Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

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martes, 25 de octubre de 2011

El Quejido

Daniel R. Scott
Suena en el bar de los suburbios una vieja canción mexicana de amor y de despechos. Frente a la barra, simétricamente ordenados, hay ocho taburetes de madera gastada por mil culos de mil borrachos anónimos que han desfilado cada uno en su momento y día por este recinto de opaca luz. Unos viven aún, otros ya han muerto. Muchos sin un hijo o una esposa que le cerraran los ojos, como aquel señor ya mayor de abdomen inflamado por la cirrosis hepática que leía revistas y periódicos: pasó vaya usted a saber cuántos días en la morgue antes de que su hijo al fin se presentara para identificarlo.
Uno de los taburetes está ocupado por un hombre de mediana edad de gafas maltrechas y gastadas. Escribe algunos garabatos de amor sobre un papel arrugado que tomó del suelo. Cerca de su mano derecha, como musa, dos cervezas vacías y una tercera a medio terminar. Pronto ira por la cuarta. Dos chiripas diminutas aparecen de la nada y exploran cautelosas el codo derecho del poeta que escribe su ridícula esquela de amor. Justo atrás de él, en una de las cinco mesas de fórmica, el dueño del bar se sienta en pétreo y fastidiado silencio, esperando que alguien diga el ya gastado "Me das otra". Se ha sentado junto al sempiterno bebedor tocado de sombrero blanco que noche tras noches se bebe y fuma la misma cantidad de cervezas y cigarros.
Un gato negro camina sobre la barra, ahuyenta a las chiripas, salta al piso de granito y se detiene hierático ante la reja azul que protege al negocio del hampa incontrolada que azota la zona, observando con proverbial impavidez gatuna a los transeúntes y al tráfico automotor copioso a esas primeras horas de la noche.
Suena otra canción. Esta vez el cantante informa que "Villa está sepultado en los suelos de Chiguaguas". Pero a nadie le interesa. Más tarde entran a la taberna unos dos o tres parroquianos con sus rostros de nacimiento cansados no de las sanas labores del día a día sino de los duros e inmisericordes avatares de los años amontonados. Este es un lugar de evasión donde se intenta suprimir la desilusión, el dolor y los desengaños. Cada botella vacía encierra una historia, un suceso, un pesar.
El poeta deja de escribir y fija su mirada en una pared empotrada con viejas botellas de licor cubiertas con el rocío del polvo sin limpiar. El hombre de sombrero blanco sale del local dando tumbos y traspié, total y definitivamente ebrio. Todos se han preguntado cómo hará este buen hombre para que sus pasos tambaleantes lo hagan llegar a su casa sin que lo asalten por el camino.
Cesó la música. Se produce un breve y hondo silencio. Entonces, y solo en ese instante, una garganta suelta un inconfundible quejido etílico que encierra en su brevedad todo el cansancio y todo el hastío de todos los hombres que han existido sobre la faz de la tierra. Se trata del quejido de un hombre apesadumbrado y su sueño roto.
Dejé de escribir, hice pedazos la nota de amor y abandoné el lugar.
Abril de 2009

miércoles, 19 de enero de 2011

Viaje a la Semilla


Daniel R. Scott
Desde el pasado mes de octubre y con intervalos de quince días he venido adquiriendo los libros de la preciosa colección "grandes autores de la lengua española" que cuentan con el reconocimiento del prestigioso "Instituto Cervantes." Durante estos últimos tres meses mi vieja biblioteca de madera, cristal y cartón piedra se ha visto honrada y enriquecida con las inmortales obras de estos maestros de la literatura. "Si algo caracteriza a nuestros grandes escritores es que cultivaron todos los campos de la literatura con deslumbrante maestría." (César Antonio Molina. Director del Instituto Cervantes) Uno se siente identificado con ellos por la sencilla razón de que nos une o un mismo continente, o una misma cultura, o un mismo idioma. Son tres grandes vínculos de nuestros pueblos. La realidad de nuestro origen o de nuestro destino. Allí está Neruda con su célebre "poema 20", Cortázar con su monumental "Rayuela", Antonio Machado y su "caminante son tus huellas el camino y nada más", Federico García Lorca con su mozuela que llevó al río, Juan Ramón Jiménez y su obsesión de escribir y reescribir, Borges y "la ciudad está en mí como un poema" y, finalmente, Alejo Carpentier y su "Viaje a la Semilla", el cual leí en diciembre, me gustó sobremanera y que a continuación paso a analizar brevemente con las herramientas que me prestan el intelecto y mis pocos estudios en esa área.
"Viaje a la Semilla" se trata, pues, de un relato breve de prosa sólida y exuberante. Los párrafos hechizan ya desde sus primeras palabras. A medida que se avanza en su fascinante lectura uno no pude menos que pensar que se encuentra ante una pieza clásica del llamado "Realismo Mágico" Aquí se habla de una vida vivida cronológicamente a la inversa, de la vejez a la niñez. La vida no es una dilatada y racional longitud entre el nacer y el morir, sino entre el morir y el nacer. La pluma y la imaginación de Carpentier va mucho más allá: personas, tiempo y cosas retroceden dentro de ese mismo tiempo hasta desaparecer por completo sin dejar ningún tipo de evidencia de sus existencias. Hombre y materia se hunden más allá de sus orígenes. Nada parece haber existido. El ser humano y la obra de sus manos se extinguen en una nada remota y sin nombre. Hombre y creación se sitúan mucho más atrás de sus materias primas. Absolutamente todo viaja a un pasado sin pasado. Uno se pregunta: Si después de la muerte reina el misterio, ¿lo mismo no se puede decir de lo que existe antes de la fecundación biológica?
El protagonista real es, "la reversibilidad del tiempo." Nos dice Klaus Muller-Bergh: "El tiempo parece retroceder inexorablemente hacia el pasado...Como una película cinematográfica que corre al revés, desde el final hasta el principio." Sigue diciendo Muller-Bergh: "Las imágenes se deslizan ante los ojos del lector con creciente velocidad para hacerse luego completamente borrosas al reintegrarse la criatura a las entrañas de la madre y perderse por último en el semen derramado en la oscuridad uterina." En el relato, esta "reversibilidad del tiempo" va acompañado de alucinantes y sobrenaturales sucesos tales como: "los cirios crecieron lentamente, perdiendo sus sudores" o "los armarios, los bargueños, las camas, los crucifijos, las mesas, las persianas, salieron volando en la noche, buscando sus antiguas raíces al pie de las selvas." En su viaje o estadía en Francia Alejo Carpentier entró en contacto con Breton y el movimiento surrealista. Uno se pregunta y es de suponer hasta qué punto habrá influido este encuentro en la mágica estructuración de "Viaje a la semilla." Existen diversas interpretaciones de esta obra que están sujetas a la metáfora y la alegoría, pero esta es la mía, la que me dejó mis primeras impresiones. El estudio del símbolo se la dejo a los expertos.
Finalmente, "Viaje a la Semilla" se considera una de las piezas fundamentales de la obra de Carpentier. Por la manera que ha sido trabajada y sobre todo por su temática, la podríamos ubicar dentro del "Realismo Mágico." De hecho, al leerla no pude menos que sustraerme de mi actual tiempo-espacio y recordar con añoranzas la época cuando me regocijaba leyendo la producción de este novedoso género literario. Para mí como lector fue sencillamente una experiencia liberadora. Pero el propio Carpentier la ubica en el ámbito de lo "Real Maravilloso" que "constituye más bien un modo de ser de la realidad, natural, histórica o sicológica, en que lo insólito la acerca a lo fantástico, pero sin que por ello intervenga ningún tipo de elaboración estética ni de ninguna otra clase" (Alexis Márquez Rodríguez)
18 Enero 2011

lunes, 15 de noviembre de 2010

El Diario de Moscú

Daniel R Scott


"Si alguien quisiera tener rápidamente una idea vivaz de lo que fue la vida cotidiana en la Unión Soviética en los años 80, podría ahorrarse la pesada lectura de Alexander Soljenitsin: le bastaría por el momento leer el Diario de Moscú de Edgardo Malaspina." ( J. A. Calzadilla Arreaza)

Ando deambulando por los lares de la página 53 del libro el "Diario de Moscú" de Edgardo Malaspina. Camino por las huellas de su estadía en la hoy extinta Unión Soviética. El propio autor tuvo la amabilidad y gentileza de obsequiarme un ejemplar con la siguiente dedicatoria: "Para Daniel con el aprecio de los poetas." Es un gesto que valoro. Soy de la creencia que a un libro se le aumenta el valor literario y poético cuando viene dedicado de puño y letra por su autor. En menos de una hora ya he leído "tres años de diario". Encanto de la escritura y de la lectura que nos permite atrapar en corto tiempo y espacio las vivencias de toda una vida. Insisto e insistiré cual orate: la invención de la escritura es el supremo acto de magia realizado por el hombre. O como diría más académicamente Jorge Luis Borges: "Sólo el libro es una extensión de la imaginación y de la memoria."

Edgardo Malaspina es un personaje de nuestros llanos y horizontes guariqueños ampliamente conocido por todos. Su labor médica e intelectual es de vieja data y larga trayectoria. Pero, si acaso hay alguien que aún no le conozca, le bastará leer la flamante contraportada vinotinto de su libro aquí reseñado: "Médico internista graduado en Moscú. Profesor y traductor de ruso. Individuo de número de la Sociedad Venezolana de Médicos Escritores y representante por el estado Guárico de la Red Nacional de Escritores de Venezuela." La obra, nos sigue hablando la contraportada, es "el diario de un estudiante que marcha a cursar estudios de medicina en la Unión Soviética de los años ochenta. Va construyendo, entre anotaciones breves y las memorias grabadas como huellas esenciales, un panorama de la vida cotidiana rusa en la década final del Socialismo real." Efectivamente: Malaspina pinta con pincelada precisa, literaria y poética la "anatomía de la humanidad rusa...así como del alma Soviética." ( J. A. Calzadilla Arreaza, prologuista de la obra ) Quien lea este diario no puede menos que sentir que los párrafos exhalan un suave y si se quiere poético "saludo a la nostalgia." El haya vivido esa época de "Ideología militante" "Guerra fría" y "Equilibrio del Terror" añora de alguna manera el pensamiento y el estilo de vida engendrado en ese periodo de la historia. En lo personal, echo de menos las discusiones de mi padre el "proamericano" y me tío el "comunista": Antonio Scott y Horacio Scott. Sus confrontaciones eran verdaderas riñas de perros y gatos que yo disfrutaba perversamente con toda la pura ingenuidad que me daban mis dos décadas de vida. Es que la vida y la historia era algo más que el obtuso integrismo islámico tan de moda en el siglo XXI.

No puedo aún escribir sobre la obra de Malaspina con la amplitud que deseo porque apenas escalo su página 53, pero he aquí al menos unas dos citas con su comentario: En la primera Malaspina preservó para la posteridad la palabra de un veterano de guerra que dijo: "Los americanos se creen los ganadores de la guerra, pero sabemos que fuimos nosotros los propios vencedores, que recorrimos la mitad de Europa a pie, empujando la bestia, cuerpo a cuerpo, hasta su cueva." Y es que por prejuicio o ignorancia pocas veces consideramos el papel que jugó y lo mucho que sufrió el pueblo ruso durante la Segunda Guerra Mundial. No en balde se le denominó a la resistencia soviética a la invasión alemana la "Gran Guerra Patriótica." ¿Cuánto habrá sufrido este veterano de guerra inmortalizado en la página escrita de Malaspina? Al menos, eso sí, sobrevivió: de los 55 millones de personas que dieron su vida en los campos de batalla, 27 millones eran soviéticos. Se dice que en la toma de Berlín el ejército rojo perdió 300 mil soldados.

En otra parte se le oye a Malaspina decir: "Una cátedra de la facultad de medicina es un amplio corredor adornado con retratos de científicos relacionados con la especialidad en cuestión y carteleras alusivas a la misma. A lo largo del corredor están las aulas, laboratorios y oficinas. La atmósfera silenciosa junto a las imponentes figuras de destacados médicos nos trasmiten la sensación de encontrarnos en un templo y nos insta a mantenernos serios y respetuosos." Es el concepto y visión de lo sagrado de la vida y de las cosas. Se percibe un misticismo sin Dios, la religiosidad que le es propia al ser humano asi se le instruya sistemáticamente en los rudimentos del ateísmo científico, la necesidad consciente o inconsciente de creer en algo superior que de alguna manera nos haga trascender. En fin, ecos de una espiritualidad universal que en la Unión Soviética nada sabía de mitos, liturgias, dioses o semidioses. Al menos en las políticas del Estado

Justipreciar pues "Diario de Moscú" no es tarea fácil. Cada cita, oración y párrafo contienen suficientes datos para desarrollar por separado toda una diversidad de tópicos relacionados con el autor y su interacción con el pueblo soviético. Termino este artículo por donde debí comenzarlo, con las palabras del Veredicto del Concurso Literario Stefania Mosca Categoría Crónica: "Nosotros, Mercedes Chacín, Roberto Malaver y Ernesto Villegas, jurados del Premio Municipal de Literatura Stefania Mosca en la categoría de crónica, decidimos de manera unánime, otorgar el primer lugar a la obra Diario de Moscú, registrado bajo el pseudónimo Sergio Narod, por su originalidad, novedad y ritmo narrativo que mantiene interés de la crónica hasta el final. Por otra parte estimamos que revela interesantes detalles históricos de un estudiante venezolano en Moscú y sus posteriores impresiones luego del proceso conocido como la Perestroika."

12 Noviembre 2010

martes, 26 de octubre de 2010

MUERE EL ESCRITOR PEDRO SIVIRA, QUEDA EL LEGADO DE SUS PÁGINAS

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Daniel Scott

En la madrugada del miércoles 20 de octubre se nos fue nuestro gran amigo Pedro Sivira, intelectual de trayectoria,conocido redactor del Nacionalista, autor de libros muy leídos y creador de varias páginas culturales que circularon en el diario donde trabajó por tantos años. Pedro Sivira era un valioso intelectual en cuya mente resplandecía la idea y en su lengua el dato histórico, el conocimiento y la palabra sincera.
A Sivira le conocí a principios de los noventa cuando se despertaban mis propias inquietudes intelectuales y me aventuraba tímidamente a escribir en serio en El Nacionalista, al igual que lo hizo mi padre por muchos años. Sivira ocupaba el puesto de redactor del Diario, de manera que todos escrito mio tenía que pasar antes por sus manos. Era la época de las escandalosas máquinas de escribir y los correctores. Recuerdo con gracia que al principio me recibía muy serio y con cierta frialdad. En fin era la primera vez que asomaba mi rostro novato por esos lares. No le hacía caso porque yo jamás juzgo a los hombres por la delgada corteza de sus apariencias. En efecto: a medida que mis párrafos se posaban en su mesa de trabajo, su actitud sufrió una especie de transfiguración bíblica, y a partir de entonces tuvo para mí el gesto afable de un hombre que no solo me publicaba con gusto todas las semanas, sino que además me compartía de buena gana sus sueños.
Recuerdo que uno de mis artículos, que hablaba de la felicidad, produjo en su ánimo un impacto positivo, tanto que tuvimos una larga charla de sobremesa, en donde me expuso de una manera ordenada y con entusiasmo todos los sueños que quería hacer realidad. Se conceptuaba escritor, y en esa dirección deseaba centrar todos sus esfuerzos. Sin embargo lanzó un suspiro y exclamó: “Pero la vida no es solo escribir párrafos o poesía, es cosa de traer a casa el pan cotidiano.” Sus palabras quizá reflejaban la vieja realidad de una sociedad que no sabía y aún no sabe acoger en su seno el oficio de escritor. Sabemos de mucho talento literario que ha desaprovechado en tal sentido. Se podrían enumerar casos y mas casos pero no vale la pena. Sivira ejerció con devoción de quijote y de manera sistemática el periodismo eminentemente cultural, en unos días donde la gente se ocupa solo de la política, como si esa fuese nuestra única realidad como pueblo. Allí queda el legado de sus páginas.
Nos vimos por ultima vez el pasado mes de julio. Nos acompañaba José Obswaldo Pérez, otro gran amigo. Recuero que nuestro tema de conversación seguían siendo los mismos: la política, episodios históricos cercanos y lejanos, la idiosincrasia del pueblo venezolano, de como la gesta independentista acabo con la sociedad colonial venezolana. ¡El regocijo de la mutua compañía y el conocimiento compartido. Por ultimo me hablo de “Candil Editores” página que dirigía con mucho orgullo junto al periodista José Obswaldo Pérez.
Se nos fue Pedro Sivira pero nadie que haya escrito se nos va del todo. ¿Será mejor decir que la tinta y el papel insufla de inmortalidad al que escribe? Un párrafo puede fijar y expresar la personalidad y la calidad humana del escritor. Sivira se queda en medio nuestro con obra tales como: “Extrañas oincidencias: y la rica fuente nunca estuvo seca”, “El paso de la Historia”, “Alberto Carnevalli “El fuego de su pensamiento” entre otros.

domingo, 3 de octubre de 2010

DOS MESES ANTES DEL 4F‏

Daniel R Scott


16 de Noviembre de 1991: Hubo una época en que el aire de los espíritus humanos era más puro. Tan puro que podían verse muy a lo lejos otros planetas girando en sus orbitas de luz y las cosas cercanas que nos rodeaban no estaban labradas a manos. Eso vino después. El mundo, recién salido de la nada bendita, poseía un brillo único y especial que hoy ya perdió y sigue perdiendo. La realidad no existía porque no servía para nada ni se sabía cual era su utilidad. "¿De que sirve?" decíamos al verla, entre burlas y risas infantiles.
En ese paraíso no se conocía la conciencia ni la noción del bien y del mal. Los ángeles de la ingenuidad se paseaban libres y desnudos por el huerto individual. ( Porque todos vinimos a la vida con nuestro huerto ) Pero hoy ya no.
Las lágrimas secaron la floresta y la tristeza tiñó la atmósfera.
22 de Diciembre de 1991: Arde la leña y sobre la leña, en una vieja, enorme y ennegrecida olla de quien sabe cuantos años de antiguedad, hierven las centenarias hallacas navideñas. Mamá ( madre emblema de este hogar ) trabaja sobre una mesa que rebosa de aceitunas, pasas, pasitas, cebollas, papas, encurtidos, hojas de plátano y demás ingredientes de este nuestro platillo típico. Mi hermana Maribel de visita nos ayuda. Mi hermano Luis y yo hablamos de lo bello y antiguo de nuestra tradición familiar, que es también la tradición del país por esta época del año. Un ritual de toda la vida. Toda familia debe tener tradiciones, cualquier cosa que les dé identidad y perpetuidad. Quien tiene tradiciones puede marchar victorioso y feliz en medio de un mundo que se torna confuso y materialista. ¡Es tan poco lo que se necesita para ser feliz! Y buscando los leños para avivar el fogón soy feliz
31 de Diciembre de 1991: Cada año nuevo un cantera: extrae las mejores piedras y tállalas con lo mejor de ti mismo. solo basta un acto de voluntad, que el deseo te inspire. Tu mismo quizá seas roca tosca y sin valor a los ojos de los demás, pero permite ser cincelado, día a día, en tu diario caminar, en tus tristezas y alegrías. Veras como serás una obra de arte de gran valor.
Sin Fecha: Habita en el brillo de tu canto y jamás veras las tinieblas
3 de Enero de 1992: Pesada soledad. Entré a este año con mucha desazón. todas las cosas parecen estar vacias de si mismas. es extraño. Siempre es así los primeros días de todo año.No me gustan mucho los primeros gestos del año. Y es que aun las festividades del pasado mes dejan a uno agotado. la alegria agota. Sucede lo mismo con cualquier festividad que es intensa y larga: deja cansancio. Estoy de pie, a la orilla de la calle, en la Urbanización "Caña de Azúcar" en Maracay, Estado Aragua. Vine a visitar una novia de cuando yo tenia 18 años pero no la hallé. Toque con los nudillos una casa que sonó a oquedad. No hay nadie salvo el silencio. Así que regreso a casa. Espero el bus sumido en mil pensamientos alimentados de un pasado que dista diez años del lugar de donde estoy. En eso pasa a mi lado un ciclista a toda velocidad que me grita, "¿que pasa flaco marico?" Yo le grité: "¡Gracias!" No esperando tal respuesta, miró hacia atrás y, evidentemente arrepentido, soltó una carcajada y me saludo amigablemente.
¿Qué le pasa al ser humano? necesita los olvidados manuales de buenas costumbres. ¿Es que cuesta tanto ser amable y tener buenos modales? En eso si no fallaron nuestros abuelos
5 de Enero de 1992: La década de los noventa, ¿adonde nos lleva? El año pasado fue difícil en lo económico y social. ¿Y qué decir de la década de los 80? Se pierde la fe en las instituciones, y las ideologías que parecían ofrecer alternativas se han desplomado de unos años acá: cayó el muro de Berlin en 1989 y la Union Soviética sufrió un debacle el año pasado. Los viejos modelos y alternativas se esfumaron.

6 de Enero de 1992: Se oye rumores de golpe de estado. Desde el 31 de diciembre se habla de ello. El año pasado, las protestas civiles contra el gobierno de CAP convirtieron al país en un verdadero campo de batalla. Hubo muertos y muchos, muchos heridos. Sobre todo hay mucho descontento e indignación en los corazones. ¿Se piensa ahora en alternativas militares? ¿Eso ya no pasó de moda?
Sin Fecha: "¡Soldados! ¡Obedeced!" dijo el general Don Nadie. "Tomad vuestros fusiles, he allí la diáfana luz del sol ¡Disparen contra la luz! ¡Matadla!" Pero el soldado respondió: "¡Mire que querer fusilar los rayos del sol mi General!"
¡En este diario mando yo!

28 de Enero de 1992: en la portada de "El Nacional" en letras grandes se puede leer al presidente decir: "Yo nunca he dicho que el golfo es de Venezuela." Le muestro el titular a un amigo mío y le digo: "De este titular a un Golpe de Estado lo que hay es un paso." No soy profeta ni visionario ni nada por el estilo, pero si los rumores de asonada militar son ciertos, declaraciones antipatrióticas como esta deben poner en marcha el aparato militar. solo deducciones de un ser anónimo
3 de Febrero de 1992: "El mundo avanza en pos de la paz pero las guerras siguen vigentes." dice cierto artículo que leí y que me habla acerca de esa dolorosa "¡guerra fraticida!" que hoy se libra y enluta a Yugoslavia... ¿Cómo puede ser esto posible? ¿Son tan válidas y reales sus diferencias? Se acaba con una vida. ¿En nombre de qué o de quién? Si analizas bien el asunto, lo hallaras absurdo y confuso. Tenemos la posibilidad y capacidad tanto de amarnos como de matarnos. Amamos y odiamos. Quien toma en su mano la flor empuña tambien el arma criminal... Antes de la Segunda Guerra Mundial, muchos de los mostruosos genocidas antisemitas eran honorables e indefensos padres de familia. las ideas y la política pueden en ocasiones transformarnos en seres despreciables. por eso hay que ver muy bien que decidimos creer.
Para cerrar: Hoy la policía lanzó una bomba lacrimógena a una protesta de ancianos enla ciudad capital. Sin comentarios.

domingo, 30 de marzo de 2008

LA EXPRESIÓN DE UN MUNDO IMAGINARIO


Daniel R. Scott*

Cuando recorras las páginas de las grandes obras literarias de la humanidad, cuando en ellas recojas la experiencia de quienes las escribieron, y el secreto de la belleza que llama a tu corazón para ennoblecerlo, recuerda tu deuda para con sus autores. Trabajaron para ti
Braulio Pérez Marcio

Soy el dueño absoluto y soberano de una mañana que pienso dedicar a la lectura. Sigo con "De amor y de sombra" de Isabel Allende, la misma que en una entrevista respondió: "Mis raíces no están en un lugar; están en la memoria, en los libros y en las cartas que escribo, ahí se va haciendo la vida". Pero que no se me vea como un holgazán entregado al ocio improductivo. Hasta hace poco tenía las mañanas tan ocupadas que no me quedaba tiempo para leer ni una sola letra del abecedario: vendía yogur casero para incrementar mis exiguos ingresos. Me podías ver calle arriba y calle abajo ofreciendo el manjar originario de Asia. "¿Sabías que el yogur no tiene ni cien años en Occidente?", le decía yo a mis clientes más cultos. "Se popularizó en el siglo XX gracias a los estudios científicos de un tal Metchnikov (premio Nobel de medicina 1908) que lo asoció con la longevidad de los pueblos que lo consumían". El cliente ponía ojos de huevos fritos y me compraban la mercancía no tanto para comerlo como para sentirse intelectualmente importantes. También contaba la historia de como el ángel Gabriel se le apareció un buen día al patriarca Abraham y le dió personalmente la receta del yogur como afrodisíaco y para curar la infertilidad masculina. Y me lo volvían a comprar. Les parecía increíble que detrás de algo tan prosaico como la compra y la venta existieran historias tan interesantes. Ardid publicitario el mío. Mercadotecnia barata. Es que estos sueldos mínimos en verdad son mínimos, tan mínimos que como se dice en el argot popular, "hay que rebuscarse o matar tigritos". Salía pues con mi mercancía a la calle y no hubo persona que no degustara el producto ni institución donde no colocara al menos diez, logrando de ese modo un dinero extra que siempre fue bien utilizado y disfrutado. Pero, ¿cómo seguir en el negocio si desapareció la leche del mercado? Y cuando al fin aparece, no sabes cuando ni donde, y yo no me destaco precisamente por el dominio de las artes adivinatorias para llegar al lugar y al momento justos, cuando descargan el preciado artículo en la "Tierra Santa" de los supermercados y mercales. Y si acaso llego al lugar, resulta ya se la han llevado toda, y yo me quedo desolado viendo los anaqueles vacíos. Asi pues que aquí me tienen, echado en la cama y con una obra literaria en el pecho, esperando que la reforma constitucional con sus tonos carmesí logre colocar un vaso de leche en la mesa del venezolano o me permita reactivar mi industria.
Solo. Nada me perturba. Allá abajo se oye el correr del río contaminado. Estoy en la casa del profesor Leal, un inmigrante español de ideas radicales. Estuvo involucrado en la guerra civil española. Uno de sus hijos llega de visita y se lo anuncian. Su padre, sorprendido de tenerlo tan temprano en casa un día sábado, le preguntas si le sucede algo. "Nada viejo", responde el hijo. "Tengo ganas de tomar un desayuno decente preparado por mamá". Detuve abruptamente la lectura aquí. De repente me sentí representado e interpretado por el personaje y me encontré diciéndome a mí mismo: "Sí, es una buena idea: quiero tomar un desayuno preparado por mamá". Mi esposa salió tan apresurada hoy que apenas pudo dejar sobre el reverbero de dos hornillas una olla de café. Una media hora más tarde ya estaba en la vieja casa de mi infancia, comiendo y charlando con mamá. Y las palabras que destilaba nuestro coloquio me sabían a arepa frita, a huevos revueltos y a café con leche.
Se dice que la novela es el relato de una historia de ficción, relatos de cosas acaecidas en un mundo imaginario. Sin embargo es algo más profundo que eso: como el escritor toma para redactar su obra la materia prima de la realidad y de lo posible, es factible que nosotros, sepámoslo o no, personifiquemos esa ficción y la transformemos en una historia viva. Para unos pocos elegidos y desventurados la novela es el guión que se les dió para memorizar y representar en los escenarios del mundo. Quizá en eso pensaba José Sant Roz cuando describía a su hermano, el escritor Argénis Rodríguez: "El día que descubrió que un libro lo podía cambiar a uno, lo podía armar caballero, hacerlo el más poderoso de la tierra, el más noble y el más criminal si se daba el caso, entonces no quiso sino leer y escribir". De lo cual deduzco que podemos "reescribir" una joya cualquiera de la literatura universal con la tinta y el papel de nuestro andar diario, con el "yo y mi circunstancia" de José Ortega y Gasset, imprimiendo de esa manera un "libro viviente" sobre las bases de nuestras acciones existenciales. En mi caso yo hice palpitar con un latido de mi propia existencia a tan solo doce palabras contenidas en una oración que abarcan apenas dos líneas de la página 35 de una novela contemporánea.
Se puede definir a la novela. Serían muchas las definiciones y de muy diversas fuentes. Pero por muy exactas que sean jamás podrán expresar su impacto y significado en la vida de un lector cualquiera. Lo inefable es difícil de encadenar dentro de los muros de la palabra oral o escrita.
*Bibliotecario y escritor venezolano.

miércoles, 12 de marzo de 2008

EL OCASO DE UNA LARGA INCREDULIDAD


Daniel R. Scott*

Papá está sentado a mi lado en su silla de ruedas, mirando hacia el jardín y mucho más allá, quien sabe donde o a qué época o a qué recuerdos. A los noventa años el presente es el calabozo asfixiante y los recuerdos tan infinitos y poblado de estrellas como el universo. Como estoy leyendo la Biblia y sé de sus interrogantes reales no pierdo la oportunidad y le leo Juan 11:25: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mi vivirá, aunque muera". Papá nunca ha creído en estas cosas pero son precisamente estas cosas las que algunas almas a veces anhelan escuchar cuando se está en los umbrales de la muerte. Aquí la Ciencia y la Filosofía carecen de respuestas y parecen enmudecer. ¿Será ese el caso de mi padre? ¿Como se lo tomará? Antes de leer vacilé un poco. "Un cura me dijo cuando yo era joven que no perdiera el tiempo leyendo la Biblia" me dijo una vez con orgullo. "Es una colección de fábulas". Vaya cura. Un cura stalinista. Y los roces de los Scott con el clero a principio del siglo XX fueron desagradables y poco cordiales. "Los curas se ocupaban solo de criticar las costumbres rurales de los fieles y de expulsar del pueblo a cuanto protestante se le ocurriera vocear sus doctrinas heréticas por las calles o casas" me decía papá, y a continuación me contaba el episodio de aquel pobre protestante perseguido por una turba armada de piedras y palos encabezada por el cura de turno: "El pobre hombre se salvó porque tu abuelo, junto a otros ciudadanos, lo resguardaron a sus espaldas mientras hacían un llamado de calma a la turba enardecida". En materia de religión e ideas, La San Juan de los Morros de a principio de siglo no era muy avanzada ni tolerante.
Papá solía referir entre risas un incidente que ilustraba la relación tensa y desagradable de mi familia con el curato en la década de los años diez y veinte: "En una oportunidad mi tía entró a oír misa vestida de una manera considerada indecorosa para la época: un traje que insinuaba y apenas ocultaba la piel de sus hombros. Algunas devotas y rezanderas se escandalizaron y murmuraron bajo sus velos y detrás de algún abanico. Entonces el cura en su homilía arremetió contra aquellas personas ("mujeres", recalcó) que entraban a la casa de Dios sin observar las más elementales normas del decoro en su vestimenta. Mi tía permaneció impasible y atenta durante todo el sermón, sin dar señal de emoción alguna. Los presentes le echaban miradas por el rabillo del ojo: no se podía adivinar que pensamientos o sentimientos se ocultaban detrás de su rostro que parecía más bien una máscara. Terminado el oficio religioso mi tía se arrodilló, se santiguó y salió de un recinto sobrecargado de imágenes llorosas de santos, vírgenes y cristos, quedándose de pie a un costado de la iglesia, meditativa, como esperando a alguien. Entonces el cura cometió un gravísimo error: salio a saludar a algunos feligreses, pero en lugar de saludos se encontró de frente con una mujer enfurecida que le propinó una golpiza tal que el representante de Dios aquí en la tierra terminó rodando por los suelos con todo y sotana; allí mi tía terminó de descargar su furia dándole varios puntapié. Algunos buenos samaritanos tuvieron que rescatar al pobre clérigo de las manos de esa fiera". Y terminaba de contar papá, orgulloso y muy complacido, que su tía gritaba: "¡Allí dentro no le hice nada porque es la casa de Dios; pero aquí afuera usted es un hombre como cualquier otro!".
Esta misma mujer fue la que se abrazó al cuello del caballo donde huía un tal Varela, asesino de su hermano Andrés Rafael Scott. Como el animal iba muy al galope como para ser detenido esta mujer ordinaria y aguerrida no vaciló ni un instante y saco del cinto un puñal con el que intentó degollar a la pobre bestia que nada tenía que ver con el homicidio. Era la única manera de detener al criminal que mató muy malamente y por encargo al hermano de mi abuelo. Pero de eso hablaremos más adelante.
Los Scott, pues, nada tenían que ver con las prácticas y la ortodoxia católicas. En una carta que escribió mi abuelo al Doctor Pedro Miguel Queremel, el 10 de enero de 1918, dice: "Soy admirador de la teoría evolucionista; siempre he creído que el hombre es el progreso de una raza, y esto es honroso, porque venir de un trepador de la selva virgen a ser hombre de ciencia, culto caballero, artesano industrioso, constructor y habitador de ciudades tan populosas como Londres, París y Nueva York, es verdaderamente honroso". De manera que con esos antecedentes ya mencionados no era extraño el espíritu irreligioso y anticlerical de papá, inconcebible, según mi ver, en un hombre que fue co-fundador del Partido Socialcristiano COPEI en 1946. Un socialcristiano que en la práctica era más social que cristiano. Sus modos eran mas bien marxista-leninistas. Ya saben, eso de que el fin justifica los medios. Y me parece a mí que citaba al Benemérito Juan Vicente Gómez cuando afirmaba que los enemigos de sus amigos eran también sus enemigos, tesis reñida con la moral cristiana que yo nunca compartí y que tantas discusiones y resquemores trajo entre nosotros. Siempre pensé que el comunista debió ser papá y no mi tío Horacio. Había una gran diferencia entre ambos: Horacio no creía en la fe o argumentaba en contra de la fe; Antonio se burlaba y se reía de la fe. Se puede dialogar con un incrédulo, pero con la burla es difícil razonar. Pero esta vez, dada su condición de hombre físicamente postrado, quizá se tomara la fe de otro modo. Alguien dijo que no hay ateos en las trincheras, y papá está dentro de una trinchera de la que jamás saldrá vivo: sobre él caen los obuses del peso de los años que debilitan y de la enfermedad que quieren arrasarlo y dejarlo sepultado bajo los escombros de la muerte.
Así que después de leerle la porción bíblica le pregunté: "Papá, ¿crees tu en Jesucristo?". Después de meditarlo por unos segundos dijo que sí, asintió con firmeza y convicción. Fue enfático en su respuesta. Quedé sorprendido. Él, que tanto se burlaba de estos "mitos", como solía llamarlos, ahora rinde su voluntad a ellos. Reflexioné por un instante. ¿Que sucede con el raciocinio cuando la muerte es una posibilidad tan inmediata que se puede palpar con las manos? "Entonces vivirás aunque mueras" le declaré, y a continuación le hablé de Jesucristo con mucho tacto y en los términos más intelectuales que pude, y él aceptó una explicación que en otra circunstancia o etapa de su vida no habría considerado ni por error. Me sentí ante la presencia de uno de los tantos misterios de la naturaleza humana, tan incomprensible, caprichosa y movediza. Lo llevé en la silla de ruedas a su habitación y entré a mi estudio para leer, escribir y meditar. Ante el arcano que representa el más allá, en los umbrales inexplorados e inconquistables de lo desconocido, se desvanece el materialismo y prevalece en algunos contra viento y marea la sed insaciable de prolongar la vida hasta el infinito. Las ansias de vivir son infinitas pero las horas de la vida se desgastan con el uso. Y mientras esto sea así creo que subsistirá la religión, desde la que se vive en las primitivas tribus de la Nueva Guinea Papú, hasta la que se profesa con elegancia en la catedral de Notre Dame. Me consuelo pensando que papá llegó al convencimiento de que el día que la muerte toque a su puerta irá a estar con Cristo, que es muchísimo mejor que vivir crucificado a una silla de ruedas.
Miércoles 27 de Octubre de 2004
*Bibliotecario y escritor venezolano.