Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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viernes, 7 de febrero de 2025

Eligio Leopoldo Arocha, uno de los primeros farmacéuticos de Ortiz

 José Obswaldo Pérez

Eligio Leopoldo Arocha fue uno de los primeros farmacéuticos en Ortiz, durante el siglo XIX. Nació en 1858, en Canoabo, Valencia, como hijo de Carlos Arocha y Ana Josefa de Arocha (Oldman Botello, 2004). Aunque los detalles sobre su llegada a Ortiz son inciertos, el apellido Arocha aparece en documentos eclesiásticos del pueblo desde 1843, en una época marcada por la violencia rural y los brotes de enfermedades febriles. Un ejemplo sería la partida de defunción de Florinda Arocha Torrealba, hija legítima de Esteban Arocha y Oriana Torrealba; así como la muerte de su hermano, Juan Esteban, el 16 de marzo de 1857, quien falleció soltero y recibió los sacramentos de parte del Fray Fidel de Vieda.

No se sabe si hay un vínculo familiar directo entre Eligio Leopoldo Arocha y estas personas anteriormente mencionadas, pero está claro que él se estableció en Ortiz, donde comenzó a desarrollar su actividad comercial. Un documento fechado el 11 de abril de 1874, que firmó junto a otros vecinos, solicitaba a la Legislatura Nacional una reforma a la Constitución propuesta por el presidente Antonio Guzmán Blanco, que fue promulgada el 27 de mayo de ese mismo año (Arráiz Luccca, 2007; p.89). Además, en 1876, su nombre aparece en un manuscrito relacionado con un empréstito gubernamental en el Departamento Bermúdez, donde aportó ocho venezolanos, posiblemente, para financiar las movilizaciones de tropas gubernamentales.

Durante el período en que Arocha se encontraba en Ortiz, esta ciudad era la capital del Guárico, un rango que elevaba su importancia cultural y económica. Como farmacéutico profesional, fundó su botica, denominada La Central, en la Calle Real de Ortiz —posteriormente conocida como calle Comercio—. Esta fue la cuarta farmacia en la población y desempeñó un papel crucial durante las epidemias de fiebre amarilla y el paludismo que asoló a la región entre 1879 y 1881, ofreciendo medicamentos esenciales como la quinina.

Debido a estas epidemias, Eligio Leopoldo Arocha se vio obligado a emigrar a Villa de Cura, donde contrajo matrimonio el 20 de febrero de 1888 en la Iglesia Parroquial con Luisa María Rodríguez Tejada, hija de Francisco Eladio Rodríguez Guerrero y Rita Elena Tejada Monroy. Ambos eran oriundos de Villa de Cura, pero descendían de antiguas familias de Ortiz y Calabozo. Fueron testigos de la ceremonia Francisco Eladio Rodríguez y Josefa Tejada. De esta unión nació Eligio Julio Arocha Rodríguez, quien más tarde se casó con Carmen Flores. Según el investigador y genealogista Luis Eduardo Viso, de Eligio Leopoldo Arocha desciende la joven vocalista María Fernanda Flores García, casada con el músico calaboceño Wilfredo Villavicencio El Darjani, miembros del grupo vocal La Camerata de Caracas, bajo la dirección de la Maestra Isabel Palacios.

Una vez establecido en Villa de Cura, Eligio Leopoldo refundó su botica, la cual se ubicó en el ángulo noroeste de la calle Bolívar, en el cruce con Caraballo, frente a la plaza Miranda (Botello, 2004; p.26). En su establecimiento ofrecía una amplia gama de medicinas, incluyendo la conocida Panacea de Swain, vendida a 28 reales el frasco. También comercializaba sus productos patentados, como el famoso remedio Gotas de Vida, elaborado a base de plantas para tratar afecciones como la dismenorrea y el catarro, a un precio de cuatro reales el frasco. Todos sus medicamentos estaban registrados en el Ministerio de Fomento, bajo la marca Medicinas para la familia (Botello, 1972; p.196).

Fuentes consultadas

BOTELLO, OLDMAN (1972) Historia del Periodismo en Aragua. Ediciones A. V. P. [i.e. Asociación Venezolana de Periodistas] Aragua.

(1885). Anuario del comercio, de la industria, etc. de Venezuela. Caracas: Rojas Hermanos, libreros editores.

(1874). Documentos favorables a las reformas de la constitución de 1864. Caracas: Imprenta La Opinión Nacional

(Foto La botica La Central, en Villa de Cura,frente a la plaza Miranda)

miércoles, 23 de octubre de 2013

Una aproximación historiográfica a la Historia de la Educación en Guárico




 José Obswaldo Pérez

Resulta claro que, a la  luz de  los últimos tiempos, el estudio histórico de la Historia de la Educación experimenta un renacimiento y una revolución de perspectivas cognitivas, no sólo en América Latina y el Caribe sino en  nuestro  propio país. En los recientes años, se observa varios trabajos importantes que conceptualizan a la Historia de la Educación no como un simplemente sub-campo de menor importancia de la investigación histórica relacionado con la Historia Institucional Educativa. Más bien se le trata, en realidad, de un área disciplinar de naturaleza compleja, dinámica y en permanente construcción. Compone el problemático terreno de las Ciencias de la Educación e integra asimismo el conocimiento de la Historia[1].

También, recientemente, se afirma que la investigación de la Historia de la Educación es una propuesta nueva e innovadora de la historiografía de las ciencias sociales e históricas. Se dice que estaba "olvidada" por los historiadores, cuya nociones paradigmáticas confrontaban los linderos de la Historia de la Filosofía y de la Historia de las Civilizaciones. Cucuzza (1996) la llamó  la Cenicienta de  la  historiografía, por  cuanto su  campo disciplinar se trataba de una mirada histórica sobre la educación, realizada desde arriba y desde afuera, “desde el discurso pedagógico hegemónico[2] como parte del control estatal sobre la pedagogía y  la  enseñanza.

En  este contexto, el desafío historiográfico en la Historia de la Educación pasa, entre tanto, por una revisión y  una evaluación  documental  de los resultados y las limitaciones de los saberes en  el  periodo del tiempo contemporáneo, así como una formulación de categorías de análisis que transformen, y profundicen en el significado histórico del tema en cuestión.  Dicho esto, la  transcendencia  cultural e histórica del  fenómeno educativo tiene,  en  la Historia Social de América Latina y el Caribe, un  privilegio en la  historiografía americana a lo largo del siglo XX;  especialmente,  en regiones que cuentan  con especial  atención  entre  los  historiadores e investigadores sociales.

Y es, sobre esta vasta  herencia reflexiva dejada, entre los  historiadores de  América Latina y el Caribe, donde podemos hacer una revisión de la  producción  historiográfica previa que pudieran servir de referencia a este corpus y contribuir en aportes de cierta significación a la  compresión de una Historia de la Educación en Guárico, específicamente en la región geomental del municipio Ortiz, desde el enfoque de la  Historia Regional y Local. Se  trata de una síntesis documental de fuentes endógenas que, de alguna manera, se relacionen con  este estudio y que, a su vez, permitan una mayor comprensión de la temática investigada.

Pero, antes de realizar la exploración de los documentos contentivos al objeto de estudio, debo comenzar expresando que, en el plano epistemológico, se estima que esta investigación doctoral se inscriba dentro del movimiento mundial de renovación historiográfica de la Historia de la Educación. Debido a una  buena  génesis de  este  paradigma historiográfico, producto de la superación de los estudios neopositivistas, por un lado, y debido al abandono de enfoques estructurales de la Historia por otro, permite la construcción de nuevos modelos de análisis histórico de la educación, abordados desde la explicación y el conocimiento de los diversos procesos educativos; así, como la interpretación de nuestra memoria histórico-educativa, los cuales abren una página nueva en nuestros estudios doctorales.

Uzcátegui (2004) señala que, en América Latina, la Historia de la Educación “se constituyó en la disciplina portadora de los fundamentos o dimensiones políticas e ideológicas de las utopías generadas por la educación”[3]. Estos aportes pueden ser determinados por el desarrollo de investigaciones histórico-educativas que empieza con la presencia de reflexiones teóricas y metodológicas.

Este desarrollo también se evidencia en las reflexiones de carácter teórico y metodológico, por más que no sea ésta una de las tareas prioritarias de los historiadores de la educación. Las actas de los   congresos, las publicaciones periódicas y diversos libros permiten  apreciar la extensión y alcance de dichas reflexiones (GABRIEL E VIÑAO FRAGO, 1997: 9).

En  nuestro país la historiografía educativa tiene su data en 1899, en un  conjunto de obras que intentan resumir los hitos fundamentales de nuestro acontecer educativo nacional. En la etapa contemporánea de Venezuela podemos esquematizar una muestra representativa, cuyos antecedentes históricos se fundamentan en los aportes del historiador Reinaldo Rojas, expuestos en trabajos como Historia Social de la Región de Barquisimeto en el Tiempo  Histórico Colonial (1530-1810) (1995) y Temas de Historia Social de la Educación y la Pedagogía. (2001), en la Línea de Investigación en Historia Social e Institucional de la Educación en la región centroccidental de Venezuela fomentada por el Instituto Pedagógico “Luís Beltrán Prieto Figueroa” de la UPEL en Barquisimeto[4]. Asimismo,  este trabajo asume los estudios del doctor José Pascual Mora García con su tesis doctoral Comunidades discursivas de Historia de la Educación en América Latina, estudio de caso Venezuela (1998-2008) (2009), presentada en la Universitat Rovira i Virgili, en Tarragona, España.

Pero, también, estos esfuerzos investigativos tienen su resonancia en nuestra región guariqueña con los trabajos y las investigaciones del doctor Adolfo Rodríguez, expuesto en el Breve bosquejo de la Educación en Guárico (2003). Un documento facsímil que sirve de base para la generación de trabajos académicos, el cual corrió -en varias copias - de mano en mano entre un grupo reducido de investigadores vinculados al Centro de Estudio del Llano de la Universidad Rómulo Gallegos. De circulación limitada, allí se recoge un resumen de las etapas históricas de nuestra educación regional, un texto de carácter biográfico, de escritura menuda, propositivo e informativo, un discurso que, sin ser decálogo, se constituye en un material de trabajo invaluable para los investigadores, en una caja de herramientas para la investigación educativa en la región.

Además de esta producción, quisiera resaltar el libro de Adolfo Rodríguez Calabozo Siglo XIX, publicado por el Rectorado de la Universidad Rómulo Gallegos y que corresponde a un indicativo de modalidad de trabajo inscrito en la historia social y cultural del estado Guárico. Texto que se insta en las articulaciones interdisciplinarias de los objetos de estudio.  Desde  él  se aborda la historia local calaboceña, cuyos acontecimientos geomentales tienen sus  relaciones con el  Colegio Nacional de Calabozo, fundado el  13 de Junio de 1839. La vida social,  la política y la económica de  la  ciudad llanera gira, sin quererlo, al  rededor de  este centro educacional donde sobresalen  personajes de distintos saberes.

Otro aspecto importante en la documentación histórica fue el evento I Jornadas de Historia de la Educación en el estado Guárico (2006), organizada por la Universidad Rómulo Gallegos y el Centro de Estudios del Llanos de dicha institución universitaria. Un foro de participación abierto que reunió a investigadores de varias parte de Venezuela,  el cual no sólo dejo entre  los participantes documentos y ponencias de gran interés colectivo sino  la  oportunidad de un encuentro afectivo que pudo haber dado origen a las bases para una Comunidad Discursiva  regional.

Además, con la apertura de la Maestría de Historia de Venezuela en la UNERG, se realizan importantes investigaciones conducentes a la elaboración de los respectivos trabajos de grado. Muchos de ellos desarrollados en la parte oriental del estado Guárico, específicamente en la ciudad de Valle de la Pascua, donde se tiene una extensión de dicha maestría. Entre los promotores podemos destacar la influencia académica del doctor Felipe Hernández, investigador, docente universitario y cronista, quien impulsa estudios de esta naturaleza en esta parte de la entidad.

A esto se suman las contribuciones de los diversos encuentros regionales de investigadores, historiadores y cronistas que se realizan cada año en los 15 municipios de la región, espacios en dónde se pueden apreciar ponencias y trabajos de alta calificación metodológica, pero de una gran gama de temas. Resalta aquí  los estudios investigativos del  Cronista de Altagracia de Orituco, Carlos López Garcés. También,  los aportes de Oldman  Botello, Cronista de Maracay, con su  trabajo La Educación Religiosa Indígena en  el  Guárico durante la visita pastoral del Obispo Martí (1780-1783) y  los  trabajos de Irma Mendoza  referente a la Educación primaria y  formación docente durante el Guzmanato. El caso Guárico 1870-1883. A esto se suma los estudios del investigador zaraceño Manuel Soto Arbeláez, en su trabajo Escuela Normal de Ortiz (1877), donde revisa el  proceso de la escuela  primaria en  la  entidad. Sin duda, esta producción originada en estos eventos representa un espacio para el intercambio entre los intelectuales que trabajan esta temática y es una forma de divulgación y discusión dialógica.

En  el  ámbito local debo hace referencia a mis  propias investigaciones que por una década vengo  realizando en  el municipio Ortiz, unas cuando me toco ser Cronista Municipal y  otras como investigador independiente. Muchos de estos  trabajos están publicados en la  prensa local,  muy especialmente en el Diario El Nacionalista y en la páginas web del autor.

Aunque la labor de difusión, en cuanto a publicaciones, aún no da cuenta del caudal investigativo y, en materia de libros, la tarea es quijotesca. Todo depende del peculio privado del (o los) autor (es); ya que, en nuestra región, no hay editoriales que asuman  proyectos sobre los temas educativos, al considerar que no existe un público cautivo de amplitud suficiente para librar los costos de inversión. Sin embargo, mención merece el libro del historiador Felipe Hernández G, El Núcleo Valle de la Pascua de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez. Apuntes Históricos (2007, impreso en Valle de la Pascua en los talleres de AC Estampas Llaneras, srl), que pese a las limitaciones financieras, es una muestra del esfuerzo de nuestros investigadores locales.

Como se observará, esta referencia a estos documentos no es gratuita. Ellos indican la persistencia y el esfuerzo de algunos investigadores que aportan a la configuración, o mejor aún, al fortalecimiento del campo intelectual sobre  este  tema  en  el  estado  Guárico. Por  otra parte, atendiendo a la proliferación de posturas que piensan, conceptualizan y polemizan en torno a la educación y la pedagogía, estos trabajos asumen tal debate articulándolo dentro de espacios de discusión histórica; o si se quiere, en trabajos que buscan documentar el presente. Pero, en honor a la verdad, la falta de publicación implica un problema para  la difusión y socialización de los resultados investigativos.

Aunque una de las cosas positivas es que, en estos momentos de construcción  histórica, se puede afirmar de la existencia de un campo de confluencia sobre tópicos relacionados con la Historia de la Educación local; además, un  interés por el conocimiento histórico y provecho epistemológico y político, a la hora de pensar las condiciones en que se debate sobre la educación, la pedagogía, los maestros, los estudiantes, las instituciones educativas y, obviamente, las políticas educativas en Venezuela. No es en vano que, en el marco de la Ley de Educación (2009), el Decreto 5.929  de 2009 regulativo del proceso de escolarización en el país, coloca  a la educación  como un  derecho social, donde  el Estado se convierte en  el eje tutor,  ejecutor y promotor de la formación ciudadana en  todos  los niveles del  sistema educativo.

En concordancia con lo expuesto,  la orientación filosófica del Estado, enunciada en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), debe de entenderse que el objeto de la educación en Venezuela es el hombre venezolano, su formación integral, conforme a la científica pedagogía  y andrología. La formación y conducción debe hacerse en respuesta a las manifestaciones de la personalidad del sujeto, en respuesta estricta a su individualidad y en armonía con las exigencias de la colectividad donde actúa,  con correspondencia y corresponsabilidad con la misma.

Además, se debe tener presente la identidad del sujeto, el cómo piensa, como es, como siente, como habla y cómo se comporta y también que le exige, que tareas le encomienda la sociedad, desde el punto de vista integral. Por otra parte, una educación alejada de la parte cultural y social es inconcebible. Cada individuo y grupo social están asentados en espacios geomentales donde existan costumbres, maneras y hábitos; así  como vivencias y expectativas que la comunican  con ciertas propiedades distintivas en relación con lo nacional en general y, en particular, con las regiones.

La educación debe estar al servicio de su gente, donde uno de sus fines debe disponer una inconfundible identificación de la nación y de su territorio, de su hábitat, de sus logros, sus deficiencias y sus imperfecciones, sus retos, sus anhelos y limitaciones. Esto se puede ver plasmado en la Ley de Educación (2009) en el artículo 15 numeral 3 la cual dice:

Formar ciudadanos y ciudadanas a partir de enfoques geo históricos con conciencia de nacionalidad y soberanía, aprecio por los valores patrios, valorización de los espacios geográficos y de las tradiciones, saberes populares, ancestrales, artesanales y particularidades culturales de las diversas regiones del país y desarrollar en los ciudadanos y ciudadanas la conciencia de Venezuela como país energético y especialmente hidrocarburífero, en el marco de la conformación de un nuevo modelo productivo endógeno

Venezuela se encuentra entre los países que plantean reformas en el sistema educativo con el fin de elevar la calidad y la excelencia en la educación a través de un nuevo Currículo Nacional, el cual ayude al docente a preparar al educando de forma integral para los cambios sociales, políticos y económicos que se experimentan en el país. Esta transformación  del modelo  educativo venezolano nos  lleva a  fomentar una amplia discusión colectiva. Y ponemos como ejemplo el debate  sobre  la  nueva Ley de Educación, la cual tuvo espacio de debate académico en  nuestras universidades nacionales y  privadas. 

Desde  las posiciones polémicas y políticas transcurrieron  hacia  una dialéctica crítica y  consensuada entre  los autores de la discusión  sobre  un tema de gran  interés para el país. De esta y otras discusiones concurrieron los cursantes del Doctorado en Educación de la Universidad Rómulo Gallegos, los cuales hoy disponen de un arsenal teórico y metodológico, de foros, talleres, proyectos interuniversitarios y vínculos internacionales, que hace dos décadas no existían en  nuestra principal  Casa de Estudio. Con ello quiero resaltar el papel que juegan estos espacios de discusión para una propuesta de crear comunidades discursivas en historia de la educación y la pedagogía. La necesidad de articular esfuerzos dispersos; pero, también, la importancia de jalonar procesos que, si bien, en algunos momentos nos distancian y mirándolos a mediano plazo, pueden constituir a una de nuestras fortalezas.

[1]Mallo Gambetta, María Susana (Diciembre ,2009) ¿Por qué y para qué la Historia de la Educación?. Revista Quehacer educativo, p. 83
[2]Cucuzza, Héctor Rubén (1996). “Hacia una redefinición del objeto de estudio de la Historia Social de la Educación” en H. R. Cucuzza (comp.): Historia de la Educación en debate, pp. 124-146. Buenos Aires: Miño y Dávila Editores.
[4]ROJAS, REINALDO (2002).Fundamentos teórico-metodológicos de la línea de investigación: historia social e institucional  de la educación en Venezuela. Ponencia presentada en el Simposio “Historia Social e Institucional de la Educación en Venezuela: Una experiencia en investigación y postgrado” realizado en el VII Congreso Nacional de Historia Regional y Local”, San Cristóbal, 25 a 27 de septiembre de 2002.

Imagen tomada de  http://cbitjuangermanroscio.blogspot.com/2009/05/biografia-de-juan-german-roscio-y.html



lunes, 7 de enero de 2008

LA DIÁSPORA CULTURAL AFRICANA EN LA MICRO REGIÓN DE ORTIZ TIZNADOS



José Obswaldo Pérez*






Los africanos y sus comunidades colectivas encontradas alrededor del mundo constituyen la diáspora africana. La diáspora africana no sólo se refiere a Hispanoamérica, sino también a la migración global durante milenios. Las comunidades africanas pueden ser encontradas históricamente en Asia, en Europa, y en Australia. Pero, las comunidades más numerosas son la de los países de América (Norte, Centro, y Sur) y el Caribe. Las colonias caribeñas y sudamericanas tuvieron un predominio de africanos, y esta fusión claramente afectó la cultura aborigen. La migración forzada de africanos siguió un patrón invariable a través de la diáspora. El proceso de sangría demográfica evidencia cómo una migración de esclavizados significaría una migración de culturas. Mientras muchos esclavizados se movían alrededor de la diáspora, más cultura se transmitía pese a la aculturización a que fue sometida en sus respectivas zonas de asiento[1].

El comercio atlántico de esclavos proporcionó los medios de migración para la mayoría de los africanos en el Nuevo Mundo. Cada grupo migratorio africano trajo sus tradiciones y costumbres que, aunque no eran idénticas, eran similares y, a menudo, tenían rasgos afines. Las tradiciones culturales, se plegaron a las otras culturas, comenzando a mezclarse. Varios investigadores hablan de una combinación de rasgos y elementos africanos en Hispanoamérica que tomaron lugar entre grupo humanos provenienteS de Senegambia y Guinea Bissau, entre los ríos Níger y Senegal. Regiones, por cierto, preferidas por los españoles y portugueses para traficar con los naturales de esas zonas por su laboriosidad, alegría y adaptabilidad. De las caletas de Benin, Biafra, Congo y Angola también provienen emigrantes esclavizados. De estas regiones, miles de esclavos de diferentes naciones étnicas entraron a Venezuela. Entre los grupos humanos podemos citar: Ewe, Fon, Efik, Efok, Mina, Bakongo, Loango, Caheo, Mondongo, entre otros[2]. Muchas de las personas de estas zonas tuvieron interacción a través del comercio y la guerra antes de su reintroducción en Hispanoamérica.

Los africanos han tenido una presencia continua en Hispanoamérica por más de 400 años. Desde la época de la conquista, las huestes conquistadores trajeron africanos que viajaban en las expediciones de tierra adentro. Muchos de estos grupos arribaron después a Venezuela por el puerto de Coro – alrededor del año de 1550 -, procedentes de la Antillas caribeñas para trabajar en las minas de Buria, cerca de Barquisimeto. Su llegada resulta de una crisis de mano de obra debido a la demanda creciente de trabajadores para las minas, las haciendas, los transportes de carga y, en fin, para todas las formas de trabajo. El déficit de mano de obra trató de llenarse con la importación de África de esclavos a comienzos del siglo XVI.

A su llegada, los africanos participaron en la construcción socio-económica y política de la Provincia de Venezuela a comienzos del siglo XVII, cuando empieza la importación más o menos masiva de población africana al territorio venezolano y, principalmente, hacia los Llanos de la Provincia de Caracas. Su contribución más importante fue su fuerza laboral en las haciendas y hatos ganaderos, que facilitó la acumulación de capital, la introducción de nuevas tecnologías y la globalización del comercio interregional basado en el desarrollo creciente de la agricultura y la ganadería en el siglo XVIII[3]. El tráfico negrero, llamado específicamente trata[4], se correspondía con la dinámica histórica abierta con los nuevos descubrimientos geográficos de los siglos XV- XVI y con “el espíritu de lucro del capitalismo”. Este sistema, según el historiador Brito Figueroa:

“somete a sus intereses las aspiraciones de aventureros, navegantes y gobernantes; pone precio a su participación material y transforma los esporádicos y accidentales contactos entre europeos y africanos en una empresa mercantil-monopolista de gran envergadura, destinada - como en efecto ocurre- a fortalecer su creciente poder económico”[5].

En muchos casos, los africanos traídos a los hinterland negreros de los puertos de la Guaira, Puerto Cabello, Cumana y Barcelona[6], eran herreros, granjeros, alfareros y soldados, así como también marineros. Algunos otros trabajaban como mayordomos, empleados de servicio doméstico, actividades agrícolas y pecuarias y artesanales (artes y oficios). Los esclavos domésticos, realizaban tareas en la casa de habitación del dueño, junto con sus mujeres que se ocupaban de realizar trabajos como cocineras, lavanderas y criadoras de los niños blancos. En algunas circunstancias, y con la autorización del amo, podían alquilar su fuerza de trabajo; algunos de ellos hacían trabajos de herrería, carpintería, barbería, construcción de casas de adobe, fabricación de tejas o bloque de teja, entre otros oficios. Las mujeres eran solicitadas para cocinar, lavar, planchar, cuidar y, en muchos casos, para amamantar niños, cuando la madre moría en el parto o estaba enferma[7].

De los primeros establecimientos de esclavos, diversos grupos de esclavizados vivieron y trabajaron en los llanos de Guárico y Apure, mezclando tradiciones culturales, tecnológicas, y sociales en una perspectiva distintiva de mestizaje y creollización. La nueva cultura reflejó la entrada de esclavizados en el crecimiento de hatos ganaderos dedicados a la economía de agroexportación, principalmente de cueros y manteca. Ese espacio de vida no sólo fue un modo de hacer el lugar sino una forma de convivencia natural, entre los márgenes de una “tierra de frontera”, abierta y libre para la construcción endógena de una nueva “neoetnia” cultural: los llaneros[8].

Las recientes estudios realizados por Arturo Álvarez D` Armas, Irma Mendoza, Adolfo Rodríguez, Felipe Hernández y otros investigadores introducen un nuevo enfoque en los estudios africanos en la región llanera[9], lo que ha permitido conocer la gran importancia de la esclavitud negra en los hatos ganaderos y la propiedad territorial esclavista a lo largo del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Adolfo Rodríguez, historiador etnocultural, señala que los esclavizados africanos llegaron junto con los dueños de hatos[10]. Los pobladores españoles y mestizos llevaron los primeros subsaharianos a los partidos de Tiznados, Paya, Las Cañadas y San Roque de Las Lajas, jurisdicción de San Sebastián de los Reyes, entonces unidades de producción agropecuaria en siglo XVII[11], para ser explotados. En medio de este espacio geográfico, el pueblo de Ortiz tenía una posición privilegiada. Era punto de paso o encrucijada para el comercio de ganado, cuero, tabaco y otros rubros hacia los centros de consumo urbano.

La cuantificada mano de obra africana en las haciendas de Guárico[12], es una muestra global de la concentración de esclavos en el ámbito de todo territorio colonial, tal como lo hemos comprobado en censos y matriculas de la microregión de Ortiz-Tiznados. Su presencia era notoria. Por ejemplo, en 26 sitios de hatos registrados para 1793 en San Francisco y San José de Tiznados, 14 negros esclavos administraban en calidad de mayordomos y suplían la ausencia del amo, cuatro lugares eran administrados por sus mismos dueños, cuatro por morenos libres y dos blancos (familiares del dueño del hato) administraban igualmente dos sitios para cría de ganado mayor[13].

El investigador Miguel Ángel Ortega[14] nos ofrece información sobre 345 esclavos, sin contar a los negros libres en la hoy Parroquia San Francisco de Tiznados, que ascendía a 1.132 almas. Igualmente debemos destacar la presencia de negros cimarrones en las montañas aledañas a los hatos y pueblos de Ortiz, San Francisco de Tiznados y San José de Tiznados[15].

En el poblado de Ortiz, visitado por el obispo Mariano Martí, el 5 de mayo de 1780, encontramos que vivían 107 esclavos, 90 negros libres y 99 pardos, los cuales representaban un 24,8% de la población total. Los negros libres y esclavos representaban un 16.9% de la población urbana del pueblo, lo cual nos da conocer una cuantificación bastante significativa. El censo de 1810, en víspera de la Independencia, se registraba 14,5% de pobladores negros y esclavos. En 1813, los esclavos negros alcanzaban el 8,5% de la población, pero los pardos libres eran mucho más numerosos, un 15,1%.

Estas cifras muestran una composición étnica reveladora en relación con el mestizaje de las clases sociales mediante un proceso de blanquecimiento que se venía acentuando aceleradamente, a principios del siglo XIX. Ya para momentos previos a la abolición de la esclavitud, la institución esclavista estaba en decadencia en el pueblo de Ortiz. Un esclavo costaba en 1858 aproximadamente 279 pesos. Cuando se puso en vigencia la Ley del 24 de marzo –y según un censo general del gobierno- un total de 129 esclavos habían logrado obtener su libertad por esta legislación: un grupo de 58 esclavos valorados en 16.230,58 pesos y otro clasificado entre 29 esclavos y 42 manumisos valorados en 12.775,50 pesos[16].

En un análisis de matriculas eclesiásticas e informes parroquiales nos permite determinar el número de negros, entre los años 1780-1813 habiendo censados unos 2.744 negros y esclavos, en una población total de 19.201 habitantes, equivalente a un 14,2%. La mayoría de los esclavos estaban concentrados en las áreas de influencia o zona rural, cuyas cifras verdaderas eran mucho más altas, como una característica del patrón rural disperso.

En conclusión, la huella de África en los llanos de Guárico y Apure es un factor principal y casi único en la construcción de nuestra cultura llanera. La recolección de estos datos estadísticos y las investigaciones recientes permiten dibujar los aportes culturales de los subsaharianos. Por ejemplo, el trabajo de los negros, zambos y mulatos tuvo importancia para la expansión de la economía colonial, el crecimiento del mantuaje y la expansión de la propiedad territorial.

El número total de esclavos de origen africano que entró con la trata esclavista al Alto Llano dictamina un papel considerable que contribuyó grandemente al desarrollo y el enriquecimiento de la cultura llanera, como médula importante en la etnogénesis de la cultura afrovenezolana, hoy integrada y diluida en la población venezolana como raíz principal de nuestro mestizaje.

[1] POLLAK ELTZ, ANGELINA (1972). Procedencia de los esclavos negros traídos a Venezuela. En: Vestigios africanos en la cultura del pueblo Venezolano. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, Instituto de investigaciones Históricas, p. 23 - 32. Véase también JOYNER, BRIAN D. (2003). African Reflections on the American Landscape Identifying And Interpreting Africanisms. Washington: National Park Service. U.S. Department of the Interior National Center for Cultural Resources. También en línea: http://www.nps.gov/history/crdi/publications/African%20Reflections.htm.
[2] Ídem.
[3] CARTATAY, RAFAEL (2005). Aportes de los inmigrantes a la conformación del régimen alimentario venezolano en el siglo XX. Agroalimentaria. Nº 20. Enero- Junio 2005 (43-55)
[4] El término “trata” es un eufemismo que busca eliminar la dimensión ética del concepto implícito en “la trata de esclavos”. Un término mucho más apropiado es el de “comercio negrero”, pues la palabra “negrero” ha conservado la carga de infamia que implica rebajar al ser humano a la categoría de mercancía. Véase a CASTELAR, EMILIO “Dimensión gráfica de la trata de esclavos”, en su Ensayo de la Abolición de la Esclavitud. En línea: http://www.ensayistas.org/antologia/XIXE/castelar/esclavitud/trata2.htm
[5] BRITO FIGUEROA, FEDERICO (1985). El problema tierra y esclavos en la historia de Venezuela, UCV, Ediciones de la Biblioteca (Colección Historia, XIV), Caracas, p 155.
[6] JARAMILLO, MARCOS ANDRADE (1999). De la trata a la Esclavitud. Venezuela siglo XVIII Caracas: Fondo Editorial ISPAME; p 78
[7] Véase la monografía de la profesora Ermila Troconis de Veracoechea: “El Trabajo Esclavo en la Economía Colonial” En: Boletín NC 345 (Enero-Marzo de 2004). Sesquicentenario de la abolición de la esclavitud en Venezuela (1854-2004)
[8] RODRIGUEZ, ADOLFO (1992) “Definición de la Neoétnia Llanera Colombo-Venezolana como utopía realizada” en: Romero Moreno, María Eugenia (1992): Café, Caballo y Hamaca. Visión Histórica del Llano. Coedición: Quito, Ecuador, Talleres Abya-Yala y Orinoquia Siglo XXI, Santafé de Bogotá, Colombia.
[9] Véase MENDOZA, IRMA (2005) “Presencia de la mano de obra esclava de origen africano en el Guárico Colonial. Siglo XVIII” En: Resonancias de la Africanidad. Caracas: Fondo Editorial Ipasme.
[10] RODRÍGUEZ, ADOLFO (2006, 29 Mayo): La Cultura Afrollanera en la formación de los llaneros. Conversatorio sobre influencia Árabe y Africana en Venezuela. Caracas: Universidad Bolivariana de Venezuela.
[11] PEREZ A, JOSÉ OBSWALDO (2007). Hatos y Toponimia. Un caso de apropiación de lugar en Valle de Tiznados. Siglo XVII. Valle de la Pascua: XI Encuentro de Historiadores y Cronista del Estado Guárico, 29,30 y 31 de Marzo 2007
[12] ARMAS CHITTY, JOSE ANTONIO (1981): “Zambos y pardos en un censo de población del siglo XVII” En: Semblanzas, Testimonio y Apólogos. Caracas: Academia Nacional de la Historia
[13] BRITO FIGUEROA, FEDERICO (2002). Historia Económica y Social de Venezuela. Caracas: Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, p, 1199
[14] ORTEGA, MIGUEL ANGEL (1992): La Esclavitud en el contexto agropecuario colonial. Siglo XVIII. Caracas: Editorial APICUM, colección Otro Discurso Nº 2, p 56.
[15] BRITO FIGUEROA, FEDERICO (2002). Ob.cit.
[16] MEMORIA DEL MINISTERIO DEL INTERIOR Y JUSTICIA. Censo General de los Esclavos que han quedado libre en virtud de la Ley de 24 de Marzo de 1854.

*Periodista e historiador venezolano (Ilustraciones tomadas de http://www.ensayistas.org/antologia/XIXE/castelar/esclavitud/trata2.htm)