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lunes, 27 de julio de 2009

LOS DIABLOS DANZANTES DE SAN HIPÓLITO

Prof. Elvin Barreto-Guédez
Personal Académico del Departamento
de Formación General y Ciencia Básicas
Universidad Simón Bolívar
Sede del Litoral
Orígenes

Acerca de los orígenes de los Diablos Danzantes de San Hipólito, hasta el momento no se han encontrado fuentes históricas, que ofrezcan una información distinta a los datos producto de la tradición oral, que se ha transmitido entre las sucesivas generaciones de Diablos.
Según testimonios de BrígidoVela, Lucindo Guevara y José Atanasio Pérez, recogidos en trabajo de campo realizado en San Hipólito, en el mes de junio del 2002, dijeron que esta danza tradicional y popular data del año 1810, aproximadamente, siendo originaria de la misma población San Hipólito, ubicada en el municipio Alberto Arvelo Torrealba del estado Barinas.
La memoria de nuestros informantes alcanza a afirmar que Dionisio Silva, de quien no se tiene seguridad si era oriundo de San Hipólito, fue su promotor. Que luego Julián Picado continuó la tradición como capataz de los diablos, para posteriormente ser Brígido Vela, su hijo y nuestro informante, quien hoy ocupa esta responsabilidad.
Entre los viejos integrantes de los diablos, que para el año 2002 se encontraban vivos, están: Pablo Fajardo, Rafael Frías, Manuel Vela, Pedro Avendaño, entre otros.

Características

Esta danza no tiene intencionalidad religiosa: no se venera santo ni virgen alguna; así como tampoco se realiza en cumplimiento de promesas ni milagros concedidos. Su intención es entretener y hacer disfrutar a los pobladores con las travesuras y bailes de los diablos y diablitos. Pero a pesar de esto, la agrupación danza los días: 24 de junio (Día de San Juan), 29 de junio (Día de San Pedro y San Pablo), 5 de julio y 16 de julio (Día de la Virgen del Carmen), de cada año.
El grupo está conformado por un “Diablo Viejo”, una “Diabla Vieja” y diez “Diablitos” que se presentan como hijos de los dos anteriores y tejen las cintas en el sebucán. También participan un “Capataz”, quien es responsable de la comparsa y no va disfrazado, el “Varero”, quien sostiene el sebucán y los músicos: el cuatrista, el mandolinista, el guitarrista, el maraquero y el ejecutante de las charrascas.
Para el momento del trabajo de campo, BrígidoVela, funge de Capataz, Lucindo Guevara, hace de Diablo Viejo y José Atanasio Pérez, de Diabla Vieja.
Los diablos viejos y diablitos salen en comparsa desde las 6 de la mañana por las calles visitando las casas del poblado: bailando y asustando a los niños y jóvenes. El Capataz va ofreciendo las cintas de colores a cambio de ofrendas y colaboraciones.
Cintas que posteriormente los Diablitos tejen y destejen alrededor de un sebucán – que es una vara pintada de blanco, con 5 metros de largo aproximadamente, de una madera liviana llamada balso – al compás de la música de polka.
Al finalizar la labor en el sebucán, los Diablitos y sus padres: la Diabla y el Diablo viejo, bailan al compás de un merengue y/o un joropo ejecutado con cuatro, mandolina, guitarra grande, maracas y charrascas. No entonan cantos algunos, sólo acompañan sus saltos y bailes con sonidos particulares, que suelen durar hasta tarde la noche.

Indumentaria y Accesorios

Señalan los informantes, que en sus inicios los Diablos iban vestidos con hojas de plátanos, cambur y demás follaje natural, propios de la zona. Sus rostros van cubiertos con máscaras elaboradas con conchas del fruto del totumo o taparo que eran pintadas con onotos, carbón y minerales. A partir de mediados de 1960, el vestuario natural se sustituye por el de tela, estando ahora compuesto por pantalones y camisas mangas largas de colores vistosos y tiras de telas. Se mantiene la máscara de concha de taparo, pero se embellece con pinturas sintéticas de colores negro, rojo, rosado, blanco y amarillo.
La máscara del Diablo Viejo, lleva una larga barba y bigotes de crines de caballos. Así como cachos largos, que en ocasiones son de vaca y su color predominante es negro y rojo. Las máscaras de los Diablitos, no llevan ni barba ni cachos grandes. La máscara de la diabla vieja, tampoco lleva cacho y está pintada con colores claros, como el rosado, el blanco y el amarillo. Cada integrante de la comparsa lleva consigo un mandador formado por una vera bien adornada y atada con flecos de cueros. Calzan alpargatas, llevan guantes y un pañuelo alrededor del cuello.
La indumentaria debe cubrir todo el cuerpo del diablo porque la intención es que ninguno de los trajeados sea identificado.

Cambios e Innovaciones

Como toda manifestación popular, los diablos han experimentado algunos cambios, algunos de ellos ya señalados. Cambios que no buscan alterar lo esencial de la tradición. Al principio, era una danza con participación exclusiva de los hombres, hoy permiten la participación de mujeres vestidas de Diablas. Antes eran ocho (8) los Diablitos que tejían el sebucán, ahora, desde 1973 son diez (10). Las cintas se elaboraban con cabuyas de colores. Hoy, son cintas que se adquieren en el comercio. En cuanto al acompañamiento musical, ahora se incorporan instrumentos como el requinto, el bajo y la guitarra eléctrica.
Al principio, los Diablos realizaban travesuras pesadas, como por ejemplo, se metían a las casas y se llevaban los alimentos sin consentimiento de sus dueños, le pegaban con el mandador a quienes no les daban obsequios o a quien identificaban a los trajeados de diablos. Hoy en día, estas actividades rara vez se realizan para evitar inconvenientes con el público.
Al sonido de una detonación, los diablos simulan su muerte lanzándose al suelo, pero son el Diablo y la Diabla quienes lo reviven haciéndolos levantar y bailar.

Un Patrimonio de Diablos

Los Diablos Danzantes, no sólo se ocupan de bailar en San Hipólito y sus alrededores. Su influencia trasciende del estado Barinas, haciendo presentaciones y encuentros en los estados Carabobo, Miranda, Aragua y Caracas.
Según sus cultores, los Diablos Danzantes de San Hipólito son reconocidos como Patrimonio Vivo Cultural de Venezuela, cuestión que los llena de orgullo y
compromiso.