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lunes, 16 de marzo de 2009

CALENDARIO LLANERO

Adolfo Rodríguez*

MARZO

Dice don Félix León que en cuaresma florean: cañafístola (amarillo castaño), pericoco y bucare (anaranjado), jobo (blanco), orore (azul), que está en las orillas de las quebrás y echa vaina, Caro: tostao, cuyo bagazo come el ganao, el apamate que echa flor temprano si va llové, el roble: morao, Guamacho: amarillo, el algarrobo: mazo de flores blancas, el guarataro: blanco,

Inventariando Miro Popic:

El Samán, árbol emblema del Llano, generoso en sombra y frescura, Lluvia de Oro, que liban los colibríes; el Matarratón. el Cedro en partes que no se inundan. Y dos especies de Jacaranda morado.

Mientras la Palma Llanera, típica de las partes bajas. Ha terminado de florear.

Y en Guaribe que en sus bosques deciduos; el apamate morao, palo de montaña, guamo cere cere como el mamón, uno largo torcío, otro cajeto.

Los frutos del Coco de Mono, ya maduros, se amontonan al pie de los árboles.

Mientras por las playas arenosas del Orinoco desova la Tortuga Arrau.

Salen de sus huevos las tortuguitas Terecay, parecida al Galápago Llanero, pero con pintas más claras en la cabeza.

Las Babas buscan los últimos residuos de agua Y, al no hallarlos, se entierran en algún lodazal y permanecen allí varios días.

El zorro guache busca presas acompañado de sus crías, al anochecer.

Juveniles gabanes y garzones soldados, que dejaron su nido en febrero, acompañan, a los adultos, procurando comida en los esteros.

El Rey Zamuro tiene ya pichones, en las grandes ramas de los bosques. Mientras el Halcón Aplomado ocupa nidos abandonados y de fácil acceso.

Jorge Plaz (en Torrealba, op. cit.) vivencia así el mes de marzo en Apure:

Con sus mediodías reverberantes,

Bosquejan espejismos bellos y raros

Los rayos del sol recalcitrante.

Es el mes que ponen las Tortugas

Y el escogido para cortar Madera;

Es el mes de poner los cardenales

Y en el que maduran las uveras.

Es el mes en que se castran las colmenas

…………..

El mes ardoroso en las llanuras

En que el llanero se echa su sesteada

Bajo bosques frondosos de chigales

En guayabales a orilla de cañada.

Es el mes que seca las lagunas,

En que se ven preñadas de gabanes

Y de todas aves de ribera

……..

Los patos pelones se cogen en bandada

Y el bello matiz de las corocoras.

……..

Se ven cruzar los fuegos fatuos por la noche

…….haciendo ruido con las hojas.

Ramo y Ayarzaguena anotan que en marzo “los bajos niveles de agua hacen que la fauna acuática se concentre, y muchos herbívoros y peces, mueren”, coincidiendo “con los primeros vuelos de los jóvenes carroñeros”.

Un tiempo que parece emanar en la Silva Criolla de Francisco Lazo Martí cuando el incendio "ha desplegado" ya por dos veces su "abanico flamante" voraz de "yerbas infecundas".

El viajero Sachs en 1876 ve surgir como por encanto "monstruosos ejércitos de insectos" entonando "el canto chillón de los saltones y el lloroso tono atiplado de los zancudos", ninguno como la cigarra, que propala desde "todos los árboles y todos los arbustos de la Plaza Guzmán Blanco de San Fernando de Apure", su salmodia incansable. Y rememoró la atención que le merecieron a los griegos Anacreonte y Xenarco, autor, aquél, de una famosa oda que Goethe traduce al alemán y puesta en castellano así por don Pepe Izquierdo:

Bendita eres tú, chiquita amada

Que en las ramas de los árboles

con poca bebida entusiasmada

cantando vives como reina.

Días de morrocoyar, sabanear huevos de tortuga, capturarlas en las playas de los ríos. Imvernaron por meses, los morrocoyes, entre cepas de maya, mogotes o promontorios de madera seca, hasta que la rumazón de las terecayes o el trueno de marzo los incite al frescor o el apareamiento. Por entrada de aguas vienen las crías.

Un éxtasis según Cabrera Malo: “!Qué noche!, no la olvidaré nunca. El cielo de la pampa, una sola rumazón siniestra; la oscuridad, compacta; relámpagos y truenos sordos, a lo lejos; y junto a nosotros todos los cocuyos del matorral volando y rutilando en silenciosa zarabanda fúlgida que era como el chispear de alguna fragua invisible”.

Los araguaneyes “pomposamente vestidos de amarillo” como si flotaran “sobre las aguas muertas de un lago visionario” (Ibíd. 41).

Cuaresma y, sobretodo, semana del concilio, son para elaborar papagayos, mientras las muchachas, sus padres o parientes recolectan camasitas con qué confeccionar las zarandas y encavarlas sobre el propio terreno vaciando las semillas para que los ciclos de la tierra vayan junto a la tradición. Marcela de Rodríguez cree que casi no se dan ya porque eran menos los bachacos y las hormigas y Catalina, mujer de Félix León, que las máquinas descalabrando el mundo.

Convocatoria de lo primario: más allá del miércoles de ceniza en que echan a andar la gente desde los montes más oscuros, al sur de las Mercedes: de Jobo Mocho, Barrancas, Casita, San Mauricio, "picando troya", con trompos, generalmente elaborados de la madera del guayabo, porque son los más zumbadores, livianos y serenitos, como el que recuerdan aún por Mata e Juajua bajo el nombre de "Trueno en marzo" ; sin desmerecer los que son de taparo, mamón, guatacaro, palo sano, floramarillo o roble (que estos últimos caen pesaos y los de caruto salen tataretos. Las rolas para elaborarlos cortadas en menguante, veinte o quince días antes de la Semana Mayor.

"Serenos" o "tequenitos" para que bailen "mejor" Sus constructores o propietarios los pintan con hojas de "túa-túa" y otros colorantes; un resplandor de triunfo los embarga cunado los cogen en la uña o captan el zumbido de su serenidad sobre el terraplén....El Tuerto Juan Canache de "Borbollón" gozaba de gran prestigio por su fabricación de trompos de taparo (Martínez, J. F., 1982; Balza Lugo, 1986).

Cuidadosos preparativos para el necesario lucimiento de la Semana de la Pasión: todo es sometido a maquillaje: los templos, las iglesias, las casas depositarias de santos que saldrán en procesión y rendirán especial tributo a la hospitalarios dueños. Un esmero que roza con la coquetería, porque era tiempo de estrenar, lucir trajes elegantes, hombres y mujeres, y hasta excederse en el empolvado de los rostros como reseñaba Juancho Cartens en periódico de San Fernando en 1878.

Ciclo de recogimiento, unción, comunión con la tierra, pero también de procura del deleite espiritual ejemplificado en los hechos de la Pasión e historias que circulan por los campos relativas a casos y sucesos de la semana mayor.

En varias localidades abstinencia ante las tentaciones de la carne como en Naiguatá donde se cumple el ritual del Entierro de la Sardina el miércoles de ceniza. Un abandono a manera de entrega a los dictados de la naturaleza que suele rodear todo el ritual. Los exvotos que se colocan en las andas son de aquellos frutos que se espera cosechar o que renacerán en la venidera época de lluvias.

Ana Socorro del Corral recuerda que en el Llano, desde el día de ceniza, las arpas eran cubiertas con cobijas y reposando, desde algún soporten en la pared, los cuatros y maracas, como para dar paso a las profundas pulsaciones que plenarán inminentemente todo.

Cuando se hace efectivo el retorno de Santos Luzardo a su tierra natal y "los rumores de la llanura arrullándole el sueño, como en los claros días de la infancia, el rasgueo del cuatro en el caney de los peones, los rebuznos de los burros que venían buscando el calor de las humaredas, los mugidos del ganado en los corrales, el croar de los sapos en las charcas de los contornos, la sinfonía persistente de los grillos sabaneros, y aquel silencio hondo de soledades infinitas, de llano dormido bajo la luna, que era también cosa que se oía más allá de todos aquellos rumores" (Gallegos, 1977: 42).

Cambios en la dieta forman parte de esta progresiva identificación con lo ancestral: abstinencia durante los seis viernes previos a la semana mayor, desayunando cada amanecer con un pedacito de pan (la parva) y agua, aunque en los almuerzos se consuma de todo: pisillo de pescado, caraota pintada, huevos de terecay dejan las rumazones en los costos de los ríos, arroz con coco, dulce de ciruelas maduradas después de las primeras lluvias, batíos de papelón, pira de ahuyama, sardinas, legumbres y pasteles; mientras que por las noches hay frugales cenas de café con leche, pan y queso rayao.

Para Loyo Rojas la "ausencia de funciones religiosas" en los campos llaneros, explica estos "placeres de la mesa"

Márquez G. (1999) cuenta cómo en Achaguas los días previos a la Pasión son conocidos como "Semana de 'Buscá'" porque se practican las "galapagadas o cazar galápagos, babas, morrocoy, caripatúa o jicotea", pescado salado y chigüire. Los platos pautados por la tradición.

Búsquedas que no solamente se limitaban a la alimentación como constató Monseñor Martí en 1779 en San José de Tiznados, al considerar que aquellas "grandes pesquerías" eran más bien "grandes desordenes con el concurso de hombres y mujeres", por lo cual prohíbe asistir a las mujeres solteras de ocho años arriba, con orden al teniente o cabo de encarcelar a quien incumpla la medida. Curiosa devoción ya que no se deja de comer carne.

Guabina le dijo a bagre

Vámonos pa el caramero

porque estamos en cuaresma

y vienen los tarrayeros

Pues no hay nada que se interponga a esa ocasional consustanciación con lo primario: buena parte de las labores habituales quedan en suspenso, como trozar leña porque se corta a Dios, barrer los patios para no herir los costillares del señor, los largos viajes, lavar ni cazar; cesan las queseras; no se golpea los animales y se deja que los becerros mamen hasta la leche de ordeño, con excepción de la que es reservada para el "arroz con leche"; no se muele maíz ni se hace arepas, no se tuesta café ni se pila ningún grano, cabalgar es montar sobre las espaldas martirizadas de Cristo. Exponiéndose quienes desobedezcan tales disposiciones colectivas, a experimentar los respectivos castigos: al cazador lo hiere su propia arma; el conuquero que intenta abrir callejones, halla ahorcado uno de sus becerros; la tierra se abre en un abismo para quienes se atreve a lidiar ganado. El Pez Nicolás es un hombre que se atrevió a bañarse en dáis santos y las sirenas y toninas mujeres que infringieron tal restricción,

No hay trabajo de llano, pero surgen otro, de reminiscencia aborigen, a modo de pausa para el reencuentro con los orígenes: recolección, pesca y hasta la caza, aunque en términos más ecológicos. Es la búsqueda de ramas, frutas y flores. Loyo Rojas habla de una "época de romerías", mencionando rancherías establecidas en las costas de los ríos, caños y montañas, "ya en la procura de la salón de chigüire...o la de lanzarse al apaleo de las charcas...método singular de asir...el escurridizo galápago": ese lujo de destrezas en que se pone de manifiesto el dialogo del hombre con el medio natural sin perturbarlo, pactando con la ferocidad y la abundancia, y otorgando su debido lugar al gran depredador, que se luce careándose, lúdicamente, con el entorno natural.

El cuento de Salvador Lara “Camino de los Jabillos” dice de esta época: “el casco sonoro sobre la tierra templada, agrietada por la sequía de marzo. Desnuda la madera, encueva los lagartos, enmiela los matajeyes. La enjalma sudorosa mojaba las correas. El tui, tu, cu de las tórtolas marcan el mediodía, por la trocha amarilla camino de los jabillos jinete y caballo perfilan el horizonte”.

De Arnas Chitty en 1949 que “Si por mayo el mundo invita a que se le recorra, por marzo es una angustia secreta la que le lleva de un lugar a otro. Todo hijo de la llanura tiene el perfil borroso de la tierra sedienta".

Quien en Cardumen (1990) escribe que "marzo no tiene agua; sólo dora los araguaneyes y pone tonos rosados en los acapros”.


El galápago nidifica entre noviembre y febrero y comenzando las lluvias nacen las tortuguitas, las terecayas entre febrero y marzo, la baba en agosto, el caimán del Orinoco pone sus huevos entre noviembre y febrero.


Joseíto Jiménez, Cronista de Cabruta, va diciéndonos que con las nubazones salían las Tortugas en un radio de un kilómetro frente al pueblo. Que los temporadistas iban de noviembre a abril y que venían de todo el país. Las chalanas llevando hasta diez mil. Que se daba a cada familia según sus miembros, un área medida con un cordón, determinándose que había huevos con una puya que se hundía y era como medio metro aprovechable. Se vigilaba en la noche y había un encargado de la repartición hasta que en 1958 asumió la GN. Los huevos se aprovechaban para el aceite de tortuga que se expendía para candelabros y otros usos. Para que las Tortugas no se murieran luego de soleadas al penetrar al agua, se formaba una gran fila de gente azuzándolas desde la orilla para impedir que salieran. Las que se morían en los viajes se las comían. Al otro lado se veía una playa ennegrecida por las Tortugas. Los playones eran grandes jaujales.


Y José Acevedo: esta playa la voy a sellá; con el talón, y sacaban lo que querían: dos y tres mil huevos, para vender o regalar.

Cabrera Malo divisa “El cálido aliento de la sabana asoleada llegaba hasta nosotros. Espejeaba el desierto sin límites, y el cielo era una como bóveda de acero caldeada hasta el rojo blanco, que evocaba en mí las próximas marchas extenuantes por los arenales lóbregos, bajo el vuelo de las gaviotas agoreras; la calma temerosa de los mediodías; las tardes cayendo en el medroso silencio, como un pesar irreparable, sobre las cosas sin relieve; las alucinantes claridades de las noches, el estupor de la lejanía gris; y, tras la efímera frescura de las auroras, otra vez las jornadas que no se concluyen nunca, otra vez el temblor de horizonte entre los vapores caldeados; otra vez la llanura impregnada de soledad, jadeante de fiebre y exhalando el melancólico olor de yerbas secas a la luz cadavérica de la luna” (p. 330).

FUENTES CONSULTADAS

BALZA LUGO, Juan. Bosquejo de una Semana Santa en Pariaguán, en La Prensa, 26.3.1986. p. 7.

Cabrera Malo, Rafael, El Reflejo de los Remansos Azules. Caracas: Academia Venezolana de la Lengua correspondiente de la Real Española, 1989. -- 389 p. (Colección Génesis))

De Armas Chitty, J. A. Cardumen: relatos de tierra caliente Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1990. -- 113 p. -- (Colección El Libro Menor, 172).

De Armas Chitty, J. A. Zaraza: biografía de un pueblo. Caracas : Universidad Central de Venezuela, Instituto de Antropología y Geografía, 1949. – 279 p. retr. – (Serie de historia).

GALLEGOS, Rómulo. Doña Bárbara. Caracas: Colección Ayacucho, 1977.

Guía Ecoturística de Miro Popic Net, revisado en http://www.miropopic.com/ecoturistica/ (enero 2009)

Lara, Salvador. Jabillal: Relatos y vivencias del Llano. Editorial Publi-Teo, San Juan de los Morros, 2001.

LAZO MARTI, Francisco Poesías Caracas; Academia Venezolana de la Lengua, MCMLXXXVIII.

LOYO ROJAS, Raúl (1985). Karanaú. Bogotá: Colcultura.

MARQUEZ G., Naury (1999). La devoción al Nazareno de Achaguas. Calabozo: Corpollanos.

MARTINEZ, Jose Francisco. Aquellas Semanas Santas, en El Nacionalista, 25-3-1986, p. 24-25.

RAMO, Cristina y Ayarzaguena, José. Fauna Llanera: Apuntes sobre su morfología y ecología. Caracas: Cuaderno Lagoven, 1983.

RODRÍGUEZ, Adolfo. “Ecología de la Semana Santa”, en Sobre Los Llanos. Bogotá, Colombia, Publicaciones de la Asociación Cravo Norte, 1988.

SACHS, Carl De los Llanos. Caracas-Madrid: Ediciones Edime, 1955.

TORREALBA, Antonio José El Diario de un Llanero, Caracas: UCV 1987.

INFORMANTES: Ana Socorro del Corral (1980), don Félix León /1985) , José Jiménez (2003).

*Historiador y poeta venezolano (Los Teques, estado Miranda)

Fotografias tomadas de:

http://animalesdelllanoyesika.blogspot.com/2009_02_01_archive.html

http://educacion.jalisco.gob.mx/N_Mediateca/Software/Softwareeduc/sftgeografia/regiones/galerias/fauna16.html

http://www.venezuelatuya.com/fotos/verfotos.htm?679,

http://travel.webshots.com/photo/2668749340033582113QKeGKE

http://loqcve.blogspot.com/

http://azzimut.blogspot.com/2006_02_26_archive.html

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