Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

Mostrando entradas con la etiqueta Juan Vicente Gómez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Vicente Gómez. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de abril de 2023

La muerte del Benemérito

                                                                                                                                     César Gedler

Los rumores comenzaron desde los primeros días de diciembre. Los agoreros entraban y salían de las casas con la precaución del perseguido. En poca gente se podía confiar. Todo estaba revuelto y los espías se pasaban de un bando a otro sin saber a qué atenerse. Poca gente tenía teléfono. El telégrafo no era confiable. En las mañanas los hombres salían a buscar información en los periódicos, en el mercado, en las plazas, a través de amigos con emisoras clandestinas, con los brujos y hasta en la expresión de los militares que caminaban rumbo al cuartel.

A mediados de mes ya no se soportaba la tensión. Ya se hablaba con mayor descaro: “¿Murió el hombre?” “Se sabe que sí, pero no lo quieren decir”. “Tengo un primo sargento en Caracas y no lo dejaron salir esta semana”. “La cosa está fea. Hace días que no se sabe nada del Indio Tarazona y eso da qué pensar. La mayoría de las casas gomeras están vacías. Se llevaron a las mujeres y a los niños”.

El martes 18 soltaron la noticia desde temprano por la prensa y por la radio: “El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Benefactor de la Patria, falleció anoche a las 11:45 pm. El país está de duelo”. Como un maremoto comenzó a crecer la noticia. Primero con duda y desconfianza, después con miedo y alegría confundidos; por último con euforia espasmódica cuando la gente empezó a coger la calle y a gritar con todas sus fuerzas: ¡Ha muerto el Tirano! ¡El Bagre está muerto! ¡Terminó la dictadura! Los presos empezaron a salir de los calabozos con los ojos y la piel enferma y el cabello blanco por la falta de sol.

Unos arrastraban la pierna derecha como si todavía llevaran los grilletes con las bolas atadas. Otros sonreían mostrando las encías sin dentadura, algunos se escondían de la gente como si los fueran a rechazar como en otros tiempos y los más sanos denunciaban las torturas que les habían hecho y pedían la muerte para los esbirros, mientras los familiares de los encarcelados buscaban a sus parientes entre la multitud con rostros de angustia y alegría.

Más adelante surgieron los rumores. Se decía que por haber nacido el 24 de julio, igual que El Libertador, querían hacer coincidir la fecha de su muerte, con la del General Simón Bolívar, para atribuirle un carácter providencial al dictador Juan Vicente.

Ese mismo 18 de diciembre salió la gaceta oficial número 18.831, que confirmaba el deceso del presidente en la quinta “23 de mayo”, en Las Delicias, Maracay. López Contreras quedó como presidente encargado, y de inmediato se dirige a la nación a través de una alocución de radio, frustrando de esta manera los planes continuistas del gomecismo, a través de Eustoquio Gómez, quien muere al resistirse a la orden de arresto, del general Galaviz.

Según Francisco Carreño Delgado, autor del libro “El Benemérito, un bellaco admirable” en el momento de la muerte del presidente, él se encontraba en la planta baja de la quinta, al lado de Arturo Uslar Pietri, amigo cercano de Florencio Gómez, y Julio de Armas, entre otros testigos. Arriba, con el general agonizante estaban Eleazar López Contreras, el general Julio Anselmo Santander, Jefe de los Edecanes, y varios familiares de entera confianza, como para conformar un testimonio inapelable, pero la duda persistió, entre la gente contraria al presidente andino, y todavía la fecha de su muerte es un enigma que espera ser resuelto.

Tuve la fortuna de conocer a dos personas claves que me confirmaron lo de su muerte el mismo día que la del Libertador, Ana Solórzano, a quien llamaban Chichí, que fue la última compañera marital del general Gómez, y el Dr. Abel Sánchez Peláez, médico psiquiatra con quien sostuve una entrañable amistad, de más de 35 años.

Chichí era amiga de mi madre y por su trato sencillo y de sobrada lucidez, conversamos muchas veces sobre Juan Vicente Gómez. “Yo era una adolescente, cuando El General se interesó por mí. Tuvimos varios hijos, a los que él visitaba con frecuencia. Era muy cariñoso con los niños. El día de su entierro tuvieron que disfrazarme, para poderlo ver por última vez, porque se sabía que los espías contrarios se fijaban en los que llegaban para cobrarle después las deudas que dejaba el difunto. Lo que sí puedo decirte, es que murió el 17 de diciembre, y no el 14, como dicen los contrarios”

El papá del Dr. Abel Sánchez Peláez, del Táchira, fue “Director Nacional de Rentas y Licores”, en el gobierno de Gómez, y muy cercano a éste, por varias razones. Por supuesto, le contó en detalles muchas veces a su hijo, la agonía y muerte del presidente andino, confirmando en su versión que había muerto el 17 de diciembre del año 1935, a los 78 años.

Unos meses antes de su muerte, el presidente ya anciano, tenía que detener cada cierto trecho la caravana donde viajaba, para orinar en cualquier parte.  Esa vez quiso comer con todos sus edecanes después de pedir el baño para orinar, en el restaurant Bristol, donde mi abuela trabajaba como panadera, aquí en Los Teques, Mi futura madre, de 9 años, esperaba que saliera mi abuela. Como ya se había ido parte del personal, tuvieron que mandar a mi madre a que le llevara el pan a la mesa donde almorzaba el presidente. Al verla, le dijo: ¿Ajá, y quién es la niña? ella le respondió sin saber que hablaba con un mandamás, que había salido de la escuela y estaba esperando a su mamá que hacía pan en el lugar. “Eso está bien, si señor” y sacó una moneda y se la regaló.

Cuando me contó aquel episodio, yo tendría como 25 años, y se me ocurrió preguntarle: ¿y visto hoy, cómo te pareció el general Gómez, cómo lo recuerdas? Mi madre, sin pensarlo mucho me respondió con serenidad, “hoy diría que era un hombre como pocos, un señor bien plantado. Lamentablemente también fue un dictador”, manifestando con esta sentencia, una concepción del mundo que resume con precisión a una persona que no tiene dobleces, a un hombre que merecía el trato cuidadoso que se le dispensaba, por ser un hombre de respeto, un hombre de poder.

Imagen tomada del blog "Historias de Maracay"

jueves, 6 de mayo de 2010

EL TEATRO ATENEO Y EL TRISTE FANTASMA DEL GENERAL GÓMEZ

-->
Alberto Hernández

** El fastidio, la pesadez del clima y los sueños del Gómez hicieron posible la construcción del Teatro Maracay, como realmente fue llamado al inaugurarlo. Hoy, entre marquesinas y boletería dominadas por la calina, el pequeño teatro del bolsillo se pasea por la nostalgia, por las ganas de de sentir sobre sus tablas obras de envergadura.
Probablemente, el cielo de Maracay no era el mismo de hoy, lleno de humo, sucio aéreo, vapor de agua, calina que llaman los entendidos y que han dejado flotar como si se tratara de la famosa niebla londinense. Era un cielo, más allá de que las fotos que hemos heredado nos lo muestran a veces iluminado y otras veces encapotado, era más sano, menos díscolo que éste que nos cubre. Era, entonces, aquella comarca más visible que ésta de hoy, menos bulliciosa, pero a la par con tal característica, sí más aburrida. Entonces, el mandamás, el general, al que también apodan benemérito, Juan Vicente Gómez, se dio a la tarea de mirar un poco más allá de las películas mudas que le pasaban en Caracas o que algún funcionario –de esos que aún existen que se pegan como niguas- proyectaba una película muda sobre una sábana blanca.
Juan Vicente Gómez.
Pese a la cercanía de algunos “potreros”, como denominaban los teatros ambulantes que solían pasar por la ciudad, Gómez pensó en hacer uno a su gusto. La vieja plaza Girardot (la verdadera, no ésta que ya no es patrimonio porque lo perdió cuando la intervinieron vulgarmente) acogía a los “teatreros” del momento. Se trataba de un espacio de madera que se dice fue abierto en 1912, el 21 enero, para celebrar las ferias de este año, y era conocido como el Teatro-Circo, porque combinada el drama con las peripecias de saltimbanquis, payasos y maromeros. Estaba ubicado, según datos del cronista Oldman Botello, en el cruce de las calles Santos Michelena y Soublette.
El sueño de Gómez
La pesadez del clima, la falta de espacios para el disfrute cultural obligan al viejo “Bagre” a pensar en un teatro para la comarca. Así, llama a su despacho a Epifanio Balza Dávila, un ingeniero que forma parte de la escuela de Jesús Muñoz Tébar y Agustín Aveledo.
Hedy Lamarr
Balza eleva un edificio, con aires de la Catedral de Pisa y agregados personales que lo configuran como un edificio cuyo estilo se aproxima al eclecticismo. Gómez aplaude el proyecto, pero no se habían estudiado las dimensiones, razón por la cual el Teatro Ateneo de Maracay le quedó pequeño, por lo que Gómez no quedó muy contento cuando lo visitó. La obra se detiene durante dos años. Pero el general finalmente acepta l que Balza siga con la obra, hasta terminarla.
El éxito de la compañía española de teatro de María Fernanda Ladrón de Guevara promueve la idea de que algunas de las obras que esta actriz presentaba en Caracas, igualmente pudieran ser disfrutadas en Maracay. El 24 de junio de 1926 –día de la batalla de Carabobo- el pequeño teatro es inaugurado con la obra “Cancionera”, una comedia muy andaluza que gustó mucho a los “principales” y a los pocos agregados que pudieron estrenar las butacas del Teatro Maracay, como en verdad fue bautizado.
Mary Pickford
Podríamos imaginarnos el espíritu bullicioso de una ciudad casi campesina. No existía aún el Hotel Jardín, razón por la cual los integrantes del teatro se hospedaron en el Hotel Maracay, el cual estaba ubicado en la calle López Aveledo.
Al estreno en Maracay de la pieza asistieron, entre otros, según comenta el cronista, Gómez y su familia, entre quienes estaban Florencio, Juan Vicente, Cristina y Belén. La comitiva regional la encabezaba el presidente del estado, Ignacio Andrade y señora Servilia Gómez Núñez de Andrade.
Los felicitadores no faltaron, los aplausos y luego el brindis donde también imaginamos la tertulia de los principales y la befa en la calle de borrachitos y jodedores de ocasión.
Botello destaca la nota que publicó la revista Élite a propósito de la presentación de la obra en la capital de la República: “El teatro de Serafín y Querubín Alvarado Quintero, optimista locuaz, popular vivido, cuenta en Caracas con la predilección unánime del público. Evangelina Adamas y Bernardo Jambrina, poeta e histrión de alto coturno, trajeron al teatro Caracas las deliciosas primicias de la gloria de los sempiternos andaluces…”
El teatro: los entremeses, la comedia, eran para Gómez un pasatiempo que lo hacía feliz. En esos días también estaba en el tapete uno de los más sonados hombres de las tablas del país, Antonio Saavedra, quien años más tarde, más allá de los regalos que el general le procuraba, se burló de él en una obra titulada “la sagrada familia”, pero ya el poder de Gómez formaba parte del recuerdo. También disfrutó con Rafael Guinand en el Teatro Maracay, y así muchísimos que se lucieron ante los maracayeros de poder sentados al lado del viejo caudillo.
El cine: desde el mudo hasta el “hablado”…
Después de esta compañía, muchas otras pisaron el escenario del pequeño Teatro Maracay. Pero fue el cine, la pantalla viva y veloz de los personajes, el que atraía a Gómez. “Visitaron” su telón Charles Chapiln, por supuesto, animados musicalmente por la banda de la Presidencia de la República, a cargo de Sebastián Díaz Peña, en sus inicios, y luego por Gerardo Cámera y José Antonio Lagonell, quienes escogían previamente las piezas musicales para ambientar las proyecciones.
El primer espectador era el general Gómez, quien no se perdía, todas las noches a las 7 u 8, una función. Veía documentales internacionales de Warner Brothers, Universal, Metro o Fox. Noticiarios provenientes de muchos países donde la guerra y la paz distaban mucho de la Venezuela de aquella época, dominada por la bota y el acento silbado del general.
Dicen los cronistas y curiosos que se venía generalmente a pie. Cruzaba acompañado de sus cinco guarda espaldas o edecanes que lo escoltaban y se instalaba en la oscuridad de la sala a disfrutar la película del día. A las diez de la noche se marchaba, ahíto de películas, a su residencia ubicada cerca de la plaza Girardot. Maracay era un remanso, la “paz” se sentía en el susurro de los árboles.
Clark Gable
El sonido, el teatro mudo…
Un rato más tarde, a comienzos de los años 30, se incorpora el sonido al teatro. Así, los moradores, ya sin Gómez como compañero de butaca, pudieron ver las películas de Hedy Lamarr, Mary Pickford, Clark Gables, entre otros ídolos de aquellos días. Luego quedaría lo que el viento se llevó con los años, hasta hoy, cuando –luego de tantos tropiezos, el ya antiguo Teatro Ateneo es la reserva para el teatro escolar y demás devaneos que han dado al traste con muestras serias donde los talentos del patio esperan una oportunidad. Se trata de mirar más allá de programaciones. Se trata de diseñar políticas, desde los entes del Estado, para que el Teatro (con mayúsculas) se sienta en la comunidad.
Un anciano se pasea de madrugada por los alrededores del Teatro Maracay. Su tristeza de fantasma silencioso lo arrima a las ganas de sentarse y disfrutar de una buena obra de teatro. O de una película de factura que lo deje aturdido, como en aquellos días cuando Charlot “venía” a visitar la ciudad que luego fue llamada Jardín.

miércoles, 9 de enero de 2008

DOS ANÉCDOTAS Y UN PASADO

Daniel R Scott*
Papá se mantiene totalmente lúcido, en cambio la lengua y el cuerpo se observan lastimosamente atrofiados, incapaces de servirle de algo en un mundo exterior que ya no necesita ni tiene nada que ver con él. La prodigiosa conexión de mente y lengua prestas para la historia y la anécdota terminó arrasada por la enfermedad. Lamento haberle hecho tan solo una entrevista. Su cerebro era admirable: un archivo de datos que nada le envidiaba a los libros de historia. Ahora todo está destinado a perderse, como aquella travesura infantil suya perpetrada en una "calle Roscio" que mantenía aun en algunos tramos el empedrado colonial de sus primeros siglos. Concertándose con otros niños de su edad, amarraron varias latas a la cola de un burro y lo echaron a andar al filo de la medianoche, en un pueblo que aún conservaba en el espíritu la superstición de otros siglos. El sonido que producía el animal sobre la piedra antigua era tan inusual y espectral que más de una devota o rezandera, sobrecogida por el temor, se levantaba de su catre para encender velas en las repisas de los altares, en un intento colonial de conjurar en nombre de Dios y de mil santos más el ánima en pena que vagaba escandaloso y desconsolado por la conocidísima calle de nuestra ciudad. A la mañana siguiente, en el anonimato de su propia travesura, papá y otros pilletes, intentando contener la risa, oían hablar de apariciones y de espantos. Hoy la calle Roscio es un asfalto sucio y sin identidad atestada de carros y peatones donde si acaso alguien prende una vela es para protegerse de los vivos y no de los muertos.
Tampoco se sabrá de su primer y único encuentro con el General Juan Vicente Gómez. Papá era un mancebo de veintidós años de edad y el Benemérito, ya un anciano, realizaba el que sería su último viaje a San Juan de los Morros. ¿Julio de 1935? No lo sé. Si me equivoco en la fecha es cosa que no me importa. De todos modos toda ficción tiene algo de historia y toda historia tiene algo de ficción. Antonio Scott tuvo el privilegio de acercarse al caudillo tachirense junto con otros jóvenes. El coloquio fue lacónico y tenso. "Ajá... ¿Y tu eres hijo de quién"?, preguntó el dictador. "Del Coronel Daniel Scott mi general " respondió mi papá. "¿Daniel Scott?" repitió el benemérito. "Ajá...Hombre muy inteligente. Lástima que se volvió loco". Y eso fue todo. No hubo lugar para más diálogos. Sesenta y nueve años más tarde de ese breve coloquio con la dictadura más larga del siglo XX que vivió nuestro país, papá es simplemente vida que suplica vivir. Francamente no entiendo como un cuerpo tan endeble puede resistir tanto a una dolencia como la de él. Si con la Biblia he aprendido que la vida es frágil, con papá voy aprendiendo que la vida también puede ser fuerte, y hace todo lo posible por mantenerse en pie, como los árboles. Son los restos de la vida aferrándose a la idea de la vida, la vida agrietada que se aferra con desesperación a sí misma, a lo único que conoce. Si bien es cierto que la fe nos asesora y aquieta acerca de lo que no se ve, también lo es que no conocemos otra realidad que esta donde retozan nuestros sentidos, y de ella no nos queremos ir, así estemos en la peor de las miserias. "La mejor edad de la vida es estar vivo", dijo Mafalda, y lo creo.
Lunes 8 de Noviembre de 2004
*Bibliotecario y escritor venezolano.

sábado, 3 de marzo de 2007

SE CONSOLIDA "EL BAGRE" Y MONAGAS MUERE DE UNA CAGUETA EN LA PASCUA



Manuel Soto Arbeláez*

En los últimos 40 años del siglo XIX la política venezolana estuvo dominada por la pólvora. José Martí así lo había dicho: “El país de Bolívar huele a pólvora”. Las ideas brillaban por su ausencia, en su lugar se expresaban los chopos, siendo el caballo el medio de movilización dominante. Cada cuadillo levantaba un ejército con la peonada de sus hatos. La osadía, una proclama, unos pocos hombres armados con máuseres y machetes era todo lo requerido para intentar una asonada. Algunos personajes llegaron a tener tal prestigio que les aseguró un área de influencia en la que, a manera de amo feudal, señoreaba almas y propiedades. A Pesar de la severa derrota que los Restauradores infligieron a los generales Matos, Pulido, Guerra, (Domingo Monagas no pudo concurrir porque murió de una cagueta en Valle de la Pascua), y a otros caudillos en la Victoria en 1902, muchos de ellos se convirtieron en un problema para el nuevo Gobierno de Juan Vicente Gómez instaurado el 19.12.1908.
A todos esos prestigios de oropel el "Bagre" los engañó de una manera casi infantil: Creó para ellos un Consejo de Gobierno: "Al que teóricamente consultaría el Presidente en materia de alta política, en cuestiones de gran significación. Todos estaban convencidos que sus opiniones serían decisorias; sin embargo, el objetivo era tenerlos juntos y controlados en Caracas, con una buena remuneración, con un falso "Status", asistiendo a reuniones que aparentemente eran muy importantes, pero que en la práctica no valían nada porque todas las decisiones las tomaba Gómez a espaldas del Consejo. Cuando se dieron cuenta que sólo eran juguetes en manos del Presidente, ya no había solución posible para volver a las armas y ser los caudillos levantiscos que siempre fueron. Al manifestar el menor descontento iban directo a la cárcel de la Rotunda o al exilio” (Rodríguez Gallad dixit).
La larga dictadura de Juan Vicente Gómez Chacón se apoyó siempre en el ejército. "En efecto durante 27 años, con todas sus limitaciones el gomecismo logra construir un aparato militar de alcance nacional, que va a diferenciarse totalmente de las anteriores estructuras político-militares de carácter regional-caudillesca existentes en las últimas décadas del siglo XIX. Este aparato será a su vez el basamento sobre el cual se introducirán las modificaciones que, a partir de la muerte del Dictador y más tarde con el golpe militar de octubre en 1945 permitirán organizar las modernas Fuerzas Armadas Nacionales"(..), dice Elías Pino Iturrieta.
Gómez tuvo la visión de que en el país no podían seguir existiendo militares de chopo y ruana. Él, por intuición, era un firme creyente de las jerarquías y de los galones. Creó la escuela militar trayendo instructores de Chile y Alemania; sin embargo, pese a las ventajas ofrecidas, no hubo vocaciones suficientes para estudiar la carrera militar. La disciplina era muy rígida hasta el extremo de la violación sistemática de lo que hoy llamamos derechos humanos. Esta es la razón por la cual no se produjo un relevo generacional gradual en los mandos. Estos siguieron bajo el dominio de los oficiales de la "Invasión de los Sesenta", a tal punto que todavía en el gobierno del general Isaías Medina Angarita figuraban en los altos mandos castrenses algunos carcamales de doble plancha dental, cuyos fundillos les caían en las corvas, y con unas mentalidades seniles.
El gobierno que se instaura el 19 de diciembre de 1908, y fenece con la desaparición física del dictador el 17 de diciembre de 1935, trajo algunos adelantos desde el punto de vista económico, mas no así desde la perspectiva política. La represión fue indiscriminada, la arbitrariedad era la norma, la violación de los derechos humanos permanente, la concusión siempre presente enriqueció a los privilegiados funcionarios. Al morir, Gómez tenía un capital de más de 60 millones de dólares, los cuales, gracias a Dios, estaban todos en el país pudiéndose confiscar buena parte en bienes. Todavía no existía la práctica de cuentas en el extranjero, estas comenzaron a aparecer en el gobierno de Pérez Jiménez, llegando a su clímax a medida que la renta petrolera es mayor. El nuevo pensamiento es no capitalizar, sino atesorar. Si los dineros mal habidos se depositan en el extranjero, mejor. manuelsotoarbelaez@yahoo.com Continuará....

*Historiador, cronista y articulista.