas, empresas e incluso bancos, no implica satanizar cualquiera posibilidad de des-estatización.
El Estado no ha sido en ninguna parte el mejor garante de la autonomía universitaria, a la que se ha confundido por lo general con autonomía estatal en la universidad, o con universidad como entidad aislada donde cada miembro pueda hacer lo que le da la gana, hasta llegar a albergar en su interior grupos terroristas (como ha sido el caso de algunas universidades latinoamericanas).
Pero des-estatización tampoco es necesariamente privatización, ni mucho menos, empresarización; ella puede ser entendida también en el sentido de la integración creciente de la universidad en un proyecto civil de sociedad. De acuerdo con Daxner: “La ciencia es una cosa pública, una res-pública. Y ya que los principales establecimientos de la ciencias son las universidades, hay que exigir que ellas sean establecimientos de propiedad pública. Esto significa que la universidad ha de pertenecer a todos los miembros de una sociedad, con todos los derechos y obligaciones que implica cada propiedad” ( p.193). No obstante Daxner -uno de los mejores analistas de las universidades alemanas- no establece la diferencia entre "lo público" y "lo estatal". Una universidad puede ser privada y prestar enormes servicios públicos o puede ser estatal, pero con una muy débil incidencia pública.
La verdad es que el punto arquimédico entre la universidad medieval, la universidad como aparato de Estado, y la universidad-empresa, aún no ha sido encontrado. Quizás no exista. Puede incluso que lo que ha de caracterizar a las universidades del futuro sean combinaciones de diferentes formas institucionales, estableciéndose así una suerte de permanente equilibrio inestable dentro de ellas.
4. Entre el clientelismo estatal y la universidad “chatarra”
Con el fin del comunismo y de las ideologías para-estatistas que lo legitimaban, la universidad puramente estatal ha entrado en descrédito en casi todo el planeta. Pero aún subsiste en países donde el Estado sigue ocupando el centro tanto del proceso productivo como del ideológico (como es el caso en los países islámicos y en los restos de comunismo que perviven en China o Cuba), o en el marco de relaciones partidistas, como las que imperan en algunos países latinoamericanos donde no pocas veces los cargos docentes son ocupados por personas que, antes de dar pruebas de conocimiento han de dar muestras de fidelidad a un partido, régimen, Estado, o ideología. En Chile, para referirme a un caso que bien conozco, las universidades estatales están atestadas de “apitutados”, vale decir, personas que han alcanzado cargos académicos gracias a sus adhesiones políticas.
Como reacción a la, en muchos casos, corrupta universidad estatal, han surgido en diversos países latinoamericanos (así como en muchos de los países poscomunistas de Europa del este) micro-universidades empresariales (también llamadas “universidades chatarra”) que funcionan de acuerdo con el estilo impuesto por una economía mercantil, y que no reconocen ninguna otra ley que no sea la de la oferta y la demanda. En términos estrictos, esas no son universidades, ni deben ser llamadas así. Se trata simplemente de institutos privados y empresariales de enseñanza especializada pero que, si vamos a seguir hablando de universidad no caben dentro de ese concepto. Puede sí, que adelanten con su presencia el fin definitivo, y ya tantas veces proclamado, de la universidad tradicional. Pero ese ya es otro tema. No obstante, debe ser dicho que la formación de institutos autónomos, tanto dentro como fuera de las universidades, en lugar de permitir la aparición de entidades en las cuales la ciencia obtenga más libertad, crea las condiciones para que tales institutos puedan ser cooptados por intereses de Estado, o de corporaciones y empresas privadas.
La siempre anunciada crisis de la universidad resulta, en consecuencia, de la indefinición existencial de la institución. Si renuncia a sus fundamentos arcaicos, se transforma en una empresa comercial, o lo que es peor, en una instancia burocrática del Estado (y de los partidos políticos que lo controlan). Si renuncia a sus características empresariales modernas, se transforma en una reliquia de museo, o en un lugar para realizar visitas turísticas (como ocurre ya con algunas universidades “clásicas”).
La universidad moderna es portadora de una contradicción histórica hasta ahora no resuelta. Pero quizás la condición que permite que esa institución llamada universidad siga existiendo a través de los tiempos es la imposibilidad de resolver dicha contradicción. Eso quiere decir que la crisis de la universidad no es una anomalía. Por el contrario: la crisis puede ser también su forma natural de existencia.
Referencias:
Max Weber: Wissenschaft als Beruf, Reclam, Stuttgart 1995
Max Weber: Schriften zur Wissenschaftslehre, Reclam, Suttgart 1991

Michael Daxner: Die blockierte Universität, Campus, Frankfurt 1999
*Tomado de http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/3773878.asp

sábado, 16 de abril de 2011

Por una Universidad Autónoma, Democrática y Científica de cara al Desarrollo Nacional


Mesa de Diálogo Ejecutivo Nacional – Gremios Universitarios.
Tema: Transformación Universitaria.
Papel para el debate:
Prof. (USB) Elvin Barreto Guédez (ebarreto@usb.ve)
Por una Universidad Autónoma, Democrática y Científica de cara al Desarrollo Nacional
“… [La Universidad debe] dedicarse a la búsqueda del conocimiento a través de la investigación científica, humanística y tecnológica, para beneficio espiritual y material de la Nación. Las Universidades Autónomas se darán sus normas de gobierno, funcionamiento y administración eficiente de su patrimonio bajo el control y vigilancia que a tales efectos establezca la Ley…” (C.R.B.V., Art. 109º)
  1. Introducción.
La Universidad Venezolana, es uno de los espacios que ha sido persistente en el enfrentamiento a diferentes regímenes totalitarios que han transcurrido en la historia republicana. En las actuales circunstancias políticas, más que en un emblema, la Universidad se ha convertido en un reducto democrático: en el centro de irreverencia y desprecio a las pretensiones intervencionistas de este régimen que no descansa por concretar sus intenciones de poner a las Universidades bajo sus órdenes.
Las acciones del Ejecutivo Nacional a lo largo de estos once años reflejan la contradicción entre el discurso y la realización. Ejemplo de ello es el “discurso socialista del siglo XXI” frente a la política económica que viene ejecutando a favor del capital financiero y la división internacional del trabajo y sus resultados en la centralización del capital. Mientras que la pobreza y el bienestar de las mayorías apenas es atendida con paños calientes y una gran demagogia populista que busca mantener vivas algunas esperanzas en el pueblo.
Los grandes problemas nacionales se agravan producto de la ineficacia política, la corrupción, el proceso de destrucción del aparato productivo nacional, entre otros factores. Mientras el Ejecutivo Nacional de manera tramposa y engañosa acusa a las Universidades de estar a espaldas de las necesidades del país, cuando en realidad estas no son tomadas en cuenta en la formulación y ejecución de políticas y proyectos que tengan como objetivos el desarrollo y progreso de Venezuela.
Dado el proceso de deterioro financiero de las Universidades, pero también por la precariedad de los salarios de docentes, empleados y obreros, de las becas estudiantiles, que motivaron la deserción hacia otros espacios laborales o educativos así como la implantación de prácticas ajenas a la honestidad, o bien resultado de la realización de ideas liberales que buscaban privatizar la universidad, mercantilizar el quehacer universitario e incluso gremial; han conducido a un detrimento de la universidad pública venezolana. Pero esa circunstancia no se resuelve derogando la autonomía y la libertad de cátedra, como en efecto pretende el Ejecutivo Nacional. Ciertamente, las Universidades vienen años atrás sufriendo un proceso de deterioro que sirve al actual régimen como argumento para intervenirlas y colocarlas a su servicio.
  1. Valoraciones y Críticas a las ideas de transformación universitaria del Ejecutivo Nacional.
Por todo lo anterior la meta de los Universitarios no debe ser otra que la de impulsar un gran movimiento nacional por la defensa de la Autonomía Universitaria, por la Educación Científica y al Servicio del Interés Nacional y del pueblo venezolano.
Para ello se debe abrir el debate intra y extra universitario que de paso a la Transformación Universitaria partiendo del desenmascaramiento y distanciamiento de las ideas transformadoras del Ejecutivo Nacional, expresadas en los diversos proyectos de Ley elaborados por sus intelectuales apologistas:
Introducción de elementos de irracionalismo y metafísica. El Ejecutivo Nacional habla de una Universidad para “el diálogo de saberes”, en vez de ratificar la Universidad como centro para la búsqueda de la verdad, saber científico y desarrollo cultural universal. Tal “diálogo de saberes” es un contrabando vulgar que subsume el conocimiento científico en “saberes” cuya pertinencia histórica es abstracta. Esta acepción no es gratuita, obedece a algunos elementos fundantes del llamado chavismo, que, como bien sabemos, una de sus fuentes fundamentales reales es el pensamiento posmoderno. Es así como en los diversos proyectos de ley universidades desaparecen las palabras Verdad y Ciencia. Por lo que las convertirían en centros de diletancia, en el mejor de los casos.
Resulta contradictorio convertir las máximas casas de estudio del país en “centros para el diálogo de saberes”, cuando un verdadero proyecto de desarrollo debe reivindicar ante todo el saber científico y la investigación en función de los adelantos tecnológicos que demanda el desarrollo industrial, agroindustrial y agrícola, de la construcción de viviendas, entre otros aspectos. Asimismo, atender las demandas sociales en materia educativa, salud, entre otras, requieren de la reivindicación del saber científico, humanístico, del desarrollo tecnológico, y no de “diálogo de saberes” abstractos que bien pueden servir para la contemplación o cualquier cosa.
La Democracia Igualitaria. Ideas y conceptos, propios de este régimen totalitario y despótico, es el manido discurso que estimula la confrontación, el revanchismo y el resentimiento social y político entre los propios miembros de la comunidad universitaria. Para el régimen, como “respuesta” a la “existencia” de clases en las universidades, una de ellas, la “oligarquía profesoral”, se crea la igualdad plena a la hora de escogencia de las autoridades universitarias. Con lo que se rompe con la proporción racional en las casas de estudio universitarias, cuya democracia, dada la naturaleza de estas instituciones, debe cumplir con el principio de capacidad para decidir y cultura en torno de lo que se decide.
Reivindicamos el derecho al voto por parte de todos los miembros de la comunidad universitaria, al momento de la escogencia de autoridades, en su justa proporción en cuanto al porcentaje de miembros de la comunidad universitaria que representan.
La Autonomía Universitaria. Surge históricamente en Occidente como el resultado de la necesidad de creación de espacios en los cuales la libertad de pensamiento, de investigación, de creación, fuese tal que la iglesia ni poder alguno pudiese violar, suprimir o atacar. Eso en teoría, claro está. Esa demanda tenía que ver con las necesidades de enfrentar el dogmatismo conservador imperante, dado la necesidad del capital, incipiente pero en pleno desarrollo, de revolucionar los medios de producción apoyándose en el saber científico. Eso es así como elemento fundante. Experiencias similares las encontramos en otras culturas, valga el caso de la que existió en Medio Oriente, concretamente en Bagdad, para el siglo XII.
La Autonomía debe de ser reglamentada y orientada por la propia Universidad y no a la inversa como pretende el Ejecutivo Nacional. La Autonomía encuentra su razón de ser fundamental en este hecho: el encuentro de la verdad y del saber científico. Las ideas posmodernistas, que es la ideología desarrollada por la oligarquía internacional en estos tiempos, es el sustento de la idea de reducir la razón de ser de la universidad al tal “diálogo de saberes”. Metafísica que en definitiva atenta contra la autonomía, el saber científico, humanístico y el espíritu universitario.
  1. Transformación Universitaria en sintonía con el Desarrollo Nacional.
La Transformación Universitaria pasa por reivindicar sin titubeos el carácter Autonómico, Democrático y Científico de las Universidades, partiendo de las valoraciones y críticas generales anteriormente expuestas. Por lo que siendo un tema que concierne directamente a la comunidad universitaria no debe generarse bajo tutelaje de poder político y económico alguno. La Transformación Universitaria debe obedecer, en todo caso, a consensuales planes y proyectos de progreso y desarrollo nacional.
A propósito de lo anterior, valdría la pena formularse las siguientes interrogantes: ¿Cuál es el proyecto de desarrollo de Venezuela? ¿Hacia dónde se enrumba el país? ¿Se están solucionando los problemas de las mayorías? ¿Soberanía o dependencia?
De no existir tal proyecto de país que responda a las necesidades de las mayorías nacionales, debería ser la Universidad, aprovechando el bagaje de estudios, conocimientos y experiencias en todos los ámbitos, la proponente de las líneas de desarrollo que el país reclama. Y disponerse a llevar adelante la Transformación Universitaria en sus órdenes académicos y administrativos en función del desarrollo y el progreso de Venezuela.
Mientras, la ofensiva del Ejecutivo Nacional contra la Universidad Autónoma, Democrática y Científica reclama de la Unidad de todos los Universitarios así como de la configuración de una respuesta política unificada. No basta con la respuesta simplista de “Libertad y la Democracia para la Universidades”. Por la naturaleza del espacio (el universitario) que buscamos defender, debemos elevar el contenido del discurso, más cuando del lado del oficialismo existe un discurso hilvanado lleno de argumentos elaborados desde tiempo atrás, madurados al calor de debates dentro del chavismo y enarbolados contra la universidad venezolana. Mientras, de parte de los sectores defensores de la Universidad Autónoma, Democrática y Científica no existe unidad y una debilidad tremenda en el discurso autonomista.
El elemento fundamental en que debe descansar el discurso de los Universitarios es la Crítica. Reivindicar la Autonomía supone, en primera instancia, hacer valer lo que la sustenta, esto es, la Crítica, que es la esencia del espíritu universitario. Asimismo, supone levantar una propuesta global cuyo elemento central debe ser precisamente el Desarrollo Nacional. Esta propuesta debe descansar en la relación entre Soberanía e Independencia con desarrollo industrial, agroindustrial y agrícola y, por ende, desarrollo intelectual y de las capacidades intelectuales para sustentarlo. En segundo lugar una Nueva Democracia que en la universidad venezolana debe ser más amplia pero más rigurosa, toda vez que democracia es capacidad para decidir y cultura para forjar criterios en torno de lo que se decide. De allí es como podemos levantar una universidad verdaderamente autónoma, toda vez que ello supone desarrollo del conocimiento científico en un clima de amplia libertad, libertad de cátedra, de pensamiento.
La herramienta para enfrentar la circunstancia de la universidad venezolana no puede ser otra que el impulso de un amplio movimiento de carácter autonómico y progresista, que impulse una campaña nacional que devele las intenciones del régimen, así como coloque en evidencia el aporte de la Universidad al país. El liderazgo debe de ser compartido. El protagonismo debe dar paso al talento político y académico.
Caracas, 6 de abril de 2011

jueves, 4 de noviembre de 2010

Autonomía Universitaria y el régimen político chavista

Prof. Carlos Hermoso (UCV)

Caracas, 15 de febrero de 2010

1.- Origen de la autonomía. Industria y autonomía. Libertad para el desarrollo de las ciencias naturales.
El origen y desarrollo histórico de la autonomía universitaria los asumimos como un requerimiento para el avance de las fuerzas productivas, expresado en el progreso de las ciencias naturales, de la astronomía, las matemáticas, más allá, o haciendo a un lado la cuestión etimológica y su abordaje desde la perspectiva de las ciencias de la psicología. Es lógico suponer que el desarrollo de las ciencias supone perspectivas filosóficas diferentes a las implantadas por la dogmática religiosa, o de cualquier índole, cuya realización crea condiciones que abren las perspectivas de una subjetividad proclive al desarrollo científico y de su aplicación para la creación de medios de producción e instrumentos de trabajo que han contribuido cada vez más con la productividad del trabajo y, por ende, con la producción y realización de la plusvalía relativa, principalmente.
Así, su permanencia y vigencia en condiciones del capitalismo es tal en tanto es requisito de este campo científico de cara al desarrollo industrial. Dicho de manera más general, la autonomía universitaria, ese medio que permite la libertad de pensamiento para el encuentro de la verdad, está sujeta al desarrollo de las fuerzas productivas materiales inscritas dentro de procesos industriales. Esta demanda por establecer un espacio que garantice la libertad del pensamiento, de las ideas, de la filosofía, de la interpretación del mundo en función de garantizar la aplicación de principios que conduzcan a innovaciones científico tecnológicas, supone enfrentar la escolástica cristiana, cuando nos referimos a sus orígenes en el llamado mundo occidental. Giordano Bruno (Filippo Bruno, Italia, 1548-1600), ese mártir del pensamiento, quien no claudicó frente a la escolástica y por ello fue lanzado a la hoguera, es el emblema que representa esta confrontación. A su vez, Leonardo Da Vinci (1452- 1519) representa la realización de la libertad de pensamiento, sólo que las épocas de uno y otro estuvieron cruzadas por circunstancias opuestas, mientras el primero padeció la inquisición, Leonardo disfrutó del renacimiento.
Mientras la ideología hegemónica de las clases dominantes no encuentra mayor resistencia en las sociedades capitalistas y, por ende, en sus centros de estudio, la autonomía ciertamente abarca de manera muy amplia todos los campos de las ciencias, el saber, la cultura y las artes. Sin embargo, en el momento en el cual las ideas subversivas, que no sólo logran determinar el curso de los acontecimientos sociales de manera científica, sino que, igualmente presentan una perspectiva diferente al orden imperante, esto es, presentan como alternativa un proyecto que plantea nuevas relaciones sociales de producción, la autonomía, el libre encuentro de las distintas corrientes del pensamiento, se enfrenta a limitaciones que impiden su plena realización. Eso es lo que explica que la autonomía, con base en las demandas del capital, puede llegar a ser plena de cara al avance de las ciencias naturales, pero no para el caso de las ciencias históricas.
Así, junto a las primeras universidades, que surgen en los nacientes Estados nacionales, encontramos una autonomía universitaria insipiente pero llena de los principios que aún tienen vigencia. Junto a estos principios, fundamentalmente el de la libertad de pensamiento, se van creando condiciones para el desarrollo de la industria. A su vez, las ideas mercantilistas, van parejas a estos desarrollos, así como al de la libertad de pensamiento. Así como el derruir las fronteras feudales pasaba, en primera instancia, por la ampliación del mercado exterior por encima de los mercados interiores, la libertad de pensamiento, que permitiera enfrentar las ideas escolásticas que reprimían el desarrollo de teorías fundacionales de las ciencias modernas, de las ciencias naturales, era una necesidad impostergable para la pujante y naciente industria y con ello de la burguesía que daba sus primeros pasos como clase social en sí y para sí, con el corsé que supones las relaciones enfeudadas. Es así como las primeras corrientes autonomistas, que las encontramos en el corazón de la Europa medieval, en Francia, Bolonia, entre otras, se desarrollan y cristalizan al lado de las ideas económicas que amplían el horizonte del mercado hasta configurar su carácter mundial.
En definitiva, el capitalismo en ciernes, más bien, el desarrollo de las formas primitivas de la industrialización, en el marco del proceso de acumulación originaria de capitales, uno de cuyos resultados fue el cisma de la iglesia católica apostólica y romana, demanda de manera pujante e indetenible el desarrollo de la ciencia y su aplicación en tanto innovaciones científico técnicas.
Ello es lo que la da un carácter a la autonomía, en el sentido de que junto a ella se va entronizando la idea según la cual lo natural es el orden burgués. De tal manera que este principio permite la liberación en el campo científico que garantiza el desarrollo de las fuerzas productivas en el marco de las relaciones capitalistas, pero, junto a ello, se le da un carácter metafísico al orden burgués. Eso supone una contradicción que va pareja al grado en el cual avancen las ideas subversivas en relación con lo establecido. De allí que la autonomía se inscribe en el marco de la libertad burguesa, de sus principios y se articula con la fórmula judeo cristiana del libre albedrío y, por ende con el de la libertad de elegir. Esto es, se imbrica con principios fundamentales del orden burgués. De esta manera se inscribe en el marco de las libertades burguesas así como de su naturaleza metafísica por lo que su camisa de fuerza no es otra que la trascendencia que puedan tener las ideas que pudiesen subvertir el orden o que encuentren asidero en la conciencia de los oprimidos, así como, aunque de manera más tenue, desarrollos científicos en el campo de las ciencias naturales que no se correspondan con las demandas del capital en una circunstancia concreta. Por su parte, el desarrollo de las artes, de las distintas manifestaciones culturales, de igual manera encontrarán las mismas condicionantes. Mientras se ubiquen como expresiones que afiancen la cultura dominante, mientras contribuyan con el principio según el cual en el capitalismo se producen bienes que satisfacen necesidades, por lo que se crean los sujetos en correspondencia, así como no subviertan lo establecido, o no representen un peligro sustancial a una forma de dominación burguesa, la producción cultural y artística encontrará una relativa libertad.
Por otra parte, la Autonomía Universitaria (AU) es esencial en la condición de toda universidad inscrita dentro de la investigación y la creación artística y cultural. Por ello no podemos concebir el concepto de universidad desligado de la AU. Si ello no es realizado más que universidad, ese centro educativo que no cuente con la autonomía plena, es productora de una fuerza de trabajo de relativa calificación para satisfacer la demanda del aparato productivo. Sólo eso.
Por ello, más que una ingenuidad resulta una inconsecuencia quienes plantean que la autonomía encuentra en la autogestión, en la cogestión o, en general, la independencia financiera, la condición para ser realmente efectiva. Inconsecuencia que trasiega el tufo liberal detrás de una postura (o impostura?), supuestamente de progreso y autonomista. Es como el remedio que consiguieron los profesores universitarios al privatizarse el servicio de salud y descargarlo en sus propias espaldas, con el ánimo de independizarse del Estado. La autonomía está sujeta, como hemos tratado de plasmar, a las demandas objetivas y subjetivas del orden burgués. Si nos ubicamos en el carácter relativo de la autonomía, así como también en las condiciones que le dan vigencia, nos percataremos de que esta institución prevalece y es auspiciada por el estado burgués como una de sus instituciones fundamentales en aras del saber que demanda la industria y la cultura burguesa.
2.- Autonomía universitaria, aspectos objetivos y súper estructurales
La articulación dialéctica entre la base material y objetiva y las relaciones imperantes, conduce a subjetividades concretas. Esto es, el resultado de la confrontación entre las relaciones sociales de producción y el desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas, frenadas por aquellas, impulsan o crean espacios para la realización de la libertad de pensamiento, sobre todo en condiciones del incipiente capitalismo. Aunque es de destacar que en cualquier circunstancia la aplicación de principios que liberan las fuerzas productivas es una constante en el desarrollo de la humanidad, por lo que no es de extrañar que, en la medida que el hombre va aprehendiendo los principios que rigen el movimiento de la materia, aun cuando esto venga imbuido en manifestaciones mágicas, se va imponiendo la conciencia en la aplicación de tales principios para el progreso, lo cual no supone que no se encuentren obstáculos en el camino. Las evidencias son demasiado contundentes como para negar esta afirmación. Por lo que podemos concluir en que, a pesar de las limitaciones que imponen las fuerzas reaccionarias en cada momento histórico, siempre han terminado por imponerse las formas de conciencia que apuntalan el desarrollo de las fuerzas productivas materiales, expresado, en primera instancia, en la entronización en el cerebro de hombres concretos hasta convertirse en una tendencia social. Todas las formas del irracionalismo reaccionario se convierten en frenos para el avance de formas de conciencia que coadyuvan al desarrollo de la humanidad. Fíjese que hablamos del irracionalismo reaccionario, toda vez que, tratándose, como de toda categoría histórica, de su realización concreta, la historia demuestra que han existido y existirán formas de irracionalismo que propenden al desarrollo y otra que, por el contrario frenan en avance de la humanidad. Ahora bien, esta afirmación supone que la AU, o la libertad de pensamiento, para decirlo en términos más generales e históricos, es la forma más acabada bajo el imperio de las formas de conciencia que ubican el desarrollo social dentro de una concepción metafísica, esto es, que frenan y buscan evitar la transformación social, sólo que, en el caso del capitalismo, demanda de un impetuoso desarrollo de los medios de producción y de la ampliación ilimitada del mercado.
La complejidad de esta relación, articulación y contradicción radica en el hecho de que las fuerzas productivas son frenadas pero no detenidas. Su desarrollo es permanente. Incluso hasta las confrontaciones bélicas han supuesto su desarrollo. Si no, veamos las innovaciones alcanzadas al calor de la confrontación armada en todos los tiempos. Es necesario ubicar que esta categoría encierra muchas determinaciones y continentes, aunque debemos identificar que el hombre, la especie, la fuerza de trabajo, es la fundamental y principal. Fuerza productiva es crecimiento vegetativo, cultura, ciencia, estética, cuya derivación es y será cada vez más esperanza de vida y humanización en su expresión más acabada.
Así, articulada con el necesario desarrollo de las ciencias naturales surge una superestructura ideológica que legitima tales instancias. Se presenta una articulación, nada homogénea ni lineal entre las condiciones objetivas y las subjetivas, en sus aspectos jurídicos y culturales, que permiten una realización concreta pero no ilimitada de las ciencias.
3.- La ubicación histórica de la autonomía universitaria
Este proceso se realiza y desarrolla, en sus orígenes, de manera muy controversial dado que la industria aparece en el marco de las relaciones feudales, pero, de igual manera en condiciones de mayor desarrollo capitalista, sigue imperante la contradicción. El feudalismo demanda de un relativo desarrollo de la industria, tanto para satisfacer las demandas de medios de producción, en el marco de la camisa de fuerza que representa el orden feudal, como para satisfacer a las clases dominantes, la nobleza feudal, en cuanto a la demanda de bienes de consumo. Ello explica estos episodios históricos controversiales. A su vez, el desarrollo de la industria supone el dominio de principios del movimiento y estos, su descubrimiento e identificación entran en contradicción con la escolástica reaccionaria del momento. Las ideas de Copérnico (1473-1543), quien vivió en el período del renacimiento, además, estudió en Bolonia y París, esto es, en el ambiente liberal, y las de Kepler (1571-1630) en el marco del protestantismo, encuentran resistencia en la escolástica cristiana, pero el primero por el ambiente autonomista y el segundo
Como toda categoría histórica la AU tiene una ubicación históricamente determinada. Es la demanda del desarrollo de las fuerzas productivas materiales lo que maraca su origen y desarrollo subsiguiente. Más específicamente, el desarrollo industrial en condiciones feudales, empuja a la creación de espacios para la búsqueda de la verdad lo que a su vez conduce a la confrontación con la escolástica religiosa del momento. En lo sucesivo, esta determinación va a estar a momentos en confrontación con lo establecido, dado que se trata de una institución que, aparte de ser propia del llamado mundo occidental, está sujeto, su desarrollo a circunstancias que obedecen a condiciones objetivas del proceso de acumulación de capitales. Por ejemplo, indiscutiblemente que, en última instancia, es la composición orgánica de capitales la que determina las ramas de la industria que más impulso van a recibir, dada la competencia capitalista así como el comportamiento de la cuota de la ganancia, dado su desarrollo desigual y su tendencia a la nivelación. Esas son tendencias absolutas del desarrollo del orden burgués. De allí el estímulo y, por ende, el condicionamiento de las líneas de investigación en las grandes universidades. Así, siempre la autonomía está sujeta a estos intereses. Es así como los mayores desarrollos de las ciencias naturales, de las innovaciones científico tecnológicas, a escala planetaria, se encuentran estrechamente a la industria armamentista, a la industria bélica. Más aún, buena parte de los grandes avances en la industria civil son el resultado de aplicaciones que se desprenden de la industria de la guerra.
Asimismo, la realización de esta institución está sujeta a los vaivenes políticos del estado burgués. So la autonomía se convierte en un medio para el desarrollo del pensamiento subversivo, que atenta contra el estado de cosas imperante.
De tal manera que son las relaciones capitalistas de producción las que determinan que la autonomía forme parte de la superestructura jurídico política dominante del orden burgués, de la democracia burguesa representativa, en la cual impera la alternancia política como forma de legitimación de la explotación del trabajo. De allí que, en el entendido de que toda superestructura encuentra su razón de ser en tanto permite afianzar el carácter dominante de la ideología de la clase dominante, la autonomía universitaria encuentra limitaciones en su realización en el marco del orden capitalista. Valga el caso, principal y fundamentalmente del desarrollo de las ciencias naturales enfrentada a la apologética burguesa, y las manifestaciones culturales entendidas como la contracultura enfrentada a las expresiones dominantes de la cultura burguesa. Aunque, como hemos indicado, no toda la producción científica en los otros campos de la ciencia encuentra posibilidades de desarrollo, siendo limitadas por las orientaciones del capital.
Las instituciones burguesas, como las de cualquier Estado, están al servicio de las relaciones de producción imperantes, a la estructura económica que dimana de ellas. Por supuesto, de ello no escapa la universidad burguesa así como la AU. No obstante, ellas resumen una condición controversial, contradictoria, así como lo encierran otros principios de la democracia burguesa como forma de dominación por excelencia del orden burgués. Los comunistas defendemos el principio de libertad de prensa ubicados en su carácter contradictorio, a saber, sirve para legitimar el orden de explotación del hombre por el hombre bajo el principio de la igualdad entre hombres desiguales, pero de igual forma, cuando la realizamos desde la perspectiva revolucionaria, sirve para desenmascarar la naturaleza de lo establecido, así como para educar a los trabajadores y a los oprimidos. Así también levantamos la bandera de la defensa de la autonomía bajo esta misma perspectiva. La búsqueda de la verdad en cualquier campo fuerza a la elevación de la conciencia, al dominio de las leyes que rigen la materia, una de cuyas formas de expresión es la sociedad. El dominio de esas leyes tanto de la naturaleza como de la sociedad conduce al camino de la transformación. Ese principio es revolucionario.
4.- La autonomía en Venezuela.
Como hemos indicado, la AU supone un principio vinculado a cuestiones objetivas y subjetivas; a la estructura y a la superestructura. Está ligada al desarrollo de las fuerzas productivas pero, a su vez, es un principio de la democracia burguesa. Por ello en Venezuela, más en general, en América Latina, la AU ha tenido una realización sujeta a tal principio, a la libertad de pensamiento, de las ideas, de la democracia burguesa pues. Lo que no supone que su realización haya contado ni con una dimensión plena, ni que haya servido para una liberación de las fuerzas productivas en correspondencia con las potencialidades. Es de suponer que es en los países en los cuales las posibilidades de desarrollo industrial han sido más claras donde ello se expresa de mejor manera. No es gratuito, que el Manifiesto de Córdoba, Argentina, haya tenido como epicentro la economía de mayores perspectivas industriales en toda Latinoamérica
Mientras, la autonomía y la institución universitaria en Venezuela han estado circunscritas, históricamente hablando, principalmente a las libertades políticas y a la reproducción de fuerza de trabajo con la calificación que demanda un aparato productivo cuyo desarrollo lo determina la división internacional del trabajo y las necesidades de la oligarquía financiera. Así, profesiones diversas al servicio de la acumulación capitalista en condiciones de semicoloniaje se reproducen en la universidad venezolana con las limitaciones que ello supone. Abogados, economistas, administradores, médicos, entre otras, son las profesiones que van a nutrir el aparato de estado, la empresa capitalista, la red de salubridad y educativa que permite la reproducción de fuerza de trabajo barata y de determinada calificación. Así, nuestra condición de país dependiente y semicolonial, con gobiernos que nada o muy poco han contribuido con la liberación de las fuerzas productivas en el marco del proyecto antinacional que propician, ha limitado la universidad a estos aspectos. La autonomía no se ha convertido en un medio que permita desarrollos importantes en materia científico tecnológico, así como en el desarrollo de un pensamiento en el campo de las ciencias sociales, capaz de plasmar una crítica lo suficientemente rigurosa de nuestro desarrollo histórico y de brindar una alternativa nacional y popular. Lo cual no significa que no se hayan producido realizaciones importantes en estos aspectos desde una perspectiva revolucionaria, tal el caso de aportes como en su oportunidad dejaron Salvador de La Plaza, Rodolfo Quintero, Raúl Domínguez, entre otros. De igual manera en otros campos de la ciencia y la cultura, de igual manera siempre han destacado valiosos intelectuales que se han abierto paso a la limitación que encierra lo afirmado líneas atrás.
Estas consideraciones se articulan a la represión contra el movimiento estudiantil y universitario durante la década de los sesenta cuyo punto más emblemático lo constituyó el allanamiento de la Universidad Central de Venezuela y de otras universidades autónomas del país. La violación de la autonomía y su cercenamiento transitorio, condujo a una nueva Ley que limitó aspectos formales de cierta significación. Por su parte, el elemento esencial de la autonomía como medio que garantiza el libérrimo encuentro de las distintas corrientes del pensamiento, en el marco del desarrollo de las fuerzas productivas materiales, siempre ha estado limitada por la naturaleza política del estado venezolano. Ese continuo ha estado presente desde que se establece el régimen autonómico con las leyes de universidades del período bipartidista y del régimen chavista.
De resto, sobre todo en estas tres últimas décadas, esta institución ha servido, fundamental y principalmente, para defender una libertad fundamental para la libertad del pensamiento, para su libre expresión. Eso es una cosa muy buena. Sin embargo también es justo señalar que ello se ha dado en el marco de la hegemonía de las ideas principales de la oligarquía financiera. Si no, veamos cómo se han propagado y afianzado tesis que, aparte de servir de soporte de la política del gran capital, han servido de base para que el revisionismo chavista encuentre argumentos para denunciar el carácter reaccionario de las universidades autónomas, desde la perspectiva del “socialismo” que “impulsa” el régimen. Lo que facilita el engaño, toda vez que sí es cierta la presencia y hegemonía de las ideas reaccionarias en las universidades autónomas. De ello han derivado cambios de contenidos programáticos en los cuales se eleva a dogma las tesis del postmodernismo, la globalización y el neoliberalismo. Más aún, la apologética pro-oligárquica ha colocado al marxismo como tesis absolutamente folklóricas e irrealizables, por decir menos. Se trata de un fenómeno similar al que se presenta en relación con los medios de comunicación, al menos de los más emblemáticos para la oposición venezolana, que terminan formando parte constitutiva de la estrategia chavista aun sin saberlo. Para el chavismo, en particular para Chávez, los medios le han facilitado la estafa cuando al ser acusado de revolucionario, socialista o comunista, se entroniza en la conciencia de amplios sectores buena parte del discurso que sirve para la impostura. Ello es el producto de la naturaleza de clase y del imperio de las posiciones más reaccionarias del momento histórico cuyo fundamento es la apologética que afianza la estrategia del capital hegemónico. Así, esta circunstancia, el afianzamiento de las ideas liberales y reaccionarias dentro de las universidades, se ha convertido en un flanco que ha sido relativamente aprovechado por el chavismo contra las universidades. Han logrado combinar el discurso progresista y revolucionario con la postura represiva, “justificada” por el argumento según el cual las universidades son centros de la reacción.
Ahora bien, atender el problema de la AU en condiciones del chavismo supone ubicar, en primera instancia, el papel del revisionismo como sustento principal del régimen para legitimar una forma de dominación a favor de la oligarquía financiera. Aun cuando ya se presentan claros rasgos de agotamiento del revisionismo chavista, podemos afirmar que ya comienza a caducar, hasta el momento el revisionismo chavista ha sido muy eficaz para afianzar al régimen, al punto de que buena parte de la sociedad lo viene apoyando. En un momento dado, podemos afirmar que la mayoría de los venezolanos apoyó a Chávez. Aunque ese porcentaje ha ido mermando de manera significativa, un grueso sector de los pobres, de trabajadores y campesinos apoya a Chávez, e incluso buena parte de la sociedad se identifica con el discurso socialista. Es más, una de las cuestiones que viene afianzándose es que la mayoría de los venezolanos se identifica con el socialismo, independientemente de que no logran ubicar la conceptuación de esa categoría. Ahora bien, la excepción han sido las universidades autónomas, buena parte de las experimentales, así como en las privadas, en las cuales lo que se ha reproducido es un rechazo de significación al régimen, mientras se afianzan las posiciones liberales por decir menos.
Son muchas las determinaciones de esta circunstancia, apenas queremos centrarnos en una de las fundamentales y que demanda de nuestro esfuerzo, ubicando la perspectiva progresista, democrática y revolucionaria. Nos referimos al hecho de que quienes se asumen revolucionarios, socialistas o comunistas, e incluso, se inscriben dentro de una concepción avanzada de la socialdemocracia, no hemos sido un factor de orientación en este escenario, el cual ha sido presa fácil de la ideología reaccionaria al punto que parece haber extirpado el espíritu crítico, al menos en el campo de las ciencias sociales. Mientras se enfrenta al régimen y su naturaleza, es de rigor reivindicar la perspectiva teórica de los comunistas, de los revolucionarios para ubicarnos en una posición más laxa. Siendo la universidad un espacio para la búsqueda de la verdad, es de rigor que una de las cuestiones que debe ser privilegiada es el análisis de este régimen, es la reivindicación de una óptica científica, capaz de desenmascarar su naturaleza revisionista, esto es, socialista de palabra pero al servicio de la oligarquía financiera.
Pero, a la inversa, mientras se enfrenta al régimen quienes han ganado espacio son las tesis de la apologética burguesa.
La ofensiva reaccionaria en las universidades no comienza con el chavismo. Por el contrario, desde mediados de la década de los 70, alcanzando su punto de máximo desarrollo a finales de los 80, en las universidades venezolanas, principalmente en las autónomas, la ideología dominante encontró el mejor de los espacios para su afianzamiento y reproducción. Los ideólogos del capital, los apologistas de toda ralea, pero principalmente quienes levantaron las ideas posmodernas, liberales y propagaron las ideas de la globalización.
Este proceso que afianza la ideología pro-oligárquica en las universidades, este proceso de reaccionarización, es el resultado de una condición objetiva de la sociedad venezolana, para ser precisos, del afianzamiento del papel de nuestro país en la división internacional del trabajo. Mientras la especialización en la producción petrolera garantiza ingresos extraordinarios producto de una renta la compra de productos de consumo masivo en el exterior, principalmente en Estados Unidos, drena. Tesis que encuentra asidero en una realidad en la cual la educación superior apenas sirve para reproducir una fuerza de trabajo de relativa calificación, que muchas veces no encuentra siquiera condiciones para realizarse como trabajo cuya complejidad está dada por el proceso educativo.
5.- La defensa de la autonomía en condiciones en las cuales hay un freno al desarrollo de las fuerzas productivas y a las libertades democráticas.
La autonomía universitaria está en peligro. Eso es indiscutible. No sólo se trata de la circunstancia política que implica un régimen autoritario con pretensiones totalitarias, que desconoce las libertades democráticas, sino que también se trata de un régimen que viene destruyendo el aparato productivo. Ya no se trata de la defensa de la autonomía en tanto que ella garantiza la libertad para expresar teorías y desarrollos políticos, sino que de igual manera el proceso de destrucción del aparato productivo es de tal grado que el conocimiento y los desarrollos científico tecnológicos, se encuentran en peligro de extinción, dado que apenas un sentido inercial mantiene líneas de investigación iniciadas con ímpetu pero, muchas veces abandonadas del apoyo financiero y el estímulo moral institucional.
En primera instancia, en las actuales circunstancias, la defensa de la autonomía universitaria es fundamental de cara a la ofensiva antidemocrática que ha mantenido el régimen. Si no ha logrado mayores espacios es producto de la resistencia que han mantenido las universidades venezolanos dentro de la idea de que la autonomía es defensa de la libertad de pensamiento. Es, en definitiva, una institución que forma parte de las libertades democráticas conquistadas luego de décadas de luchas contra tiranías y ese espíritu heredado del oscurantismo. La defensa de la autonomía, por tanto, forma parte de la plataforma política de los sectores democráticos y progresistas en su sentido político, y de quienes aman la cultura y el saber positivo. Además, la defensa de la autonomía es la defensa de la posibilidad de pensar por un mundo mejor.
Estas consideraciones motivan, desde una perspectiva progresista, no sólo a la resistencia de la tendencia autoritaria, sino también a la lucha por una perspectiva democrática y de contenido nacional. Esto es, fuerzan a la necesidad de levantar, desde las universidades, un proyecto de país que de verdad garantice la liberación de las fuerzas productivas; de un proyecto que conduzca a la independencia nacional con base en la revolución industrial, sin que ello suponga atravesar por las calamidades que históricamente han creado estos procesos liberadores de fuerzas productivas materiales. Las circunstancias políticas, han estado signadas, entre otras cosas, con las falencias de una oposición que ha sido incapaz de levantar un proyecto de país alternativo frente a lo establecido. Las universidades, en este sentido, también han estado rezagadas. De allí que antes que nada debemos pensar un país donde se haga valer el concepto de autonomía antes descrito, pero de mayor contenido hasta poder legitimar ideas de transformación revolucionaria, si de verdad queremos hacer valer tanto la ciencia social como la perspectiva que brinda para el desarrollo histórico. Esto es, reivindicar la tesis según la cual el capitalismo no es un orden natural inmodificable, por el contrario es un régimen más de producción que dará paso indefectiblemente a un nuevo orden social basado en la solidaridad. Asimismo, la universidad venezolana debe reivindicarse como el centro principal para el afianzamiento de la cultura nacional sustentado en la ética que demanda la transformación social, esto es, la ética en la cual se colocan los intereses supremos por encima de los particulares, sin que ello suponga un freno a la realización personal.
Se trata de un proyecto político uno de cuyos componentes debe ser la autonomía universitaria en su sentido filosófico y en su sentido histórico y político. Esto es, la autonomía en términos de su realización en tanto hay producción de conocimiento científico en todas las áreas de la ciencia, así como de la creación artística, cultural y humanística, en correspondencia con el afianzamiento de la identidad cultural que demanda el desarrollo nacional. Supone, por tanto, la implantación de una nueva ideología dominante, de carácter nacional y popular. Ello es lo que a fin de cuentas permitirá la elusión de la contradicción presente en la universidad burguesa toda vez que, al ser dominante una ética en la cual se privilegia el desarrollo de la industria productora de bienes que satisfagan las necesidades de la gente, de la producción de máquinas para incrementar la productividad del trabajo y así poder destinar fuerzas productivas a nuevas ramas, se profundiza en la investigación en áreas del conocimiento fundamentales para la innovación y desarrollo científico tecnológico. Pero de igual manera se recreará la cultura en aras de afianzar patrones de consumo en consonancia con nuestra condición independiente y soberana.
“La universidad en su conjunto es una institución de siglos que transfiere un poder siglos. En nuestra cultura se aspira a que sea la institución de los sabios que reconocen y forman a los sabios. El ejercicio soberano del saber que se les reconoce es su autonomía. La autonomía universitaria nació al compás de las conquistas de los fueros por las corporaciones, gremios y guildas en la sociedad medieval. Tal cual un gremio de orfebres reclamaba de las más altas autoridades eclesiásticas y civiles fuero para regirse, determinar quién podía ser un maestro orfebre, escoger, formar e incorporar a los aprendices y velar por la calidad en el ejercicio del oficio que mejor que nadie conocía, grupos de profesores o estudiantes, que quisieron acometer sus estudios por fuera de las escuelas catedralicias, reclamaron fuero para determinar quién podía enseñar y quién no y para mantenerse en eso a salvo de la interferencia de cualquier poder local. Papas, emperadores y reyes concedieron esos fueros a los studia generlia, en especial el privilegio de determinar quién podía enseñar en cualquier parte, el ius ubique docendi, con el cual, según los historiadores, nació la universidad (Pedersen 1997: 122, ss.; Rashdall 1997: I, 1, ss.). Algo de esos fueros medievales quedó también en otra institución asociada con el control del saber en nuestra sociedad, la profesión con su colegio profesional.
Sabemos que en esos días ‘universidad’ significaba apenas “comunidad y ayuntamiento de gentes y cosas”, como aún decía a comienzos del siglos XVII Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española (cf. también Rashdall ibid) y que los privilegios que recibieron los studia generalia fueron tocantes a muchas materias y servían para muchos propósitos: para que estudiantes y profesores pagaran más bajos arriendos, fueran aprehendidos y juzgados sólo por sus colegas -salvo en caso de asesinato o mutilación- o para que tuvieran el monopolio del ale, la fuerte cerveza medieval (cf. Rashdall, ibid.)”