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martes, 20 de enero de 2009

La voz del nuevo Presidente de EE.UU.*

MICHIKO KAKUTANI


La crítica literaria del New York Times, una de las más influyentes de ese país, desnuda el carácter de Barack Obama y sus apetencias intelectuales, a través de sus lecturas preferidas.


Se ha hablado mucho de la elocuencia de Obama, su habilidad para usar palabras convincentes, enaltecedoras e inspiradoras en sus discursos. Pero su apreciación de la magia del lenguaje y su amor por los libros no sólo lo han dotado con una rara habilidad para comunicar sus ideas a millones de norteamericanos, contextualizando al mismo tiempo ideas complejas sobre raza y religión, sino que también le han permitido formarse una apreciación de quién es él y de cómo visualiza al mundo.


El primer libro de Obama, "Dreams From My Father", sugiere que él siempre ha buscado en los libros un modo de adquirir conocimientos e información de otras personas. Recuerda haber leído a James Baldwin, Ralph Ellison, Langston Hughes, Richard Wright y W. E. B. Du Bois cuando era un adolescente que intentaba aceptar su identidad racial y que, más adelante, durante una fase ascética en la universidad, se sumergió en las obras de pensadores como Nietzsche y San Agustín en una búsqueda espiritual e intelectual para comprender cuáles eran sus verdaderas creencias.


Cuando era un niño y vivía en Indonesia, Obama se enteró del movimiento de derechos civiles en Norteamérica a través de libros que su madre le entregaba. Más adelante, al organizar comunidades en Chicago, se inspiró en "Parting the Waters," la primera parte de la biografía de Taylor Branch sobre el reverendo Martin Luther King Jr.

Recientemente, hay libros que le han dado a Obama algunas ideas concretas sobre gobierno: se ha comentado que "Team of Rivals", de Doris Kearns Goodwin, sobre la decisión de Abraham Lincoln de incluir a antiguos oponentes en su gabinete, influyó en su decisión de nombrar a su principal rival en el Partido Demócrata, Hillary Rodham Clinton, como Secretaria de Estado. Y libros sobre los primeros cien días como Presidente de F. D. Roosevelt y "Ghost Wars" de Steve Coll sobre Afganistán y la CIA le han proporcionado un útil material informativo para algunos de los miles de desafíos a los que se verá enfrentado en su cargo.

Obama tiende a tener un enfoque muy estudioso con respecto a la lectura: reflexiona a fondo sobre las ideas de los autores, seleccionando aquellas que describen detalladamente su visión del mundo o que abren nuevas sendas de investigación.

Su predecesor, George W. Bush, en comparación, leía libros a la carrera o adoptaba apasionadamente la tesis de un autor como una idea fija y prefería libros preceptivos. Obama, por otro lado, siempre ha buscado historias no ideológicas y obras filosóficas que abordan problemas complejos sin soluciones fáciles.

Además, el amor de Obama por las obras de ficción y poesía - en su página de Facebook se mencionan, junto con la Biblia, los trabajos de Shakespeare, "Moby Dick" de Herman Melville y "Gilead" de Marilynne Robinson, las obras completas de Lincoln y "La confianza en uno mismo" de Emerson - no sólo le han dado una mayor conciencia del lenguaje, sino que también lo han imbuido con un sentido trágico de la historia y un sentido de las ambigüedades de la condición humana.

Obama ha dicho que escribía "poesía muy mala" mientras estaba en la universidad y su biógrafo, David Mendell, sugiere que en una época "albergó alguna idea de escribir obras de ficción como una vocación". "Dreams From My Father" demuestra cierto talento para relatar historias y aquella rara combinación de empatía y desapego que poseen los novelistas talentosos. En dichas memorias, Obama logró transmitir sin esfuerzo puntos de vista distintos a los suyos, evocando al mismo tiempo los variados lugares en los que vivió durante su nómade infancia.

Para Obama, la identidad y la relación entre lo personal y lo público continúan siendo cruciales. Ciertamente, "Dreams From My Father," escrita antes de participar en política, fue una búsqueda autobiográfica para comprender sus raíces, en la que se proyectó como un Telémaco en busca de su padre y un Odiseo en busca de un hogar.

Muchas de las novelas que admira están relacionadas con la identidad: "La canción de Salomón" de Toni Morrison trata de los esfuerzos de un hombre por descubrir y aceptar sus raíces; "El cuaderno dorado" de Doris Lessing relata la lucha de una mujer para articular su propio sentido de ego, y "El hombre invisible" de Ellison intenta resolver la dificultad de la autodefinición en una Norteamérica consciente de las diferencias raciales. Los poemas de Elizabeth Alexander, a quien Obama eligió como su poeta inaugural, sondean la intersección entre lo privado y lo político, el tiempo presente y el pasado, en tanto los versos de Derek Walcott exploran lo que significa ser un "niño dividido", atrapado entre las márgenes de diferentes culturas, tal vez dislocado y desarraigado, pero libre para inventarse un nuevo ser.

Esta noción de autocreación es profundamente norteamericana -uno de los principios fundadores de este país y un tema tratado por clásicos como "El gran Gatsby"- y, al parecer, tiene gran influencia en la imaginación de Obama.


*Tomado de: http://diario.elmercurio.com/2009/01/20/actividad_cultural/actividad_cultural/noticias/818BA450-F0C1-4319-BEE2-A03B1EDAC65D.htm?id={818BA450-F0C1-4319-BEE2-A03B1EDAC65D}

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